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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.47 no.1 Santiago jun. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942014000100006 

 

EL FRUSTRADO FUERTE DE TENQUEHUEN EN EL ARCHIPIÉLAGO DE LOS CHONOS, 1750: DIMENSIÓN CHILOTA DE UN CONFLICTO HISPANO-BRITÁNICO**

 

MARÍA XIMENA URBINA CARRASCO*

* Profesora del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Correo electrónico: maria.urbina@ucv.cl.
** Este artículo forma parte del Proyecto Fondecyt Regular 2012-2013, N° 1120704, "La Patagonia Insular en el periodo colonial: exploraciones, interacción europeo-indígena, imagen y ocupación del territorio".


RESUMEN

Sobre la base de la documentación existente en los manuscritos de la Biblioteca Medina (Biblioteca Nacional de Santiago) y en el Archivo General de Indias (Sevilla), se analiza la proyección geoestratégica de la gobernación de Chile hacia la Mar del sur, en 1750, mediante el plan de ocupación permanente de la isla de Tenquehuen, en el archipiélago de los Chonos, y la de Robinson Crusoe, en el de Juan Fernández, islas que -según se pensaba en la corte de Madrid- serían inminentemente ocupadas por la corona británica. Centrándose en la proyección ejecutada desde la provincia de Chiloé, el asunto del frustrado fuerte se estudia como un caso que evidencia cómo las realidades locales de las fronteras hispanoamericanas son distintas a los planes pensados desde los centros, concluyendo que las acciones ejecutadas en Chiloé a propósito de esta coyuntura de 1750 dan cuenta de su grado de conocimiento y sus habituales maneras de proyección hacia ese territorio insular que se significaba, desde Madrid, Lima y Santiago, como desconocido y vacío de contenido.

Palabras clave: Patagonia, Chiloé, geopolítica, siglo XVIII, fuerte, Tenquehuen.


ABSTRACT

Based on information found in manuscripts available at the Medina Library (located within The National Library of Chile) and in the General Archive of the Indies (Seville), this article analyses the geostrategic influence of Chile over the South Sea in 1750, by means of a plan to permanently occupy Tenquehuen Island, in the Chonos Archipelago, as well as Robinson Crusoe Island, in the Juan Fernandez Archipelago those which -according to the Court of Madrid- would soon be occupied by the British crown. Centered on a plan implemented from the province of Chiloé, the issue of the failed fort in Inche is looked at as a clear example that the realities of Latin American borders differed from the plans devised in the Capitals. The article concludes that the actions carried out in Chiloé during 1750, give testimony to the level of knowledge and the usual ignorant and vacant manner regarding the isolated territory, from Madrid, Lima and Santiago.

Key words: Patagonia, Chiloé, geopolitics, eighteenth century, fort, Tenquehuen.


 

En 1750, cuando Domingo Ortiz de Rozas era gobernador del reino de Chile (1746-1755), y José Manso de Velasco era virrey del Perú (1745-1761), hubo un plan de proyección hacia la Mar del Sur, que tenía como objetivo ocupar en forma permanente dos islas lejanas y despobladas, incluso de indígenas, de la jurisdicción que se consideraba como del reino de Chile: la llamada "Inche", que en realidad era la de Tenquehuen (45° 39' lat. sur), parte del archipiélago de los Chonos, en la costa patagónica, y la de Robinson Crusoe (33° 38' lat. sur), en el archipiélago de Juan Fernández, a 670 km de distancia del continente, aproximadamente frente a Valparaíso. La fundación en forma simultánea y coordinada de un fuerte en Tenquehuen, y de una colonia al abrigo de un fuerte, al mando de un gobernador militar en Juan Fernández, fue una acción para anticiparse a la ocupación de las mismas islas por parte de Inglaterra, lo que se daba por seguro ocurriría durante el año 1750. Así se constituyó este proyecto de defensa en las Indias en uno de los casos que muestran cómo la defensa del reino de Chile fue más reactiva que activa, ante los planes enemigos de ataques, como lo ha estudiado Gabriel Guarda, en Flandes Indiano1. El episodio del fuerte en el archipiélago de los Chonos no ha sido abordado por la historiografía, por lo que se reproducen aquí los hechos relativos a ello; se enlaza esta situación local o regional dentro del contexto general de la guerra entre España e Inglaterra (como un proyecto al unísono con Juan Fernández) y sus implicancias en la geoestrategia de la Mar del Sur; y se detectan las distintas concepciones que autoridades en Madrid, Lima, Santiago y Chiloé tenían del extenso y desconocido mar patagónico y su valor estratégico en las órdenes e informes generados.

 

Figura 1
Mapa del territorio entre Chiloé y el estrecho de Magallanes
 
 
Fuente: Mapa elaborado por Andrea Valverde C.

 

NÁUFRAGOS INGLESES EN LAS COSTAS PATAGÓNICAS, 1741-1742

Las tierras al sur de Chiloé, hasta el fin del continente, se consideraban parte de la jurisdicción de esa provincia, cuya única ciudad era Santiago de Castro, fundada en 1567 en la isla grande del archipiélago de Chiloé, 1.200 km al sur de la capital del reino. Lo eran tanto las costas del mar como el interior del continente, que le pertenecían en derecho2, aun cuando la Corona no tenía presencia efectiva o de hecho en la extensa Patagonia. Así lo hacían ver los gobernadores de la provincia, como se certificaba respecto de Pedro de Molina Vasconcelos, por ejemplo, "gobernador desta provincia de Chiloé y lugarteniente de capitán general de mar y tierra hasta las costas del Estrecho, etc."3. Las costas y archipiélagos al sur de Chiloé se veían como una prolongación natural de este. Asimismo, la Patagonia continental, desde las "pampas" al sur del lago Nahuelhuapi, al que se accedía desde Chiloé, se consideraba territorio jurisdiccional de la austral provincia, como lo demuestran las expediciones coloniales. Las costas e islas eran el espacio vital de varios grupos indígenas de diversas lenguas y poca población, móviles en sus dalcas, embarcación que definía su modo de vida. Por lejanos y poco atractivos económicamente, los grupos canoeros australes -chonos, caucaus y otros- no estuvieron encomendados, evangelizados, ni incorporados al sistema colonizador castellano; fueron objeto de esporádicas visitas misionales durante el período colonial4, y de campeadas esclavistas hasta mediados del siglo XVII. Con la frustración del plan poblador del estrecho de Magallanes, en 1584, la ocupación de esas tierras dio paso a una modalidad de proyección y vigilancia que correspondió a Chiloé, asunto de la mayor importancia, por cuanto las costas occidentales estuvieron desde fines del siglo XVI amenazadas por navegantes enemigos de la corona de España. Aun más, la conservación de la provincia de Chiloé después del proceso 1598-1602, en el que la rebelión mapuche-huilliche obligó a abandonar las ciudades fundadas al sur del río Biobío, con excepción de la isla grande de Chiloé -pero que la dejó como un enclave español en un territorio poblado exclusivamente de indígenas desde el citado Biobío hasta el extremo sur de América-, se explica por el objetivo de vigilar el Estrecho y el amplio espacio intermedio entre él y Chiloé, frente a incursiones extranjeras que pusieran en peligro al Chile central. Esta decisión se vio reforzada en 1600 y 1643, cuando escuadras holandesas atacaron y ocuparon Castro y Valdivia5. Por eso, aunque aislada y marginal, se mantuvo la provincia de Chiloé6.

En la década de 1740 las coronas española y británica se enfrentaron en distintos escenarios de las Indias Occidentales. En 1741, en el contexto de la "Guerra del Asiento", también llamada "Guerra de la Oreja de Jenkins" (1739-1748)7, una poderosa escuadra compuesta por siete embarcaciones y tripulada por marinos y tropas de desembarco, al mando del comodoro George Anson, pasó al océano Pacífico con el objetivo de asediar sus costas8, lo que comenzaría con la toma de la plaza, fuerte y presidio de Valdivia9. Sin embargo, un dramático cruce por el Cabo de Hornos en medio de tormentas, evitó el riesgo a los territorios pertenecientes a la capitanía general de Chile. La escuadra, muy disminuida y maltrecha, alcanzó el océano Pacífico, y tuvo que optar por recomponerse antes de ejecutar alguna acción bélica, lo que hizo en el archipiélago de Juan Fernández, para continuar con su objetivo: atacó barcos y puertos del Pacífico y, lo más importante, pudo capturar el preciado Galeón de Manila, Nuestra Señora de la Covadonga, conduciendo en 1744 a Inglaterra lo que llamaron "el mejor botín de todos los océanos"10.

