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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.50 n.186 Santiago jul. 1996

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901996018600005 

CRÓNICA

Creación musical chilena

"El encuentramiento"

El género musical que muestra la menor producción por parte de los compositores chilenos es, sin duda, la ópera. A partir de 1895, fecha de estreno de La florista de Lugano, de Eliodoro Ortiz de Zárate, figuran en la historia del teatro musical chileno escasos títulos: La Salinara, de Domingo Brescia, estrenada en 1900, Caupolicán, de Remigio Acevedo, estrenada en 1902, Lautaro, también de Ortiz de Zárate, estrenada ese mismo año, Lord Byron, de Luigi Stefano Giarda, estrenada en 1910, Sayeda, de Prospero Bisquertt, estrenada en 1929, Mauricio, de Carlos Melo Cruz, estrenada en 1939 y La sugestión, de Pablo Garrido, estrenada en 1969, son los más significativos. ¡Solamente la obra de Pablo Garrido tiene texto en castellano!
       Todas esas obras han sido representadas en muy contadas ocasiones después de sus estrenos, salvo Sayeda, que en una época se presentaba en cada temporada del Teatro Municipal, para cumplir con la ley que liberaba de impuestos la serie de espectáculos que incluyera una obra nacional.
       Cabe agregar que en Estados Unidos y en Europa se han estrenado en los últimos años obras de teatro musical de los compositores chilenos Juan Orrego Salas, Juan Allende-Blin, Sergio Ortega y Patricio Wang, pero nuestros organismos musicales no se han interesado por montarlas en Chile.
       Por todo eso cobra especial importancia el estreno de la ópera El encuentramiento, con textos de Juan Radrigán y música de Patricio Solovera. Ni su gestación, ni su estructura se asemejan a las convenciones del teatro lírico. Desde luego porque el iniciador de la idea no fué el compositor, sino el dramaturgo. El creativo autor Juan Radrigán jugaba desde hacía años con la idea de escribir una ópera y, tomando la iniciativa, antes de tener autor musical, escribió sus textos versificados.
       La trama de la obra se basa en la leyenda sobre la contienda entre dos famosos payadores que acuerdan competir en ingenio y capacidad de respuesta: Don Javier de la Rosa, español de pura cepa, y el Mulato Taguada. Radrigán colocó este hecho en una interesante situación de conflictos político-económicos; la lucha de los mapuches por sus derechos y su libertad y de los encomenderos españoles por sus privilegios. La acción del segundo acto se desarrolla en la actualidad, 200 años después del duelo entre los payadores, en una cantina de Curicó. En un ambiente de realismo mágico, diversos personajes repiten en forma simbólica lo acontecido en 1790. El aparecido Mulato Taguada proclama lo que es leitmotiv de la obra: "La lucha no ha terminado". Tal vez uno de los aportes más dramáticos del libreto sea la renuncia que muestran los dos personajes principales a participar en un duelo a muerte. En sendas escenas se muestra el desgarramiento de ambos ante la necesidad de enfrentarse a un adversario a quien no odian y cuyo mal no desean.
       Para este libreto estremecedoramente dramático y que contiene pasajes de hermosa poesía, Patricio Solovera ha compuesto una música inspirada y teatralmente eficiente. La partitura de Solovera es una mezcla de estilos - referencias musicales doctas, populares, autóctonas - que se funden lógicamente y que corresponden, no sólo al contenido y a la forma del drama, sino también a las características chilenas en general. Representa - consciente o inconscientemente - el crisol de culturas que conforman nuestro ambiente. Esto debería significar que esta obra despierte un eco en las capas de la población hasta ahora impermeables al género ópera.
       Los mencionados rasgos hacen que El encuentramiento tenga una particular importancia en la historia del teatro musical nacional. No es meramente el hecho de que después de 27 años  ridos haya vuelto a los escenarios una ópera de autores nacionales, sino que probablemente sea la ópera más chilena de las producidas hasta ahora. Y por lo mismo, la que puede ser comprendida, aceptada y aplaudida por un amplísimo público, abriendo de esa manera el interés por el género en general. Para que eso suceda, probablemente ser  necesario introducir algunas correciones, cortes y sobre todo una construcción musical - léase ante todo orquestación - más elaborada. También ser  necesario hacer montajes más cuidados en el aspecto musical - vocal; o sea, con actores-cantantes que dominen cabalmente tanto la parte actoral, como la difícil tarea vocal que la obra exige.

Hanns Stein

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