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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.60 no.1 Santiago  2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492019000100069 

Estudios

Evaluación cualitativa sistemática de pobreza y desarrollo humano: Integralidad y sostenibilidad desde el pensamiento social cristiano

Marianne Daher1 

Cristián Hodge1 

Antonia Rosati1 

1Escuela de Psicología, Facultad de Teología Pontificia Universidad Católica de Chile mdaher@uc.cl, cahodge@uc.cl, aarosati@uc.cl

Resumen:

Este artículo intenta justificar la pertinencia de realizar evaluaciones cualitativas sistemáticas referidas a pobreza y desarrollo humano, basándose en los postulados de Benedicto XVI y Francisco sobre el desarrollo integral y sostenible, así como en el Enfoque de Capacidades de Amartya Sen y en el Enfoque de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Desde estas perspectivas, pobreza y desarrollo humano son fenómenos sociales complejos y multidimensionales, con aspectos objetivos y subjetivos. Para abordarlos se toman los aportes de la doctrina social de la Iglesia, examinando las múltiples dimensiones implicadas, así como el horizonte humanizador y de bien común. Destaca la necesidad de realizar evaluaciones cualitativas sistemáticas nacional e internacionalmente que complementen las mediciones cuantitativas, presentando sus contribuciones y consideraciones metodológicas y éticas. Finalmente, examina los alcances y conexiones entre estas nociones, y plantea desafíos conceptuales y metodológicos respecto al análisis de pobreza y desarrollo humano enmarcado en la ética social cristiana.

Palabras clave: pobreza; desarrollo humano; desarrollo humano integral; desarrollo humano sostenible; evaluación cualitativa

Abstract:

This paper underlines the relevance of doing systematic qualitative evaluations about poverty and human development, based on the postulates of Benedict XVI and Francis on integral and sustainable development, as well as on the Capability Approach proposed by Amartya Sen and the Human Development Approach of the United Nations. From these approaches, poverty and human development are complex and multidimensional social phenomena, that consider objective and subjective aspects. To address these issues the contributions of the Catholic Social Teaching is taken into account, considering the multiple dimensions involved, as well as the humanizing and common good horizon. The need to carry out systematic qualitative evaluations at a national and international level that complement the quantitative measurements is highlighted, presenting their contributions and methodological and ethical considerations. Finally, address the implications and connections between these notions, as well as the conceptual and methodological challenges for the evaluation of poverty and human development within the framework of Christian Social Ethics.

Keywords: poverty; human development; integral human development; sustainable human development; qualitative evaluation

1. Introducción

Existe consenso en considerar la pobreza y el desarrollo humano como fenómenos sociales complejos y multidimensionales1, con aspectos objetivos –asociados a los ingresos y condiciones materiales de vida–, y una dimensión subjetiva –con características psicológicas, relacionales y sociales2–. Las medidas de pobreza y desarrollo humano, aspirando ampliar su operacionalización, han sumado al clásico enfoque centrado en los ingresos3, variables sobre salud y educación, así como asociadas al trabajo, vivienda y redes, entre otros. Esta complejización favorece una aproximación sobre la envergadura de la pobreza y desarrollo humano para formular e implementar políticas públicas, acciones desde la sociedad civil organizada y la cooperación internacional4. Ahora, a la luz de las reflexiones de Benedicto XVI5 y Francisco6, concordantes con el pensamiento social de la Iglesia7, vale preguntarse si son medidas suficientemente integrales y sostenibles dados los cambios sociales y ambientales de las últimas décadas8.

Desde estos postulados, las dimensiones personal, relacional, social y ambiental son también relevantes, y es inevitable plantearse si son cuantificables, y si es conveniente evaluarlos así, dada su vinculación con la subjetividad o espacio interior de las personas, formado por emociones, reflexiones, percepciones, deseos y valoraciones, y donde construyen su imagen, la de los otros y del mundo según sus experiencias sociales9. Varios autores han reportado una escasa consideración de lo subjetivo en la conceptualización y vivencia de la pobreza y desarrollo humano10, quedando pendiente integrarlas en las evaluaciones cualitativas sistemáticas, tal como se realizan mediciones periódicas a nivel nacional11, regional12 e internacional13.

Este artículo apunta a justificar la importancia de realizar evaluaciones cualitativas sistemáticas basándose en los postulados de Benedicto XVI14 y Francisco15 sobre desarrollo integral y sostenible, así como el Enfoque de Capacidades propuesto por Amartya Sen16 y el Enfoque de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas17. A continuación se medita sobre la pobreza y el desarrollo humano, el desarrollo integral y sostenible, la evaluación cualitativa sistemática, consideraciones metodológicas y reflexiones finales.

2. Pobreza y Desarrollo Humano

Pobreza y desarrollo corresponden a dos caras de una misma moneda, pero distintas en su conceptualización, evaluación e intervención. Históricamente la aproximación a la pobreza se relaciona con el crecimiento económico, operacionalizándola según la medición de los ingresos. Pero, Sen y la ONU invitan a transitar hacia una noción centrada en las personas, incluyendo otras dimensiones en su valoración18 con temas que exceden a la pobreza en sí18 y que han estimulado referentes teóricos agrupados en tres grandes modelos:

Modelo tradicional: centrado en la pobreza objetiva, ligada a los ingresos o la satisfacción de necesidades básicas19 aplica estrategias de alivio mediante transferencias monetarias o de insumos, con una lógica focalizada y redistributiva20. Modelo de amplificación: congrega el enfoque de desarrollo humano21 y la perspectiva multidimensional de la pobreza como salud, educación, trabajo, vivienda, entorno y redes22. Sus estrategias para promover el desarrollo se asientan en activar capacidades y generar oportunidades que amplifiquen las libertades, siguiendo una lógica universal y predistributiva23. Modelo emergente: incluye enfoques que consideran desventajas sociales, culturales y políticas referidas a exclusión, vulnerabilidad, riesgos, capital social y derechos24. Aunque reconoce la necesidad de potenciar la delimitación conceptual y la operacionalización de estos enfoques25, sus aportes amplían los eventos y procesos que posicionan a las personas en desventaja social y económica, argumentando que poseen activos o recursos para enfrentar tales adversidades y considerando la pobreza como una transgresión de los derechos humanos fundamentales26.

Los modelos de amplificación y emergente se oponen al modelo tradicional, que cede principalmente al mercado y al crecimiento económico la reducción de la pobreza, y cuya lógica individualista presupone buscar el interés personal, sin las condiciones estructurales que constriñen dicha búsqueda27, ni su red de relaciones sociales. Esta deficiencia del mercado para garantizar el desarrollo queda expuesta, al exigir paliativos desde el sistema institucional28.

Para ello, el modelo de amplificación, y en particular los enfoques de Sen y de las Naciones Unidas29 –cuya apuesta es “invertir en las personas”30–, plantean el desarrollo como un proceso de formación y uso de capacidades y funcionamientos; y por contraparte la pobreza como la privación de capacidades básicas para lograr niveles mínimamente aceptables de realización con opción a tener una vida buena y agencia31.

Esta intelección resalta el sentimiento y el posicionamiento social vinculados a pobreza y desarrollo32, y pretende reivindicar la dimensión subjetiva asociada a esta diversidad de vivencias33 sin desestimar la importancia de los elementos materiales.

Mientras, la reformulación de los Objetivos del Milenio34, considerando criterios relativos al cuidado ambiental en los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible35, incluye esta dimensión vinculada con los planteamientos de Francisco: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”36.

Más allá de optar por un modelo específico, mirar la realidad social sopesa el abordaje de pobreza y desarrollo humano como complementos para alcanzar el bien común37, exigiendo la integración de dimensiones tangibles e intangibles38. Así, reconoce el aporte de las estrategias de crecimiento económico para disminuir la pobreza39, no obstante que múltiples autores argumentan que no son suficientes para alcanzar el desarrollo40, lo que demuestran los altos índices de desigualdad y pobreza que persisten41.

