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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.25 n.2 Santiago  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2005000200002 

Revista de Ciencia Política / Volumen 25 / Nº 2 / 2005 / 37 - 64

ARTÍCULOS

Partidos desafiantes en América Latina: representación política y estrategias de competencia de las nuevas oposiciones*

Santiago López

Universidad de La República, Uruguay


Resumen

Durante las pos-transiciones democráticas los sistemas de partidos latinoamericanos enfrentaron la necesidad de auto-transformarse incluyendo nuevos ejes y dimensiones a la competencia interpartidaria para lograr adaptarse a las demandas planteadas por los déficit del sistema de representación tradicional. En consecuencia, emergieron nuevos partidos de oposición (partidos desafiantes) que se presentaron como alternativas a los partidos establecidos. Los partidos desafiantes integrados con éxito al sistema (EP-FA, PAN, PRD y PT) establecieron nítidas pautas de competencia contra el statu quo político, adquirieron soportes sociales fuertes, y presentaron características orgánicas e institucionales novedosas; mientras que aquellos que fracasaron (AD-M19, FREPASO, LCR y MAS) no lograron adoptar estrategias de competencia coherentes con el tipo de representación alternativa que las hizo emerger, y se terminaron diluyendo. Por último, este artículo plantea que los niveles de institucionalización del sistema de partidos están asociados a los niveles de éxito y fracaso de los partidos desafiantes.

Abstract

During the democratic post-transitions the Latin-American party systems faced the need of self-transformation, including new axes and dimensions to the inter-partisan competition in order to adapt to the demands established by the traditional representative system deficits. As a consequence, new opposition parties (challenging parties) emerged which presented themselves as alternatives to the traditional parties. The successfully established challenging parties (EP-FA, PAN, PRD, and PT) established clear patterns of competition against the political status quo, acquired strong social support, and presented organic and newly institutional characteristics, while those that failed (AD-M19, FREPASO, LCR and MAS) did not achieve competition strategies that were consistent with the alternative representation that raised them, and they ended up dissolving away. Lastly I argue that the level of institutionalization of the party system is related to the successes and failures of the challenging parties.

PALABRAS CLAVE • Partidos Desafiantes • Institucionalización • Representación • Sistema de Partidos • Oposición


I. Introducción

Las pos-transiciones en América Latina significaron cambios en el rumbo de la investigación en ciencia política, en la medida en que la búsqueda de patrones de estabilidad para la conservación de la democracia dio paso a una variada gama de estudios sobre "calidad democrática" y sus problemas de funcionamiento.

En este trabajo1 se analizan, en primer lugar, los motivos por los cuales una serie de partidos de oposición latinoamericanos que emergieron durante las últimas dos décadas del siglo XX, se integraron en forma exitosa al sistema de partidos, o por el contrario, fracasaron en rápidos procesos de ascenso y declive partidario. En segundo lugar, se intenta evaluar el impacto de aquellos procesos de integración de las nuevas oposiciones (exitosas o fracasadas) sobre el funcionamiento de los sistemas de partidos, específicamente, en cuanto a la evolución de los niveles de institucionalización y la capacidad de representación política.

La emergencia de importantes partidos y movimientos políticos en varias democracias durante los años ochenta y noventa está relacionada con la debilidad de los sistemas de partidos en el plano de la representación política. El hecho de que las redes de representación "decayeron desde el período de la transición a la democracia más rápidamente de lo que se organizaron nuevas alternativas" condujo al desalineamiento electoral y a la "declinación secular" de los partidos ya existentes (Hagopian, 2000: 268 y 274) o tradicionales (Hawkins, 2002).

Existen tres variedades de transformación de los sistemas de partidos, el desalineamiento, el realineamiento y el colapso (Dietz y Myers, 2003: 3). El desalineamiento ocurre cuando una parte importante de los votantes de uno o varios partidos mayores del sistema dejan de identificarse con cualquiera de ellos. El realineamiento se refiere al traspaso de lealtad de un partido político directamente a otro. A su vez, existen dos tipos de realineamiento: a) cuando la lealtad hacia un partido establecido se traslada a otro partido también establecido; y b) un realineamiento más dramático, cuando las preferencias partidarias se dirigen hacia partidos emergentes o que previamente tenían una importancia marginal. La tercera forma de transformación es el colapso del sistema. Supone repercusiones muy fuertes para el régimen democrático y presenta señales de problemas de legitimidad "del más profundo tipo", donde los votantes dejan a los partidos tradicionales, y el sistema pierde la capacidad de agregar intereses, de reclutamiento político y de transferencia de poder. Así mismo el colapso del sistema de partidos provee una oportunidad para la emergencia de políticas y líderes "anti-establishment" y personalistas, o incluso una excusa para la intervención militar directa.

Las transformaciones de los sistemas de partidos abrieron el camino a dos grandes formas de oposición política: a) en algunos casos emergieron movimientos populistas o líderes carismáticos con un discurso anti-partidos que se beneficiaron de un contexto de desafección política profunda2; b) en otros, se formaron verdaderos partidos que ejercieron oposiciones "leales" (Linz, 1987) desafiando a los actores establecidos. Donde los nuevos partidos de oposición fueron exitosos, tuvieron lugar procesos de realineamiento electoral3 que abrieron la oportunidad para una "reorganización" en la representación política (Hagopian, 2000: 268).

Por otra parte, los sistemas de partidos -ya enfrentados al problema de la representación- contaban con diversos niveles de institucionalización a inicios de los años noventa. A partir del análisis del papel de las nuevas oposiciones en la transformación de los sistemas partidarios, se sostendrá que la institucionalización de los mismos no sólo puede ser comprendida únicamente por patrones de estabilidad, como frecuentemente se afirma4, sino que tan importante como las regularidades son las capacidades de adaptación a nuevos ambientes (Coppedge, 1999). Sin referirse a los sistemas sino a los partidos, Samuel Huntington (1968) identificó cuatro dimensiones de la institucionalización: adaptabilidad (o longevidad); complejidad; autonomía y coherencia. La adaptabilidad implica que el partido sea longevo, es decir, capaz de sobrevivir a la primera generación de liderazgos y de alcanzar adaptaciones funcionales en términos de los grupos representados o de cambios desde la oposición al gobierno (Randall y Svåsand, 2002: 10). Esa dimensión ha sido posteriormente subestimada en las definiciones de institucionalización de sistemas partidarios.

La capacidad de auto-transformación legítima de un sistema de partidos es lo que demuestra su verdadera institucionalización, ello estimula la capacidad de readecuación de los canales de representación de demandas e intereses nutriendo a la calidad y estabilidad del régimen democrático. Ambos conceptos -institucionalización y representación- no refieren al mismo problema, sino que la institucionalización de un sistema puede erosionarse cuando las deficiencias representativas permanecen sin resolverse durante un largo período, aun cuando sus componentes permanezcan individualmente institucionalizados5.

Las nuevas oposiciones partidarias, a las que aquí se llama "partidos desafiantes", son los agentes de transformación de los sistemas de partidos latinoamericanos. Cuando se volvieron actores relevantes y estables de la política democrática funcionaron como válvulas de escape a los problemas del funcionamiento democrático de las post-transiciones6.

En la siguiente sección se contextualiza a los partidos desafiantes en el marco de las oposiciones latinoamericanas y se presenta una caracterización conceptual de los mismos. Luego se realiza un análisis comparado de ocho partidos desafiantes del continente en términos de sus diferentes niveles de éxito para integrarse al sistema de partidos. Por último, se concluye con la presentación de un modelo, que ordena un conjunto de hipótesis, acerca de los efectos que tuvieron los procesos de emergencia de las nuevas oposiciones sobre la institucionalización partidaria y los problemas de representación política de los sistemas de partidos.

II. Partidos Desafiantes como Partidos de Oposición

La ciencia política ha tendido a dejar de lado los estudios sobre la oposición. En la investigación sobre América Latina, la mayoría de las veces se toma a los partidos de oposición en tanto son partidos de izquierda, movimientos étnicos, ex-guerrillas que pasaron a la competencia electoral, etc. En ninguno de esos casos, el objeto de estudio es estrictamente la "oposición", como una dimensión de análisis que forma parte del sistema de partidos en un régimen democrático.

Las clasificaciones y tipologías construidas para el estudio de la oposición (Duverger, 1951; Dahl, 1966; Sartori, 1966, 1976; Pasquino, 1997) han sido diseñadas, casi siempre, para comprender las democracias europeas, especialmente las occidentales. No obstante representan un punto de partida para el estudio del caso latinoamericano.

Los partidos de oposición de los ochenta y noventa constituyen un conjunto sumamente heterogéneo y de difícil comprensión. Sin embargo, la abundante emergencia de nuevos actores sugiere que es necesario realizar una separación básica: a) las fuerzas políticas ya establecidas en los sistemas de partidos que ocupan el lugar de la oposición producto de la alternancia democrático-institucional, y; b) las oposiciones emergentes7 que se presentan como alternativas al resto de los partidos establecidos. Dentro del segundo grupo se encuentran los "partidos desafiantes"8. Sin embargo, esta simple diferenciación de oposiciones políticas no es suficiente para delimitar en forma precisa a los partidos desafiantes.

