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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.498 Concepción  2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622008000200007 

 

Atenea N° 498- II Sem. 2008: 97-125

 

ARTICULOS

 

EL EMPRESARIADO MERCANTIL DE CONCEPCIÓN A FINES DEL SIGLO XIX*

COMMERCIAL ENTREPRENEURS OF CONCEPCIÓN AT THE END OF THE NINETEENTH CENTURY

 

LEONARDO MAZZEI DE GRAZIA
Profesor de Historia de Chile y Americana
Universidad de Concepción y Universidad Nacional
Andrés Bello.
E-mail: lmazzei@udec.cl. Chile


RESUMEN

En este artículo se analiza la conformación del empresariado comercial de Concepción en las décadas finales del siglo XIX, en que culmina una etapa de expansión de la economía regional, como fue la segunda mitad de ese siglo. La fuente utilizada la constituyen los Registros de Comercio, en que se inscribe la formación de sociedades. Se puede advertir que el empresariado dominante en la región eran las firmas extranjeras, cuyo centro en el país fue el puerto de Valparaíso. La única firma local que por su capital y gestiones se equiparaba a aquéllas fue la casa de Mauricio Gleisner y Cía. Analizamos el número y tipo de sociedades que se formaron en Concepción, sus giros mercantiles, los capitales invertidos y la procedencia de los socios, fuesen nacionales o extranjeros. Considerando los capitales de las sociedades establecemos una jerarquización de empresas en tres tramos, determinando que fue en el tramo intermedio donde se verificó en mayor proporción la irrupción de comerciantes europeos, lo cual a nivel nacional fue denunciado por intelectuales nacionalistas como un desplazamiento de los nacionales por los extranjeros. Finalmente nos referimos a la participación que tuvo la mujer en el empresariado comercial.

Palabras clave: Empresariado, comercio, sociedades, capitales, nacionales, europeos.


ABSTRACT

This article analyzes the formation of a community of commercial entrepreneurs in Concepción at the end of the nineteenth century, when the expansion the regional economy underwent from the 1850s reached its culmination. The main source for this study is Registros de Comercio, which recorded the creation of all sorts of partnerships. We have established that the dominant businesses in the region were the large foreign companies operating in Valparaíso; the only local firm whose capital and activities compared favorably to those foreign firms was Mauricio Gleisner & Cía. We also analyzed the number and type of partnerships established in Concepción, their main activities, and the national origin of their members. In addition, we distinguish three categories of firms according to the amount of initial capital. We conclude that it was the group of middlesized companies that saw the predominance of European merchants, which at the national level was denounced by nationalistic intellectuals as a displacement of domestic entrepreneurs by foreign entrepreneurs. Finally, we examine the role of women in the region’s commercial sector.

Keywords: Entrepreneurs, commerce, partnerships, capitals, nationals, Europeans.


INTRODUCCIÓN

LOS ESTUDIOS historiográficos realizados en el país sobre el tema empresarial remiten a las conceptualizaciones de Werner Sombart y Joseph Schumpeter1. El primero, al referirse a las fuerzas motoras de la historia, expresa que el “rasgo especial característico de la época de apogeo del capitalismo es el cambio de toda la dirección en la vida económica, la cual pasa a manos de los empresarios capitalistas, que a partir de este momento –superada la marcha a través de los órganos del Estado–, transformados en los sujetos económicos de la esencia profunda de la economía capitalista, son los únicos organizadores del proceso económico, en tanto que éste se desarrolla dentro de los cuadros del sistema económico capitalista” y agrega “la ‘fuerza impulsora’ en la economía capitalista moderna es, por tanto, el empresario capitalista y sólo él” (Sombart, 1946). Por su parte, Schumpeter subrayó el carácter innovador como variable imprescindible para identificar a quienes efectivamente asumieron la función empresarial. Explica que el ciclo económico sufre alteraciones periódicas que dan nuevo impulso a la actividad económica, siendo el empresario creativo el principal inductor del cambio económico; la innovación se canaliza a través de diversas vías, en el comercio, por ejemplo, con la introducción de un bien nuevo o con la apertura de nuevos mercados (Cfr. Nazer Ahumada, 1993, pp. 19-20 y Schumpeter, 1954).

En Chile no faltaron emprendedores que se aproximan a los paradigmas de Sombart y Schumpeter y cuya acción ha sido destacada por historiadores y economistas. Entre estos últimos, Aníbal Pinto Santa Cruz en su clásica obra elogió “la acción y presencia de una falange admirable de pioneros, cuyo espíritu de empresa admite parangón con sus casi legendarios homónimos de América del Norte” (Pinto Santa Cruz, 1996:37). Y, siguiendo a Encina, los ejemplificó en los empresarios mineros Diego de Almeida, José Antonio Moreno, José Santos Ossa y José Tomás Urmeneta2. “Ese extraordinario cuarteto” en palabras de Encina. A éstos pueden agregarse varios más, entre ellos, José Tomás Ramos Font3; María Angélica Illanes analiza los casos de Gregorio Ossa Cerda, al que clasifica como prestamista, habilitador y banquero; Agustín Edwards Ossandón, habilitador y banquero; Bernardino Codecido, minero, empresario e industrial; y Matías Cousiño a quien estudia en su etapa en el mineral de Chañarcillo (Illanes, 1992), antes que se proyectara a las explotaciones carboníferas en Lota que lo elevarían al pináculo del empresariado nacional en el XIX. De modo, que, como señalamos, hubo en Chile un núcleo de empresarios que se acercaban a los modelos que los teóricos elucubrarían más tarde.

No obstante la presencia de casos como los destacados, hay quienes sostienen que predominó entre hacendados, mineros y comerciantes criollos una carencia de espíritu capitalista, producto de la rutina económica que no imponía mayores exigencias; ello contribuyó a allanar el camino hacia la dominación económica a comerciantes extranjeros, principalmente británicos, que dieron nuevos ímpetu y ritmo a las gestiones económicas. Es lo que plantea Fernando Silva Vargas en un importante estudio pionero en la historia empresarial chilena (Silva Vargas, 1977). Coincidente con ello, Sergio Villalobos expresa que los nacionales carecían del espíritu dinámico y audaz del extranjero (Villalobos, 1998: 45). Por su parte, Salazar y Pinto reconocen la existencia de empresarios pioneros nacionales, pero aun estos emprendedores “paradigmáticos” “terminaron siendo víctimas de una competencia foránea superior a sus fuerzas, y de los ciclos a que estaba expuesta una economía primario-exportadora como la chilena” (Villalobos, 1998: 74). Quienes alabaron las gestiones económicas de aquellos emprendedores sobresalientes, tuvieron que lamentar que no hayan tenido sucesores que pudieran haber estado a su altura, ya que la economía nacional fue cada vez más direccionada por agentes económicos externos. Desde la época de la Independencia habían empezado a instalarse en el puerto de Valparaíso comerciantes y casas comerciales extranjeras, principalmente británicos, que en pocos años dominaron el comercio exterior chileno. Así, ya hacia 1830, como lo ha determinado Eduardo Cavieres:“El mayor porcentaje del tráfico marítimo total de Valparaíso estaba controlado por cuatro firmas: William Gibbs y Cía., Sewell Patrickson y Cía., Alsop y Cía. y Lebrius Bertheaume y Cía. Todos ellos mantuvieron un lugar de privilegio en las décadas posteriores” (Cavieres, 1999: 128).

Por nuestra parte, nos interesa determinar qué ocurrió en la economía empresarial de Concepción, ¿sucedió lo mismo que lo acontecido a nivel nacional?, es decir, ¿se produjo el desplazamiento de empresarios locales por extranjeros? Nos referimos específicamente al empresariado que participó en el comercio, cuyo punto de partida, en la tipología de empresarios propuesta por Sombart “es la demanda del mercado y se decide a satisfacerla con aquellos productos que considera de más fácil capacidad de venta” (Cavieres, 1999: 32). Nos ocupamos no sólo del empresario de carácter schumpeteriano, el innovador que marca el rumbo de la economía, sino también de todos aquellos, por modestos que fuesen, que con montos reducidos de capital asumieron el riesgo de aventurarse en una empresa mercantil. De esta forma podemos establecer una jerarquización empresarial. Consideramos variables relativas al tipo de sociedad, giro al que se dedicaban, montos de los capitales invertidos y procedencia de los socios (nacionales y extranjeros). Finalmente, nos referimos a la participación de la mujer como socia de empresas y, en el caso de la mujer casada, como comerciante independiente previa autorización marital. El marco cronológico comprende las décadas de 1880 y 1890, finales del siglo XIX, culminación de una etapa (segunda mitad de esa centuria) que ha sido estimada como uno de los períodos de mayor dinamismo de la economía regional.