Frente al actual panorama nacional y regional de desconfianza o crisis institucional42, la desaceleración doméstica 43 y cierta recesión internacional44, se potencia el buscar vías de desarrollo y superación de la pobreza asociadas a la activación de capacidades y desarrollo humano, que estimule el bienestar en general y de este sector en particular45. En el pensamiento de la doctrina social de la Iglesia, especialmente en América Latina, el vínculo pobreza y desarrollo humano, destacando el protagonismo de los pobres, los derechos humanos, y la relevancia de la cultura, lleva décadas de reflexión46, que se refuerza en las perspectivas de Benedicto XVI y Francisco.

3. Desarrollo Humano Integral y Sostenible

Por ello, al evaluar si la amplificación de las dimensiones consideradas en la medición de pobreza y desarrollo humano son suficientemente integrales47 y sostenibles, cobran relevancia los aportes de Benedicto XVI48 y Francisco49 alineados con el pensamiento social cristiano que busca entender estos fenómenos de manera multidimensional50, con el desarrollo como foco.

Para Benedicto XVI, “el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones”51; una visión que no desestima aspectos económicos, materiales y la satisfacción de necesidades básicas y considera el superar la miseria, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo52 coincidente con las variables de ingreso, salud y educación contempladas en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU53. Desde esta base busca mejorar la calidad de vida de manera integral y sostenible54.

El desarrollo integral es, para Benedicto XVI, humanizador porque releva aspectos propios de la condición humana por sobre lo económico, agregando elementos comunitarios, sociales y culturales55.

Propone el desarrollo económico como la participación en el crecimiento, donde generar ingresos es solo un medio para alcanzar un fin con sentido56. Para Francisco, “el auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural”57, incorporando una dimensión ambiental íntimamente vinculada con la social58, y que plantearía que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos”59.

En ambos hay una relectura de las dimensiones estipuladas inicialmente por el PNUD60 sobre tener longevidad y salud, conocimientos y un nivel de vida digno –asociado a los ingresos–. Además, resulta relevante incluir las propuestas recientes del PNUD61 sobre la participación en la vida política y comunitaria, sostenibilidad ambiental, seguridad y derechos humanos, y promoción de la igualdad y la justicia social. Al respecto, el Enfoque de Capacidades de Sen62 presenta descripciones generales, destacando la participación política, las garantías de transparencia, las oportunidades sociales, la seguridad social y la capacidad económica pero sin ofrecer una lista de sus componentes. A partir de lo planteado por Benedicto XVI y Francisco se propone la siguiente categorización.

3.1. Dimensión personal63

Si el desarrollo humano trasciende la categoría del tener, al incluir el ser, estar y hacer64, cobra fuerza incorporar una faceta integral con las capacidades humanas65, no en términos de producto66, sino relevando el desarrollo emocional, intelectivo, la consciencia crítica y el cuidado del cuerpo67, así como la dignificación y reconocimiento68, y el bienestar subjetivo69. Asimismo, resulta significativa la vivencia asociada al estancamiento versus la expansión temporal70, entendida como el encierro mental en el presente por las múltiples preocupaciones cotidianas, cuya superación demanda concebir un futuro diferente, con aspiraciones de proyectos concretos y realizables. En la contracara, se asocia la pobreza con la limitación para desplegar capacidades personales71, la ausencia de participación en las decisiones de la propia vida y la falta de sentimiento de poder o agencia72.

3.2. Dimensión relacional73

Considera aspectos de la matriz reticular del entramado social, como la red de relaciones cotidianas; y la matriz comunitaria74. La primera corresponde a las relaciones libres de corresponsabilidad75 sobre las que circula apoyo social como el intercambio de bienes y recursos –materiales, emocionales, informacionales, entre otros76. La segunda, descrita como la vida en comunidad77, le atribuyen aspectos propios caracterizados por Krause78, Sánchez79 y Montero80: sentido de pertenencia81, identidad común82 e interrelaciones (unión, cariño, cuidado, confianza, conexión)83. En su actualización del concepto, Krause y Montenegro84 agregan agencia, control, participación y empoderamiento. Esta dimensión se asocia, además, a la vivencia de estancamiento versus expansión espacial85 entendida no solo desde su componente territorial, sino vinculada al acceso y uso de redes –personales, comunitarias, institucionales, simbólicas, etc. –, superando la sensación de encierro físico y exclusión social asociada a la pobreza86. Ya la última medición multidimensional de la pobreza en Chile contemplaba la existencia de redes, participación y apoyo social87.

3.3. Dimensión social

Refiere a la visión de la sociedad total apelando a que sea solidaria y caritativa88, mientras que en el aspecto económico, no solo alude al crecimiento, sino con miras a la distribución del ingreso y con espacio para la movilidad social89, coincide con el reporte sobre desigualdad y clases sociales de la ONU90 y con las facilidades económicas señaladas por Sen91. En el aspecto laboral y previsional, denominado trabajo correcto92, converge con la ONU93. En tanto que en las opciones de formación94, además de la alfabetización, reflexiona sobre el acceso y la calidad de la educación escolar, técnica, universitaria y continua, así como otros espacios de aprendizaje. Al describir la noción de salud en tanto ausencia de enfermedad, según lo definido por el modelo biomédico tradicional, incluye una perspectiva integral que garantice tanto la salud individual, comunitaria y social, en términos físicos, mentales y estilo de vida95, y desde las propuestas iniciales de Sen96 incluye la protección social y seguridad. Menciona el soporte institucional que anida estas y otras prestaciones sociales, proponiendo una labor desde la compasión, caridad y responsabilidad, fundamentada en la confianza97. Y alude al desarrollo político, caracterizado por la democracia, libertad y paz98, concurrente con las libertades políticas planteadas por Sen99. Sobre el desarrollo cultural, significando diálogo e interacción intercultural –estipula los riesgos del eclecticismo o relativismo cultural, los imponderables de la homologación o integralismo100–, y el rescate y/o preservación del patrimonio histórico, artístico y cultural101. También contempla libertad religiosa y desarrollo espiritual102. Y por último, incluye las oportunidades y desafíos del mundo digital103. Varios de los aspectos de esta dimensión pueden estimarse como condiciones mínimas o estructurales para desplegar capacidades y libertades asociadas a la agencia personal y comunitaria. Su antítesis es la pobreza entendida como la denegación de estas oportunidades104.

3.4. Dimensión ambiental

Considera desde la naturaleza propiamente tal, hasta los espacios que se usan y/o habitan en zonas urbanas y rurales, y el asunto de la producción. Primero: contempla temas urbanos105 que comandan estudiar el uso del espacio físico, mejorando las zonas habitadas106– incluye vivienda107, transporte108, áreas verdes, entre otros– para transitar de un espacio caótico a un espacio contenido109. Segundo: señala el desarrollo rural y agrícola110, referente al cuidado del campo y de la ciudad propuesto por Francisco111. Tercero: describe ampliamente el estado actual de la ecología112, advirtiendo sobre la inequidad norte-sur y la deuda ecológica113, específicamente el uso y la capacidad de recuperación de los ecosistemas114, y el cuidar los recursos de uso común –agua, aire, tierra115. Agrega asuntos sobre la globalización y su impacto en el medio ambiente116, proponiéndose su regulación. Acerca de la producción, critica el fenómeno de la obsolescencia programada117, que manufactura insumos diseñados para caducar prontamente, y la rapidación, significando intensificación de la vida, trabajo y consumo sin cuidar sus externalidades118.

Aquí, asocia la pobreza a la degradación socio-ambiental, reflexionando sobre el antropocentrismo desviado y al biocentrismo119 que apartan de la ecuación123 al ser humano, con el riesgo del individualismo y la invisibilización de la conexión del ambiente con la dimensión social.

