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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552000002200028 

Bajet Royo, Montserrat, El mostassaf de Barcelona i les seves funcions en el segle XVI. Edició del "Llibre de les Ordinations", Fundació Noguera, Barcelona, 1995, 606 págs.

En esta obra se estudia la figura del mostassaf o mostaçaf en el siglo XVI. El Libro de las Ordenanzas sobre el Oficio del Mostaçaf, otorgado por Pedro IV el Ceremonioso a fecha de 19 de octubre de 1339, fue la base sobre la que se asentaría el texto que comenzó a elaborarse a partir de 1560 (transcrito en el Apéndice y publicado en pp. 229-583).

Este cargo público se trataba de un oficial del rey dentro de la administración municipal. En los orígenes de esta institución hay que remontarse a los oficios municipales de Grecia y Roma. Estuvo presente entre los siglos XIV-XVI en la Corona de Aragón y su desarrollo tuvo lugar como consecuencia de la expansión económica de esta época. Esta figura del Mostaçaf la encontramos en ciudades, a lo largo de las centurias aludidas, como Valencia o Mallorca y localidades como Granollers, Puigcerdà, Castellón, Vic, Tarragona, Vilanova. Más recientemente, durante el Quinientos, en la ciudad de Valencia, y en villas como Olesa de Montserrat, Sabadell, Igualada, Cardona, Sant Llorenç de Morunys y Puigcerdà, al igual que Olot.

El Libro de las Ordenanzas de 1339 establecía un nombramiento anual. El día de San Andrés, los concejeros municipales elegirían una terna de tres prohombres de esa misma ciudad, para que el rey designara cuál de ellos ejercería este cargo. En ausencia del monarca, el Batlle general tomaría esta decisión. Pero este sistema, con el paso del tiempo, sería sustituido por el de insaculación a partir del privilegio de 13 de diciembre de 1498. Al Mostassaf de Barcelona del siglo XVI se le aplicaba la regulación existente hasta el momento para esta figura. La designación era competencia del rey o de los oficiales reales en nombre del mismo, si bien, seguía estando vigente el privilegio de 1498. Montserrat Bajet, tras una larga reflexión, llega a la conclusión de que esta institución debía considerarse como un cargo oficial real, aunque la forma de nombramiento que se le aplicaba era la misma que la prevista para los consejeros reales (p. 67). El Mostassaf tenía que prestar una caución en caso de que, como consecuencia de su falta de diligencia, se derivasen responsabilidades en el ejercicio de su cargo. Entre las funciones de esta institución se encontraban "la protección de los intereses económicos de los consumidores y productores, velando por la equidad en el comercio y adoptando las medidas para evitar las prácticas comerciales abusivas" (p. 72), pero sin llegar a tener funciones policiales. Estaba obligado a residir en el municipio donde tuviera que desempeñar su actividad. Su cargo finalizaba, por otro lado, automáticamente al terminar el año de mandato.

El Libro de las Ordenanzas sobre el Oficio del Mostaçaf regularía todos los pormenores de esta institución, tratándose, en realidad, de una recopilación de ordenanzas de épocas anteriores. Los dos primeros folios (fols. 1v y 2r) recogían parte de los privilegios otorgados por Pedro IV. Se regulaban, además, los privilegios de este cargo, el juramento del mismo, así como las penas que podía imponer. Sus competencias se limitaban a "los pesos y medidas, los precios y las falsificaciones" (p. 79), y eran igualmente extensibles a la vigilancia y control (funciones ejecutivas), si bien también ejercían funciones judiciales en cuestiones de tráfico económico y mercantil, teniendo potestad (pues gozaba de carácter de autoridad) para imponer determinadas multas contempladas en el Libro de las Ordenanzas, ya fuesen de carácter pecuniario (por falsificar o alterar los pesos y medidas, así como las mercaderías o incluso la venta en días festivos; también por incumplir las ordenanzas sobre la calidad de la carne, el pescado fresco, el vino, el aceite o las especies), de privación de libertad, de restitución o destrucción de mercaderías o de imposibilidad para ejercer un oficio. El salario del mostassaf estaba en función de la recaudación de las multas, correspondiéndole una tercera parte de esos ingresos. Al finalizar su cargo estaba sometido a un control de responsabilidad por las actividades ejercidas durante su desempeño. En caso de que se extralimitase en sus funciones durante el desempeño del mismo se le suspendía en el cargo. Una serie de colaboradores de este personaje como los pesadores (que comprobaban el peso), afinadores (para ajustar con precisión los instrumentos de medida), pesadores, cónsules, etc., ejercerían actividades de apoyo. El mostaçaf otorgaba las licencias de apertura, al igual que controlaba la salubridad de productos alimenticios y la higiene de los establecimientos. Tenía, además, la misión de regular la actividad de los detallistas y otros comerciantes (a los que se les prohibía la venta fuera de los lugares habilitados para ello en las plazas), la calidad de los productos y su relación con el precio, sin perder de vista la lucha contra las falsificaciones y productos defectuosos.

Entre las actividades ya citadas hay que añadir la normativa existente sobre la caza de aves, sobre frutas de todo tipo, así como las verduras. No faltaba la regulación sobre las tabernas en cuanto a las licencias necesarias, calidad, higiene, precios o distribución de productos y acceso directo a la vía pública. Una regulación similar a los anteriores estaba prevista para los productos manufacturados y comerciales: hosteleros, vendedores de paja, de jabón, de ceniza y de cal, sector del combustible e iluminación, sector textil y metalúrgico, curtidores de piel, trabajadores del cuero y del corcho, vendedores de la madera y de esparto, fabricantes de cerámica, etc. (pp. 182-206).

Notable tarea paleográfica e histórico-jurídica la llevada a cabo por la Dra. Bajet. La sencillez de su análisis facilita la comprensión de esta figura. Se centra fundamentalmente en la ciudad de Barcelona, si bien hace un estudio comparativo de otras localidades. Esta obra, por ello, viene a suplir una laguna existente dentro de la Historia de las instituciones mercantiles y financieras catalanas

Guillermo Hierrezuelo Conde

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