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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942009000100021 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 281-284 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

MARÍA XIMENA URBINA CARRASCO, La frontera de arriba en Chile colonial. Interacción hispano-indígena en el territorio entre Valdivia y Chiloé e imaginario de sus bordes geográficos, 1600-1800. Valparaíso y Santiago, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2009, 354 páginas, ilustraciones.

Este libro, que corresponde a la tesis doctoral de la autora en la Universidad de Sevilla, estudia la evolución de la frontera sur del llamado "estado de Arauco". Las relaciones interétnicas en el limes del Biobío y la penetración chilena en la Arauca-nía, han concitado la atención de los investigadores, muchas veces con afanes reivin-dicacionistas. En cambio, la "frontera de arriba", es decir, la situada a latitud más alta, no ha suscitado el mismo interés. No es que falten estudios monográficos, los hay muchos y buenos, pero se carecía de una obra que diera un sentido de conjunto.

Un primer punto que la autora explica es el éxito de la resistencia de los españoles en Chiloé después del levantamiento de 1598. Ello obedecería no solo a la situación insular, sino también a la mayor combatividad de los vecinos de Castro, quienes, en los decenios siguientes, emprendieron sucesivas malocas contra los indígenas del continente desde Carelmapu y Calbuco. Al parecer, los naturales fueron los más afectados por estos enfrentamientos y a mediados del siglo XVII se retiraron de la zona de contacto mientras los españoles se replegaban al archipiélago. Se pasaba así de una frontera de guerra a otra, que Ximena Urbina llama "frontera cerrada" o "frontera pasiva".

Fue a partir de estos años o poco después que se iniciaron desde Chiloé las expediciones a Nahuelhuapi, la frontera nororiental. Las entradas del P. Nicolás Mascardi y sus continuadores, tenían un doble o triple propósito. Había un objetivo misional, evangelizar a los indios puelches y poyas, pero también estaba el aliciente de encontrar la Ciudad de los Césares. Esta mítica fundación de españoles que habrían naufragado en el estrecho de Magallanes, o quizás de indígenas desconocidos o aun de europeos extranjeros, enemigos de España, establecidos en la zona, ejercía un atractivo fascinante por su riqueza. El tercer aliciente para estas iniciativas, que la autora pone de relieve, era la posibilidad de conectar Chiloé con Chile central, a través de la vertiente oriental de la cordillera de los Andes. Con ello se eludía el obstáculo que constituían las tierras de los indios rebeldes y se lograba la comunicación con el resto del reino.

Al tratar el tema de los Césares, Ximena Urbina hace una exposición ordenada de las sucesivas expediciones, efectivas o proyectadas, indicando los propósitos de cada una, sus impulsores y realizadores, la rutas emprendidas y los resultados obtenidos, en el caso de haberlos. Su trabajo también tiene el mérito de distinguir entre las distintas vertientes de la leyenda de los Césares, incluyendo aquella más tardía que los considera descendientes de los antiguos habitantes de Osorno -los "cesares osornenses"- y que impulsó las incursiones en su búsqueda desde Valdivia, en los años 1760 y 1770.

Curiosamente, la refundación de Valdivia desde el virreinato del Perú, en 1646, destinada a evitar la posible instalación allí de los enemigos de España, con la amenaza consiguiente a los dominios de la Corona en el Pacífico, no implicó un intento de ocupar la zona de los llanos. La plaza fuerte de Valdivia se mantuvo como un enclave en territorio indígena hasta mediados del siglo XVIII, cuando se inició una expansión hacia las tierras agrícolas del interior. Este avance, señala la profesora Urbina, obedeció en parte al aumento demográfico, en la medida que pasaba a ser una población formal y no solo una plaza militar, pero es posible que también haya incidido el traspaso de su dependencia desde Lima al gobierno de Santiago en 1740, con el consiguiente cambio de política. La expansión desde Valdivia hacia el sur se hizo por una combinación de medios pacíficos: el establecimiento de misiones, la celebración de juntas y parlamentos con los indios, ocasiones para agasajar a estos, la penetración de comerciantes y el nombramiento de capitanes de amigos y comisario de naciones. Las referencias de la autora a la compra de tierras a los caciques refuerza la idea de un avance pacífico en medio de relaciones complejas. Lo anterior no implica la ausencia de acciones bélicas, pero estas tuvieron un alcance limitado y no comprometieron el avance español en el mediano y largo plazo.