4. Evaluación Cualitativa

A partir de lo planteado, se establece que la noción y experiencias asociadas a pobreza y desarrollo contienen una dimensión subjetiva que no se puede ni es pertinente cuantificar. Desde que la ONU instaló el concepto de desarrollo humano, surgió la inquietud de si se puede operacionalizar y monitorear120–, para lo cual elaboró el Índice de Desarrollo Humano, que se ha ajustado levemente en función a la nueva información disponible y las discusiones sobre esta noción121. El primer Informe de Desarrollo Humano ya señalaba que no todo se puede o es conveniente de medir, e indicaba que la cuantificación requiere complementarse a la cualificación para tener la panorámica del desarrollo humano.

Pero, ¿qué espacio tiene lo cualitativo en el índice y en los diagnósticos realizados, así como respecto a las temáticas de los Informes de Desarrollo Humano? Y ante la estrecha vinculación de los elementos presentados con la subjetividad, cabe preguntarse si son cuantificables, si es pertinente valorarlas exclusivamente así y sobre el rol de la evaluación cualitativa en su comprensión. Esto coincide con la escasa apreciación de las dimensiones subjetivas asociadas a la conceptualización y vivencia de la pobreza y desarrollo humano ya reportadas por varios autores122, quedando pendiente el integrarlas en su evaluación. De esta manera, la máxima de la ONU invertir en las personas, implica también escucharlas, conocer sus problemas, necesidades y aspiraciones desde dentro. Tal como se miden la pobreza y el desarrollo humano, tanto a nivel nacional123 como internacional124, es relevante incluir evaluaciones cualitativas de estos fenómenos por las siguientes razones:

  • 4.1. Ampliar la base de información disponible En muchos países la información sobre pobreza y desarrollo es insuficiente, y por ello es conveniente que las mediciones se complementen con evaluaciones cualitativas para analizar cuantitativamente las dimensiones mencionadas. Ya varios autores125 han constatado limitaciones metodológicas en estas mediciones cuantitativas, siendo en ocasiones necesario acudir a información adicional para interpretar los resultados. Por ello, una evaluación desde la subjetividad aporta por sobre tales limitaciones y en la interpretación adecuada de la información sustraída a partir de variables cuantificadas, manteniendo en mente las dimensiones cualitativas de la vida humana126. Reyes127 indica la insuficiencia de la evaluación objetiva positivista, lo que motiva a reconocer la evaluación cualitativa como una metodología rigurosa, científica y pertinente para captar las dimensiones señaladas.

  • 4.2. Detectar problemas o fenómenos sociales emergentes: la evaluación cualitativa explora inductivamente aspectos no contemplados por las variables e indicadores cuantitativos, establecidos de manera a priori y externa128. Sen129 indica el riesgo de operacionalizar las libertades y capacidades porque las restringe y cosifica, descartando elementos relevantes según el parecer de las personas. Además, muchas de las elecciones sobre el tipo de vida deseada no son pre-definibles o posibles de anticipar130, por asociarse a cambios en la subjetividad. Esto comanda una visión emergente, local y en movimiento sobre los aspectos relativos a pobreza y desarrollo.

  • 4.3. Generar una visión holística y comprehensiva: ante la variedad de problemas o fenómenos derivados de la pobreza y donde el desarrollo tiene un rol, es necesario profundizar el análisis131, superando el reduccionismo vinculado a las variables e indicadores cuantitativos132. Esto abre la discusión acerca de cómo evaluar y sobre la suficiencia de los indicadores para comprender tales fenómenos, cuya complejidad exige ahondar la mirada. Una observación holística conlleva contemplar los fenómenos desde sus diversas aristas en múltiples niveles, incluyendo uno macro – como eventos internacionales y crisis mundiales –, un nivel meso –la estructura social y las políticas públicas vigentes–, y un nivel micro –como son los cambios en la familia y los nuevos roles sociales133– superando la visión parcial obtenida al usar índices aislados. Mientras la mirada comprehensiva implica ir más allá de los síntomas, para conocer y abordar su raíz134, considerando el parecer de las personas involucradas. Así, en la discusión entre los pros y contras de la evaluación directa versus indirecta135, se podría pensar que la evaluación cualitativa de la pobreza y desarrollo llega al centro de estos fenómenos. Desde lo propuesto por Sen136, correspondería no quedarse en las consecuencias –falta de capacidades –, sino también mirar las causas, como el incumplimiento de compromisos sociales y condiciones estructurales que restringen. Benedicto XVI137 es explícito sobre la necesidad de trascender las causas materiales, al incluir una mirada subjetiva y cualitativa, por ejemplo, la mala voluntad y la falta de fraternidad en la sociedad actual.

  • 4.4. Constatar las culturas locales y la diversidad: el enfoque de capacidades trata la expansión de libertades138; sin embargo, su conceptualización se ciñe a medir ingresos, años de escolaridad y esperanza de vida139. Aunque representan condiciones básicas de bienestar, restringir libertades –o su mera agregación en tanto medios y fines– parece insuficiente para una comprensión desde dentro de los fenómenos asociados a pobreza y desarrollo, ante lo cual cabe preguntarse cómo capturar libertades de carácter local y con respeto a la diversidad cultural. Esto implica resituar el carácter antropológico del ser humano y de los fenómenos sociales140, donde la evaluación cualitativa juega un rol importante desde su propuesta epistemológica y metodológica. Específicamente, Martín-Baró141 eleva el conocimiento local y contextualizado, al resaltar su componente histórico y cultural, relegado por los métodos que buscan posicionarlo desde el mimetismo científico con el positivismo, con una tendencia universalista descontextualizada.

  • 4.5. Posicionar activamente a las personas como protagonistas: captar a las personas desde su subjetividad implica situarlas no ya como mero objeto y sujeto pasivo de la política pública y acción social en general142, sino como participantes activos en la co-construcción de conocimiento y propuestas, “poniendo en diálogo el lenguaje científico-técnico con el lenguaje popular”143. Ello depende de condiciones y compromisos sociales que garanticen delegarles poder y responsabilidad144, al instalar espacios de evaluación cualitativa sistemáticos, entendiendo que “la sostenibilidad de cualquier estrategia de desarrollo descansa en el involucramiento y participación activos de los diversos actores [sociales]”145, en tanto emergencia de sujetos colectivos capaces de intervenir con protagonismo en la comprensión y resolución de sus inquietudes. Esto genera vínculos virtuosos de reflexión-diálogo-acción-aprendizaje entre agentes internos y externos interesados en promover acciones de desarrollo146, dando sustentabilidad a las políticas y programas sociales, reproduciendo procesos de gobernabilidad participativa147 y la democratización del conocimiento148. Lo anterior sintoniza con el principio de subsidiariedad planteado por la doctrina social de la Iglesia149, que releva la importancia de que las personas y las instituciones puedan actuar autónomamente para no generar dependencia, asistencialismo ni paternalismo150. Así, nuevamente se releva la noción de agencia propuesta por Sen151, agregando los conceptos de empoderamiento individual, organizacional y comunitario152, así como el fortalecimiento político153.

  • 4.6. Establecer un diagnóstico social “bottom-up”: esta lógica, sustentada en metodologías cualitativas, permite diseñar políticas y programas sociales desde la apreciación de las propias personas involucradas sobre la priorización de problemas y soluciones, la comprensión de sus causas, consecuencias y contexto de ocurrencia, planteando objetivos y efectos esperados154. Esto contraría la lógica “top-down” imperante, que aplica acciones impuestas y de manera centralizada, en muchas ocasiones sin diagnósticos o basado en juicios inadecuados155. La evaluación cualitativa usa información para detectar necesidades y recursos inductivamente, así como núcleos de interés para el desarrollo; pero también evalúa las acciones en curso con vistas a mejorarlas, traduciéndose en una importante fuente para tomar decisiones con sentido156 y velar por el cumplimiento de los compromisos sociales157.

