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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.25 n.2 Santiago  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2005000200003 

Revista de Ciencia Política / Volumen 25 / Nº 2 / 2005 / 65 - 90

ARTÍCULOS

Identidad y actitudes políticas en jóvenes universitarios:

el desencanto de los que no se identifican políticamente

Roberto González,

Jorge Manzi,

Flavio Cortés,

David Torres,

Pablo De Tezanos,

Nerea Aldunate,

María Teresa Aravena,

Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile

José L. Saíz,

Universidad de La Frontera, Chile


Resumen

Este trabajo reporta una investigación que busca analizar las actitudes y orientaciones que caracterizan a un grupo de creciente importancia en el sistema político chileno: quienes no se identifican con partidos o coaliciones. El estudio se organizó a partir de un conjunto de hipótesis derivadas de la Teoría de la Identidad Social, así como de estudios previos relacionados con actitudes políticas generalizadas. La investigación se llevó a cabo en una muestra de estudiantes universitarios de Santiago (N=1460), quienes respondieron un cuestionario autoadministrado. Los resultados confirmaron que quienes no se identifican políticamente tampoco lo hacen con otros referentes colectivos como la nación y la religión. Sus actitudes políticas son también distintivas: en comparación con quienes se identifican con partidos o coaliciones, su cinismo político es mayor y su eficacia política menor. Su tolerancia política y autoritarismo difiere de quienes se identifican con partidos o coaliciones de derecha y su adhesión a la democracia se encuentra en un nivel intermedio con respecto a quienes se identifican con la centro-derecha y centro-izquierda. En su conjunto, los resultados muestran que este grupo manifiesta una clara retracción con respecto a referentes de identidad e integración social. El trabajo concluye recomendando la realización de estudios longitudinales que permitan establecer y caracterizar las transiciones identitarias que llevan a esta forma de desafección política.

Abstract

This paper reports a study which analyzes attitudes and orientations of a group with growing significance in Chilean politics: people who do not identify with political parties or coalitions. The study was organized around a set of hypotheses derived from Social Identity Theory and previous research on generalized political attitudes. Participants of the study were university students in Santiago (N=1460), who answered a self-administered questionnaire. Results confirmed that those who are politically disengaged tend not to identify with other collective referents: the nation or religion. Their political attitudes are also distinctive: in comparison with people who identify with political parties or coalitions, their political cynicism is higher and their sense of political efficacy is lower. The political tolerance and authoritarianism of this group was significantly different from the levels exhibited by participants identified with right-wing parties and coalitions. Their support for democracy was intermediate as compared to that showed by left-wing and right-wing participants. In general, this group exhibits a clear retraction from basic referents of social identity and social integration. The paper concludes recommending longitudinal studies which can help establishing and characterizing the identity transitions that lead to political disaffection in Chilean politics.

Palabras Clave • Identidad Política • Desafección Política • Participación Política • Partidos • Coaliciones Políticas


I. Introducción

La identidad política en Chile ha estado tradicionalmente asociada a partidos políticos. Las coaliciones políticas en el sistema chileno tuvieron en el pasado un papel más bien instrumental. Desde la década del 30 en adelante los partidos políticos cumplieron una función de articulación entre Estado y sociedad civil, configurándose en los principales referentes de identidad en la vida política chilena, hasta el quiebre del sistema democrático en 1973. Con el retorno en 1989 del país al sistema democrático se configuró una nueva realidad: pese a que resurgió un sistema multipartidario con varios de los partidos existentes antes de 1973, las reglas del sistema electoral, de carácter binominal, propiciaron el establecimiento de dos grandes bloques o coaliciones, los que se han mantenido estables desde ese entonces. De esta forma, el sistema político chileno presenta hoy un espectro inédito de oportunidades de identidad, que van desde aquellas basadas exclusivamente en un partido político hasta las que tienen como único soporte la coalición política, pasando por identidades complejas, donde se combina la identificación con una coalición y un partido (González et al., 2005).

Junto a este importante cambio, se observa a partir de 1990 un creciente número de jóvenes que no manifiesta mayor identificación con referentes tradicionales (nación, iglesias, partidos) y que, como consecuencia de ello, y estando en condiciones legales de votar, prefiere no inscribirse en los registros electorales, restándose así de la ciudadanía política (Riquelme, 1999; Parker, 2000; Güell et al., 2003; Santibáñez et al., 2000; Micco y Ortega, 1998). En aquel grupo social la identidad política, tanto a nivel de partidos como de coaliciones, no parece representar opciones relevantes, y es así como aquellos que no se identifican con entidad política alguna pasan en la población juvenil de 32% en 1994 a 44% en 1997 y a 74% en 2003 (INJUV, 2004).

Parece, en este contexto, particularmente importante estudiar el fenómeno de la desidentificación y retracción política en el grupo social que cuenta con el mayor nivel de instrucción formal: la elite universitaria. Son estos jóvenes los que integrarán mayoritariamente los cuadros dirigenciales del país en los ámbitos políticos, económicos y culturales, por lo que sus identificaciones y compromisos parecen estratégicos para la reproducción del sistema social y el fortalecimiento de un sistema político democrático.

El sistema democrático requiere la participación de los ciudadanos, así como la existencia de actitudes y conductas que lo sustenten y legitimen. La contracción sostenida de las tasas de inscripción y participación electoral conlleva a una erosión en la legitimidad de la autoridad pública, en tanto la elección de los representantes ciudadanos es realizada por una fracción crecientemente menor de representados.

En Chile los datos muestran un alto porcentaje de participación electoral, particularmente cuando las elecciones son significativas y sus resultados son inciertos (1988 un 96,6% y 2001 un 86,6%), pero desde la recuperación de la democracia, la población inscrita en los registros electorales se ha reducido en la proporción de jóvenes que contiene de 2 millones 677 mil a 1 millón 51 mil. Por su parte, datos de la Cuarta Encuesta Nacional de Juventud del 20031 indican que un 72,7% de los jóvenes no estarían inscritos en los registros electorales. Los estudiantes universitarios no difieren mayormente de esta cifra, alcanzando a un 75,7% de no inscritos en los registros electorales. Sin embargo, dicha tendencia debe ser analizada con cautela, ya que la muestra de estudiantes universitarios que participó en el estudio no fue representativa del país, por lo que no es posible conocer con precisión la tasa de inscripción electoral en esta población a nivel nacional (tampoco existe evidencia de este tema en otros estudios de opinión pública). Las cifras anteriores muestran un envejecimiento del padrón electoral, el que ha pasado de una situación donde un tercio de los inscritos en 1988 eran jóvenes a otra donde la población juvenil sólo representa trece años más tarde un 13% del electorado (Navia, 2004). La creciente discordancia entre la composición demográfica de la población en edad de votar y el padrón electoral pone, en el largo plazo, una interrogante sobre el grado de legitimidad y representación del sistema democrático en Chile.

II. Identidad social y retracción de lo público

Para explicar los fenómenos de identificación con grupos o categorías sociales, el enfoque dominante en la psicología social es la Teoría de la Identidad Social (TIS) desarrollada por Tajfel y sus colaboradores (Tajfel y Turner, 1979; Tajfel y Turner, 1986). Para este autor la identidad social se origina en la conciencia de una persona de ser parte de un grupo social. Esta conciencia se conecta con reacciones cognitivas y emocionales orientadas a producir una diferenciación positiva entre el grupo al que se pertenece (endogrupo) y otros grupos (exogrupos). De esta forma, la simple categorización de la realidad en diversos grupos desata una serie de respuestas, en la medida que las personas se reconozcan como integrantes de una de las categorías sociales.

La TIS postula tres procesos básicos en la diferenciación intergrupal: la categorización social (que permite comprender los procesos cognitivos que llevan a distinguir grupos entre sí), la comparación social (que permite establecer y aplicar dimensiones comparativas) y la identificación social (que propone la existencia de una motivación, asociada a la autoestima, que conduce a favorecer al propio grupo).

Los fundamentos cognitivos de los procesos de identificación con grupos sociales fueron profundizados por Turner et al. (1987) en la Teoría de la Autocategorización. Ésta plantea que en el proceso de comparación intergrupal, las evaluaciones que las personas hacen de los miembros de un exogrupo no se hacen como individuos particulares, sino que como representantes prototípicos de sus grupos. Las personas, por tanto, comparan y evalúan a miembros de otros grupos basándose en abstracciones de lo que consideran son las características típicas del grupo al cual el sujeto evaluado pertenece. Lo anterior permite explicar que en los procesos de comparación entre grupos se produzca la tendencia a minimizar las diferencias al interior de los grupos (especialmente de los exogrupos) y a acentuar las diferencias entre grupos.

La Teoría de la Autocategorización también incorporó la consideración de diversos niveles de categorización, puesto que todo contexto intergrupal (por ejemplo, partidos políticos), puede ser subsumido en categorías más inclusivas (por ejemplo, coaliciones). Para esta teoría, las comparaciones entre grupos y los procesos de diferenciación asociados se llevan a cabo en el nivel de categorización que sea relevante a la situación social que origina dicha comparación.