LAS FUENTES

Sombart advirtió una evolución desde la empresa privada singular a la empresa social, principalmente a la sociedad anónima. Aun cuando se trate de empresarios individuales sobresalientes, la tendencia prevaleciente es a asociarse, a unir esfuerzos, habilidades y recursos monetarios en función de optimizar las utilidades.

Fuente indispensable para el estudio de las sociedades la constituyen los registros de Conservadores de Comercio, en los que se inscriben todas las sociedades formadas por escritura pública, especificando la razón social, el tipo de sociedad (fuesen colectivas, en comandita, de responsabilidad limitada o sociedades anónimas), la individualización de los socios, el monto del capital (pormenorizando el aporte de cada socio), prórrogas, modificaciones y disoluciones de las sociedades. También incluye las autorizaciones maritales para que la mujer casada pudiera asumir determinadas acciones económicas. Asimismo poderes generales o especiales otorgados por firmas o empresarios individuales de otras ciudades para dirigir las sucursales o actuar como representantes en el departamento de que se trate4.

Nuestro estudio está referido al departamento de Concepción, que comprende la ciudad capital de la provincia, donde tuvo su domicilio el mayor número de las compañías comerciales y, por cierto, las sucursales y representaciones de las firmas extrarregionales; aparte de la ciudad de Concepción, el área jurisdiccional del departamento abarcaba desde el puerto de Lirquén por el norte hasta la localidad de Hualqui a orillas del BíoBío por el sur. Sin embargo hay inscripciones en los que este ámbito jurisdiccional es excedido.

EL EMPRESARIADO DOMINANTE

A través de las fojas de los registros de comercio se constata la inscripción de numerosos poderes otorgados por firmas comerciales, bancos y particulares, fundamentalmente de Valparaíso o que tenían su casa central en el país en ese puerto, para establecer sucursales o ejercer representaciones en Concepción. Ejemplifica este tipo de delegación el poder especial suscrito en Valparaíso (17 de abril de 1891) por Guillermo R. Henderson, “como socio y representante de la sociedad que gira con la firma social Williamson Balfour y Cía., mayor de edad, de este domicilio, a quien doy fe conozco y dijo: que confiere poder especial bastante al señor Guillermo K. Steel, para que en nombre de la casa de Williamson Balfour y Cía. pueda firmar en las aduanas de Talcahuano y Coronel pólizas, endosos, recibos… y todo otro documento fiscal que se requiera para el despacho de buques y mercaderías en general…”. La firma, pues, ejercía su giro principal en el comercio exterior, encargándose además al mandatario otros cometidos relacionados con la gestión mercantil5. En el año 1893 la misma casa comercial dio un poder general (amplio, se especificaba) a Guillermo Osman Borrowman “para dirigir las operaciones mercantiles y de todo género que comprenden las sucursales que la casa de Williamson Balfour y Cía. tiene establecidas en las ciudades de Concepción y de Traiguén”. La extensión de una sucursal a Traiguén, en la Frontera, obedecía al propósito de facilitar la captación del trigo de esa área, como lo hicieron asimismo otras de sus congéneres, que Calles céntricas de Concepción a principios del s. XX llegaron a insertarse en la esfera productiva estableciendo molinos; así, por ejemplo, la empresa de que tratamos fue propietaria del molino Santa Rosa, uno de los más importantes del país, ubicado en la misma ciudad de Concepción; mientras que la Duncan Fox, a través de la Compañía Molinera El Globo, tuvo molinos en Traiguén,Angol, Collipulli, Renaico, Nueva Imperial, Mulchén, Talcahuano y Penco (Cfr. Mazzei de G., 1991: 29). De manera que se advierte en estas casas comerciales una tendencia a dominar no sólo en el comercio, sino también en ramas del proceso productivo.

En los comienzos de la década de 1890, la composición societaria de Williamson Balfour incluía a Stephen Williamson; la firma Balfour, Williamson y Cía. y Archibald Williamson; todos ellos residentes en Inglaterra; y los socios William Ritchie Henderson y Kenneth Mathieson domiciliados en Valparaíso. Se producía una relación mercantil vertical que partía de Inglaterra, seguía a Valparaíso y desde este puerto a Concepción. Caso semejante es el de la firma Weir Scott y Cía., aunque ésta contaba con una mayor proporción de socios residentes en Valparaíso. Su composición societaria era encabezada por William Scott residente en Escocia, y le acompañaban Elizabeth Weir domiciliada en Ealing, Middlese, Inglaterra; y Ewen Cameron, Archibald Kyle, Andrew Galbraith Scott y Robert Thomas Scott; estos cuatro últimos domiciliados en Valparaíso, desde donde se extendieron, a través de sucursales, a Santiago, San Felipe, Talca, Chillán y Concepción.

No solamente fueron británicas las firmas de origen extranjero que ampliaron sus giros hasta Concepción. También las hubo de otras nacionalidades, sobre todo alemanas; éstas fueron incluso superior en número, aunque generalmente eran de menor proyección que las casas británicas más importantes. Una de ellas fue la firma G. R. Fischer y Cía., cuyo socio principal, Georg Rudolph Fischer, residía en Hamburgo, como igualmente lo hacía otro socio: Theis Adolf Nissen; mientras que otros dos vivían en Chile: Augusto Schazmann y Carlos Bohmer, estos últimos no aportaban capital, pero se encargaban de la administración de las sucursales que la firma hamburguesa estableció en Chile: en Concepción (a cargo del socio Schazmann) y en Valdivia (a cargo del socio Bohmer). Por consiguiente, esta firma alemana no se extendió al país teniendo como plataforma el puerto de Valparaíso, sino ligando directamente a las sucursales sureñas. Sin embargo, tal como ocurrió con las casas británicas, la mayor parte de las casas alemanas se proyectaron de Valparaíso a Concepción.

En la revisión de los registros de comercio de Concepción en las dos últimas décadas del XIX, constatamos un número de 62 poderes otorgados por casas comerciales y bancos extrarregionales. Su distribución se incluye en el Cuadro 1.

CUADRO 1. Poderes otorgados por bancos y casas comerciales para efectos de su representación en Concepción 1880-1900.

Otorgantes
%
Bancos
22
35,5
Firmas alemanas
16
25,8

Firmas británicas

10
16,1
Firmas francesas
6
9,7
Firmas de EE.UU.
4
6,5
Firmas nacionales
3
4,8
Firma china
1
1,6
Total
62
100,0

De manera que los más frecuentes otorgantes de poderes fueron los bancos, a pesar de que ya existían dos bancos regionales: el Banco Chileno Garantizador de Valores del Sur y el Banco de Concepción. En Concepción tuvieron sucursales los bancos Nacional de Chile, Comercial de Chile, de Valparaíso, Internacional de Chile, Banco de Chile (en el que se refundieron en 1893 los bancos Nacional de Chile, de Valparaíso y Agrícola) y Banco de Santiago, entre los nacionales. Corresponde esta expansión de las instituciones financieras a la etapa de cobertura nacional de la banca, acertadamente así llamada por César Ross: “El sector bancario chileno alcanzó una dimensión nacional, con una fuerte concentración en las zonas más densamente pobladas y en las que dominaba la vida urbana.Valparaíso, Santiago y Concepción se transformaron en los centros de la actividad bancaria chilena que, en las dos últimas décadas del siglo, logró cobertura nacional” (Ross, 2003: 59).

