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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.19 n.2 Talca  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762004000200002 

 

Revista Universum No 19 Vol. 2: 12 - 27, 2004

ARTICULOS

Los empresarios del vino en chile y su aporte a la transformación de la agricultura, de 1870 a 1930

 

José Del Pozo (*)

(*) Profesor titular, Ph.D., Departamento de historia, Université du Québec à Montréal (UQAM), succursale centre-ville, Montreal, Canadá.

Correo electrónico: del_pozo.jose@uqam.ca


RESUMEN

Este artículo analiza el caso de los principales propietarios agrícolas, especializados en la producción de vino en Chile central, durante el período de 1870 a 1930. Se estudia las razones que llevaron a esos empresarios a invertir en el vino, ya que en su gran mayoría no eran agricultores. Posteriormente, se hace la distinción entre los productores, todos de familias chilenas, y los distribuidores, que fueron en su enorme mayoría inmigrantes, sobre todo catalanes. Finalmente, se discute la cuestión del aporte a la "modernización" de la agricultura de esa época, concluyéndose que si bien hubo una renovación tecnológica importante, esa transformación no llegó al nivel social, ya que los viñateros mantuvieron las antiguas relaciones de producción, que implicaba un tipo de trabajo no siempre enmarcado en la economía salarial, se opusieron a la aplicación de las leyes del trabajo y no innovaron en el sistema de administración de las empresas, que siguieron siendo organizadas como un negocio familiar.

Palabras clave:

Empresarios - Agricultura - Vino - Origen étnico - Modernización.


ABSTRACT

This article studies the case of the main vineyards owners in central Chile from 1870 to 1930. First, it analyzes why these entrepreneurs invested in the wine business, since almost all of them had made their fortune in activities outside agriculture. Secondly, it deals with the distinction between producers, all of them Chileans, and distributors, mainly immigrants from Catalonia. Finally, it discusses whether these entrepreneurs brought some degree of "modernization" in the agriculture of those years. The author thinks that if it is true that there was an important technological change in the wineries founded by those businessmen, on the other side these same owners did not change the traditional system of production, keeping the rural workers in a system which was not always based on salary. Besides, they opposed to the implementation of the social laws in the countryside and they did not use a more efficient system of administration, since the wineries remained a family business.

Key words:

Entrepreneurs - Agriculture - Wine - Ethnicity - Modernization.


 

INTRODUCCIÓN

La formación de las viñas en Chile, entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, constituye un caso interesante para los que estudian las características del empresariado latinoamericano, relacionado con las actividades agrícolas. En efecto, los grandes terratenientes, en especial los hacendados, no han tenido una muy buena imagen histórica. A menudo se les ha caracterizado como propietarios más interesados en las ventajas de dominación social que les procuraba la tierra, que en actuar con la máxima eficiencia productiva1. En los años de 1960, cuando en muchos países se habló de reforma agraria, este proceso fue justificado tanto por la necesidad de hacer justicia en favor de un sector postergado, como el de los trabajadores rurales, como por el objetivo de forzar una mayor y mejor producción en el campo.

El caso chileno parece confirmar estas características, ya que la elite rural basaba su poderío en la propiedad de la tierra y en el uso extensivo de la mano de obra. Este último factor constituía la clave del sistema productivo, en el cual se registraban escasos intentos por mecanizar las faenas, lo que constituye una de las principales diferencias con el camino seguido por la agricultura en países como Estados Unidos, Canadá y Australia en esa misma época2.

Varios historiadores coinciden, sin embargo, en señalar que desde mediados del siglo XIX hubo un proceso, al menos parcial, de renovación dentro de las prácticas productivas en el campo, con un mayor uso de maquinarias y contratación de técnicos (generalmente europeos) para aumentar la producción y mejorar la calidad de la misma. Esto habría dado lugar a una "modernización de la agricultura", que motivó la aparición de una agroindustria, por ejemplo con la producción de harina, originado por la coyuntura favorable a la exportación a mediados del siglo XIX, hacia los mercados de California y de Australia, y más tarde con la producción de leche3.

El vino fue otro caso que se inscribió en esta misma tendencia. Se trataba de una actividad que figuraba entre las más tradicionales de la agricultura chilena, ya que había comenzado, prácticamente, desde la llegada de los españoles al país, a mediados del siglo XVI. Sin embargo, durante casi tres siglos, hubo poca renovación en su producción, pues en todas partes se empleó el mismo tipo de cepa traído por los primeros conquistadores, la llamada "país", y las técnicas productivas prácticamente no evolucionaron. Después de la independencia, al igual que en el período colonial, se seguía empleando las bodegas con puertas abiertas, expuestas a los cambios de temperatura; el vino continuaba siendo depositado en tinajas de greda, que no permitían mantenerlo durante largo tiempo, y se transportaba en envases de cuero del campo a la ciudad4. No existían haciendas que se dedicaran específicamente a la producción de vino, ya que el cultivo de la viña era una actividad agregada a cualquier fundo triguero o ganadero, y en la ciudad, el vino se vendía en los almacenes generales; no había tiendas especializadas en la venta del producto. Tal vez esto se debiera al hecho que en aquella época, el vino no era la bebida alcohólica que se consumía más en el país: hasta fines del siglo XIX y tal vez hasta comienzos del siglo XX, era la chicha el producto que tenía las preferencias de la mayoría de los consumidores, especialmente de las clases bajas.