Los procesos de identidad social que postulan los enfoques teóricos hasta aquí mencionados, operan en contextos donde existen una variedad de entidades colectivas con las que las personas pueden identificarse. Cada una de estas identidades provee un marco de diferenciación para compararse y diferenciarse socialmente. La hipótesis referente a este punto en este trabajo es que las personas no adoptan identidades sociales básicas (nación, orientación política y religión) de manera aislada e inconexa. De esta manera, la identificación en un ámbito de los mencionados tenderá a generar identificaciones en otras dimensiones de identidad. Por tanto, se espera que los jóvenes que no se identifican políticamente con un partido o una coalición, tampoco lo hagan con otros referentes identitarios de carácter social (como la religión o la nación), que han sido históricamente relevantes en la cultura chilena (Hipótesis 1).

Por cierto, sería posible concebir la hipótesis opuesta, según la cual el distanciamiento respecto de una dimensión o referente de identidad (la identidad política en este caso) generaría un movimiento compensatorio que llevaría a reforzar o acentuar otras dimensiones de identidad colectiva (nacionales o religiosas). Sin embargo, como puede verse en estudios previos llevados a cabo en nuestro país (por ejemplo, PNUD 2002), la retracción de lo público pareciera ser un fenómeno que se da en múltiples dimensiones. En esta línea, categorías públicas (partido político, nación, religión) parecen ser hoy en día, particularmente para los jóvenes, menos centrales y relevantes de lo que lo fueron hace algunos años atrás y ello las hace menos susceptibles de ser referentes de identidad social. Bengoa (2002) habla al respecto de una erosión de la identidad nacional y sostiene que las personas "ya no… centra(n) el imaginario identitario en las hazañas del Estado sino en ámbitos mucho más sutiles y privados de la sociedad". Es decir, lo que pareciera estar ocurriendo es que el distanciamiento de ciertos referentes identitarios no se compensa con otros del mismo nivel, sino que con opciones que se sitúan en una esfera más íntima o privada.

Esta retracción hacia lo privado puede incluir y afectar representaciones simbólicas como la identificación con la fe religiosa. La creencia y profesión de fe religiosa supuestamente formaría parte del ámbito privado por excelencia, pero en nuestra sociedad, la religión católica ha asumido una expresión institucional nacional con fuerte influencia en el Estado y en el ámbito de lo público, por lo que la retracción hacia lo privado también la incluye y afecta.

La segunda hipótesis de este trabajo se basa en la tendencia a favorecer al propio grupo en los procesos de comparación intergrupal, que postula la teoría de la identidad social (González et al., 2005). Según este enfoque, las personas intentan establecer una identidad favorable, evaluando de manera positiva a los grupos a los que pertenecen. A partir de lo anterior se hipotetiza que los jóvenes que se identifican con referentes políticos (partidos o coaliciones) evaluarán más favorablemente los referentes a los que pertenecen que a los grupos a los que no pertenecen, sean estos partidos o coaliciones políticas (Hipótesis 2).

Una tercera hipótesis se centra en las diferencias que cabe esperar entre las identidades basadas en partidos y coaliciones. El modelo de la Distintividad Óptima (Brewer, 1991), también relacionado con la teoría de la identidad social, establece que las personas buscan, en sus identidades sociales, satisfacer las necesidades de integración (afiliación) y diferenciación. Ello explicaría la preferencia por grupos de tamaño intermedio, pues ellos ofrecen simultáneamente suficientes oportunidades para sentirse integrado a un grupo, sin el costo (en términos de diferenciación) que poseen los grupos excesivamente inclusivos. Brewer plantea que para que la categoría o grupo con el cual el individuo se identifica tenga una distintividad adecuada, se requiere contar con "claridad de los límites que distinguen su membresía de su no membresía y (ello depende), en parte, del número de personas que califican para su inclusión" (Brewer, 1991: 479). Brewer también sostiene que la autoestereotipización, que es el proceso por el cual la autoimagen del individuo se hace congruente con las representaciones que hace de sí mismo como un buen y típico miembro de un grupo, será más fuerte en grupos más pequeños y más distintivos que en grupos grandes con una distintividad baja (Brewer, 2003).

Siguiendo este enfoque podríamos concluir que los partidos políticos, debido a su menor tamaño y mayor distintividad debieran constituirse en referentes identitarios más satisfactorios que las coaliciones. De hecho, los partidos políticos tienen como uno de sus objetivos básicos, por razones de competencia política electoral, lograr una diferenciación con grupos similares. De lo anterior se deduce que los partidos hacen más esfuerzos que las coaliciones por adquirir, mantener y realzar sus características distintivas, por lo que se espera observar mayores intentos de diferenciación intergrupal en partidos que en coaliciones (tanto cuando los partidos son la fuente como cuando son destinatarios de la diferenciación). Por tanto, se hipotetiza que cuando miembros de partidos y coaliciones juzgan a los exogrupos (partidos o coaliciones contrarias), producirán evaluaciones más severas de los partidos que de las coaliciones, especialmente cuando lo hagan desde una identidad partidaria. Es decir, se postula una hipótesis de interacción entre el nivel de la propia identidad (partido vs. coalición) y el nivel de la identidad del exogrupo (partido vs. coalición) cuando se evalúa a exogrupos (Hipótesis 3).

La Hipótesis 4 plantea que los jóvenes que no se identifican con referentes políticos deberían realizar evaluaciones o juicios más negativos de los grupos políticos, en sus dos niveles de agregación (partidos o coaliciones), en comparación con quienes sí tienen identidad política. Estas evaluaciones en el caso de los jóvenes sin identificación política se motivarían, en ausencia de su identidad política, por una disposición negativa general hacia el sistema político, sus instituciones y fuerzas componentes, y no en función de una necesidad de realzar o proteger una identidad propia (pues en este caso no existe).

III. Identidad política y actitudes cívicas

Un conjunto de actitudes políticas han sido identificadas en diversos estudios como aspectos claves en la orientación política de los ciudadanos con respecto al sistema político. Algunas de ellas pueden ser concebidas como actitudes generalizadas, en la medida que corresponden a tendencias o estructuras psicológicas que orientan el juicio y la acción de las personas en relación con aspectos generales del mundo político. Algunas de estas actitudes, como el cinismo político o la percepción de autoeficacia política, representan orientaciones que no están asociadas a la posición ideológica de la persona. Otras, como el autoritarismo y la tolerancia, han sido relacionadas con el continuo conservador_liberal. La adhesión a la democracia, también podría ser considerada una actitud independiente de la posición ideológica, en tanto la democracia representa una forma relativamente consensuada de organizar el sistema político. Sin embargo, por razones históricas y contextuales, muchas veces esta actitud aparece asociada con posturas ideológicas. A continuación se definen cada una de las actitudes políticas que constituirán la base para las hipótesis usadas en este estudio.

La noción de autoeficacia política se refiere a los sentimientos que experimentan los ciudadanos con respecto a su capacidad para incidir en el sistema político (Reef y Knoke, 1993). En el polo positivo esta dimensión expresa la convicción de las personas acerca de su capacidad para ejercer influencia con respecto al curso de los acontecimientos en el sistema político. En el extremo negativo, las personas manifiestan sentimientos de desvalimiento, impotencia y alienación (Seeman, 1959).

El concepto de cinismo político, por su parte, se refiere a la percepción que tienen los ciudadanos acerca de los verdaderos motivos (privados) que inspiran la conducta de los actores políticos (Citrin y Muste, 1993). En el polo positivo se asume que los motivos privados coinciden con la motivación que públicamente expresan los políticos (trabajar por el bienestar colectivo). El extremo negativo refleja la percepción de que los verdaderos motivos privados de los políticos discrepan de su motivación pública: su interés sería beneficiarse en términos materiales (dinero, bienes) o simbólicos (poder).

Con respecto a la tolerancia política, desde los estudios de Stouffer en los años 50, su conceptualización se ha asociado al reconocimiento de derechos para miembros de grupos impopulares. En los últimos 20 años, a partir del trabajo de Sullivan et al. (1981), se ha precisado mejor el concepto, desarrollándose la medición basada en la noción de grupo rechazado (least liked group). En esta perspectiva, la tolerancia implica el respeto de derechos generales a miembros de grupos rechazados. En contraste, la intolerancia se manifiesta en la resistencia a extender a grupos rechazados los derechos que se reconocen para nuestro propio grupo.

Otro concepto utilizado en este análisis es el de autoritarismo. En la tradición de Adorno (Adorno et al., 1950), el autoritarismo es visto como una actitud generalizada que se desarrolla tempranamente en la vida de la persona (en función de las prácticas de crianza a las que se ve expuesto). Aunque el concepto ha sido ampliamente discutido y revisado (ver por ejemplo, Altemeyer, 1998; Feldman, 2003), subsiste como un referente fundamental para estudiar las orientaciones de la ciudadanía hacia la autoridad, el ejercicio del poder, el control social y la aceptación de la desviación social, entre otros temas.