En primer lugar, un partido es cualquier grupo político que se presenta -o quisiera presentarse- a elecciones, y por medio de ellas es capaz de colocar candidatos para cargos públicos (Mainwaring y Scully, 1996: 1-2). A partir de esta definición mínima de "partido político" debería hacerse una diferenciación entre partidos y movimientos. Dentro del conjunto de oposiciones emergentes en el contexto latinoamericano de las últimas décadas, cobraron vigor una serie de movimientos políticos desarrollados a través de una figura carismática (o populista), cuya estrategia consistió en emprender una cruzada contra la democracia de partidos9. El tipo de oposición elaborado por Andreas Schedler (1996) "anti-political-establishment parties" se acerca bastante más a las oposiciones movimentistas y antipartidos que a lo que aquí referimos como "partidos desafiantes". Según Schedler, esas oposiciones contraponen las elites políticas a los ciudadanos y simultáneamente se contraponen ellos a las elites políticas combinando elementos carismáticos. Por otra parte, intentan sobrepasar el eje izquierda-derecha construido por los partidos establecidos y presentan una oposición "semi-leal", la cual los pone en un dilema acerca de la democracia. En Venezuela el Movimiento Quinta República (MVR) fue una oposición sumamente efectiva en la toma del poder y su conservación futura, pero no constituyó un partido político, sino que emergió con un carácter claramente movimentista con antecedentes en el fallido intento del golpe de Estado de 1992 encabezado por Hugo Chávez Frías. El caso del MVR muestra el proceso contrario a la emergencia de una oposición desarrollada en términos organizativos, cuyos liderazgos sean encausados en las dinámicas de las estructuras partidarias con procesos de decisión relativamente definidos. Pero más aun, el MVR no aceptó a los demás partidos políticos como actores competitivos legítimos. En forma similar, aunque con distinto signo ideológico, la emergencia de Cambio 90 de Alberto Fujimori ha sido en parte causa y en parte efecto del colapso del sistema de partidos peruano existente hasta 1992 (Tanaka, 2002: 320). Estos movimientos, si bien son grupos políticos que presentan candidatos a elecciones, y por medio de ellas, los colocan en cargos públicos, no serán considerados verdaderos partidos políticos. Por lo tanto, un partido desafiante es antes que nada un partido, cuyo accionar se basa en impugnar a los actores establecidos, pero siempre reconociéndolos como "actores legítimos" para la disputa por el poder, y en alimentar nuevos clivajes de competencia democrática en lugar de sobrepasarlos. Como se verá más adelante, mientras que la emergencia exitosa de los partidos desafiantes tiene efectos positivos para el funcionamiento del sistema, la emergencia de los movimientos populistas viene acompañada del colapso del sistema de partidos preexistente y el declive de la calidad democrática.

En segundo lugar, se ha utilizado frecuentemente la denominación de "izquierdas latinoamericanas" para referirse a las oposiciones emergentes del continente. Cabe aclarar que este grupo no refiere exactamente a la idea de partidos desafiantes aquí desarrollada, dado que también existen oposiciones partidarias que se presentan como alternativas de gobierno pero lo hacen desde la derecha ideológica del sistema político. La ideología no define a los partidos emergentes, sino que es un componente importante para desarrollar capacidades representativas y dar formato a la competencia.

En tercer lugar, la presencia de un desafío partidario implica el desarrollo de un nuevo eje de competencia política que modifica las relaciones interpartidarias en cuanto a sus contenidos e intensidad, constituyendo así un fenómeno de mayor alcance que procesos menos profundos como la emergencia de una oposición meramente parlamentaria. Los complejos períodos de génesis de estos partidos sugieren ser una prueba de lo anterior. Las fuerzas desafiantes muchas veces se han nutrido de múltiples combinaciones: aglutinaron actores antisistema que se integraron a la competencia electoral -como las guerrillas o partidos revolucionarios-10; se nutrieron de desprendimientos de los partidos ya existentes; absorbieron partidos pequeños (especialmente partidos ideológicos); y, según los casos, incluyeron dentro de sí organizaciones de la sociedad civil, o en su defecto, establecieron fuertes vínculos con ellas.

En cuarto lugar, los partidos desafiantes se lanzan a la competencia por el poder del Estado y amenazan el orden de poder establecido dentro del sistema de partidos. Sin embargo, no todos los partidos marginales que reclaman ser una alternativa alcanzan a ser partidos desafiantes, sino que se transforman en verdaderas alternativas cuando, basados en novedosos contenidos representativos y en organizaciones y modos de funcionamiento diferenciales a los tradicionales, obtienen votaciones significativas -u otras expresiones políticas- que los transforman en una amenaza creíble a los partidos establecidos11. Esas características imprimen a las nuevas fuerzas opositoras una función claramente definida: "el desafío a un statu quo político dado"12. Es por ese motivo, que el realineamiento electoral que se produce con la emergencia de los partidos desafiantes es bastante más traumático que los realineamientos entre partidos establecidos (Dietz y Myers, 2003).

En síntesis, los "partidos desafiantes" son oposiciones emergentes en un contexto de transformaciones del sistema de representación, las cuales no han alcanzado el gobierno, pero compiten por él representando una alternativa (a los partidos del statu quo) ante la ciudadanía. En términos más analíticos, los componentes del desafío partidario podrían diferenciarse en dos planos fundamentales: a) un plano sustantivo, que refiere a la "representación" política; b) un plano institucional, que refiere a "características institucionales, organizacionales y de funcionamiento" novedosas para el sistema de partidos.

Dentro del primer plano, "sustantivo", los partidos desafiantes encarnan nuevas representaciones políticas, ya sea de ideas o ideologías, identidades, grupos o sectores sociales, intereses o programas de políticas alternativas. De algún modo, los partidos desafiantes surgen expresando problemas sustantivos sobre políticas13, que constituyen contenidos no comprendidos en la función representativa de los partidos del statu quo. La erosión de las bases sociales de los partidos del statu quo implicó, en varios países, que importantes sectores sociales quedaran afuera del sistema de representación tras un proceso de desalineamiento partidario. Cuando emergieron partidos desafiantes de fuertes raíces en la sociedad estimularon procesos de realineamiento partidario y pasaron a impugnar al sistema establecido a partir de aquello que "representan", en términos de cooptar a grupos organizados y sectores sociales definidos e identificados con la nueva oposición. Esto generó la mayoría de las veces, la aparición de nuevos "ejes de competencia interpartidaria" que modificaron el sentido y los contenidos de esa competencia. La dimensión ideológica en un eje izquierda-derecha, la contraposición autoritarismo-democracia o la disputa entre la nueva y la vieja política son algunos ejes de competencia interpartidaria novedosos para las democracias latinoamericanas de los últimos 20 años.

Dentro del segundo plano, el nuevo partido constituye un desafío al sistema por sus características institucionales, organizacionales y de funcionamiento político. Las fuerzas desafiantes tienden a estar provistas de altos niveles de disciplina partidaria y fortaleza de sus estructuras organizacionales, obligando en cierto modo, a que los partidos conservadores tengan que aggiornar sus organizaciones para ser más competitivos. La capacidad de los partidos desafiantes para crecer y representar políticamente sin controlar los recursos del Estado (como sí lo hacen los partidos cartel, o los partidos keynesianos, por ejemplo) es el resultado de la generación de una máquina con tecnología novedosa, desarrollada para competir desde un medio adverso (pobre en recursos estatales) durante los primeros años de desarrollo. Desde esa posición, los partidos desafiantes deben emprender el camino de la institucionalización para tener éxito.

Resulta relativamente fácil identificar a los partidos desafiantes en sistemas institucionalizados, como es el EP/FA en Uruguay, el AD-M19 en Colombia, el MAS y LCR en Venezuela o incluso el Frepaso en Argentina14. En esos sistemas los clivajes de competencia que establecieron los partidos tradicionales eran sumamente estables hasta la emergencia de nuevos actores que hicieron evidentes los nuevos conflictos. En los sistemas hegemónicos es más sencillo aún identificar a los partidos desafiantes (como el PAN y el PRD en México), pues con ellos cobra vida una competencia interpartidaria previamente inexistente. Sin embargo, en los sistemas no institucionalizados, los clivajes no están establemente definidos y la competencia es mucho más volátil (Mainwaring y Scully, 1996). Esta situación merece una consideración especial al desarrollo del caso de Brasil.

Luego de restaurada la democracia el sistema de partidos brasileño fue destacado por su debilidad (Lamounier y Meneguello, 1986; Mainwarig, 1996: 291) y su discontinuidad (Mainwaring, 1996: 289). La emergencia del PT convivió con la fundación de un nuevo sistema de partidos que entre 1973 y 1989 sufrió dos procesos simultáneos: un impulso conservador, donde las formas tradicionales del predominio de las elites fueron mantenidas y/o reforzadas; y la emergencia de "nuevas formas de organización social y política que intentaron contestar al statu quo" (Keck, 1991: 12). En ese marco, el partido contestatario por excelencia en el Brasil contemporáneo fue el Partido de los Trabajadores (PT).

