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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.134 n.8 Santiago ago. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872006000800015 

Rev Méd Chile 2006; 134: 1040-1048

Artículo de Revisión

Vino, fibrinolisis y salud

Wine, fibrinolysis and health

 

Consuelo Pasten, Hernán Grenett

Division of Cardiovascular Disease, Department of Medicine, University of Alabama at Birmingham, Alabama, Estados Unidos de Norteamérica.


Cardiovascular diseases are the leading cause of death in both men and women in the world. Epidemiological and experimental studies have associated moderate wine consumption (1 to 2 glasses/day) with a decrease in cardiovascular diseases. This decrease is probably due to the effect of ethanol and polyphenols present in the wine. The cardioprotective benefit of wine may be due, in part, to a modulation of the expression of proteins involved in fibrinolysis. Endothelial cells (ECs) play a major role in maintaining normal hemostasis, regulating the balance between the synthesis and interaction of proteins that promote clot formation (thrombosis) and fibrinolytic proteins that facilitate clot lysis. These cells are a major site of synthesis of fibrinolytic proteins, such as tissue type plasminogen activator (t-PA), urokinase-type plasminogen activator (u-PA) and the major inhibitor/regulator of fibrinolysis, PAI-1. EC-mediated fibrinolysis is regulated and localized to the EC surface through specific receptors for u-PA, t-PA and plasminogen. Evidence indicates that ethanol and polyphenols present in wine increase EC localized fibrinolisis. Upregulation of t-PA and u-PA activity and downregulation of PAI-1 may account, at least in part, for this net increase in fibrinolytic activity. The purpose of this review is to cover the main molecular and physiological aspects of moderate wine consumption mediated increase in fibrinolysis and reduction in cardiovascular risk (Rev Méd Chile. 2006; 134: 1040-8).

(Key words: Cardiovascular diseases; Fibrinolysis; Thrombosis; Wine)


 

A pesar de muchos años de investigaciones epidemiológicas y experimentales, aún no se ha determinado la causa precisa de las enfermedades cardiovasculares, principalmente debido a que su origen no se puede atribuir a una sola causa. Se puede hablar de factores de riesgo, refiriéndose a un grupo de anomalías y condiciones personales que desencadenan su desarrollo. Entre ellos, tenemos factores individuales, tales como el sexo, edad, antecedentes familiares o genéticos, los cuales no son modificables. Factores de riesgo directos incluyen: niveles elevados de colesterol total y lipoproteínas de baja densidad (LDL), bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL), tabaquismo, hipertensión, diabetes y una dieta no saludable. Entre los factores indirectos se encuentra el sedentarismo, la obesidad y el estrés.

Las enfermedades cardiovasculares pueden ser divididas en dos importantes grupos. Complicaciones de tipo vascular, como hipertensión o derrames y aquellas que afectan directamente al miocardio, por ejemplo cardiomiopatías o arritmias. En ambos grupos, están involucrados mecanismos celulares y moleculares, que se alteran en respuesta a interacciones con factores sistémicos o medioambientales. Debido a que actualmente son consideradas una de las primeras causas de muerte en el ámbito mundial, es de vital importancia clarificar sus orígenes, evolución, prevención, y es absolutamente necesario estudiar nuevos compuestos que produzcan una acción directa sobre estos mecanismos. Así, factores sistémicos que puedan inhibir o minimizar estas disfunciones, podrían tener un efecto directo sobre su desarrollo1.

Vino y función cardiovascular

Estudios desarrollados hace más de 20 años pusieron de manifiesto que los países de la cuenca mediterránea europea (España, Italia, Francia, Grecia y Portugal), tenían un menor porcentaje de infartos al miocardio y una menor tasa de mortalidad por cáncer que la población mundial. En busca de las causas de esta situación, se llegó a la conclusión que la dieta tenía un papel fundamental. La llamada «dieta mediterránea» es un importante factor a considerar cuando se trata de prevención de las enfermedades cardiovasculares. Esta dieta se basa en la ingesta de aceite de oliva, frutas, verduras, pastas, arroz, legumbres, pescado, pan integral y un consumo moderado de vino2.

Un ejemplo específico es la llamada «paradoja francesa». Francia es un país caracterizado por consumir en su dieta una alta cantidad de grasas saturadas. A raíz de esto, se esperaría una alta tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, las estadísticas indican que tiene 40% menos mortalidad por esta causa, que otros países industrializados. Más aún, un gran porcentaje de la población adulta consume alcohol en forma regular, lo cual, sumado a la dieta alta en grasas saturadas, elevaría los niveles de triglicéridos en el plasma. No obstante ello, esta situación no se refleja en un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se cree que el consumo moderado de alcohol, en lugar de producir un efecto dañino, invierte la situación, produciendo una acción cardioprotectora2,3.