  • 4.7. Relevar el aspecto ético de evaluar: lo anterior conlleva un prisma ético ineludible asociado a restituir el derecho de las personas a pronunciarse sobre aspectos de sus propias vidas158, como la pobreza, el desarrollo humano, los problemas y fenómenos asociados a esto, las acciones para enfrentarlos. Las injusticias patentes requieren ser observadas por medio de la discusión pública159 y la evaluación cualitativa ofrece ese escenario. Muchas inequidades persisten por entendimientos implícitos, donde las libertades políticas y la capacidad de participar instauran valores sociales, siendo constructivas para el desarrollo160. Lo cualitativo y subjetivo, a partir de Benedicto XVI, implica tomar conciencia del espíritu antropológico y ético que impulsa el desarrollo hacia metas de humanización solidaria. Lamentablemente, este espíritu es frecuentemente marginado y entendido desde perspectivas ético-culturales de carácter individualista y utilitarista161, ocurriendo evaluaciones sesgadas por conflictos de intereses y deseabilidad social del progreso desigual.

5. Evaluación Sistemática

A lo anterior, cabe indagar ¿dónde está la voz sobre la pobreza y el desarrollo presentada de manera periódica y comparada en el tiempo y entre naciones? No basta con realizar evaluaciones cualitativas de pobreza y desarrollo humano esporádicamente162, sino que es necesario que se realicen regularmente, acompañando las medidas cuantitativas. Esto por los siguientes motivos.

  • 5.1. La impermanencia de los fenómenos sociales: dado los cambios vertiginosos actuales, en que desde la elaboración del primer Informe de Desarrollo Humano169 muchos de los problemas persisten, otros han cambiado o surgieron nuevos, urge captar el relieve de la pobreza y el desarrollo con una aproximación sistemática, así como ya existe una medición periódica de estos fenómenos. En tanto muchos problemas se han complejizado, y han emergido nuevas necesidades163, núcleos de interés y fenómenos sociales, lo cual exige atención frecuente. Esta variación y ambivalencia natural del mundo de la vida164, releva la necesidad de mantener una aproximación constante a temas relacionados a pobreza y desarrollo humano.

  • 5.2. La solidaridad intergeneracional: si bien estas dimensiones pueden variar rápidamente, sus efectos se proyectan a largo plazo, por lo que Francisco apela a contar con una solidaridad intergeneracional e intrageneracional165, al “financiar [hoy] diversas líneas de investigación libre e interdisciplinaria que puedan aportar nueva luz [mañana]”166 sobre los fenómenos asociados a la pobreza y desarrollo, como serían las evaluaciones cualitativas longitudinales.

  • 5.3. Detectar y evitar los vicios del crecimiento no sostenible: el desarrollo humano no ocurre de manera automática y mayores ingresos no garantizan una vida mejor, pues nuevas pobrezas surgen de la riqueza desigual167. Es así que el desarrollo humano estancado o deformado debiera ser una preocupación y prioridad política continua168. Lo cualitativo capta estos vicios que las medidas cuantitativas no ven, y apremia hacerlo periódicamente por la emergencia constante de externalidades del crecimiento económico no sostenible169 como el individualismo, inmediatismo, automatismo y consumismo170; la pérdida del sentido de la vida171; la homogeneización de las personas y concebirlas como descartables172; la crisis de modelos, instituciones y leyes173, la crisis socio-ambiental que incluye la pobreza y la naturaleza174; los ambientes precarios que llevan a comportamientos inhumanos175; y la negación de predicciones ambientales catastróficas176. Benedicto XVI señala que las crisis pueden llevar a una renovación cultural, redescubrimiento de valores y a revisar el camino del desarrollo177, por tanto una evaluación cualitativa sistemática sería necesaria.

  • 5.4. Tomar decisiones políticas informadas a tiempo: una mirada a tiempo permitiría que la información contribuya al desarrollo en curso, tomando oportunamente decisiones políticas responsables y atendiendo a necesidades actualizadas y contingentes. Alfaro, Sánchez y Zambrano178 señalan la importancia de analizar continuamente las políticas públicas, con una evaluación cualitativa que genere una visión flexible y dinámica de la pobreza y el desarrollo179.

  • 5.5. Ajustar las políticas públicas focalizadas: en los Estados Subsidiarios –caso de Chile– las políticas sociales se focalizan en grupos vulnerables y son de carácter re-distributivo180, requiriendo ajustes periódicos ante la variación o emergencia de problemas sociales, así como la agenda política y social vigente levantada desde la ciudadanía181.

  • 5.6. Ajustar las políticas públicas universales: en los Estados de Bienestar182 –como algunos países de la Comunidad Europea–, contar con este tipo de información detectaría nuevos núcleos críticos para mejorar las condiciones de vida a través de políticas universales y predistributivas183, en función a los cambios de los tiempos, las nuevas crisis y fenómenos sociales.

6. Consideraciones Metodológicas

Desde la investigación social y las consideraciones metodológicas propuestas por las ciencias sociales, se sustraen los siguientes elementos clave, para una evaluación cualitativa sistemática de la pobreza y el desarrollo humano que sea precisa, rigurosa y ética.

  • 6.1. Elementos técnicos de su operación: Primero la formulación del objetivo general, que nace de la pregunta de la evaluación, y luego los objetivos específicos asociados a la pobreza y el desarrollo. La formulación requiere especificar la acción cognoscitiva –consistente con la lógica cualitativa que busca identificar, describir o analizar sus fenómenos, más allá de medir, estimar o comprobar–, el objeto y campo de estudio, y el foco de análisis –que proviene del posicionamiento epistemológico de la evaluación, asociado al paradigma y enfoque a la base de la misma184–. En los estudios cualitativos se elaboran para cada objetivo específico preguntas directrices185, explicitando aspectos relevantes y supuestos desde la revisión de antecedentes teóricos y empíricos, y temáticas sintónicas a la luz de la contingencia. Se podrían incluir en éstas las dimensiones señaladas y que invitan a contemplar el desarrollo desde una perspectiva integral y sostenible. Estas preguntas y dimensiones guían la evaluación, pero permiten detectar aspectos emergentes, y no son indicadores de una meta a verificar, sino ámbitos de indagación. Durante la evaluación se reformulan, eliminan e incluso agregan preguntas.

    Luego, se define el diseño186, contemplando una justificación del método seleccionado –en este caso cualitativo– desde la pertinencia para responder la pregunta de evaluación y las particularidades de los fenómenos bajo estudio; y se remite al modelo de evaluación, señalando la temporalidad y fases, por ejemplo, si es longitudinal y cuántos momentos de evaluación se instalan, o si es transversal –para especificar si contiene una mirada retrospectiva–.

    Es importante explicar el enfoque a la base de la evaluación, especificando tanto la corriente investigativa como el paradigma. Escuelas de investigación coincidentes con este tipo de evaluación propuesta son la Investigación Acción Participativa187 o el Enfoque Biográfico188; mientras que la tradición cualitativa remite principalmente a paradigmas que se desmarcan del positivismo y post-positivismo189, entre ellos la fenomenología190, hermenéutica191, constructivismos192, enfoque crítico193.

    Con el diseño establecido, corresponde delimitar a los/as participantes, indicando la estrategia muestral194, siendo en investigación cualitativa todo muestreo intencionado (alejándose de la lógica cuantitativa del muestreo probabilístico o aleatorio), y el tipo específico de muestreo como casos típicos, casos críticos, máxima heterogeneidad, muestreo teórico, colección completa195. Es necesario señalar los criterios de inclusión y exclusión, la estrategia de acceso y especificar el tipo de convocatoria. Aclarar que en evaluación cualitativa no hay un tamaño muestral único adecuado, sino que depende de los requisitos del estudio, el costo y la saturación teórica196.