Paralelamente con el proceso de transición, se configuró un statu quo gobernante, que abarcaba un amplio espectro ideológico aglutinando a partidos desde la centro-izquierda hasta la derecha, pero que fue capaz de compartir el poder mediante amplias coaliciones durante los gobiernos de José Sarney, Fernando Collor de Mello15, Itamar Franco y Fernando Enrique Cardoso (Meneguello, 1998: 2002). Allí confluyeron "partidos conservadores" (Mainwaring, Meneguello y Power, 2000) y nuevos partidos de centro como el PSDB y PMDB, cuyos líderes compartían un pasado común con los primeros16.

El PT enfrentó aquella suerte de cartel partidario formado en torno a la conservación del poder estatal, desde la izquierda del sistema de partidos17 y apoyado en fuertes bases sociales. Durante su consistente desarrollo entre los años ochenta y noventa se configuró un eje de competencia izquierda-derecha estable en la política brasileña (Singer, 2002).

El proceso del PT sugiere que los partidos desafiantes en sistemas no institucionalizados son identificables mediante un análisis detallado de las relaciones de cooperación y conflicto más estables que presenta el sistema de partidos. Tal solución se vuelve necesaria ante la imposibilidad de identificar actores emergentes por un lado y establecidos por otro, como sí es posible hacer en los sistemas institucionalizados o hegemónicos. El binomio desafiantes-statu quo parece tener entonces, una utilidad relevante para analizar sistemas de partidos con diversos niveles de institucionalización.

Finalmente, el camino recorrido por las nuevas fuerzas políticas tuvo importantes consecuencias sobre los sistemas de partidos latinoamericanos en cuanto a la capacidad de expresar y sintetizar intereses, así como los niveles de legitimidad e institucionalización partidaria. En algunos países los partidos desafiantes han sido exitosos (en términos de incorporarse establemente a la competencia política manteniendo un espacio definido con relación a su electorado), y en otros han fracasado o abortado el desafío dejando de representar una alternativa y una oportunidad para institucionalizar al sistema de partidos.

La noción de éxito (y de fracaso)

Los desafíos exitosos son aquellos que logran una integración al sistema de partidos como actores "relevantes" y "estables". Los partidos desafiantes relevantes cuentan como partidos "efectivos", y cuando se desarrollan en sistemas bipartidistas preexistentes, modifican el formato del sistema de partido hacia un multipartidismo (Sartori, 1980).

La segunda condición para el éxito es la integración estable al sistema en el cual emerge el nuevo partido, es decir, mantenerse como un actor relevante durante un lapso suficiente que permita afirmar que el sistema de partidos se ha transformado, y no simplemente que ha tenido una o dos elecciones anómalas.

En otros términos, el éxito del desafío consiste en no perder la identidad política (en términos sustantivos), pero a la vez, poder desarrollarse como partido en un contexto de competencia. Esta segunda exigencia sólo es posible alcanzarla integrándose plenamente a la lógica del sistema. Si se acepta este razonamiento hay una dimensión del desafío que se diluye con el paso del tiempo (la dimensión sistémica), en la medida en que el nuevo partido consolida su desarrollo y se integra con los partidos pre-existentes adaptando el conjunto del sistema a un nuevo medio. Por lo tanto, la intensidad del desafío partidario es una función decreciente del proceso de desarrollo del partido desafiante. Debe quedar claro que el "desafío" puede culminar tanto por su éxito como por su fracaso. Pero ambos caminos tienen efectos diametralmente diferentes.

Como se detalló más arriba, los nuevos partidos de oposición se vuelven desafiantes cuando amenazan el control de los espacios de poder (en el gobierno o en la oposición) que ejercen los partidos del statu quo. Así, los partidos desafiantes fracasados son aquellos que en algún momento constituyeron una amenaza real a los partidos del statu quo y luego no lograron mantenerse como actores relevantes (o efectivos) dentro del sistema de partidos durante un período de tiempo suficiente18. Cuando las nuevas oposiciones partidarias no desarrollan el camino hacia la institucionalización se debilitan como alternativas creíbles y terminan por ser experiencias fugaces.

III. Evaluando éxitos y fracasos en perspectiva comparada

En esta sección se analizan las trayectorias políticas de ocho partidos desafiantes en seis países latinoamericanos distintos, con el objetivo de identificar los motivos por los cuales esas fuerzas emergentes lograron ser exitosas o, por el contrario, fracasaron.

El análisis descriptivo de cada uno de los partidos desafiantes escogidos intenta evitar concebirlos como actores aislados, para inscribirlos dentro de un sistema de partidos en el cual se desarrollan e interactúan. Esta precaución previene al lector de no pensar que el resto de las variables ajenas a características propias de los partidos desafiantes permanecen constantes. Las dimensiones para el ejercicio comparativo se encuentran operacionalizadas en la tabla 1.

Tabla 1: Dimensiones e indicadores utilizados para la comparación de los partidos desafiantes latinoamericanos

El tipo de crecimiento electoral y la posición parlamentaria son indicadores de las pautas de cooperación y conflicto que establecen los partidos desafiantes. Ambos refieren a la intensidad de la oposición que ejercen y a la visibilidad de los ejes de competencia, tanto en el plano electoral como en el parlamentario. Se entiende como pauta de cooperación interpartidaria la realización de coaliciones electorales o de gobierno, siguiendo la definición de coalición realizada por Strom (1990)19. Debe tenerse en cuenta que el ambiente institucional en el cual emergen las nuevas oposiciones es en sistemas presidenciales con frecuentes presidentes minoritarios, lo cual ha incentivado la formación de coaliciones (Deheza, 1998) como medio para solucionar el problema de la "difícil combinación" entre el presidencialismo y el multipartidismo (Chasquetti, 2001). Así los partidos que acompañan al gobierno en una coalición perciben reconocimientos secundarios por los éxitos políticos del gobierno, y a su vez, comparten la culpa por los fracasos. Esta situación hace que los partidos que entran en coalición con el partido de gobierno deban mantener una identidad y relación coherente con sus bases sociales y programáticas para evitar desdibujarse ante la ciudadanía.

La disciplina parlamentaria obedece a factores organizativos extraparlamentarios (Mainwaring, 1996) y ofrece pistas sobre la fortaleza de los aparatos partidarios. Los partidos programáticos son más bien disciplinados y sus líderes no suelen encausar su accionar por encima de la organización20; a su vez, ese tipo de funcionamiento suele estar asociado a bancadas parlamentarias más bien disciplinadas.

La competencia a nivel nacional por el cargo presidencial, así como el papel de los liderazgos en la historia política del partido emergente, ofrecen información sobre el grado en el cual el nuevo partido es capaz de generar nuevos liderazgos políticos relevantes.

Por otra parte, los partidos desafiantes pueden volverse actores relevantes a nivel electoral, pero ser en realidad, fuerzas de arraigo local o regional. La nacionalización electoral del partido, es un modo de medir la importancia que la fuerza desafiante tiene sobre los temas y problemas de la política nacional. Es decir, este indicador nos habla del tipo de representación que ejerce el nuevo partido. En sociedades segmentadas territorialmente, la emergencia de nuevos partidos tiende a estar asociada con bases sociales concentradas en una parte del territorio (capitales, centros urbanos, regiones determinadas, etc.). Es frecuente que cuanto más desarrollados e integrados al sistema de partidos, los partidos desafiantes estén menos asociados a una región o ciudad en la cual tienen origen, y por el contrario, logren que el realineamiento electoral alcance a nacionalizarse.

Para evaluar la capacidad de representación que tienen los partidos desafiantes, se toma en cuenta la fortaleza de las raíces en la sociedad21. Sobre este punto se evaluará la vitalidad de la relación entre la sociedad civil y el partido, con el fin de establecer la importancia de los mismos en el sistema de representación política.

Por último, una dimensión más dificultosa para medir mediante indicadores de tipo objetivo es si el partido desafiante cambia el principal eje de la competencia interpartidaria, o si, al menos, introduce uno nuevo. Sin embargo, cuando realmente se modifica el clivaje de competencia en una democracia, resulta ser un fenómeno sumamente visible, lo cual vuelve algo más sencillo atribuir un valor a este criterio.

En la tabla 2 se presenta la evidencia empírica de cada caso resumida según los indicadores establecidos anteriormente. Como se trata de partidos emergentes en plena transformación, muchas veces asumen más de un valor para un mismo criterio. En esos casos, se presentan los valores ordenados en forma cronológica.

Como se visualiza en la última columna de la tabla 2, los partidos desafiantes exitosos (integrados en forma estable y como actores relevantes) son el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, el Partido de Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en México, y el Frente Amplio -Encuentro Progresista (EP-FA) en Uruguay (ver evoluciones electorales del Cuadro 1 al 6 del anexo) Hasta hoy, tres de los cuatro casos analizados han llegado al gobierno, y el partido restante (PRD) cuenta con chances de hacerlo en las próximas elecciones presidenciales. Los casos fracasados representan trayectorias políticas más fugaces durante los años noventa, como el Frente Grande (luego FREPASO) en Argentina, la Alianza Democrática - M19 (AD-M19) en Colombia, y La Causa Radical (LCR) y el Movimiento Al Socialismo (MAS) en Venezuela (ver evoluciones electorales del Cuadro 7 al 8 del anexo). Evaluaremos ahora cuáles son los motivos que explican estos resultados políticos de las nuevas oposiciones partidarias de la región.