Antes, en mayo de 1741, la fragata HMS Wager encalló en una isla del archipiélago de Guayaneco, el 14 de ese mes. Después de un año, prácticamente encerrados en la isla, en junio de 1742 solo cuatro de sus sobrevivientes pudieron alcanzar, conducidos por un grupo de indígenas liderados por un chono, la provincia de Chiloé y, con ello, salvar sus vidas11. El resto de los ciento veinte tripulantes del barco, o murieron o huyeron hacia Inglaterra en las embarcaciones auxiliares de la fragata. Entonces se supo en Chiloé, en junio de 1742, que durante un año un grupo de ingleses estuvo asentado -aunque náufragos y muriendo poco a poco de agotamiento y hambre- en una isla de su jurisdicción, y que las autoridades de la provincia no se enteraron ni sospecharon de ello, sino hasta que los propios náufragos llegaron a Chiloé pidiendo socorro y, más aun, gracias a que fueron llevados por un cacique chono "amistado" con Chiloé, de nombre Martín Olleta.

Los hechos mostraban que lo que se había sospechado y buscado respecto de Chiloé, entre 1620 y 1676, podía ser posible: un asentamiento inglés en la Patagonia occidental a escondidas de los españoles, y una alianza o cooperación anglo-indígena. Sin embargo, la evidencia de las penurias pasadas por los náufragos, unida a la circulación de la noticia a través de distintos grupos indígenas, la que finalmente llegó a Chiloé, probaron en 1742 la imposibilidad de sobrevivir allí, y de hacerlo de manera oculta. La geografía real, por lo tanto, había ganado terreno por sobre la geografía imaginaria.

Este hecho provocó reacciones inmediatas desde Chiloé, tendentes a explotar económicamente el sitio del naufragio, pero no a patrullar las costas, ni menos a fundar allí un asentamiento español. El gobernador insular, Francisco Gutiérrez de Espejo, informó a sus autoridades lo acontecido, pero las decisiones respecto a cómo proceder ante el hecho del naufragio, la actitud frente a la vulneración de sus costas, y el asunto de la relación entre ingleses e indígenas, fueron tomadas según las prácticas habituales de esta provincia lejana, aislada y pobre. Gutiérrez de Espejo envió una primera expedición de reconocimiento, lo que se ejecutó a fines de 174212. Dado que la fragata había encallado al alcance de la costa, y que contenía veintiocho cañones de hierro y bronce, además de anclas, yunques y aparejos navales, se organizó una expedición que ejecutó la extracción de todo el material que se pudo, entre fines de 1743 y febrero de 1744, al mando de Mateo Abraham Evrard13. Por lo tanto, la explotación material del naufragio fue lo prioritario para esta provincia desabastecida. Y aunque se hizo una nueva toma de posesión14 y se repitió el juramento de los indígenas de fidelidad al rey15 -se dice "parlamentos"-, no se dejó allí un fuerte ni establecimiento alguno.

De esto se desprende que en Chiloé se disponía de las informaciones que proporcionaban los indígenas en general, o determinados caciques atraídos por las autoridades en particular, cuando alcanzaban Chiloé en sus constantes navegaciones por los archipiélagos. Este era un sistema de patrullaje permanente y mucho menos oneroso y arriesgado que si se enviara a soldados de la plaza. Pero también, los informantes indígenas, en varias ocasiones durante el período colonial, dieron origen a geografías imaginarias, como las que impulsaron búsquedas de asentamientos de españoles o de ingleses -la ciudad de los Césares-, que a su vez generaron geografías reales16. En el caso que estamos presentando, la geografía imaginaria provino de España y la empírica de los informantes indígenas.

EL LIBRO DE RICHARD WALTER Y LA "NOTICIA" SOBRE LA PATAGONIA INSULAR

Eran años de desconfianzas entre España e Inglaterra17. Con motivo de la guerra con Inglaterra, en 1745, desde Madrid se ordenó al virrey del Perú que liberase a los corsarios españoles que hubiese en la Mar del Sur del derecho a la octava parte de las presas que correspondía al infante de la Corona. En su respuesta, el virrey informó que no había corsarios españoles que pudiesen contribuir a la defensa de las costas, ni más defensa que una única fragata, la Esperanza18. En el intertanto, en la corte se tuvo noticia desde Londres que se estaba preparando una escuadra inglesa de diecisiete navíos de guerra para pasar a América19, por lo que el rey envió a los navíos Castilla y Europa a defender el Pacífico sur, que zarparon de El Ferrol en octubre de 1747, al mando de Francisco de Orozco20. Llegados al Callao, el virrey los hizo salir el 16 de diciembre de 1748, a reconocer "las costas de Chile", recalando a la ida y al regreso en el archipiélago de Juan Fernández -que había cobrado importancia luego de la estadía en él de la flota de Anson-, disponiendo su regreso al Callao para fines de mayo. Esta era una expedición en obedecimiento de la orden del rey, basada en la suposición de la presencia de la flota inglesa en esos mares, porque el virrey del Perú, informado de los territorios de su jurisdicción, no tenía "el menor recelo de que navío alguno enemigo se haya atrevido a internar a este mar"21. Sin hallar novedad alguna, el virrey programó el regreso de la escuadra de orozco a España para octubre de 1749, por la ruta del Cabo de Hornos22. Sin embargo, fundado en la noticia de Londres adquirida en 1746, el rey aun no podía descartar que los diecisiete navíos de guerra pasaran a América.

En 1748 salió de la imprenta en Londres la versión autorizada del viaje de George Anson, publicada por el capellán de uno de los barcos, Richard Walter23. Para esa fecha, ya circulaban dos libros, cada uno con reediciones, sobre la exitosa expedición24, y varios sobre el dramático naufragio del Wager25. Pero este era diferente, porque aunque en él también se describían las acciones de la flota en el océano Pacífico, los ataques a los puertos españoles y la vulnerabilidad de varios lugares del reino de Chile por el refugio seguro conseguido en las islas de Juan Fernández, además del naufragio del Wager, el libro contenía dos informaciones alarmantes. La primera de ellas era la estadía durante tres meses, a mediados de 1741, de otro de sus navíos, el Anna, en "la isla de Inche", en el archipiélago de los Chonos, lo que hasta entonces se desconocía en España y en Chiloé. Luego del cruce del Cabo de Hornos y su avance hacia el norte de la costa patagónica, un temporal había lanzado el barco a tierra, pero en vez de estrellarse contra las rocas, como el Wager, encontró refugio en un surgidero, donde estuvo reponiéndose de los males de la navegación desde el 18 de mayo hasta agosto de 1741, cuando logró reunirse en Juan Fernández con el resto de la flota. Además, su tripulación había sido abastecida de alimentos por los indígenas locales.

La segunda información alarmante era la recomendación del comodoro Anson de instalar un enclave inglés en el puerto donde había estado el Anna. El libro tuvo varias e inmediatas reediciones, circulando profusamente en Europa. Y aunque no fue editado en castellano (solo lo fue en 183326), lo tocante a Chile circuló traducido, conocido en la correspondencia entre las autoridades como "Noticia de la bahía descubierta en el archipiélago de Chonos por el pinque nombrado La Ana de la escuadra del vicealmirante Anson en las costas de la Mar del Sur, según se refiere por él en la relación del viaje del mismo vicealmirante", a la que se adjuntaban copias de los mapas publicados en el libro, de la bahía de Inche y de Juan Fernández27.

 

Figura 2
"Plan of a bay and harbour on the coast of Chili: Discovered by a victualler to commodore Anson's squadron in the South Sea, 1741"

 
 

Fuente: George Anson, A voyage round the world, in the years MDCCXL, I, II, III, IV, by George Anson, esq., commander in chief of a squadron of His Majesty's ships, sent upon an expedition to the South-Seas /compiled from papers and others materials of the Right Honourable George Lord Anson, and published under the direction by Richard Walter, London, Printed for the author, by John and Paul Knapton, 1748, libro I, cap. III, 140.

 

En el capítulo XIV del libro 2° se describe la bahía del Anna. Da su latitud a 45° 30' sur, frente a una isla que nombra como Inchin y, sin haberlo podido comprobar, Anson estimaba que la bahía estaba en una isla y no en tierra firme. Dijo tener abundancia de provisiones frescas, como peces, mariscos, aves y apios silvestres, y "excelente" agua en sus arroyos, tan cómodos que desde algunos "pueden hacerse las aguadas desde las lanchas con el auxilio de una manguera". Agregaba que ofrecía una buena defensa, ya que su acceso estaba cubierto por la isla Inchin; era una bahía honda que permitía amarrar los barcos en la misma orilla; y porque, señala, esos parajes son fronteras españolas "tan poco conocidas de ellos mismos, que deba creerse con razón que un navío con las precauciones necesarias pueda continuar aquí por mucho tiempo sin ser descubierto"28. A diferencia de sospechas anteriores de posibles escuadras inglesas en el Pacífico para atacar navíos y puertos, o ejercer el contrabando, en este caso se hablaba de "establecimientos".