    Luego, se definen las estrategias de producción de datos, correspondiendo la información generada mediante métodos cualitativos a datos científicos. Dichas estrategias se operacionalizan en actividades y dispositivos de producción como las entrevistas individuales (por ejemplo, semiestructurada, narrativa, episódica, focal)197, los grupos focales o de discusión198 y la observación (participantes o no participantes, según la presencia del investigador en el campo)199. Además, desde la Investigación Acción Participativa se usan estrategias participativas como las asambleas comunitarias y las mesas de diálogos que convocan a diversos actores200. Cada actividad requiere elaborar sus respectivos dispositivos, como es el guión temático para las entrevistas o grupos focales, las pautas de observación, u otros medios. En ocasiones, es necesario elaborar un manual de la evaluación y capacitar a las personas responsables. En este apartado se señalan los medios del registro informativo (por ejemplo en audio, transcripción, etc.).

    Por último, se indican las técnicas de análisis de la información. Clásicamente en investigación cualitativa se diferencia entre análisis de la forma, que destaca la diversidad de análisis del discurso201 versus análisis del contenido de dichos relatos, que hace la distinción entre análisis con categorías establecidas a priori202 (por ejemplo, análisis de rejilla o según las categorías utilizadas para la producción de datos) versus con categorías emergentes (por ejemplo, Teoría Fundamentada)203.

    Para elegir el tipo de análisis es necesario precisar el objetivo de la evaluación, recomendándose el combinar análisis de contenido con categorías establecidas a priori que permitan analizar procesos al comparar en el tiempo y entre países, con espacio para un análisis con categorías emergentes que facilite captar asuntos no previstos.

  • 6.2. Enfoques que aportan a la evaluación cualitativa: resulta coincidente adoptar la Investigación Acción Participativa, enfoque que deriva de la teología de la liberación204 y su opción por los pobres205. La teología de la liberación se planteó durante algunas décadas en América Latina como alternativa al llamado desarrollismo –visión economicista y puramente cuantitativa del desarrollo– en sus opciones por superar la pobreza injusta de la mayoría de sus habitantes206, y empezó a desplegarse tras la Conferencia de obispos latinoamericanos celebrada en Medellín en 1968. Los teólogos de la liberación –entre ellos G. Gutiérrez207, L. Boff e I. Ellacuría– han usado el método ver-juzgar-actuar para reflexionar sobre la fe desde el contexto de injusticia y pobreza de los pueblos latinoamericanos208.

    Esta opción por los pobres es comprendida por la tradición del pensamiento cristiano como una opción ética y teológica, cuyas raíces aparecen en la vida de Jesús209. Desde el documento de Medellín hasta el de Aparecida en Brasil (2007) la opción por los pobres es ya una característica del pensamiento y de la praxis de la Iglesia Latinoamericana210. Según la teología de la liberación, los pobres son destinatarios, y sobre todo actores y sujetos de la historia, sujetos colectivos de la transformación radical de la sociedad211. Benedicto XVI llegó a sostener en la inauguración de la Conferencia de Aparecida que la opción por los pobres es parte de la fe cristológica212. Con Francisco esta opción se reforzó a nivel universal, escribiendo en Evangelii gaudium número 198 que “para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica”213.

    La Investigación Acción Participativa recibe influencias de enfoques que surgieron entre 1960 y 1980 como son la Educación Popular214, la Sociología Crítica215 y la Psicología de la Liberación216, que plantean la importancia de transitar desde una conciencia ingenua a una crítica que permita problematizar las circunstancias de vida y las condiciones estructurales que oprimen217, logrando una acción transformadora desde la participación, movilización y denuncia por parte de las clases oprimidas –grupos en desventaja social o personas en situación de pobreza y vulnerabilidad218–. Esto desde un acceso al conocimiento para comprender su verdad y no imponerla desde afuera, con una praxis orientada a potenciar a las personas como actores y autores219, evitando así el asistencialismo y paternalismo. Como señala Montero220, este enfoque pensado desde América Latina, es interesante como marco de referencia dentro del ciclo de intervención social –que debiera incluir la visibilización de la pobreza y el desarrollo en tanto problema psicosocial y promoción del bienestar, respectivamente– planteando una epistemología, una metodología y una ética.

    Lo primero, sobre quién produce el conocimiento, se relaciona a un saber desde dentro, desde las propias personas y comunidades, siguiendo una lógica bottom-up o inductiva. Lo segundo establece cómo, de manera operativa, se produce dicho conocimiento, ofreciendo estrategias, técnicas y actividades, así como un posicionamiento horizontal, transparente, flexible, con fases recursivas de producción y análisis de la información, que promueva la reflexión entre los distintos actores sociales, y socializador en tanto se democratiza el conocimiento. De esta forma, su ética se orienta buscar el bien común y la transformación social, así como el desarrollo humano integral y sostenible.

  • 6.3. Criterios de rigor y calidad científica: en investigación cualitativa se debate sobre si los criterios de cientificidad para los estudios cuantitativos son pertinentes o no para aquellos cualitativos221. Esta discusión ha redundado en propuestas para garantizar la rigurosidad, validez y pertinencia de los resultados, destacando la triangulación –comprendida como la inclusión en la generación de conocimiento de las diversas miradas hacia el objeto de estudio, a partir de su contraposición y comparación constante222– y sus múltiples tipos (intersubjetiva, del investigador, teórica, de las estrategias de producción y/o análisis)223. Junto con la credibilidad224 –verificar que los hallazgos sean reconocidos y hagan sentido a los/as participantes– y la transparencia respecto al proceso de investigación y a la toma de decisiones en este, permiten la generación de procesos y productos rigurosos y de calidad225. En el caso de la evaluación un criterio de rigor adicional sería el control de la deseabilidad social, promoviendo espacios de confianza donde las personas puedan responder de manera genuina y sin temor a la reprobación. Si bien en evaluación cualitativa no es posible lograr la representatividad estadística de los fenómenos bajo estudio, sí se puede obtener una representatividad estructural226 del fenómeno cuando se alcanza sensibilidad teórica y complejidad relacional sobre el mismo.

    Asimismo, el trabajo transdisciplinario227 también corresponde a un criterio que resguarda la calidad e integralidad del análisis al abordar fenómenos complejos y multidimensionales como son la pobreza y el desarrollo, exigiendo saberes interactivos228. En este sentido, la complejidad de las crisis sociales y ambientales asociadas a la pobreza y subdesarrollo tiene múltiples causas y consecuencia, así como variadas soluciones que van desde la ciencia a la espiritualidad229, destacando la importancia de contar con una mirada multinivel230, financiando investigaciones que convoquen a diversas disciplinas “que puedan aportar nueva luz”231. Aquí lo transdisciplinario se posiciona por sobre lo multi e interdisciplinario232 al crear equipos mixtos de profesionales de estas disciplinas y actores sociales.

  • 6.4. Aspectos éticos: en ciencias sociales y con seres humanos es fundamental el considerar principios y exigir estándares que aseguren la conducción ética del proceso en todas sus fases (autorización, diseño, producción y análisis de datos, y publicación de resultados)233. Especial relevancia cobra velar por el bienestar de los/as participantes, reconociéndose los principios de respeto, beneficencia y justicia como rectores éticos, y estándares mínimos como la voluntariedad de las personas a participar y de retirarse de la investigación en cualquier momento, la entrega de información sobre los riesgos y beneficios que implica, y la protección de su privacidad mediante la confidencialidad234. Esto conecta con la centralidad del consentimiento informado235, que garantiza la formalización de la entrega de información y la aceptación de participar, siendo clave su uso para resguardar la integridad y autonomía del participante.

    La naturaleza de la investigación cualitativa exige estándares éticos particulares, dada la importancia del diálogo, y la atención en los vínculos y las relaciones de poder236. Esta busca visibilizar al participante como un interlocutor/a válido, reconociendo su complejidad y el valor de su subjetividad en todo momento237, así como su carácter interactivo, motivado e intencional y que, por tanto, asume una posición frente a la investigación misma238, la cual puede ser distinta a la del investigador/a y su subjetividad239. Al relevar la autonomía de los/as participantes, reconoce su derecho de exigir la eliminación de la totalidad o de partes de sus registros240 en cualquier etapa de la investigación. Por otra parte, se considera como una guía ética el escuchar las voces de las minorías y de personas en situación de desventaja social, y de proteger en el marco de la investigación a quienes presentan mayores niveles de vulnerabilidad241.