Tabla 2: Principales características de los partidos desafiantes (1973-2004)

 

El tipo de crecimiento electoral. El crecimiento electoral autónomo implica no realizar coaliciones electorales o pre-electorales con partidos del statu quo para competir con más posibilidades de llegar al gobierno. Los partidos desafiantes con trayectorias electorales autónomas son todos casos de oposiciones exitosas (EP-FA, PAN, PRD y PT), a excepción del M-19, que se presentó en forma solitaria para la elección presidencial de 1990, en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente del mismo año y las elecciones de Senadores y Diputados de 1991. Por el contrario, los partidos desafiantes que realizaron algún tipo de alianzas electorales terminaron desapareciendo o se redujeron a expresiones políticas insignificantes en los comicios siguientes.

La posición parlamentaria. En forma similar a lo sucedido en el plano electoral, los desafíos exitosos han realizado oposiciones solitarias durante el desarrollo del partido, mientras que los partidos desafiantes que participaron en coaliciones de gobierno brindando apoyo parlamentario a presidentes de partidos del statu quo terminaron fracasando. El caso más extremo es el de AD-M19 en Colombia, que no llegó a ejercer nunca una oposición solitaria a los partidos del status quo22, presentando la relación más anómala -y menos coherente- entre su oferta electoral (autónoma), y su posición parlamentaria (en coalición de gobierno). En los casos del MAS y La Causa R, ambos brindaron apoyo al gobierno de Rafael Caldera, quien no había sido electo por el COPEI (uno de los partidos tradicionales) pero era un líder sin partido que representaba la continuidad de la elite gobernante del Punto Fijo. El FREPASO (inicialmente Frente Grande) tuvo tres períodos bien diferenciados en cuanto a su posición parlamentaria. Entre 1993 y 1997 realizó una oposición solitaria, pero luego de la formación de la Alianza para las elecciones de renovación parcial de las cámaras en 1997, pasó a formar una oposición en coalición con uno de los partidos del statu quo (la UCR). Finalmente, cuando la Alianza triunfa en 1999, al año siguiente el FREPASO pasa a formar parte de una coalición de gobierno cuyo origen se encuentra en el acuerdo pre-electoral establecido con la UCR.

Las estrategias de relación cooperativa con los partidos del statu quo han comprometido el futuro para los nuevos partidos de oposición. Si bien la formación de coaliciones significa un riesgo para cualquier partido de oposición, para los partidos desafiantes es especialmente costoso. La contraindicación de estas estrategias es que vulneran las bases y fundamentos de la representación política que hicieron emerger a las nuevas fuerzas como alternativas creíbles.

En síntesis, los partidos desafiantes han sido exitosos donde siguieron caminos de coherencia entre el plano representativo y el plano estratégico, evitando instaurar pautas de cooperación, tanto a nivel electoral como parlamentario, con partidos del statu quo.

La disciplina parlamentaria. La información de la tabla 2 muestra que la disciplina parlamentaria no parece ser una condición tan fuerte para el éxito de los partidos desafiantes. Existen dos casos exitosos (PAN y PRD) que carecen de una disciplina parlamentaria perfecta23, sin embargo, no son partidos indisciplinados.

Cuando los partidos desafiantes enfrentan problemas de disciplina parlamentaria, es decir, presentan disidencias internas, se deben principalmente a situaciones donde la oposición al poder ejecutivo aparece internamente cuestionada24. Este hecho pone de relieve la relación entre la disciplina partidaria y las estrategias de cooperación y conflicto evaluadas en los dos criterios anteriores. Los partidos desafiantes exitosos con alta disciplina partidaria son el EP-FA y el PT25, los cuales han sido caracterizados por tener estructuras orgánicas sumamente fuertes y de gran vitalidad política en los procesos de toma de decisiones26. Adicionalmente, ambos partidos realizaron una oposición clara y previsible en todos los períodos legislativos que tuvieron representación parlamentaria. El tercer partido al cual se le adjudica una disciplina parlamentaria alta es el Frente Grande-Frepaso27, lo cual representa una situación relativamente anómala, que puede verse explicada por la repetida práctica de elecciones internas abiertas que tuvo la centroizquierda argentina para resolver sus conflictos y para marcar los rumbos y estrategias futuras28. No obstante la fortaleza del Frente Grande y del Frepaso como organizaciones políticas es claramente menor que las del EP-FA, del PT o del PRD.

Aún aceptando alguna anomalía, puede afirmarse que los partidos desafiantes exitosos tienden a ser organizaciones más robustas presentando mayores niveles de disciplina (medias o altas), lo cual resulta funcional a estrategias de oposición previsibles en el plano electoral y parlamentario. Los casos fracasados tienen estructuras débiles y sus líderes tienden a sobrepasarlas cuando realizan acuerdos con partidos del statu quo con el objetivo de conquistar cargos y otros bienes políticos. Ello erosiona a su vez, las posibilidades de ejercer una oposición disciplinada.

El desarrollo de liderazgos partidarios se refiere a la capacidad del partido político de generar y sustentar nuevos liderazgos importantes. Esto no ha significado un mayor problema para los partidos desafiantes. Sin embargo, en México la competencia a nivel local o estatal impidió inicialmente la emergencia de figuras de gran alcance nacional para el PAN. Mientras que en Venezuela, el liderazgo de Teodoro Petkoff en el MAS siempre fue indiscutido, aunque genera dudas por la incapacidad del mismo para concitar apoyos populares masivos en elecciones presidenciales29, tal vez por problemas de renovación de liderazgos coadyuvados con reglas electorales adversas. De todos modos, los liderazgos fuertes han sido característicos de los partidos desafiantes.

En Colombia, el liderazgo más importante que presentaba AD-M19 como candidato para las elecciones presidenciales de 1990 era el de Carlos Pizarro Leongómez. El asesinato del candidato dio lugar a una nueva candidatura que también representó un líder fuerte: Antonio Navarro Wolf. Las debilidades de la estructura del AD-M19 llevaron al partido a depender en exceso del liderazgo de Navarro Wolf (Archer, 1996: 161). Deben tenerse en cuenta las matanzas que sufrieron los cuadros del M-19, las cuales pudieron haber erosionado las bases de generación de liderazgos. Por ejemplo, en 1985 el M-19 tomó el Palacio de Justicia en el marco de una operación de guerrilla urbana. El rescate de los rehenes de la Suprema Corte significó la muerte de todos los integrantes del M-19 en esa operación (Hartlyn y Dugas, 1999: 277).

Los casos de partidos desafiantes exitosos se han caracterizado por reproducir liderazgos históricos y, a la vez, lograr ciertos niveles de renovación. En Uruguay, el líder fundador del Frente Amplio fue Líber Seregni, quien supo dar paso a un nuevo "jefe" del partido (Buquet et. al., 1999), el actual presidente Tabaré Vázquez. En México, el PRD fue fundado por Cuauthétmoc Cárdenas, quien es sucedido por el actual Gobernador del DF, Manuel López Obrador, como futuro candidato a la presidencia en el 2006. Mientras que en Brasil, el liderazgo histórico ha sido encarnado por el actual presidente Inacio "Lula" Da Silva.

El desarrollo territorial electoral. Este criterio colabora con la comprensión del grado de nacionalización de estos partidos. Los partidos desafiantes estudiados se caracterizan por emerger en centros urbanos, para luego comenzar un proceso de extensión territorial. De este modo el Distrito Federal, San Pablo, la Ciudad de Buenos Aires, Montevideo, y, en menor medida, centros urbanos de Colombia y Venezuela han constituido bastiones de apoyo y gestación de partidos desafiantes. Para los nuevos partidos, ha sido crucial lograr victorias electorales y gobiernos locales sobre alcaldías, prefecturas, departamentos, estados o provincias, que les proveyeran de recursos y capacidad de ejercer funciones gubernativas sumamente auspiciosas para el desarrollo e institucionalización de los mismos30. Por lo general los partidos desafiantes exitosos logran nacionalizar sus votaciones, sin embargo, esta característica es compartida por algunos partidos desafiantes fracasados. En Uruguay la cantidad de departamentos multipartidistas (2,5 < NEP < 3,9), donde eran competitivos los tres partidos más grandes (PC, PL y EP-FA) llegó a 18 en un total de 19 circunscripciones en 1994. Puede decirse que para ese entonces el EP-FA estaba nacionalizado en términos de arraigo electoral. En Brasil, a partir de la noción de nacionalización de Panebianco (1990), Margaret Keck (1991) sostiene que el PT "creció a partir de su base inicial en San Pablo, para tornarse un partido nacional, al mismo tiempo que sus fundadores conservaron elevado grado de autoridad para amoldar la identidad del partido". Eso corresponde al concepto de Panebianco de un partido "que se desenvuelve básicamente (pero no exclusivamente) a través de la expansión territorial". En México, si bien el nuevo sistema de partidos pudo aparentar un tripartidismo, en la práctica ha operado como tal, durante los noventa, sobre la cuarta parte del país, a causa de la regionalización de los partidos de oposición. El proceso de nacionalización de los partidos desafiantes implicó una creciente disputa entre el PRD y el PAN, lo que demuestra la creciente cantidad de diputados federales provenientes de distritos de competencia multipartidista (Klesner, 2001). Paulatinamente también, los Estados hegemónicos han tendido a disminuir para dar paso a competencias bipartidistas (PAN-PRI y PRD-PRI). En la actualidad puede decirse que el PAN y que el PRD son partidos nacionales (Klesner, 2001).

