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Revista musical chilena

Print version ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. vol.68 no.221 Santiago June 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902014000100011 

RESEÑAS DE PUBLICACIONES

 

Luis Merino, Rodrigo Torres, Cristián Guerra y Guillermo Marchant. Prácticas sociales de la música en Chile, 1810-1855. El advenimiento de la modernidad en la cultura del país. Santiago: RiL editores, 2013, 233 pp.

 


 

La aparición en nuestro país de un libro sobre la música chilena, sea esta de tradición escrita o de tradición oral, es un hecho que merece ser celebrado, ya que tal acontecimiento no es frecuente en el medio nacional. Es cierto que en los últimos años la frecuencia ha crecido levemente y eso es valioso. Roguemos a los dioses que siga creciendo.

En Chile hay una cantidad interesante de investigadores de la música, de musicólogos que no descansan. Al contrario, continuamente están realizando estudios sobre nuestra vida y expresiones musicales. Hay, por lo tanto, un número no despreciable de trabajos que se encuentran "encajonados", "encarpetados", a la espera de su edición, espera casi siempre demasiado larga. Algunos de esos trabajos son de gran trascendencia y seguramente su conocimiento público hasta podría provocar cambios en nuestra vida musical. Hay otros que no son tan importantes; pero no debemos olvidar que el futuro no se podrá construir con real coherencia histórica, si no nos llega información de nuestro pasado sin vacíos, sin omisiones. Por eso: ojo con calificar de irrelevantes a ciertos temas respecto de otros. Nos podemos equivocar; algo que nos ocurre con frecuencia. Mejor pensar que todos los asuntos -o la mayor parte de ellos- son de significativo valor para el conocimiento veraz de nuestro mundo sonoro.

Lo dicho nos lleva a quebrantar la tradicional costumbre, cual es festejar y felicitar, en primer término, al autor o autores de la obra recién aparecida. En este caso nos parece adecuado desplazar la dirección de nuestro saludo hacia los editores de la investigación que reseñamos, es decir, a RiL editores, que son los responsables de la transformación de este nuevo estudio de la música chilena, repleto de ideas, información, reflexiones, en un libro, objeto que podrá llegar a manos de muchos. Este nuevo libro fue bautizado como: Prácticas sociales de la música en Chile, 1810-1855. El advenimiento de la modernidad en la cultura del país.

La publicación que celebramos es el resultado de un serio y profundo trabajo realizado entre los años 2003 y 2006, en el marco de un proyecto FONDECYT. El investigador responsable fue el profesor Luis Merino y participaron como coinvestigadores los profesores Rodrigo Torres, Cristián Guerra y Guillermo Marchant. Los tres primeros académicos mencionados se formaron en la Universidad de Chile y son integrantes de la sección Musicología del Departamento de Música y Sonología de la Facultad de Artes de dicha Universidad. Recordemos que tal sección es una de las pocas entidades de nuestro país donde la tarea central es la práctica musicológica y -entre otras labores- es responsable de editar la Revista Musical Chilena, la publicación especializada más antigua de habla castellana y cuyo director es también Luis Merino y su subdirector es Cristián Guerra. Por su parte, Guillermo Marchant se formó en la Universidad de Chile y sus labores académicas las desarrolló en la Universidad de Playa Ancha, en la Universidad de Valparaíso y en la Pontificia Universidad Católica del puerto. Este distinguido músico, cofundador del conjunto "Capilla de Indias", por desgracia, falleció muy tempranamente, en 2009.

El objeto de investigación planteado en el Proyecto FONDECYT fue la música en Chile en el siglo XIX, más específicamente en la primera parte del siglo, ya que las investigaciones realizadas de la música de esa época no eran muchas y en ocasiones eran contradictorias e incompletas, incluso hay temas y momentos históricos casi intocados. Por lo tanto, el estudio de ese período era absolutamente necesario hacerlo de la manera más exhaustiva posible y con el mayor rigor alcanzable. Afortunadamente los cuatro integrantes del equipo que realizó la investigación son reconocidos en el medio por su idoneidad y todos habían trabajado distintos aspectos de la música en el Chile decimonónico. Al revisar la bibliografía que los autores del trabajo comentado incluyen en el libro y que fue utilizada en la investigación, se puede inferir la enorme tarea que estos realizaron, tarea que no solo ha servido para elaborar el referido texto, sino también pone a disposición de la musicología local un ordenado e importante material de información para seguir trabajando en la vida musical del siglo antepasado.

