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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.59 n.204 Santiago dic. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902005020400021 

 

Revista Musical Chilena, Año LIX, Julio-Diciembre, 2005, N° 204, pp. 139-141

IN MEMORIAM

 

Leni Alexander (1924-2005)

En el lago de nuestras almas cayó una gota
de su música
Se expandió
Se hizo olas
Silencio...

 

 

 


En la primavera del 1984 visité por primera vez a Leni Alexander en su casa del barrio Bellavista. Venía llegando de Europa, después de una larga ausencia, con la intención de quedarse en Chile. Me recibió con una calidez inusual, tomamos té y conversamos largas horas. Además, me mostró algunos de sus trabajos y demostró gran interés también por los míos. Su mundo y sus vivencias dentro de su dedicación a la composición la hacían aparecer ante mis ojos como una compositora/artista, como una mujer luminosa y humanista conectada con la realidad cotidiana y política, preocupada por el género y defensora de la libertad.

Sentí que con ella podía seguir desarrollando mi oficio de compositor y así fue que pasé casi cuatro años como su alumno en materias tales como composición musical, grafía e instrumentación. Aprendí de ella la disciplina y la libertad del trabajo creativo, me mostró el mundo de los signos, de una nueva escritura musical y, sobre todo, de cómo convivir con este quehacer, combinado a la propia existencia en el aquí y el ahora.

Leni Alexander nació en Breslau, Polonia, en 1924, donde vivió hasta los tres años. Posteriormente se instaló con sus padres en Hamburgo, donde realizó sus primeros estudios generales y de piano, en un ambiente familiar apropiado para el desarrollo de la música, dado que su madre, Ilse Polack, fue una destacada cantante de la ópera de Hamburgo. En 1939 emigró a Chile junto a su familia, a raíz de los horrorosos acontecimientos resultantes de la instalación del nazismo. De este período de niñez y adolescencia, Leni guardará recuerdos y emociones encontrados que ella siempre reconocerá como determinantes en su visión de mundo y su relación con la creación musical. "...La creación artística, para mí, no es un fin en sí mismo, sino una manera de relacionarme con el mundo y ser feliz...", me dijo en reiteradas ocasiones.

Instalada en Chile prosigue sus estudios de piano, violoncello, armonía y contrapunto. Se integra al taller del compositor holandés Fré Focke, quien, desde el serialismo dodecafónico, produce significativos cambios en el pensamiento musical de muchos compositores chilenos en la década del cincuenta, tales como Tomás Lefever, León Schidlowsky, Eduardo Maturana, entre otros. A partir de esta experiencia Leni se enfrenta a emprender el viaje/vida a lo desconocido, a lo fascinante. En 1954 el gobierno francés le otorga una beca para realizar estudios de lenguaje musical, análisis y folclore con Oliver Messiaen, en el Conservatorio de París, y de composición con René Leibowitz. En este mismo tiempo trabaja en Venecia con Bruno Maderna y estrecha una larga amistad con Pierre Boulez.

Pero el viaje recién comienza. En 1960 representa a Chile en el festival de la SIMC en Colonia, Alemania, con la cantata De la muerte a la mañana. Participa en los cursos internacionales de música contemporánea en Darmstadt, y en Colonia estudia música electroacústica en la radio del WDR.

Entre 1963 y 1968 realiza diversos viajes por América y Europa. En 1969 gana la beca de la Guggenheim Foundation y se instala en París. Allí recibe el encargo de la obra Par quoi? A quoi? Pour quoi? para mezzosoprano, nueve instrumentos, voces de niños y sonido electrónico. Trabaja para radio France/Musique y recibe numerosos encargos del Ministerio de Cultura francés. En sus viajes a Estados Unidos conoce a Paul Harris, quien le encarga el ballet Un médico en el campo, basado en la novela de Franz Kafka. Por aquellos años conoce a John Cage con quien desarrolló una larga e intensa amistad que sólo fue interrumpida por la muerte de Cage. Con obras de ella se realizaron numerosos conciertos en América y Europa, dirigidos por grandes batutas: Víctor Tevah, Mauricio Kagel, Juan Pablo Izquierdo, Jaques Bodmer, Fred Barth, Jean Casadesus, Erhard Karkoschka, Lothar Koenigs, Dimitri Mitropoulos, entre otros.

En esta ruta de ir y venir, Leni fue puente entre el acontecer musical europeo y norteamericano y la construcción de nuestro imaginario musical. En este mismo sentido, para quienes fuimos sus alumnos, su aporte ha sido unir y vincular el trabajo creativo al propio contexto personal y político, en un ejercicio/vida que cruza lo cotidiano para hacerse lenguaje de las emociones, de los sueños, de la vida y de la muerte. De esta manera vemos en su trabajo el grafismo, el gesto y la mancha como signos que se combinan para reconstruir el mundo. "Por otro lado, siempre he creído que en mis composiciones se funden o confunden la expresión puramente musical y los pensamientos como ser humano", señala en su disco Jezira.

Quisiera recordar algunas obras que reflejan ese pensamiento: Aulicio, para gran orquesta (1987/1989); Maramoh, para voz y conjunto de cámara (1972); Ils se sont perdus dans l'epace ètoile, para gran orquesta (1975); Cuando aún no conocía tu nombre, para conjunto de cámara (1996), o Dihona, para voz y conjunto de cámara (1997), entre otras.

Su gran interés por la sicología y el sicoanálisis la llevan a internarse en el universo de la palabra en obras cercanas a la ópera contemporánea, como es el Hörspiel o como ella muy bien denominaba "teatro para escuchar". Ejemplo de esto son sus trabajos Balagan, Chacabuco-ciudades fantasmas, La vida es más corta que un día de invierno o Merkabah, la historia de un viaje. Esta última obra, diseñada como ópera, narra las reflexiones y pensamientos sobre la vida y la muerte de dos personajes que viajan en una carroza y cómo ven pasar el mundo. "...el recuerdo de todo lo pasado no debe perderse, así como la historia del hombre por siempre nos pertenece y nos da la vida, en la que no hay espacio para el olvido", se lee en unos de los textos.

Leni, además, fue esposa, madre, amiga y ciudadana. Legó a sus hijos Beatrice, Andreas y Bastián el amor por las artes y a través de ellos a sus nietos. Fue amiga de sus amigos y urdió un tejido donde siempre hubo un tiempo para encontrarse o una carta para recordarse. Desarrolló a través de su vida una fuerte espiritualidad ligada al judaísmo y a su identidad, con una postura laica y progresista.

Leni Alexander es, sin duda, una de las mujeres compositoras más notables del acontecer musical en Chile. Su infinita capacidad creativa y asociativa, su compromiso político con los derechos de las personas y la libertad, la ponen como ejemplo para muchas generaciones. Su obra es la de la artista creadora, que dice desde sí misma, donde el hecho creacional es parte de un entorno cotidiano a escala humana lejos del exitismo, es una bitácora, un espejo que muestra. Talvez es desde aquí que emerge su profunda conexión con el signo, con la grafía, unos de los temas más alucinantes de mi aprendizaje, como representación orgánica no sólo de materia sonora.

Leni fue contenedora de la memoria de todo lo que abrazó y soñó ...con ingenuidad lúdica y asombro, con lucidez y fuerza telúrica, creando aleaciones, explorando, amando, sintiendo cada paso, transformando el aquí y el ahora en un tiempo irrepetible.

Para los que la conocimos y quisimos, ella se ha hecho eterna en nuestra frágil temporalidad. Gracias, querida Maestra, por tanta humanidad, compromiso y entrega al arte de la música.

Cristián López S.
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile

 

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