Raíces en la sociedad y las bases sociales. Estrictamente son elementos relacionados pero diferentes, aunque aquí se los ha analizado en forma conjunta y resumida31. Los partidos desafiantes con raíces y bases fuertes son aquellos que establecieron vínculos vigorosos con intereses organizados, o nacieron gracias a ellos (sindicatos, empresarios, movimientos sociales). Estos casos son notorios entre los partidos desafiantes exitosos (EP-FA, PRD, PAN y PT). Previo a la democratización mexicana, el partido hegemónico fue el fundador de un "Estado corporativo" más que de un "Estado pluralista" en su relación con los grupos sociales32. Consecuentemente entre el PRI y el PRD "lo que está en juego, incluso a más de diez años de la fundación de este último, es una herencia y con ella un amplio electorado educado en las tradiciones de la revolución mexicana" (Loaeza, 2002: 304). Es por eso que la escisión de 1988 en el PRI se diferenció tanto de otras, porque los "neocardenistas" contaban con "una agenda económica y política discerniblemente diferente y una base social que incluía a elementos claves de los grupos de votantes tradicionales del PRI (los campesinos, los obreros urbanos)" (Craig y Cornelius, 1996: 214). El PAN vivió una suerte de "refundación" con el ingreso de empresarios a la actividad política y sus aportes financieros, impulsados por el rechazo a la nacionalización del sistema bancario en setiembre de 198233. La medida del Presidente José López Portillo animó a que un cúmulo de pequeños y medianos empresarios se manifestaran con rechazo al gobierno, "recurriendo preferentemente al PAN, para desafiar el monopolio del PRI en el ámbito municipal", arrastrando buena cantidad de votos de clase media (Loaeza, 2002).

En cuanto a la capacidad de echar raíces en la sociedad, el caso del EP-FA en Uruguay parece ser uno de los casos más destacados. El Frente Amplio ha aumentado sus caudales electorales en zonas desarrolladas en términos de actividad económica, industrialización y urbanización34. Por otra parte, ha desarrollado fuertes vínculos con los sindicatos de trabajadores integrados en la CNT cuando se formó el FA, y en el PIT-CNT desde la restauración democrática en adelante. Así "los sindicatos han sido un ámbito privilegiado de reclutamiento de militantes y votantes para la izquierda" (Doglio, Senatore y Yaffé, 2004: 265)35. Adicionalmente, los investigadores han descubierto qué ámbito de reproducción y socialización de bases frenteamplistas más importante ha sido la familia (Moreira 2000, 2004)36. La "senda del catch-all party" que seguiría el Frente Amplio (Lanzaro, 2004), combinada con la lógica coalicional de múltiples fracciones internas para lograr crecer electoralmente, comenzaría a diluir la nitidez de sus bases sociales llegada la elección del 2004, pero no la fortaleza de sus raíces. En consecuencia, las raíces fuertes en la sociedad del nuevo partido desafiante han sido un elemento sumamente institucionalizante para el sistema de partidos en su conjunto37.

No obstante, el PT también lo ha logrado, destacándose entre los partidos de la región. Margaret Keck (1991) argumenta que en el "modelo genético" de Panebianco (1990), la relación del PT con el movimiento sindical fue crucial para su experiencia de formación. El PT logró ser la "fuerza partidaria dominante en los movimientos sociales y los sindicatos" cuyo éxito se debió en buena parte al espacio ganado al PMDB, que había encarnado la oposición a la dictadura y un lugar privilegiado en la relación con las organizaciones sociales38 (Mainwaring, 1996: 315). En términos sustantivos, Margaret Keck (1991: 13, 28) argumenta que el PT fue una "anomalía" en el sistema de partidos de Brasil, y que "precisamente por ser una anomalía el PT podía servir de canal de expresión a un amplio descontento con el statu quo, como ocurrió en las elecciones del final de los años 80".

En los demás casos, el reclutamiento de bases sociales y organizaciones civiles ha sido más complejo gracias al poder que conservaron algunos partidos del satu quo sobre determinadas corporaciones39.

Nuevo eje de competencia interpartidaria. Este es un elemento central para determinar el éxito o el fracaso de los partidos desafiantes. Los clivajes de competencia interpartidaria estructuran buena parte del sistema de representación política. Por lo general los partidos que lograron hacer coherente su representación política e ideológica, sus bases sociales y sus estrategias de competencia, han sido capaces de generar un nuevo escenario en el sistema de partidos, modificando los cortes y las divergencias tradicionales o agregando ejes de competencia novedosos. En la mayoría de los casos, el eje izquierda-derecha (que ha prevalecido sobre muchos otros) ha sido el producto de la aparición de partidos desafiantes. En algunos casos, el aborto del desafío partidario debilitó el propio clivaje, así como la capacidad de representación por el nuevo partido. En los casos exitosos, como en Brasil y Uruguay, la dimensión izquierda-derecha tuvo un efecto ordenador de la competencia y sumamente simplificador de la política para los ciudadanos, lo cual hizo a los partidos actores más predecibles y estables, lo cual ha impactado en la institucionalización de ambos sistemas de partidos40. En México, los ejes se han multiplicado gracias a que los partidos desafiantes fueron, en primer lugar, agentes centrales en la transición hacia una democracia verdaderamente competitiva, y en segundo lugar, debieron dar forma a la competencia interpartidaria sobre la orientación de las políticas y las identidades, más allá de los valores pluralistas. De ese modo, el eje izquierda-derecha se ha cruzado con el hegemónico-democrático. En el caso de los partidos desafiantes fracasados, el eje principal de competencia sobre el cual aquellos partidos se habían sustentado fue olvidado y dejado de lado por el dominio de las estrategias políticas de más corto plazo, o fue quebrado por la emergencia de populismos mucho más fuertes en ese sentido.

Si bien el desarrollo anterior está centrado en los partidos desafiantes, también debe tenerse en cuenta que la inclusión exitosa de una fuerza política emergente en el sistema de partidos no es un efecto cuyas causas se encuentren exclusivamente en el partido emergente. Por el contrario, el éxito de los partidos desafiantes se debe a la resultante del tipo de competencia e interacción que se genera con los partidos del statu quo. Cuando éstos, y en general un sistema de partidos, transitan desde una exclusión fuerte a la integración de los nuevos actores, atentan contra el desarrollo natural de las oposiciones en formación. Las barreras de entrada muy fuertes como fueron el Frente Nacional (en Colombia) y el Pacto del Punto Fijo (Venezuela) atentan contra el desarrollo de los partidos desafiantes, aun cuando las condiciones sociales y de representación política los fomenten. Así mismo, la brusca inclusión de las nuevas oposiciones de partidos en arreglos coalicionales con partidos del statu quo, genera mensajes contradictorios al electorado, y desdibuja rápidamente los contenidos de su representación.

En síntesis, los partidos desafiantes exitosos son aquellos que emergieron representando bases sociales definidas, se identificaron como alternativas a los partidos del statu quo durante todo el proceso de su desarrollo orgánico e institucional, y en virtud de ello, instauraron nuevos ejes de competencia política interpartidaria. Para ello, establecieron pautas de oposición democrática claramente definidas sin realizar coaliciones electorales ni coaliciones de gobierno con los partidos establecidos. Fue de ese modo que el PT en Brasil, el EP-FA en Uruguay, el PAN y el PRD en México, se volvieron actores relevantes y estables para las nuevas democracias.

Por el contrario, los partidos desafiantes fracasados son aquellos que desdibujaron el sentido de la representación política que los hizo emerger, principalmente, a causa de las estrategias de cooperación establecidas con partidos del satu quo partidario. Ello atentó contra los procesos de desarrollo orgánicos e institucionales de las nuevas oposiciones, la capacidad de control sobre los liderazgos y las decisiones partidarias, lo cual realimentó las dificultades para establecer estrategias de oposición definidas a largo plazo. El resultado de este proceso llevó a la incapacidad de consolidar bases sociales estables y a la disolución electoral de fuerzas políticas que dejaron de representar una alternativa, volviéndose marginales o inexistentes.

IV. Hacia un Modelo de Trayectorias Políticas

Aquí se propone un modelo (figura 1) que pretende ser útil para la comprensión de las transformaciones de los sistemas de partidos latinoamericanos en el nuevo escenario que se plantea luego de las transiciones democráticas, caracterizado por los problemas de representación partidaria más arriba mencionados41. Si se toma un momento "inicial", tal como el fin de los ochenta y el inicio de los noventa, es posible identificar democracias con sistemas de partidos de diferentes niveles de institucionalización (Mainwaring y Scully, 1996): a) los sistemas institucionalizados; b) los sistemas incipientes o no institucionalizados; c) sistemas hegemónicos en transición. En los tres tipos de sistemas emergieron partidos desafiantes, cuyo éxito o fracaso ha tenido impactos posteriores sobre los niveles de institucionalización iniciales.