Algo que debe ser destacado en este nuevo volumen dedicado a la música chilena del siglo XIX son las ilustraciones sonoras y audiovisuales que, gracias a la tecnología, se pueden escuchar y ver. Algunas de ellas corresponden a obras tomadas de grabaciones del Archivo Sonoro de la Facultad de Artes. Son piezas musicales compuestas por Manuel Robles, Isidora Zegers, José Zapiola, Federico Guzmán y otros. Así, no solo nos enteramos de lo que se hacía, se decía y se pensaba en esos tiempos en el ámbito de la música, sino, además, cómo sonaba. Naturalmente que Prácticas sociales de la música en Chile, 1810-1855. El advenimiento de la modernidad en la cultura del país posee ilustraciones gráficas numerosas que apoyan muy apropiadamente lo comentado en el texto. Casi todas ellas pertenecen a la Biblioteca Nacional y al Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile.

El texto de Merino, Torres, Guerra y Marchant "reúne ocho trabajos que abordan la música en nuestro país entre 1810 y 1855, desde diferentes ángulos", nos dicen sus autores. Este lapso está determinado porque entre esos años "se despliega gradualmente la modernidad en el arte y la cultura chilenos en función de sus diversos rasgos", según se lee más adelante, coincidiendo dichas fechas con lo propuesto en la voz "Chile" del Diccionario de la Música Española e Hispanomericana. Los ocho trabajos son: un "Proemio" firmado por "Los autores" y siete capítulos. Los tres primeros capítulos son de Luis Merino el cuarto es de Rodrigo Torres, el quinto y séptimo pertenecen a Cristián Guerra y el sexto capítulo fue escrito por Guillermo Marchant, que lo concluyó poco antes de su deceso.

En el capítulo I, titulado "La Sociedad Filarmónica de 1826 y los inicios de la actividad de conciertos públicos en la sociedad civil de Chile hacia 1830", Luis Merino aborda el comienzo de la actividad de presentaciones musicales en la capital de la república. El autor se concentra en los conciertos ofrecidos por la Sociedad Filarmónica, así como en el papel que les cupo en este proceso a Isidora Zegers, José Zapiola y Santiago Massoni. También llama la atención del rol principalísimo que juega el teatro -y su derivado, la ópera- como factor determinante en la realización de los conciertos en ese período inicial de la vida musical republicana. Este capítulo posee dos anexos en los que se detalla la programación de cada uno de los conciertos realizados en los años 1826, 1828 y 1829; dónde y cuándo se realizaron, quiénes fueron los ejecutantes y qué obras se interpretaron. Es decir, una fuente de información valiosísima para futuras investigaciones.

"Isidora Zegers y José Zapiola: convergencias y diferencias en el advenimiento de la modernidad en la sociedad civil del Chile republicano, 1810-1855", es la denominación del capítulo II del libro comentado. Aquí el Dr. Merino estudia la obra musical de Isidora Zegers y José Zapiola, los dos compositores locales más importantes del período, si se toma en consideración la labor realizada por estos. Uno y otro fueron intérpretes y compositores, mas la presencia en la vida musical chilena fue diferente, pues si bien los dos contribuyen grandemente a la realización de conciertos, solo Zapiola aceptó programar sus obras en público. El capítulo acompaña cuatro apéndices, el primero contiene el catálogo de la obra de Isidora Zegers, que incluye 20 composiciones, la última del año 1844; y el segundo contempla el catálogo de obras de José Zapiola hasta 1855, que comprende 12 creaciones. Ambos catálogos son comentados y entregan importante información. El tercer apéndice es un catálogo selectivo de conciertos efectuados en sala, y el cuarto es un catálogo de presentaciones de música vocal o instrumental combinada con funciones de teatro, ópera o danza.

El capítulo III, "Presencia pública de la creación musical en los inicios del Chile moderno, 18301855", permite a Luis Merino mostrar la diferencia entre este período histórico y las dos décadas anteriores. Entre los años 1830 y 1855 Chile es visitado por numerosos intérpretes extranjeros, varios de los cuales se radicaron definitivamente en Chile y, a la vez, algunos músicos nuestros realizaron giras por el exterior, situación que no ocurrió con anterioridad. Para mayor información el capítulo III posee tres apéndices, el primero son dos catálogos selectivos de conciertos presentados en sala y funciones públicas mixtas, el segundo es el catálogo de obras hacia 1855 de Adolfo Desjardins y el tercero un catálogo de obras hacia 1855 de Henri Billet.

El capítulo IV, escrito por Rodrigo Torres, se titula "Zamacueca a toda orquesta. Música popular, espectáculo público y orden republicano en Chile (1820-1860)". Respecto de este interesante trabajo, su autor nos dice: "En el proceso que da lugar a la construcción de la república, la sociedad chilena experimenta una fuerte mutación cultural cuyo núcleo estructurador es el estatuto de la modernidad, asociado a las ideas de estado, nación y ciudadanía. En este capítulo se explora esta perspectiva de transformación modernizadora desde el ámbito de la música, considerando específicamente la experiencia de la zamacueca en la primera mitad del siglo XIX. Este género de baile y música mestiza se vinculará indisolublemente con la construcción de símbolos nacionales de fuerte poder identitario; la consolidación y expansión de un sistema artístico moderno, urbano e intermedial, cuyo eje principal es el espectáculo teatral asociado a la creación de un público masivo, y el desarrollo moderno de músicas y bailes populares locales, articulado con una incipiente industria cultural". Este capítulo lleva como anexo "¡La Sambacueca en el Teatro!!! Beneficio del Sr. Jiménez", artículo escrito por Domingo Faustino Sarmiento.