Para mayor alarma, el mismo año de 1749 llegó a la corte de Madrid un "papel de Londres" con la "segura noticia" de que Inglaterra estaba preparando y artillando una fragata para tomar posesiones en el Pacífico sur29. La corte daba por seguro que Inglaterra pretendía ocupar la isla de Juan Fernández y la del "pinque" Anna -de inglés pink, un tipo de barco a vela- para "tener en esos mares algún establecimiento", impulsada por la información de Anson. En consecuencia, para evitar "la ocupación o reconocimiento que pudiera lograr la fragata que a este fin destinan", en mayo de 1749 se comunicó al virrey del Perú la orden real de establecer población en ambas islas. Aunque se entendían, de derecho, pertenecientes a España por primer descubrimiento y toma de posesión, se pretendía evitar que, despobladas, Inglaterra pudiese reclamarlas para sí por "desiertas o abandonadas", lo que la autoridad española consideraba "ridículo"30, pero factible. Mientras España declaraba su soberanía en las tierras americanas, fundadas en la toma de posesión a nombre de sus monarcas y, con ese acto, de toda la tierra descubierta y por descubrir, aunque no estuviera efectivamente ocupada por ella, otras coronas -Francia, Holanda e Inglaterra, pero sobre todo esta última, más activa durante el siglo XVIII- no aceptaron la pretendida exclusividad ibérica en las Indias y, en la navegación ultramarina, y según el principio de Hugo Grocio sobre el mar como libre y abierto para la navegación de todos, buscaron beneficios económicos en América. Lo que se inició como el reclamo para sí de territorios no ocupados efectivamente por Castilla por parte de las citadas coronas, derivó en que asaltaran posesiones españolas en América y las ocuparan en forma temporal como fue el caso de los corsarios holandeses en Chiloé, o se establecieran con voluntad de permanecer en ellas, como los holandeses en el sitio de la destruida ciudad de Valdivia, en la costa sur el océano Pacífico en 164331.

En el tiempo intermedio entre la expedición en busca de los cañones -del verano austral de 1743-1744- y la orden de mayo de 1749, y a pesar de la guerra contra Inglaterra, la provincia de Chiloé no había realizado búsquedas de barcos o asentamientos ingleses en la Patagonia occidental. Esto se explica por la evidencia que representaron los propios náufragos ingleses en Chiloé y porque, con los sucesivos viajes en busca de piezas de metal en la playa del naufragio, y otros de carácter misional, salidos desde Chiloé y protagonizados principalmente por indígenas chonos habitantes de esas islas, la provincia tenía una imagen concreta de ese territorio. La realidad local se había acomodado a la pasada "aparición" de náufragos ingleses en Chiloé y había explotado la ocasión de acuerdo a sus intereses concretos y locales (metal, almas que convertir), pero las alarmas de comienzos de 1749 involucraban al interés imperial. Así, la amenaza de ocupación de una isla en un rincón oculto en una costa jamás atendida, lejos de ser un fenómeno local, fue valorada de distinta manera, porque afectaba a lo imperial32.

EL PROYECTO DE FUNDAR POBLADO EN EL ARCHIPIÉLAGO DE JUAN FERNÁNDEZ, Y FUERTE EN EL DE LOS CHONOS

La reacción ante la amenaza de ocupación fue implementar un plan, de carácter urgente, que consistió en conducir personas y bastimentos a ambos lugares, desde Concepción y Chiloé. Por real orden, se mandó a habilitar una fragata del Callao, la Esperanza, y a preparar otra, la de mayor fuerza que estuviere disponible de algún particular comerciante del reino. Ambas fragatas deberían zarpar desde Perú a comienzos de noviembre de ese año (1749), para reconocer los puertos y costas de Juan Fernández, y sin detenerse en ellas, seguir hasta la ciudad de Concepción, donde recibirían los víveres para ocho meses, con los que continuarían viaje hasta "el puerto de Inche". Allí deberían quedarse, ocupando la isla y reconociendo el archipiélago de los Chonos, hasta mayo o junio de 1750, cuando deberían devolverse al Callao, pasando otra vez por la ya poblada isla de Robinson Crusoe, en Juan Fernández. Desde Aranjuez, el marqués de la Ensenada indica que es voluntad del rey que los comandantes de ambas fragatas procuren llevar a bordo "algunos chilotes que tengan conocimiento de esas costas"33.

En la misma orden del 7 de mayo de 1749, se especifica cómo debe disponerse la defensa de Juan Fernández, de acuerdo con el mapa de George Anson publicado en el libro de 1748. Debía levantarse un fortín con ocho cañones de calibres doce y dieciséis. En los otros dos puertos de la isla se construirían pequeños fuertes o parapetos de madera y piedra, con una guardia de seis hombres en cada uno, y un vigía o centinela sobre uno de los cerros que dominan la isla. El rey nombró un gobernador para aquellas islas, lo que recayó, por su experiencia práctica, en el teniente de navío don Pedro Legon, vecino de Concepción, quien "se ha mantenido mucho tiempo en la isla de Juan Fernández haciendo una gran pesca de bacalao con embarcaciones y gente que llevó a su costa, y que ha residido después allí otra temporada"34; y si no se hallase este disponible, delegaba en el presidente de Chile el nuevo nombramiento. Debían enviarse dos oficiales subalternos, cincuenta hombres de las milicias de Chile, dos capellanes pertenecientes al clero secular, un cirujano y un barbero. Hizo recaer en el virrey el envío de todo lo necesario a la nueva gobernación, que contaría con pobladores: se incentivaría el paso de familias con ración de pan y carne por dos años; reparto de tierras; instrumentos de labranza; y goce "de los privilegios, fueros y excepciones establecidos por leyes para los pobladores y de todos los concedidos últimamente para la población y establecimiento de pueblos en el reino de Chile"35, refiriéndose a la Junta de Poblaciones de Chile, instituida en 1745. Para la pronta ejecución de todo esto, el marqués de la Ensenada requirió al virrey que en el mismo navío que llegase a Chile desde Lima con la orden, se remitiera a Juan Fernández al gobernador, milicia, cañones y, si hubiere ya interesados, pobladores. Se esperaba que la fortaleza estuviese concluida en noviembre de ese año (1749), de manera tal que cuando llegase la fragata inglesa, hallase la isla poblada y defendida. Asimismo, ordenó al virrey que toda embarcación que hiciera la ruta a Chile pasara a la ida y vuelta por Juan Fernández.

A continuación, disponía también "ocupar y poblar" el puerto de Inche, "donde estuvo el pinque la Ana"36, refiriéndose a la bahía frente a la isla que Anson llamó "Inchin"37. Aunque esta acción fue ordenada a la fragata Esperanza, el marqués de la Ensenada igualmente la encargó al gobernador de Chiloé, en el caso de no poder hacerlo la primera. Debería ejecutarlo personalmente, llevando para ello gente de la provincia. Asimismo, ordenó registrar todas las islas del archipiélago de los Chonos, lo que debía ser ejecutado por el mismo gobernador junto con un piloto de Chiloé, "de los más prácticos de aquel mar"38, para que hiciese planos de los puertos y diese noticia individual de los surgideros insulares y de la tierra firme, "e igualmente de si encontrare en ellos habitadores, su genio, costumbres, producciones de la tierra y abundancia de pescados"39. Era un territorio desconocido, como en blanco, salvo en Chiloé. En Inche -ordenó el rey- debería dejarse "alguna gente", socorriéndola de todo desde Chiloé, lo que parece ser vital porque, aunque no se dice expresamente, se deduce que la real orden no desconoce que las condiciones geográficas y climáticas eran adversas al cultivo de la tierra, a diferencia de Juan Fernández. Antes, el marqués de la Ensenada había manifestado sobre las islas del archipiélago de los Chonos que "el rey tiene muy presente que [...] no son tan seguras y copiosas como Anson las persuade". Deja a criterio del gobernador de Chiloé que pueda delegar en otro el paso a la isla, la cantidad de personas que queden, la construcción de un fortín "cuando oportunamente se pueda", el paso de un sacerdote y el envío de desterrados40.

Este era el proyecto coordinado de afianzamiento de la soberanía mediante la ocupación de hecho de parajes hasta entonces sin población alguna: uno con colonos y guarnición militar y otro solo con un fuerte y dotación. Fue una acción reactiva ante la manifestación expresa del prestigiado comandante inglés de ocupar un punto del archipiélago de los Chonos, y ante la ya habitual recalada en Juan Fernández. Ambos puestos, se pensaba, serían utilizados como trampolín para atacar las costas del Pacífico americano después del cruce interoceánico.