Finalmente, en este artículo se analizará la noción de adhesión a la democracia. Esta actitud ha sido objeto de interés por el grado en que permite informar acerca de la legitimidad social que posee la forma en que se organiza el sistema político. Ha sido típicamente estudiada oponiéndola a la preferencia por formas autoritarias de organización política o a la indiferencia ciudadana acerca de cómo se organiza políticamente su sociedad.

¿Cómo se relacionan estas actitudes generalizadas con el grado de identificación política de los jóvenes? Si se asume que la ausencia de adhesión a los partidos o coaliciones se basa, al menos parcialmente, en un distanciamiento, desencanto o evaluación crítica acerca del sistema político o de los partidos que lo componen, se podría deducir que el cinismo político debiera ser significativamente mayor entre quienes no se identifican políticamente (NIP). Un razonamiento análogo se podría emplear para proponer una diferencia entre quienes se identifican con partidos versus coaliciones. Probablemente quienes se identifican con coaliciones (pero no con los partidos) tienen una percepción más negativa de los partidos y de las intenciones de los actores políticos. En consecuencia, su nivel de cinismo debiera ser mayor que el de quienes se identifican con partidos.

Combinando los diversos planteamientos expresados, se podría hipotetizar que el cinismo debiera ser mayor entre quienes no se identifican con partidos o coaliciones, intermedio entre quienes se identifican con coaliciones, pero no con partidos, y menor entre quienes se identifican con partidos (Hipótesis 5).

Con respecto a la percepción de autoeficacia, también cabría esperar diferencias asociadas a la identificación política. Dos líneas argumentales pueden ser usadas para fundamentar estas diferencias: una basada en la forma en que se origina o evoluciona la identificación y otra relacionada con la motivación a mantener consistencia entre las actitudes. En la primera perspectiva, se podría plantear que quienes no adhieren a partidos o coaliciones han experimentado un mayor desencanto o frustración con el sistema político, por lo que sus expectativas acerca de las posibilidades de influir en el mismo debieran ser menores que las de quienes se sienten identificados con partidos o coaliciones. Adicionalmente, si se asume que la mayor parte de la gente intenta mantener consistencia entre sus actitudes (Festinger, 1957), cabría esperar que la conciencia de sentirse identificado o no identificado con referentes políticos puede llevar a percibir mayor o menor capacidad de influir en el sistema político, respectivamente. Complementariamente, en línea con lo dicho acerca del cinismo, también cabría esperar diferencias en el grado de autoeficacia entre quienes se identifican con coaliciones versus partidos, esperándose que la autoeficacia sea mayor en los últimos. Así, la Hipótesis 6 postula que la autoeficacia será mayor entre quienes se identifican con partidos, intermedia entre quienes lo hacen con coaliciones pero no con partidos y menor entre quienes no se identifican ni con partidos o coaliciones.

La tolerancia y el autoritarismo corresponden a orientaciones actitudinales generales que han sido tradicionalmente asociadas a la posición ideológica de las personas, observándose mayores grados de autoritarismo e intolerancia entre quienes adhieren a posturas de derecha. En este caso interesa evaluar si además de las esperables diferencias ideológicas, se podrían observar diferencias relacionadas con la identificación con referentes políticos. El grupo más interesante en este caso es el de quienes no se identifican con partidos o coaliciones (NIP). ¿Son las actitudes políticas de este grupo más cercanas a las de derecha o de izquierda? Mucho se ha especulado en Chile acerca del origen de quienes se han distanciado de la política. Dado que el poder ha sido ejercido por una misma coalición desde la restauración de la democracia, cabría esperar que una parte importante del desencanto corresponda a personas que han visto frustradas sus expectativas acerca de la forma en que dicha coalición ha ejercido el poder, con lo que se podría esperar que las actitudes políticas generales de los no identificados se parezcan mayormente a quienes adhieren a la centro-izquierda. Este razonamiento es complementario y consistente con lo que se constata al analizar la evolución electoral de los principales referentes políticos chilenos: pese a mantener el poder, la Concertación es la que ha experimentado una mayor erosión con respecto a la base electoral que tenía a comienzos de la década pasada, por lo que es probable que de dicha coalición será de donde proviene la mayor parte de quienes hoy se declaran independientes o no identificados políticamente. Por ello, se podría hipotetizar que tanto con respecto al autoritarismo, como a la tolerancia, los no identificados políticamente debieran mostrar mayor similitud con la centro-izquierda que con la centro-derecha (Hipótesis 7).

Finalmente, en el caso de la adhesión a la democracia, también cabría esperar diferencias semejantes a las previstas con el autoritarismo y tolerancia, esperándose que ésta sea mayor en quienes adhieren a posturas políticas de centro-izquierda que de centro-derecha. Esto resulta del contexto histórico en el que se desenvuelve la democracia chilena, pues en una medida importante, la adhesión a ella aparece como un contraste con el régimen autoritario precedente, que tuvo su base de apoyo político en la derecha. ¿Qué cabría esperar entre quienes no se identifican políticamente? Si se asume, nuevamente, que este grupo proviene mayoritariamente de la Concertación, se podría esperar una adhesión equivalente a la democracia que la que manifiesten quienes adhieren a la centro-izquierda. Sin embargo, si el distanciamiento político se origina en una frustración o desencanto con la forma en que ha evolucionado el sistema democrático chileno, se podría esperar una menor adherencia a la democracia en las personas que han vivido este proceso. Por ello, se hipotetiza que la adhesión democrática de los no identificados políticamente se encuentre en un punto situado sobre los niveles que alcanza ésta en los jóvenes de derecha y bajo la proporción mostrada por los jóvenes identificados políticamente con la izquierda (Hipótesis 8).

IV. Participación política: La inscripción en los registros electorales

La participación política de los jóvenes ha sido objeto de gran atención en Chile, debido al progresivo envejecimiento del padrón electoral. Es evidente que una proporción creciente de jóvenes no se interesan por participar en las elecciones. Lo que es menos claro aún son las motivaciones o antecedentes que explican esta forma de comportamiento político. En este estudio es posible evaluar la relación entre la identificación política de los jóvenes y su participación en los registros electorales. La hipótesis que resulta más natural es la que sostiene que quienes no se identifican con partidos o coaliciones debieran presentar proporciones más bajas de inscripción en los registros electorales. Esta predicción asume que tanto la participación política como la identificación con partidos o coaliciones probablemente deriva de una apreciación única acerca del sistema político. Así, personas con una evaluación más negativa debieran ser menos proclives a identificarse con referentes políticos o a participar en elecciones. Con respecto a la diferencia entre quienes se identifican con partidos o coaliciones, dos líneas argumentales permiten hipotetizar una mayor proporción de inscripción en los registros electorales entre quienes se identifican con partidos. Por una parte, los partidos son entidades más distintivas desde el punto de vista electoral (según lo argumentado más arriba), por lo que quienes se identifican con ellos debieran sentirse más motivados a expresar su identidad que quienes sólo se identifican con coaliciones. Por otra parte, si la adhesión a coaliciones versus partidos deriva de una evaluación más negativa acerca de la forma en que se ejercen los roles políticos, se debiera esperar que este grupo se sienta menos proclive a participar en el sistema político. En consecuencia, la hipótesis 9 postula que la proporción de inscritos en los registros electorales sea mayor en los identificados con partidos, intermedia en los que se identifican con coaliciones y menor entre quienes no se identifican con partidos o coaliciones.

V. Método

1. Participantes

Participaron voluntariamente en este estudio 1460 estudiantes universitarios (728 mujeres y 640 hombres, 92 no reportaron género) de 21 diferentes disciplinas académicas (ciencias sociales, ciencias básicas, humanidades, educación, salud, entre otras) de 12 universidades públicas y privadas de Santiago de Chile. Con el objetivo de incrementar la probabilidad de tener participantes de todo el espectro político chileno (desde la izquierda a la derecha), se representó en la muestra a estudiantes de diverso tipo de universidades.

Dada la naturaleza del estudio, que implica comparar a personas no identificadas políticamente con personas identificadas con partidos o coaliciones, se seleccionaron para los análisis a los 1180 casos que se encontraban en una de las siguientes condiciones: (1) No identificados políticamente (N=276), (2) identificados con una de las dos coaliciones existentes al momento del estudio (Alianza por Chile y Concertación de Partidos por la Democracia), pero no con los partidos correspondientes (N=226), y (3) identificados con uno de los cinco principales partidos de las dos coaliciones (N=678). Esto solo excluyó del estudio a 187 casos que no entregaron información acerca de su identificación política y a 93 estudiantes que se identificaron con otros partidos.

Para los análisis en los que se incluía la posición ideológica, los participantes fueron agrupados en cinco categorías: no identificados políticamente (NIP), identificados con la coalición de derecha (N=102), identificados con la coalición de centro-izquierda (N=124), identificados con partidos de derecha (N=340), e identificados con partidos de centro-izquierda (N=338).