Esta situación comenzó a cambiar a partir de mediados del siglo XIX, cuando en un proceso simultáneo, diversos empresarios comenzaron a invertir para crear lo que se transformó, bastante rápido, en las viñas más importantes del país. Resulta interesante analizar las características de esos personajes, a fin de comprender mejor los cambios que tuvieron lugar en la actividad agrícola, y ver qué significaba ese proceso para la composición de la élite empresarial chilena. El análisis se centrará en el origen de los empresarios, a fin de determinar de cuál sector provenían: ¿se trataba de agricultores que en un momento dado comienzan a dedicarse a las viñas o de empresarios que, habiendo hecho fortuna en otros sectores, deciden transformarse en agricultores? Otro aspecto que se va a considerar será el factor étnico: como veremos, pese a la intervención cada vez más frecuente de europeos en el proceso productivo del vino, pocos serán los apellidos de inmigrantes que figuren entre los grandes productores, los que serán casi exclusivamente chilenos de familias avecindadas en el país desde varias generaciones. En cambio, habrá una destacada participación de extranjeros en las principales empresas de comercialización del vino, especialmente de origen catalán. Finalmente, veremos en qué medida estos empresarios aportaron, efectivamente, un proceso de transformación para la agricultura chilena y para la gestión de las empresas en general.

1. LOS PRODUCTORES DEL VINO

Entre los años 1860 y 1890 aparecieron una veintena de viñas que se transformaron en las más importantes del país, situación que se mantiene hasta hoy, en muchos casos. Lo notable es que antes de la primera de esas fechas, ninguno de los nuevos productores aparecían entre los principales viñateros chilenos, por la simple razón que ninguno practicaba esa actividad. ¿Cómo y por qué esas personas entran a fondo en la producción de vino?

Veamos primeramente las informaciones de base sobre los principales viñateros según datos del año 1920:

(Ver Cuadro 1.)

Cuadro 1. Principales viñas del valle central5, años 1920


Región Propietario Nombre de la viña Año fund. N. Has Avalúo*

Aconcagua R, Errázuriz Pnaquehue y Escorial C.a. 1870 437 $ 880,000
           
Valparaíso Sucesión V. García Pachacama n.d. 125 n.d.
  Urmeneta Urmeneta 1860 50 n.d.
           
Santiago J. Aguirre Luco Conchalí 1877? 70 n.d.
  C. Iñiguez de Pereira Sta. Carolina 1875 73 511,000
  Arturo Cousiño Lyon Macul 1885? 94 1,100,000
  Sucesión J. L. Coo San Cralos   71,5 525,000
  Gmo. Barros Jarpa El Peral y otros   110 n.d.
  Planella y Gil Miraflores   111 n.d.
  Familia Ochagavía Ochagavía 1850? 50 n.d.
  Alberto Valdivieso Santa Elena   60 n.d.
  Soc. Concha y Toro Concha y Toro 1883 95 n.d.
  Emiliana Subercaseux Cachapoal n.d. 143 470,000
  Sara Covarrubias de Ossa La Rosa   259 550,000
  V. García Huidobro Santa Rita 1880 261 640,500
  Pedro Undurraga Viña Undurraga 1890   n.d.
           
Curicó, Talca C. Iñiguez de Pereira Miraflores   125,5 n.d.
  Valdés Hermanos Cunaco   287,5 n.d.
  Delia Ovalle de Correa San Pedro 1865 242 n.d.
  Pedro y Gregorio Correa La Fortuna   165 n.d.
  Francisco J, Correa Lontué 1875 204,5 n.d.
  Aliro Valenzuela Sta Elena   148,5 n.d.
  Juan de Dios Vial Vial Lontué   176,5 n.d.
  Alejandro Dussaillant Casablanca   262,5 n.d.

Fuente: datos citados en Navarro, Luis Guía vitivinícola de Chile. Santiago, 1924.
Valores de la tasación municipal de 1907. En Indice de propiedades de Chile. Santiago, Imprenta Universo, 1908.

De las 23 viñas mencionadas aquí, poseemos datos de los dueños de 18 de ellas, lo que nos permiten estudiar los aspectos identificados anteriormente.

1.1 El origen étnico

De las 18 viñas, los únicos de origen extranjero eran las pertenecientes a Coo y Dussaillant, ambos nacidos en Francia, y la viña Miraflores, de Planella y Gil, de origen catalán. Las otras quince pertenecían a empresarios salidos de familias chilenas6, cuyos ancestros habían llegado desde España en la época colonial.

De los tres nacidos fuera del país, Alexandre Dussaillant es el caso más interesante. Llegado a Chile en los años 1870, contratado como técnico por una viña, al cabo de un tiempo se hizo propietario de la viña Casablanca, cerca de Curicó, que creció y llegó a ser, hacia 1930, la segunda viña más grande de Chile. La viña pasó a través de diversas generaciones del mismo apellido, que se dio a conocer también en política: Armando Dussaillant, nieto del fundador, fue diputado por el partido liberal. José Luis Coo, el otro francés7, llegó a Chile como ingeniero, aproximadamente en la misma época que Dussaillant. Derivó a la producción de vinos por su matrimonio con Teresa Tocornal, cuya familia poseía viñas ya bastante conocidas. Finalmente, en el caso de Planella, estamos en presencia de uno de los pocos empresarios de origen catalán, que, llegado a Chile en los primeros años del siglo XX, tras dedicarse a la comercialización del vino, se transformó también en productor.

