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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.67 Santiago dic. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962007000300014 

ARQ, n. 67 Concursos de arquitectura / Architectural competitions, Santiago, diciembre, 2007, p. 80-87.

Notes English

OBRAS Y PROYECTOS

El concurso del Faro de Colón: Un reencuentro con el monumento olvidado de la arquitectura panamericana

Robert González * **

* Profesor, Escuela de Arquitectura, Tulane University, Nueva Orleans, EE.UU.
** Profesor, Stone Center for Latin American Studies, Tulane University, Nueva Orleans, EE.UU.


Resumen

La ilusión del panamericanismo como expresión de la unidad de los pueblos de América dio vida a uno de los concursos más singulares en la historia hemisférica: el Faro de Colón. El autor nos muestra como esta propuesta de dimensiones inéditas logró convocar a grandes figuras de la arquitectura moderna, recorriendo un complicado trayecto hasta convertirse en realidad.

Palabras clave: Concursos de arquitectura, Faro de Colón, arquitectura panamericana, Joseph Lea Gleave, las Américas.



Se esperaba que el concurso del Faro Conmemorativo de Colón, que tuvo lugar entre 1928–30, le aportaría a Santo Domingo –entre otros– una cripta para guardar los restos de Colón, una pista aérea operativa y un palacio presidencial dominicano. En Madrid y Sao Paulo se evaluaron aproximadamente 455 propuestas en dos etapas. Los arquitectos Raymond Hood, Eliel Saarinen, Horacio Acosta y Lara, y posteriormente Frank Lloyd Wright actuaron de jurado; Hood y Saarinen habían ganado el primer y segundo lugar en el concurso del Chicago Tribune. Joseph Lea Gleave, un estudiante británico de arquitectura, fue premiado con el primer lugar en 1930. Sin embargo, el monumento no se construyó hasta 1992 debido, principalmente, a que no se recaudaron los fondos prometidos por todas las repúblicas americanas para su construcción(1). Aquellos que han escrito acerca del concurso se enfocan generalmente en tres elementos: las tecnologías innovadoras de navegación que prometía para los viajes por aire y mar; la estética neomaya y los trabajos en arcilla de la propuesta de Gleave; y las representaciones icónicas realizadas por algunas de las postulaciones, como la particular propuesta perteneciente a Konstantin Melnikov (Waldheim y Santos–Munné, 1998; Roorda, 1998; Irigoyen, 2000). La iniciativa en sí resultó ser mucho más que un homenaje a Cristóbal Colón. De hecho, el faro fue un componente más de un esfuerzo mayor por construir una identidad americana, una exploración que abarcó varias generaciones a lo largo de casi un siglo. El concurso es por ende, mejor comprendido en el contexto de la historia panamericana de la arquitectura; una historia que incluye otros concursos y proyectos clave directamente asociados a América Latina.
Vemos que el concepto de panamericanismo se explora en el paisaje construido desde finales del s. XIX. Si bien en teoría, se podrían asociar una multitud de monumentos, edificios y nombres de lugares a la visión de Bolívar de una América unificada, la identificación de los proyectos diseñados para representar de manera específica a la totalidad de las repúblicas americanas, requiere de una selección cuidadosa. Diseñados para capturar una identidad regional geopolítica, estos proyectos se han concebido para representar a todas las repúblicas americanas(2). Asimismo, no deben confundirse con aquellos construidos en nombre del americanismo panlatino o del panhispanicismo. En su totalidad, el estudio de la arquitectura panamericana representa un capítulo descuidado en la historia de la arquitectura americana.
Incluso antes que la expresión panamericanismo se volviera más popular, evidenciamos el primer ejemplo de la aparición de la arquitectura panamericana en la maqueta y diseño de los terrenos de la Exposición del Norte, Centro y Sudamérica de 1885–86 en Nueva Orleans, Luisiana. Otras ferias similares tuvieron lugar posteriormente, incluyendo dos vinculadas a las celebraciones para conmemorar el Cuarto Centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo: la Exposición Histórico–Americana en Madrid de 1892 y la Exposición Mundial de Colón en Chicago de 1893. Esta fase temprana concluyó con una cuarta feria: la Exposición Panamericana de Búfalo en 1901. Si bien estas ferias hemisféricas fueron iniciativas impulsadas por promotores independientes, funcionarios citadinos, mercaderes y gobiernos estatales y federales, ellas pueden ser leídas como manifestaciones físicas de las relaciones entre las repúblicas del hemisferio occidental.