En cuanto a las casas comerciales, los poderes concedidos por las alemanas superaban numéricamente a los de las británicas, en concordancia con una afirmación hecha anteriormente en cuanto a que el número de las firmas germanas era superior al de las británicas. Incluso la diferencia en los guarismos se incrementa al considerar que varios de los poderes otorgados por los bancos correspondieron al Banco Alemán Transatlántico y al Banco de Chile y Alemania que también tuvieron sucursales en Concepción. Ello concuerda también con la apreciación de Couyoumdjian en cuanto a que “la penetración económica germana se desarrolló especialmente desde 1890 en adelante, ayudada por la existencia de una próspera comunidad alemana que se había establecido en el sur de Chile a mediados del siglo XIX” (Couyoumdjian, 1986: 41-42). En efecto, para el caso de Concepción hubo firmas alemanas de Valdivia que establecieron representaciones en la ciudad, como ocurrió, por ejemplo, con la sociedad Andwanter Hermanos y Cía. Por otra parte, en esa época se había consolidado una colectividad alemana en la provincia de Concepción, que alcanzaba a las 556 personas de acuerdo a los datos del censo de 1895, siendo aventajados sólo por los españoles (674 personas) y por los británicos (654 personas). Creemos que esta dinámica proyección a Concepción de sociedades extrarregionales de origen germano, se vio opacada por la presencia que tuvieron las grandes firmas británicas, como la Duncan Fox, Williamson Balfour, Weir Scott y la casa Gibbs. Además muchas empresas alemanas que ampliaron sus gestiones a Concepción o que se constituyeron en esta ciudad y en la provincia, durante la Primera Guerra Mundial tuvieron que sufrir los efectos de las listas negras decretadas por el gobierno británico, que en muchos casos afectaron la continuidad de sus giros.“Una vez que una compañía era incluida en la lista, se prohibía a todos los súbditos británicos comerciar con ella, se le cancelaban sus seguros, sus operaciones de crédito y banca, se le suspendía el servicio de cables y se les negaban provisiones y combustibles para sus naves” (Couyoumdjian, 1986: 139). Las listas incluían no sólo a alemanes, sino también a personas de otras nacionalidades (chilenos, en nuestro caso) que se estimaban colaboracionistas del enemigo; pero en su mayoría eran alemanes o descendientes. Constatamos para Concepción la inclusión en estas listas del nombre de 35 firmas o empresarios alemanes o de origen alemán, sin considerar a los “colaboracionistas”. Entre ellos aparecen Daube y Cía. que trabajaba en el ramo de droguería y farmacia en Valparaíso, Santiago, Concepción y Antofagasta; E. W. Hardt y Cía., comerciantes mayoristas, especialmente en el ramo de textiles; Leopold Reítze y Cía.; Ricardo Schulz, comerciante individual; Voelcker y Cía.; Weber y Cía.; Lange y Cía.; y Mauricio Gleisner y Cía., esta última la más importante firma propiamente regional, es decir formada en la región, a la que luego nos referiremos.

Volviendo al tema de los poderes, cabe preguntarse quiénes eran las personas a las que se les entregaban. Dado el predominio de las firmas extranjeras, no es extraño que fuesen principalmente foráneos. De un total de 64 otorgamientos, 49 (76,6%) correspondieron a extranjeros y sólo 15 (23,4%) a nacionales, generalmente abogados de prestigio6. Por lo común estos representantes eran residentes de Valparaíso que se trasladaban a Concepción para ejercer sus cargos que generalmente duraban poco tiempo, luego del cual volvían a Valparaíso o seguían a otros destinos. De manera que había escasa integración con la sociedad local, permaneciendo el grupo de ejecutivos como un sector aparte; concordaba con ello la inclinación de colectividades como la británica, la germana y la francesa por instalar sus domicilios en las afueras de la ciudad, en el sector llamado Agua de las Niñas (hoy Avenida Pedro de Valdivia), cuya presencia la recuerda el nombre de algunas de sus calles, las avenidas Alemana, Francesa e Inglesa. Ello contrastaba con la ubicación domiciliaria de la elite terrateniente local, que tenía sus residencias urbanas en el área central de la ciudad.

Hubo algunas firmas con domicilio en el centro del país, en las que figuraron como socios comerciantes residentes en Concepción. Dos casos ilustrativos: Mack, Reítze y Cía., de la que fueron socios Guillermo Mack, domiciliado en París; Leopoldo Reítze y Herman Cose de Valparaíso; y Amaro Pérez de Concepción; giró en el “ramo de importaciones, comisiones y demás propios y ordinarios de comercio”, con un capital nominal de $ 900.000, al cual no aportaba el socio residente en Concepción, contribuyendo en cambio con su trabajo para administrar la sucursal que la firma abriría en esta ciudad (24 de febrero de 1892). El otro caso es el de la sociedad Stockmeyer y von Borries, integrada por Carlos Stockmeyer comerciante de Concepción y Edwin von Borries comerciante de Santiago, quienes quedaban a cargo de las negociaciones de las firmas en las ciudades de sus respectivos domicilios (12 de agosto de 1895).

MAURICIO GLEISNER Y CÍA.

Fue la única sociedad regional equiparable a las principales firmas extranjeras que desde Valparaíso se proyectaron a Concepción. En otro trabajo hemos incluido una reseña de esta empresa, de la que extractamos las informaciones siguientes. El fundador fue un colono alemán, Mauricio Gleisner, quien llegó al país en el proceso de colonización alemana de mediados del XIX, instalándose en Valdivia donde se dedicó a la industria de curtiduría. Posteriormente se trasladó a Nacimiento, puesto de penetración mercantil hacia la Araucanía y que se conectaba por la vía fluvial del BíoBío con Concepción. En Nacimiento estableció una curtiembre, una fábrica de jabón y velas y un negocio de artículos surtidos. Las suelas que producía se exportaban a Hamburgo y desde este puerto se iniciaron a su vez las importaciones, especialmente de artículos de ferretería. En Lota también puso una curtiembre y una fábrica de jabón y velas. En 1872 cambió su condición de empresario individual para formar una sociedad con la razón social de Mauricio Gleisner y Cía., que perduró hasta casi finales del siglo XX; en aquella primera sociedad se asoció con Wolrad Schumacher, su cuñado que tenía la misma nacionalidad (Couyoumdjian, 1986: 57).

En 1880, la empresa formada como sociedad colectiva, estaba integrada por los siguientes socios: Mauricio Gleisner que había cambiado su domicilio al puerto de Hamburgo, y Wolrad Schumacher, Maximiliano Schumacher, Federico Uslar y Guillermo Gesswein, todos éstos residentes en Concepción; el giro incluía compra y venta de mercaderías extranjeras y del país, curtiembre y jabonería; es decir, seguía abarcando tanto el comercio como la actividad industrial. Su capital nominal era de $ 186.000, en su mayor parte aportado por el socio principal: $ 168.000 (equivalentes a un 90%). En 1882 se volvió a modificar la composición societaria, dejando de ser socio Federico Uslar y cambiando su domicilio a Lota el socio Maximiliano Schumacher para atender los negocios que la sociedad tenía en esa localidad; su giro comprendía “explotación de curtidurías, jabonería, velerías, importación y venta de mercaderías extranjeras, exportación de productos nacionales y todos los demás negocios que los socios estimen convenientes”; el capital nominal subió a $ 500.000, de los cuales Gleisner aportó $ 375.000 (equivalentes ahora a un 75%), “en bienes raíces ubicados en Nacimiento y Lota, maquinarias, existencias de curtiembres, jabonerías, velerías, documentos, cuentas por cobrar y efectivo”.

En la década final del siglo la casa Gleisner y Cía. acentuó el énfasis en las gestiones industriales, sin dejar de ser gravitante en el comercio de exportación e importación. Muestra de ello fue la incorporación a sus negocios de la Refinería de Azúcar de Penco, establecida sobre la base de una anterior fábrica del ramo, la Refinería Sudamericana de Azúcar de propiedad de Teodoro Plate y Oscar Mengellier, formada en 1886 y adquirida por la casa Gleisner en 1892; los progresos del establecimiento le permitieron competir en el mercado nacional del azúcar que se repartía entre esta fábrica y la Compañía de Refinería de Azúcar de Viña del Mar; la primera abastecía la parte del territorio que se extendía al sur de Talca, mientras que la industria viñamarina abastecía desde Talca al norte.