La real orden fue recibida por el virrey el 27 de octubre de 1749, cinco meses y medio después que fuera escrita. Manso de Velasco mandó habilitar solo la Esperanza, por no haber otra embarcación capaz de artillería y, mientras tanto, despachó la escuadra de Francisco Orozco, aun en el Pacífico, para que reconociese ambos puntos41. Solo el 12 de noviembre hubo un barco disponible para enviar el aviso al gobernador de Chile, dando copia de la real orden y de la "Noticia" de Anson, enviando el título -en blanco- de gobernador de Juan Fernández; especificando que los ocho cañones que el rey requería para su fuerte se sacasen del navío Las Caldas, estante en Concepción; y requiriendo que el gobernador se trasladara desde Santiago a esta última ciudad a atender el asunto de la habilitación de víveres de la Esperanza42. El virrey tuvo ocasión de informar directamente al gobernador de Chiloé la real orden, cuando el navío Trinidad, de comercio, zarpó con ese destino el 11 de diciembre de 174943, y fue recibido los primeros días de febrero de 1750, o poco antes, nueve meses después de ser escrita en Aranjuez44. En ella le "prevenía" que, a la espera de la Esperanza, tuviera pronta una piragua -así se les llamaba a las embarcaciones locales, de raigambre indígena- en el puerto del inglés, considerado un punto de vigía en la península de Lacuy, isla grande de Chiloé, y otra en una de las islas del archipiélago de las Guaitecas, por estar enterado el virrey que allí "van los chonos todos los años"; y, suponemos, averiguar de ellos si hubiere novedad, "para que luego que se aviste la Esperanza y haga sus señales, se unan con ella y pueda el comandante, por este medio, pedirle los prácticos y auxilios que necesitare y que estén a sus órdenes, para acompañarle al referido archipiélago, si lo juzgare necesario, para el reconocimiento de sus entradas y fondeaderos"45. La escuadra de Francisco Orozco arribó a Concepción el 30 de diciembre, con armas, pertrechos, aperos de labranza y "algún caudal"46, y el 8 de enero de 1750, el presidente de Chile dictó un auto para dar cumplimiento a la real orden de 7 de mayo del año precedente47.

Ortiz de Rozas, tal como se le requería, se trasladó a Concepción a atender el urgente asunto de "ambas poblaciones". ordenó que se sacasen veintidós cañones y balas desde el navío Limeña para la defensa y el poblamiento de Juan Fernández48, y dio instrucciones a Juan Navarro Santaella, nombrado gobernador del archipiélago, mientras se esperaba el arribo de la Esperanza, que había zarpado del Callao el 14 de enero, a bordo de la cual viajaban hacia el sur "algunos prácticos de la costa de Chiloé y entre ellos uno de satisfacción, a quien con el título de práctico le asigné el sueldo de piloto mayor para compensarle el ejercicio de que se apartaba"49. El 24 de marzo de 1750 desembarcaron en Juan Fernández sus nuevos pobladores y tropa (en total 255 personas), y con ellos su gobernador. Hacia agosto de ese año ya habían levantado la capilla, hospital, almacenes y oficinas necesarias50. Catorce meses más tarde el poblado, situado al igual que el actual a la orilla del mar, fue totalmente destruido por un tsunami en la noche del 24 de mayo de 1751, generado por un terremoto que destruyó Concepción, también anegado por el tsunami. En la isla murió Navarro Santaella, su esposa y cuarenta de los pobladores. La reconstrucción de la fortificación fue inmediata y en el mismo sitio anterior.

CHILOÉ Y LA ISLA DE TENQUEHUEN

La fragata Esperanza, que se esperaba llegase a Chiloé a fines de marzo de 1750 -después de reabastecerse en Concepción de regreso de Juan Fernández-, debía, finalmente, vigilar todo el archipiélago de los Chonos51 durante tres meses (a mediados del año 1750), en busca del barco inglés que se suponía haría su travesía desde Inglaterra en el verano austral de 1749-175052. Para eso, el presidente de Chile había dispuesto que en Concepción abordaran la fragata 250 hombres "que la tripularán en guerra" por seis meses. Se esperaba que luego del invierno de 1750, y contando con la información que los indígenas del archipiélago darían a la Esperanza sobre las costas, el presidente de Chile procedería a establecer, en octubre o noviembre, un puerto formal en la bahía, frente a la isla de Inche "con todos los preparamientos convenientes y con proporción respectiva al que se queda promoviendo en la isla de Juan Fernández"53. La Esperanza salió desde Concepción rumbo a Chiloé el 16 de marzo de 175054. Al llegar al "puerto del Inglés" le informaron que, como el día 9 de marzo se había visto un navío al sur de la isla grande de Chiloé, y el día 14 se habían avistado velas de otros tres navíos en conserva rumbo al norte, se pensaba que se trataba de la fragata inglesa rumbo a Juan Fernández55 -que por entonces ya estaba poblada- razón por la cual la Esperanza se devolvió inmediatamente a ella, sin hacer el reconocimiento del archipiélago de los Chonos56. Las velas, por cierto, no eran de la fragata inglesa, que nunca estuvo en el Pacífico y esta -el origen de todo- no pasó de ser más que una errada o malintencionada información remitida desde Londres; debió haber sido la escuadra de Orozco, más la Limeña, quizá retomando el rumbo para intentar el cruce del Cabo de Hornos57.

En los siglos XVI y XVII, para la corona española, a diferencia de lo que era para Chiloé, la imagen de la Patagonia Occidental, desde Chiloé al sur, era la de un territorio carente de contenido histórico. No se consideraba vulnerable, porque la experiencia previa -el paso de Francis Drake en 1578; de los holandeses en 1600 y 1643; de J. Narborough en 1669- mostraba que no era interesante de ocupar para los extranjeros. No se pensaba llenar de contenido, como en otras fronteras de América, a esta porción vacía de las Indias. La coyuntura de 1749 puso en el mapa imperial a una isla del archipiélago de los Chonos porque ponía en riesgo las riquezas del virreinato de Lima, que era lo que en definitiva se quería resguardar. La Patagonia Occidental pasó a ser un territorio con significado estratégico y geopolítico desde esa coyuntura y durante la segunda mitad del siglo XVIII, a pesar de que esto no se tradujo en una ocupación española.

Esta atención a Chiloé era algo inédito para una provincia pobre y lejana. Órdenes peninsulares que dispusieran una expedición a Chiloé, y que se enviara un barco de guerra con este propósito, no se habían visto desde que en 1675 -y también fue inusual-, pasara a Chiloé un navío de guerra desde Perú, bien provisto y con oficialidad de alto rango, para buscar un posible establecimiento inglés entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes58. Al recibir la real orden, a comienzos de febrero de 1750, el gobernador insular, Antonio Narciso de Santa María, dispuso con prontitud las embarcaciones e instruyó a Martín López, soldado que tenía probada experiencia en dirigir patrullajes hacia los canales australes59, para hacer los reconocimientos geoestratégicos. Tal como se le ordenaba, envió una piragua al "puerto del Inglés" y otra al archipiélago de las Guaitecas, al que llegó el 6 de febrero el alférez López y su gente60, "pero poco menos que ahogados por el furioso temporal que le asaltó en el golfo que divide esta provincia con aquellas islas, el cual le anegó la piragua, de suerte que once hombres no eran suficientes para achicarla"61. Quedaban a la espera de la Esperanza, a cuyo comandante Martín López debía dar la información necesaria para que se "formase un exacto plano de la situación, costas y distancias", identificase a la población indígena y los recursos alimenticios de esos parajes, "lo que debía hacerse con esas embarcaciones de la tierra, porque en el estrecho de los canales podría peligrar la fragata"62, decía el presidente de Chile.

El archipiélago de los Chonos era ámbito de grupos indígenas, por entonces identificados imprecisamente como chonos, guaiguenes y caucahués, llamados genéricamente en la actualidad "canoeros australes". Durante el siglo XVII y hasta entonces, los habitantes de Chiloé habían realizado esporádicas expediciones con fines económicos -captura de "piezas" para ser vendidas como esclavos-; estratégicos -búsqueda de poblaciones ocultas-; y misionales63. Era una frontera muy poco perfilada, pero conocida en lo fundamental: una trastienda en la que no se temía de los ataques del "enemigo interno", de la que, en el siglo XVII, se había fantaseado con poblaciones ocultas del "enemigo externo"64. Por requerimiento del presidente Ortiz de Rozas, quien quería saber de esos lejanos y marítimos parajes, el gobernador de Chiloé, Santa María, redactó algunos párrafos para informar lo que ya se sabía en la provincia: la hostilidad del territorio a las maneras europeas de poblar la tierra, y la no agresión -y hasta indiferencia- entre los indígenas y los españoles de Chiloé.