El hecho que sólo tres de las 18 viñas pertenecieran a extranjeros, puede hacer pensar en una actitud más bien cerrada de parte de la elite chilena cuando se trataba de acceder a la propiedad agrícola, pero no es así. Varios otros nombres extranjeros aparecen entre los propietarios medianos, y algunos años después del período estudiado aquí, tres personajes nacidos en Italia, Canepa, Pavone y De Martino, y otro catalán, Rabat, se harían también dueños de viñas que llegarían a ser importantes. Más bien debe hablarse de un proceso lógico, en el cual en un primer momento son los chilenos los que aparecen en forma más destacada, por el conocimiento del mercado de tierras, y de los contactos personales, y más tarde aparecen algunos nombres no tradicionales, a medida que la inmigración tomaba un poco más de importancia8.

1.2. Origen de los empresarios

Uno de los aspectos más interesantes de esta generación de viñateros es sin duda el hecho de que la gran mayoría de ellos no eran agricultores, sino que habían hecho fortuna en otras actividades, para luego invertir en la tierra. En efecto, seis de ellos habían sido mineros: Urmeneta (suegro de Eastman), Errázuriz, Cousiño, Subercaseaux y Concha y Toro (fundador de Concha y Toro), Ossa y Pereira; un séptimo, Fernández Concha (fundador de Santa Rita, suegro de García Huidobro), se había enriquecido con la venta de terrenos urbanos en Santiago. Sólo dos, Correa y Undurraga, provenían de familias de agricultores. Un solo propietario escapaba al mundo de los negocios: el médico José Joaquín Aguirre, dueño de Viña Conchalí.

Veamos detalles sobre algunos de estos casos. José Tomás Urmeneta fue uno de los principales empresarios de la minería del cobre, habiendo creado la fundición de Guayacán, cerca de Coquimbo, a mediados de siglo; además, poseyó una empresa de transportes navieros y tuvo la primera concesión para dotar a Santiago de una red de alumbrado a gas, en 18569. Se empezó a dedicar al vino en 1860, cuando compró la "Estancia de Limache", a unos 60 kilómetros al este de Valparaíso. La propiedad no se utilizó únicamente para producir vino, ya que sólo 50 de sus 8,000 hectáreas10 fueron sembradas con cepas, el resto se dedicó al trigo, a otros cultivos y a la ganadería. Pero aunque la parte reservada al vino parece tener poca importancia, eso no era así, ya que Urmeneta hizo grandes inversiones para construir una bodega nueva, que en su época fue descrita como "la mejor de Chile", "con inmensos toneles de fermentación, una vasijería de 1,100 pipas de 10 arrobas, fuera de otra bodegas auxiliares"11. Además, Urmeneta fue uno de los primeros productores que demostró preocupación por hacer respetar la marca de sus vinos, ya que en esa época las falsificaciones eran frecuentes.

La familia Cousiño poseía una de las más grandes fortunas de Chile. El fundador, Matías, edificó su fortuna gracias al cobre, en el norte, y al carbón del sur; los Cousiño continuaron dominando la producción de este mineral durante generaciones en Chile, con el yacimiento de Lota, cerca de Concepción12. Su hijo Luis fue quien comenzó a invertir en el campo, con la compra de una hacienda en Macul, en la periferia sur de Santiago, en los años 1860, pero los viñedos se plantaron un tiempo después, cuando los Cousiño trajeron de Francia al enólogo Pierre Durand, en los años 1880. La viña Cousiño-Macul permaneció en las tierras originales durante largo tiempo; a fines de los años 1990 era la única gran viña que subsistía en la región de Santiago; además, tuvo la particularidad de mantenerse dentro de la familia, sin que otros socios fuesen admitidos en la gestión de la empresa.

Los Subercaseaux, familia venida de Francia a Chile en el siglo XVIII, se habían enriquecido con la plata, ya antes de la independencia. Ramón y José Antonio, hijos del fundador, compraron la chacra del llano de Maipo, al suroeste de Santiago, en 1836. Como en el caso de los Cousiño, las propiedades no fueron dedicadas inmediatamente a la producción de vino, sino algunas décadas más tarde, en los años 1860, también bajo la supervisión de un francés, Bachelet.

Fue la hacienda de Pirque, situada a unos 75 kilómetros al sur de Santiago, la que se transformaría en el principal centro viñatero de la familia y llegaría a ser la viña más grande de Chile, conocida como Viña Concha y Toro. Este nombre surgió del matrimonio entre Emiliana Subercaseaux, hija de Ramón, y Melchor Concha y Toro, cuya familia se había hecho millonaria con la mina de plata de Huanchaca, en Bolivia. Fue Melchor quien adquirió la hacienda de Pirque y quien creó la viña oficialmente, en 1883.

Con el caso de Domingo Fernández, fundador de Viña Santa Rita, poseemos más detalles sobre la fundación misma de la viña. Este personaje, tras enriquecerse con la compra y venta de terrenos en Santiago, adquirió la hacienda Santa Rita, situada también al sur de Santiago, no lejos de Pirque. Al comprar la propiedad, en 1880, en ésta había una cierta producción de vino, pero en condiciones precarias. La descripción de la hacienda, según los papeles notariales, decía que había uva francesa, pero en mal estado, habiendo sido atacada por el oidium, una de las enfermedades que frecuentemente azota los viñedos chilenos, y además, la bodega estaba en mal estado; del total del avalúo, que era 228,000 pesos, la viña y las bodegas sólo estaban avaluadas en 19,900, menos del 10%13 . Fue solamente después de la compra, que la hacienda se transformó verdaderamente en una viña. A comienzos de siglo, la propiedad pasó a la familia García Huidobro a través del matrimonio de María Luisa Fernández, hija del fundador, con Vicente García Huidobro.