    Aquí se discute la importancia de dar la oportunidad a las personas de participar y de ser escuchadas independientemente de su situación242, pero con resguardos éticos específicos para garantizar su integridad243, lo cual exige una ética situada y sensible a los participantes. Por último, dada la importancia del sujeto que investiga244, se llama a reconocer el impacto emocional de trabajar en temáticas sensibles, y orientarse por una “ética de cuidado” en vías de proteger la integridad del investigador/a, de los/as participantes y de la investigación misma.

    Por último, en el marco de la evaluación245 se destaca el realizar estudios integrales, incluyendo y valorando a los actores independiente de su jerarquía, condición socioeconómica y/o cultural, así como formalizar mediante un documento firmado por la contraparte y el equipo de investigación que declare los derechos y obligaciones respectivas, así como información relevante del proceso, para asegurar la conducción ética de la evaluación.

7. Reflexiones Finales

El objetivo de este artículo ha sido justificar la importancia de realizar evaluaciones cualitativas sistemáticas sobre la pobreza y el desarrollo humano. Esta pertinencia está basada en los aportes realizados, tanto por el pensamiento social cristiano y su noción de desarrollo integral y sostenible, principalmente desde las reflexiones de Benedicto XVI y de Francisco, así como la Teoría de Capacidades de Amartya Sen y el Enfoque de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

El pensamiento social cristiano ha contribuido en la línea de la multidimensionalidad con su concepto de desarrollo integral, que comprende las dimensiones de la persona, sus relaciones, lo social y lo ambiental. Desde una tradición del pensamiento cristiano la mirada del ser humano como persona es un aporte en esta visión más integral. También la relacionalidad humana dentro de una comunidad referencial está presente en los textos de Caritas in veritate de Benedicto XVI y de Laudato si' de Francisco. La importancia de la sustentabilidad –concepto usado desde distintas perspectivas de desarrollo– para una visión más completa del desarrollo resulta ampliada para el ser humano donde lo social, institucional, cultural, ciudadano, político y medioambiental son el hábitat ético para toda persona humana.

Si bien la ampliación de la noción de desarrollo humano es un aporte de A. Sen y del PNUD con su Índice de Desarrollo Humano –que incorpora las variables de educación y salud a la del crecimiento del PIB– es positivo, de algún modo restringe lo humano a lo medible. El gran aporte de las evaluaciones cualitativas sistemáticas es complementar las mediciones cuantitativas con otras valoraciones que dan cuenta de lo humano, lo relacional, lo social y lo ambiental desde otras perspectivas relevantes.

La ética en general y el pensamiento social cristiano en particular persiguen no cosificar a las personas. Por esto hay sintonía con la agencia que propone Sen y el PNUD. Para Benedicto y Francisco el principio de subsidiariedad es clave para que las personas participen como actores en el desarrollo humano. El protagonismo de las personas en situaciones de pobreza es una visión común por el que han transitado el pensamiento social cristiano, el enfoque de capacidades de Sen-PNUD y la evaluación cualitativa sistemática. Cada uno en su perspectiva se distancia del asistencialismo y paternalismo.

La evaluación cualitativa diagnostica desde abajo (bottom-up) en sintonía con la teología de la liberación que, al interior del pensamiento social cristiano, mira las injusticias sociales desde los pobres o como llama G. Gutiérrez desde el reverso de la historia.

La transdisciplinariedad de esta propuesta se orienta en la línea que, ante la complejidad de la pobreza y el desarrollo, no solo integra los diversos saberes, sino que además los trasciende. Este es el camino hacia donde marcharán las investigaciones para evaluar con más rigurosidad las múltiples realidades de la pobreza y el desarrollo.

Concluyendo, hay que afirmar que tanto la pobreza como el desarrollo humano son fenómenos complejos y por tanto, no existe una única forma para abordarlos. Así, es necesario un esfuerzo concertado e intersectorial con medidas de salud, educación, protección social, así como reformas laborales, previsionales y tributarias que garanticen ciertos mínimos sociales para que las personas desenvuelvan sus capacidades y funcionamientos, con miras a lograr la vida a la que aspiran. Este esfuerzo requiere voluntad política, el establecimiento de una institucionalidad basada en la responsabilidad, el bien común y relaciones de confianza; y también de una mirada técnica cimentada en el avance del conocimiento científico, pero en conjunto con un involucramiento ciudadano activo. Aquí la evaluación cualitativa permite generar este diálogo y co-construir estas propuestas, mientras va ajustándola a los nuevos tiempos y necesidades de desarrollo.

Por otra parte, la disputa entre las perspectivas centradas en el crecimiento económico y en el desarrollo humano invisibiliza la dimensión subjetiva. Por un lado, por el foco en la concentración en los ingresos y, por el otro, por las condiciones o libertades que permiten el desarrollo. La dimensión subjetiva refiere más bien a las razones de por qué deseamos mayor crecimiento o desarrollo, a las experiencias y significados asociados a la vida a la que aspiramos, esto relacionado a nuestros proyectos o sueños. Acá se identifica un doble riesgo: primero, que lo que se desea sea impuesto, colonizado por un discurso o acción opresora por parte de las clases dominantes. Esto puede motivar una mirada crítica, que cuestione dichos deseos y busque la concientización personal. Segundo: el respeto a la autodeterminación cuando estipulamos aquello que deseamos, considerándolo válido en sí, pero desestimando las condiciones estructurales y los compromisos sociales que oprimen o facilitan esta capacidad de agencia. Se hace necesario encontrar el punto medio entre una perspectiva subjetivante (donde lo social produce sujetos) y subjetivadora (donde los sujetos son productores). En ese sentido, desde la psicología crítica y la psicología de la liberación revisitadas, y mediante un enfoque crítico constructivo se logra que actores sociales como el Estado, la política pública y el tercer sector no sean vistos en América Latina como enemigos de las tradiciones y anhelos de las personas y/o comunidades, sino como agentes centrales de su desarrollo.

A modo de cierre, ante el desafío de proyectar nuevos estudios es prioritario un proceso inductivo para captar las dimensiones a evaluar y su aplicación periódica. Por otra parte, se deben buscar nuevas formas para incorporar temas menos estudiados, como las dimensiones ambientales y políticas, elementos clave para comprender el dinamismo de la pobreza y el desarrollo humano en una sociedad compleja.

1Cfr. Fundación superación de la pobreza, Umbrales Sociales para Chile 2017: desafíos para la política social (FUSUPO, Santiago, 2017).

2Cfr. D. Raczynski, Equidad, inversión social y pobreza. Innovar en cómo se concibe, diseña y gestiona las políticas y los programas sociales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago 2002).

3Cfr. J.C. Feres – X. Mancero, “Enfoques para la medición de la pobreza. Breve revisión de la literatura”, en CEPAL - Serie Estudios estadísticos y prospectivos n° 4 (Santiago 2001).

4Cfr. Fundación superación de la pobreza, Umbrales Sociales para Chile 2017: desafíos para la política social (FUSUPO, Santiago, 2017).

5Benedicto XVI, Caritas in veritate (2009).

6Francisco, Laudato si' (2015).

7Cfr. U. Nothelle-Wildfeuer, “Los principios sociales de la doctrina social católica”, en A. Rauscher (ed.), Handbuch der Katholischen Soziallehre (Duncker & Humblot, Berlín, 2008) 143-163; F. Ivern SJ y otros, “Pobreza y desarrollo integral”, en P. Hünermann – J. C. Scannone (dir.), América Latina y la doctrina social de la Iglesia. Diálogo latinoamericano-alemán. Tomo III (Ed. Paulinas, Buenos Aires 1992) 7.