El balance normal del organismo es mantenido por una interacción compleja y regulada de varios constituyentes del sistema hemostático, entre ellos, proteínas fibrinolíticas, compuestos que permiten la coagulación y plaquetas circulantes4. La formación de un trombo comienza con la agregación de las plaquetas, las que interactúan con proteínas del plasma, permitiendo la polimerización del fibrinógeno por acción de la trombina. La disolución natural de este coágulo o trombo se logra por la acción conjunta de un sistema que incluye enzimas proteolíticas, activadores específicos e inhibidores, tanto de las proteasas como de sus activadores, los que incluyen los fragmentos activados del factor de Hageman, el activador tisular del plasminógeno (t-PA) y el activador del plasminógeno tipo urocinasa (u-PA)3,5,6. Estos activadores convierten al cimógeno en plasmina, forma activa del plasminógeno y que es, en última instancia, la proteasa responsable de la disolución del trombo.

La regulación del proceso de fibrinolisis comienza con la liberación de los activadores del plasminógeno (t-PA y u-PA) desde las células endoteliales, los cuales se unen a sus respectivos receptores en la superficie celular. Del mismo modo, el plasminógeno circulante se une a sus receptores en la superficie endotelial y es activado por la acción de t-PA y u-PA, generando la forma activa del plasminógeno, plasmina. La duración y magnitud de la fibrinolisis está regulada por el inhibidor circulante de la plasmina, el alfa-2 antiplasmina y por el inhibidor de los activadores del plasminógeno, PAI-13,5,6. (Figura 1A). Las plaquetas también contribuyen a mantener la integridad del tapón hemostático, liberando PAI-1 en los lugares de lesión vascular, una vez que se ha producido la agregación plaquetaria5-7.

Figura 1. Ilustración esquemática del proceso de fibrinolisis. A. En condiciones normales, las células endoteliales producen t-PA, u-PA y PAI-1, el inhibidor de la fibrinolisis. Tanto t-PA como u-PA, activan el plasminógeno (Pmg) generando plasmina. La plasmina activada actúa sobre la fibrina, disolviendo el coágulo o trombo, produciendo fibrinolisis y generando los productos de degradación de fibrina (FDP). PAI-1 regula el proceso, neutralizando el exceso de t-PA, u-PA en la superficie de las células endoteliales. B. El etanol y los polifenoles del vino alteran la actividad, interacción y expresión de t-PA, u-PA y PAI-1. Esta alteración produce un aumento en la actividad fibrinolítica de superficie (generación de plasmina), y por lo tanto, aumenta la degradación de fibrina a productos de degradación de fibrina. Así, el consumo moderado de vino puede aumentar y mantener en forma sostenida la actividad fibrinolítica de superficie y reducir el riesgo de trombosis, aterogénesis, enfermedades cardiovasculares e infarto cardíaco.

 

El consumo moderado de vino y su relación con patologías cardiovasculares, ha sido ampliamente estudiado. A pesar de que existe consenso general que el consumo excesivo de alcohol (40 g o 4 vasos al día) aumenta la mortalidad por cirrosis y algunos tipos de cánceres, su consumo con moderación (1-2 vasos al día) tiene múltiples efectos bioquímicos y celulares benéficos para el sistema cardiovascular4. Diversos estudios demuestran que existe una relación entre consumo de alcohol y riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se ha podido establecer que quienes beben en forma moderada tienen menor riesgo de padecer problemas cardiovasculares comparados con aquellos bebedores excesivos8,9.

Estudios epidemiológicos y experimentales, muestran que el alcohol induce cambios en el perfil lipídico y en la función plaquetaria. Además, se ha observado cambios vasculares a nivel del funcionamiento del miocardio, los que reducirían el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares4.

Por ejemplo, se ha demostrado que el alcohol aumenta los niveles del llamado «colesterol bueno» o HDL (lipoproteínas de alta densidad), lo cual se relaciona directamente con un bajo riesgo de arteriosclerosis e infarto al miocardio10. En el ámbito de plaquetas, estudios desarrollados in vivo, utilizando como modelos ratas, conejos y perros, han demostrado que el consumo moderado de alcohol inhibe la activación plaquetaria y formación de trombos11-13. Estudios in vitro, utilizando concentraciones bajas de etanol (25 mM), la inhibición de la agregación y secreción plaquetaria involucraría la inhibición de la fosfolipasa A14,15.