De los dos fundadores identificados como agricultores, los Correa son el caso más antiguo, y del cual se tienen noticias desde más temprano. La familia llegó a Chile hacia 1700, proveniente de España, estableciéndose desde el comienzo en el área de Curicó, a unos 300 kms. al sur de Santiago. Durante varias generaciones se dedicaron a la ganadería, y luego a la agricultura en general, poseyendo una gran cantidad de fundos. Dos hermanos de la quinta generación, José Gregorio y Bonifacio, fundaron dos viñas: San Pedro, en 1865 y Lontué, en 1875. El padre de ambos, Isidro Bonifacio, ya había experimentado la producción de vino con cepas francesas, con los servicios del administrador francés Pedro Poutays, en 185414.

1.3. Las inversiones en la producción de vino y sus razones

Todos estos empresarios, al dedicarse a la producción de vino, hicieron inversiones importantes, no sólo en la compra de las propiedades agrícolas, sino además en la construcción de bodegas, la adquisición de maquinarias, la renovación de las vasijas, la compra de cepas europeas y la contratación de técnicos, casi siempre franceses. Esto implicaba una renovación considerable en las prácticas de los agricultores chilenos, ya que hasta 1860, el empleo de maquinaria agrícola era muy poco conocido en el país. En cambio, entre 1863 y 1889 se habían importado 421 maquinarias vendimiadoras, por un valor total de $ 44 91615. Las bodegas de la viña de los Errázuriz, en Panquehue (a unos 100 kilómetros al norte de Santiago), tenían un costo de 600,000 pesos; la de Cousiño Macul estaba evaluada en 200,000 y la de Urmeneta, en cerca de 140,00016. Este proceso se reflejó en la organización de la primera Exposición nacional de la agricultura en Chile, realizada en 1869, donde se mostraron por primera vez maquinarias para la viticultura, importadas de Estados Unidos y de Francia.

¿Por cuál razón, en un mismo lapso de tiempo, un grupo de capitalistas enriquecidos al exterior de la agricultura, y otros que eran agricultores pero no especializados en el vino, decidieron invertir en este último producto? En ello juegan razones de diverso tipo, tanto económicas como sociales y culturales.

Las razones económicas son difíciles de evaluar. Como se ha dicho antes, el vino no era aún la bebida alcohólica de mayor consumo en el país, y tampoco constituía un producto de exportación17. La elite tenía tendencia a consumir vinos importados de Europa, al menos en las grandes ocasiones, lo que hacía que el mercado de alto poder adquisitivo no estaba ganado de antemano; en cuanto a la producción de vino barato, ella tenía que competir con el vino tradicional, hecho a partir de la cepa "país" que continuó siendo usada masivamente en todo Chile, especialmente al sur de Curicó. Se puede postular que, en un primer momento, las viñas no tenían una alta rentabilidad; seguramente esto cambió posteriormente, a medida que el vino fue ganando terreno contra la chicha y a medida que se fue formando un circuito de distribución que ayudó a llevar las nuevas marcas a todos los rincones del país. Hubo un aumento vertiginoso de la producción de vino entre fines del siglo XIX y los inicios del siglo XX, ya que el total pasó de 41,7 millones de litros en 1883 a 243 millones en 1923.

Estas cifras indican que se trataba de un buen negocio, pero ¿hasta qué punto? Es algo difícil cuantificar, ya que a la falta de datos se añade el problema de la inflación. Por ejemplo, en 1911 la viña Santa Rita había sido adquirida por Vicente García Huidobro a su suegro en 5 millones de pesos; en 1940, en ocasión de una partición de bienes dentro de la familia, el conjunto de la propiedad estaba avaluada en 20 millones, de los cuales la viña, que cubría 375 hectáreas, valía 7 millones y medio18. Pero, ¿qué significa eso en el contexto de la depreciación de la moneda en esos años?

Otro elemento que debe considerarse es que varios de estos empresarios continuaron desempeñando diversas actividades aparte de la producción de vino. A comienzos del siglo XX, Pedro Correa, dueño de Viña San Pedro, era director del Banco de Chile y Fernández Concha era dueño o codueño de dos bancos, Valparaíso y Popular; Ismael Pereira, de Viña Santa Carolina, tenía intereses en la Compañía ganadera Río Cisne y en la Compañía azucarera de Tacna. En cuanto a los Cousiño, sabemos ya que continuaban siendo propietarios de las grandes minas de carbón. Ante la ausencia de investigaciones al respecto, es imposible decir cuál era la importancia de las viñas dentro de la fortuna de cada cual, ni tampoco es posible saber si en determinados momentos, uno de los negocios servía para capitalizar el otro.

Las razones culturales deben haber jugado un papel importante. No puede ser casualidad que todos los fundadores de grandes viñas hayan reproducido la moda de los "châteaux" franceses19 de esa época, lo que incluía, además de los viñedos, un parque con grandes jardines, la "casa patronal", una iglesia y otras dependencias. Tampoco es una coincidencia que todos esos productores se hayan lanzado a producir vino empleando la cepa francesa (Cabernet Sauvignon, Semillon, Pinot, Cot) y en menor medida las alemanas (Riesling). El prestigio que empezaron a adquirir las cepas bordelesas se extendió en todo el mundo: esas cepas fueron adoptadas en lugares tan apartados entre sí como California, Argentina y el sur de Rusia, difusión facilitada por la contratación de técnicos franceses. Como la mayoría de los millonarios chilenos tenían la costumbre de viajar a Europa, quedándose a veces años, aprendían el francés, es lógico suponer que la decisión de implantar viñedos al estilo francés implicaba un fenómeno cultural, de integración a la civilización dominante en el mundo.

