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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.20 n.1 Talca  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762005000100009 

 

Revista Universum No 20 Vol. 1 : 124 - 139, 2005

ARTÍCULOS

La crisis económica de 1967 en el contexto de la ruptura del sistema democrático

 

Romy Rebolledo Leyton (*)

(*)  Ingeniero Comercial mención Economía. Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Sociología, mención Planificación social. Pontificia Universidad Católica de Chile.  Profesora del Instituto de Estudios Humanísticos Juan Ignacio  Molina de la Universidad de Talca.

Correo electrónico:  romyr@terra.cl


RESUMEN

El presente artículo describe la crisis económica de 1967 en Chile, argumentando que constituyó una causa relevante del quiebre del sistema democrático en 1973.

Producto del estancamiento del desarrollo industrial y de las significativas discriminaciones que generó el proceso de profundización de la democracia iniciado en 1938, hacia fines de la década de 1950, surgió una cultura política de carácter revolucionaria y el sistema de partidos políticos se estructuró en tres tercios polarizados.

El gobierno del Partido Demócrata Cristiano (1964-1970) y su promesa de "Revolución en Libertad" sembró altas expectativas en un electorado que había acumulado mucha frustración luego de sucesivos fracasos de gobiernos reformistas. La  comprensión de este contexto, permite dimensionar las profundas consecuencias que produjo la sorpresiva caída en la tasa de crecimiento económico, durante el tercer año de gobierno. La masiva decepción provocó la declinación electoral del centro político, fortaleciendo a una izquierda y derecha polarizadas por una competencia centrífuga. A partir de entonces, se aceleró notablemente la radicalización del conflicto político, no logrando ser resuelto por los cauces institucionales del sistema democrático.

Palabras clave:

Chile - Ruptura del Sistema Democrático - Crisis Económica - Gobierno de Frei Montalva


ABSTRACT

The present article describes the economic crisis of 1967 in Chile, arguing that it constituted a significant cause for the breakdown of the democratic system in 1973. Product of the stagnation of the industrial development and the profound discriminations that generated the process of deepening of the democracy initiated in 1938, towards the end of the 1950s, arose a political culture with revolutionary character and the political parties were structured in three polarized thirds. The Government of the Christian Democratic Party (1964-1970) and his promise of "Revolution in Freedom" seeded high expectations in an electorate who had accumulated much frustration after successive failures of reformist governments. The understanding of this context, allows measure the profound consequences that the surprise fall in the rate of economic growth produced during the third year of government. The massive deception caused the electoral decline of the political center, fortifying the left and right polarized by a centrifugal competition. From then, the radicalization of the political conflict was accelerated remarkably, not being able to be solved by the institutional channels of the democratic system.

Key words:

Chile - Democratic System Breakdown - Economical Crisis - Government of Frei Montalva.


 

En 1967, tercer año del gobierno de la Democracia Cristiana en Chile, una repentina y drástica caída en los niveles de crecimiento económico sembró decepción en vastos sectores de la población. Este nuevo fracaso político provocó consecuencias particularmente negativas en una sociedad que, por décadas, venía experimentado sucesivas frustraciones en sus intentos por superar el subdesarrollo, la pobreza, la miseria y las extremas desigualdades sociales. Las altas expectativas incentivadas durante la campaña del Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), sumadas a los exitosos resultados obtenidos durante los dos primeros años de su gobierno, potenciaron la percepción negativa de la crisis, provocando un abrupto fin del sueño de mantener y consolidar la "Revolución en Libertad". 

En medio de las fragilidades propias de una estructura de partidos políticos de tres tercios polarizados, la declinación del centro político dio paso a la total liberación de las pasiones revolucionarias y contra-revolucionarias de la izquierda y la derecha. A partir de entonces, el proceso de polarización partidaria adquirió una velocidad insospechada, lo que contribuyó en forma significativa a la profundización del conflicto que desembocaría en la ruptura del sistema democrático.

De esta forma, la crisis económica de 1967 constituye no solo un importantísimo punto de inflexión en la evolución económica y política del gobierno del Presidente Frei Montalva, sino que también en todo el período de profundización de la democracia que se extendió desde 1938 hasta 1973.

LAS FRUSTRACIONES ACUMULADAS

Luego del triunfo del Frente Popular en 1938, las promesas de modernización y justicia social, fueron asumidas como posibles por una cifra cada vez mayor de ciudadanos. El éxito inicial de la Estrategia de industrialización vía sustitución de importaciones (ISI) y el avance sostenido del proceso de profundización de la democracia, contribuyó notablemente a sustentar dichas expectativas.