Dos grandes proyectos fueron desarrollados posteriormente bajo el liderazgo de la Unión Panamericana (UPA) en Washington, D.C., la cual se estableció como organización en 1890 y fue conocida como el Bureau Internacional de las Repúblicas Americanas (hoy la Organización de Estados Americanos). El primer concurso tuvo lugar en 1907 y buscó un nuevo edificio para las oficinas centrales de la propia UPA. A pesar de que este edificio serviría de hogar para las repúblicas americanas, a los latinoamericanos no se les permitió participar en el concurso a no ser de que residieran de manera permanente en Estados Unidos. Los arquitectos Paul Phillipe Crét y Albert Kelsey de Filadelfia ganaron el primer premio. El edificio, que se encuentra en una destacada ubicación en Washington D.C., ha sido ampliado a través de las décadas desde esa fecha, incluyendo la construcción de edificios adicionales y estructuras afiliadas, incluyendo el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización Panamericana de la Salud, que a su vez fue el resultado de un concurso que ganó el arquitecto uruguayo Román F. Siri en 1961(3). Este paisaje institucional único fue dedicado a las Américas a una escala aún inigualable, y se vincula con una serie de plazas y estatuas dedicadas a los héroes de América Latina. Mientras que las primeras ferias representaban los intereses de los abanderados panamericanos que buscaban ganancias económicas, las oficinas centrales de la UPA llegaron a representar un modelo para la unión de las naciones. Algunos incluso llegaron a considerar al edificio simbólicamente, como un capitolio de las Américas o el nexo con un continente–nación imaginado. En concordancia a este escenario, el lenguaje empleado para describir el edificio como un símbolo de un hemisferio unido asumió un tono nacionalista.
Siguiendo el deseo histórico por honrar a Colón y su desembarco caribeño, en 1914 William E. Pulliam, un oficial de aduanas norteamericano instalado en Santo Domingo, comenzó a promover el interés por un monumento faro, imaginándoselo como lo había descrito alguna vez el historiador dominicano Antonio del Monte y Tejada en el s. XIX. La UPA terminó por coordinar este ambicioso proyecto y contratar a Kelsey para preparar el concurso en dos etapas. Él viajó a América Latina, promovió el interés por el proyecto del faro conmemorativo y elaboró las bases del concurso, enfatizando la innovación tecnológica y la unidad hemisférica. Las bases de Kelsey eran en sí problemáticas, dado que el rol que asumió fue condescendiente y de mayor envergadura a su experiencia. Presumía educar a los arquitectos participantes en arquitectura tropical, en el paisaje cultural dominicano y en América Latina en general. Los programas con imágenes repetidas de faros, estatuas de Colón y cruces influenciaron muchas propuestas predecibles, que el jurado eliminó rápidamente. Desde muy temprano en la primera vuelta, Kelsey había manifestado su descontento con la calidad de los proyectos y Wright fue despiadadamente crítico con las propuestas de la segunda etapa.
Por ende, el concurso se recuerda hoy en día no sólo por el número sin precedentes de países representados y por la cantidad impresionante de concursantes –más del doble que las del concurso del Chicago Tribune de 1922, que llegó a un total de 189– si no también por las postulaciones presentadas por muchos arquitectos notables que fueron eliminados; incluyendo a Alvar Aalto, Eric Bryggman, Tony Garnier, Helmle, Corbett & Harrison, Konstantin Melnikov y, de América Latina; Flavio de Rezende Carvalho, Luis MacGregor, Mira & Rosich, Smith Solar & Smith Miller y Carlos Obregón Santacilia(4). También es impresionante ver que fueron recibidas en el concurso 39 propuestas de América Latina, comparado con las tres presentadas en el concurso