Santa María demostró en su información que, aunque Chiloé no tenía poblado o fuerte en su enorme frontera sur, estaba al corriente de ella a través de los indígenas. Averiguó, dice, "entre los hombres más prácticos de esta provincia"65, e informó que en todo el archipiélago no había isla o lugar que se llamara Inche, y que el Anna estuvo anclado en una isla llamada Tenquehuen, lugar que, además, coincidía con la latitud dada por Anson: 45°30'66. Da su teoría de por qué pudieron haberla llamado "Inche" los ingleses: esa palabra significa "mía" en lengua chona, y quizá, ante la pregunta de cómo se llamaba la isla, los chonos del paraje debían haber contestado "Inche", o sea "es mía". Explicó que la isla de Tenquehuen dista veinte leguas aproximadamente de la tierra firme67, y que esa tierra firme se presenta como "cordilleras nevadas" que llegan hasta la orilla misma del mar, por lo que no podría temerse que desde allí el enemigo pudiese llegar a alguna parte, excepto que "haya algún estero o abra que pase a las pampas, lo que hasta ahora se ignora"68. Asentándose en ella, ni por la tierra firme, ni por el mar -cuyos caminos son angosturas y bajíos "que hay entre islas e islas, que son sin número"- era posible que los ingleses consiguieran acceso a Chiloé o a las pampas patagónicas. Para los indígenas, no era un lugar de recalada común, como sí los eran otros en el archipiélago, por ofrecer algún atractivo de ganado o especie vegetal, sino que en esa isla y en las cercanas solo mariscaban ocasionalmente. Aseguraba el gobernador que si los españoles de Chiloé la hubiesen de poblar, tendría el rey que abastecerlos con todo, "como se hace con el peñón del África", y por lo mismo, los ingleses no podrían ocuparla, a menos que se apoderasen también de Chiloé para mantenerla69.

EXPEDICIONES DE MANUEL BRIZUELA Y MATEO ABRAHAM EVRARD A LAS ISLAS DE TENQUEHUEN Y CAICHILU, 1750

Durante ese invierno en que la Esperanza no pudo pasar al archipiélago de los Chonos y, en específico, a Inche a cumplir su objetivo, el gobernador Santa María lo ejecutó con recursos de Chiloé. Santa María había previsto que, si para el 20 de marzo no llegase la fragata, para aprovechar la estación propicia del verano, saliese el alférez Martín López, destacado en las islas Guaitecas, a reconocer Tenquehuen con los seis soldados y ocho indios que tenía en su comando70. Ya sin contar con la fragata, el gobernador organizó una expedición al mando de su ayudante, Manuel Brizuela, a quien debía unírsele Martín López y su gente a cargo. El viaje se realizó entre el 21 de marzo y el 11 de junio de 1750; en acto solemne, tomaron posesión de la isla de Tenquehuen, donde estuvo el Anna, y "en la misma peña donde se amarró, clavaron una cruz grande, embutido en ella un escudo de armas de León y Castilla, que en todos tiempos acreditare la posesión que en el real nombre de V. M. había tomado"71. Pero por no ofrecer terreno adecuado y habitable, levantaron un refugio en "la isla inmediata de Caychilu, que está a la vista del puerto donde ancló el pinque inglés"72. En ella, por falta de bastimentos para todo el grupo, Brizuela dejó solamente un soldado -Pedro Sánchez Navarro- y al cacique de la reducción de Abtao, Diego Llayquen, quienes debían esperar la llegada de una nueva expedición hasta el fin del invierno73. Brizuela hizo el recorrido por las costas expuestas al océano Pacífico, es decir, tocando la isla Guafo y siguiendo hacia el sur: la "Noticia" de Anson daba puntual ubicación del paraje donde había estado el Anna, al que Brizuela llegó guiado por "Domingo Guenupal, principal práctico de Tenquehuen"74. En su diario75, argumenta por qué le pareció imposible mantener población en esos parajes -dice que la isla es solo risqueríos, montes cubiertos de piedra y nieve, sin ni siquiera paja para el techo de las casas-, y entregó tres planos de la isla76 que, sin embargo, no consignan latitudes.

 

Figura 3
 
 
Fuente: AGI, Mapas y Planos, Perú-Chile, 34.

 

Para corregir la falta de latitudes en el plano y averiguar si los ingleses habían llegado a Tenquehuen durante el invierno, cuatro meses más tarde el gobernador Santa María envió al refugio de Caychilú otra expedición. Estaba a cargo del sargento mayor Mateo Abraham Evrard77, el mismo quien en el año 1743 había ido al sitio del naufragio de la Wager por orden del gobernador, y cruzando por tierra el istmo de Ofqui, en sentido norte-sur, había recuperado para Chiloé catorce cañones de hierro y bronce, de los veintiocho que llevaba la fragata78. Salió el 5 de octubre de 1750, con tres piraguas y cuarenta y dos hombres de la tropa reglada (pagada o veterana), varios caciques de Calbuco y prácticos chonos. Iba con orden de levantar un fuerte de madera en la isla de Caychilu -el que se llamó San Fernando de Tenquehuen-, y de dejar en él a su alférez, seis soldados, dos caciques de Calbuco y un chono práctico, con una piragua, por seis meses para mantener la vigilancia79, lo que cumplió, y regresó a Chiloé en noviembre de 1750. De su viaje no tenemos más noticia que la muy concisa ya referida. En la Historia geographica, conocida como de autoría de Manuel de Amat y Junient, pero escrita por José Perfecto de Salas80, se confunde el viaje de 1743 -por el mar interior e istmo de Ofqui- con el de 1750, de cara al océano Pacífico, como el de Brizuela, y es difícil distinguir a cada uno. Lo más probable es que dicha Historia solamente se refiera a la expedición de 1750 cuando dice de Mateo Abraham Evrard que "su primera salida fue el año 1749 por la costa del oeste del archipiélago entrando por todas sus canales, en el cual viaje levantó el fuerte de Aychilu desde el cual tomaba sus derrotas, y en este viaje corrió hasta la punta de los Tres Montes lo cual no montó por ser muy brava y que [en] opinión de algunos excedía el Cabo de Hornos"81.

Santa María estaba bien informado de su frontera sur, porque el fuerte fue de corta existencia -solo dieciocho meses-, hasta que una real orden mandó a que se demoliese y arruinase la fortificación y población "por ser el lugar incapaz de que se mantuviese allí guarnición por lo rígido e irregular del temperamento"82. Con los viajes de Brizuela y Evrard en 1750, desde Chiloé se pudo comprobar la inexistencia de un enclave inglés en el Pacífico; la inutilidad que tendría en caso de haberlo y, por lo tanto, que las sospechas eran infundadas. Aun así, otras "noticias" de Londres, en el contexto de otras guerras con Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVIII, generaron órdenes al gobernador de Chiloé y nuevos reconocimientos destinados al puerto de Inche, como desde entonces se llamó al paraje donde estuvo originalmente el Anna. En 1763, Juan Antonio Garretón dispuso una expedición de reconocimiento del archipiélago de los Chonos, que debía dar noticias de las islas Tenquehuen y Caychilú, Aychilú o San Fernando, al mando del ayudante de milicias José Domínguez. Le dio instrucciones en Chacao, en 18 de febrero de 1763, para ir al "reconocimiento de la isla de Inche y demás puertos de las Guaitecas", que en realidad es el archipiélago de los Chonos, señalándole la derrota por la isla Guafo, y nombrando algunos topónimos en el intermedio83. La ruta señalada da cuenta de lo recorrido y cartografiado por Mateo Abraham en 1750. El 23 de febrero, Domínguez salió desde Castro en una embarcación, al mando de dieciocho personas entre indios y españoles84, pero no hay noticias de los resultados de este viaje.

Las expediciones siguientes fueron misionales y por el mar interior, donde era factible encontrar mayor número de indígenas que en mar afuera (por ejemplo, la del jesuita José García en 1766-1767). En 1765 ocurrió la ocupación inglesa de las islas Malvinas, y en 1766 la declaración de guerra y el recelo del rey de España de un intento de "establecimiento por los ingleses en alguna isla de esos mares, o los del sur, y acaso en sus costas"85. Como consecuencia de ello, hubo una primera expedición enviada desde Lima por el virrey Manuel de Amat y Junient: la de Cosme Ugarte y Pedro Mansilla (1767-1768), con el objetivo de llegar a la isla Madre de Dios, donde se sospechaba se habían instalado los ingleses, y que recaló en la isla de Tenquehuen86; una segunda, complementaria a la anterior, enviada desde Chiloé, al mando de Francisco Machado y José de Sotomayor (1768-1769)87, reconoció la isla de Tenquehuen, que sitúa en 45° 47' latitud sur, y la de Inche. Doblaron el golfo de Penas y siguieron por el canal Mesier hasta los 49° y medio; y una tercera (1770-1771), para reconocer una vez más el puerto donde había estado el Anna, al mando de José Rius, quien llegó a los puertos del Anna, al de Diego Gallegos, "islas de Inchin (Inche) y San Fernando", y regresó sin novedades88.