Como es sabido, José Zapiola brilló en los distintos campos de la vida musical chilena y en el capítulo V, llamado: "José Zapiola como escritor y los inicios de la crítica musical y de la musicografía en Chile", Cristián Guerra lo estudia como "músico letrado", que es la denominación que le da. Analiza sus libros La Sociedad de la Igualdad y sus enemigos y Recuerdos de treinta años, así como sus diversos artículos aparecidos en el Semanario Musical. En estos escritos, como señala Guerra, "Zapiola sienta las bases no solo de una crítica musical propiamente tal, sino de una crítica de la institucio-nalidad musical, especialmente en el caso del Conservatorio Nacional de Música fundado en 1849". No podemos olvidar que José Zapiola llegó a ser subdirector de dicho establecimiento y luego, entre 1857 y 1858, director. En estos nombramientos debieron influir los adecuados reparos que hizo al Conservatorio y al acontecer musical de entonces.

El capítulo VI fue escrito por Guillermo Marchant y lleva como título "La música en la Catedral de Santiago de Chile". Su autor entrega una visión de la actividad musical desarrollada en la Catedral de Santiago entre finales del siglo XVIII y 1850, abarcando las maestrías de capilla de José de Campderrós, Antonio González, Henry Lanza y José Bernardo Alzedo. En su análisis, extenso y cuidadoso, Guillermo Marchant "incluye consideraciones acerca de la conformación de la capilla musical y sus características sonoras, junto con establecer algunos rasgos de continuidad y/o modernidad, tanto respecto a la sonoridad, como a las características estilísticas de las obras de los maestros". El autor, para facilitar la comprensión de su estudio, lo expone en cinco secciones: "Introducción", "Los orígenes", "El desarrollo barroco", "Primeros embates de la modernidad" y "Epílogo". Concluye con ejemplos musicales de Antonio Ripa, Melchor Tapia, José de Campderrós, José María Filomeno, José Bernardo Alzedo, José Zapiola y un villancico de Navidad anónimo.

El VII y último capítulo de este libro, elaborado por Cristián Guerra, trata de un tema que la musicología local ha dejado de lado. El trabajo de Guerra, bien hecho, valioso, persuade al lector que los investigadores de nuestro mundo musical han cometido una grave omisión al no estudiar las músicas de las comunidades religiosas no católicas que existen en el país, algunas de ellas desde el siglo XIX. El capítulo se titula "La música en los inicios de los cultos cristianos no católicos en Chile: El caso de la Union Church (Iglesia Unión) de Valparaíso, 1845-1890" y aborda la relación entre protestantismo, modernidad y música, en los inicios de las iglesias cristianas no católicas en Chile decimonónico. El autor escribe que en su texto "se examina el caso de la Iglesia Unión (Union Church) de Valparaíso, primera iglesia cristiana no católica edificada en Chile y en la costa sur del Pacífico, y de su fundador, David Trumbull. De este modo se estudian los comienzos del protestantismo en Valparaíso, la obra de Trumbull, su influencia y pensamiento sobre la música en los cultos de adoración de la Iglesia Unión, la Escuela Dominical, los vínculos con otras iglesias, la música en las escuelas protestantes y en las asociaciones civiles modernas". Al final del capítulo VII se incluye un apéndice que contiene un "listado preliminar de partituras conservadas en la Union Church de Viña del Mar". Esta colección de alrededor de 400 partituras contiene música coral, canto congregacional, otros géneros vocales y música instrumental. Cristián Guerra termina su escrito haciendo un examen de ese repertorio y sacando una serie de conclusiones.

Sin duda, Prácticas sociales de la música en Chile, 1810-1855: el advenimiento de la modernidad en la cultura del país de Merino, Torres, Guerra y Marchant, se convertirá en un texto de consultas indispensable para todo aquel que desee investigar o simplemente informarse de lo ocurrido en Chile en la primera mitad del siglo XIX; más que eso, también para los estudiosos de fenómenos posteriores anclados en la modernidad. El encomiable trabajo realizado por los cuatro autores del libro con certeza perdurará y debemos congratularnos por ello.

 

Fernando García Arancibia
Academia Chilena de Bellas Artes
Instituto de Chile

acchbear@ctcinternet.cl

 

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