de Chicago (de Cuba y México)(5). El nombre poco familiar de Gleave provocó una tibia recepción por parte de la prensa y las revistas de arquitectura, los relatos más comprensivos sobre los concursos de arquitectura lo excluyeron totalmente. Cuando fue considerado, el Faro de Colón fue descrito como un gran monumento al Padre Fundador del hemisferio occidental, adoptando nuevamente un tono nacionalista. Con su establecimiento, el faro unió el capitolio del hemisferio occidental en el Potomac para completar la construcción imaginaria de las Américas, de acuerdo a la visión de la UPA. A ello siguieron otros esfuerzos. A principios de 1940 la asociación de la Sexta Avenida de la ciudad de Nueva York propuso renombrarse Avenida de las Américas y desarrollar un centro comercial de las Américas. El plan consistía en levantar 23 edificios a lo largo de la avenida, donde cada edificio representaría una república americana. El arquitecto Harvey Wiley Corbett organizó el Comité y contrató a Hugh Ferriss para desarrollar los bosquejos del concepto. Edward Durrell Stone hizo que sus estudiantes de arquitectura de la NYU, prepararan maquetas y dibujos para una presentación pública(6). Este gran plan nunca fue completamente realizado, sin embargo el alcalde La Guardia firmó una ley para cambiar el nombre de la avenida. Hoy, el legado de los tres proyectos –el edificio del capitolio, el monumento al Padre Fundador y la gran avenida– consiste en las cientos de plazas y parques de las Américas, los monumentos a Colón y los clubes e instituciones panamericanas que se encuentran a lo largo de las Américas.
Los años cincuenta y sesenta evidenciaron los últimos grandes proyectos hemisféricos del siglo, una fue la propuesta de una feria mundial permanente llamada Interama (Feria Cultural y de Comercio Interamericana) planeada para Miami, Florida. Fue proyectada en sus etapas iniciales por Hugh Ferriss y luego por Marcel Breuer, Louis Kahn, Paul Rudolph, Josep Lluis Sert, Edward Durrell Stone, Harry Weese y Minoru Yamasaki. Esta feria nunca tuvo lugar, pero en 1968 una feria similar, llamada con acierto HemisFair, tuvo lugar en San Antonio, Texas. Las Américas podrían ver pronto un precedente en esta línea de edificios con el futuro establecimiento del Secretariado Permanente de las Áreas de Libre Comercio de las Américas. Existen diez ciudades que ahora compiten por el título de Centro para el Hemisferio Occidental y que se encuentran posicionadas para albergar a este nuevo edificio panamericano(7).
La posición del Faro Conmemorativo de Colón entre esta familia de proyectos es clave para poder comprender la naturaleza de las propuestas recibidas. Las contribuciones más interesantes del concurso a la arquitectura panamericana son los 300 proyectos entregados por africanos, asiáticos y europeos entre otros, que presentan diversas visiones del hemisferio occidental(8). Como se mencionó anteriormente, muchos de los proyectos de los participantes cayeron presa de imágenes predecibles de un Colón heroico, pero otros presentaban perspectivas globales asociadas a continentes que se concentraban en la modernidad tecnológica. Los proyectos reflejan una amplia y diversa gama de la arquitectura de finales de los años veinte, con evidencias del Beaux–Arts, Art Deco e influencias modernas. Las más interesantes son las propuestas rusas.
Los temas tratados en los proyectos recibidos tendieron a caer en tres categorías: la exploración náutica (con barcos y estatuas gigantes mostrando a Colón, el navegante); globos iluminados (representando el faro iluminado o el mundo); y a Colón en su misión evangelizadora del cristianismo (con crucifijos y capillas añadidas). Dos enfoques adicionales, que ofrecen una mayor comprensión del tema, se enfocan en la innovación náutica y en el pasado indígena de las Américas. La unión entre la tipología del faro con la pista de aviación y la torre eran probablemente lo más interesante del programa. Bryggman presentó uno de los esquemas más elegantes: combinó de manera abstracta los componentes de iluminación y las vistas de ambos programas en la cima de una torre angosta. Su colega, el arquitecto finlandés Aalto propuso una torre en espiral en hormigón armado, donde