A fines de siglo los socios que integraban la empresa comercial e industrial eran Mauricio y Mauricio Segundo Gleisner, residentes en Hamburgo; y Wolrad Schumacher, Guillermo Gesswein y Juan B. Kramer, vecinos de Concepción; y su giro incluía “la compra y venta de mercaderías nacionales e importadas, exportación de productos del país, explotación de establecimientos industriales, agencia de vapores y de compañías de seguros y cualquier otro negocio que convenga”. Su capital nominal en 1897 era de $ 2.000.000, que la hacía aproximarse y en casos superar el capital con que operaban en el país las principales firmas extranjeras. A modo de ejemplo, citamos el caso de Weir Scott y Cía. que operaba en Chile con un capital nominal de 70.000 libras esterlinas, equivalentes a $1.336.328 al cambio de 12,5 peniques por peso, según valor cambiario correspondiente al año 1894, en que se registró el capital de la firma británica7.

PRINCIPALES SOCIEDADES MERCANTILES DE CONCEPCIÓN EN LAS DÉCADAS DE 1880 Y 1890

Aparte del caso especial de la firma Gleisner por la proyección de sus gestiones, hubo otras empresas que, sin alcanzar la consistencia de ella, conformaban, de acuerdo a sus capitales, las casas comerciales más solventes de Concepción. Hemos determinado las cinco sociedades de mayor capital para las décadas de 1880 y de 1890, expresado el correspondiente capital en pesos de un mismo año: 1885 para los años 80, en que el valor del peso alcanzó a 25,4 peniques; y para el período iniciado en 1890 el año 1895, en que el valor del peso fue de 16,8 peniques.

En la primera década, las cinco empresas comerciales de mayor relevancia por el monto de sus capitales fueron las siguientes:

–Collao Hermanos, sociedad colectiva formada en 1871, prorrogada en 1875 y vuelta a prorrogar en 1880 y en 1885. Socio de ella era Miguel Ignacio Collao, yerno de Salvador Palma Barriga empresario penquista de los mediados del XIX; Collao casó con la hija Delfina Palma Izcué. Los otros socios eran sus cuñados Aurelio, Leoncio y Justiniano Palma Izcué. La compañía giró en la explotación de la hacienda Traiguén en Ñuble, de los molinos de Tomé y de Puchacay, en la compra y venta de trigo, agregándose la elaboración de vinos. Su capital, al firmarse la prórroga de 1880, alcanzó a $ 343.600, siendo sus activos más importantes la hacienda mencionada cuyo avalúo era de $ 134.620; el molino de Puchacay estimado en $ 57.000 y el molino del Tomé en $ 43.000. En la última prórroga del año 1885 su capital llegó a $ 416.650.

–Tomás Smith y Cía., también constituida en la forma de sociedad colectiva. Fueron sus socios Tomás Smith y Manuel Jesús Solar. Giró en la compra y venta de frutos del país y de mercaderías extranjeras y nacionalizadas, agregándose la explotación de un molino a vapor y la destilación de licores en un establecimiento ubicado en Penco. Su capital en pesos del año de referencia, 1885, equivalía a 260.825.

–José María Castro y Cía., sociedad en comandita, conformada por José María Castro que la fundó en 1857; Oscar Spoerer, enviado por la firma Rose-Innes y Cía. de Valparaíso como su representante en Concepción; y otros socios comanditarios de Valparaíso que no aparecen especificados en la escritura de formación8. El giro de la empresa era la compra y venta de mercaderías extranjeras y nacionales, especialmente la importación directa de fierro, artículos de ferretería, mercería, loza, cristales y otros análogos; su capital estimado en pesos de 1885 era de $ 206.810.

–Ramón Fuentes y Cía., sociedad colectiva integrada por Ramón Fuentes y Rodolfo B. Bahamondes, comerciantes criollos; giró en la compra y venta de mercaderías extranjeras y nacionales, con un capital de $ 187.185 de acuerdo al valor de la moneda en el año de referencia.

–Mahuzier e Hijos, sociedad colectiva que a la muerte del padre Juan Gustavo Mahuzier, empresario francés, quedó a cargo de sus hijos Juan Julio, Juan Germán, Juan Enrique y Juan Carlos Mahuzier; tuvo variados giros, de los cuales los más importantes fueron la explotación de los fundos aportados a la sociedad, preferentemente en el área de Yumbel, y un establecimiento de curtiembre. Su capital alcanzó a $ 183.935.

Las informaciones de las cinco empresas mercantiles de mayor capital en la década de 1880 permiten advertir un rasgo propio de una sociedad de tipo tradicional; éste es que, entre ellas, dos tienen su giro principal en los negocios agrícolas, figurando una en el primer lugar del grupo. Asimismo se constata un predominio de empresarios nacionales: de las cinco sólo una puede considerarse de origen extranjero, la de los hermanos Mahuzier; pudiera suponerse que en el mismo caso estaba la sociedad Tomás Smith y Cía., pero uno de los socios era claramente nacional (pertenecía a una antigua familia de Concepción) y al otro, Smith, lo consideramos nacional porque su abuelo llegó a Chile poco después de la Independencia y su padre fue diputado de la República. Así, pues, es posible afirmar que en el grupo de las empresas mercantiles locales de más alto nivel no se había producido en la región, hasta la década de 1880, el desplazamiento de empresarios nacionales por extranjeros.

En el período 1890-1900 las empresas de mayor capital fueron las siguientes:

–Guillermo W. Mackay y Cía., sociedad colectiva formada en 1887 y prorrogada en 1893; sus socios fueron Guillermo W. y Carlos S. Mackay; giró con domicilio en Concepción y en Talcahuano en el comercio exterior y en la compra y venta de trigo, lanas, harinas, maderas y toda clase de frutos del país, y en agencia de seguros. Su capital era de $ 517.855 al valor cambiario de 1895.

–Oscar Spoerer y Cía., sociedad continuadora de José María Castro y Cía. Castro se retiró en 1891, quedando como socios Oscar Spoerer, Federico Kohlig y Germán Viedt, y la casa Rose-Innes de Valparaíso como socio comanditario. Giró “exclusivamente en la importación y venta de fierro, ferretería, mercería, pinturas y artículos análogos”. Su capital equivalente alcanzaba a $ 447.620.

–Galán y Cía., antigua casa comercial de Concepción formada como sociedad colectiva. En la década de 1890 eran sus socios Nicolás, José Irineo y Miguel Galán y Heriberto Zamora. Se dedicaba al comercio mayorista y al minorista, incluyendo comisiones y consignaciones. Su capital en pesos del año de referencia era de $ 432.710.

–Rogers, Serrano y Cía., sociedad colectiva cuyos socios fueron Rafael Serrano y Jorge Rogers; giró con domicilio en Concepción y en Tomé en la “compra y venta de vinos y demás negocios que creyeren convenientes”. Su capital equivalente era de 310.715.

–Harán Hermanos, sociedad colectiva formada por los hermanos Honorato, Adrián y Gaetán Harán, de nacionalidad francesa. Su giro comprendió la compra y venta de mercaderías extranjeras y nacionales y la explotación de una sastrería y sombrerería. El capital en pesos de 1895 era de 258.930.

A diferencia de las principales firmas de la década de 1880, en el período 1890-1900 ya no figuran entre las más relevantes las sociedades que giraban en negocios agrarios, lo cual puede ser indicativo del proceso de modernización económica que se experimentaba. Al mismo tiempo se denota una mayor participación de empresarios mercantiles extranjeros. Si en la década precedente de las cinco principales empresas de comercio sólo una (la de los hermanos Mahuzier) era de origen foráneo, en el período siguiente fueron tres: Guillermo W. Mackay y Cía., Oscar Spoerer y Cía. y Harán Hermanos9. Ello se relaciona en parte con el aumento de la población europea en Concepción. De un total de 1.378 europeos registrados en la provincia de Concepción en el censo de 1885, se pasó a 3.025 en el censo de 1895, lo que implicó un incremento mayor al 100%; en otras palabras, la población europea de la provincia tuvo un aumento intercensal superior a una duplicación. También cabe destacar la presencia de firmas dedicadas al comercio especializado, en el grupo de las más importantes: la de Spoerer en ferretería y análogos y la de Rogers y Serrano en el comercio del vino.