En ese sentido, las grandes viñas eran más que un centro productivo: con sus hermosos jardines, lagunas y dependencias para huéspedes, la viña se transformaba en un centro de reuniones sociales, a la cual se invitaba a huéspedes de prestigio, como el príncipe Carlos de Borbón, que visitó Santa Rita, o donde se hacían reuniones políticas.

Este último aspecto no es de desdeñar. La actividad pública fue un rasgo constante en la mayoría de los grandes viñateros, como se ve en el cuadro siguiente:

Cuadro 2. Política y familias de viñateros, 1850-1930


Familia

Cargos y año de elección o de nombramiento

CONCHA Y TORO, Melchor Diputado (1869) y Ministro de Hacienda

*Concha Subercaseaux, Carlos

Diputado (1890-1899) y Ministro de Guerra
*Concha Subercaseaux, Juan Enrique Alcalde de santiago (1919) y Senador
*Correa Ovalle, Pedro Senador (Talca, 1912, 1918)
   
COUSIÑO Jorquera, Matías Diputado y senador, años 1850
   
*Dussaillant L, Ajenadro Diputado
   
ERRÁZURIZ Valdivieso, Maximiano Diputado (1858 y senador (1879)
  Ministro en G. Bretaña
#Errázuriz Zañartu, Federico Ministro de Justicia (1864), Pdte. de la Rep. (1871-1876)
*Errázuriz Urmeneta, Rafael Diputado y senador, Min. de Relac. ext. (1899)
  Embajador Santa Sede ca.1900-1920
   
FERNÁNDEZ Concha, Domingo Diputado y senador
   
OCHAGAVÍA Errázuriz, Silvestre Ministro de Justicia (1852-1855)
*Ochagavía Echaurren, Silvestre Diputado (1891) y senador (1912 y 1926)
** Ochagavía Hurtado, Silvestre Alcalde de Talagante y Santiago
   
OSSA Cerda, Macario Diputado, alcalde
   
*Pereira Iñiguez, Guillermo Diputado y Ministro de Rel.Ext (1918)
   
SUBERCASEUX Mercado, Ramón Senador (1840 a 1859)
   
TOCORNAL, Manuel Antonio Ministro de Justicia (Años 1840)
  Ministro de Rel.Ext. (Años 1860)
*Tocornal T., Ismael Ministro de Interior (1909)
  Presidente del senado y Pdte. Banco Central (1925)
   
*Undurraga García H., Luis Diputado
   
URMENETA García, Josñe Tomás Ministro (1855-1864), candidato a Pdte. de la Rep. (1870)
   
#Urmeneta García, Jerónimo Ministro de Hacienda (1850-1852)

En mayúsculas: nombre del fundador de una viña
#: hermano
*: hijo
**: nieto
Fuente: Figueroa, Virgilio: Diccionario histórico, biográfico y bibliográfico de Chile, 1800-1928. Santiago, Imprenta La Ilustración, 1928, 4 volúmenes.

La casi totalidad de estos personajes participaron en política en las filas del partido conservador, lo que les da un aire de familia. Por lo demás, varios de entre ellos se casaron con miembros de familias de viñateros: Luis Undurraga, nieto del fundador de la viña de ese nombre, se casó con Amalia Fernández, hija del creador de Santa Rita; Maximiano Errázuriz, fundador de la Viña que lleva ese nombre, casó con Amalia, hija de José Tomás Urmeneta, que era además su socio en distintos negocios. Después de quedar viudo, su segunda esposa fue Carmen Valdés, de la familia dueña de la viña San Carlos de Cunaco. La hermana de Maximiano, Mercedes, fue la esposa de Bonifacio Correa, creador de Viña San Pedro; en fin, el hijo de este último, Francisco Javier, se casó con Luz Pereira, de la familia dueña de Viña Santa Carolina.

De este modo, puede pensarse que la creación de los grandes viñedos fue el resultado de factores múltiples, tanto económicos como sociales, culturales y políticos. Los viñateros constituían un grupo no sólo de empresarios, sino de miembros de un mismo partido y estaban a menudo unidos por lazos de familia. Último elemento común, que acompañaba inevitablemente la militancia en el partido conservador: el acendrado catolicismo del que varios hacían gala. En la familia Fernández Concha, uno de sus hermanos era sacerdote y una hermana fue religiosa; además, su padre se había hecho sacerdote al quedar viudo. Maximiano Errázuriz, cuyo hermano era arzobispo de Santiago, adoptó a la Iglesia católica en su testamento.

2. LOS DISTRIBUIDORES

A medida que la producción de vino iba en aumento y que se incrementaba el consumo, tanto en los centros urbanos como en el campo, cobró importancia la comercialización del producto. Ella fue asumida, en parte, por las mismas viñas, que contaban con flotas de coches y de camiones; sin embargo, una parte creciente de este rubro fue asumido por un grupo de empresarios con características propias, en particular su origen étnico, ya que muchos de ellos eran originarios de Cataluña. El cuadro siguiente nos entrega informaciones sobre los principales distribuidores en los años 1920, conocidos como los "bodegueros"

(Ver Cuadro 3.)

