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vol.34 número1NUEVOS DATOS DE LA OCUPACIÓN HUMANA EN LA TRANSICIÓN BOSQUE ESTEPA EN PATAGONIA: ALERO LAS QUEMAS (COMUNA DE LAGO VERDE, XI REGIÓN DE AISÉN).HISTORIA DEL PETRÓLEO EN MAGALLANES. Por Mateo Martinic. Empresa Nacional del Petróleo. Tercera edición revisada y aumentada. 16 x 22,5 cms. 176 págs. Ilustraciones y mapas, Punta Arenas, 2004. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania v.34 n.1 Punta Arenas ago. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442006000100012 

 

MAGALLANIA, (Chile), 2006. Vol.34(1):167-181

 

DOCUMENTOS INÉDITOS PARA LA HISTORIA DE MAGALLANES

 

DOCUMENTOS INÉDITOS PARA LA HISTORIA DE MAGALLANES “DE MARINERO A ESTANCIERO” RECUERDOS DE JOSEF SCHMITT (1906-1986)

 

Introducción y notas por Mateo Martinic B.*

* Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes. Punta Arenas, Magallanes. Chile.


Introducción

En la búsqueda incesante de antecedentes novedosos para enriquecer la información histórica regional nos ha sido posible encontrar, de diferente modo, algunos documentos de real interés como es el que motiva esta publicación y, una vez más, gracias a la gentileza del señor Hans Roehrs.  Se trata de los recuerdos escritos en época indeterminada aunque hacia el fin de su vida por don Josef Schmitt, inmigrante alemán arribado a Punta Arenas en 1928, embarcado como marinero en la goleta Feuerland, comandada por su propietario Günther Plüschow, antiguo capitán aviador de la Armada Imperial Alemana, en circunstancias que el mismo daba inicio a sus exploraciones marítimas y aéreas en el territorio meridional americano, tarea en la que se mantendría hasta su trágica muerte ocurrida a causa de un accidente aéreo en el lago Argentino, en enero de 1931.  Evidentemente estos recuerdos fueron escritos para conocimiento de sus hijos y nietos.

La relación que se presenta, hasta ahora inédita, fue escrita por Schmitt originalmente en alemán y ha sido gentilmente traducida al español para esta publicación por sus hijos José y Erika, y su nuera Carmen Runge de Schmitt.  Se trata de recuerdos que aunque ceñidos a un ordenamiento cronológico no guardan, en algunos aspectos, necesariamente relación entre sí en lo tocante a los hechos a que se refieren.  Ello vale especialmente para explicar la sorpresa que podría causar al lector medianamente informado sobre las aventuras de Günther Plüschow, la omisión generalizada que se hace de las mismas, no obstante que Schmitt participó en parte de ellas como tripulante de la Feuerland, tal vez, debiera presumirse, por el hecho de la difusión que aquéllas tuvieron por obra del mismo explorador y por la fama que ganó el mismo antes y después de su muerte.  Pero, en cambio –y en ello estriba lo valioso del documento de que se trata–,  sí abundan los recuerdos que dan cuenta de lo que fueron los momentos y hechos importantes y cruciales del joven inmigrante Schmitt cuando decidió radicarse en Magallanes y, haciendo gala de la laboriosidad e iniciativa proverbiales de su etnia germánica, abrirse camino en la vida y alcanzar ya en la madurez de la existencia una situación económica que pudo garantizar el bienestar de la familia que coetáneamente había formado y, al fin, disfrutar conjuntamente él mismo, su esposa Lotte y sus hijos Peter, Erika y José de una calidad de vida merecida, condigna del esfuerzo de años.  Con su relación Josef Schmitt no sólo complementa de alguna manera los antecedentes sobre la expedición Plüschow sino que, particularmente, entrega informaciones variadas de interés que ilustran sobre aspectos poco o nada conocidos del acontecer magallánico entre 1930 y 1950, en general, referidos a la actividad económica regional, a la colonización pionera tardía en Ultima Esperanza, a la relación comercial entre las Islas Malvinas y Magallanes, y a la injustificada y abusiva práctica impuesta por los nacionales de las potencias aliadas durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial (Gran Bretaña y EE.UU. de América principalmente), conocida desde el primer conflicto bélico mundial como “Lista Negra”, suerte de ostracismo mercantil forzado en que quedaron tantos empresarios por el solo hecho de ser originarios de un país circunstancialmente enemigo, entre otros varios aspectos novedosos.

Todo ello, recibido como una relación fidedigna, permite iluminar y entender mejor el lapso histórico comprendido por las décadas de 1930 y 1940 que, curiosamente, no obstante su cercanía temporal con la época  en que nos encontramos, ha resultado difícil de abordar en los estudios e investigaciones históricos.  La circunstancia de haberse obviado por el autor la precisión en las fechas de los sucesos narrados no resta, a nuestro juicio, valor a la información que se entrega que, se reitera, es valiosa y de provecho.

Cabe finalmente reiterar nuestro agradecimiento para con el señor Hans Roehrs por su disposición para hacer conocer y utilizar una copia del documento que se hallaba en sus manos y, de modo especial, para con el señor José Schmitt, su esposa Carmen y su hermana Erika Schmitt, por su excelente traducción, así como por el suministro de material gráfico complementario, parte del cual es utilizado en esta publicación, y que ha pasado a incrementar el Archivo Fotográfico Histórico del Centro de Estudios del Hombre Austral.

RECUERDOS

Me llamo Josef Schmitt Lehner.  Nací el 13 de marzo del año 1906 en Weilheim, Alta Baviera, Alemania.  Mis hermanas eran dos y tres años mayores y mi medio hermano, Hans Lehner, a quien trajo mi madre a nuestra casa, era diez años mayor que yo.

Cuando yo tenía cuatro años falleció mi padre de neumonía, como consecuencia de la creciente del río Ammer que inundó nuestra propiedad.  Lo que recuerdo de él es que era extremadamente exigente con todos nosotros y especialmente con mi medio hermano Hans, quien a su muerte y teniendo 15 años de edad, pasó a tomar su rol y hacerse cargo de toda la familia.  Recuerdo que en una oportunidad llegué tarde a casa con mi hermana Rossl, tuvimos que hincarnos sobre una tabla y cuando no pudimos soportar más el castigo, tuvimos que pedir perdón.  No obstante, siempre estuvimos orgullosos de él.

Nuestra familia era muy pobre y junto a mis hermanas lo único que conocíamos era trabajar, cuidar cabras, buscar leña, cosechar granos con los campesinos y juntar la fruta caída de los árboles para tener algo que comer.  Debido a la enfermedad que aquejó a mi padre, era solo mi medio hermano quien traía algo de dinero a casa, trabajando como aprendiz en carpintería.  Durante los años que fui al colegio tenía que visitar diariamente la iglesia antes de tomar desayuno, debido a que mi madre era muy católica.  Al estallar la Primera Guerra Mundial, nuestra situación llegó a ser aún más crítica.  Siempre tenía hambre y sólo conocía el trabajo.  No obstante ello, en el colegio sacaba buenas notas, de puro miedo a que de lo contrario mi medio hermano Hans me retara.

Durante la Primera Guerra Mundial mi hermano Hans ingresó como marino al buque “MS Goeben”.  Me sentí muy orgulloso al enterarme que este barco, junto al barco de guerra “Breslau”, lograron llegar a Messina, Turquía, y más aún, cuando este hecho fue ampliamente destacado por los medios de difusión [1].  Pienso que este acontecimiento tuvo cierta influencia en mí, cuando decidí años más tarde ingresar a la marina, para no seguir siendo una carga para la familia.  Como ya lo indiqué anteriormente, durante la guerra nuestra situación fue caótica y por un tiempo tuve que reemplazar a mi medio hermano en las responsabilidades de la casa.  Recuerdo que en una oportunidad tuve que carnear un cerdo que engordamos clandestinamente debajo del piso de nuestra casa, lo que estaba estrictamente prohibido.

Durante este tiempo también sacaba los pichones de cuervos de sus nidos para poder comerlos.  Esta era la única carne que podía traer a casa.

Mis dos hermanas trabajaban en el establo de los vecinos a cambio de algo que comer.  Al finalizar la guerra, yo continuaba visitando la escuela y trabajando donde agricultores a cambio de manzanas.  En ese tiempo me convencí de que había que estudiar mucho para alcanzar un mejor nivel de vida.  Aquellos que tenían una buena situación económica enviaban a sus hijos a una escuela superior, situación que me motivó pedirle a mi medio hermano que me autorizara ingresar a la Realschule en Weilheim, con el compromiso de seguir ayudando en el establo y durante la cosecha.  Esto lo cumplí con mucha responsabilidad.