El mayor crecimiento económico sumado al  pragmatismo y capacidad negociadora del conjunto del espectro político proveyó la suficiente gobernabilidad que la sociedad  requería para viabilizar los cambios.

La tasa de crecimiento económico se elevó desde un 2,6% promedio, entre 1908-1925, a un 3,7% promedio durante la década 1940-1950. La industria manufacturera, que, en 1940 generaba alrededor de un 13,6% del producto, elevó su participación al 20,1% en 1952. Entre 1940 y 1952 la fuerza de trabajo del sector industrial aumentó en un 41%. Empleados y trabajadores sindicalizados se beneficiaron de reajustes salariales superiores a la tasa de inflación. La cantidad de trabajadores sindicalizados pertenecientes a los sectores minero e industrial creció desde 54.801 personas, en 1932, hasta 284.418 en 1952.

El aumento del empleo y el mejoramiento de las condiciones laborales en el sector industrial incentivaron masivas migraciones a los grandes centros urbanos, particularmente Santiago y Concepción. La mayor inversión social en salud y educación provocó un explosivo aumento de la población durante la década de 1950 y el poderoso rol del Estado en la distribución de beneficios económicos y sociales generó fuertes incentivos para ingresar al sistema político. Fue creciendo a una velocidad cada vez mayor la conciencia de las dificultades, la necesidad de resolverlas y las presiones por lograrlo.

Las demandas sociales aumentaron a tasas cada vez mayores y empezaron a superar los avances en materia de crecimiento económico, la industria comenzó a disminuir su capacidad para crear nuevos empleos, las medidas destinadas a solventar el desarrollo manufacturero significaron costos cada vez más altos para el resto de los sectores productivos1, generando masivos y cada vez más profundos sentimientos de frustración.

Paralelamente, la incapacidad del Gobierno y del Parlamento para contener el gasto público ante las mayores presiones sobre el sistema político, reforzaron el fenómeno inflacionario, afectando a una gran cantidad de población, que no contaba con mecanismos de protección ante la pérdida violenta de poder adquisitivo de sus ingresos. Los excesos de las estrategias negociadoras, las permanentes luchas de poder, un creciente divisionismo2 y las  promesas electorales incumplidas profundizaron el desprestigio de todos los partidos políticos.

Estas frustraciones económicas, sociales y políticas se reflejaron con claridad en la elección presidencial de 1952, en que resultó electo el ex -dictador  Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958), quien utilizó una escoba para barrer con los políticos como símbolo de su campaña. Obtuvo el triunfo con un 47% de los votos3, derrotando al conjunto de partidos tradicionales de derecha, centro e izquierda que contaban con sólidas estructuras de respaldo electoral4, y marcando el fin del liderazgo del Partido Radical.

Luego del fracaso de Ibáñez del Campo, la elección del Presidente Jorge Alessandri Rodríguez en 1958, aunque por estrecho margen5, expresó nuevamente la opción de gran parte del electorado por liderazgos situados por sobre los intereses partidistas, con visión de Estado, honestos, coherentes y decididos a controlar y/o canalizar las presiones sociales, asegurando orden y gobernabilidad. Este gobierno realizó el último intento reformista destinado a avanzar en la superación del subdesarrollo.

Paralelamente, como respuesta al descrédito de las prácticas políticas tradicionales, desde los sectores de centro e izquierda, emergieron con sólido respaldo político, alternativas de fuerte contenido ideológico: Primero, la Democracia Cristiana, fundada en 1957, y luego del triunfo de la Revolución Cubana, los partidos de izquierda, particularmente el Partido Socialista, fueron potenciando sus propuestas de cambios radicales.

La elección presidencial de 1958 constituyó entonces un hito relevante en el proceso que condujo a la ruptura del sistema democrático. La emergencia del Partido Demócrata Cristiano (PDC) en el centro político, desplazando al Partido Radical6, iba a tener consecuencias extremadamente negativas para la estabilidad del sistema democrático. De fuerte vocación mesiánica, este nuevo partido optó por ser alternativa a la izquierda y a la derecha, que conservaban todavía características propias de la cultura política tradicional: reformistas, pragmáticos, negociadores, constructores de acuerdos y de alianzas de gobierno, todo lo cual había constituido hasta entonces un pilar fundamental que sostenía el  éxito del proceso de profundización de la democracia. La Democracia Cristiana, fue el primer partido que intentó decididamente y en el corto plazo, la puesta en marcha de un programa de gobierno de carácter revolucionario. Basada en la firme convicción de la superioridad de sus propuestas ideológicas intentó monopolizar no solo el centro político, sino que consolidar una posición hegemónica destinada a proyectarse en el largo plazo.