el hemisferio occidental fue abstraído a un pilar de progreso, futurismo y solidaridad. En este proyecto, los elementos funcionales se ocultaron. El arquitecto chileno Rodulfo Oyarzún presentó una torre que se volvía angosta y que gradualmente tomaba la forma de un espiral, pero su propuesta hacia referencia a las ruinas precolombinas de El Caracol en México. La torre en espiral de Garnier se refería a la Torre Eiffel y funcionaba como un esqueleto que protegía la cripta de Colón. El jurado describió esta iniciativa como un esquema mareador. Los proyectos rusos elaborados por Vladimir Krinsky, Ivan Leonidov, Konstantin Melnikov y otros, utilizaron partes mecánicas para simbolizar el progreso y la libertad de expresión, dando como resultado los faros más dinámicos. El movimiento rotacional integrado del proyecto de Melnikov por ejemplo, ocurría en ciclos de tiempo diferentes a través de la dimensión vertical. Con esto, dependía del tiempo y del lugar para ilustrar el progreso sin fin que el hemisferio occidental representaba para el ruso provocador. Las aletas giratorias rojas y azules simbolizaban el baile perpetuo entre Norte y Sudamérica, mientras que dos estructuras cónicas y balanceadas simbolizaban al Nuevo y Viejo Mundo. Si bien, muchas de las propuestas recibidas de fuera de América Latina y Estados Unidos fueron exitosas en abstraer el futuro y el pasado del hemisferio occidental, las postulaciones latinoamericanas fueron más exitosas en introducir de manera inteligente las referencias precolombinas. En el proyecto de Carvalho, los motivos precolombinos fueron utilizados para aportar especificidad histórica a los componentes centrales de su proyecto. De igual manera, la narrativa histórica indígena propuesta por Obregón Santacilia fue extensa y bien informada. Se puede contrastar esto con la aproximación de Gleave, la cual refleja una gran ingenuidad. De hecho, cuando el monumento fue finalmente construido en 1992, el arquitecto consultor Teófilo Carbonell eliminó por completo los motivos murales precolombinos de Gleave. El esquema de Gleave se asemejaba a un escenario de Hollywood, con figuras a escala y con sombrero que fueron agregadas a su maqueta final. Es ampliamente reconocido que ganó el primer lugar porque su iniciativa se asimilaba con los propios sueños panamericanos californianos de Wright.
En 1992, se esperaba que este faro de proporciones monumentales llamara la atención del público internacional y que finalmente atrajera el tan anhelado turismo a Santo Domingo. Uno de los espectáculos principales del faro fue su enorme crucifijo iluminado, el cual se proyectaba al cielo. Este factor causaba frecuentes cortes de luz en una ciudad que ya se caracterizaba por una economía tensa. Esa y otras controversias fueron las que más llamaron la atención. También surgieron críticas a raíz de la construcción de un muro que buscaba ocultar los barrios pobres aledaños. Dicho muro se bautizó como El muro de la vergüenza por la prensa. Asimismo, Estados Unidos no envió a ningún representante a la inauguración y surgieron protestas por parte de las comunidades nativas americanas, que contribuyeron con otro elemento nuevo a la controversia de la celebración del descubrimiento del Nuevo Mundo. Puede resultar curioso que la actividad arquitectónica panamericana haya sido enfocada en Estados Unidos, de todos modos la participación latinoamericana ha existido siempre, paralelamente a la historia de la Organización de Estados Americanos. También debe tomarse en cuenta el hecho que un gran número de los proyectos mencionados aquí fueron vinculados a diversos esfuerzos por parte de ciudades de Estados Unidos que clamaban el título de Puerta de Entrada de las Américas; un título que hasta hace poco escasas ciudades latinoamericanas jamás habían buscado reclamar. Esto enfatiza el hecho que la arquitectura panamericana ha sido principalmente una empresa unidireccional. El Faro de Colón permanece entonces como un ícono importante de su época, cuando Estados Unidos intentó de manera asertiva moldear el movimiento panamericano. Puede sin duda alguna considerarse como uno de los íconos más ambiciosos, aunque casi siempre ignorado, de la historia americana.