Durante las vacaciones fui a trabajar a una mina en Peissenberg, lo que me permitió traer algo de dinero a casa.  Yo fui un joven muy despierto y siempre le ayudé a hacer las tareas a mi compañero Max Harburger, de origen judío, de padres muy solventes y donde siempre pude comer hasta saciarme.  (Max Harburger dejó posteriormente Alemania en el año 1933 para dirigirse a Israel.  Perdí el contacto con él hasta el año 1975 cuando recibí una carta.  A partir de aquel momento volvimos a contactarnos, pero sólo por correspondencia).  Cuando dí los exámenes fuí uno de los mejores alumnos, en especial en matemáticas.  Durante esta etapa en el colegio postulé al buque escuela “Grossherzogin Elisabeth”, contrariando los deseos de mi mamá que quería que fuese cura.  Mi profesor de matemáticas conversó sobre este tema con mi medio hermano, para que me permitiera seguir estudiando.  Mi decisión estaba tomada, quería independizarme y viajar.  De esta manera en casa me fabricaron un pequeño baúl de madera, mientras que mi mamá bordaba en mi escasa ropa mis iniciales.  Para la despedida, en la estación, me dio un paquete con algo de comida y una billetera con 30 marcos.  De esta forma me embarqué en el tren con el deseo de mi madre “que regresara como una persona honorable, y si no fuera así, que no regresara nunca más”.  Sé que ella no lo pensó así, tan duramente [2] .  Desde la estación hasta Berlín el viaje duraba 2 a 3 días.  Al llegar a destino me quedé dormido en un banco y al despertar me percaté que mi paquete con la comida había desaparecido.  Afortunadamente aún tenía los 30 marcos.  Llegué posteriormente al pequeño puerto de Elsfleth, Bremen, lugar donde estaba atracado el barco “Grossherzogin Elisabeth”.  Allí me entregaron una hamaca y que el destino se apiadare de mí.  La noche era muy oscura y nadie me preguntó si necesitaba algo.  Fue la primera noche en que lloré y sentí mucha nostalgia.  Quise usar mis 30 marcos para regresar a casa, pero el oficial Bose no tuvo comprensión y antes de darme cuenta, sentí una patada en el trasero y tuve que caminar detrás de los otros camaradas.  Al segundo día el barco fue remolcado hacia el exterior del puerto para dar inicio al viaje.  Yo no conocía las palabras estribor ni babor, pero pronto me las enseñaron las “botas marineras”.  Quiero mencionar que el Barco Escuela era financiado por todos los astilleros y nuestro sueldo era aproximadamente de 5 marcos mensuales.

Los veleros no contaban con un motor como ahora, sino con muchas cuerdas y velas, cuyo manejo me costó muchísimo aprender.  Durante este tiempo se podía obtener el título de “piloto” siempre y cuando se comprobara el haber navegado durante 48 meses en un barco a vela.  De esta manera mi destino estaba trazado por cuatro años.  A medida que transcurría el tiempo comencé a familiarizarme con el manejo del barco, situación que me permitió dormir mejor de noche.  Cuando salimos del Canal de la Mancha rumbo a alta mar, comenzó nuevamente el suplicio.  Quería morir y no ver nada más de este lindo mundo.  Pero las conocidas “botas” de los oficiales nuevamente no tuvieron compasión.  Como era un muchacho fortachón, pronto el segundo oficial me pidió que hiciera la guardia de noche y que aprendiera a remar y coser las velas.  A partir de este momento comenzó a irme mejor.  Cuando nos tocaba vigilar, teníamos que subir a cubierta desnudos y taparnos con la hamaca.   Si uno llegaba tarde los mismos camaradas se encargaban de castigar al culpable.  A medida que transcurría el tiempo, la presión de las botas marineras fue desapareciendo.

Durante los primeros seis meses dormíamos cuatro horas y durante seis horas permanecíamos despiertos y así nos íbamos preparando para el gran viaje a Brasil.  Durante la travesía a la altura de la desembocadura del Amazonas, se rompió el mástil delantero.  El capitán me dio una bofetada, porque según él no había soltado una de las velas lo suficientemente rápido.  El mástil lo repuso el carpintero durante el viaje de retorno.  Cuando regresamos a Bremen, todos los camaradas ya estaban listos para sus vacaciones y para volver a casa.  Yo traté de regresar a Hamburgo de la forma más barata posible y encontrar algún trabajo.  Mi capital había aumentado a 50 marcos.  La primera noche la pasé en un banco en la Plaza Bismark.  A las 09.00 AM del día siguiente me presenté en una agencia de empleos y tuve la suerte de encontrar trabajo en el “SS Magdalena”,  a cargo del capitán Schilling.  El “SS Magdalena” era una especie de goleta y no tenía nada que ver con un velero del tipo clipper.  Pronto me adapté al nuevo trabajo y después de unos meses pude obtener el certificado que me acreditaba como “mecánico en motores”.  Con posterioridad me presenté donde el capitán Horstmann, del buque “SS Grete”, como mecánico.  Durante este tiempo siempre esperé poder trabajar en un velero de mayor tamaño.  Cuando se me comunicó que podía hacerlo en el “SS Passat”, me embarqué en el “Monte Olivia”, a la espera del primero, ya que volvía de un viaje desde Chile.

Mi experiencia en el “SS Passat” sería para mi futura vida de marino muy decisiva, dado a que llegué a ser el mejor marinero a bordo.  El primer oficial, más tarde Capitán Klaus, pronto me subió de rango como “el primero de a bordo”.

Desde Hamburgo a Iquique el “SS Passat” demoraba aproximadamente 72 días.  En el paralelo 40 Sur, en el Atlántico, hasta el paralelo 40 Sur, en el Pacífico, denominado “roaring forties” entre la tripulación, teníamos casi siempre mal tiempo y pocas veces podíamos refugiarnos bajo cubierta.  Siempre teníamos que estar listos para la maniobra [3] Muchas veces ni nos dejaban ir a nuestros camarotes, por los que nos acostumbramos a dormir entre las cuerdas en la superficie.  El Capitán Müller era un tipo prepotente y en cuanto se iba a dormir gritaba: “todos a cubierta” y dejaba bajar las velas para después recuperar las millas.  En un libro del conocido P. Liniers, que me regaló el Dr. Heinrich Fritzsche, quien en los años 60 se desempeñó como médico en el Hospital Regional de Punta Arenas, se menciona el mal genio de este capitán.  El viaje de regreso desde Iquique por el Canal demoraba 52 días y todas la velas eran cambiadas en alta mar.  Lo normal era que se efectuara en los puertos.  Todo era imposible de entender si uno no era marino.  Cuando regresamos a Hamburgo solíamos ir a visitar a Tante Hermine, la que tenía un boliche y conocía el recorrido de todos los marineros.  Años más tarde, en 1958, la fui a visitar con mi esposa Lotte y en 1967 con mi hija Erika.  En ambas oportunidades me reconoció inmediatamente.

Tuve que esperar dos meses para continuar mis estudios y como fuí en su momento el mejor a bordo, me llamó el capitán Peterson para que durante este tiempo le ayudara a reparar velas y hacer todo tipo de trabajo, como si estuviésemos en alta mar.  Pocas veces pude bajar a tierra para visitar los boliches donde solían divertirse los marinos.

Un día me llamó el capitán Peterson a su oficina porque le había llegado una carta de Günther Plüschow quien buscaba gente para pilotear su velero [4] Debía contar con conocimientos marinos.  Él tenía programado efectuar una expedición alrededor del mundo.  Yo me negué inmediatamente, dado a que quería ir a la Escuela de Navegación, como lo tenía planeado.  El capitán Peterson me dijo que lo pensara muy bien, porque la situación económica en Alemania en ese momento era muy mala y no existían fuentes de trabajo [5] Por lo demás se me estaba ofreciendo una mayor cantidad de dinero de lo que en ese momento estaba percibiendo.  Decidí entonces viajar a Büsum, a visitar el astillero donde se estaba construyendo el barco.  Éste tenía 16 m de longitud y 5 m de ancho.  Frente al “SS Passat”, con sus cuatro mástiles, 4000 toneladas y 4800 m cuadrados de superficie de velas parecía un enano, lo que no dejó de asustarme.  Conocí en ese momento al piloto Paul Christiansen, quien me convenció de llevar el barco hasta Tierra del Fuego.  Paul hablaba solamente dialecto “platt” [6] y llegamos a ser muy buenos amigos.