8Crf. J. Subirats, “Los grandes procesos de cambio y transformación social. Algunos elementos de análisis”, en G. De Castro - M. Casares, Cambio social y cooperación en el s.XXI, Vol. 1 (Icaria, Barcelona 22011); Cfr. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe: una visión gráfica (Naciones Unidas, Santiago 2018).

9Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Desarrollo humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo (Naciones Unidas, Santiago, 2012).

10Cfr. Fundación superación de la pobreza, Voces de la pobreza. Significados, representaciones y sentir de personas en situación de pobreza a lo largo de Chile (FUSUPO, Santiago, 2010); Cfr. D. Naraya y otros, La voz de los pobres ¿Hay alguien que nos escuche? (Ediciones Mundi- Prensa para el Banco Mundial, Madrid 2000).

11Cfr. Ministerio de Desarrollo Social, Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 2015: situación de la pobreza en Chile (Gobierno de Chile, Santiago, 2016).

12Cfr. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Panorama Social de América Latina 2017 (Naciones Unidas, Santiago, 2018).

13Cfr.World Bank Group, Monitoring global poverty: report of the commission on global poverty (International Bank for Reconstruction and Development/The World Bank, Washington D.C. 2018).

14Benedicto XVI, Caritas in veritate (2009).

15Francisco, Laudato si' (2015).

16Cfr. A. Sen, Development as freedom (Oxford University Press, Oxford, 1999).

17Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

18Cfr. A. Sen, Development as freedom, 20.

19Cfr. J.C. Feres – X. Mancero, “Enfoques para la medición de la pobreza…”; J.C. Feres – X. Mancero, El método de las necesidades básicas insatisfechas (NBI) y sus aplicaciones en América Latina (Naciones Unidas y Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago, 2001).

20Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

21Cfr. A. Sen, Development as freedom, 3.

22Cfr. Ministerio de Desarrollo Social, Metodología de medición de pobreza multidimensional con entorno y redes.

23Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

24Cfr. C. Gore – J. B. Figueiredo, Social exclusion and anti-poverty policy: A debate. International Institute for Labour Studies, Geneva 1997); G. Busso, Vulnerabilidad social: nociones e implicancias de políticas para Latinoamérica a inicios del siglo XXI (Naciones Unidas – CEPAL, Santiago 2001); J. Durston, ¿Qué es el capital social comunitario? (Naciones Unidas – CEPAL, Santiago 2000); Comisión Económica para América Latina y el Caribe, La medición multidimensional de la pobreza. División de Estadísticas CEPAL, Pucón 2013).

25Cfr. Instituto Nacional de Derechos Humanos, Indicadores de derechos económicos, sociales y culturales, y seguimiento de las políticas sociales para la superación de la pobreza y el logro de la igualdad (CEPAL – INDH, Santiago 2013); N. Ruiz, “La definición y medición de la vulnerabilidad social. Un enfoque normativo”, en Investigaciones Geográficas 77 (2012) 63-74.

26Cfr. V. Giorgi, Entre el control tutelar y la producción de ciudadanía: aportes de la Psicología Comunitaria a las políticas de infancia.; J. Alfaro y otros (Comps.), Psicología comunitaria y políticas sociales: reflexiones y experiencias.

27Cfr. A. Sen, Development as freedom, 17.

28Cfr. Francisco, Laudato si', 109.

29Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990; A. Sen, Development as freedom, 3.

30Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990, 10.

31Cfr. A. Sen, Development as freedom, 249.

32Cfr. Hogar de Cristo, Radiografía de la pobreza. Una consulta participativa a los usuarios del Hogar de Cristo (Unidad de Desarrollo y Estudios, Santiago 2004); Fundación superación de la pobreza, Voces de la pobreza. Significados, representaciones y sentir de personas en situación de pobreza a lo largo de Chile.

33Cfr. M. Max-Neef, Desarrollo a escala humana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones (Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo 1993); V. Morais Ximenes y otros, “Psicología comunitaria y expresiones psicosociales de la pobreza: contribuciones para la intervención en políticas públicas”, en Universitas Psychologica, 14/4 (2015) 1411-1424; L. Reutter y otros, “«Who Do They Think We Are, Anyway?»: Perceptions of and Responses to Poverty Stigma”, en Qualitative Health Research 19/3 (2009) 297-311. https://doi.org/10.1177/1049732308330246.

34Cfr. United Nations, United Nations millennium declaration (8th Plenary Meeting, New York 2000); United Nations, The millennium development goals report 2014 (United Nations, New York 2014).

35Cfr. United Nations, Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development (Working Paper, Resolution 70/1, 2015); United Nations, Progress towards the Sustainable Development Goals (Working Paper, Report 75, 2016).

36Francisco, Laudato si', 139. Cfr. E. Sanz Giménez-Rico (ed.), Cuidar de la Tierra, cuidar de los pobres (Sal Terrae, Santander 2015), 38-40.

37Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso.

38Cfr. D. Raczynski, Equidad, inversión social y pobreza. Innovar en cómo se concibe, diseña y gestiona las políticas y los programas sociales.

39Cfr. P. Henoch – J. R. Larraín, El rol del crecimiento económico en la reducción de la pobreza (Libertad y Desarrollo, Santiago 2015); N. Lusting y otros, Reducción de la pobreza y crecimiento económico: la doble causalidad (CEPAL, Santiago 2002); Cfr. G. Perry y otros, Poverty Reduction and Growth: Virtuous and Vicious Circles (The World Bank, Washington D.C 2006).

40Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia (Naciones Unidas, New York 2014); Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso.

41Cfr. Ministerio de Desarrollo Social, Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 2015: situación de la pobreza en Chile.

42Cfr. R. Gamboa – C. Segovia, “Chile 2015: Falla política, desconfianza y reforma”, en Revista de ciencia política (Santiago) 36/1 (2016) 123-144 (http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2016000100006); N. Trotta – P. Gentili (Comps.), América Latina: la democracia en la encrucijada (Editorial Octubre, Buenos Aires 2016).

43Cfr. Banco Mundial, Chile Panorama General (Banco Mundial de Chile, Santiago 2018).

44Cfr. Naciones Unidas, Situación y perspectivas de la economía mundial 2017 (UN, New York 2017).

45Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso.

46Cfr. F. Ivern SJ y otros, “Pobreza y desarrollo integral”, 8-9.

47Cfr. S. Deneulin, “Integral Human Development Through The Lens Of Sen's Capability Approach And The Life Of A Faith Community At The Latin American Urban Margins”, en Kellogg Institute for International Studies. Working Paper 427 (April 2018) 1). Cfr. C. Hodge y otros, “Desarrollo humano integral y sostenible: Diálogos entre Sen-PNUD y el pensamiento social católico contemporáneo”, en Teología y Vida 59/3 (2018), 399-430.

48Benedicto XVI, Caritas in veritate.

49Francisco, Laudato si'.

50Cfr. S. Deneulin, “Integral Human Development…”, 5-6 y 11-12.

51Benedicto XVI, Caritas in veritate, 11; cfr. Francisco, Laudato si', 25.

52Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

53Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

54Francisco, Laudato si', 147.

55Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

56Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

57Francisco, Laudato si', 5.

58Francisco, Laudato si', 139.

59Francisco, Laudato si', 48.

60Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

61Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Trabajo al servicio del desarrollo humano (Naciones Unidas, New York 2015).

62Cfr. A. Sen, Development as freedom, 38.

63Cfr. J. Ratzinger, «Sobre el concepto de persona en la Teología» en J. Ratzinger, Palabra en la Iglesia (Salamanca 1975).

64Cfr. M. Max-Neef, Desarrollo a escala humana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones.

65Cfr. A. Sen, Development as freedom, 19; Cfr. R. Kaztman, Activos y estructura de oportunidades. Estudios sobre las raíces de la vulnerabilidad social en Uruguay; Fundación superación de la pobreza, Umbrales Sociales para Chile 2017: desafíos para la política social.

66Cfr. H. Beyer, “Productividad, desigualdad y capital humano: los complejos desafíos de Chile”, en Estudios Públicos 97 (2005) 59-98.