NÚMERO Y TIPO DE SOCIEDADES

Entre 1880 y 1889 hubo un total de 98 sociedades que se establecieron, prorrogaron, modificaron o disolvieron, mientras que entre 1890 y 1900 este número llegó a 166, es decir, hubo 68 sociedades más, lo que equivale a un incremento próximo a un 70%. En el segundo período se incluye un año más, 1900, porque hemos querido llegar hasta el año final del siglo XIX. En dicho año se registraron 17 sociedades, que si las descontamos del total del período queda un número de 149, con lo que el incremento absoluto entre las décadas de 1880 y 1890 es de 51 sociedades, equivalente a más del 50%, porcentaje de crecimiento que es también significativo y que es reflejo de una intensificación de la actividad económica en Concepción a fines del siglo.

Estas sociedades mercantiles de Concepción se organizaron bajo las formas de sociedad colectiva o en comandita. En las primeras todos los socios aportan al capital, dándose casos en que algunos socios no contribuyen, pero aportan su trabajo o industria como solía denominarse en ese tiempo; así ocurrió en el caso de la firma Mack, Reítze y Cía. citada anteriormente. En las sociedades en comandita algunos son socios gestores y tienen a su cargo la administración de los negocios, mientras que los socios comanditarios proporcionan el capital; a título de ejemplo, en la prórroga de Voelcker Hermanos y Cía. en el año 1891, el socio comanditario, Federico C. Licken, vecino de Hamburgo, aportó el capital de 100.000 marcos alemanes, equivalentes a $ 50.000 en moneda nacional.

En el Cuadro 2 se muestra la distribución según tipo de sociedades, constatándose la preferencia por constituir sociedades colectivas, con una tendencia creciente.

CUADRO 2. Sociedades mercantiles de Concepción según tipo de organización.

Períodos
Tipos
%
1880-1889
Colectivas
En comandita
No especificada
61
36
1
62,3
36,7
1,0
Total
98
100,0
1890-1900
Colectivas
En comandita
123
43
74,1
25,9
Total
166
100,0

En el comercio no se formaron sociedades anónimas, forma superior de organización económica, en la que el capital se constituye mediante acciones. Sí las hubo en otros rubros. En el ámbito financiero, por ejemplo, los bancos regionales. En el sector servicios, la sociedad Ferrocarril Urbano de Concepción constituida en 1885 por terratenientes y comerciantes locales, con un capital nominal de $ 100.000, dividido en 100 acciones de $ 1.000 cada una; la Compañía de Ferrocarril de Concepción a Penco, sociedad anónima formada en 1887 también por terratenientes y empresarios locales, con un capital nominal de $ 125.000, dividido en 1.250 acciones de $ 100 cada una; en el mismo año 1887 se constituyó la Compañía Consumidores de Luz Eléctrica Edison de Concepción, a la que adhirieron propietarios de tierras, comerciantes, profesionales y ejecutivos bancarios locales; su capital nominal inicial fue de $ 50.000, dividido en 500 acciones de $ 100 cada una. En el ámbito cultural, en 1882 se conformó como sociedad anónima la Sociedad Teatro de Concepción.

EL GIRO

La mayor parte de las sociedades mercantiles operaban en el comercio en general, indicándose este giro en las inscripciones en diferentes formas: compra y venta de mercaderías extranjeras, nacionalizadas y frutos del país; comisiones y consignaciones en esta plaza; importación de mercaderías y ventas por mayor y menor; negocio de abarrotes por mayor y menor; entre las más frecuentes. Las sociedades dedicadas al comercio en general sobrepasaban holgadamente a las que operaban en el comercio especializado; así de las 98 sociedades correspondientes a la década de 1880, 68 trabajaban en el referido rubro, valor equivalente a un 70%; y de las 166 sociedades correspondientes al período 1890-1900, 103 lo hacían en ese giro, cifra que significaba un 62%.

CUADRO 3. Distribución de las sociedades mercantiles de Concepción según giro 1880-1889.

Giro
%

Comercio en general
Comercio especializado
...........
–Beneficio, compra y venta de animales ........... –Compra y venta de licores
...........
–Hotelería –Negocios agrícolas
...........
–Otros

68
30
7
5
5
6
7
69,4
30,6
23,3
16,7
16,7
20,0
23,3

CUADRO 4. Distribución de las sociedades mercantiles de Concepción según giro 1890-1900.

Giro
%

Comercio en General
Comercio especializado
...........
–Beneficio, compra y venta de animales ........... –Café-restaurante
...........
–Compra y venta de vinos
...........
–Farmacia
...........
–Fotografía
...........
–Tiendas de calzado
...........
–Otros

103
63
8
4
6
5
4
9
27
62,0
38,0
12,7
6,3
9,5
8,0
6,3
14,3
42,9

En la distribución del primer período considerado se denota que los rubros del comercio especializado que presentan una mayor frecuencia son el que hemos denominado Beneficio, compra y venta de animales y el de los negocios agrícolas, ambos ligados a la tierra, lo que nos parece demostrativo de la perdurabilidad de los rasgos tradicionalistas de la sociedad local. Todavía en la década final del siglo aparece el Beneficio y compra y venta de animales como uno de los giros de mayor frecuencia dentro del comercio especializado. Las sociedades dedicadas a este negocio estaban conformadas generalmente por numerosos pequeños empresarios que unían sus esfuerzos con la perspectiva de aumentar sus utilidades. Un caso representativo es el de la sociedad colectiva José María Maltrain y Cía., en que se asociaron el titular de la razón social con Desiderio Pineda, Eleuterio Vildósola, Federico Pineda, Juan Maltrain, Eusebio Ramírez, José Pozo, Laurencio Sagredo, Juan Manuel Soto, Alejandro Segundo Galaz y Frutos Sánchez, “todos abasteros de este domicilio”, para girar en “la compra de animales vacunos y venta de ellos o de sus productos en el abasto de la ciudad o de cualquier otro modo” (28 de enero de 1895). Pero junto a expendios tradicionales aparecían y se difundían variados establecimientos cuya presencia, con sus diversas ofertas, denotaba el progreso urbano. Ahí estaban las tiendas de calzado, las farmacias, los café-restaurantes y varias más que en los cuadros englobamos en la categoría otros; algunos de estos últimos comercios comprendían dos cigarrerías, una joyería, una lavandería y hasta un salón de patinar.

LOS CAPITALES

Presentamos en los cuadros 5 y 6 la distribución según capitales de las sociedades mercantiles de Concepción en los dos períodos considerados.

CUADRO 5. Distribución de las sociedades mercantiles de Concepción según monto de capitales*, 1880-1889.


* En pesos de 1885.

CUADRO 6. Distribución de las sociedades mercantiles de Concepción según monto de capitales*, 1890-1900.


* En pesos de 1895.

Se observa que estas distribuciones arrojan una configuración piramidal, con una base muy ancha correspondiente a las compañías de menor capital. Es decir, la mayor parte del empresariado de Concepción habría estado constituido por el esfuerzo económico del sector popular. Lo cual en parte es efectivo; sin embargo, tal afirmación se ve atenuada porque hubo varios casos de sociedades en comandita de bajo capital, cuyos financistas pertenecían a otros sectores sociales y que, con el propósito de diversificar sus gestiones, apoyaban a través de este tipo de sociedades a pequeños comerciantes. Por otra parte, figuraban en la base, sobre todo en el segundo período, muchos europeos que después seguirían trayectorias empresariales exitosas que los llevarían a ascender en la escala económica y social.

La variada gama de los capitales para la década de 1880 va desde los $ 485 (valor en pesos de 1885) de Arriagada y Cía. hasta los $ 416.650 de Collao Hermanos, firma ya aludida al referirnos a las principales sociedades de Concepción en dicha década. Aquélla estuvo conformada por los socios Clodomiro Arriagada, Dolores Arriagada viuda de Huerta y un comanditario que, en concordancia con lo afirmado, fue quien puso el capital. En el período 1890-1900 la gradación incluye desde los $ 300 de capital (valor en pesos de 1895) de Pedro Juan Navarrete y Cía. hasta los $ 517.855 de Guillermo W. Mackay y Cía., firma también ya aludida. Navarrete fue financiado por dos comanditarios.