Con relación a la coagulación, existiría una asociación entre el consumo moderado de alcohol y la disminución de los niveles de fibrinógeno en el plasma16. Este efecto podría ser atribuido a su acción antiinflamatoria. Otro estudio demostró que bajas dosis de etanol redujeron los niveles de fibrinógeno en 18-20% en experimentos tanto in vivo como in vitro17.

En conclusión, estudios epidemiológicos han demostrado que individuos que consumen alcohol en forma moderada, tienen un menor riesgo de enfermedad cardiovascular18,19. Los mecanismos moleculares que permitirían esta acción, no están del todo claros. La mayoría de las investigaciones se han focalizado sobre el hecho de que el alcohol induce cambios favorables en los niveles de lípidos circulantes20. Por otra parte, estudios experimentales han sugerido que el efecto benéfico del etanol podría deberse a su capacidad de estimular la fibrinolisis a través de cambios en la actividad, niveles o interacción de uno o más componentes del sistema fibrinolítico, tales como t-PA, u-PA, PAI-1 y fibrinógeno18,16.

Alcohol y fibrinolisis

Como se mencionó anteriormente, PAI-1 desempeña una importante función en la fibrinolisis mediante la inhibición de t-PA y u-PA y, por lo tanto, en la disolución del coágulo de fibrina. PAI-1 se expresa en muchos tipos celulares, incluyendo células endoteliales21, células del músculo del corazón22 y hepatocitos23. Su expresión es estimulada por una variedad de agentes tales como: citocinas inflamatorias24, trombina25 lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL)19 e insulina o proinsulina26. El PAI-1 circulante tiene una vida media de 90 min. La vitronectina, una proteína abundante en el plasma, estabiliza al PAI-1 en la forma activa y prolonga su vida media a 120 min27.

Meade y cols28 fueron los primeros en demostrar una relación entre el alcohol y fibrinolisis, observando un aumento en la actividad del PAI-1 y una disminución en la actividad del antígeno t-PA una hora después del consumo de alcohol durante la cena. Sin embargo, durante la noche, la actividad del PAI-1 retornaba a los niveles basales, mientras que los niveles de t-PA permanecían altos, produciendo un aumento en la actividad de t-PA circulante a la mañana siguiente. En estudios similares, se ha demostrado que bebedores moderados tienen significativamente más baja incidencia de eventos cardiovasculares y presentar niveles de t-PA en el plasma más altos que los no bebedores29. Incluso, en sujetos que sufren de alcoholismo crónico, pero bajo tratamiento de abstinencia, se ha observado un aumento en la fibrinolisis, principalmente debido a la disminución de PAI-130.

Estudios realizados in vitro, han demostrado que una dosis baja de etanol (0,01-0,10%, v/v) aumenta la actividad fibrinolítica, la cual va acompañada de un aumento en la expresión del t-PA y u-PA31-33.

También se ha visto que el etanol regula la expresión de una variedad de genes que incluyen, la piruvato descarboxilasa34, la GRP78 proteína inducida por estrés35, el gen traqueobranquial mucino36 y el gen para la citocromo P450237. Grenett y cols38 han demostrado in vitro, en células aisladas de cordón umbilical humano (HUVEC), que el etanol disminuye la expresión de PAI-1 y que esta represión es a nivel transcripcional. Recientemente hemos demostrado que existen factores de transcripción que se unirían a una región promotora del gen del PAI-1. En experimentos in vitro, usando HUVECs, hemos identificado un fragmento de 251 pares de bases en el promotor del PAI-1 que responde al etanol39. Una búsqueda computacional en el banco de genes (Gen Bank) ha identificado numerosos factores de transcripción que podrían ser los responsables de la represión del PAI-1 por el etanol35-37,40,41. Así, una disminución en la expresión del PAI-1, se traduciría en un aumento neto en la actividad fibrinolítica en la superficie de las células endoteliales.

Polifenoles y fibrinolisis

Las evidencias experimentales demuestran que consumir en forma regular y moderada vino, disminuye el riesgo de padecer complicaciones cardiovasculares. El vino, además de alcohol, contiene una gran variedad de compuestos polifenólicos que actuarían como antioxidantes. Estudios realizados con vino desalcoholizado han demostrado las propiedades cardioprotectoras de estos polifenoles42-44.

Entre los compuestos polifenólicos del vino se encuentran los ácidos fenólicos (ácidos ferúlicos, cumáricos, cinámicos, vainíllicos, cafeicos); trihidroxistilbenos (resveratrol y polidatina) y flavonoides (catequinas, epiquercetina, quercetina)45. El contenido de estos compuestos es menor en el vino blanco que en el tinto. Las diferencias se deben básicamente a la variedad vinífera, al rendimiento de la cosecha y a las condiciones climáticas y técnicas aplicadas a cada procesamiento. El contenido medio de compuestos polifenólicos en un vino blanco es del orden de 150 a 250 mg/L, mientras que en el vino tinto oscila entre 1.000 y 4.000 mg/L46 (Tabla 1).

