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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.69 Santiago ago. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962008000200017 

 

ARQ, n. 69 Habitaciones / Dwellings, Santiago, agosto, 2008, p. 94-95.


ANEXOS

Noticias de la Facultad

 

In Memoriam
Guillermo Jullian de la Fuente
1931 - 2008

El jueves 12 de junio de 2008 la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile reunió en una celebración a profesores, arquitectos y estudiantes para recordar a Guillermo Jullian. Con un montaje realizado por Alex Moreno y junto con las intervenciones de José Rosas, Rodrigo Pérez de Arce, Ann Pendleton y Ernesto Rodríguez, se presentaron videos realizados por José Luis Gaete, Sebastián Bianchi y Felipe de Ferrari además de la proyección de una selección de dibujos y fotografías con obra del arquitecto a cargo de Lorena Pérez y Sebastián Bianchi.

De ida y vuelta
Rodrigo Pérez de Arce

Mito para sus familiares y cercanos, mito-lógico para los de nuestra generación: Guillermo Jullian -de algún modo uno de los nuestros, aunque ex alumno de la Escuela de la Universidad Católica de Valparaíso- ya era parte del impresionante laboratorio de arquitectura del s. xx que fue el atelier de Le Corbusier. Ingresaba allí joven e inmensamente convencido. Siete años intensos lo ocuparon en la famosa galería del antiguo convento jesuita; inicialmente a solas con Le Corbusier y luego acompañado por un puñado de colaboradores, siempre en un ambiente íntimo. Encomendado a hacerse cargo del Hospital de Venecia, organizó allí un estudio paralelo.
Cerrado el atelier, Jullian fue uno más en la diáspora de discípulos que intentaron concluir los proyectos pendientes y avivar la llama de la arquitectura moderna, de la cual se sentían custodios. Se nutrían de su memorable experiencia laboral, entonces tan lejana a la academia. En ese espíritu entabló amistad con miembros del Team Ten.
Fue nómada: las circunstancias lo hicieron viajar por Valparaíso, París, Venecia, Lyon, Valencia, Rabat, Argel, Madagascar, Como, Brasilia, Washington, Lexington, Ithaca, Roma, Santiago, Zapallar; geografías dispersas, destinos de proyecto, mientras trasladaba su taller de Venecia a París y después a Ithaca, donde inició la colaboración con Ann Pendleton; luego a Boston y Santiago. Recientemente estudiaba un ascensor para Valparaíso, ciudad que era su acertijo favorito.
Enseñó en Kentucky, Rice, Filadelfia, Cornell, Cooper Union y otras destinaciones siendo en estos últimos años profesor de las universidades Diego Portales, Andrés Bello y Católica de Chile. Expuso su obra ampliamente; contaba que en Roma había sido ovacionado recientemente como un boxeador triunfante. Nuestra escuela tuvo el privilegio de recibir su archivo documental, testimonio de su trayectoria, transformado así en razón de estudio.
Decía Picasso lo que se podría decir de Jullian: "toda mi vida traté de dibujar como un niño". Su caligrafía de arabescos contrastaba con las pinturas netas y depuradas que exhibiría una sola vez en el Museo de Arte de Cornell. El candor -no la ingenuidad- fue quizás su rasgo profesional y académico saliente. El arte de la vida fundamentaba sus proyectos. El color brilla en toda su obra.
Seguramente le hubiera gustado saber que murió un Viernes Santo y que fue sepultado un soleado Domingo de Gloria, aunque las fechas simplemente se dieron de ese modo. No así el lugar, fijado en un plan de viaje simétrico que lo llevó tempranamente a París, cuyo destino debía ser cerrar en su origen el gran itinerario de su vida.
+ info: www.aaees.net

¿Qué hacemos con la Universidad?
Los grados que otorga son títulos nobiliarios
(1)
Felipe de Ferrari

En nuestra profesión, muchos de los arquitectos que admiramos o de los cuales aprendemos adquieren tintes de personaje literario. No cabe explicitar el proceso, pero sí cabe declarar que Guillermo Jullian es uno de esos casos.

"¡Tengo que hacer obras! ¡Hacer obras, eso es arquitectura!"

Una de las personas que probablemente lo conocía mejor -y a través del cual muchos lo conocimos- decía hoy acerca de Jullian: "un profesor que parecía un alumno más". Habría que agregar que parecía uno de esos alumnos que sacan de los cabales a sus profesores, de esos que incomodan por enfrentarse a los convencionalismos con tanta libertad.

"Space is space, ves tú?
Lo metemos al computer y listo"

A Jullian el academicismo duro le parecía una trinchera extraña y distante, que se contrapone a lo íntimo y cercano que es el trabajo como arquitecto. Parecía tener la bayoneta -o el bastón- lista para una estocada. Hábil al momento de establecer una discusión, en último caso, su indiferencia ante la irrelevancia hacía el trabajo sucio.

"Mira... why not"

Lo motivaba el ingenio, la picardía, lo evidente, la intuición y la deriva:

"Vamos a reaccionar ante el espacio y los actos conjugados"

Le molestaba la torpeza, la neutralidad, el desgano, el amaneramiento y la incapacidad de hacerle frente al futuro, por muy próximo que fuera. Todo lo que atentara contra el acto poético de hacer arquitectura.

"Mi mamá siempre me decía: Lo que tienes que hacer, hazlo"

Guillermo construyó su discurso y obra con cimientos dispares. Estableció relaciones lícitas e ilícitas (¿no se trata de eso el acto creativo?). Se dejó seducir y encantar por esas asociaciones propias. Algunas veces las sacó a la luz, algunas veces las escondió en el bolsillo. Pero lo más importante es que nunca le importó el resultado final del partido -ganar o perder-, sino haberlo jugado completo con la misma intensidad.

"(...) Un libro de recortes y anotaciones. No quería en verdad, escribir una novela; simplemente deseaba dar con una zona nebulosa y coherente donde amontonar los recuerdos. Quería meter la memoria en una bolsa y cargar esa bolsa hasta que el peso le estropeara la espalda"(2).

Como los grandes, partió en su mejor momento. Al tope de la ola (al menos eso nos hizo creer), haciendo proyectos en la ciudad que lo formó, preparando su propia retrospectiva, proponiendo talleres en islas imaginarias. Probablemente -si el tiempo no lo hubiera alcanzado- el próximo taller a su cargo habría contemplado dar la vuelta al mundo en 80 días.

Esperamos todos poder contar con su misma suerte.

Notas
1. Título extraído de Artefactos de Nicanor Parra, Ediciones Nueva Universidad, Santiago, 1972.
2. Tomado de un texto de Alejandro Zambra. En: La vida privada de los árboles. Editorial Anagrama, Barcelona, 2007.

 

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