CONCLUSIONES

El refugio temporal de ingleses en Juan Fernández, islas de Guayaneco o en Inche no amenazaba la estabilidad del reino, sino que la del Perú o de las posesiones españolas en el océano Pacífico, al norte de Chile. El archipiélago de los Chonos era una periferia de Chiloé, que a su vez era la periferia del reino de Chile, y este lo era respecto de los centros indianos: México y Perú. Por eso, guerras ajenas al reino de Chile, y las coyunturas por noticias de amenazas al Perú venidas desde Londres, obligaron al rey a dar atención a estas islas del océano Pacífico. Esta valoración e interés del centro, o imperial, la coyuntura geopolítica del peligro inminente y el episodio del proyectado fuerte en el archipiélago de los Chonos fue utilizada convenientemente por la periferia, porque dio ocasión al gobernador de Chiloé de captar la atención de la autoridad superior hacia esa provincia y pedir mayores recursos, dotación militar y beneficios de aquella aislada provincia, lo que, en la segunda mitad del XVIII, la transformó en un enclave estratégico del Mar del Sur, elevada a la categoría de gobernación-intendencia. En su primera carta, del 7 de febrero de 1750, Antonio Narciso de Santa María manifestó que, de instalar los enemigos un asentamiento en Tenquehuen, "nunca lo pudieran mantener sin hacerse dueños de esta provincia", donde conseguirían "gente" (indígenas), bastimentos, maderas, cáñamo, jarcia y velamen y desde Chiloé se extenderían sin problema a Valdivia89.

La estancia en Chiloé de los náufragos de la Wager, advierte el gobernador, debió darles una idea completa del estado de indefensión de la provincia, por carecer de fuertes y de gente de guerra, salvo solo dos compañías90. Por eso, aunque la corona española mantuviese un fuerte en Tenquehuen, de nada serviría si no se tuviese en pie de defensa Chiloé, pues los ingleses podrían pasar a apoderarse de él: "en esta provincia se debe cargar la mayor atención, como que es la llave de todo este mar". Entonces pidió al presidente de Chile armamento para la formación de cuatro a seis compañías de cincuenta hombres de Chiloé cada una, pues era "gente lúcida y propia a resistir los tiempos de aquella altura, como que están connaturalizados con su temperamento", y de la provincia también serían los oficiales, porque está "llena de hombres de sobrados méritos"91.

De esta forma, Santa María fue el primero en llamar la atención sobre la importancia estratégica de la provincia de Chiloé como "llave de todo este mar"92, y la urgencia de prestarle atención. Lo que planteó en su carta el virrey fue el origen del discurso de su sucesor Carlos de Beranger, quien, asistido por la efectiva ocupación de las islas Malvinas y las sospechas "fundadas" de querer ocupar los ingleses la isla Madre de Dios en el archipiélago de los Chonos, logró la separación de Chiloé de Chile, la fundación de una nueva ciudad-fuerte (San Carlos de Ancud) y la fortificación del canal de Chacao.

Aprovechó la ocasión para aclarar que, de poblarse alguna isla del archipiélago de los Chonos, era preferible hacerlo en la Guaiteca (la más grande del archipiélago de las Guaitecas), que es el sector más septentrional del archipiélago de los Chonos -es decir, más cercano a Chiloé-, por tener terrenos como para poblar, cultivar, agua, peces, mariscos, madera, lo que la hacía preferible a las otras, también para el enemigo. Instó al presidente del reino a que se atendiera Chiloé y la isla Guaiteca, "pues es la llave de todo, y sin ella dudo que ninguna nación se pueda mantener en aquellos parajes por los muchos costos y riesgos que tuvieran para ello"93. Con esta valoración de las islas Guaitecas -por escrito en 1750- Chiloé confirmaba su experiencia histórica de darles importancia, porque habían sido la cabecera de la penetración a los archipiélagos australes desde la relación con el cacique chono Pedro Delco, en 1609, y lugar donde los jesuitas habían mantenido por corto tiempo capillas y una misión entre las décadas de 1610 y 1630. Eran la puerta de entrada al sur y el lugar donde se conseguía información proveniente de los chonos. El presidente lo transmitió al marqués de la Ensenada, quien recomendó poblar la Guaiteca y poner allí soldados, para lo que enviaría 300 fusiles94, lo que, sin embargo, nunca se realizó.

Santa María estaba informado de su frontera sur. Le parecía que "en aquel archipiélago [de los Chonos] no se debía solicitar mayor conocimiento que el que se tiene"95; conocimiento nacido de la experiencia, pero también de los indígenas chonos y de los recientemente trasladados caucahués, desde 1743, los que en sus constantes movimientos, y al ser requeridos de la autoridad, daban cuenta de los parajes del sur -el rector del colegio jesuita de Castro, Chiloé, explicaba en 1744 la movilidad de "los chonos o guaiguenes", los que "han estado yendo y viniendo toda la vida y todo este año yendo y viniendo, y proseguirán yendo y viniendo"96- sin que fuera necesario enviar expediciones, que además, no podían acceder a las zonas más meridionales, porque las embarcaciones españolas eran demasiado grandes para los canales australes y como para ser arrastradas o desarmadas y cruzar las franjas de tierra que se interponen entre los caminos del agua. Además, en Chiloé se tenía por segura la fidelidad al rey de las "naciones" de indios, a diferencia del desconocimiento imperial sobre el asunto. El conocimiento local revocaba uno de los pilares de la recomendación de Anson, que era el mantenimiento mediante la provisión indígena y la proyección a Chile con el apoyo de ellos como aliados.

El tiempo dio la razón a Santa María, porque luego de mantenerse allí durante un año y medio, una real orden ordenó la demolición de la fortificación "por ser el lugar incapaz de que se mantuviese allí guarnición por lo rígido e irregular del temperamento"97: ni los ingleses estaban interesados en esas islas y costas, ni el fuerte prestaba utilidad alguna, sino que era, solamente, un punto en la inmensidad de la Patagonia insular, tal como la misión de Nahuelhuapi lo había sido en la Patagonia continental.

NOTAS

1 Gabriel Guarda, Flandes Indiano. Las fortificaciones del reino de Chile, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1990, 8.         [ Links ]

2 Isidoro Vázquez de Acuña, "La jurisdicción de Chiloé (siglos XVI al XX). Su extensión, exploración y dominio", Boletín de la Academia Chilena de la Historia 103, Santiago, 1993, 111-119.         [ Links ]

3 Certificación dada en Castro, 5 de agosto de 1715, en Abraham de Silva y Molina, Historia de la provincia de Chiloé bajo la dominación española (manuscrito), 1899. Archivo Nacional Histórico de Chile (en adelante ANH), Fondo "Varios", vol. 141, fj. 35.         [ Links ]

4 Walter Hanisch, La isla de Chiloé, capitana de rutas australes, Santiago, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago, 1982;         [ Links ] Fernando Casanueva, "La evangelización periférica en el Reino de Chile", Nueva historia 5, Londres, 1982, 5-30;         [ Links ] Rodolfo Urbina, "El pueblo chono: de vagabundo y pagano alzado a cristiano y sedentario amestizado", Fernando Navarro (ed.), Orbis Incongnitus. Avisos y legajos en el Nuevo Mundo. Homenaje al profesor Luis Navarro García, vol. I, Huelva, Publicaciones de la Universidad de Huelva, 2007, 337-338;         [ Links ] Rodrigo Moreno, Misiones en Chile austral: los jesuitas en Chiloé, 1608-1768, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Hispano-Americanos / Universidad de Sevilla y Diputación de Sevilla, 2007.         [ Links ]

5 Guarda, op. cit.; Isidoro Vázquez de Acuña, Las incursiones corsarias holandesas en Chiloé, Santiago, Instituto de Investigaciones del Patrimonio Territorial de Chile, Universidad de Santiago, 1992.         [ Links ]

6 Rodolfo Urbina, La periferia meridional indiana. Chiloé en el siglo XVIII, Valparaíso, Ediciones de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2012 (1a edición 1983).         [ Links ]

7 Esta guerra enfrentó a ambas coronas principalmente en el Caribe -donde las acciones de la poderosa flota británica estuvieron al mando del almirante Vernon-, pero también en el Atlántico y en el Pacífico. Fue una guerra de grandes proporciones por los recursos involucrados y la extensión del territorio en que tuvo lugar. El tratado de Aquisgrán le puso fin, retornando la posesión de las tierras al statu quo anterior.

8 Estaba compuesta por el Centurion, la nave capitana (1.005 toneladas, 70 cañones, 400 hombres), el Gloucester (853 toneladas, 50 cañones, 300 hombres), el Severn (853 toneladas, 50 cañones, 300 hombres), el Pearl (600 toneladas, 40 cañones, 250 hombres), el Wager (599 toneladas, 24 cañones, 120 hombres), y el Tryal (200 toneladas, 8 cañones, 70 hombres). Los pertrechos era transportados por el mercante Anna.