Cuadro 3. Principales bodegas en el primer tercio del siglo XX, Santiago


Nombre de bodega Fundador año capital

Ararga y Cía. L. Araga n.d. n.d.
Santa Lidia José Carafi n.d. n.d.
San Joaquín A. y L. Ribas 1918 $685,000
Lontué y Molina José Mir 1921 400,000
Sta Hilda A. Escobar 1917 400,000
San Camilo Morera Hnos. 1916 500,00
Hermosilla Aragay y Passalacqua 1923 500,000
El Cóndor D. NAvarro 1914 450,000
Cunaco J. Navarro 1921 200,000
Sta Emilia Bruguère y Cía. 1910  
Casas Hnos. P. y V. Casas 1907 80,000
Machalí J. Rossini 1908 200,000
Fca. Licores Mitjans Juan Mitjans 1917  

Fuentes: Navarro, Guía vinícola de Chile, Op. cit., y Joaquín Blaya, El progreso catalán en América. Tomo 1: Chile. Santiago, Imprenta la Ilustración, 1922

A estos nombres se deben agregar otros, que son otros tantos venidos de Cataluña, como Lorenzo Reus y José Rabat. Los había también en provincia, como José Salse, en Valparaíso, José Sastre Guixá, en Curicó, y Tohá hermanos, en Chillán.

Poseemos detalles de las historias de algunos de estos personajes. Juan Mitjans llegó a Chile en 1887. Trabajó primeramente en la bodega de otro español, Ventura, donde conoció a Lorenzo Ribas, que también trabajaba allí. Los dos catalanes formaron en 1914 una sociedad, Mitjans, Ribas y Cía., dedicada a la compraventa de vinos, y se unieron por lazos de familia, como los productores, ya que Ribas se casó con Rafaela, hermana de Juan. Otro catalán, José Mir, llegó a Chile en 1900, tras vivir un tiempo en Argentina. Poseía experiencia en el negocio de vinos, y abrió una bodega primero en Valparaíso, y luego otra en Santiago, en 1916; en 1930 adquirió una viña al oeste de Santiago. En fin, Antonio Rabat, que arribó al país en 1902, con 16 años de edad, trabajó primero en una panadería, llegando a ser dueño de una de ellas y siendo elegido presidente de la Asociación de panaderos. En 1927 se empezó a dedicar a los vinos, comprando una pequeña bodega en Santiago. Más tarde, en 1932, compró tierras en las faldas del cerro Manquehue, al oeste de la ciudad, y creó allí una viña.

¿Por qué los catalanes se especializaron en la distribución de vinos y no en la producción? Aquí el factor étnico debe haber jugado un papel importante. Seguramente los europeos tenían mayor experiencia que los chilenos en materia de comercialización, y vieron que había en ese sector una oportunidad que los empresarios locales aún no aprovechaban plenamente. Algunos deben haber tomado la iniciativa y posteriormente fueron apoyándose unos con otros. Es un fenómeno que se ha dado con frecuencia en la historia de la inmigración en Latinoamérica, donde las personas originarias de un mismo país se especializan en un determinado rubro20.

En esta actividad, los bodegueros no entraban en conflicto con los grandes productores. En efecto, los "catalanes" distribuían sobre todo aquellos vinos que no pertenecían a las viñas conocidas, que venían de viñas medianas y pequeñas, no sólo del área de Santiago, sino también de lugares situados a una cierta distancia, como la región de Curicó. Parte de esos vinos eran a granel, es decir, sin una marca determinada, que eran embotellados en grandes envases, conocidos como "damajuana" (10 litros) y "chuico" (5 litros), que más tarde eran vendidos en pequeñas porciones por los almacenes y otros establecimientos en los distintos barrios de la ciudad21.

3. EL APORTE DE LOS NUEVOS EMPRESARIOS A LA "MODERNIZACIÓN" DE LA AGRICULTURA Y LOS LÍMITES DE ESTE PROCESO

No cabe duda de que la formación de las grandes viñas y un poco más tarde, la aparición de las "bodegas" contribuyeron a renovar a fondo todo lo relacionado con la producción y la comercialización del vino. De una actividad rutinaria, esta producción pasó a ser una verdadera agroindustria, que movilizaba capitales importantes, contribuyó a la mecanización de la agricultura y elevó su nivel técnico. Además, el vino tuvo un efecto de estímulo en otras actividades relacionadas, como la fabricación de botellas y en la tonelería, constituyendo así un aporte a la industrialización del país.

Estos progresos tuvieron sin embargo sus límites, lo que se reflejó en dos niveles. Uno de ellos fue el social: si los empresarios estaban abiertos a la innovación tecnológica, no lo estaban en cuanto a las relaciones de trabajo. En el campo, las faenas agrícolas continuaron siendo ejecutadas mayoritariamente por los trabajadores conocidos como inquilinos22, que distaban de constituir una verdadera clase obrera, ya que sus ingresos eran parte en salario, parte en regalías, como el derecho a talaje, a recibir una cierta cantidad de alimentos, y la posibilidad de vivir en una casa situada al interior de la viña. Además, varios de ellos, los trateros, recibían un monto de dinero fijo, con el cual hacían trabajar a otras personas, entre ellos a miembros de su familia. El trabajo infantil era cosa corriente, sobre todo en época de cosecha. Durante todo el período estudiado aquí, en ninguna viña (ni en el campo en general) hubo sindicatos, debido a la oposición tenaz de los propietarios, que consiguieron de los gobiernos dejar sin efecto la aplicación de las leyes que, en el medio urbano o minero, permitían la organización de los trabajadores. De esta manera, la generalidad de los trabajadores vivían en una relación basada en una mezcla de paternalismo y de opresión de parte de los patrones. Existía otro tipo de trabajadores, los afuerinos, que vivían fuera de la viña, que eran empleados sobre todo en la cosecha, los que se asemejaban más al obrero, en el sentido que eran pagados solamente en dinero, pero es difícil decir qué representaban en porcentaje del total de la mano de obra.