67Francisco, Laudato si', 155.

68Cfr. Francisco, Laudato si', 158.

69Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Desarrollo humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo.

70M. Daher y otros, “Programas sociales de intervención en pobreza: Una mirada transversal”, en Latin American Perspectives in Psychology Series (American Psychological Association, Santiago 2017) [en revisión].

71Cfr. Fundación superación de la pobreza, Voces de la pobreza. Significados, representaciones y sentir de personas en situación de pobreza a lo largo de Chile.

72Cfr. D. Raczynski, Equidad, inversión social y pobreza. Innovar en cómo se concibe, diseña y gestiona las políticas y los programas sociales.

73La relacionalidad es una dimensión esencial de cada ser humano para el pensamiento social cristiano. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 55: “La revelación cristiana sobre la unidad del género humano presupone una interpretación metafísica del humanum, en la que la relacionalidad es elemento esencial”; Francisco, Laudato si', 66 y 119.

74Cfr. V. Martínez, El enfoque comunitario: el desafío de incorporar a las comunidades en las intervenciones sociales (Universidad de Chile, Santiago 2006).

75Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 9: el auténtico desarrollo “abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad”.

76Cfr. A. Barrón, Apoyo social: aspectos teóricos y aplicaciones (Siglo XXI de España Editores, Madrid 1996).

77Cfr. Francisco, Laudato si', 148: “La sensación de asfixia producida por la aglomeración en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas, si se crean comunidades, si los límites del ambiente se compensan en el interior de cada persona, que se siente contenida por una red de comunión y de pertenencia”.

78Cfr. M. Krause, “Hacia una redefinición del concepto de comunidad”, en Revista de Psicología, 10/2 (2001) 15-26.

79Cfr. A. Sánchez, Psicología comunitaria. Bases conceptuales y métodos de intervención (Promociones y Publicaciones Universitarias S.A, Barcelona 1991).

80Cfr. M. Montero, Introducción a la psicología comunitaria (Paidós, Buenos Aires 1994).

81Cfr. Francisco, Laudato si', 148.

82Cfr. Francisco, Laudato si', 143.

83Cfr. Francisco, Laudato si', 11.

84Cfr. M. Krause – C. Montenegro, “Community as a multifaceted concept”, en M. A. Bond y otros (ed.), APA handbooks in psychology. APA handbook of community psychology: Theoretical foundations, core concepts, and emerging challenges (American Psychological Association, Washington D.C. 2017) 275-294 (http://dx.doi.org/10.1037/14953-013).

85M. Daher y otros, “Programas sociales de intervención en pobreza…”.

86Cfr. Fundación superación de la pobreza, Voces de la pobreza. Significados, representaciones y sentir de personas en situación de pobreza a lo largo de Chile.

87Cfr. Ministerio de Desarrollo Social, Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 2015: situación de la pobreza en Chile.

88Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

89Cfr. Francisco, Laudato si', 25.

90Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile.

91Cfr. A. Sen, Development as freedom, 38.

92Cfr. Francisco, Laudato si', 128; Benedicto XVI, Caritas in veritate, 25.

93Cfr. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Sistemas de Protección Social en América Latina y el Caribe: una perspectiva comparada (Naciones Unidas, Santiago 2014).

94Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

95Cfr. Organización Mundial de la Salud, Documentos Básicos: Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS, Roma 2014).

96Cfr. A. Sen, Development as freedom, 38.

97Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 11.

98Cfr. Francisco, Laudato si', 25; Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21.

99Cfr. A. Sen, Development as freedom, 146.

100Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 26.

101Cfr. Francisco, Laudato si', 143.

102Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 29.

103Cfr. Francisco, Laudato si', 47; H. Jenkins, Convergence Culture: la cultura de la convergencia de los medios de comunicación (Paidós, New York 2008).

104Cfr. Fundación superación de la pobreza, Voces de la pobreza. Significados, representaciones y sentir de personas en situación de pobreza a lo largo de Chile.

105Cfr. Francisco, Laudato si', 44.

106Cfr. Francisco, Laudato si', 147.

107Cfr. Francisco, Laudato si', 152.

108Cfr. Francisco, Laudato si', 153.

109Cfr. Francisco, Laudato si', 147.

110Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 27; M. Chiriboga, Agricultura, Espacios Rurales y Medio Ambiente en el marco de la Globalización (Cuadrilla de Laguardia-Rioja Alavesa, 2002).

111Cfr. Francisco, Laudato si', 151.

112Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 32.

113Cfr. Francisco, Laudato si', 51.

114Cfr. Francisco, Laudato si', 140.

115Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 27.

116Cfr. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 50.

117Cfr. Francisco, Laudato si', 22; Z. Bauman, Modernidad Líquida (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 22002).

118Cfr. Francisco, Laudato si', 18; Z. Bauman, Modernidad Líquida.

119Cfr. Francisco, Laudato si', 118.

120Cfr. United Nations Development Programme, Human development report 1990.

121Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso.

122Cfr. D. Naraya y otros, La voz de los pobres ¿Hay alguien que nos escuche?; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Desarrollo humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo.

123Cfr. Ministerio de Desarrollo Social, Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional 2015: situación de la pobreza en Chile.

124Cfr. World Bank Group, Monitoring global poverty: report of the commission on global poverty.

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207Cfr. G. Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas (Ed. Sígueme, Salamanca 182009).

208No sólo la teología, sino también la praxis de liberación en los años 70 y 80, se desarrollaron como una respuesta a las injusticias sociales desde la fe cristiana. Un aspecto polémico de la teología de la liberación en esa época fue sido el uso de la filosofía marxista por parte de algunos teólogos, tanto en el momento del ver, a través de las ciencias humanas y sociales más analíticas, como en el momento del actuar, optando por una praxis comprometida, lo que en algunos casos revistió una opción violenta. Esta se justificaba en algunos sectores como respuesta a la violencia institucionalizada que mantenía estructuras injustas. Sin embargo, la mayoría de los teólogos de la liberación y las comunidades cristianas siguieron comprometidos con una teología y praxis liberadoras mediante una opción por los pobres de carácter no-violento. Para una evaluación de la teología de la liberación en perspectiva de futuro cfr. S. Silva, “La Teología de la Liberación de América Latina. Crónicas y evaluaciones”, en Anales de la Facultad de Teología Vol. 66, no. 106, (2016) 205-225.

209Cfr. J. Lois, “Jesús. Compromiso con el pobre”, en Biblia y Fe 26/76 (2000), 7-32.

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211Cfr. S. Silva, “La Teología de la Liberación…”, 206.

212Benedicto XVI, Discurso en la Sesión inaugural de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13 mayo 2007), 3: AAS 99 (2007), 450.

213Cfr. J. I. Calleja, Misericordia, caridad y justicia social. Perspectivas y acentos (Sal Terrae, España 2016), 56: “la asunción de esta preferencia ética y teológica de los pobres es todavía más definitiva que en cualquier otro, sea como magisterio social (DCE, 31; Spe salvi, 43), sea como teología moral social”. Calleja señala algunas referencias bibliográficas, entre ellas se pueden mencionar: E. Alburquerque, Moral social cristiana. Camino de liberación y de justicia (Ed. San Pablo, Madrid 2006), 306-307. Cfr. J. I. González Faus, “Los pobres como lugar teológico”, en Revista Latinoamericana de Teología 1/3 (1984) 275-308; J. Lois, “Opción por el pobre”, en M. Vidal (ed.), Conceptos fundamentales de ética teológica (Ed. Trotta, Madrid 1992) 635-654; G. Gutiérrez, “Pobres y opción fundamental”, en I. Ellacuría – J. Sobrino (ed.), Mysterium liberationis. Conceptos fundamentales de la teología de la liberación. Tomo I (Ed. Trotta, Madrid 21994) 2303-321; J. M. Castillo, Los pobres y la teología: ¿qué queda de la teología de la liberación? (Descleé de Brouwer, Bilbao 21998).

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