9 Valdivia se suponía debilitada, porque en Inglaterra se tenía noticia de los daños que el terremoto de 1737 hizo en sus fuertes: Glyn Williams, El mejor botín de todos los océanos. La captura de la nao de China en el siglo XVIII, México, Editorial océano, 2002, 72.         [ Links ]

10 Idem.

11 Las fuentes más completas que se tienen sobre este naufragio son los tres libros publicados a su regreso a Inglaterra por cuatro de sus tripulantes: los guardiamarinas John Byron y Alexander Campbell, John Bulkeley y John Cummins: John Byron, The narrative of the honourable John Byron: containing an account of the great distresses suffered by himself and his companions on the coast of Patagonia, 1768; Alexander Campbell, The sequel to Bulkeley and Cummins's voyage to the South-Seas, 1747; John Bulkekey & John Cummins, A voyage to the South-Seas in the years 1740-1. Containing a faithful narrative of the loss of his majesty's ship the Wager, the whole compiled by persons concerned in the facts related, viz, John Bulkeley and John Cummins, London, Jacob Robinson Publisher, 1743.

12 "Expediente sobre un conflicto entre el gobernador de Chiloé y el colegio jesuita de Castro, 1744", Archivo del Arzobispado de Santiago, Chile (en adelante AAS), sin clasificación, 52 fjs., en papel sellado. Fue levantado en 1744 por el gobernador de Chiloé, Juan Victorino Martínez de Tineo, para hacer averiguaciones sobre el despacho que los jesuitas de Chiloé hicieron de una embarcación tripulada por indígenas caucahués al sitio del naufragio del Wager, para extraer su hierro.

13 El apellido se menciona como Evrard, Eluard, o Edward: Ximena Urbina, "El naufragio de la Wager en el Pacífico austral y el conflicto del hierro en Chiloé", Rafael Sagredo y Rodrigo Moreno (eds.), Del Mar del Sur al Pacífico, Santiago, Editorial Universitaria / DIBAM, 2014, 241-280 (en prensa).         [ Links ]

14 "Historia geographica e hidrographica con derrotero general correlativo al plan del reino de Chile que remite a nuestro monarca el señor don Carlos III, que Dios guarde, rey de las Españas y de las Indias, su gobernador y capitán general don Manuel de Amat y Junient", Revista chilena de historia y geografía 60, Santiago, 418.         [ Links ]

15 Juramento "de ser leales vasallos a Su Majestad Católica, y que por ningún caso saldrán de la corona de Castilla y León bajo de cuyo amparo y patrocinio están": El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María al presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, Chacao, 30 de enero de 1750. Archivo General de Indias (en adelante AGI), Audiencia de Chile (en adelante, Chile), 98.

16 Por ejemplo, la expedición del capitán Rodrigo Navarro en 1641, y las de Bartolomé Gallardo (1674-1675) y Antonio de Vea (1675-1676) ocasionadas por las noticias dadas por el chono Talcapillán.

17 Además de la "Guerra de la Oreja de Jenkins" (1739-1748), en 1743 España había firmado el Tercer Pacto de Familia (Tratado de Fontainebleau) con Francia, Dos Sicilias y Prusia, frente a la coalición de Inglaterra, Austria y Saboya.

18 El virrey del Perú, José Antonio Manso de Velasco, al marqués de la Ensenada, Lima, 29 de enero de 1747, en respuesta a una del 30 de julio de 1745. AGI, Audiencia de Lima (en adelante, Lima), 643.

19 El presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, al marqués de la Ensenada, Santiago, 25 de abril de 1747. AGI, Chile, 186. En la carta de Ortiz de Rozas se lee que la noticia de Londres fue recibida por el rey el 5 de agosto de 1746. En una segunda carta, de 18 de marzo de 1748 el presidente de Chile hace ver al ministro de Indias que el terremoto y tsunami de Lima de octubre de 1748 puede alentar al inglés a "introducciones ilícitas" en Perú.

20 El marqués de la Ensenada al virrey del Perú, Manso de Velasco, Madrid, 18 de abril de 1748. AGI, Lima, 643.

21 El virrey del Perú, Manso de Velasco, al marqués de la Ensenada, Lima, 12 de diciembre de 1748. AGI, Lima, 643.

22 El virrey del Perú al marqués de la Ensenada, Lima, 12 de junio de 1749. AGI, Lima, 643.

23 Se llama A voyage round the world, in the years MDCCXL, I, II, III, IV, by George Anson, esq., commander in chief of a squadron of His Majesty's ships, sent upon an expedition to the South-Seas /compiled from papers and others materials of the Right Honourable George Lord Anson, and published under the direction by Richard Walter, London, Printed for the author, by John and Paul Knapton, 1748. Véase Marta Torres, "Un best seller del siglo XVIII: el viaje de George Anson alrededor del mundo", Biblio 3W, Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales (serie documental de Geo Crítica) 9: 531, Barcelona, 2004. Disponible en http://www.ub.edu/geocrit/b3w-531.htm        [ Links ]

24 Estos fueron de la autoría de John Philips (1744) y Pascoe Thomas (1745).

25 John Bulkeley y John Cummins (1743); Alexander Campbell (1747); Isaac Morris (¿1750?); John Young (¿1751?); y John Byron (1768).

26 La primera traducción al español es de 1833; pero antes hubo otra, hecha entre 1748 y 1752 (de José Antonio de Aguirre, con el título Vuelta al mundo dada por Jorge Anson en los años 1740, 1741, 1743 y 1744) que no llegó a ser publicada: Torres, op. cit.

27 La "Noticia" era una transcripción del libro de Richard Walter, Libro 2°, cap. III, 139-142. Otra parte del libro también circuló en castellano: el Libro 2°, cap. XIV, 279-289, como puede verse en la Real Academia Española de la Historia, Colección Mata Linares, tomo 67, doc. 2516, 7 fjs.

28 "Autos sobre la población de la isla de Inche o Tenqueguen en la provincia de Chiloé, fechado en Chacao, 17 de marzo de 1750, por Don Antonio Narciso de Santa María", AGI, Lima, 643. También AGI, Chile, 433 y ANH, Capitanía General (en adelante CG), vol. 385, fjs. 179-180.

29 "El rey ha recibido segura noticia de que en Inglaterra se estaba habilitando una fragata con catorce cañones aunque capaz de montar muchos más, y que se destina a pasar a ese Mar del Sur a hacer varios reconocimientos de las islas de él. Convida a aquella nación y corte la práctica de esta idea, la noticia que el almirante Anson da en la obra y relación que ha impreso de su viaje desde su salida de Inglaterra hasta su vuelta del continente e islas de esos mares, y las ventajas que se promete de que por su nación se ocupase alguna de ellas". El marqués de la Ensenada al virrey del Perú, Aranjuez, 7 de mayo de 1749. AGI, Chile, 433.

30 Idem.

31 Gabriel Guarda, Nueva historia de Valdivia, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2001, 124-172.         [ Links ]

32 Margarita Gascón, Periferias imperiales y fronteras coloniales en Hispanoamérica, Buenos Aires, Editorial Dunken, 2011.         [ Links ]

33 El marqués de la Ensenada al virrey del Perú, Aranjuez, 7 de mayo de 1749. AGI, Chile, 433.

34 Idem.

35 Idem.

36 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

37 La cartografía actual recoge la isla con el nombre de Inchemó. Está en 45°48'0'' latitud sur y 74°78'60'' longitud oeste.

38 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

39 Idem.

40 El marqués de la Ensenada al virrey del Perú, Aranjuez, 7 de mayo de 1749. AGI, Chile, 433.

41 El virrey del Perú al marqués de la Ensenada, Lima, 8 de noviembre de 1749. AGI, Lima, 643.

42 El virrey del Perú al presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, Lima, 12 de noviembre de 1749. AGI, Chile, 433.

43 El virrey del Perú al presidente de Chile, Lima, 31 de diciembre de 1749. AGI, Chile, 433.

44 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

45 El virrey del Perú al marqués de la Ensenada, Lima, 20 de enero de 1750. AGI, Lima, 643.

46 Y zarpó el 22 de enero desde Concepción, junto a la Limeña, hacia España con las novedades hasta entonces: El presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, al rey, Concepción, 22 de enero de 1750. AGI, Chile, 433.

47 Auto del presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, Santiago, 8 de enero de 1750. AGI, Chile, 433.

48 El presidente de Chile, Ortiz de Rozas, Río de Maule en las Patagüillas, 18 de enero de 1750, AGI, Chile, 433.

49 El virrey, conde de Superunda, al marqués de la Ensenada, Lima, 20 de enero de 1750. AGI, Lima, 643.

50 El virrey del Perú, conde de Superunda, al marqués de la Ensenada, Lima, 18 de septiembre de 1750. AGI, Chile, 188.

51 El marqués de la Ensenada al virrey del Perú, Aranjuez, 7 de mayo de 1749. AGI, Chile, 433. La recibió el virrey el 27 de octubre de ese año.