Notas
1. Hacia 1992, la iniciativa era financiada en su totalidad por República Dominicana ya que la mayoría de las naciones americanas habían rechazado su apoyo a la construcción. En 1949, la Unión Panamericana había enviado un cheque por US$26,122.56 a la República Dominicana, el cual representaba una pequeña contribución. El cheque incluía las cuotas pagadas desde la República Dominicana (US$2,098.13); Honduras (US$13,290.16); Nicaragua (US$2,803.75); y Panamá (US$2,940.08); algunas contribuciones misceláneas e ingresos, y un pequeño balance del remanente del fondo del Concurso de Arquitectura. Memorándum para el Dr. Manger del Sr. Curtiss, 14 de marzo de 1955, Biblioteca Conmemorativa de Colón, OEA, Casilla 5, minutas de las reuniones del Comité, 1927–1932. La UPA concluyó con sus responsabilidades el 18 de noviembre de 1949.
2.En un inicio, el número promedio fue 21, con Canadá y Cuba excluidos del grupo pese a que ellos (y otras posesiones) fueron incluidas gráficamente con imagénes del hemisferio occidental comúnmente usadas. Actualmente, vemos que la OEA y el Área de Libre Comercio de las Americas tiene 34 países miembros. La representación continental normalmente hace referencia a dos componentes (Norte y Sur) o tres (Norte, Centro y Sur).
3. Un total de 59 proyectos fueron recibidos para el concurso (más de 400 propuestas fueron recibidas originalmente). El segundo premio se otorgó al arquitecto mexicano José Luis Benlliure y el tercer lugar al arquitecto uruguayo Adolfo F. Pozzi Guelfi. Las proyectos recibidos provenían del hemisferio occidental y representaban a los siguientes países: Estados Unidos (34), México (7), Uruguay (5), Bolivia (2), Argentina (1), Brasil (1), Canadá (1), Colombia (1), Perú (1) y El Salvador (1). Hubo cuatro proyectos no identificados.
4. Hubo aproximadamente 1.970 registrados de 65 países que expresaron su interés en un principio, incluyendo a los arquitectos Marcel Breuer, Paul Cret, Le Corbusier, Robert Mallet–Stevens y, A. y G. Perret. Otros arquitectos que también se registraron fueron Federico Mariscal, Enrique del Moral, José Villagrán García, Carlos Raúl Villanueva (quien se registró desde París), y el arquitecto alemán Max Cetto (quien más tarde emigraría a México).
5. Originalmente se recibieron 196 propuestas latinoamericanas, representando a Argentina (32), Brasil (17), Chile (26), Cuba (35), México (37), Perú (17), Uruguay (28) y otros trece países. No se recibieron postulaciones de El Salvador.
6. Esta historia apareció en el New York Times, el 12 de junio de 1941.
7. Entre las ciudades que postulan están en México (Cancún y Puebla), Panamá (Ciudad de Panamá), Puerto Rico (San Juan), Trinidad y Tobago (Port of Spain), y Estados Unidos (Atlanta, Chicago, Galveston, Houston y Miami).
8. Además de las 39 postulaciones provenientes de América Latina, Estados Unidos presentó 113 y Canadá 1.


Referentes
Irigoyen, Adriana. “Frank Lloyd Wright in Brazil”. The Journal of Architecture Vol. 5 N°2, Royal Institute of British Architects, Londres, verano 2000.         [ Links ]
Pan–American Union, Program and rules of the second competition for the selection of an architect for the monumental lighthouse, which the nations of the world will erect in the Dominican Republic to the memory of Christopher Columbus; together with the report of the International jury... Prepared by Albert Kelsey. Pan–American Union, 1930.
Roorda, Eric Paul. “The cult of the airplane among U.S. military men and dominicans during the U.S. occupation and the Trujillo regime”. En Gilbert, M. Joseph, et al. (eds.). Close encounters of empire: writing the cultural history of U.S.–Latin American relations. Duke University Press, Durham, 1998.         [ Links ]
Waldheim, Charles y Santos–Munné, Marilí. “Landscape as a monument: J.L. Gleave and the Columbus Lighthouse Competition”. Archivos de Arquitectura Antillana Vol. 3 N°7, Caribbean Architectural Records, Santo Domingo, mayo 1998.
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