En los cuadros siguientes se desglosan los capitales agregados según los tramos de capital que hemos establecido en los cuadros precedentes.

CUADRO 7. Distribución de los montos de capitales de las Sociedades Mercantiles de Concepción, según tramos de capital* 1880-1889.


* En pesos de 1885.

CUADRO 8. Distribución de los montos de capitales de las Sociedades Mercantiles de Concepción, según tramos de capital* 1890-1900.


* En pesos de 1895.

En la década de 1880-89 los dos tramos superiores de la jerarquía empresarial concentraban el 65% del total de los capitales invertidos; tales tramos incluyen catorce firmas, entre ellas las cinco ya referidas como las principales de la década y otras nueve entre las que figuraban firmas como Benavente Hermanos, dedicada a los negocios agrícolas; y José Fernández y Cía., sociedad colectiva formada por los empresarios españoles José Fernández, Juan Izaurieta y Marcelino Vallejos, que giró en el comercio de Concepción y de Valdivia. En el período 1890-1900 la concentración de capitales por las sociedades correspondientes a los dos tramos superiores representaba un porcentaje aproximado de un 53%. Es decir, se verificó una disminución en la concentración de capitales. Estimamos que esta situación estuvo condicionada por la presencia de numerosos europeos que formaron empresas cuyos montos de capital se distribuían en los diversos tramos de la jerarquía monetaria empresarial10. En este período final del siglo los dos tramos superiores comprenden diez sociedades, las cinco ya citadas como las principales de Concepción en el período y otras cinco en las que figuran, entre otras, la de los comerciantes italianos Vignolo Hermanos y la de los comerciantes alemanes Francisco Koster (que con el tiempo llegó a ser uno de los empresarios más importantes de la región) y Gustavo Wynecken.

Los tramos intermedios para la década de 1880 los ubicamos entre las empresas con capitales superiores a $ 10.000, en pesos de 1885, hasta las que tenían capitales superiores a $ 40.000 (pero inferiores a $ 100.000); y para el período 1890-1900 en las sociedades con capitales entre $ 20.000 y $ 95.000, en pesos de 1895. Proporcionalmente no hay una diferencia significativa, puesto que en el primer período el capital agregado de estas sociedades representó un 30,5% del capital total y en el período siguiente un 32%. En 1880-89 se registraron 50 firmas en los tramos intermedios, mientras que en 1890-1900 se registraron 46, bajó, pues, el número de estas sociedades, pero tampoco hubo una diferencia importante en el número de estas sociedades entre un período y otro.

En las empresas con menor capital hemos incluido en el primer período a aquéllas con capitales de $ 10.000 y menos (en pesos de 1885), en tanto que en el segundo período incorporamos en los tramos más bajos a las que tenían capitales inferiores a $ 20.000 (en pesos de 1895)11. Este tipo de sociedad, de escaso capital, fue el que se expandió, aumentando su número considerablemente: de 34 en el primer período pasaron a 110 en el segundo; es decir, tal aumento fue superior al triple. La participación proporcional de estas sociedades en el capital total también creció: de 4,3% en el primer período a 15,1%, bastante lejano sí al 52,9% que concentraban las diez firmas de mayor capital. En el incremento de las sociedades con bajo capital influyeron, entre otros factores, el proceso migratorio campo ciudad y el inicio de trayectorias empresariales por inmigrantes europeos.

LA PRESENCIA EMPRESARIAL DE LOS EUROPEOS

La población europea radicada en la provincia de Concepción experimentó un notable incremento entre los censos de 1885 y 1895; en el primero de ellos se registraron 1.378 europeos y en el segundo 3.025; el aumento absoluto fue, pues, de 1.647 personas, lo que significaba más que una duplicación, ritmo de crecimiento mayor que el correspondiente a todo el país que fue cercano a un 70%12. Este período intercensal incluye los años en que la Agencia de Colonización envió las cuotas más elevadas de inmigrantes, como ya se ha señalado13. A los migrantes venidos en el proceso de inmigración dirigida deben agregarse los que vinieron en forma espontánea, preferentemente bajo la forma de migración en cadena. De modo que dentro de los límites modestos del proceso inmigratorio en Chile, se conformaron núcleos de extranjeros unidos por los lazos de la común nacionalidad. En el caso de Concepción los grupos nacionales más numerosos según los datos del censo de 1895 eran los españoles que sumaban 674 y los alemanes con 556, como indicamos en páginas anteriores; diez años antes, en el censo de 1885, los alemanes registraron el mayor número: 436, en cambio el número de españoles era bastante bajo: sólo 105. El incremento de los inmigrantes españoles se relaciona con la inmigración dirigida, dado que ellos fueron los más numerosos entre los inmigrantes enviados por la Agencia General de Colonización entre 1882 y 1894: 9.717; sin embargo, también ayudaron al aumento de los hispanos las cadenas migratorias. La participación alemana en la inmigración dirigida, en cambio, fue escasa: entre los años indicados sólo se enviaron 1.467 alemanes, por lo que su aumento se verificó principalmente por la forma espontánea, incluidas, por cierto, las cadenas migratorias. Además, en los alemanes hay que considerar los desplazamientos hacia Concepción de colonos provenientes de Valdivia y Llanquihue (el caso de Mauricio Gleisner es paradigmático).

Los bajos salarios que se les ofrecían hacían poco atractivo para los europeos insertarse en la vida laboral por la vía salarial. Como extranjeros les resultaba muy difícil ser absorbidos por el Estado en proceso de expansión. Algunos lograban incorporarse como empleados a las grandes firmas de su misma nacionalidad, sobre todo alemanes y británicos. Otros, en los procesos en cadena, llegaban a trabajar en los negocios de parientes o paisanos, pero sin el propósito de permanecer en calidad de empleados, sino para iniciar un proceso de acumulación que les permitiera independizarse. No eran amplios los caminos que se abrían para los europeos que llegaban y, frente a ello, sólo quedaban dos opciones: una, la del retorno o bien buscar otro país de radicación y, la otra, la de ensayar la vía empresarial. No conocemos tasas de retorno de inmigrantes radicados en Chile, ni tampoco registros de los que abandonaron Chile para irse a otros países. Hay indicios de que estos guarismos debieron ser elevados. Así, por ejemplo, una información periodística destacaba que “dos argentinos que acaban de llegar de Mendoza, nos dicen que han encontrado más de 400 inmigrantes, algunos les dijeron que abandonaban nuestro país porque se les había engañado asegurándoles nuestros agentes en Europa que ganarían aquí cuatro y cinco pesos diarios y no hallaron quien les diese más de un peso”14. Para los que permanecían la solución que quedaba era la inserción rápida en la vía empresarial.

CUADRO 9. Nacionalidad de los socios, 1890-1900.

Nacionalidad
%

Alemanes
Británicos
Chilenos
Españoles
Franceses
Italianos
Portugueses
Otros

51
17
141
17
45
37
5
5
16,0
5,3

44,3

5,3

14,2
11,7
1,6
1,6
Total
318
100,0

Hemos podido determinar la nacionalidad de un total de 318 socios que participaron en las compañías comerciales de Concepción al finalizar el siglo XIX, específicamente en el período 1890-1900. No están todos los empresarios incluidos porque, como ya hemos indicado, en las inscripciones de constitución de las sociedades en comandita generalmente no se insertaba el nombre de los comanditarios, a los que sólo parcialmente hemos identificado principalmente en inscripciones de disolución y modificación de sociedades. Por otra parte, el grupo de los españoles muy posiblemente está subestimado por la similitud de los apellidos, aunque hemos procurado diferenciarlos apoyándonos en fuentes tales como los libros de matrimonios del Registro Civil, el Registro del Consulado de España en Concepción, las memorias de la Sociedad Española de Beneficencia, álbumes de la colectividad15 y las obras editadas en Concepción con motivo del Centenario Nacional16. Con todo, nos parece que la cifra de 318 socios, cuya nacionalidad quedó establecida, resulta una muestra apropiada que permite verificar la inserción de los inmigrantes europeos en el empresariado mercantil local.