Estas características se reprodujeron en gran medida en el sector urbano, donde las viñas tenían bodegas donde había un personal encargado de faenas tales como la recepción, el embotellamiento y la distribución de los vinos que llegaban del campo. Estas personas se asemejaban más al obrero, ya que vivían casi únicamente de un salario. Pero al igual que en el campo, los sindicatos fueron inexistentes hasta 1930, y sólo empezarían a surgir después de 1950. Las huelgas fueron algo casi desconocido antes de la segunda guerra mundial. De este modo, puede afirmarse que a nivel de la mano de obra, los viñateros prolongaron las prácticas tradicionales, que les aseguraba un control social sobre los trabajadores23.

La otra limitación fue la manera de administrar las empresas. Durante el período aquí estudiado, todas las viñas, salvo una, funcionaban como un negocio familiar. Los miembros de la familia dueña de la tierra se encargaban de la dirección de la empresa y se repartían las ganancias de acuerdo a su criterio. No había fuentes de capitalización fuera del dinero de la familia y de lo que pudieran obtener de los bancos. Los dueños de la viña no tenían que rendir cuentas a nadie más que a sí mismos por las decisiones que tomaran. Los que estaban a cargo de la viña no siempre habían hecho estudios especializados, ni en agricultura ni en comercio24. Esta situación persistiría largo tiempo, ya que sólo en los años 1960, posiblemente ante la amenaza de la reforma agraria, las empresas agrícolas comenzaron a adoptar criterios más modernos de administración.

En los años aquí estudiados, la única excepción fue Viña Concha y Toro, que se organizó como sociedad anónima desde 1923. Sin embargo, eso al comienzo no significó un gran cambio, ya que un reducido grupo de miembros de la familia eran los únicos accionistas. Sólo después del período estudiado aquí, desde 1932, aparecieron participantes externos, entre ellos el Banco de Chile.

Más tarde se agregaron otros, lo que sin duda fue uno de los factores que hicieron que esta viña adquiriera características más dinámicas que sus congéneres, llegando a ser la viña más grande del país, posición que ocupa hasta hoy.

CONCLUSIÓN

La creación de las grandes viñas de la región central, en la segunda mitad del siglo XIX, fue un proceso que efectivamente contribuyó a modificar profundamente la estructura y la calidad de la producción de vino en Chile. La aparición de un grupo de empresarios que, en su gran mayoría, no había desarrollado hasta entonces actividades relacionadas con la agricultura, fue la clave de ese proceso, aportando capitales e iniciativas hasta ese momento inéditas. Se puede hablar entonces de un aporte de la viticultura a la "modernización" de la agricultura chilena. Sin embargo, esa renovación tuvo límites importantes, tanto en lo social como en lo administrativo, que hicieron que las grandes viñas, pese a sus progresos, no se distinguieron en lo fundamental de la situación de la agricultura en el país, caracterizada por las grandes diferencias sociales entre propietarios y trabajadores, por la concentración de la propiedad en pocas manos y por el conservantismo en los estilos de administración de la empresa. Incluso en lo tecnológico, pese al innegable progreso que las nuevas viñas aportaron, la renovación fue sólo parcial, ya que el vino chileno siguió siendo, durante largo tiempo un producto destinado al mercado interno, con escasos logros en la exportación, debido a la irregularidad de su calidad y a la falta de iniciativa para conquistar otros mercados, lo que sólo cambiaría mucho más tarde.


Artículo recibido el 27 de mayo de 2004. Aceptado por el Comité Editorial el 13 de julio de 2004.

1 Ver al respecto Chevalier, Francois, L'Amérique latine de l'indépendance à nos jours, P.U.F. París, 1977,         [ Links ] en particular el cap. 7 de la 3a parte, "Les structures latifondiaires", p. 282 , passim, así como Haciendas, latifundios y plantaciones en América latina, Siglo XXI, México, 1975.         [ Links ] En estos estudios, los autores destacan la distinción entre la hacienda y las plantaciones, estas últimas siendo caracterizadas con rasgos más abiertamente capitalistas y orientadas hacia grandes mercados, en contraste con las haciendas, caracterizadas como más tradicionales y no siempre proyectadas hacia la producción para el mercado.

2 Loveman, Brian, Chile, the Legacy of Hispanic Capitalism, Oxford University Press, New York, 1979, p. 165.        [ Links ]

3 Bauer, Arnold, Chilean Rural Society from the Spanish Conquest to 1930, Cambridge University Press, 1975 pp. 64-66,         [ Links ] y Bengoa, José, Historia social de la agricultura chilena, Ediciones Sur, Santiago, 1990, tomo 2, pp. 248-249.        [ Links ]

4 Detalles basados en las descripciones de Gay, Claudio, Historia física y política de Chile. La agricultura, París y Santiago, 1862;         [ Links ] Miers, John, Travels in Chile and La Plata, Ams Press, New York, 1970 (orig. 1826)         [ Links ] y Poeppig, Eduardo, Un testigo de la alborada de Chile, 1826-1829, Zig-Zag, Santiago, 1960 (orig. 1835).         [ Links ]

5 En Chile, el valle central evoca la región ubicada entre el valle del Aconcagua, situado a corta distancia al norte de Santiago, y la región del río Maule, a unos 450 kms. al sur de la capital. Entre ambas se encuentran los principales valles destinados a la producción de vino, el del río Maipo, al sur de Santiago, y el de la región de Curicó. Fue esa la región donde gradualmente se impuso la cepa francesa. Al sur del Maule, hacia la región de Concepción, ha predominado la cepa "país".