En patologías cardiovasculares, se ha demostrado que los compuestos polifenólicos del vino tienen variadas funciones: disminuyen la oxidación de las LDL (causantes de la ateroesclerosis); inhiben la agregación plaquetaria14,15; aumentan la óxido nítrico sintasa y la vasorrelajación del endotelio4; mejoran la vascularidad y disminuyen el daño oxidativo al ADN7; y aumentan significativamente la fibrinolisis31. Recientemente, se ha reportado que quercetina inhibe la proliferación en cultivos de células endoteliales de origen microvascular47 y la expresión de citocinas proinflamatorias en macrófagos estimulados con LPS (lipopolisacáridos)48.

Nueva e importante característica de estos compuestos polifenólicos, es la de ejercer efectos sobre la expresión de ciertos genes y que esta regulación es a nivel transcripcional. Se ha demostrado que el resveratrol inhibe la expresión de la cicloxigenasa-2 y del factor tisular49,50. Acido gálico, inhibe la translocación nuclear del NF-kB (factor nuclear kappaB) y aumenta la expresión de genes que codifican para VCAM-1, ICAM-1 (moléculas 1 de adhesión vascular e intercelular, respectivamente) y E-selectina51. Estudios in vitro sobre efecto de los polifenoles en la fibrinolisis, han demostrado que catequina, quercetina, epiquercetina y resveratrol aumentan la actividad fibrinolítica en células endoteliales. Esta respuesta podría deberse, en parte, al aumento en la expresión de t-PA y u-PA52.

Los polifenoles, entre otras funciones, activan la señalización celular dependiente de óxido nitroso (NO), la cual es modulada por O2- y la superóxido dismutasa, una enzima que cataliza la formación del peróxido de hidrógeno y oxígeno molecular53. Se ha demostrado que la quercetina inhibe la oxidación catalizada por cobre de LDL y permite la eliminación de radicales libres53. Recientemente ha sido comunicada una relación entre la concentración de polifenoles del vino y su capacidad vasodilatadora en anillos de aorta de ratas54. En experimentos de hibridación in situ, hemos demostrado que polifenoles disminuyen la expresión de PAI-1 in vivo en el endotelio aórtico de la rata55.

Las evidencias experimentales sugieren que el mecanismo de acción de los polifenoles sería a través de la activación de las proteíno-kinasas activadas por mitógeno (MAPKs). MAPKs son un grupo de proteínas citoplasmáticas que son fosforiladas y que, a su vez, fosforilan a otras proteínas que se encargan de llevar la información biológica desde la membrana celular hasta el núcleo. Se ha demostrado que quercetin y otros polifenoles modulan la actividad de algunas kinasas56. Kobuchi y cols, han demostrado que la quercetina regula la expresión de ICAM-1 en células endoteliales humanas, mediante la inhibición de proteína kinasa c-JUN (JNK)57. Otros estudios han observado que la quercetina inhibe la expresión de MMP-1, proteína involucrada en la desestabilización de la placa ateroesclerótica, bloqueando la proteíno kinasa ERK58. Tomando en cuenta estas observaciones, es posible especular que la acción de los polifenoles esté relacionada con la activación o modulación de la vía de las MAPKs. En estudios preliminares en nuestro laboratorio, se ha observado que quercetina y catequina regulan la expresión de PAI-1 a través de la MAPKs, JNK y ERK1/2.

En resumen, factores como el etanol y polifenoles que modulan la expresión de proteínas fibrinolíticas, deberían aumentar la fibrinolisis y disminuir trombosis. El entendimiento del mecanismo de acción del vino y de específicos polifenoles en los beneficios para la salud, podría ser una gran contribución a la sociedad. Por el momento, las evidencias nos dicen que un consumo moderado de vino (1 ó 2 vasos por día) puede bajar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

 

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Este estudio fue financiado por: The National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) Program Project Grant PPG HL70610 «Mechanism of alcohol and Polyphenols Cardioprotection» Project 2.

Recibido el 28 de junio, 2005. Aceptado el 14 de marzo, 2006.

Correspondencia a: Hernán E. Grenett, Ph. D. Universidad de Alabama, Birmingham. 845 19 Th. Av. South, Bevil Biomedical Research Building, 830, Birmingham, Al 35294. Estados Unidos. Tel.: 205-975-5251. Fax: 205-975-7121. E mail: hgrenett@cardio.dom.uab.edu

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