Paul Christiansen era pescador de alta mar y poseía su propio barco, por lo que tenía una situación económica más holgada que yo.  Aquí deseo mencionar también, que mi intención en el futuro era tener un barco propio, porque sabía que los dueños del “SS Magdalena” y “SS Grete” ganaban mucho dinero.

Decidí embarcarme en la expedición de Plüschow.  Como experto en confección de velas comencé a cortarlas, coserlas y adaptarlas y me preocupaba de que todo en el barco estuviese listo para la partida.  Durante este tiempo llegaba frecuentemente el Sr. Ullstein [7] con toda su comitiva, quien auspiciaba este viaje, el barco fue bautizado como “Feuerland”.  Estaba equipado con un motor Diesel Deutz.  Después de un viaje de prueba alrededor de las Islas Helgoland, finalmente zarpamos en un día de noviembre hacia alta mar.  Tuvimos que recalar en Ámsterdam por mal tiempo.  El barco se llenaba de agua y las bombas solían obstruirse.  Después nos dirigimos al Golfo de Vizcaya, el cual era conocido por sus temporales.  Günther Plüschow permanecía mareado y lo veíamos muy poco en cubierta.  Él confiaba plenamente en Paul Christiansen y en mí.  Pronto llegamos al Atlántico y debo mencionar que poco a poco me fui acostumbrando a navegar en esta “cáscara de nuez”.  En la línea del Ecuador permanecimos detenidos 10 días, por falta de viento.  No utilizamos el motor porque Plüschow además de ser capitán de barco también era escritor y necesitaba tranquilidad para concentrarse.  Su intención era llegar lo más tarde posible a Pernambuco, Brasil, con el fin de aumentar el interés de la prensa.  Fuimos bordeando la costa de Brasil hacia el sur.  Recalábamos en diferentes puertos donde él solía dictar charlas con el objetivo de solventar parte de los gastos de la expedición.  No puedo dejar de mencionar que Günther Plüschow fue siempre muy correcto con todos nosotros y estaba pendiente de que nada nos faltara.  Cuando llegamos a Río de Janeiro fuimos recibidos como visitas especiales en el Club de Yates.  Plüschow regresó por un mes a Alemania.  Durante este tiempo el capitán Schuster, de la Lufthansa, nos mostró Río desde el aire.  Tuvimos oportunidad de ir al cine e incluso fuimos invitados por la Empresa Dannemann.  Allí nos acostumbramos a fumar unos fantásticos puros, al igual que en la Empresa Sauerdieck.  Aquí pudimos ver como las nativas preparaban diferentes clases de cigarros.  Fuimos invitados en muchos otros lugares, pero siempre Christiansen o yo teníamos que hacer guardia en el barco, pues éramos responsables de éste.

Olvidé mencionar, que a la altura de la Isla Noroña [8] , al norte de Brasil, se quebró el cigüeñal del motor, por lo que continuamos el viaje con vela hasta Comodoro Rivadavia, Argentina.  En esta ciudad tuvimos que esperar alrededor de un mes hasta que llegara el repuesto de Alemania.  En general el viaje desde Buenos Aires hasta Punta Arenas fue muy tormentoso y al llegar a Punta Dungeness elevamos los vasos para un “Besam Schoot”, es decir “beber un vaso de champaña”.  Desde este lugar hasta Punta Arenas demoramos tres días debido a los intensos vientos del noroeste.  No recuerdo el día, pero creo que era mediados de octubre cuando llegamos a destino [9] Anclamos cerca del muelle y nos refugiamos en nuestros camarotes para descansar.

Para mí, el viaje había finalizado, pero quise esperar la llegada del hidroavión “Silberkondor” [10] en el “SS Poseidón”, para ayudar a desempacarlo, armarlo y dejarlo listo para volar.  Nosotros, los tripulantes, solíamos ir en la noche al Club Alemán, lugar donde algunos de sus integrantes nos veían con cierto recelo, debido a que la expedición estaba financiada por la editorial Ullstein, cuyos propietarios eran de origen judío [11] .  Como éramos marinos, nos daba igual quién o quiénes pagaban nuestro sueldo.

Tiempo después, Plüschow recibió la noticia, desde Alemania, de no continuar con el viaje alrededor del mundo, debido a la aparición de las películas con sonido, ya que las que él estaba realizando eran mudas.  La decisión fue entonces de vender el barco, por lo que se me pidió permanecer a bordo un tiempo hasta que esto sucediera [12] .  Recuerdo que en un momento, cuando estábamos reparando el barco en tierra, se acercó un escocés, Mr. John Hamilton, quien me preguntó en inglés: “young man, how many scotsmen did you kill during the war?” (joven, ¿ cuántos escoceses mataste durante la guerra?).  Por supuesto que fue una pregunta en broma.  Cuando se presentó, supimos que era el nuevo dueño del “Feuerland” [13] .  El barco fue después rebautizado como “Penélope” (nombre que lleva en la actualidad) [14] .  De esta forma, junto a Christiansen, fuimos a dejar el barco a las Malvinas.  Con posterioridad regresé a Alemania para poder por fin finalizar mis estudios.

No puedo dejar de mencionar que en las expediciones que Plüschow realizaba en la Patagonia nosotros éramos considerados también como acompañantes.  En una oportunidad tuve la suerte de sobrevolar con él el monte Sarmiento, algo que nunca pude olvidar [15] .

Cuando regresé a Hamburgo conocí a un alumno de la Escuela Naval: Paul Frakoviak, y en su casa pude alojar muy barato mientras finalizaba mis estudios.  Un día me enteré que podía acortar los estudios en tres meses, siempre y cuando hubiese dado un examen especial donde el Dr. Soeken, en Altona.  En este examen me fue muy bien, ya que siempre fui un buen matemático.  Junto a la trigonometría las matemáticas son lo más importante en la navegación.  Al cabo de 9 meses di el examen final que duró varios días.  En el ramo de navegación a vela tuve que calcular la distancia entre Hamburgo y Singapur, utilizando los meridianos y paralelos a los que un barco tenía que apuntar para llevarlo por el camino más corto.  En septiembre del año 1929 obtuve así el título de piloto y pudiendo navegar de esta manera como capitán de barco.  Para la navegación de barcos de gran tonelaje se exigía un examen adicional A6 y el mío A5.

Durante este tiempo en Alemania se estaba mostrando en los cines de la UFA la película de Plüschow [16] En mi ciudad natal, Weilheim, fui el encargado de explicar a los espectadores los diferentes lugares que visitamos en la Patagonia.  Como era muy difícil conseguir trabajo en Alemania, decidí partir a Buenos Aires.  En el barco del capitán Rollins tenía que hacer guardia con el segundo oficial.  Para mí lo más importante era tener siempre el estómago lleno.  Incluso al llegar a Buenos Aires fui invitado por el primer oficial a beber cerveza.  Me deseó todo lo mejor para mi futuro.  Aquí recordé que en los tiempos de Plüschow había conocido el local del Sr. Wiese, en la calle Corrientes.  Gané algunos pesos lavando platos y haciendo todo tipo de trabajos.  Cuando se daba la oportunidad, visitaba los barcos alemanes que recalaban en el muelle de la ciudad.

Yo seguía manteniendo contacto con Christiansen y a través de él me enteré que Mr. John Hamilton quería adquirir un barco más grande para traer ovejas desde Australia.  Escribí inmediatamente a la oficina “Dick” en Punta Arenas pidiendo información al respecto [17] .  Después de una larga espera me respondieron que podía hacerme cargo de la “Penélope”, dado que Christiansen sería el nuevo capitán del barco de pesca alemán “Morven”, que se encontraba en la isla Dawson.

Al arribar a Punta Arenas no tenía suficiente dinero para desembarcar, pero tuve la suerte de encontrar en el muelle al administrador del Club Alemán, Sr. Albert Bastee, un verdadero hamburgués, que me facilitó $5 para poder bajar a tierra y hospedarme en un hotel y esperar hasta que Mr. Hamilton llegara.  Mr. Hamilton tenía una estancia muy grande cerca de Río Gallegos llamada Loyola y me ofreció un sueldo inicial de 15 libras, lo que acepté de inmediato [18] .  Esto era mucho más de los que ganaba un capitán chileno.

De esta forma me hice cargo de la “Penélope” e inicié el primer viaje a la Malvinas con solo 24 años de edad.  Allí Mr. Hamilton tenía tres estancias que eran administradas por un noruego Mr. Steene.  Mi labor consistía en trasladar postes, alambres, mercaderías ya sea de  Punta Arenas o desde Río Gallegos hasta allá.  En uno de los viajes que realicé con mi patrón a una de sus estancias encontramos al administrador totalmente borracho, por lo que fue despedido.  Me puso a mí en su reemplazo.  Yo le mencioné que no tenía idea de ovejas y vacunos, sólo que eran muy ricos para comer.  Su respuesta fue: “capitán, yo sé que Ud. lo puede hacer”.  Posteriormente visitamos a una de sus estancias en Port Stephens a cuyo cargo estaba el capataz Mr. Robertson.  Me presentó como su nuevo administrador y mi sueldo subió a 20 libras.  Robertson era un hombre muy bueno, al igual que su hijo Charly, quien justo había regresado desde Nueva Zelanda, recién casado.  Robertson iba a estar involucrado años más tarde en el traslado de mi futura esposa desde Inglaterra a Malvinas.

Mr. Hamilton con sus 72 años era un estanciero muy progresista y se interesaba por todo.  En sus estancias fuimos renovando cercos, colocando a su vez doble alambrado para plantar arbustos.  Debo mencionar que en las Malvinas no existían árboles.  Desde Fenton Station trajimos un carnero, oportunidad que conocí a Gus Yonge [19] A este señor le trasladé posteriormente lanares a su estancia Bluff Cove y simultáneamente me ofreció la administración de ella, cosa que no acepté.

En una oportunidad Mr. Hamilton invitó al Gobernador de las islas a bordo de la “Penélope” para conversar sobre la preocupación que tenían ambos sobre la consanguinidad de sus habitantes, los kelper [20] .  En broma Mr. Hamilton dijo “para eso traje un capitán alemán para acá”...

En otra oportunidad el Gobierno inglés arrendó el barco para viajar entre las islas con un científico, cuyo apellido también era Hamilton.  El objetivo era de hacer un recuento de las focas y de sus crías.  Estuvieron varios meses recorriendo diferentes lugares, a los cuales, dado el clima, solo se podía llegar con buen tiempo.  Hace poco leí un libro “The Birdman” de Ian Strange que me regaló mi nuera Carmen, en el cual se comenta las miles de focas que aún habitan esos lugares.

En uno de los tantos viajes recuerdo haber poblado un grupo de islas con guanacos y zorros traídos desde la Patagonia a la isla Sedge [21] .  En otra oportunidad llegué hasta el cabo de Hornos y sus alrededores para colocar trampas con un alemán Willy Haedicke y cazar nutrias vivas para comercializarlas.  Para ello contábamos con el permiso de las autoridades chilenas pero no de las argentinas [22] .  Sin embargo, a pesar de ello, llegué hasta la isla de los Estados para probar suerte.  Casi fui capturado por una cañonera argentina, la cual me cercó la salida del fiordo.  En una de las noches salí, sin que se percataran, con las velas puestas y pasé silenciosamente a su lado empujado por el viento.  Al parecer el guardia se había quedado dormido.  Continué mi viaje hacia el cabo de Hornos, lugar en el que encontré un barco danés que llevaba a un enfermo a bordo.  Me solicitaron ayuda, dado que esta persona (al parecer un indígena) había comido mucha carne de lobo.  Le di de tomar “sal inglesa”.  Lamentablemente falleció de una apendicitis.  Yo supuse que tenía una indigestión y al cabo de algunos meses regresé a Punta Arenas y fui llamado por la Gobernación para aclarar este caso.

En Malvinas estuve permanentemente trabajando en las tres estancias de Mr. Hamilton, pero mi residencia estaba ubicada en la Isla Wedell en una casa patronal.  Allí formé mi jardín con árboles y arbustos que aprovechaba de traer en el barco.  Empapelé la casa.  Tenía una buena cuenta bancaria en el Banco de Port Stanley y fue por aquel tiempo en que pensé que en algún momento tendría que casarme para formar una familia.  Aquí me acordé de una joven alemana Lotte Meister que había conocido por intermedio de Kurt Neubert, que era el camarógrafo de la expedición de Plüschow y con la que mantuve un tiempo correspondencia.  El contrato que había firmado con Mr. Hamilton estaba por terminar y le propuse a Lotte casarse conmigo.  Eso sí, le hice ver lo inhóspito que era la zona en donde me encontraba trabajando.  Ella estaba de acuerdo en venir sola, por lo tanto le compré el pasaje de ida y regreso ante la eventualidad de que no le agradara vivir en este lugar.  En esos tiempos, año 1936 para poder salir de Alemania, toda mujer soltera debía hacer un curso de “ama de casa”.  Me contacté con Mr. Robertson de la isla Port Stephens, quien tenía planeado con su esposa un viaje a Londres.  Le solicité que invitaran a Lotte a pasar unos días de vacaciones con ellos en esa ciudad.  Así lo hicieron.  Ella no regresó a Alemania a finalizar el curso, y viajó con el matrimonio a las Malvinas.

Durante este tiempo conocí a un norteamericano, Mr. Walter Tezlaff, quien estaba a cargo de un criadero de zorros en las cercanías de Chabunco, Punta Arenas [23] .  Según él, se trataba de un excelente negocio y quería que yo me encargara de vender acciones de esta empresa en las Islas Malvinas, para así armar una empresa similar en esa isla.  El trabajo en Punta Arenas consistía en llevar diversos registros y que los zorros recibiesen una dieta adecuada.  Una parte importante del cuidado de estos zorros, era anotar el celo de las hembras para poder cubrirlas en el momento oportuno.  Para la venta de las acciones de la empresa “Fox and Fur” en las Malvinas,  llegué a juntar 6000 libras.  Faltaban 4000 libras para emprender el negocio.  Este saldo se lo ofrecí al gerente de la Compañía “Falkland Island”, Mister Young.  Me hizo ver que el negocio era riesgoso, por ello decidí  no continuar trabajando para Mr. Tetzlaff.  Como yo también era poseedor de algunas acciones, las procedí a vender.  Tiempo después se corroboró el juicio de Mr. Young.  El negocio nunca fue rentable [24] .


Fig. 1. Josef Schmitt, al egresar de la Realschule, Weilheim.

Llegó el tiempo en que debía ir a buscar a Lotte a las Malvinas.  Aproveché un viaje con Walter Tezlaff, pues él quería hablar personalmente con Mr. Young, respecto al negocio de los zorros.  Mi futura esposa llegó en el barco “Reina del Pacífico” y la fui a recibir a bordo.  Durante este viaje conoció a la familia de Fritz Goebel y a su hija Liselotte, con quienes llegamos a ser muy buenos amigos.  Lotte había aprendido a hablar bien inglés durante el viaje.  Agradecí a Mr. Robertson el haberse preocupado por ella durante su estadía en Londres y de haberla traído hasta las Malvinas.  Emprendimos después el viaje en el mismo barco hasta Punta Arenas y nos quedamos en el Hotel Cosmos [25] .  Después de un par de días celebramos nuestro matrimonio en casa de la familia Mordhost.

Entretanto comencé nuevamente a buscar trabajo.  La firma Gildemeister me solicitó comprar ovinos en las Malvinas.  Semanalmente embarcaba 3000 lanares para el Frigorífico Tres Puentes.  Además anualmente compraba 30.000 tripas en Port Darwin que era un negocio que tenía con un carnicero llamado señor Kopt [26] .  Aquí casi perdí todo mi capital, como consecuencia de una mala preparación de las mismas.  Simultáneamente me asocié en Punta Arenas con Wally Volkart [27] , un carnicero suizo.  La empresa se llamaba “Volkart y Cía Ltda.”.  Juntos compramos una casa en la calle Chiloé, la que adaptamos para la fabricación de cecinas.  De Valdivia trajimos a un señor Wiederhold para la elaboración de las mismas.  Frente al matadero procedí a comprar un terreno, lugar donde armé una tripería.  Para la elaboración de las cecinas trajimos las maquinarias desde Alemania.  Después del chasco que pasé con mi socio Kopf, continué con el negocio de las tripas comenzando nuevamente en pocas cantidades.  Las adquisiciones las hacía de los animales que se beneficiaban para “Volkart y Cía Ltda.”, y el resto las compraba en diferentes estancias en la Patagonia.  Para efectuar las adquisiciones en terreno compré una camioneta Ford T, la que me dio muchos dolores de cabeza.  Fue un trabajo muy cansador, en especial el tener que enseñar a los carniceros la manera de extraerlas de los animales y salarlas.  Hice la prueba de enviar un barril de tripas a Alemania a la empresa de Arnold Kunze.  Aquí tuve mucha suerte pues me solicitaron que les enviara mayores cantidades.  Con el tiempo me di cuenta que ingresó a la competencia una empresa alemana, la que comenzó a seducir a mis trabajadores para que mi negocio fracasara.  Ellos utilizaban agua demasiado caliente para el procesamiento de las tripas.

La compra de animales para “Volkart y Cía Ltda.” la hacía yo.  Mi socio controlaba la matanza y las ventas.  El negocio prosperó bastante bien, pero de pronto comenzó a aumentar la competencia.  Debo mencionar que las casi 30.000 tripas que había traído desde las Malvinas las transportaba el mismo barco con el que traía las ovejas para su beneficio en Punta Arenas.

El negocio con mi socio lo tuve que suspender en el año 1942 cuando pasé a formar parte de la “Lista Negra” [28] En aquel tiempo los animales que se beneficiaban estaban destinados principalmente para las graserías.  Muchos de los animales que traje para los Frigoríficos provenían incluso de Argentina [29] .  Tenía que estar permanentemente preocupado para que su traslado fuese lo más expedito posible.  Las compras que realicé para los Frigoríficos “Tres Puentes” y “Bories” las hacía a base de comisiones.  Recuerdo que ganaba un penique por libra de carne.

En aquel tiempo el gerente de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego era un irlandés que me apreciaba mucho [30] No así los ingleses, por motivo de la guerra.  Debido a que en ese tiempo viajaba mucho entre Punta Arenas y las Malvinas para la compra de animales, comencé a notar cierto recelo de parte de muchos de mis conocidos.  Como no tenía dinero para comprar en grandes cantidades, solía vender los cueros de los animales que compraba a la firma “Salles y Bianco” y con ese dinero pagaba a los estancieros.

Volviendo atrás, después de estar dos semanas de casados tuve que dejar a mi esposa sola en el Hotel Cosmos, debido al traslado de 300 caballos a las Malvinas [31] .  En viajes posteriores la llevaba siempre conmigo, vía Montevideo, en donde pasábamos maravillosos días en la playa de Pocitos, mientras esperábamos el barco “Lafonia”, a cargo del capitán irlandés Jonson, para continuar el viaje a las Islas [32] Aquí tenía cuatro caballos para salir a comprar.  Todas las semanas tenía que tener 3000 lanares preparados para poder embarcarlos al “Frigorífico Tres Puentes”, Punta Arenas.  Para la elaboración de las tripas de los animales que se beneficiaban en las Malvinas para la grasería “Goosegreen”, traía trabajadores desde Punta Arenas, al igual que los barriles y la sal [33] .

  Fig. 2. Schmitt (centro), junto a Paul Christiansen a bordo de la “Feuerland”.

  Fig. 3. Schmitt con John Hamilton, propietario de la “Penélope” (ex “Feuerland”).

Yo trabajé mucho entre los años 1936 y 1939 y permanecía poco en casa y así me propuse, una vez finalizadas las faenas, de viajar en el año 1939 a Alemania.  Partí con mi esposa y mi hijo Peter, que había nacido en octubre de 1938.  En aquel tiempo poseía en Punta Arenas una buena cantidad de dinero y más o menos 1200 libras en el “Savingsbank Port Stanley”.  A pesar de que muchos de mis amigos me recomendaron no viajar por la inestabilidad europea, lo hice igual.  Tuvimos un viaje maravilloso a bordo del barco “General Artigas” hasta Hamburgo.  Desde allí partimos a Weilheim, mi ciudad natal.  Aproveché de contactarme con el comprador de las tripas que enviaba a Alemania, Arnold Kunze en Markneukirchen.  Allí me enteré que el Sr. Kunze era amigo de caza de Hermann Goering [34]

Un día viajé con el Sr. Kunze a Berlin, para visitar el lugar donde ser controlaban los subproductos de los animales.  Él quería que continuara enviando por barco tripas.  Lamentablemente comenzó la guerra.  Me encontraba en esos momentos junto a Paul Christiansen, quien tuvo que entregar su barco “Morven” y nuevamente salir a pescar en el mar del Norte.  Más o menos a fines del mes de septiembre fui llamado para presentarme en la guarnición militar.  Lo hice en Hamburgo.  La campaña contra Polonia había finalizado y la gente pensaba que la guerra no iba a continuar.  Me aconsejaron salir de Alemania y regresar a Chile lo antes posible.  Debo mencionar que antes de viajara a Alemania había invertido todo mi capital en mercaderías, embarcándolas en el “MS Rhakotis” hacia Alemania.  Lamentablemente este barco fue atacado por los aliados, por lo que perdí mucho dinero.  Mi hermanastro Hans Lehner me hizo devolución de los 2000 marcos que le había prestado y con buenos contactos logré obtener un pasaporte rumano para mi familia y para mí.  Con éste pude pasar sin problemas por la zona de Gibraltar a bordo del barco italiano “Oceanía”.  El “Oceanía” estaba lleno de emigrantes judíos y los alemanes, con pasaporte alemán, fueron desembarcados en África.  Siempre me pregunté que habría pasado si no hubiésemos tenido el pasaporte rumano?  En el barco me encontré con Hermann Eberhard, quien regresaba a Chile.  Su padre había fallecido en este tiempo en Alemania [35] .

  Fig. 4. Josef Schmitt, con su esposa Lotte y sus hijos Peter y José.

  Fig. 5. Transporte de lana desde la estancia “Río Zamora” hacia Laguna Azul.

En Buenos Aires nos embarcamos en el barco “José Menéndez” hacia Punta Arenas y al llegar a mi casa, en la calle Talca, la encontré ocupada, por lo que tuve que ir a un hotel, al hotel Savoy.  Comencé a trabajar duramente en la carnicería.  Después de unos días llegaron las inspecciones y las detenciones debido a que los aliados pensaban que yo había sido enviado como espía por conocer las Malvinas y los canales fueguinos [36] Muchos de los ingleses no volvieron a realizar negocios conmigo, tampoco los yugoeslavos, debido a que era una competencia para ellos.  Cuando recuperé mi casa, le arrendé la mitad al Inspector de Tierras Sr. Alberto Foessel, y por medio de su gestión pude arrendar la estancia Río Zamora de 29.000 há.  Debido a que esta estancia colindaba con Argentina, tuve que asociarme con un chileno, Sr. Ortiz [37] Recuerdo que muchas veces los carabineros me fueron a buscar, e incluso una vez fui tomado preso.  Yo seguí luchando y alcancé a comprar 6000 ovejas en Cancha Carrera, en Santa Cruz, Argentina.  Los dueños de esta Estancia fueron avisados que si continuaban haciendo negocios conmigo, también pasarían a formar parte de la “Lista Negra” [38] .  En Punta Arenas procedí a vender mi parte a mi socio Volkart, con el compromiso, de que una vez finalizada la guerra, pudiese nuevamente asociarme con él.  De esta manera partí con todas mis pertenencias a Río Zamora.  Pude comprar con un crédito de la Caja Agraria 4000 ovejas a Hermann Eberhard, quien también se encontraba en la “Lista Negra” [39] .

En Río Zamora comencé a construir primeramente un camino para comunicarme con Laguna Azul.  Después inicié la construcción del galpón, pesebrera, baño para las ovejas y la casa.  Mi hijo Peter dormía en un cajón con lana.  Mi esposa Lotte cocinaba para nosotros y para los empleados que habíamos contratado.  Teníamos una estufa que habíamos fabricado nosotros.  Lo peor era que la Estancia carecía de alambrados y cuando comenzó la esquila el primer año, solamente quedaban 2000 lanares.  El resto había desaparecido, comidos por los zorros y pumas, e incluso muchos fueron atacados por la sarna.  Cada semana despachábamos dos fardos de lana por carreta tirada por bueyes hacia Laguna Azul.  La primera esquila la realicé con una transmisión puesta entre dos árboles y como motor utilicé mi camioneta, utilizando como tracción una rueda posterior [40] Al segundo año construí el galpón.  La madera se cortó a mano y las latas las traía desde Puerto Natales y en el último tramo utilizábamos caballos para su traslado.  Esta fue una época muy dura, pero nunca aflojé.  Decidí después no seguir trabajando con ovejas, sino que con capones.  Durante los últimos años logré esquilar entre 15.000 y 17.000 kg. de lana .  el traslado de la misma, hasta Laguna Azul [41] , demoraba tres meses.

Debido a que me encontraba en la “Lista Negra”, tenía problemas en la venta de la lana.  Pero tuve la suerte que un estanciero amigo mío me la compraba.  Por supuesto que me pagaba algo menos que el valor comercial.  Después de estar 5 años en Zamora me ofrecieron comprar los derecho de la Estancia Lago Porteño.  Y como siempre tuve problemas con el Sr. Ortiz, corrí la voz que quería venderla.  Como seguía estando en la “Lista Negra” necesité la aprobación del consulado inglés y americano.  Este fue un trámite muy largo con Mr. Jones [42] del consulado inglés.  Finalmente Mr. Burke del consulado americano me dio la autorización de venderla a la “Sociedad Paine” [43] .  De esta manera partí en caravana con todas mis pertenencias a Lago Porteño.  Trabajé sólo con capones, ya que en ese momento era lo más rentable.  Recuerdo que en una oportunidad traje 6000 capones desde Lago Argentino y cuando los tuve gordos se los vendía al “Frigorífico Bories”.  Con este negocio casi tuve problemas con Impuestos Internos, ya que se me estaba considerando como comerciante y no como estanciero, pues en esos años no se necesitaba llevar contabilidad.  Nuevamente tuve suerte.  En el año 1948 me liberaron de la “Lista Negra” y pude trabajar en forma normal [44] .  Con la inflación de aquellos años pude pagar todas mis deudas.  En el año 1950 adquirí una casa en Punta Arenas, en la calle O’Higgins 673, en $ 1.000.000.  Ese mismo año me ofrecieron comprar los derechos de Estancia Jerónima.  Esta estancia estaba arrendada por Gildemeister y su dueño Juan Stipicic quería vender los derechos.  En esos momentos solamente tenía en mis manos $ 1.000.000 pero tuve la suerte que el saldo me lo avaló el Gerente de Gildemieister, Sr. Arnoldo Friedli, sin firmar ningún documento, pero con la condición bajo palabra, que la lana y la carne debía ser entregada a esa casa comercial.

Aquí cometí el error de comprar la Estancia sin el permiso correspondiente del Fisco.  El Sr. Stipicic, quien mientras tanto había comprado un fundo en Melipilla, me aseguró que la venta oficial de la Estancia se efectuaría cuando mi hijo Peter cumpliese 21 años.  Debido a que después de algunos años sufrió la quiebra de su empresa, quiso desistirse de la venta.  Esto me costó innumerables viajes a Santiago y mucha perseverancia.  Finalmente al presentar toda la documentación al Fisco, el Contralor General de la República, en aquel entonces Sr. Silva Cimma, logró que Stipicic firmase los papeles.

Debido a que la Estancia se encontraba a 10 km. de la frontera con Argentina, tuve que nacionalizarme [45] Esto lo logré muy rápidamente gracias a la ayuda de un compañero de colegio de Alemania, Franz Hilger, quien poseía muchos contactos en Santiago.  Según la ley no podía ser propietario de dos estancias, por lo que tuve que vender Lago Porteño, y como no tenía comprador, finalmente se quedó con ella mi empleado Oscar San Román, quien me pagó por algunos años en base a lana.

El 20 de diciembre de 1945 nacíó mi segundo hijo José, y dos años más tarde el 28 de noviembre 1947 mi hija Erika.  Después de la guerra tuve que seguir trabajando muy duro, pero mis ingresos fueron mejorando paulatinamente, lo que me permitió comprar dos casas colindantes a la de calle O’Higgins.  Sin embargo, el dinero que tenía depositado en el “Savingsbank de Port Stanley” aún se encontraba bloqueado.  Gus Fenton quiso cambiarme las libras esterlinas por pesos chilenos, lo que también fue imposible.  Mi salvación ocurrió en el año 1958 cuando llegó a Punta Arenas, procedente de la Isla Pebble, el barco “Zento” para su reparación en el astillero local.  Una vez finalizado los trabajos la firma “John Dick” buscaba un capitán para llevarlo a las Malvinas.  Le pidieron a un capitán de la Marina Chilena que realizara el viaje, pero esto no fue posible, debido a que dicho capitán desistió a última hora.  De esta forma me solicitaron que yo hiciera este traslado.  A pesar que hacía alrededor de 20 años que no navegaba, acepté llevar el barco “Zentoo” a las Malvinas, pero con la condición de que se me transfiriera el dinero congelado a una cuenta en Hamburgo.  Después de varias conversaciones con el Cónsul Mr. Jones, el dinero fue liberado y en cuanto me llegó la confirmación del Banco de Hamburgo llevé el barco a Malvinas por un precio de 200 libras [46] .  Regresé a Punta Arenas en la corbeta inglesa “Mountsbay”.  El capitán de este barco me trató como colega.  Me llamó al puente de mando y me dijo: “Capitán, este barco es suyo”.  Nos hicimos muy buenos amigos.  Se llamaba capitán Norman y durante la guerra estuvo a cargo de un submarino en el Mediterráneo.

Como desde el año 1939 no había estado en Alemania le dije a mi esposa Lotte que con este dinero “caído del cielo” viajaríamos al viejo continente.  Dejamos a nuestros hijos José y Erika en Punta Arenas, al cuidado de las hermanas Roehrs [47] .

Lamentablemente mi esposa en esos momentos ya no se sentía muy bien.  En Kassel, Alemania, se le detectó una enfermedad renal.

Nuevamente en Punta Arenas inicié los trámites para la compra de una invernada.  Esto, porque la Estancia Jerónima estaba ubicada en uno de los sectores más difíciles para iniciar una explotación en base a ovejas [48] .  Después de varios viajes a Santiago al Ministerio de Agricultura, pude obtener 1000 hectáreas adicionales de la subdivisión de la Estancia Creek [49] .

Durante el gobierno de Alessandri se dictó una ley para que los pobladores que habían trabajado bien sus tierras las pudiesen comprar.  Me puse en campaña para comprar la Estancia Jerónima y me sentí muy orgulloso al saber que fui el primer poblador favorecido.  El precio era de E 56.000, a pagar en 20 años [50] .

Fig. 6. Aspecto de la estancia “Jerónima”, según un bosquejo de Karl Schade (1960).

Fig. 7. Vista de la estancia Jerónima en la actualidad.

En la época de la guerra fui el Presidente del Club Alemán por 11 años pasando también por muchos malos ratos.  También fui Presidente del Colegio Alemán, y cuando el Gobierno Chileno nos obligó a vender el Colegio, fuí el único que no estaba de acuerdo [51] .  Yo era de la opinión de no firmar nada para poder recuperarlo más tarde.  Esto nos habría resultado según se confirmó tiempo más tarde.  Como solo no podía tomar decisiones, el Colegio se vendió y propuse que se comprara con el dinero obtenido una pequeña estancia, la Estancia Berta, la cual me la ofrecía Maynard, donde yo tenía mis animales para la carnicería.  El Directorio del Colegio no aceptó esta propuesta, ya que algunos de sus integrantes pensaron que el negocio iba a ser solamente para mí.  Yo había propuesto administrar la estancia para el colegio, pero no pude convencer al Directorio.  Así se aceptaron títulos del Estado, los cuales después no tenían valor alguno.  No nos quedó ni Colegio ni dinero para pagar los gastos [52] .

Mi Lotte estaba enferma desde hacía mucho tiempo.  Ella falleció en Santiago en agosto de 1964 y la llevé a Punta Arenas para sepultarla en el Cementerio Sara Braun.

Era una época muy terrible para mí, ya que mis hijos José y Erika aún eran estudiantes.  Mi esposa Lotte fue una muy buena compañera y muy trabajadora.  A ella le debo lo que tengo.  Siempre estuvo a mi lado, aún en los momentos más difíciles.  Sentí mucho que no pudiera disfrutar del bienestar que logramos. 

Yo siempre era de la opinión que en la vida es necesario tener una buena educación y siempre recordaba mis tiempos de colegio, cuando le pedía a mi hermanastro Hans de enviarme a la Realschule en Weilheim, Alemania.  Este principio lo mantuve con mis tres hijos [53] .

 

NOTAS

[1]Al comenzar la Gran Guerra Europea (Primera Guerra Mundial) algunos buques de la Marina Imperial Alemana se encontraban en distintos mares del mundo, entre ellos las unidades mencionadas, ambos cruceros de batalla, que se hallaban en el Mediterráneo.  Ello motivó una intensa búsqueda por parte de naves de guerra británicas que integraban la flota estacionada en ese mar, y una serie de maniobras persecutorias de las que los cruceros germanos resultaron exitosos, alcanzando finalmente la seguridad en un puerto de Turquía, país que aunque neutral entonces simpatizaba con las potencias centrales (Alemania, Austria-Hungría y aliados).

[2] Aquí esta repetida la vivencia que hubo de darse tantísimas veces entre la gente de modesta condición social en Europa a comienzos del siglo XX y antes, esto es, la del alejamiento de un hijo menor del hogar en procura de superación en la vida, vía la educación formal, el trabajo o ambos, circunstancia en la que la esperanza de que aquel hijo volviera convertido en “un hombre de provecho” para sí mismo y la sociedad, era lo único que permitía superar o mitigar el dolor de la separación y las privaciones adicionales que la misma podía suponer.

[3] En la jerga marinera del siglo XIX y de la primera mitad del XX, épocas de vigencia de la navegación oceánica mercante con grandes veleros, se utilizaron y popularizaron las formas roaring forties (cuarenta rugientes) y también furious fifties (cincuenta furiosos) para denominar a los fortísimos vendavales comunes en el Atlántico sur y en el Pacífico sur entre los paralelos 40° y 60° de latitud austral, que azotaban y ponían en tremendo riesgo a los barcos, con resultado de desmantelamiento y de hundimiento y pérdida de vidas, sobre todo lo cual abundan menciones en la literatura náutica.

[4] Aquí el autor da por entendido que Plüschow es por demás conocido y obvia la referencia informativa particularizada acerca del mismo.

[5] Debe tenerse presente que para Alemania, en tanto que el gran país perdedor en el conflicto mundial de 1914-18, los años de la postguerra, en especial los de la década de 1920, conformaron una época durísima marcada por la recesión económica, causante del desempleo y del empobrecimiento de un sector de la sociedad, y de la inflación desatada que arruinó a medio mundo y afectó de cualquier manera, castigándola, al conjunto de la población alemana.  De allí que cualquier ocupación que se ofreciera no podía ser desechada de buenas a primeras.

[6] Referencia al dialecto propio de la región marítima noroccidental de Alemania.

[7] Ullstein era por entonces, la firma alemana más prestigiosa dedicada al negocio cinematográfico y, como tal, enterada del proyecto exploratorio del capitán Plüschow sobre un territorio con ribetes legendarios, había asumido el auspicio financiero bajo el compromiso de comercializar posteriormente la película documental sobre el mismo, como efectivamente sucedió.

[8] Referencia a la isla de Fernando Noronha.

[9] Fue exactamente el 23 de octubre de 1928.

[10] Plüschow había bautizado a su hidroavión Heinkel, fabricado ex-profeso para sus exploraciones aéreas, con el nombre de “Tsingtau”, en recuerdo de la colonia alemana del mismo nombre en China, en donde el mismo había servido como oficial naval aviador; sin embargo, no demoró en imponerse la denominación sucedánea de “Silberkondor” (Cóndor de Plata), con la que la aeronave cobraría fama histórica.

[11] Advertimos aquí una señal del antisemitismo que comenzaba a generalizarse entre los alemanes por la influencia de la propaganda nacional-socialista, que a su tiempo había recogido el infundio que atribuía a los alemanes de origen judío la responsabilidad principal en la derrota de la guerra de 1914-18.  Así, inferimos como conjetura, podría explicarse –por la frialdad que habría advertido Plüschow en la acogida por parte de sus connacionales de Punta Arenas–, la ausencia de mención sobre la colectividad germana en Magallanes en su libro Silberkondor über Feuerland.

[12] Aquí nuevamente Schmitt da por conocida la aflicción económica que afectaba a Günther Plüschow y que lo llevó a vender su querida goleta para hacerse de algunos recursos, dinero que para entonces, hacia 1930, requería imperiosamente para proseguir su proyecto exploratorio en la Patagonia austral.

[13] John Hamilton, natural de Escocia, emigró a las islas Falkland en 1880 a los 22 años.  Trabajó inicialmente como empleado de la Falkland Islands Company (F.I.C.), la mayor propietaria de tierras del archipiélago.  Con posterioridad se asoció con Thomas Saunders y se instalaron como colonos en el territorio magallánico, poblando varias estancias ovejeras que fueron la base de otras empresas y de una gran fortuna.  En la época en que lo conoció Josef Schmitt era un terrateniente con estancias en Patagonia (Magallanes y Santa Cruz) y en las islas Malvinas, siendo conocido además como un hombre emprendedor y progresista.

[14] La Penélope tuvo en manos de su nuevo propietario y de posteriores armadores de Puerto Stanley un prolongado servicio marinero.  Todavía se mantiene a flote lo que brinda una idea acerca de la excelente calidad de su construcción. Recientemente la embarcación ha sido adquirida por empresarios alemanes quienes planean su repatriación y posterior reutilización para viajes turísticos.

[15] Se reitera lo afirmado en la nota 12, ahora en cuanto Schmitt da cuenta como al pasar de algo que entiende es conocido.  El monte Sarmiento, por otra parte, es la cumbre más famosa y conspicua de los Andes Fueguinos, conocida por su doble cumbre que ha conformado y conforma un desafío formidable para los montañeros del mundo, como que su cima sólo ha podido ser alcanzada una vez, en 1957, durante una expedición dirigida por el explorador Alberto De Agostini, a lo largo de más de un siglo de sucesivos intentos.

[16] La exhibición de la película documental “Silberkondor über Feuerland” formó parte de una estrategia publicitaria de Plüschow para difundir sus exploraciones en la Tierra del Fuego y para recoger aportes para proseguirlas en la Patagonia asutral occidental.

[17] Por la época, años de 1930, operaba en Punta Arenas la firma comercial Dick y Bravo, constituida por los socios John Dick y Custodio Bravo.  Popularmente conocida como “Oficina Dick”, se ocupaba en la atención de los productores ovejeros, tanto como proveedora de productos industriales para la actividad ganadera, como de agente para los más variados requerimientos, amén de intermediadora comisionista en las compras y ventas.

[18] Queda clara aquí la desvinculación entre Schmitt y su antiguo jefe Plüschow, lo que da a entender la decisión de aquél de iniciar su propio proyecto de vida de cara al porvenir.

[19] Referencia a Gustavo Stanton Yonge, estanciero magallánico que manejaba la estancia “Fenton”, propiedad de la Sociedad de Criaderos de Casimiro Ltda. de la que el mismo formaba parte.  También poseía entonces campos en las islas Malvinas.

[20] Se denomina así a los habitantes originarios del archipiélago malvinero, adjetivo gentilicio derivado de la palabra kelp, que en lengua inglesa identifica a la conocida alga Macrocistys pirifera, especie presente, hasta sobre abundar, en todo el intrincado litoral insular.  La colonia británica de Falkland Islands, por otra parte, se ha caracterizado por tener una reducida población, con escaso aporte sanguíneo foráneo, lo que permite entender el comentario de Schmitt.

[21] Efectivamente John Hamilton introdujo guanacos en esa isla, situada al norte de West Falkland, a fines de los años de 1930.  Se ignora la fecha del primer desembarco consistente en 11 animales, intento que fracasó, pero en 1938 y 1939 se trajeron de Patagonia (Punta Loyola) otras dos partidas de 5 y 10 animales, respectivamente, que se aclimataron y multiplicaron muy bien.  Para mayor información sobre la materia se recomienda ver de W. Franklin y otros el artículo “The history of Staats Island in the West Falklands: its guanacos, foxes, shanty and soujouners”, (The Falkland Island Journal), vol. 8 (Part 4), 2005).

[22] Es obvio que Schmitt requería de la autorización argentina en tanto que a esa jurisdicción correspondía, como corresponde, la isla de los Estados, objeto de su interés cinegético, no así para operar sobre el archipiélago del Cabo de Hornos, de exclusiva soberanía chilena.

[23] Referencia a un negocio de crianza peletera (zorros azules y plateados importados de Canadá), iniciado durante los años de 1930 por la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial “Sara Braun” (Criaderos “El Antártico”), respecto del cual se cifraron esperanzas fundadas de desarrollo, como se corroboró con los resultados económicos alcanzados al cabo de varios años de actividad.  Ello llevó al establecimiento de otras explotaciones semejantes aunque no siempre tan exitosas.

[24] En definitiva y tras un desarrollo favorable mantenido por largo tiempo, la crianza de zorros finos perdió relevancia pasado 1950 y acabó por desaparecer años después afectada tanto por la competencia internacional cuanto, y fundamentalmente, por la baja en los precios internacionales de ese tipo de pieles finas a la que concurrieron a su tiempo la volubilidad de la moda femenina y la campaña de organizaciones ambientalistas en contra de la caza de animales pelíferos.

[25] Referencia al más acreditado y confortable establecimiento del ramo de Punta Arenas, entre los años de 1930 y 1960.

[26] Este es un dato interesante que brinda una pista para una investigación específica acerca de la continuidad y características de la vinculación comercial entre la colonia británica de Malvinas y Magallanes.

[27] Referencia a Gualterio Volkart, empresario magallánico del ramo de abasto de carnes, de origen suizo.

[28] Para el entendimiento de la molesta situación de que se da cuenta en la relación, nos remitimos a lo dicho en la Introducción.  Véase asimismo el documento “Recuerdos e impresiones de dos inmigrantes alemanes en Magallanes” (Magallania, vol. 35 (1), Punta Arenas, 2005), en especial la nota 58.

[29] Desde que la crianza ovejera en la Patagonia austral adquirió importancia numérica hacia mediados de la primera década del siglo XX, los frigoríficos que se fueron instalando sucesivamente en Magallanes a contar de 1905, comenzaron a faenar tanto animales ovinos procedentes de estancias chilenas como argentinas, en este caso las fronterizas situadas en el Territorio de Santa Cruz.  Esta situación de dependencia de los establecimientos industriales chilenos alcanzó su mayor expresión en 1929, año en que ingresaron más de 600.000 animales de esa procedencia (el máximo histórico para la actividad), y que bajaría notoriamente entre 1943 y 1947, hasta desaparecer como consecuencia de las medidas proteccionistas de carácter económico nacionalista que se pusieron en boga a partir del golpe de Estado de 1943 en Argentina.

[30] Referencia a Mr. Leslie Greer.

[31] La exportación de caballos ha sido un rubro tradicional en el comercio entre Magallanes y las Malvinas, aunque ha sido discontinuada en las últimas décadas.

[32] Debe tenerse presente que dada su condición de colonia británica y el permanente reclamo de soberanía argentino tras la usurpación de 1833, las islas Falkland o Malvinas se vincularon con el exterior hasta la guerra de 1982 únicamente mediante servicios marítimos mantenidos entre Puerto Stanley y Punta Arenas, y con el mismo puerto y Montevideo.

[33] Con este dato se confirma que la mano de obra conformó también un rubro de interés, aunque excepcional, en el intercambio económico entre Magallanes y Malvinas.  De hecho se conocía por la tradición acerca de la presencia de chilenos como inmigrantes laborales en el archipiélago atlántico, varios de ellos originarios de la localidad de Río Seco.

[34] Referencia al mariscal que organizó y comandó la Luftwaffe (Fuerza Aérea Alemana) durante el régimen nacional-socialista en Alemania entre 1933 y 1945.

[35] La mención corresponde al tercero de ese nombre y apellido, nieto del capitán mercante y pionero colonizador en el distrito de Ultima Esperanza, fundador de la estancia “Puerto Consuelo”.

[36] El presunto espionaje alemán durante el transcurso del segundo conflicto mundial debe ser tenido, a lo menos en lo que a Magallanes se refiere, como un infundio, pues nunca se conocieron pruebas fehacientes acerca del mismo.

[37] Referencia a un tal Ursicinio Ortiz.

[38] Referencia a Manuel Fernández y hermanos integrantes de la sociedad propietaria de la estancia “Cancha Carrera”.  En el caso, se comprueba otra vez la perfidia de la modalidad aplicada por los partidarios del bando antagonista de Alemania.

[39] Vale para el caso lo expresado en las notas 28 y la precedente en cuanto la sola condición de tener ascendencia alemana era razón suficiente para caer en la interdicción de los anglo-norteamericanos y demás aliados.

[40] Este es un claro ejemplo de la inventiva de los pioneros para satisfacer sus necesidades en los parajes de poblamiento colonizador.

[41] Debe tenerse presente que la distancia entre el lugar donde se situaba la estancia de Schmitt y la Sección Laguna Azul hasta donde alcanzaba el camino practicable desde el sur por la época, es de unos 25 kilómetros que debía salvarse siguiendo una huella precaria apta únicamente para carretas de bueyes.  Así se explica la demora en la faena de transporte a que se refiere el autor.

[42] Referencia a Thomas P. Jones, a la sazón y desde largo tiempo antes gerente del frigorífico “Río Seco” y cónsul de Gran Bretaña en Magallanes, quien como tal era la figura más prestigiada del bando aliado en la región y que, por tanto, usaba y abusaba a discreción de su autoridad factual.

[43] Se trata de Mr. Thomas Burke, vice-cónsul de los EE.UU. de América en Punta Arenas.

[44] Puede advertirse que los perjudicados por la discriminación mercantil de que se trata debieron aguardar hasta tres años después del término de la Segunda Guerra Mundial para verse liberados de los efectos de la perversa medida.

[45] La ley 6.152 de 1938, conocida como de Tierras de Magallanes, prohibía la tenencia o arrendamiento de campos fiscales por parte de extranjeros en la vecindad de la frontera con la República Argentina, como una medida presuntamente afirmatoria de la nacionalidad (en ese país sucedía otro tanto respecto de los ciudadanos chilenos).

[46] He aquí otra prueba de la discrecionalidad con que operaba el cónsul británico.

[47] Referencia a las hermanas Johanna, Grete y Victorina Roehrs Bardt.

[48] El establecimiento se ubica en la zona precordillerana oriental de Magallanes, en el distrito forestal de Rubens y como tal, en la época especialmente, poco apto para la crianza ovina.

[49] Esta estancia estaba conformada por un conjunto de campos fiscales arrendados por la Sociedad Agrícola y Ganadera José Montes y que fueron recuperados por el Fisco en 1955, tras lo cual fueron subdivididos y entregados en arrendamiento a personas naturales.

[50] Durante el gobierno del Presidente Jorge Alessandri se promulgó la ley 13.908 de 1959 que autorizó la venta de tierras fiscales en Magallanes y en tal virtud don José Schmitt Lehner fue el primer beneficiario al adquirir el lote fiscal, tipo b, número 2 del plano 68 de Morro Chico, Departamento y Provincia de Magallanes, de 8.025 hectáreas de superficie, en la suma de Eo. 56.053, pagaderos en veinte anualidades.  Su ejemplo animó a otros arrendatarios en semejante predicamento.

[51] Hay que convenir que la presión ejercida por las autoridades nacionales o locales en el caso no fue la más atinada.  La misma, en todo caso, debe entenderse en el contexto de las diferentes medidas de carácter administrativo adoptadas luego de la ruptura de relaciones con los países del Pacto del Eje, en particular con Alemania, por parte del Gobierno de Chile a comienzos de 1943.

[52] El antiguo Colegio Alemán, fundado en 1907, fue posteriormente reabierto y en la actualidad es uno de los establecimientos privados de educación más prestigiosos de Punta Arenas

[53] José Schmitt Lehner falleció el 26 de noviembre de 1986 a la edad de 80 años en Santiago siendo sepultado en el Cementerio de Punta Arenas junto a su esposa Lotte.  La estancia Jerónima se la traspasó a su hijo mayor Peter, quien falleció en 1990.  Sus restos descansan junto a los de sus padres.  El actual propietario de la estancia es su nieto Peter Alexander.  Su segundo hijo José vive actualmente en su fundo San Ricardo (Puyehue) junto a su esposa Carmen y sus tres hijas.  Erika, la hija menor regresó en 1997 desde Alemania a Chile, es también propietaria de un predio agrícola (Puyehue) y se dedica en la actualidad al turismo receptivo.

 

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