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué motivo los partidos desafiantes tienen efectos sobre la institucionalización de los sistemas? Cuando aparecen nuevos actores en un contexto de deficiencias representativas todas las variables que componen la institucionalización del sistema se ven alteradas. Por ejemplo, el fracaso o la desaparición de un partido desafiante que concitó la atención de cierta parte del electorado y ganó un "lugar" en el espectro político, implica que la competencia se vuelva más inestable; las raíces de los partidos en la sociedad pasan a ser, en conjunto, más débiles; las elecciones y los partidos políticos pueden verse deslegitimados como actores para la formación del gobierno; y las organizaciones partidarias pueden verse amenazadas ante la eventual irrupción de líderes carismáticos que nacen como agentes "salvadores" de la nación apoyados en fuerzas de carácter movimentista.

Figura 1: Modelo de transformación de los sistemas de partidos de América Latina

Nota 1: "E"= éxito; "F"= fracaso.

Nota 2: La clasificación de los sistemas de partidos según su institucionalización corresponde a los resultados del estudio elaborado por Mainwaring y Scully (1996).

 

 

Los contextos que América Latina enfrenta en la década del `90 vuelven necesarios nuevas fuerzas políticas que den cuenta de una auto-transformación sistémica capaz de seguir un camino hacia mayores niveles de institucionalización. Si bien es cierto que la idea de institucionalización remite en muchos sentidos a la estabilidad y no a los cambios, esa es una noción parcial del concepto. Institucionalización no quiere decir "congelamiento" ni "fosilización", sino que un sistema de partidos institucionalizado puede dar paso a otro -también institucionalizado- mediante la aparición de nuevos partidos de vocación democrática -que se integran a la competencia y presentan organizaciones fuertes- acompañando, tal vez, la desaparición de otros.

Por lo tanto, los casos de partidos desafiantes exitosos tienden a resolver en mejor manera las deficiencias representativas que plantea el modelo (figura 1) y posibilitan mejorar o mantener los niveles de institucionalización del sistema, mientras que el fracaso de estos nuevos actores llevan a una "des-institucionalización" y en algunos casos abren el camino para la emergencia de populismos que contribuyen aún más al colapso del sistema de partidos42.

Estamos en condiciones de presentar el conjunto de hipótesis que se desprenden del modelo descrito. No obstante, debe quedar en claro que el modelo ha sido desarrollado en forma inductiva en base a la observación de seis casos nacionales durante un período específico, lo cual obliga a tomar precauciones si se intenta generalizar sobre casos aquí no comprendidos.

En primer lugar, allí donde los partidos desafiantes son exitosos: a) el sistema de partidos en su conjunto tiende a dirigirse a la institucionalización (o a conservarla si ya era un sistema institucionalizado) mediante un proceso de realineamiento electoral y partidario; b) se evitan las salidas populistas a las crisis de los partidos tradicionales o del "statu quo"; c) se alienta la vitalidad de la competencia interpartidaria en términos de gobierno-oposición y aparecen nuevos ejes de conflicto político que dan un mayor contenido a la competencia; d) y por consiguiente la combinación entre institucionalización y vitalidad en la competencia interpartidaria fortalece el sistema de representación política. Los casos de partidos desafiantes exitosos (Brasil, México y Uruguay) parten de niveles de institucionalización completamente diferentes a inicios de los años noventa. Sin embargo, constituyen un grupo diferencial al resto de los países latinoamericanos (con la excepción de Chile) en su mejora relativa o conservación de los niveles de calidad democrática e institucionalización partidaria.

En segundo lugar, allí donde los nuevos partidos de oposición desafiante terminan fracasando: a) el camino más frecuente ha sido el declive del sistema de partidos en su conjunto mediante un desalineamiento partidario y electoral; b) existe una mayor vulnerabilidad a salidas populistas o anti-partidos y al colapso del sistema de partidos preexistente.

Argentina y Colombia son casos en los cuales el fracaso de los partidos desafiantes vino acompañado de un estado de declive de las potencialidades de representación y niveles de institucionalización en el mediano y largo plazo. El caso de Venezuela demuestra cómo un sistema institucionalizado no es ajeno a los riesgos del colapso del sistema de partidos. Luego del fracaso del MAS y LCR como alternativas para estructurar una nueva competencia con los partidos tradicionales (AD y Copei), emergió un movimiento antipartidos (y no un nuevo partido desafiante) con gran capacidad para conquistar el poder y conservarlo en el tiempo.

V. Conclusiones

En primer lugar, la evidencia presentada pone de relieve la importancia que tiene el estudio de la oposición para comprender el funcionamiento de las democracias contemporáneas. En contextos de importantes transformaciones, como lo fue la década del noventa especialmente, la calidad de las democracias latinoamericanas dependió en gran medida de los efectos que tuvieron las oposiciones emergentes (los partidos desafiantes) sobre la vitalidad representativa y la institucionalización de los sistemas de paridos.

Aquí se ha detectado que el éxito y el fracaso de los partidos desafiantes se debe al grado de congruencia entre el tipo de representación política que los mismos ejercen, y las estrategias de cooperación y competencia que adoptan para relacionarse con los partidos del statu quo.

Por otra parte, los procesos de realineamiento electoral (y partidario) sobre los cuales la ciencia política se ha planteado interrogantes, parecen estar asociados a la emergencia de partidos desafiantes exitosos, que generan el efecto de transformar los ejes de competencia y relacionamiento interpartidario en un nuevo marco de representación; en sentido contrario, el desalineamiento electoral se da en las democracias donde las oposiciones emergentes vieron frustrados sus proyectos políticos dejando vacíos en el sistema de canalización de intereses y expresión de identidades sociales.

Por último, la relación sugerida entre el aumento o preservación de los niveles de institucionalización de los sistemas de partidos y la capacidad de transformación de los mismos (mediante la inclusión de nuevos actores), propone que la institucionalización puede depender, en forma contra-intuitiva a las nociones más extendidas, de ciertos componentes de inestabilidad que faciliten la transformación de los sistemas partidarios como mecanismo de adaptación a nuevos ambientes.

ANEXO

Brasil

Cuadro 1: Porcentaje de votos válidos para elecciones Presidenciales (1989-2002)

Fuente : BID-IDEA. 2003. "La política importa".

Notas : en 1994, el PSDB (Cardoso) estaba aliado con el PFL y el PTB; el PMDB (Quercia) estaba aliado con el PSD.

a : elección de primerra vuelta.

b : elección en segunda vuelta.

México

Cuadro 2: Porcentaje de votos válidos en elecciones para la Cámara Baja (1982-2000)

Fuente : BID-IDEA. 2003. "La política importa".

* Coincide con elecciones nacionales.

(1) : En 2000, AC (Alianza por el Cambio) fue una coalición entre el PAN y el PVEM. AM (Alianza por México)

(2) : En 1988 se presentan los votos del Frente Democrático Nacional (FDN).

Cuadro 3: Porcentaje de votos válidos en elecciones presidenciales 1982-2000

(1) En la elección de 2000, la candidatura de Vicente Fox Quesada, del PAN, fue apoyada por la Alianza por el Cambio (AC) que incluyó al PVEM y al PAN.

(2) En 1988 el Frente Democrático Nacional (FDN) fue una coalición que apoyó la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El FDN estaba integrado por el PFCRN, el PPS y el PARM. Después de esta elección, Cárdenas constituyó el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el que se fusionaron la Corriente Democrática, el Partido Mexicano Socialista (PMS) y el Partido Social Demócrata (PSD). En 2000, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, del PRD, fue apoyada por la Alianza por México (AM), que incluyó PT, CD, PAS, PSN tanto como el PRD.

Uruguay

Cuadro 4: Porcentaje de votos válidos en elecciones presidenciales y legislativas (1966-2004)

Fuentes: elaborado en base a Banco de datos del Instituto de Ciencia Política (ICP, Uruguay). Corte Electoral.

 

Argentina

Cuadro 5: Porcentaje de votos válidos en elecciones para la Cámara Baja 1983-2003

Fuente: En base a datos de "La política importa" (2003); Political Database of Americas (en la web).

Cuadro 6: Porcentaje de votos válidos en elecciones presidenciales 1983-2003

Fuente: En base a datos de "La política importa" (2003); Political Database of Americas (en la web); Cheresky y Blanquer (2004).

Colombia

Cuadro 7: Resultados electorales colombianos 1986-1998 (% de votos válidos)

Códigos: "d"= Diputados; "s"= Senadores; "p": Presidente; "anc"= Asamblea Nacional Constituyente.

Fuente: Archer y Shugart (2002); "La política importa", BID-IDEA (2003).

Venezuela

Cuadro 8: Porcentaje de votos válidos en elecciones para la Cámara Baja (1978-2000)

(1) en 1988 está aliado con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MAS-MIR)

Fuente: "La política importa", BID-IDEA (2003)

 

* Este artículo se basa en la Tesis de Grado en Ciencia Política del autor.

1 Quiero agradecer las valiosas sugerencias y comentarios realizados por Carlos Aloisio, Daniel Buquet, Daniel Chasquetti, David Altman, Jorge Lanzaro, Juan Pablo Luna, Pablo Alegre y los dos referís anónimos de la Revista de Ciencia Política.

2 Casos de este tipo son el Movimiento Quinta República (MVR) de Hugo Chávez Frías en Venezuela, o el Cambio 90 (C90) de Alberto Fujimori en Perú. En estos países se llegó al colapso del sistema de partidos en el sentido de Dietz y Myers (2003: 3).