2. Instrumento

Todos los datos fueron recolectados a través de un cuestionario auto-administrado. El cuestionario fue dividido en varias secciones que midieron los siguientes aspectos:

a) Auto-clasificación política. Se les solicitó a los participantes responder en un solo ítem cuál de los partidos políticos existentes en Chile mejor los representaba. Las opciones incluyeron los cinco partidos considerados en este artículo más los restantes partidos existentes en el escenario político chileno. El Partido Radical Social Demócrata no fue incluido debido al escaso número de alumnos que con él se identificaron. Los participantes tenían la opción de elegir "ninguno" cuando ningún partido político representaba sus puntos de vista. Una pregunta similar fue hecha para las coaliciones políticas2. Las respuestas a estas dos preguntas fueron usadas para clasificar a los participantes según se identificaran con partidos o con coaliciones, como se indicó en la sección precedente.

Las siguientes secciones fueron diseñadas para evaluar a los distintos partidos y coaliciones en diversas dimensiones actitudinales que a continuación se detallan:

b) Actitudes intergrupales. Esta dimensión fue medida pidiéndoles a los participantes indicar el grado en el cual el grupo evaluado podía ser descrito usando 12 rasgos estereotípicos. Los rasgos fueron seleccionados basados en entrevistas previas a miembros de partidos políticos, en las cuales se les pidió expresar sus percepciones de los diferentes grupos políticos. Algunos de esos rasgos fueron positivos ("leales", "honestos", "inteligentes") y otros fueron negativos ("corruptos", "populistas", "no confiables"). Cada atributo fue acompañado por una escala de respuesta de 1, no muy característico a 7, muy característico. La consistencia interna de las mediciones fue alta (alfa de partidos varió entre .78 y .83 para rasgos positivos, y entre .71 y .80 para estereotipos negativos; alfa de coaliciones fluctuaron entre .85 y .82, para los estereotipos positivos, y .82 y .70 para los estereotipos negativos, respectivamente). Mayores puntajes indican mayor nivel del atributo medido.

c) Afecto Intergrupal. Esta medición también fue basada en entrevistas piloto con miembros de partidos políticos. Tres reacciones afectivas fueron elegidas (confianza, admiración y agrado), debido a que ellas son comúnmente usadas para expresar sentimientos hacia entidades políticas evaluadas. Esta medición también utilizó una escala de 7 puntos, mostrando alta confiabilidad en los niveles de partido y coalición (valores alfa fluctuaron en el caso de los partidos políticos entre .84 y .90; los alfas de coalición entre .82 y .81 respectivamente). Mayores puntajes indican mayor nivel de confianza, agrado y admiración del grupo evaluado.

d) Actitudes hacia lo chileno. Esta medición se basó en escalas de identidad chilena, patriotismo y nacionalismo, donde los ítemes fueron obtenidos de la literatura especializada en el tema. La primera medición utilizó una escala de 7 puntos, mientras en las dos restantes, las escalas fueron de 5 intervalos. En todas las escalas, mayores puntajes indican mayor nivel de identidad chilena, patriotismo y nacionalismo respectivamente.

En las actitudes hacia el sistema político se midieron predisposiciones hacia la autoeficacia política, cinismo político, tolerancia, autoritarismo y adhesión a la democracia. Estas variables y forma de medición han sido utilizadas en varios estudios previos, como se indicó en la introducción.

e) Autoeficacia política. Esta actitud fue medida a través de una interrogante donde al participante se le requería su opinión sobre su grado de influencia en relación a los asuntos políticos del país. La escala usada fue de cinco puntos, donde mayor puntaje indica mayor nivel de autoeficacia política percibida.

f) Cinismo Político. Esta actitud fue medida mediante cuatro ítemes a través de los cuales se expresaba la concepción de que los políticos no defienden los intereses colectivos en el ejercicio del poder (alfa = .75). En cada uno de los ítemes, se les solicitó a los participantes expresar su grado de acuerdo o desacuerdo con una escala de 7 puntos, donde un mayor puntaje indica mayor nivel de cinismo político percibido.

g) Tolerancia Política. Ésta fue medida preguntándole previamente al participante cuál de los grupos políticos existentes en Chile le produce más rechazo. Posteriormente se le preguntó si ese grupo podía: (a) tener un programa de televisión, (b) permitir que publique en un diario, (c) desarrollar docencia en la enseñanza básica y (d) se le autorice para llevar a cabo manifestaciones en lugares públicos, (alfa = .85). El grado de acuerdo o desacuerdo con cada una de las afirmaciones fue medido en una escala de 7 puntos, donde un mayor puntaje indica mayor nivel de tolerancia política.

h) Autoritarismo. Esta actitud fue medida mediante cinco ítemes que explicaban o ilustraban fenómenos sociales basados en el recurso a la autoridad antes que en la libertad y el ejercicio del diálogo (alfa = .69). Se utilizó en esta medición una escala de 7 puntos, donde un mayor puntaje indica mayor nivel de autoritarismo.

i) Adhesión hacia la democracia. Para evaluar esta actitud, se utilizó un solo ítem, el cual ha sido ampliamente usado en los análisis de opinión pública. El participante debió indicar si tenía una preferencia incondicional o condicional por el régimen democrático, o bien, manifiesta indiferencia respecto del régimen político.

Finalmente se solicitó a los participantes indicar su orientación religiosa ("anglicana", "católica", "evangélica", "judía", "otra", "ninguna"); el nivel educacional alcanzado por padre y madre (enseñanza básica, enseñanza media, enseñanza universitaria, estudios de postgrado); la dependencia del establecimiento educacional donde estudió la enseñanza media (municipal, particular subvencionado, particular pagado); si pagaban sus estudios universitarios mediante el uso del crédito universitario y finalmente si estaban inscritos o no en los registros electorales.

3. Procedimiento

El cuestionario fue administrado por estudiantes de psicología especialmente entrenados para ello, quienes contactaron a los participantes individual o grupalmente en sus respectivas universidades. El levantamiento de los datos se extendió a lo largo de un mes durante el primer semestre del 2003.

VI. Resultados

a) Autocategorización política

Como se señaló previamente, a los participantes en este estudio se les solicitó que definieran sus preferencias políticas en términos de identidad con partidos o coaliciones presentes en el sistema político chileno. Pese a la imagen de retracción juvenil del ámbito público, los jóvenes universitarios reconocieron en alto porcentaje (76,6%) una identificación con alguna de las fuerzas políticas existentes en nuestro país. Más de la mitad de los jóvenes identificados políticamente reconocen como referente de su identidad política los partidos (57,4%), mientras que un porcentaje menor, pero aun así relevante (19,2%), sólo se identifica con algunas de las dos grandes coaliciones políticas chilenas.

No obstante el significativo número de jóvenes que declaran tener preferencias políticas, el grupo individual más numeroso de jóvenes es el integrado por aquellos que manifiestan no estar identificados políticamente, ni con partidos ni con coaliciones (en adelante, NIP). Estos totalizan un 23,4% y forman por sí solos una categoría más grande que las dos fuerzas políticas individuales más numerosas de la muestra: la UDI con un 17,9% y el PS con un 15,7%.

b) Caracterización sociodemográfica de los participantes según identidad política

Con respecto a la condición socioeconómica de los no identificados políticamente, los antecedentes obtenidos en este estudio no indican que su situación sea diferente de la que muestran los jóvenes identificados políticamente. Por ejemplo, si se considera el acceso al crédito universitario como un indicador de estratificación socioeconómica, se observa que los NIP financian sus carreras mediante dicho mecanismo en una proporción sólo muy levemente superior a la de quienes se identifican con partidos o coaliciones (ver tabla 1). Las pequeñas diferencias observadas no alcanzan significación estadística (X2(2) = 2,77; ns).

Tabla 1: Acceso a crédito universitario según identificación con referentes políticos

 

Por otra parte si examinamos el nivel educacional de los padres de los jóvenes NIP comparándolo con el de los identificados políticamente, se constatan leves diferencias que resultan significativas tanto en el caso de la escolaridad de la madre (F(4,1142)=4.40; p<.01) como la del padre (F(4,1135)=3.94; p<.01). La tabla 2 revela que la escolaridad media de los padres de los jóvenes NIP es algo inferior a la de los padres de estudiantes identificados políticamente.

Tabla 2: Nivel promedio de escolaridad de padres según identificación con referentes políticos y posición ideológica

 

Nota: los promedios de escolaridad de padres y madres emplean una escala donde 1 representa enseñanza básica, 2 enseñanza media y 3 estudios universitarios y de postgrado.

 

En consecuencia, los datos muestran sólo leves diferencias, por lo que no se encuentra respaldo para la suposición de que la desidentificación política de los jóvenes está fuertemente asociada a factores de orden socioeconómico.

Con respecto a las carreras y disciplinas que estudian los estudiantes NIP versus los que se identifican políticamente, se observó que los primeros presentaban un perfil semejante al de estudiantes identificados con la centro-izquierda. Esto se manifiesta principalmente en su alta concentración en carreras de las ciencias sociales. De hecho, la proporción de jóvenes NIP que estudia carreras de humanidades y ciencias sociales se sitúa alrededor del 60%, muy por encima de los estudiantes de derecha, donde ese porcentaje baja al 43%.

c) Identidad política y retracción en otras dimensiones de identidad social

La primera hipótesis de este trabajo predijo que la identificación política se relacionaría con identidades situadas en otras dimensiones de la esfera de lo público. Específicamente, se espera que los jóvenes no identificados políticamente tampoco adhieran a referentes religiosos y/o nacionales (identidad chilena, patriotismo y nacionalismo) en comparación con lo que se espera para los jóvenes que se identifican políticamente.