6 Entendemos aquí por "chilenas" aquellos apellidos que, aunque fuesen originados en España o en otros lugares, estaban avecindados en el país desde hacía tres o más generaciones. Eastman y Subercaseaux, que dan la impresión de ser propietarios extranjeros, no lo eran: en el primero de los casos, el nombre mencionado como propietario era en realidad el yerno de Tomás Urmeneta, el fundador de la viña de su nombre; en el segundo, se trataba de una familia originaria de Francia, pero establecida en Chile desde el siglo XVIII.

7 Cuyo nombre original era probablemente Cau o Caux, y que derivó en Coo por la pronunciación en español.

8 Recordemos que este fenómeno nunca tuvo en Chile la amplitud que adquirió desde temprano en los países del Atlántico.

9 Ver el estudio de Nazer Ahumada, Ricardo, José Tomás Urmeneta. Un empresario del siglo XIX, Centro de Investigaciones Barros Arana, Santiago, 1993.        [ Links ]

10 Como en muchos otros casos en Chile, no hay que dejarse impresionar por las cifras brutas: el 80% de ese total eran cerros, lo que dejaba muy poco para los cultivos.

11 Vicuña Mackenna, Benjamín, Catálogo oficial de la exposición nacional de agricultura, Valparaíso, 1869, p. 212.        [ Links ]

12 La empresa carbonífera fue expropiada por el gobierno de Salvador Allende en 1970, pasando a manos del estado.

13 Del Pozo, José, "Viña Santa Rita and wine production in Chile since the mid-19th century", en Journal of Wine Research, 1995, vol.6, n.2, pp.133-142.        [ Links ]

14 Muñoz, Juan Guillermo, Don Bonifacio Correa Corbalán y doña María Albano Vergara. Antepasados (colonia) y descendientes (república). Santiago, mimeo, 1976.         [ Links ]

15 Briones, Félix, La industria vitivinícola en Chile en el siglo XIX. Memoria de magíster en historia, Universidad de Santiago, 1995, pp. 94-95 (no publicada).        [ Links ]

16 Rojas, Manuel, Viticultura y vinificación, Nascimento, Santiago, 1950, pp. 774 y siguientes.        [ Links ]

17 Esta situación no cambiará realmente sino hacia 1990, cuando las exportaciones comenzaron a representar un porcentaje significativo y creciente de la producción total; hasta antes de esa fecha, Chile nunca exportó más allá del 10% del total de sus vinos, anualmente. Ver cifras de producción y de exportación en Del Pozo, José, Historia del vino chileno. Editorial Universitaria, Santiago, 1998, p. 263.         [ Links ]

18 Del Pozo, José: "Viña Santa Rita"... loc. cit., p.13.

19 Este término se empezó a emplear a fines de la época napoleónica en Francia, con la aparición, en la región de Burdeos, de viñas como Château Margaux, Latour, Lafite y otros. Ellos incluían la construcción de un edificio que se asemejaba a un castillo, pero más tarde, cuando el proceso se generalizó, muchas viñas se hicieron llamar "château" sin tener esa construcción. Ver sobre esto Johnson, Hugh, Une histoire mondiale du vin de l'Antiquité à nos jours, Hachette, París, 1990 p. 375.         [ Links ]

20 Varios ejemplos de esta situación en el libro de Bourdé, Guy, Urbanisation et immigration en Amérique latine: Buenos Aires, XIXe-XXe siècles. Paris, Aubier-Montaigne, 1974.        [ Links ]

21 Este proceso fue básico en la agravación del problema del alcoholismo, que adquirió caracteres dramáticos en los primeros años del siglo XX, llegando a ser denunciado unánimemente por la prensa, tanto de la derecha como de la izquierda, aunque con distintos enfoques: los unos culpaban la falta de educación de los consumidores, los otros, la codicia de los productores y de los comerciantes.

22 Los inquilinos aparecieron, históricamente, hacia el siglo XVIII, como una solución a la carencia de mano de obra motivada por la mortandad de los indígenas. Se trataba de trabajadores de origen mestizo, que comenzaron a trabajar las tierras de los propietarios a cambio del usufructo de un lote de tierra. Con el tiempo, los inquilinos sufrieron un proceso de degradación de sus condiciones de trabajo, al aumentar las horas que debían dedicar a trabajar las tierras del patrón.

23 Detalles sobre este tema en Del Pozo, José, "El régimen de trabajo en las grandes viñas de la región central de Chile: trateros y obreros de bodega en el siglo XX" en Revue canadienne des études latino-américaines et caraïbes, vol. 22 (1997), n. 43, pp. 21-46.        [ Links ]

24 La viña Santa Rita era administrada por los hermanos García Huidobro, cuya principal preocupación era el arte: uno de ellos, Rafael, se dedicaba a la pintura, mientras que Domingo practicaba la escultura. Un tercer hermano, que no participaba en la gestión de la empresa, pero que a veces debía opinar en las decisiones, era Vicente, más conocido por Vicente Huidobro, uno de los poetas más famosos de Chile en los años 1920. No pretendemos generalizar a partir de este caso, que quizás sea caricaturesco, pero puede que tampoco sea una excepción. Del Pozo, José, Historia del vino chileno, Op. cit., pp. 114-115.

 

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