De acuerdo a los datos del cuadro 9, de ese total de 318 socios, 177 eran europeos, equivalentes a un 55,7%; mientras que 141, un 44,3%, eran nacionales. Entre los extranjeros las mayores frecuencias correspondían a alemanes y franceses. Llama la atención la baja participación británica, dado el dominio del capitalismo inglés sobre la economía chilena; creemos que ello se explica porque la presencia británica más que en la formación de sociedades mercantiles se denotó en la función de gerentes, ejecutivos y representantes de las grandes firmas comerciales de esa procedencia.

Nos parece que si bien la participación empresarial extranjera superaba a la de los nacionales, la de éstos era bastante significativa, aproximándose al 45%. Más aún considerando que a ellos, a diferencia de los foráneos, se les abrían otras vías de sostenimiento como eran la burocracia y el ejercicio de las profesiones liberales, cuya preferencia entre los jóvenes chilenos era para Francisco Antonio Encina manifestación de la falta de adecuación entre la educación que se impartía en el país y las necesidades de la vida económica17.

Ahora bien, si aparte de las respectivas proporciones globales de la presencia de europeos y nacionales en el conjunto empresarial, las que no eran demasiado distanciadas, desglosamos las participaciones en las jerarquías establecidas de acuerdo a los montos de capital de las sociedades18, para el período 1890-1900, constatamos que en los dos primeros tramos que incluían a las 10 sociedades con capitales más cuantiosos (capitales entre 100.000 y $ 520.000) figuraban 25 socios, de ellos 15 eran extranjeros o de origen extranjero y 10 nacionales, que proporcionalmente representaban un 60 y un 40% respectivamente. Es decir, al igual que en la distribución global no había una diferencia muy apreciable. En los tramos intermedios, en los que aparecían 46 sociedades con capitales de $ 20.000 hasta $ 95.000, registramos un total de 87 socios, de los cuales 63 eran extranjeros o de origen extranjero, equivalentes al 72,4%, y 24 nacionales, equivalentes al 27,6%. Por último, en los dos tramos inferiores que incluían a las sociedades de menor capital, bajo $ 20.000, se ubicaban 110 sociedades, con un número total de 206 socios registrados, de los cuales 99, un 48%, eran extranjeros, y 107, un 52%, eran nacionales.

Por tanto, no obstante distribuirse los europeos en todos los tramos de capitales, el desplazamiento de los nacionales en el comercio local se verificó en los tramos intermedios de la jerarquía empresarial. Esta apreciación tiene concordancia con lo expresado por Solberg, en el sentido de que el mayor impacto de la inmigración europea tanto en Chile como en Argentina, independientemente a la cuantía del flujo migratorio en uno y otro país, fue la rápida emergencia de grupos medios urbanos (Solberg, 1970: 32).

LA MUJER EN EL COMERCIO

La mujer no estuvo ausente de las gestiones mercantiles. En la fuente en que hemos obtenido la información básica para este artículo, el Registro de Comercio, se constata la presencia femenina como socias de compañías en la compraventa de negocios y, en el caso de la mujer casada, en el apoyo económico otorgado a los cónyuges y en las autorizaciones maritales para ejercer “la profesión u oficio de comerciante”. Ilustremos estas situaciones. La sociedad de Rogers y Serrano fue continuada por las viudas Teresa Reese v. de Rogers y Magdalena Lamas v. de Serrano, en el mismo giro de compra y venta de vinos y con un capital nominal de $ 219.957 “que las socias aportan en partes iguales en dinero, existencias de bodega, muebles e inmuebles del antiguo establecimiento Rogers, Serrano y Cía. (28 de febrero de 1900); Gumercinda y María Muñoz v. de Cáceres, se asociaron para “trabajar en esta ciudad en un restaurante”, con un capital nominal de sólo $ 1.175 (28 de septiembre de 1900). En otros casos las mujeres se asociaban con varones: en la compañía que giró en el comercio con la razón social Viuda de Jackson y Cía., los socios eran: Francisca Strawich v. de Jackson y Juan Highet, y su capital nominal alcanzaba a $ 60.000 (3 de noviembre de 1893); en la empresa Schiele y Fritze se asociaron Augusta Ellivanger de Schiele, autorizada por su marido, y Ricardo Fritze para explotar el Hotel Unión con un capital nominal de $ 7.150 (5 de noviembre de 1893); al disolverse esta sociedad años más tarde, la mujer, ya viuda, quedó a cargo del activo y del pasivo; otra viuda, Carlota Yocita, formó sociedad con Vicente Inostroza para girar en el comercio de abarrotes y paquetería, con un capital nominal de $ 20.000 aportados por la mujer (17 de enero de 1893); la empresa Héctor Garat y Cía., que giró en la compra y venta de mercaderías extranjeras y del país, tuvo como socios al titular de la razón social y a Isabel Pantoja v. de Álvarez, comanditaria que aportó el capital total de $ 10.000 nominales (12 abril de 1892).

En las adquisiciones de negocios, María Ascensión Rojas compró a José Ignacio Rojas un despacho de abarrotes ubicado en el pueblo de Hualqui, agregándose 50 arrobas de aguardiente en vasijas, 150 arrobas de vinagre de vino también envasijado, una yunta de bueyes y dos vacas paridas; todo ello por el precio de $ 1.500 (13 de octubre de 1888). En ocasiones las mujeres facilitaban dinero a sus esposos para sus gestiones mercantiles; así lo hizo Justina Bustos que para este efecto entregó a su marido Emilio San Cristóbal $ 6.438 (5 de octubre de 1896).

Sujeta a la tutela del patriarcado, la mujer tenía que estar debidamente avalada por el esposo para poder ejercer la actividad de comerciante, como ocurría en todo acto de la vida pública. Numerosas fueron las autorizaciones otorgadas por los cónyuges para tal propósito. En algunos casos, los más frecuentes, el riesgo asumido por los maridos comprometía los bienes aportados por la esposa a la sociedad conyugal; ilustra esta alternativa el permiso otorgado por Francisco del Río a su esposa Mercedes Reyes para que ejerciera todo acto de comercio, comprometiendo sólo su capital aportado al matrimonio (1883). En otros casos los esposos eran más dadivosos, ampliando el campo de los bienes garantizadores no sólo a los aportados por la esposa sino también a todos los pertenecientes a la sociedad conyugal. Es posible que situaciones como ésta fueran alentadas por el éxito en las gestiones mercantiles por parte de las cónyuges; ilustra esta opción la autorización concedida por Camilo Espinoza a su mujer Leonarda Riquelme “para comerciar libremente, ejecutar todas las operaciones y celebrar todo tipos de contratos de que son capaces los mayores de edad… pudiendo proceder en los contratos sin limitación alguna, obligando sus bienes propios y los de la sociedad conyugal” (1888). Se deduce del texto de la autorización que, salvo permiso expreso del marido, la mujer era considerada como menor de edad.

CONCLUSIONES

Los empresarios capitalistas en Concepción finesecular, aquellos que en el concepto de Sombart constituían la fuerza impulsora de la economía capitalista, los que dirigían y marcaban el ritmo de la actividad económica, fueron las casas comerciales extranjeras, principalmente británicas y alemanas, que controlaban el comercio exterior del país. Las firmas que se constituían en Concepción marchaban a la zaga de aquéllas, a excepción de Mauricio Gleisner y Cía., notable caso de proyección emprendedora forjada desde la misma región.