La falta de identificación política sería entonces en los NIP parte de un fenómeno más amplio constituido por una extendida erosión de la credibilidad otorgada a una pluralidad de instituciones inscritas en la esfera de lo público.

Los datos confirmaron esta hipótesis, pues se constató una relación significativa entre la identificación política y la orientación religiosa (X2(4)=75.15; p<.01). De hecho, como se puede apreciar en la tabla 3, más de la mitad de jóvenes sin adscripción política alguna afirman al mismo tiempo no tener ninguna creencia religiosa, y dentro de esta categoría de jóvenes hay menos católicos que en cualquier otro grupo que manifieste identificación hacia referente políticos, sean estos partidos o coaliciones. En suma, y congruente con la predicción acerca de la convergencia de identidades, los identificados con referentes políticos, sean estos coaliciones o partidos, son quienes también se identificaron con un referente religioso: más de dos terceras partes de ellos afirmaron poseer una identidad religiosa, fuese ésta católica o perteneciente a otro credo.

Tabla 3: Orientación religiosa según identificación con referentes políticos y posición ideológica

 

Respecto de otras religiones el porcentaje de identificación no fluctúa mayormente con la identificación política, y el porcentaje se estabiliza alrededor del 10%. Ello podría sugerir que otros credos religiosos se inscriben más propiamente en el ámbito de lo privado que la religión católica y que por lo tanto, la dinámica de retracción de lo público no los afecta mayormente.

Tal como se hipotetizó, los jóvenes también difirieron significativamente en su adhesión a referentes de la identidad nacional. Al comparar los niveles de patriotismo, nacionalismo e identidad chilena, se obtuvieron diferencias estadísticamente significativas en las tres variables: (F(4,1134)=27.60; p<.01, para patriotismo; F(4,1133)=27.54; p<.01, para nacionalismo; y F(4,1125)=13.97; p<.01 para identidad nacional). En estas tres escalas se observó que los jóvenes NIP presentaron los niveles más bajos de identificación (ver tabla 4). Adicionalmente se observó que en dos de las escalas (patriotismo e identidad chilena), los jóvenes identificados con partidos mostraron niveles más altos que los jóvenes identificados con coaliciones y que en estas tres escalas los jóvenes identificados ideológicamente con la derecha presentan promedios significativamente más altos que los jóvenes de centro-izquierda.

Tabla 4: Identificación con referentes de identidad nacional (patriotismo, nacionalismo e identidad chilena) según referentes políticos y posición ideológica

Nota: Grupos con diferente subíndice en cada línea presentan diferencias significativas (p<.05) basadas en comparaciones planificadas.

d) Identidad y evaluación de grupos políticos

Confirmando las predicciones derivadas de la teoría de identidad social (Tajfel & Turner, 1986), que establece que las personas tenderán a hacer evaluaciones más favorables de los grupos a los cuales pertenecen en comparación con aquellos en los que no reconocen membresía (Hipótesis 2), todos los grupos identificados políticamente evaluaron más positivamente al endogrupo que a los respectivos exogrupos en prácticamente todas las dimensiones (afectos, en estereotipos negativos y en estereotipos positivos) y en las evaluaciones referidas a partidos o a coaliciones (ver tabla 5). En la dimensión afectiva (integrada por agradabilidad, confianza y admiración) se observó sistemáticamente un agudo favoritismo endogrupal, particularmente en los jóvenes identificados con partidos políticos.

Tabla 5: Afectos y estereotipos positivos y negativos hacia partidos y coaliciones según identificación con referentes políticos y posición ideológica (escala de 1 a 7)

 

 

La única excepción a esta generalizada tendencia la constituyó el caso de los identificados con la coalición de centro izquierda cuando evaluaron a ambas coaliciones en atributos negativos. En este caso, juzgaron a su propia coalición -la Concertación- más negativamente (M=5.40) que a la coalición contraria, Alianza por Chile (M=4.93). Sin embargo, esta evaluación no tuvo el mismo patrón de resultado cuando el referente evaluado fueron los partidos integrantes de la coalición. En este caso, acorde con la teoría de identidad social, este grupo sí caracterizó a los partidos de la Concertación (endogrupo) más positivamente que a los partidos de la Alianza por Chile (exogrupo).

Una posible explicación de este patrón de resultados puede ser que en el momento en que fueron recolectados los datos, algunos partidos de la Concertación pasaban por severas crisis motivadas por casos de corrupción y falta de probidad, lo que puede haber influido la atribución de estereotipos negativos a la coalición como un todo.

Para contrastar la Hipótesis 3, que estableció que los miembros de partidos y coaliciones tenderían a evaluar a partidos y coaliciones más severamente cuando lo hicieran desde la identidad partidaria, se llevó a cabo un análisis de la varianza mixto, con una dimensión intrasujeto (nivel del exogrupo: partido versus coalición3) y una intersujeto (nivel de identificación del propio grupo: partido versus coalición).

Los resultados, que se resumen en la tabla 6, revelaron un apoyo parcial a la Hipótesis 3. Sólo en el caso de las evaluaciones afectivas se constató el efecto de interacción hipotetizado (F(1,827)=4.14; p<.05). En consistencia con lo anticipado, se aprecia que las evaluaciones afectivas de los partidos fueron menos positivas que las de las coaliciones, especialmente cuando los juicios los emitieron personas identificadas con partidos.

Tabla 6: Afectos y estereotipos positivos y negativos comparando partidos y coaliciones contrarias según identificación con referentes políticos y posición ideológica (escala de 1 a 7)

 

La Hipótesis 4 predijo que los jóvenes NIP juzgarían en forma más negativa a todas las entidades políticas (partidos y coaliciones) en comparación a los identificados políticamente. En este contraste se consideraron sólo los juicios emitidos con respecto a exogrupos, puesto que es el tipo de referente que es comparable para jóvenes NIP e identificados políticamente. Así, para cada uno de los grupos políticos el exogrupo correspondía a los partidos o coaliciones contrarias, mientras que para los jóvenes NIP el exogrupo era la combinación de todos los partidos o coaliciones.

Tabla 7: Afectos y estereotipos positivos y negativos comparando partidos y coaliciones contrarias según identificación con referentes políticos y posición ideológica (escala de 1 a 7)

Nota: Grupos con diferente subíndice presentan diferencias significativas (p<.05) basadas en comparaciones planificadas.

 

 

Contrariamente a lo esperado en la Hipótesis 4, las evaluaciones producidas por los jóvenes NIP no fueron significativamente más negativas que las que emitieron jóvenes identificados con partidos o coaliciones. De hecho, las evaluaciones exogrupales más negativas fueron emitidas por aquellos identificados con partidos o coaliciones de centro-izquierda; los jóvenes NIP se ubicaron en una posición intermedia entre la evaluación expresada por los jóvenes de izquierda y por los de derecha (ver tabla 7).

Es importante tener presente que el hecho de que los jóvenes NIP no son el grupo que evalúa más negativamente a los referentes políticos, no significa que sus juicios sean neutros, puesto que lo que se observa es que ellos tienden a ser tan negativos como cuando los grupos políticos juzgan a sus adversarios. Sin embargo, a diferencia de ellos su negatividad fue homogénea, puesto que no difirieron marcadamente en función de la posición ideológica del grupo evaluado. Tal como lo muestra la figura 1, los jóvenes NIP calificaron en forma levemente menos negativa a las fuerzas políticas de centro-izquierda en afectos y estereotipos negativos y en forma levemente más positiva a las fuerzas de derecha en estereotipos negativos. Las diferencias indicadas alcanzaron significación estadística en las tres variables indicadas (estereotipos positivos: F(3,634)=4.11;P<.05; estereotipos negativos: F(3,657)=43.00;P<.01; afectos: F(3,696)=17.02;P<.01).

En suma, los jóvenes NIP tienden a percibir a todas las fuerzas políticas (partidos y coaliciones de todo el espectro político) en forma negativa, lo que ilustra su distancia psicológica con respecto al sistema político y las fuerzas que lo integran.

Figura 1: Evaluación promedio de los afectos, estereotipos positivos y negativos hacia partidos y coaliciones de derecha e izquierda manifestadas por los jóvenes NIP

 

e) Identidad y Actitudes Políticas

Para el análisis de los datos correspondientes a las hipótesis acerca de las actitudes, se comparó a los jóvenes NIP con los jóvenes identificados con partidos o coaliciones, considerando su orientación ideológica, puesto que en algunos casos se anticipaban diferencias debidas a la posición ideológica.

