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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.26 Valparaíso  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552004002600067 

Estudios Histórico-Jurídicos 26, 718-720

BIBLIOGRAFIA

Serrano Daura, Josep, Lliçons d'Història del Dret I (Generalitat de Catalunya, Universitat Internacional de Catalunya, 2003), 145 págs.

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


 

El libro que nos presenta Serrano Daura, profesor de Historia del Derecho de la Universidad Internacional de Catalunya y en la que ha ostentado el cargo de Vicedecano de su Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, está dividido en diez lecciones y responde al contenido de una de las tres asignaturas en que están divididas las enseñanzas histórico-jurídicas en dicha Facultad de Leyes (hecha exclusión de los dos derechos romanos allí existentes). La primera de ellas analiza el concepto de historia del derecho, el método de estudio y la historiografía jurídica hispánica. Serrano Daura considera más apropiado el término historia del derecho de los pueblos de España, que el de historia del derecho español (p. 9). Para ello propone el método de estudio general, así como el cronológico (p. 10). Al mismo tiempo, afirma Serrano Daura, la historia del derecho es una disciplina relativamente reciente en España y que nació en las postrimerías del siglo XIX con Eduardo de Hinojosa (1852 - 1919) (p. 11).

La segunda de las lecciones trata sobre Roma y Bizancio. En la Historia de Roma hay que distinguir cuatro etapas: la Roma primitiva (754 - 753 a.C. al 367 a.C.); la República (367 a.C. al 27 a.C.); el Principado o Alto Imperio (27 a.C. al 235 d.C.), y el Imperio Absoluto o Bajo Imperio (284 al 476 d.C.). En cada una de ellas estudia el sistema político y las instituciones existentes. A lo largo de estos periodos, Roma elaboró un sistema jurídico _el ius civile y el ius gentium_ que ha influido en los actuales sistemas europeos. Posteriormente, el emperador Justiniano (482 - 565) vino a recuperar buena parte del derecho romano clásico, así como de la jurisprudencia de la República y del Principado, a través de toda la colección de textos justinianeos recogidos bajo el nombre de Corpus Iuris Civilis (pp. 33 - 36). Antes de la llegada del pueblo visigodo a Hispania, se había producido lo que ha venido a denominarse la romanización de la península ibérica, que se prolongó desde el año 218 a.C. hasta el 19 a.C., ya fuese en forma de conquista o una expansión pacífica (p. 37).

Con la entrada de los pueblos bárbaros o germánicos en el Imperio romano comenzó el tránsito de la Edad Antigua a la Edad Media. Las primeras infiltraciones esporádicas se llevaron a cabo en el siglo I d.C. y se fueron haciendo cada vez más frecuentes. En el siglo III se manifestaron los grandes movimientos migratorios, hasta que finalmente se produjo la del Imperio romano en el año 476. La importancia de este periodo histórico, en palabras de Serrano Daura, la encontramos en que se constituyó un "reino nacional, que tenía como base territorial la propia península ibérica y un único monarca" (p. 39). La forma de organizarse estos pueblos visigodos era en unas asambleas de guerra y de hombres libres, propias de pueblos nómadas. Cualquier conflicto particular y las importantes cuestiones que afectaban al pueblo se resolvían en estas asambleas. Tras la caída del Imperio romano comenzó un proceso de unificación jurídica que culminó con la promulgación en el año 654 del Liber Iudiciorum (p. 44).

Con la invasión musulmana en el año 711, se inició el declive e inmediata desaparición del reino visigodo. Las nuevas normas por las que se regía y se sigue guiando el pueblo musulmán estaban, y se encuentran aún contempladas en el Corán, que representa el libro sagrado, y la sunna, que recoge la tradición oral. Una gran importancia entre las fuentes del derecho la asumió la jurisprudencia (fiqh).

Los condados catalanes es el tema al que se refiere la quinta de las lecciones (pp. 71 - 86). Carlomagno incorporó a su reino, en régimen de protección, los territorios de Gerona, Ausona, Cardona y Barcelona en los que se estableció una frontera respecto al territorio musulmán. Esta zona coincidía con el curso del río Llobregat y a toda esa área se la denominó Marca Hispánica, aunque éste sea un tema complejo de determinar respecto a lo que fue o no fue dicha Marca y hay abundantes teorías al respecto de R. d'Abadal, José A. Maravall, Jacques Flach, F. Valls i Taberner, Manuel J. Peláez, etc. La Marca quedó dividida en condados con demarcaciones y distritos que dependían del reino franco (Urgel, Cerdaña, Gerona, Barcelona, Rosellón, Ampurias, Besalú, etc.) y eran administradas por funcionarios de designación imperial que recibían el nombre de condes (p. 71). A finales del siglo X estos condados ya constituyeron núcleos políticos diferenciados e independientes. Pero, al mismo tiempo, el conde de Barcelona adquirió preeminencia sobre todos los demás, alcanzando el título de príncipe, y estableciéndose un régimen feudal en el orden social entre los condes catalanes (pp. 72 - 78). En este contexto social, político y económico surgió un nuevo Derecho, si bien se mantuvieron algunos elementos del antiguo derecho germánico. De hecho, el Liber Iudiciorum subsistía, más por tradición que por vigencia efectiva. Aquí son de destacar las teorías de M. Zimmermann y de Aquilino Iglesia Ferreirós. En esta monarquía feudal catalana surgió un Derecho autóctono y propio. Efectivamente, en las postrimerías del siglo XI y en la primera mitad del XII, apareció un texto jurídico con el nombre de los Usatges de Barcelona, que recogía los usos y costums o usatges jurídicos que se practicaban en la Curia condal de Barcelona (pp. 80 - 82). No obstante, el tema referente a la redacción de los Usatges es un debate abierto todavía en nuestros días y respecto al que no se ha dicho aún la palabra definitiva.