Esta penetración española hasta la línea del río Bueno, no podía menos que hacer pensar en la reapertura del antiguo camino entre Valdivia y Chiloé, lo cual acabaría con el aislamiento del archipiélago, facilitaría las comunicaciones al interior del reino y permitiría el apoyo militar recíproco. Como bien señala la autora, este proyecto no fue una iniciativa aislada, sino que se insertaba en el marco de la política de mejorar las comunicaciones al interior del país.

En paralelo al avance desde Valdivia, se reactivó la zona de frontera en Chiloé, ahora reorientada al espacio de la antigua Osorno, cuya refundación permitiría otorgar tierras a la creciente población del archipiélago. La apertura de la comunicación terrestre entre ambas requería de un avance concertado desde el norte y desde el sur. Sin embargo, los hechos aquí referidos muestran una descoordinación que alcanza los niveles de una comedia de enredos. Así, después de que Valdivia pasó a la jurisdicción de la Capitanía General de Chile, el gobierno de Chiloé fue puesto bajo la dependencia directa de Lima. Mientras la expansión desde Valdivia se realizaba por medios pacíficos, el gobernador de Chiloé, Francisco Hurtado, que tenía órdenes reales para proceder a la apertura del camino de Osorno, era partidario del uso de la fuerza militar. No obstante el celo de este funcionario, sus empeños no alcanzaron los objetivos propuestos, en buena medida porque requerían de dinero de parte de la Corona, siempre reacia a incurrir en gastos. En un momento, el gobernador de Chiloé, que debía despachar una fuerza que se juntara con la de Valdivia, no lo hizo porque, al parecer, no había recibido las instrucciones correspondientes; sin embargo, al decir de la autora, los indígenas de la zona sí estaban al tanto de las mismas. Detrás de estos desencuentros estaban las rivalidades y ambiciones personales y las contiendas de jurisdicción entre los gobiernos, que la autora ha sabido recoger. Pese a todos estos desencuentros, se logró abrir y luego ensanchar el camino -o más bien los caminos, pues había variantes- entre Valdivia y Chiloé. En esta tarea primó el criterio de la entrada pacífica, lo que también sucedió con la repoblación de Osorno, en tiempos de Ambrosio O'Higgins, cuyas tierras fueron cedidas formalmente por los indígenas.

Para la elaboración de este libro, la profesora Urbina ha consultado diversos archivos, tanto en España como en Chile, junto a una amplia gama de fuentes ya publicadas y monografías antiguas y modernas, las que ha ordenado y contextuali-zado acertadamente. Visto su dominio de la literatura histórica, llama la atención que no use la edición del Coronicón Sacro-Imperial de Fr. Francisco Xavier Ramírez, publicada en 1994, citada a través de otras fuentes, quizás por no haberlo tenido a mano al tiempo de su tesis. Los mapas reproducidos en el libro resultan útiles y oportunos, aunque hubiera preferido un croquis moderno para mostrar el trazado del camino de Valdivia a Chiloé en lugar de reproducir uno de época que, por el tamaño del original, no permite distinguir la toponimia.

Para terminar, debo destacar entre los muchos méritos de la obra, la sensibilidad de la profesora Urbina frente al lenguaje de los documentos de la época. Recoger voces como "altear", en el sentido de mirar el entorno desde el alto de un árbol; "patiru", nombre que se daba a los misioneros en Chiloé, o "caicumeo" como se designaba el camino real entre los lugareños, refleja una empatia con su tema y viene a ser un medio de acercamiento a los sujetos de su historia. Este mismo refinamiento en la lectura de las fuentes le permite distinguir matices que habrían pasado inadvertidos, y que en su conjunto enriquecen el trabajo.


Juan Ricardo Couyoumdjian

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile