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Revista chilena de literatura

versión On-line ISSN 0718-2295

Rev. chil. lit.  n.75 Santiago nov. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952009000200018 

REVISTA CHILENA DE LITERATURA
Noviembre 2009, Número 75, 317 - 323

IV. DOCUMENTOS

 

ENTREVISTA A CEDOMIL GOIC

 

Por Guillermo Gotschlich *


Cedomil Goic (1928). Académico formado en la Universidad de Chile, profesor destacado en nuestra Universidad, en la Universidad Católica de Valparaíso y en la Pontificia Universidad Católica en Santiago. También en diversas universidades norteamericanas, entre ellas, Austin, Texas y, por un periodo extenso, en The University of Michigan, Ann Harbor.

En el terreno de la investigación literaria y su proyección histórica ha puesto énfasis en entregar una visión sistemática de nuestra literatura y la de Hispanoamérica desde la época colonial hasta nuestros días. Destacan como publicaciones fundamentales, La novela chilena actual: tendencias y generaciones, en Seminario de lengua y literatura como humanidades, Santiago, Universitaria, 1960; La novela chilena. Los mitos degradados, Santiago, Universitaria, 1968; Historia de la novela hispanoamericana, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972; Historia y Crítica de la Literatura Hispanoamericana, Barcelona, Cátedra, 3 volúmenes: "La literatura colonial", 1988, "Del Romanticismo al Modernismo", 1990 y "Época contemporánea" 1988; Los mitos degradados Ensayos de comprensión de la literatura hispanoamericana, Amsterdam: Rodopi Editions, 1992; Letras del Reino de Chile, Madrid: Iberoamericana, Vervuert, 2006 (Biblioteca Indiana, 6).

Fue el principal gestor en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1970, de la creación de la Revista Chilena de Literatura y de la revista Dispositio, en The University of Michigan, Departement of Romance Languages en Ann Arbor.

De próxima aparición, una versión actualizada de Historia de la novela hispanoamericana, otra sobre la novela hispanoamericana junto a una Bibliografía de la Poesía Chilena, muestran una sostenida preocupación por situar momentos históricos, géneros y autores en el marco de nuestra producción literaria, su historia, la continuidad y vigencia de épocas, tendencias y generaciones.

La entrevista que presentamos a continuación y la mirada atenta sobre sus obras, nos sitúan ante su pensamiento, como uno de los más relevantes y completos en torno a la literatura y la realidad de Hispanoamérica.

G.G. ¿Qué comentarios y conclusiones puede hacernos de sus trabajos en un momento en que ciertas líneas de estudio han variado hacia perspectivas de género, teorías acerca del discurso y otras que parecen apuntar no a una concepción histórica de la novela u otros géneros literarios sino conducirla al terreno de una práctica y visión diversa de este objeto?

C.G. A nuestro modo de ver, éstas y otras líneas de estudio son legítimas, pero no tienen por qué excluir un estudio de la obra y de la literatura como ciencia particular. Una selección de objetos del género podrían beneficiarse del estudio de la obra como objeto autónomo y no de dependencia del momento histórico crítico. Podríamos decir aún más que algunos de sus análisis sacarían ventajas de ese acercamiento.

La Poesía de Vicente Huidobro se ordena en la serie de monografías dedicadas al conocimiento de un autor -vida, obra, teoría poética y bibliografía. Sus dos ediciones requerirían una nueva edición actualizada que incorporara una lectura complementaria de nuestros numerosos trabajos desde la edición crítica de las poesías y el estudio de la poesía visual, la tipología de los poemas, el análisis particular de varios de ellos y la actualización de la bibliografía de y sobre Huidobro. Este tipo de monografía es deseable que se dedique igualmente al estudio de otros autores chilenos.

La novela chilena. Los mitos degradados, ordena el análisis de ocho novelas, poniendo el acento en la singularidad de la obra desde un punto de vista estructural que considera un conjunto y la relación de las partes que lo constituyen. Y define y analiza esas partes y sus particularidades. La lectura de las obras estudiadas en algunos casos no ha sido modificada sino leída equivocadamente en los mismos o semejantes términos errados a los señalados en mi estudio. Martín Rivas debiera tener control de lectura en la PSU. Preguntar p.e. ¿Tiene bigotes Martín Rivas? O: Haga el retrato de Martín Rivas. Cosa que ignoran los críticos y los editores de la última edición de la novela que ponen en la portada una imagen que no tiene correspondencia alguna con el personaje sino con la representación cinematográfica o teatral que ha equivocado siempre los términos. Todos leen lo que quieren leer y no atienden a las palabras del texto.

La Historia de la novela hispanoamericana en sus dos ediciones y en otra prevista que abarca desde la Colonia hasta las generaciones más recientes es una historia literaria que traza las transformaciones del género novelístico a través del análisis de tres obras por generación, en diversos períodos de cuarenta y cinco años o más de vigencia de una tendencia dominante y en épocas extensas que abarcan prolongadas constantes como relevancias de un sistema literario: época virreinal, época moderna y literatura nacional, época posmoderna o contemporánea. Se trata de una historia literaria que mira dinámica o históricamente las transformaciones experimentadas en cinco siglos por la novela y la literatura. Una obra que está por aparecer, Brevísima Relación de la Historia de la Novela Hispanoamericana (Madrid: Biblioteca Nueva, 2009, en prensa), dará razón actualizada en no más de cien páginas de esta ordenación histórica. Las categorías de generación -sistema de preferencias etarias-, período -tendencia- y época -sistema- son legibles en la coyuntura y en toda obra. Para la construcción del modelo literario de cada categoría pesan los principios de coherencia, adecuación y manejabilidad.

La Historia y critica de la literatura hispanoamericana y los tres volúmenes de esta obra constituyen un todo singular que nuestra disciplina histórica y crítica requiere urgentemente y que, creemos, estos volúmenes satisfacen hasta fines de los años 80. El servicio mayor y la disciplina ineludible es el establecimiento y evaluación del estado de la cuestión en relación con temas y problemas y el estudio de autores y de obras particulares. Esta disciplina es absolutamente necesaria y generalmente postergada en el interés de los especialistas para prestar atención más bien a la novedad de aproximaciones críticas y teóricas. Es y ha sido bien usada en el mundo universitario europeo y en los EE.UU. Pero creemos que en nuestro continente y en Chile en particular ha sido menos atendida. Su ausencia en el mercado exige la revisión del estado de la cuestión de los últimos 20 años en referencia a los autores y las obras más importantes.

En Los mitos degradados. Ensayos de comprensión de la literatura hispanoamericana, publicado en Amsterdam: Rodopi Editions, 1992, 368 pp., se reúne 30 ensayos. Este libro es escasamente conocido en Chile, aunque bien conocido en el exterior. Allí algunos ensayos sobre la periodización en la historia literaria y sobre la novela desarrollan los fundamentos y criterios de la clasificación.

Letras del Reino de Chile, publicado en Madrid: Iberoamericana, Vervuert, 2006 (Biblioteca Indiana, 6) reúne mis ensayos sobre autores de la época colonial: Pedro de Valdivia, Alonso de Ercilla, Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán y otros asuntos. Persigue en su introducción la determinación del corpus de las letras del Reino de Chile que aborda los géneros literarios en un sentido amplio: la epístola, la crónica histórica, el tratado misceláneo, la literatura latina, los libros de viajes en diferentes lenguas y de variados autores que se refieren a Chile y, con asidero en el asunto, la retórica, la teoría del discurso y el dialogismo de géneros y discursos. Materia que debiera dar lugar a una discusión o a una posición de diversas orientaciones críticas.

Los trabajos de José Promis sobre la novela y los de Maximino Fernández sobre la historia de la literatura chilena han extendido y aplicado o desarrollado el modelo generacional. La generación del 50 en Chile, de Eduardo Godoy Gallardo, ha acumulado el material que ilustra la recepción y conceptualización contradictoria del método en su uso local. Pero el medio en general y la crónica literaria insisten en el carácter simplista de un seudo sistema decimal que no cumple con ninguno de los requisitos de un modelo interpretativo y que habla del 50, del 60, del 70, del 80 y se ha dejado llevar del lenguaje de la farándula con referencias sesenteras, setenteras, ochenteras... En todo caso, falta en ellos un modelo interpretativo de algún desarrollo y coherencia, sin adecuación y con una manejabilidad simplista. El fárrago nos mata. El multiculturalismo y la teoría del discurso debieran dar lugar al estudio de la retórica imposible de ignorar para el análisis del discurso y al mismo tiempo, en el caso de la literatura colonial, al estudio de la literatura eclesiástica, al comentario bíblico y a las autoridades de la Iglesia, que presta su soporte a buena parte de la crónica chilena y de los tratados políticos y morales a través de paráfrasis, digresiones o comentarios.

G.G. Una de sus posiciones fundamentales en torno a la narrativa contemporánea especialmente es la autonomía de la obra y su particular singularidad como objeto para el estudio y los lectores. Ensayos de otras tendencias han señalado la "limitación" de esta postura ante la novela y la poesía. ¿Cuál es su juicio actual acerca de este tema y de las otras orientaciones que ha tomado el abordamiento de la obra literaria?

C.G. Un antiguo alumno mío y crítico literario afirmó un día que mi concepto de la obra ignoraba la concepción de la sociedad. Otro le advirtió que no era así sino que el interés por la significación social debía buscarse en el interior de la obra. Efectivamente, la visión social e ideológica como momento interior de la obra, de la perspectiva del narrador o de los personajes, o la configuración del mundo narrado, pero no en la determinación a priori, externa e histórico social de la obra, debiera estar clara en mis estudios. El estudio de la generación del 72 debiera mostrar qué forma o formas adquiere en la novela el fenómeno de la conversión o reforma del antiguo soñador antes de remitirse a la experiencia histórico vital del reformado, no solo en el tratamiento de esa experiencia de transformación, sino en el abordaje de otros asuntos si se compara su producción de la fase de gestación con la de su vigencia. ¿Cómo elegiremos llamarlos, soñadores o reformados? En el generacionismo norteamericano de Strauss y Howe, el sociologismo generacional -de origen teórico en Ortega y Gasset- ha impuesto umversalmente designaciones como las generaciones de los G.I.'s, Babyboomers y Millenials.

Sigo pensando en la autonomía de la obra como objeto de la crítica, de la ciencia literaria y de la historia literaria y de la historia de la literatura; el análisis intrínseco que intenta comprender y describir la estructura de la obra; el narrador, el mundo narrado, el destinatario implícito; la perspectiva del narrador, los modos narrativos y la disposición narrativa; la estructura del mundo de personaje, de espacio o de acción; el objeto de la representación, los niveles y los grados de seriedad de la representación; el análisis de aspectos históricos y genéricos: la asimilación o diferenciación de la novela precedente y de géneros semejantes y tendencias dominantes o secundarias, antes de establecer sus vínculos con el contexto. El análisis semiótico de la poesía y de la obra de teatro nos parecen ejemplares y fundamentales y absolutamente necesarios antes de entrar a las generalizaciones sobre la obra particular y la obra general del autor.

La actual multidisciplinariedad es importante y beneficiosa, pero ha desplazado injustificadamente la especialidad de la literatura en lugar de conservar y dominar la identidad del objeto de estudio. La literatura desaparece sin justificación y con violencia a factores bien definidos en los enunciados como Comunicación y Lenguaje en lugar de Literatura y Lenguaje con consecuencias que estimamos muy graves.

Mi apertura a nuevos acercamientos y formas artísticas y la generosidad de una invitación deferente me permite anticipar mi participación en un proyecto operático musical como especialista en literatura.

G.G. ¿Qué autores y tendencias, si se reconocen grupal y cohesionadamente algunos, le parecen destacables como imagen de una nueva novela?

C.G. La percepción de la novedad es la percepción del cambio. Nueva novela, nueva novela hispanoamericana es una noción inspirada en el 'nouveau román' francés. Se aplicó a los escritores de la generación del 42 -Cortázar, Onetti, Rulfo, Bombal y otros más jóvenes- para referirse a su impacto al ser traducidos a varias lenguas europeas. A pesar de que ese concepto y su agregado, una ridicula denominación explosiva proveniente de la economía, fue criticado tempranamente y se señaló su inefectividad, sin embargo se ha impuesto hasta el día de hoy, especialmente en la crónica literaria. Nosotros abordamos en "Capítulo de Historia de la Novela Hispanoamericana" y en la anunciada Brevísima Relación de la Historia de la Novela Hispanoamericana la 'nueva novela total' y la ya acuñada expresión de 'nueva novela histórica hispanoamericana'. Aquí valen Vargas Llosa, Giardinelli y Fernando del Paso.

'La nueva narrativa chilena' es otra de esas determinaciones foráneas, cronísticas y superficiales referidas a Alberto Fuguet y los jóvenes escritores de su generación.

La novela actual puede comprenderse como la manifestación de tres generaciones: la de 1972, la de 1987 y la de 2002, que van conformando en estos días un nuevo período de la historia de la novela. En las generaciones más recientes: cumplida la vigencia generacional del 72, en Chile, Antonio Skármeta, Carlos Cerda, Diamela Eltit. La de 1987, de Roberto Bolaño, Juan Villoro y Rodrigo Fresan; en Chile, Alberto Fuguet, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, finalizará su vigencia; mientras la del 2002: Jorge Volpi, Santiago Gamboa, Edmundo Paz Soldán; en Chile, Alejandra Costamagna, Sergio Mis-sana, Rafael Gumucio, va construyendo sus diferencias generacionales en el comienzo de su vigencia para el Bicentenario.

Desde 1980 se cumplen casi 30 años de la vigencia del período actual, al que le quedan quince años de curso imprevisible. La noción de neobarroco de Sarduy es válida para definir este período en proceso, definido por el artificio, la parodia, la antinovela de formación, p.e., la tautología borgiana, el erotismo y la revolución y toda la contaminación o el dialogismo con el cine, la música pop, el baile, la prensa, la radio, la televisión, el cómic y los cauces como el diario, los apuntes y notas, libro de viajes, etc., formas de subjetivación, fragmentación y dispersión del relato. Y, en contraposición, la recuperación del thriller y la novela negra con su rigor argumental

G.G. A su juicio ¿qué poetas chilenos deben llegar a ser recuperados por la crítica académica, tanto desde la revisión de sus ediciones como en un estudio acabado de éstos?

C.G. Nos faltan las ediciones críticas de Gabriela Mistral. Especialmente de sus cuatro libro autorizados. Igualmente faltan ediciones críticas de la obra de Neruda, en particular de Crepusculario, así como de Canto general.

Recuperar los escritores significa hacer o actualizar su bibliografía de y sobre el autor. Las de Huidobro y Neruda necesitan actualización. La de Gabriela Mistral requiere de una elaboración importante y también debe ser actualizada. Faltan las bibliografías de muchos otros autores. Fundamentalmente faltan las bibliografías generales de los diversos géneros, poesía, novela, teatro con sus repertorios y las fuentes para su estudio. Hay en esto un atraso enorme e inexcusable.

Lo más importante es, a mi parecer, el estudio de la obra individual, de los poemas particulares, cuyos análisis autoricen una generalización aplicable a un libro, a un período de la producción del autor y al conocimiento de la obra general de un autor y de su variedad. No se puede llegar a esto último si no se ha analizado una variedad significativa de poemas y libros del autor. Esa variedad debiera mostrar la complejidad y la diversidad de formas, géneros poéticos, motivos y figuras retóricas de una obra extensa y compleja. No se puede saber lo que queda por hacer o lo que hay que corregir o completar, si no se conoce previamente el estado de la cuestión.

Todos los poetas, sin importar su resonancia, deben registrarse en la bibliografía de la poesía. En diccionarios o manuales debe destacarse los más significativos por su producción y la calidad de su obra. Los más relevantes deben ser objeto de monografías ambiciosas, documentales e interpretativas. Entre ellos, Gabriela Mistral, Carlos Pezoa Veliz, Pedro Prado, Rosamel del Valle, Ángel Cruchaga Santa María, Juvencio Valle, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Humberto Díaz Casanueva, Enrique Lihn, Miguel Arteche, Jorge Teillier, Gonzalo Millán y otros.

Es imprescindible la existencia de una Biblioteca de Escritores Chilenos y la superación del caos causado por la legislación vigente y la celebración del bicentenario entregado a gestores administrativos.

G.G. Sus publicaciones en libro han tenido amplia resonancia en toda la critica académica en Chile y el extranjero. ¿Podría referirse a algunas de ellas, a los que usted considere, por sus proyecciones en los diversos sentidos que éstas pueden tener, como las que más estima o le gratifican?

C.G. Los estudios y las compilaciones críticas de mis trabajos seleccionados por Emir Rodríguez Monegal y Enrico Mario Santí, y la compilación de estudios sobre la crítica literaria de Saúl Sosnowski,

Los siete artículos sobre La Araucana que pueden leerse en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Las referencias de Walter Mignolo, Norman Cortés, José Promis, Maximino Fernández, Iván Carrasco, Mario Rodríguez, Saúl Sosnowski, Rene de Costa, Carmen de Mora, Luis Muñoz y Dieter Oelker, Luis Alberto López Soto y muchos otros.

G.G. Pregunta que desearía responder, que usted mismo desearía formularla y lo que se espera muy en lo íntimo sacar a luz de su amplia visión de la literatura u otros temas.

C.G. ¿Qué queda por hacer?

Mi primer y último proyecto es una Bibliografía de la Poesía Chilena. Repertorio y Fuentes para su estudio (2010) que espero se publique para el Bicentenario.

Una Biblioteca de Escritores Chilenos cuya dirección debe entregarse a un estudioso crítico especialista de alta calificación y no al manejo de gestores administrativos de editoriales o a la iniciativa personal.

Un énfasis en el conocimiento de la obra -poema, drama, narración, tratado- individual, como condición previa, antes de la generalización fácil e inadecuada.

Necesidad de la periodificación y el rechazo de los criterios decenales y faranduleros.

Combatir la interdisciplinariedad mal comprendida. Los especialistas en literatura están jugando con una pistola y piensan que en el peor de los casos podrían herirse un pie. Pero no advierten que tienen la pistola puesta en la sien.

El registro de la bibliografía de la literatura chilena en una revista de investigación de la especialidad como la de Anales de Literatura Chilena (2000-2008) es fundamental para la elaboración ulterior y la actualización de las bibliografías de la novela, de la poesía, del teatro y de otros géneros, incluida la crítica e historia literaria en libros y artículos.

Creo que está por hacer la historia de la historia de la literatura y de la crítica en Chile. La reseña y la crónica literaria son artículos de prensa que se originan en una primera y rápida lectura de obras generalmente nuevas. Valen por su estilo, por el saber del cronista y la intuición temprana de una primera lectura que no se repite y apenas sí puede volver sobre sí misma y sobre el texto, improvisados con pocos días de anticipación a la fecha de su publicación.

Erradamente se ha publicado cosa de tres o cuatro libros sobre la crítica literaria en Chile que se ocupan realmente de la crónica literaria.

La crítica literaria no ha sido objeto de estudio. Esta culmina generalmente en el libro y en artículos publicados en revistas universitarias de investigación. Aparte de las figuras del siglo XIX, habría que considerar las contribuciones, clasificadas en relación con la teoría literaria, la historia literaria de un género, de una época, tendencia o generación, el estudio o crítica de un autor particular, el estudio de una obra particular, de Mariano Latorre(1886-1955), Arturo Torres Ríoseco (1897-1971), Raúl Silva Castro (1905-1970), Yolando Pino Saavedra(1901-1992), Ricardo A. Latcham( 1903-1965), Fernando Alegría (1918-2005), Paulius Stelingis, Félix Martínez (1929), Jorge Guzmán (1930), Susana Munnich (1947), Hernán Loyola (1930), Mario Rodríguez, Gastón von dem Bussche (1930-2007), Carlos Foresti (1925-2007), Lucía Invernizzi, Ana María Cuneo, Carmen Foxley, José Promis, Bernardo Subercaseaux, Enrique Valdés, Soledad Bianchi, Leónidas Morales, Grínor Rojo (1941), Eduardo Thomas, Guillermo Gotschlich, Jaime Giordano (1937), Jaime Concha (1939), Roberto Hozven (1945), Rodrigo Cánovas (1952), Gilberto Triviflos, Rubí Carreño, Iván Carrasco, Osear Galindo, Augusto Sarrocchi, Adrián Santini, Antonia Viu, Roberto Ampuero, Marcelo Pellegrini y otros.

Primera semana de julio 2009


* Guillermo Gotschlich, académico del Departamento de Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Su especialidad es la Literatura Chilena e Hispanoamericana. Cuenta con diversas publicaciones sobre literatura chilena y latinoamericana, teatro chileno contemporáneo, novela de fin de siglo, novela mundonovista y literatura gauchesca.

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