Esta rígida ubicación en el centro político provocó otra grave consecuencia: la emergencia de una estructura de partidos políticos de tres tercios polarizados. Se produjo entonces una poderosa tendencia a la radicalización de los partidos de derecha e izquierda, forzados a extremar sus discursos ante la amenaza de un partido de centro decidido a competir con ellos. Esta polarización se iba a profundizar si la propuesta del centro político fracasaba y la sociedad se encontraba forzada a optar entre dos proyectos excluyentes y con escasas posibilidades de entendimiento, lo que contribuiría, significativamente, a la desestabilización del sistema democrático.

De este modo, la emergencia de la Democracia Cristiana marcó un momento relevante en el proceso de abandono de la cultura política tradicional, para ser sustituida por otra de carácter revolucionaria, que terminó abarcando al conjunto del espectro político del país, contribuyendo a su radicalización y finalmente a la destrucción del sistema democrático.

La administración del Presidente Alessandri (1958-1964) puso en marcha reformas que privilegiaron una estrategia de modernización capitalista, con elementos de lo que sería en el futuro la revolución neoliberal instaurada por el régimen de Pinochet (1973-1990): Reducción del proteccionismo industrial, impulso al comercio exterior, mayor participación del sector privado en el desarrollo económico, y la fijación del tipo de cambio para forzar la reducción de la tasa de inflación. Intentó gobernar con empresarios, técnicos e independencia de los partidos políticos. Incentivado por el gobierno norteamericano, a través de la Alianza para el Progreso, introdujo tímidos elementos de redistribución del ingreso7, intentando frenar la expansión electoral de la izquierda. De la misma forma como acontecería durante los gobiernos de Frei Montalva (1964-1970) y Allende (1970-1973), en los primeros años se lograron notables éxitos en materia de crecimiento económico e inflación, para decaer fuerte y sorpresivamente desde la mitad de su período en adelante. Su credibilidad se desplomó luego de la crisis de balanza de pagos que lo obligó a devaluar la moneda nacional. El ritmo de aumento de la actividad económica  retomó  un  comportamiento  mediocre  y  la tasa  de inflación rebrotó. Debió recurrir a los partidos políticos para finalizar su gobierno, retornando a las antiguas y desacreditadas prácticas de influencia en la administración del Estado. Del  éxito y entusiasmo inicial al fracaso. Cuando el quiebre en la tendencia irrumpía en medio de positivos resultados económicos y expectativas en alza, se intensificaban los sentimientos de frustración. Su acumulación en el tiempo constituyó una poderosa amenaza para la estabilidad de la democracia.

Ante el fracaso de Alessandri y sintiéndose amenazada por el posible triunfo de una izquierda de inspiración marxista, en las elecciones presidenciales de 19648, la derecha retiró su candidato optando por respaldar incondicionalmente a Eduardo Frei Montalva9. En las elecciones parlamentarias de 1965 su votación no superó el  12,5% de los votos.

LA ERA REVOLUCIONARIA

Las frustraciones acumuladas por los lentos avances en la superación del subdesarrollo,  las profundas desigualdades sociales, la miseria generalizada en los nuevos sectores de marginalidad urbana, el ingreso vertiginoso al sistema político de vastos sectores sociales históricamente postergados10, la ola mundial de romanticismo, el triunfo de la Revolución Cubana, el contexto internacional de guerra fría y la confianza excesiva en las fortalezas del sistema democrático chileno, abrieron la puerta a sucesivas experiencias de diversa intensidad revolucionaria que terminaron por involucrar a los tres sectores políticos del país. Primero la "Revolución en Libertad" de la Democracia Cristiana, luego la "Vía chilena al Socialismo" de la izquierda agrupada en la Unidad Popular y finalmente la contra-revolución capitalista que se impuso como negación de los proyectos de centro e izquierda, luego del Golpe militar de 1973.