52 Véase Guarda, Flandes Indiano..., op. cit., 18-29; Hanisch, op. cit., pp. 59-65; Carlos Olguín, Instituciones políticas administrativas de Chiloé en el siglo XVIII, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 1971, 31-33;         [ Links ] Mateo Martinic, De la Trapananda al Aysen, Santiago, Editorial Pehuén, 2005, 61.         [ Links ]

53 El presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, al rey, Concepción, 22 de enero de 1750. AGI, Chile, 433.

54 Certificación dada en Concepción, 16 de marzo de 1750. AGI, Chile, 433.

55 El gobernador de Chiloé al presidente de Chile, Chacao, 17 de marzo de 1750. AGI, Chile, 433 También en ANH, CG, vol. 385, fjs. 208-210.

56 El virrey del Perú, conde de Superunda, al marqués de la Ensenada, Lima, 18 de septiembre de 1750. AGI, Chile, 188.

57 "Representación del presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, al rey, Santiago, 4 de mayo de 1750, con testimonio de autos obrados sobre las providencias de la nueva población del puerto de Inche o Tenqueguen en el archipiélago de los Chonos". AGI, Chile, 433. También en AGI, Lima, 643.

58 "Relación diaria del viaje que se ha hecho a las costas del estrecho de Magallanes, en el recelo de enemigos de Europa, por Don Antonio de Vea", año de 1675. Archivo del Museo Naval de Madrid (en adelante AMNM), Colección Fernández Navarrete, tomo XX, manuscrito 199, fjs. 576-619.

59 "Expediente sobre un conflicto entre el gobernador de Chiloé...", op. cit.

60 "Representación" del presidente de Chile, Ortiz de Rozas, al rey, Santiago, 4 de mayo de 1750, "con testimonio de autos obrados sobre las providencias de la nueva población del puerto de Inche o Tenqueguen en el archipiélago de los Chonos". AGI, Chile, 433; también en AGI, Lima, 643.

61 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al presidente de Chile, Chacao, 16 de marzo de 1750. AGI, Chile, 433; también en ANH, CG, vol. 385, fjs. 203v-207.

62 Idem.

63 Ximena Urbina, op. cit.

64 Ambos conceptos son de Guarda, Flandes Indiano..., op. cit.

65 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

66 La isla de Tenquehuen está pocos minutos más al norte de la de Inchemó (Inche), en 45°49'0" latitud sur y 74°48'0" longitud oeste.

67 La toponimia actual recoge en el mismo sector, además de las islas Inchemó y Tenquehuen, una bahía llamada Anna Pink y un lugar llamado Puerto Refugio, en la costa de tierra firme, península Skyring.

68 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, Chacao, 30 de enero de 1750. AGI, Chile, 98.

69 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

70 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al presidente de Chile, Chacao, 16 de marzo de 1750. AGI, Chile, 433. También en ANH, CG, vol. 385, fjs. 203v-207.

71 El presidente de Chile, Domingo Ortiz de Rozas, al marqués de la Ensenada, Santiago, 24 de diciembre de 1750. AGI, Chile, 433.

72 Idem. La cartografía no ha recogido ese topónimo, pero sí una isla llamada Auchilú, en 45°20'00" latitud sur y 74°36'00" longitud oeste. Es muy probable que se trate de la misma.

73 El presidente de Chile, Ortiz de Rozas, al rey, Santiago, 24 de diciembre de 1750. AGI, Chile, 433.

74 "Diario y derrotero que hace el ayudante Manuel Brizuela de la isla de Tenqueguen en el archipiélago de los Chonos desde el puerto de San Antonio de Chacao, donde me hice a la vela el día 21 de marzo del año de 1750". AGI, Lima, 643, fj. 2.

75 Idem.

76 AGI, Mapas y Planos, Perú y Chile, 34, 34BIS y 34 TER. Los planos son casi exactamente iguales.

77 No se ha conservado el diario o informe de la expedición, ni tampoco el plano general que hizo entre Chiloé y el estrecho de Magallanes, que sabemos que se realizó por la mención a él en la carta del virrey conde de Superunda al marqués de la Ensenada, Lima, 20 de diciembre de 1750. AGI, Lima, 643. El viaje se conoce porque está descrito, en términos generales, en una carta del gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, fechada en Chacao, 24 de octubre de 1750. AGI, Lima, 643; y porque está mencionada en "Historia geographica e hidrographica con derrotero general correlativo al plan del reino de Chile que remite a nuestro monarca el señor Don Carlos III, que Dios guarde, rey de las Españas y de las Indias, su gobernador y capitán general Don Manuel de Amat y Junient", Revista chilena de historia y geografía 60, Santiago, 1927, 416-418;         [ Links ] y en la misma revista: número 61, 1928, 324; y número 62, 1928, 308-309.

78 Urbina, op. cit.; Hanisch, op. cit., 60-62.

79 De Antonio Narciso de Santa María al virrey del Perú, Chacao, 24 de octubre de 1750. AGI, Lima, 643.

80 Hugo Ramírez, "El oidor fiscal Joseph Perfecto de Salas de los Ríos y su Historia Geográfica e Hidrológica con Derrotero General Correlativo al Plan del Reyno de Chile conocida erróneamente como De Amat", Revista de geografía Norte Grande 28, Santiago, 2001, 167-172.         [ Links ]

81 "Historia geographica e hidrographica...", op. cit., 417.

82 Parecer de la Contaduría sobre la fundación de Chonchi y misión de Cailín, Madrid, 28 de febrero de 1767. AGI, Chile, 240. También lo menciona Abraham de Silva y Molina, op. cit., ANH, Fondo "Varios", vol. 141, fjs. 188v-189. El 20 de marzo de 1751 el virrey dice que ha determinado que se mande retirar a la gente del fuertecillo, por ser "imposible toda población y la subsistencia de la gente". El virrey del Perú a la corte, Lima, 20 de marzo de 1751. AGI, Chile, 188.

83 Instrucciones dadas por el gobernador de Chiloé, Juan Antonio Garretón, a Joseph Domínguez, Chacao, 18 de febrero de 1763. ANH, CG, vol. 710, fjs. 129-130. Este viaje lo conocí gracias a la referencia que da Hanisch en 1982, op. cit., p. 66.

84 El gobernador de Chiloé, Juan Antonio Garretón, al presidente de Chile, ANH, CG, vol. 710, fjs. 128.

85 A Felipe Ruiz Puente, gobernador de las Malvinas, Madrid, 29 de diciembre de 1766. AGI, Lima, 1118,

86 "Testimonio de los autos originados en el reconocimiento de la isla de la Madre de Dios y demás adyacentes que de orden de S. Majestad se mandó hacer para ver si había en ellas establecimiento de ingleses", AGI, Indiferente General, 412, 111 fjs. En este "Testimonio" se halla el "Reconocimiento de costas e islas Guaitecas y Guayaneco por don Pedro Mansilla", de 6 fjs. Se ha encontrado solo una parte del diario de Cosme Ugarte, en el "Testimonio de los autos...", op. cit.

87 "Diario de navegación de don Francisco Machado", AMNM, Ms. 0165, fjs. 3-14. Instrucción dadas al piloto Francisco Machado para su expedición, más otra documentación relativa y mapas, fjs. 14v-27v. Una versión abreviada en British Library, Mss. Add. 17.593, fjs. 49v-57v.

88 "Diario que ha formado Don José Rius, teniente de la compañía de la Real Artillería del fuerte de San Carlos, nombrado comandante de la expedición que fuera al reconocimiento del archipiélago y puerto del pinque el Ana en las tierras del sur de esta provincia de Chiloé, por orden del señor gobernador y comandante general Carlos de Beranger, habiendo salido del puerto de Queil en la isla de Quinchao el día 2 de noviembre del año 1770". AGI, Lima, 1035; también en AGI, Chile, 219. Correspondencia e instrucciones en AGI, Chile, 435.

89 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

90 Idem.

91 El gobernador de Chiloé, Santa María, al presidente de Chile, Chacao 11 de marzo de 1750. AGI, Chile, 433; también en ANH, CG, vol. 385, fjs. 201-203.

92 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María, al virrey del Perú, Chacao, 7 de febrero de 1750. AGI, Lima, 643.

93 Idem.

94 El gobernador de Chiloé, Antonio Narciso de Santa María al virrey del Perú, Chacao, 24 de octubre de 1750. AGI, Lima, 643.

95 Parecer de la Contaduría sobre la fundación de Chonchi y misión de Cailín, Madrid, 28 de febrero de 1767. AGI, Chile, 240.

96 Pedro García, rector del colegio jesuita de Castro, al gobernador de Chiloé Martínez de Tineo, Chacao, 7 de mayo de 1744: "Expediente sobre un conflicto...", op. cit., fj. 18.

97 Parecer de la Contaduría..., op. cit.


Recibido: Agosto de 2013.
Aprobado: Mayo de 2014.

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