1. Cinismo político y autoeficacia

Las hipótesis 5 y 6 plantearon que en el caso del cinismo político y autoeficacia se producirían diferencias asociadas a la identidad de los jóvenes (independientemente de su orientación ideológica). En términos precisos, se predijeron niveles progresivamente menores de cinismo y mayores de eficacia política al comparar según identidad política, siendo los jóvenes NIP los que se espera exhiban mayores niveles de cinismo y menor autoeficacia política, seguidos por aquellos que se identifican con coaliciones, pero no con partidos, y finalmente, por aquellos que se identifican con partidos. En ambas variables se constataron diferencias estadísticamente significativas al comparar los cinco grupos (F(4,1125)=10.05; p<.01 para cinismo político y F(4,1082)=10.77; p<.01 para autoeficacia). Tal como se predijo en las hipótesis 5 y 6, las comparaciones planificadas efectuadas para contrastar el patrón de diferencias hipotetizadas, confirmaron la existencia de diferencias significativas entre los no identificados políticamente (jóvenes NIP) y quienes se identificaban con partidos o coaliciones (t(1125)=-1.98; p<.05 para cinismo y t(1082)=4.99; p<.01 para autoeficacia), (ver tabla 8). Adicionalmente, se constató que en ambas variables se verificaba la diferencia esperada entre quienes se identificaban con partidos versus coaliciones (t(1125)=-4.64; p<.01 para cinismo y t(1082)=2.62; p<.01 para autoeficacia). Finalmente, también en línea con lo predicho, no se observaron diferencias según la posición ideológica de los participantes.

2. Tolerancia, autoritarismo y adhesión a la democracia

El plan de análisis para estas variables también se basó en un ANOVA general, comparando los cinco grupos de interés (jóvenes NIP, partidos y coaliciones de derecha y centro-izquierda), seguido de comparaciones planificadas ortogonales, que en este caso consideraron la condición ideológica de los participantes. Así, luego de constatar que con las tres variables se rechazó la hipótesis de nulidad general que sostenía la equivalencia de los cinco grupos (F(4,1125)=10.05; p<.01 para tolerancia, F(4,1082)=10.77; p<.01 para autoritarismo y F(4,1082)=10.77; p<.01 para adhesión a la democracia), se procedió a comparar las condiciones según el siguiente plan: primero interesó verificar si se constataban las diferencias entre los grupos clasificados según su posición ideológica (las dos condiciones, partidos y coaliciones de derecha, versus las dos condiciones, partidos y coaliciones de centro-izquierda). Luego se compararon a los grupos de derecha con los jóvenes NIP. La siguiente comparación contrastó a los grupos de centro-izquierda con el grupo de jóvenes NIP. Finalmente, se comparó a quienes se identificaron con partidos versus coaliciones, independientemente de su posición ideológica.

Tabla 8: Promedios en variables actitudinales según identificación con referentes políticos y posición ideológica

 

Nota: Grupos con distinto superíndice tienen diferencias estadísticamente significativas, basadas en comparaciones planificadas.

 

Al efectuar las comparaciones, se confirmó la diferencia ideológica que habitualmente se ha observado con estas variables en estudios internacionales: quienes adhirieron a partidos o a la coalición de derecha fueron significativamente menos tolerantes y más autoritarios que quienes se identificaron con partidos o coaliciones de centro-izquierda. Con respecto a las comparaciones que involucraron a los jóvenes NIP, se observó que tanto en el caso de la tolerancia como del autoritarismo, quienes no se identificaron políticamente presentaron promedios que fueron estadísticamente semejantes a los observados en quienes se identificaron con partidos o coaliciones de centro-izquierda, pero fueron estadísticamente distintos de aquellos participantes que se identificaron con partidos o con la coalición de derecha. De esta forma se confirmó la Hipótesis 7 que predijo que tanto con respecto al autoritarismo o a la tolerancia, los jóvenes NIP deberían mostrar mayor similitud con la centro-izquierda que con la derecha. Finalmente, al comparar a quienes se identificaron con partidos y con coaliciones, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el nivel de autoritarismo y tolerancia.

Por último, con respecto a la Hipótesis 8, referida a la adhesión a la democracia, los datos que presenta la tabla 8 confirmaron lo hipotetizado: los jóvenes identificados con partidos o coaliciones de centro-izquierda mostraron mayor adhesión a la democracia que los jóvenes identificados con partidos o coaliciones de derecha. Por su parte, también se confirmó que los jóvenes NIP se encontraron en una posición intermedia entre ambos polos ideológicos: ellos difirieron significativamente tanto de los identificados políticamente con la derecha como con la centro-izquierda. Finalmente, cabe mencionar que no se encontraron diferencias significativas en el nivel de adhesión a la democracia al comparar a quienes se identificaron con partidos y quienes lo hicieron con coaliciones solamente.

3. Participación política: la inscripción en los registros electorales

La Hipótesis 9 postuló que la proporción de inscritos en los registros electorales sería mayor en los identificados con partidos, intermedia en los que se identifican con coaliciones y menor entre los jóvenes NIP. En este caso se tomó la inscripción electoral como una manifestación de participación política. Para analizar la relación de la inscripción electoral con la identificación política se construyó la tabla de contingencia entre ambas variables, la que arrojó un resultado estadísticamente significativo (X2(4)=66.86; p<.01). La proporción de inscritos varió significativamente según las preferencias políticas de los estudiantes. Tal como se puede observar en la tabla 9, la mayoría de los estudiantes de las cinco categorías identitarias no está inscrita en los registros electorales. Sin embargo, dicha proporción es marcadamente superior en quienes no se identifican con referentes políticos (81,7%) que entre quienes se identifican con partidos (58,9% en partidos de derecha; 53,1% en los partidos de centro-izquierda).

Tabla 9: Proporción de estudiantes inscrito en los registros electorales según identificación con referentes políticos y posición ideológica

Los resultados también mostraron una tendencia que confirmó la Hipótesis 9 al observar el comportamiento de quienes se identificaron solo con coaliciones, por cuanto la proporción de inscritos en ese grupo (29,2%) fue menor a la que se observó en el grupo de los que se identificaron con partidos, pero mayor que la de los jóvenes NIP. Cabe mencionar que al comparar a los participantes según su posición ideológica, se constató una diferencia significativa en la proporción de inscritos en los registros electorales: ésta resultó algo mayor entre quienes se identificaron con partidos o coaliciones de centro-izquierda (43,6%) que con partidos o coaliciones de centro-derecha (36,9%). Finalmente, entre todos los grupos políticos analizados, el que presentó un mayor nivel de participación política fue el que reúne a los identificados con partidos de centro-izquierda, mientras que en el extremo opuesto, se encontró a quienes se identificaron con la coalición de derecha (Alianza por Chile), que en general presentó un perfil muy similar al observado en los jóvenes NIP (bajo nivel de inscripción en registro electoral).

VII. Discusión

El objetivo central de este artículo consistió en caracterizar a los jóvenes universitarios chilenos, mayoritariamente socializados en democracia, en una serie de dimensiones identitarias (política, religiosa, nacional) y actitudinales de la esfera política (cinismo, autoeficacia política, tolerancia y democracia). En términos generales se predijo que aquellos jóvenes que no se identifican políticamente (NIP) tendrían un patrón identitario y actitudinal distinto del que exhiben los jóvenes que sí se identifican con referentes políticos. A la base de esta comparación, se predijo que aquellos jóvenes que  no se identifican ni con partidos ni con coaliciones políticas estarían vivenciando un proceso de desafección y distanciamiento del sistema político en su conjunto, así como un distanciamiento con respecto a otras formas de identidad colectiva.

A partir de la autocategorización política hecha por los estudiantes universitarios, se identificaron tres grupos altamente diferenciados en sus identidades políticas. Primero, se constató que un 57,4% de los estudiantes participantes en este estudio adherían a partidos políticos de todo el espectro ideológico (desde derecha a izquierda). En segundo lugar, se constató que cerca de un quinto de los participantes adherían a coaliciones en lugar de partidos: un 19,2% se identificó con una de las dos principales coaliciones existentes en el país. Este es un fenómeno interesante, tanto por su relativa novedad histórica (las coaliciones no han sido entidades estables en la historia política chilena), como por el hecho que las coaliciones constituyen referentes menos distintivos que los partidos. Finalmente, se constató que cerca de un cuarto de los estudiantes (23,4%) expresó no sentirse identificado ni con las coaliciones ni con los partidos. Este porcentaje es el más elevado en la muestra, si se lo compara con la proporción de participantes que adhiere a cualquiera de los partidos o coaliciones considerados individualmente. Este resultado por sí mismo valida el interés por estudiar las características de este grupo, que se ha transformado gradualmente, en el más numeroso del sistema político chileno.

Es importante advertir que dado el carácter de este estudio, el muestreo no fue probabilístico, por lo que los porcentajes aquí reportados no se deben considerar como proyecciones representativas de la distribución de las identidades políticas en el conjunto de estudiantes universitarios en el país. Por esta misma razón, los hallazgos de este artículo tampoco pueden proyectarse al conjunto de la población juvenil. Sin embargo, las tendencias observadas son claramente consistentes con lo que se constata en los estudios de opinión pública que regularmente se reportan en Chile.

Como se ha señalado la pregunta central del artículo consistió en identificar la estructura o forma que adoptan las actitudes hacia distintos referentes políticos en Chile del grupo que no se identifica con referentes políticos (NIP). Junto con ello se trató de indagar si este grupo poseía un perfil socioeconómico distintivo.