Se potenció al límite la ansiedad por dar un definitivo salto al desarrollo. Se despreciaron y desecharon el conjunto de estrategias utilizadas en el pasado reciente. El diagnóstico generalizado fue de crisis integral de la sociedad chilena. Debían entonces ser modificadas amplia y profundamente sus bases estructurales. A través de una organizada y completa planificación social diseñada e implementada desde el Estado, se impusieron proyectos de reformas totalizantes, construidos en función de conceptos de  verdadera ingeniería aplicados al cambio social. El sustento intelectual de estos proyectos consideraba criterios técnicos, pero sus estructuras se fundaban en irreducibles concepciones ideológicas elevadas a categorías de verdades absolutas y por lo tanto, intransables. Cada propuesta revolucionaria fue de carácter excluyente,  construidas a partir de visiones de mundo contrapuestas, determinadas fuertemente por la clase social a la que se pertenecía. Las utopías y las pasiones sustituyeron al desprestigiado pragmatismo de las primeras décadas del proceso de profundización de la democracia.

Tanto la Democracia Cristiana como una parte relevante de las elites de izquierda elaboraron estas propuestas a  partir de la tesis de que se podían realizar profundos y vertiginosos cambios en la estructura económico-social, sin afectar la estabilidad del sistema democrático.

Para estos proyectos revolucionarios, el logro de la justicia social era imprescindible  para remover los obstáculos que impedían la superación del subdesarrollo. Modernizar la estructura productiva nacional requería terminar con las estructuras de dominación en

el agro, poner fin a la estructura monopólica en la industria y recuperar para el país las utilidades que obtenían capitales  extranjeros  en la explotación de la gran minería del cobre. Con la finalidad de sustentar estas reformas, se requería poder político. Para que sus frutos se distribuyeran equitativamente en la sociedad se necesitaba que los sectores  más desposeídos mejoraran su capacidad de influir sobre las decisiones políticas y económicas del país. Se debía promover activamente la organización de trabajadores y pobladores de sectores urbanos y rurales, proveyéndoles de un aumento sustantivo de su poder de presión. Las principales herramientas a utilizar para acelerar el paso al desarrollo, se debían situar prioritariamente en el ámbito de lo político.

El mayor poder de los sectores populares mejoraría  las condiciones de igualdad en el sistema político, contrarrestando la influencia que ejercían a su favor los poderes económicos tradicionales. Esto permitiría consolidar en breve plazo las reformas estructurales destinadas a terminar con las injusticias sociales y a mejorar sustancialmente la distribución del ingreso. La superación de las desigualdades políticas, sociales y económicas no eran solo un objetivo en sí, sino que también un requisito imprescindible para trascender el subdesarrollo, ya que permitiría aumentar significativamente los niveles de utilización de la capacidad productiva instalada (particularmente en el atrasado sector agrario) e incentivar más a los trabajadores, generando ostensibles aumentos de productividad y eficiencia.

De este modo, los programas de gobierno de la Democracia Cristiana y la Unidad Popular pretendieron concretar en breve plazo los objetivos de profundización de la democracia, igualdad económico-social y crecimiento económico, considerados en sus propuestas como objetivos interrelacionados y complementarios.

El proyecto de la Democracia Cristiana  se construyó entonces a partir del diagnóstico de que Chile experimentaba una crisis integral. Su programa de gobierno se diseñó a partir de la sólida opción de realizar profundas reformas estructurales en el marco del sistema democrático, sosteniendo que tanto el capitalismo como el socialismo marxista podían ser trascendidos en una sociedad comunitaria.  Para llevarlo a cabo se pondría en marcha una "Revolución en Libertad".

Con la finalidad de dotar de mayor poder político y social a los sectores más postergados, los esfuerzos se centraron en los siguientes programas:

1.- El programa de promoción popular, destinado a desarrollar organizaciones a fin de que el conjunto de la población y no los tradicionales grupos de presión pudieran ejercer sus influencias en las políticas del Estado. Las organizaciones populares iban a desempeñar un rol relevante en el proceso de planificación económico-social, participando en el diseño y puesta en marcha del programa de desarrollo y estabilización, al que quedarían subordinadas las decisiones públicas.

2.- La Reforma agraria, cuyo objetivo principal era la expropiación del latifundio y la redistribución de la tierra. El fin del poder feudal de los hacendados permitiría la modernización de los procesos productivos consiguiendo elevar, ostensiblemente, la producción. Se  cumplía, paralelamente, con un deber de justicia hacia un campesinado por siempre excluido de los avances económicos, sociales y políticos del país. El derecho a la sindicalización campesina obedeció a los mismos propósitos.

