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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.53 n.191 Santiago ene. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901999019100016 

IN MEMORIAM

Juan Amenábar Ruiz (1922-1999)

La vida profesional de Juan Amenábar Ruiz (22 de junio, 1922; 3 de febrero, 1999), se bifurcó en la ingeniería y la música. Realizó sus estudios de ingeniería civil en la Universidad de Chile y se desempeñó profesionalmente durante largos años en ENDESA. Su inclinación por la música encontró una firme acogida en el seno familiar con su padre, don Alfredo Amenábar Ossa, violoncelista y miembro activo de la Sociedad Bach de Santiago, con quien inició sus estudios musicales, los que posteriormente continuó con Luis Vilches (técnica coral), Lucila Césped (armonía) y, en el Conservatorio Nacional de la Universidad de Chile, con Jorge Urrutia Blondel (composición musical e instrumentación).
       Fue sin duda su profesión de ingeniero la que le permitió hacer gala de una gran capacidad de organización en la música, que se revelara en la creación del Taller Experimental del Sonido en la Pontificia Universidad Católica, el impulso a una sala del compositor chileno en la Biblioteca Nacional, la instalación de un gabinete de música electroacústica (GEMA) en la Facultad de Artes y su gestión como presidente de la Asociación Nacional de Compositores entre 1971 y 1979, en las que conjugó la inteligencia con el compromiso riguroso y total. Cabe agregar, sin afán de exhaustividad, su labor como Director del Departamento de Música y Vicedecano de la Facultad de Artes además de su calidad de miembro de la Comisión Superior de Evaluación de la Universidad de Chile, la que realizó con posterioridad a su retiro de ENDESA y a su integración como académico en calidad de jornada completa de la Facultad.
       Como profesor, se dedicó en alma y vida a la formación de los jóvenes, especialmente de aquellos sin conocimientos previos en la música, tarea que él siempre asumió como un interesante y estimulante desafío. Como compositor una parte importante de su obra creativa es vocal, sea para coro solo o acompañado, o para voz acompañada de un instrumento o conjunto. Escribió también obras de cámara instrumental, para solistas y conjuntos. Al igual que otros compositores de la generación que inicia la comunicación de su música entre 1948 y 1950, Juan Amenábar cultivó la música incidental para cine o teatro.
       Particular importancia reviste su música electroacústica, la que a través de obras como Los peces (1955), Klesis (invitación) (1968), Preludio en High Key (1970), Sueño de un niño (1970), Amacatá (1972) y Ludus vocalis (1973), entre otras, abrieron nuevos senderos, no sólo en el Chile ávido de cambios de los 50 y los 60 sino que en toda América Latina. A través de ellas se manifiesta otra de sus facetas, la de estar permanentemente en la vanguardia de los cambios. Esta se revela además en la Misa litúrgica para coro y orquesta (1964), la que figura entre las primeras misas escritas en Chile con texto litúrgico en castellano, y en la que manifiesta su temperamento profundamente cristiano. Esta obra se enmarca en los cambios radicales que en la liturgia y, en general en toda la Iglesia Católica, introdujera el Concilio Vaticano Segundo. En el campo de la musicología, su sensibilidad ante las coyunturas de cambio se percibe en su trabajo de incorporación como Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, que versa sobre la "Música en la sociedad de consumo", en el que entrega una visión absolutamente original de un fenómeno que él percibió en todos sus alcances desde sus albores en nuestro país.
       En último término, "la música fue más fuerte" en la vida de Juan. Su partida deja un gran vacío en nuestra Facultad de Artes. El dolor que provoca su ausencia se mitiga frente a la solidez de su legado. A nombre de la Facultad de Artes presento mis respetos a su esposa Eliana Fölch y a toda la hermosa familia que con ella formara.

Luis Merino

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