3 "La formación de nuevos partidos que reflejen nuevas identidades e intereses y la muerte de los antiguos, junto con la desaparición de las clases y la preponderancia de los viejos clivajes, son parte integrante del proceso normal, aunque poco habitual, de realineamiento electoral" (Hagopian, 2000: 293).

4 Siguiendo la definición elaborada por Scott Mainwaring y Timothy Scully, los sistemas institucionalizados se caracterizan por "la estabilidad en la competencia entre partidos, la existencia de partidos que tengan raíces más o menos estables en la sociedad, la aceptación de partidos y elecciones como instituciones legítimas que determinan quién gobierna, y organizaciones partidarias con reglas y estructuras razonablemente estables" (1996: 1). Esta es una de las definiciones más completas que la ciencia política ha ofrecido sobre la institucionalización de sistemas de partidos, sin embargo los componentes de estabilidad pueden hacernos ver como institucionalizados a sistemas que en realidad están congelados. Una idea similar presentan Cavarozzi y Casullo (2002: 22-26).

5 Para una discusión entre las diferencias de la institucionalización partidaria y la institucionalización de los sistemas de partidos, así como las relaciones entre ambos conceptos, ver Randall V. y Svåsand Lars, "Party Institutionalization in New Democracies", Party Politics 8 (1): 5-29, 2002.

6 Esta interpretación supone que en este periodo se dan dos procesos de trasformación dual, por un lado la construcción (o restauración) de sistemas políticos democráticos y partidos que mutan en sus formatos y organizaciones, y por otro, un giro de tendencia más o menos liberal en la implementación de reformas estructurales y de políticas económicas que pudieran hacer frente a los problemas que trajo el agotamiento de la matriz estado-céntrica (Cavarozzi y Casullo, 2002), o que dejaran atrás modelos de gestión keynesiana imposibles de sostener (Lanzaro, 2000).

7 El término "emergentes" no implica que sean recién fundadas, sino que son emergentes en tanto que actores relevantes en el sistema donde interactúan. El PAN en México existió muchas décadas a lo largo del siglo XX como partido satélite del PRI, sin embargo, emergió como actor relevante desde inicios de la década de 1980.

8 Aunque no se ha llegado a elaborar como concepto, ni tampoco se ha utilizado en estudios comparados, se ha utilizado la idea de "partidos desafiantes" como referencia al Frente Amplio y el Nuevo Espacio en Uruguay en contraposición a los partidos tradicionales (Partido Colorado y Partido Nacional) (González, 1999).

9 Son oposiciones semi-leales, en tanto no dirigen su accionar contra el régimen democrático pero su ataque a los partidos políticos y la exaltación -o empleo efectivo- de la violencia política los pone en una posición cercana a las oposiciones desleales desarrolladas por Juan Linz (1987).

10 Ejemplos como el M-19 en Colombia, el MAS y LACR en Venezuela representan esos itinerarios. También guerrillas como el MLN-T en Uruguay terminaron formando un sector dentro del partido EP-FA luego de reestablecida la democracia.

11 Una definición operacional para identificar oposiciones partidarias que dejan de ser marginales y alcanzan a ser alternativas políticas creíbles, es el momento en el cual se vuelven actores efectivos en términos del número de partidos que componen el sistema.

12 Se utilizará la noción de partidos del "statu quo" para referirse al conjunto de partidos conservadores, tradicionales o partidos gobernantes, que son impugnados por las nuevas oposiciones políticas. Podría utilizarse la definición de "partidos cartel" (Katz y Mair, 1995) dado que describe bien la cooptación del Estado en forma compartida por los partidos establecidos. Sin embargo, no es capaz de contemplar casos de partidos establecidos que continúan siendo vínculos ubicados entre la sociedad y el Estado, y cuyas políticas tengan que ver con dimensiones ideológicas relevantes. Por otra parte, la preservación de un orden establecido en el sistema de partidos supone una actitud conservadora del poder por parte de aquellos que controlan el acceso al gobierno (cometido esencial de los partidos), o en su defecto, el monopolio sobre la oposición política con representación.

13 Son partidos que, durante su desarrollo y proceso de institucionalización, persiguen políticas y presentan cuerpos de ideas relativamente fuertes. Según Wolinetz (2002) los partidos que persiguen políticas (policy-seeking) se asimilan más a los partidos de masas o partidos programáticos.

14 Argentina fue considerado "el caso menos claro de sistema institucionalizado de partidos" en el estudio de Mainwaring y Scully (1996: 15).

15 En 1989 Fernando Collor de Mello llegó a la presidencia con el 28,5% de los votos apoyado por una nueva etiqueta, el Partido de la Reconstrucción Nacional (PRN). Este es un fenómeno movimentista de un líder y no precisamente un partido. El PRN es un producto de la baja institucionalización del sistema de partidos brasileño de aquel momento. El PRN en Brasil, junto con el MVR de Chávez en Venezuela y el C90 de Fujimori en Perú, demuestran que en momentos de crisis política y desgaste institucional, se dan las condiciones para la aparición de movimientos de liderazgo cuya principal estrategia es desprestigiar a los partidos y presentarse como salvadores que provienen desde afuera del sistema.

16 Ambos partidos pertenecieron a un "statu quo político" en torno a la relación con el aparato estatal formado al estilo de los partidos "cartel" europeos (Katz y Mair, 1995). A su vez, ambos recibieron la afluencia contingentes parlamentarios provenientes de partidos conservadores y los incluyeron en sus filas. Por otra parte, Scott Mainwaring explica que al inicio del Plan Cruzado de Sarney "el PMDB y el PFL eran extremadamente complacientes. Con el fracaso del Plan Cruzado, no obstante, el PMDB se dividió profundamente a propósito de su relación con el gobierno" y en 1988 "cuarenta representantes parlamentarios rompieron con el partido y formaron un nuevo partido de centro-izquierda, el PSDB" (2002: 91). Más tarde, cuando el PSDB era el único partido capaz de enfrentar a Lula en las elecciones de 1994 mediante la candidatura de Fernando Enrique Cardoso, "la Alianza con el PFL concertada en marzo de 1994, le trajo a Cardoso el mismo tipo de apoyo que Collor recibió en 1989: el del interior profundo" (Singer, 2002: 103).

17 Ni el Partido Democrático Brasileño (PDT) ni el Partido Laborista Brasileño (PTB), que competían por asumir el papel del PTB pre-1965, alcanzaron a representar un desafío real al statu quo formado en torno al poder estatal. Los partidos de oposición pequeños fueron aliados funcionales al PT, quien ganó la batalla por representar a la "izquierda".

18 Las oposiciones que han sido siempre marginales, como la UceDé en Argentina o el Nuevo Espacio en Uruguay, no son partidos desafiantes fracasados, porque de hecho, nunca alcanzaron a ser partidos desafiantes. Ninguno de estos partidos alcanzan a contar como actores efectivos dentro del sistema.

19 La definición aportada por Kaare Strom (1990) es la siguiente: "i) un conjunto de partidos políticos que, ii) acuerdan perseguir metas comunes; iii) reúnen recursos para concertarlas y iv) distribuyen los beneficios del cumplimiento de las metas."

20 Cuando esta pauta es generalizada en el sistema de partidos es tomada en cuenta como un indicador de institucionalización del sistema (Mainwaring y Scully, 1996).

21 Este punto refiere a uno de los criterios que utilizan Mainwaring y Scully para medir la institucionalización de los sistemas de partidos (1996: 1-28).

22 Durante la Asamblea Nacional Constituyente electa en 1990, el AD-M19 estuvo aliado al Partido Liberal para enfrentar a los conservadores (Febres-Cordero, 1997: 40-41). Por otra parte, Antonio Navarro Wolf (líder del AD-M19) aceptó entrar al gobierno del liberal Gaviria desde el inicio, ocupando un cargo ministerial. Esto impidió que se desarrollara una bancada parlamentaria de oposición desafiante. En síntesis, entre 1991 y 1994 AD-M19 se encontró más bien compartiendo poder en el gobierno que en la oposición.

23 El 88% de las votaciones del PAN en el período 1997-2000 alcanzan a un grado de disciplina mayor del 90% dentro del partido. Mientras que PRD alcanzó al 87% en el mismo período (Lujambio, 2001). Si bien el PT o el Frente Amplio son algo más disciplinados que los partidos desafiantes mexicanos, debe tenerse en cuenta que en Uruguay y en Brasil la gobernabilidad no se veía amenazada por las oposiciones intransigentes en el parlamento. En México luego de 1997 solo el PAN y el PRD tenían la llave para que las leyes pudieran ser aprobadas. Pro otra parte, Adriana Borjas Benavente (2003: 449) sostiene que el PRD se vio obligado "a privilegiar, en ocasiones, los intereses que representaban [organizaciones y movimientos sociales] en detrimento del desarrollo y consolidación de la propia organización partidista".

24 Los casos del MAS y de LCR resultaron fracturados a causa de la relación con el Poder Ejecutivo, en tanto líderes como Petkoff y Velázquez apoyaron a Rafael Caldera e incluso participaron directamente en el gobierno. En el caso de los partidos desafiantes mexicanos, la relación con el gobierno ha sido algo menos traumática que en Venezuela, aunque también incentivaron las disputas internas. En Colombia, durante la Asamblea Nacional Constituyente, el grupo "más unido y cohesionado" fue la Alianza Democrática-M19, seguido del Partido Liberal, el Movimiento de Salvación Nacional y el Partido Social Conservador (Cepeda, 1993, citado en Febres-Cordero, 1997: 41). No obstante, existe falta de información sobre las votaciones parlamentarias de la bancada de AD-M19 durante el gobierno de Gaviria. Se optará por definir una disciplina partidaria media, dadas las divisiones internas a causa de la participación en el gobierno y los incentivos institucionales a responder a electorados locales de los diputados al estilo de los partidos tradicionales.