A partir de los resultados encontrados se pudo constatar, en primer lugar, que los jóvenes NIP no tienen un patrón socioeconómico distintivo que dé respaldo a la idea, habitualmente manifestada, de que la desafección política se correlaciona fuertemente con la deprivación económica. Al considerar el uso del crédito universitario y el nivel educacional de los padres como indicadores del nivel socioeconómico de los estudiantes, se constató que en ninguna de esas variables los jóvenes NIP se diferenciaron de manera importante respecto de las otras dos categorías de jóvenes, identificados políticamente con partidos o coaliciones.

Con respecto a la primera hipótesis planteada, se confirmó que la ausencia de  identificación política de los jóvenes NIP se correspondió con una retracción de otras esferas de identidad colectiva: la nacional y la religiosa. Un porcentaje claramente menor de los NIP adhirió a una identidad religiosa, y en comparación a los jóvenes que sí se identificaron políticamente, fueron los que menos se identificaron con la nación o el país. Esta disminución de los niveles de identificación en todos estos ámbitos es relevante en la medida que históricamente las sociedades contemporáneas han constituido sus ejes simbólicos de integración social alrededor del Estado, la nación y la religión. La simultánea retracción de estos tres referentes simbólicos constituye un alejamiento de las dimensiones culturales que tradicionalmente han ligado a una persona con la sociedad a la que pertenece.

El distanciamiento identitario de los referentes clásicos experimentado por los jóvenes NIP podría traducirse en la adopción de otras identidades sociales, psicológicamente hablando, se podría anticipar que los jóvenes que no se identifican políticamente han optado por identidades sociales alternativas asociadas a membresías grupales más informales (grupos de arte, música, deporte, chat, etc.), que les proveen una identidad positiva y distintividad social en dimensiones más relevantes para ellos (Tajfel & Turner, 1986). Alternativamente, se podría también estar frente a un fenómeno más global de transformación del sistema social, en el cual parte de las nuevas generaciones de jóvenes relegan su comportamiento, intereses y aspiraciones fundamentalmente al plano individual, personal y privado, por lo que se distancian de identidades colectivas tradicionales. Su preocupación central estaría entonces orientada a la búsqueda de mecanismos y estrategias que les permitan satisfacer sus necesidades personales en forma primaria. Este argumento podría inscribirse en un modelo explicativo más general que constata que la sociedad chilena ha experimentado en los últimos 15 años un proceso de desarrollo económico acelerado. Inglehart (1999, ver también Inglehart Abramson, 1999) ha señalado que en sociedades expuestas a este tipo de tránsito, las cohortes poblacionales más jóvenes adoptan nuevas creencias, actitudes y valores que se alejan de las preocupaciones, que él denomina "modernas", orientadas a la satisfacción de necesidades materiales (seguridad y trabajo). De esta forma, a medida que las sociedades avanzan en su grado de desarrollo económico y superan largamente las necesidades de supervivencia, los grupos sociales que las componen, partiendo por los más jóvenes, reivindican crecientemente significados culturales asociados a la autoexpresión, la tolerancia, la diversidad y la felicidad humana; valores que podríamos etiquetar más como "culturales y de estilos de vida" que como valores orientados a asegurar la supervivencia económica y la seguridad física. Estos son los valores conocidos como post-materialistas propuestos por Inglehart (1999). A partir de este enfoque, se podría especular que si en nuestro país las cohortes más jóvenes no encuentran una oferta política centrada en estos valores se alejarían del sistema político como un todo en la medida que éste no es relevante a sus intereses.

En este contexto, resultaría interesante que futuros estudios indagaran de manera sistemática: (a) los factores que pueden estar en la base para explicar dicho distanciamiento identitario, (b) el sistema de valores de los estudiantes universitarios -los materialistas y post-materialistas- como sugiere Inglehart, (c) los posibles "nuevos" referentes de identidad que proveen sentido y distintividad a los jóvenes NIP, y (d) las consecuencias que estas nuevas formas de identidad tienen en el funcionamiento psicológico, social y político de dichos jóvenes.

La hipótesis que afirmaba que los NIP serían más críticos de las fuerzas políticas que los jóvenes identificados políticamente no fue confirmada. Los jóvenes NIP no fueron más críticos de partidos y coaliciones que lo que lo fueron aquellos identificados políticamente cuando juzgaron a sus adversarios. Lo anterior no quiere decir que los jóvenes NIP no juzguen negativamente a las fuerzas políticas: solo revela que su negatividad es equivalente a la de las percepciones exogrupales de los identificados políticamente. En consecuencia, lo que estos resultados pudieran revelar es la existencia de una carga negativa relativamente alta entre quienes se identifican con partidos y coaliciones. El contexto político chileno, teñido por los eventos conflictivos que caracterizaron el pasado político del país, así como una fuerte necesidad de diferenciación política, pueden haber contribuido a generar altos niveles de polarización (con una derogación explícita de los exogrupos políticos) en los jóvenes que se identifican políticamente. Por otra parte, dado que los jóvenes NIP no tienen como referente de identidad los partidos o las coaliciones políticas, se podría asumir que la negatividad exhibida hacia dichos referentes está conectada con los niveles de desencanto del sistema político en su conjunto, y no con la necesidad de diferenciación política como el caso de los otros jóvenes. De hecho, los resultados claramente apuntan en esta dirección, al revelar un juicio homogéneamente negativo de todas las fuerzas políticas en los jóvenes NIP. Si bien se presentaron algunas leves diferencias por las cuales los jóvenes NIP fueron más críticos de las fuerzas políticas de derecha que de las de centro-izquierda, esas diferencias se enmarcaron en un cuadro general de crítica hacia coaliciones y partidos sin mayor diferenciación asociada a su signo ideológico.

En síntesis, los jóvenes no identificados políticamente exhibieron de manera homogénea altos niveles de desconfianza y estereotipos negativos y bajos niveles de estereotipos positivos hacia los distintos referentes políticos. Este patrón de consistencia y homogeneidad actitudinal negativa de los jóvenes NIP hacia todos los partidos y coaliciones políticas puede ser entendido como reacción a un sistema político del cual se sienten distantes y escépticos. Esta posible explicación se sustenta a partir de los resultados obtenidos en las medidas actitudinales políticas generales que consideró este estudio. Al analizarlas en función de las identidades políticas, se observó que la mayor expresión de cinismo hacia el sistema político y el menor grado de percepción de autoeficacia política correspondió a los jóvenes NIP. Es decir, ellos perciben que tienen una limitada capacidad para incidir en la marcha de los asuntos públicos y desconfían de los motivos que impulsan a los políticos a la actividad pública. Esta percepción de extrañamiento de lo público se complementa con la abrumadora negativa a inscribirse en los registros electorales, que se observa en este grupo de jóvenes. Pareciera ser que los jóvenes NIP constituyen, entonces, una categoría social que se sitúa al margen de las instituciones y construcciones simbólicas que permiten transitar desde el ámbito de la vida privada a  la esfera pública. Este tipo de jóvenes sería la expresión más nítida de una dinámica de individualización por la cual "las identidades de clase, religiosas o políticas…que a mediados del siglo XX permitían a los individuos definir el contenido central de su proyecto vital, han pasado a ser elementos más bien secundarios (sin que) ningún referente (parezca) ocupar hoy su lugar" (PNUD, 2002: 190).

Este fenómeno genera un conjunto de interrogantes que refieren tanto al origen de las actitudes, creencias y valores de estos jóvenes así como al perfil que éstas adoptarían más allá de las dimensiones analizadas en este artículo. En lo que respecta al primer aspecto, la semejanza que los jóvenes NIP manifiestan en algunas dimensiones actitudinales con los identificados con la centro-izquierda, permite hipotetizar que este grupo de jóvenes en algún momento se identificó con la Concertación o con los partidos de izquierda, y que su escepticismo y desafección de la esfera pública se explicaría por un proceso de desencantamiento con las políticas asumidas por la actual coalición gobernante. Con relación al segundo aspecto, futuras investigaciones debieran focalizar la atención en el estudio de las creencias, valores y actitudes políticas (cultura política) de este grupo de jóvenes a fin de dilucidar hasta qué punto su falta de  identificación política no esconde una identidad potencial dispuesta a ser canalizada a partir de determinadas convocatorias políticas hoy día no expresadas en el sistema político chileno. En tal sentido, la retracción de los jóvenes NIP podría no necesariamente constituir un alejamiento de lo público, sino de las ofertas que las instituciones políticas y culturales hoy día ofrecen a este segmento de la sociedad chilena. En su conjunto, los resultados obtenidos con respecto a los jóvenes no identificados políticamente muestran tanto aspectos esperados como inesperados si nos atenemos a las visiones que convencionalmente se tienen acerca de ellos en nuestra sociedad. De acuerdo a estas visiones, se trata de jóvenes que se alejan de todo tipo de referentes sociales, lo que es consistente con su menor identificación nacional y religiosa. Por lo mismo, era esperable constatar su menor tasa de inscripción en los registros electorales. Por último, también era esperable que mostraran menores niveles de autoeficacia y mayores de cinismo, en la medida que estas actitudes expresan de manera directa la distancia y desencanto que, se asume, estos jóvenes experimentan ante el sistema político. Menos esperables fueron, sin embargo, otros resultados: por una parte es llamativo que sus actitudes ante los partidos y coaliciones no fueran más negativas que las que expresaron jóvenes identificados con partidos o coaliciones, lo que refuta la noción convencional de que estos jóvenes poseen niveles marcadamente mayores de negatividad acerca de los referentes políticos. Por otra parte, algunas de sus actitudes políticas no los sitúan fuera del espectro político convencional, tal como habitualmente se asume. En particular es interesante constatar que su grado de autoritarismo e intolerancia se asemejan al perfil de los jóvenes que se identifican con posiciones de centro-izquierda. Finalmente, su adhesión a la democracia los sitúa en una posición intermedia entre la que manifiestan jóvenes de centro-derecha y jóvenes de centro-izquierda.