Un hecho trascendental en el proceso de formación del derecho medieval hispánico, y especialmente en el catalán, fue la introducción de los derechos romano justinianeo, del Derecho canónico y en parte del derecho lombardo feudal. Todos estos ordenamientos integraron lo que se conoce como Derecho común (pp. 83 - 88). La Baja edad media no supuso en Cataluña una ruptura desde el punto de vista jurídico respecto a la época anterior (pp. 89 - 105). De hecho, conservó el sistema de fuentes propio existente en la época altomedieval. A finales del siglo XII aún subsistía el antiguo derecho consuetudinario, un derecho diverso y múltiple, de carácter personal, en tanto que cada comunidad tenía el suyo. En el siglo XIII el sistema jurídico catalán quedaba integrado básicamente por las costums, el derecho general, que emanaba del rey y de las Cortes, como los Usatges de Barcelona, y otros derechos del Principado, y, además, se utilizaba como derecho supletorio el derecho común romano canónico (p. 93). En el siglo XV se reconocieron oficialmente las fuentes del Derecho catalán, según se habían formulado en las Cortes de Barcelona, de 1409, si bien no se estableció propiamente un orden de prelación de las mismas, sino simplemente se identificaban las que eran (p. 102).

La Corona de Castilla (pp. 107 - 122) surgió de la unión de León y Castilla bajo una misma monarquía en el año 1037, y tras algunos periodos de nuevas separaciones en 1230 se vino a producir la unión definitiva. Por otro lado, en estos territorios en el siglo XI estaba vigente el régimen señorial. Las cuatro fuentes fundamentales en el reino de Castilla, en palabras de Serrano Daura, fueron: las cartas de población (o cartas pueblas), las cartas o fueros de franquicia (fueros breves), las recopilaciones de Derecho local, que fueron conocidos como fueros extensos (propios de Castilla la Nueva), e incluso se siguió aplicando el Liber Iudiciorum, como fuero municipal, conociéndose como Fuero Juzgo (pp. 109 - 112). La obra más importante de Alfonso X el Sabio (1252 - 1284) fue Las Partidas (redactadas en la segunda mitad del siglo XIII, en un marco cronológico sobre el que existe un encendido debate, espoleado durante muchos años por A. García Gallo), pero también promulgó el Fuero Real (1255) y el Espéculo (que data de 1255 aproximadamente). Durante el reinado de Alfonso XI se promulgó el Ordenamiento de Alcalá (1348), y en el siglo XV se llevaron a cabo varias recopilaciones del Derecho castellano entonces vigentes, que fueron el origen de las Ordenanzas Reales de Castilla (1484), la Nueva Recopilación (1567) o la Novísima Recopilación (1805).

Un caso peculiar presenta los territorios vascos (pp. 123 - 125), ya que la romanización no les invade, particularmente a los pobladores de Vizcaya y Guipúzcoa, ni el reino visigodo les domina. Sin embargo, fueron cristianizados en la alta edad media por influencia franca. Entre los siglos IX y XIII el pueblo vasco formó tres comunidades: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Aunque en un principio estuvieron vinculados a Navarra, finalmente se incorporaron, en diferentes momentos históricos, a la Corona de Castilla entre finales del siglo XII y el XIV. En la historia política y jurídica de Navarra (pp. 125 - 128) hay que distinguir dos momentos: antes y después de 1512, año en que este reino se incorporó a la Corona de Castilla. En ese primer periodo, en la alta edad media, contaba con un derecho consuetudinario autóctono, y junto a este derecho propio, entre los siglos XI y XII, algunas localidades navarras comenzaron a adoptar redacciones forales escritas de otras localidades aragonesas y castellanas. A partir de estos fueros locales en el siglo XIII se formó un derecho general común a todo el reino de Navarra, como el Fuero General de Navarra (p. 126).

En la última de estas magistrales lecciones, Josep Serrano Daura, al analizar la historia política y jurídica de Aragón, distingue cinco periodos (pp. 129 - 142): una primera etapa entre los siglos VIII - XI en el que se forma el derecho propio, otro que comprende el siglo XII y la mitad del XIII, en el que aún sigue sin existir un derecho territorial general, un tercero a partir de 1247 hasta 1437 en el que ya existen unas costums generales, el cuarto desde 1437 hasta 1707 y el último desde ese año hasta 1711.

Josep Serrano Daura ha publicado numerosos trabajos, y coordinado extensos libros, de los que hemos tenido oportunidad de ocuparnos en esta misma sede. Es autor de miles de páginas de Historia de las fuentes y de las instituciones jurídicas. Esperamos el tomo II de esta historia del derecho. Serrano es discípulo de dos grandes historiadores del derecho catalanes, Josep Maria Font i Rius y Tomàs de Montagut i Estraguès, que han contribuido a su formación iushistórica y a su proyección internacional (a esta segunda en menor medida).

 

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