25 El partido realmente disciplinado entre 1987 y 1988 en Brasil era el PT (100% en el Índice de Rice sobre votaciones en 13 temas relevantes); ver Mainwaring (1996: 310). Posteriormente, Figueiredo y Limongi (2001:73-123) demostraron que la evolución del sistema de partidos fue aumentando progresivamente los niveles de disciplina parlamentaria. No obstante esta evolución, el PT se destaca durante toda la década de los años noventa por ser el más disciplinado (seguido del PDT). En Uruguay, el EP-FA ha mantenido niveles de disciplina "perfecta" entre el período 1985-1994 (Buquet et. al, 1999: 70-79), en tanto "la dirección de sus votos estuvo siempre orientada -salvo escasas excepciones- contra las mayorías conformadas por los partidos Colorado y Nacional".

26 El PT encarnó un modelo de representación y de organización partidaria en la arena del congreso muy novedosa para la política brasileña, dado que ninguno de los representantes de partidos de izquierda (PT, PCdoB y PCB) electos en 1986 cambiaron de partido, a lo sumo tuvieron excepcionales incorporaciones. Adicionalmente, el PT tiene resortes en su estructura partidaria para someter a sus representantes a las decisiones del partido tomadas fuera del congreso, especialmente en las bases (Mainwaring, 1996: 309). Una lógica muy similar ha caracterizado al desarrollo organizacional del EP-FA en Uruguay.

27 En base a estudios sobre el PJ y la UCR se ha dicho que Argentina es caso de alta disciplina partidaria en términos comparativos (Mustapic y Goretti 1992; Jones: 2002: 155-158). Adicionalmente en un estudio sobre coherencia partidista de élites parlamentarias (García Montero y Ruiz Rodríguez, 2001), el Frepaso y la UCR son los partidos que presentan mayores niveles de coherencia (junto con los partidos chilenos) en las tres dimensiones analizadas: "programática-económica", "programática-actitudinal" e "ideológica" (2001: 28). La coherencia programática e ideológica de las elites partidarias no necesariamente se debe traducir en una disciplina parlamentaria alta. Dada la falta de información confiable, podemos suponer razonablemente que en un sistema de altos niveles de disciplina, donde emerge un nuevo partido con altos grados de coherencia programática e ideológica, el nuevo partido también presente una disciplina alta.

28 Para una descripción analítica detallada de los caminos del período que va desde la formación del Frente Grande hasta la creación de la Alianza en Argentina ver Abal Medina (1998), "Viejos y nuevos actores en el escenario posmenemista: De Evita a Graciela, la experiencia del Frente Grande/ Frepaso". LASA. Chicago; Palermo y Novaro (1998), "Los caminos de la centroizquierda: dilemas y desafíos del Frepaso y de la Alianza", Losada, Buenos Aires.

29 Teodoro Petkoff fue determinante para la génesis del Movimiento Al Socialismo. No obstante, no llegó a ser un candidato con chances reales de ganar una elección, ni siquiera de ser un competidor fuerte. En el caso de LCR lo fue su figura fundadora y alimentadora de ideología y estrategia política para el devenir del partido, Alfredo Maneiro. Sin embargo el candidato presidencial de LCR que logró desbancar por primera vez al MAS del tercer lugar en las elecciones presidenciales fue Andrés Velázquez. En términos comparativos, los liderazgos presidenciales de LCR fueron más competitivos que el liderazgo del MAS.

30 El Frepaso perdió la elección para gobernar Buenos Aires contra el radicalismo antes de la formación de la Alianza. Esto dejó al partido sin gobiernos propios hasta las elecciones en que alcanzó el gobierno con la Alianza.

31 Mientras que las bases sociales refieren más al sustento del partido con grupos de intereses definidos, clases sociales, sectores organizados y muchas veces corporativos; las raíces en la sociedad tienen que ver con la penetración del partido político como identidad en la sociedad civil, organizada y/o no organizada.

32 Hacia los años ochenta el modelo instaurado comenzó a declinar, en parte porque el desarrollo económico tendió a debilitar la centralidad de las organizaciones de trabajadores (específicamente la Confederación de Trabajadores de México, CTM) aumentando el sector de trabajo informal en los centros urbanos, y en parte también, porque el régimen y su insistencia en controlar al movimiento obrero mediante la inclusión de sus liderazgos personalistas en el aparato del PRI comenzaron a deslegitimar la propia dirigencia de la CTM, como sucedió con el histórico líder obrero Daniel Velázquez (Levy y Bruhn, 1999: 526).

33 Estos sucesos impactaron en la relación de fuerzas internas del PAN. Hacia los años setenta existían dos grupos: moderados progresistas y conservadores militantes. Los primeros terminaron por purgar a la facción opositora y quedarse con el control del partido (Craig y Cornelius, 1996: 222).

34 Para un análisis del crecimiento electoral de la izquierda por áreas geográficas ver Buquet y De Armas (2004: 116-119).

35 Estos autores señalan que las Bases programáticas de la Unidad aprobadas por el FA en su fundación de 1971, "son un resumen del programa del Congreso del Pueblo, y por tanto de la CNT" (2004: 266-267). A partir de los cambios ideológicos y programáticos operados en el FA a mediados de los noventa (Garcé y Yaffé, 2004) se ha replanteado la "hermandad" entre "sindicatos e izquierda, reforzando las autonomías mutuas pero sin cuestionarla" (Doglio, Senatore y Yaffé, 2004: 269).

36 Esta explicación está basada sobre la constatación de que los nuevos votantes socializados en familias con padres frentistas tienden a reproducir casi siempre el comportamiento electoral de la identidad de sus padres, y una proporción similar se da entre los jóvenes provenientes de familias multicolor (Moreira, 2000: 99) El origen de esta explicación entiende el crecimiento de los partidos desafiantes por un efecto de "recambio demográfico" (Aguiar, 1999; Canzani, 2000; González, 1999) basado en la constatación empírica de que a medida que pasa el tiempo se van muriendo muchos más votantes de partidos tradicionales que no tradicionales, mientras que cumplen la mayoría de edad para votar muchos más votantes frentistas que de partidos tradicionales. Recientemente, Buquet y De Armas (2004: 109-138) han probado que esta explicación es algo más parcial que lo que aparentemente se sugería.

37 Este fenómeno está emparentado con lo que Yaffé (1999) ha denominado una "tradicionalización en sentido estricto" que refiere a los elementos constitutivos de una identidad y un marco de acción política de la izquierda uruguaya. En conjunto, la idea de "tradicionalización" (Queirolo, 1999; Yaffé, 1999) se construyó en dos sentidos; a) parecerse a los partidos tradicionales en términos orgánicos, ideológicos, etc.; y b) generar una tradición identitaria propia que resumidamente puede expresarse mediante la reproducción de la identidad "frenteamplista".

38 El PT logró disputar y ganar espacios que dominaba el otro partido de izquierda de oposición desafiante hasta 1989: el PDT. La hegemonía del poder sobre el polo desafiante del sistema de partidos fue lograda por el PT hacia 1994 cuando logró absorber en el Estado de Rio Grande do Sul los votos del PDT. Cuando Singer (2002: 136-137) afirma que "la incorporación de los votos del PDT debe ser parte de la explicación del hecho de que Lula haya subido del 15% de los obtenidos en el primer turno de 1989, al 22% en 1994" entiende en el mismo sentido un juego de suma cero entre ambos partidos, dado que ambos ocupaban el mismo lugar ideológico del sistema de partidos y pretendían representar a las mismas bases sociales.

39 Por ejemplo, el PRI ha sido una máquina de aglutinar las expresiones sociales en forma corporativa dentro del partido y mantuvo ciertas capacidades de ese tipo luego de la apertura en la competencia política. El PJ ha mantenido una relación que proviene de su génesis con los sindicatos de trabajadores, la cual no pudo ser quebrada por el Frepaso.

40 Sobre la importancia del eje izquierda-derecha en Brasil ver Singer (2002), y para el caso uruguayo ver Lanzaro (2000).

41 Las deficiencias representativas de los sistemas de partidos se toman como una variable de contexto para el conjunto del modelo.

42 La emergencia de los movimientos populistas (donde colapsaron los sistemas de partidos) no se incluye en el modelo presentado aquí, pues no constituyen el centro del análisis. No obstante, están asociados al fracaso de partidos desafiantes y a las deficiencias estructurales de los partidos preexistentes con bajos niveles de institucionalización.

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Santiago López es Licenciado en Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay. Actualmente es investigador en Opinión Pública y Desarrollo Social en la consultora Equipos MORI, cargo en el que ha realizado seguimientos de la opinión pública en diversas áreas, especialmente en procesos electorales. Otra de sus áreas de especialización es la evaluación de impacto de políticas públicas y estudios de desarrollo local.

(E-mail: slopez@equipos.com.uy)


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