Por otra parte, el patrón de resultados obtenidos en la dimensiones identitarias y actitudinales sugiere la idea de una "gradiente de identidad" que se expresa en las diferentes variables y factores medidos. De hecho, a medida que se diluye la identidad política disminuye la percepción de autoeficacia política, la participación ciudadana entendida como inscripción electoral, y la identificación con el sistema de creencias religiosas y de identidad nacional expresada en la dimensión de patriotismo. Al mismo tiempo aumenta progresivamente el nivel de cinismo político. Se tiene entonces en un extremo de la gradiente aquellos grupos identificados políticamente con partidos, en una posición intermedia aquellos identificados políticamente con coaliciones y en el otro extremo, se sitúan los que no se identifican con ningún actor político, sea éste partido o coalición.

Los niveles de esta gradiente y particularmente la identificación con coaliciones versus partidos es relevante en la perspectiva de los modelos psicológicos acerca de la identidad social. De acuerdo a la teoría de distintividad óptima (Brewer, 1991; Pickett & Brewer, 2001), la identificación con grupos con fuerte identidad, como los partidos políticos, satisface las necesidades de inclusión y de diferenciación que las personas requieren. Sin embargo, las coaliciones políticas son referentes más inclusivos y por ende, más vagos, y consecuentemente ellas representarían categorías sociales que satisfacen la necesidad de inclusión pero escasamente la de diferenciación política. Basados en este marco conceptual se podría suponer que el desencanto hacia los partidos políticos ha hecho que un porcentaje importante de jóvenes esté dispuesto a sacrificar distintividad política -como la que normalmente otorgan los partidos-, por mantener inclusión en grupos que globalmente representen sus ideas, valores e ideales de la política (las coaliciones).

Psicológicamente hablando, lo anterior es consistente con los planteamientos acerca de las estrategias que se han planteado en el marco de la teoría de identidad social para administrar identidades sociales (Ellemers, 1993; Ellemers et al., 1993; Tajfel & Turner, 1979, 1986). Una de las estrategias centrales para enfrentar identidades sociales que no satisfacen la necesidad de distintividad positiva, es la de movilidad social, en la que los individuos, en ausencia de barreras objetivas (fronteras grupales impermeables) optan por retirarse de la categoría social y buscar otra que los satisfaga. Aun cuando se sospecha que una porción significativa de participantes del estudio, aquellos que no se identifican con ningún partido político pero sí con las coaliciones, pueden haber vivido un proceso de esta naturaleza, resulta hasta cierto punto paradójico este hallazgo, ya que al renunciar al referente grupal específico -el partido-, ellos hipotecan sus necesidades de distintividad. Probablemente, en la base de tal sacrificio identitario subyace la desafección con el sistema político partidario y el desencanto con las instituciones que otrora dieron fuerza y cohesión a la participación política de los jóvenes universitarios.

La noción de "gradiente de identidad" esgrimida como una forma de entender los procesos de trasformación que probablemente ha experimentado la identidad política de los jóvenes universitarios en la última década debiera ser explorada en nuevas investigaciones que esclarezcan cómo se "transita" desde un polo asociado a identidades que ofrecen distintividad a uno en el cual, aparentemente, se carece tanto de identidad política, como de identidad nacional y religiosa.

La desafección de todo tipo de identidad y su aparente retracción del espacio de lo público de los jóvenes NIP cuestiona la manera en que una sociedad democrática busca recrear el ethos que la constituye. Las dimensiones que asume este fenómeno juvenil, las expresiones y características que lo estructuran e integran, las categorías y grupos sociales que allí se encuentran, son todos temas que requieren un profundo esfuerzo de investigación y análisis si se quiere estructurar una democracia sólida que tenga como su sustento la formación cívica de sus ciudadanos y la participación de aquellos en la gestión de lo público.

Finalmente, esta investigación también permitió constatar algunas diferencias asociadas a la posición ideológica de los estudiantes. Estas diferencias se manifestaron en actitudes donde era previsible, a partir de estudios previos, encontrarlas. En particular, se manifestaron en actitudes políticas básicas, como el autoritarismo, la tolerancia, el nacionalismo y la adhesión a la democracia, aspectos en los que los jóvenes identificados con posiciones de derecha se manifestaron respectivamente en forma más autoritaria, menos tolerante, más nacionalista y con menor apoyo a la democracia. Este perfil muestra que el eje izquierda-derecha posee coherencia ideológica, puesto que las diferencias observadas se asocian a aspectos básicos que distinguen a la mentalidad conservadora (ver la revisión de Jost et al., 2003).

Aunque este estudio aporta valiosa información para comprender el creciente fenómeno de la desidentificación y desafección política, subsisten importantes preguntas cuyo abordaje supone el empleo de diseños de investigación longitudinales. Una pregunta básica se refiere a los procesos transicionales entre las diversas identidades políticas. Aun cuando en el caso chileno ocasionalmente se especula que la no identificación ha derivado de identidades políticas previas, y que por lo tanto, correspondería a una desafección probablemente asociada a experiencias negativas asociadas a la identidades inicialmente adoptadas, no existen estudios que permitan validar tal suposición. Los no identificados políticamente pueden provenir de tal origen, pero también pueden corresponder a personas que no poseen una historia de identificación política previa. Puesto en los términos de Inglehart (1999), ellos simplemente pueden representar un grupo particular que adhiere a valores post-materialistas. En consecuencia, se requiere investigación para clarificar este proceso. Además de constatar cuáles son las transiciones más frecuentes a través del tiempo, sería interesante establecer qué diferencias pudieran existir en las actitudes de jóvenes no identificados con diverso origen. Al menos tres grupos parecieran ser de interés: quienes no han tenido una identidad previa, quienes provienen de una identidad de centro-derecha y quienes provienen de una identidad de centro-izquierda. Lo que interesaría estudiar en este caso es si las experiencias políticas previas dejan residuos que puedan ser pesquisados en sus actitudes; es decir, interesa constatar si en términos de cultura política es posible identificar subgrupos entre quienes se declaran no identificados políticamente. Esta diferenciación no solo posee interés académico, sino que también práctico, puesto que hace posible identificar mensajes específicos que pueden ser dirigidos a estos subgrupos, si se desea estimular su inserción política.

Los estudios longitudinales también pueden ser empleados para resolver preguntas acerca de la transición entre las identidades partidarias y las asociadas a las coaliciones. En la medida que las coaliciones se han instalado como referentes estables de nuestro sistema político, se observa que un número importante de personas se identifica con ellas, sin que necesariamente se identifiquen con partidos. Es posible que sean personas que han transitado previamente por identidades partidarias, aunque también pueden corresponder a personas que se inician en la vida política a través de referentes más inclusivos. Solo una investigación longitudinal puede ayudar a resolver estas preguntas.

 

1 Instituto Nacional de la Juventud de Chile. Resultados Preliminares Cuarta Encuesta Nacional de Juventud 2003. Documento de Trabajo No 5., Santiago, Abril, 2004 (datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile muestran porcentajes similares).

2 La pregunta de orientación política fue formulada de la siguiente manera: "A partir de las distintas posiciones políticas, por favor indica con cuál te identificas más: Derecha, Centro-Derecha, Centro, Centro-Izquierda, Izquierda, Independiente, Ninguna". La pregunta de identificación partidista fue redactada como sigue: "Como tú sabes los partidos políticos tienen valores, creencias, intereses y proyectos políticos, ¿cuál de los siguientes partidos representa con mayor claridad tus valores, creencias, intereses y proyectos?: UDI, RN, DC, PRSD, PPD, PS, PC, Otro __________, Ninguno".

3 En este análisis se consideraron solo los juicios emitidos hacia los miembros de la coalición contraria a la del participante. Así, por ejemplo, si se identificaba con la Alianza por Chile, el valor correspondiente a partidos era el promedio de los juicios con respecto a los partidos integrantes de la otra coalición (DC, PPD y PS).

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(E-mail: rgonzale@puc.cl)

Jorge Manzi, Flavio Cortés, David Torres, Pablo De Tezanos, Nerea Aldunate y María Teresa Aravena, todos ellos pertenecientes a la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y José L. Saíz de la Universidad de La Frontera, Chile, colaboraron también en la materialización de este artículo.


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