¿Por qué las firmas foráneas se interesaron en extenderse a Concepción, teniendo en cuenta su débil base demográfica en comparación con el centro del país? La ciudad, en el censo de 1895, registró 39.837 habitantes y el puerto de Talcahuano 10.431, mientras que en el mismo censo Santiago sumó 256.403 habitantes y Valparaíso 122.447. Es decir, la población de Santiago-Valparaíso sobrepasaba más de siete veces a la de Concepción-Talcahuano. Pero la población urbana regional estaba en proceso de rápido crecimiento: diez años antes (censo de 1885) Concepción tenía 24.180 habitantes y Talcahuano 5.030, lo que implicaba un porcentaje de incremento de un 65% para la ciudad de Concepción y más que una duplicación de su población en Talcahuano. No obstante la disparidad cuantitativa con el centro del país, en la última década del XIX hubo una ebullición mercantil en Concepción reflejada en el notable aumento de las sociedades del sector, en una proporción de más de un 50% con respecto a la década precedente. El ingeniero belga Gustave Verniory que estuvo en Concepción en 1891 la describió como “una hermosa ciudad de aspecto europeo, con calles anchas y bien pavimentadas, aceras de asfalto, grandes tiendas iluminadas con luz eléctrica, casi todas francesas, inglesas y alemanas (Verniory, 1975)19. Las firmas foráneas al extenderse a la región impulsaban ese comercio, obteniendo a cambio sus márgenes de plusvalía. Además, en el interés de esas casas comerciales pesó el hecho que el eje Concepción-Talcahuano serviría como centro de distribución de mercaderías importadas y de captación de producciones locales como el hinterland de Ñuble, la zona del carbón en el área costera sur de la provincia, y la penetración en la Araucanía, en la que la instalación de molinos evidenciaba el interés de esas firmas por insertarse en el proceso productivo.

En el empresariado propiamente local hemos establecido tres jerarquías de acuerdo al monto de los capitales, agrupando a las sociedades en un alto empresariado, un empresariado mediano y aquellos que operaban con una escasa inversión de capital. Fue en el sector intermedio donde se denotó con mayor fuerza la irrupción europea y con una tendencia creciente, es decir, un aumento de la proporción de empresarios extranjeros y sus descendientes, que llegaron a dominar en determinados rubros. Así, por ejemplo, los franceses en el comercio de lujo y en las casas de modas; los españoles en las tiendas de calzado; mientras que una matrícula de establecimientos comerciales de la ciudad de Concepción realizada en 1898, registró un total de 44 negocios de abarrotes, de los cuales 24, o sea, un 55%, pertenecían a comerciantes italianos; la proporción de comerciantes de esa nacionalidad incluidos sus hijos subió en una nueva matrícula hecha en 1906 a un 80%: de un total de 54 establecimientos de abarrotes los de propietarios de origen italiano sumaron 43. Circunstancias de este tipo atizaron la crítica de los ensayistas nacionalistas. “Cualquiera con recorrer las calles comerciales de Santiago, Valparaíso, Concepción, etc. –expresó uno de ellos–, sin hacer grandes estudios sino abriendo los ojos, adquiere la convicción de que todo el comercio importante es también propiedad exclusiva de los extranjeros que han llegado a nuestro suelo, las más de las veces sin más capital que sus brazos, su voluntad y su preparación” (Pinochet Le-Brun, 1909: 132).

En cuanto a los tramos que operaban con menor capital, inferior a $ 20.000, y que reunían el mayor número de sociedades, la proporción de socios nacionales era levemente superior a la de los extranjeros (52% y 48% respectivamente). Allí, pues, no había desplazamiento sino una distribución casi igualitaria. Con?uían en esta categoría sociedades formadas por extranjeros que iniciaban sus trayectorias empresariales y sociedades constituidas por pequeños comerciantes locales, favorecidas estas últimas en su conformación por el proceso migratorio campociudad denotado en el surgimiento de numerosos barrios periféricos. Las actividades productivas y terciarias urbanas no eran suficientes para absorber a los llegados de las áreas rurales, presentándose para ellos el pequeño comercio como una opción de sobrevivencia. La considerable expansión del número de sociedades de menor capital es reflejo de la importancia de esta opción para el sector popular.

No menos importante de destacar es la participación femenina en la empresarialidad mercantil que se constata en las fojas del Registro de Comercio. Es notable la presencia de la mujer casada; no obstante la potestad del marido, muchas de ellas no limitaban su función a la de madre-esposa sino que la compartían con las gestiones económicas, ejerciendo “la profesión u oficio” de comerciante.

NOTAS

1 Nos referimos en especial a Ricardo Nazer Ahumada, José Tomás Urmeneta. Un empresario del siglo XIX, Santiago, DIBAM, 1993, Introducción; y a Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile, vol. III, La economía: mercados, empresarios y trabajadores, Santiago, Lom Ediciones, 2002.

2 A Urmeneta lo reconocemos como empresario minero por sus gestiones en el mineral de cobre de Tamaya, aunque desde la actividad cuprífera se proyectó a variadas explotaciones que Nazer Ahumada analiza pormenorizadamente en su biografía de Urmeneta.

3 Sobre este empresario cfr. Vargas Cariola (1988).

4 De acuerdo al artículo 20 del Código de Comercio, la unidad político-administrativa a que remitía las inscripciones eran los departamentos: “En la cabecera de cada departamento se llevará un registro en que se anotarán todos los documentos que según este Código deben sujetarse a inscripción”, Código de Comercio. Edición Oficial, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 1949, p. 42.

5 Estos poderes, especiales o generales, solían ser muy pormenorizados, detallándose todas las atribuciones y deberes que correspondía efectuar al representante.

6 El número de los mandatarios (64) varía ligeramente del número de los poderes otorgados (62), debido a que en dos poderes se nombró a dos personas, en vez de una como era lo usual.

7 La diferencia en los montos del capital aumenta si hacemos la equivalencia a un mismo valor cambiario; por ejemplo, tomando como referencia el valor del peso en 1895, que fue –como ya señalamos– de 16,8 peniques por peso. Con tal valor el capital de la casa Gleisner era equivalente a $ 2.083.333, mientras que el de Weir Scott desciende por debajo del millón de pesos.

8 Usualmente en las escrituras de formación de las sociedades en comandita no se especificaban los nombres de los socios comanditarios; aparecen, en cambio, cuando se trata de disolución de sociedades y modificaciones.

9 En el caso de Rogers, Serrano y Cía., el socio Jorge Rogers estaba en situación similar a Tomás Smith.

10 Los mayores ingresos de europeos se produjeron en los años 1889 y 1890, 10.413 y 11.001, respectivamente, considerando sólo los inmigrantes enviados por la Agencia de Colonización.

11 Hemos procedido de este modo atendiendo al distinto valor cambiario; así, por ejemplo, una empresa con un capital de $ 20.000 en moneda de 1895, se aproximaba más a las sociedades con capital de $ 10.000 en moneda de 1885 que a las de $ 20.000 en esta misma moneda. En efecto, la baja en el valor cambiario implicó que $ 20.000 al valor del cambio de 1895 (16,8 peniques por peso) correspondiesen a poco más de $ 13.000 al valor cambiario de 1885 (25,4 peniques por peso).

12 El censo de 1885 registró para todo el país 26.219 europeos y el de 1895, 43.818.

13 Cfr. nota 10.

14 El Sur, Concepción, 9 de enero de 1890.

15 Vgr. España en Chile. El comercio y las industrias españolas en la República de Chile, Santiago, Empresa Editora de “España en Chile”, 1919.

16 Estas obras que aportan informaciones sobre las empresas, entre ellas la nacionalidad de los empresarios, son la de Juan Bautista Bustos y J. Joaquín Salinas, Concepción ante el Centenario, Concepción, 1910, y la de Vicente Ossa F., Abraham Serrato y Fanor Contador P., Concepción en el Centenario Nacional, Concepción, Litografía e Imprenta J. V. Soulodre y Cía., 1910; esta última ha sido reeditada facsimilarmente en 2006 por Ángel Soto y Cristián Medina en una edición del Centro de Estudios Bicentenario.

17 Cit. por Leonardo Mazzei de G., “Inmigración y clase media en Chile” en Proposiciones N° 24, Problemas históricos de la modernidad en Chile Contemporáneo, Santiago, Sur Ediciones, 1994, p. 156.

18 Cfr. Cuadro 8.

19 Agradecemos la referencia al señor Armando Cartes Montory.

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Recibido: 06.12.2007. Aprobado: 12.08.2008.

* Este artículo forma parte del Proyecto FONDECYT 1070712, “Actores sociales vinculados al proceso de modernización económico-social de Concepción. 1880-1940”. El autor agradece la colaboración de la profesora Julia Antivilo en la recolección documental.

 

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