El programa contempló además otras reformas y medidas no poco significativas. Entre estas destacó la Chilenización del cobre, que consistió en la creación de empresas mixtas en la gran minería, mediante la adquisición por parte del Estado de paquetes mayoritarios de acciones, que se encontraban en poder de dos grandes compañías norteamericanas. El objetivo fue aumentar ostensiblemente la producción, así como la cantidad de cobre refinado en Chile y mejorar la participación del Estado en los ingresos provenientes de la explotación minera, logrando un aporte efectivo de este sector al desarrollo del país.

Este conjunto de esfuerzos integrados en forma coherente al programa de gobierno permitirían obtener espectaculares resultados económicos: la tasa de crecimiento del producto (que entre los años 1950 y 1960 no había superado el 3,3% anual promedio, caracterizada además por una alta variabilidad), aumentaría a una tasa de 5% durante los primeros años y en los siguientes al 6% anual en forma sostenida. Se buscaba triplicar la tasa de crecimiento del ingreso per cápita alcanzada en los años previos a 196411. Se redistribuiría el ingreso personal y reduciría la tasa de inflación a cifras cercanas a cero en un plazo de 4 a 5 años.

Para elevar el crecimiento se planificó aumentar la eficiencia económica y el ahorro. Paralelamente, se debía mejorar el nivel de uso de los recursos productivos existentes, disminuyendo la capacidad instalada no utilizada y el desempleo de la fuerza laboral12. Para lograr un crecimiento sostenido del 6%, el ahorro debía aumentar desde el 12% hasta el 20% del PGB, se debían resolver los desequilibrios en balanza de pagos renegociando el servicio de la deuda externa, era necesario duplicar la producción de cobre y multiplicar por cuatro las exportaciones industriales, durante los seis años de gobierno.

La mayor utilización de la capacidad instalada y la reducción del desempleo se lograrían a través de una mayor inversión, a la que contribuiría significativamente el gobierno. También con mayores salarios reales y el establecimiento de controles de precios para los productos industriales, incentivando  su demanda.

En materia de redistribución del ingreso, se complementarían todos estos esfuerzos con un aumento de la inversión en educación y salud, se implementaría una política de remuneraciones tendiente a aumentar la participación de los asalariados en el ingreso nacional, se establecería un monto único para las asignaciones familiares y se reformaría el sistema tributario para tornarlo más progresivo. 

El programa de reducción de la inflación se consideró parte de la estrategia económica global, estimando metas para el alza de los precios de 25%, 15%, y 10% para los años 1965, 1966 y 1967, respectivamente, y valores cercanos a cero a partir de 1968. Para conseguir este objetivo, se programaron reajustes de remuneraciones iguales al 100% de la inflación anterior, buscando solo reponer la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, con excepción de los salarios agrícolas que debían crecer al doble que la tasa de aumento de los precios, para lograr equipararlos al de los trabajadores industriales. Se planificó que el factor capital solo se apropiara de una parte de los aumentos en productividad que se lograrían, para compatibilizar el mayor esfuerzo salarial con una reducción del ritmo de alza de los precios. Además, el aumento proyectado en productividad13, más la postergación del aumento de remuneraciones durante el período 60-6414 harían compatibles los citados reajustes con una disminución en la tasa de inflación. Se adecuaría el crecimiento del dinero a las metas programadas de estabilización. Se reduciría el déficit fiscal y se controlarían algunos precios. A través de un conjunto de medidas complementarias se lograría que estas medidas no dañaran la actividad económica y el empleo.

Debido a que la realización del programa de gobierno exigía elevar significativamente el gasto fiscal y al mismo tiempo reducir el déficit presupuestario, se requería aprobar una reforma tributaria que proveyera de cuantiosos recursos al erario nacional. Además, renegociar los pagos de la  deuda externa con vencimiento en los años 1965 y 1966.

LA CRISIS ECONÓMICA DE 1967

Los resultados económicos de la "Revolución en Libertad", fueron extremadamente auspiciosos durante los dos primeros años de gobierno. Particularmente en materia de crecimiento, pues los logros superaron con creces las cifras proyectadas. En 1965-1966 el crecimiento del producto alcanzó al 6,5% y 10,1%, respectivamente15, y el producto por habitante se incrementó a tasas de 3,8% y 7,5% durante los mismos años16.

El ambiente de entusiasmo produjo efectos embriagadores en una ciudadanía naciente, que no contaba con herramientas de análisis. Debido a que la tasa de crecimiento mejoraba velozmente, las altas expectativas sembradas durante la campaña presidencial continuaron aumentando y se fortalecieron las esperanzas de que en esa oportunidad los éxitos no solo se mantendrían, sino que mejorarían aún más en el futuro.

El programa de reducción de la inflación obtuvo también resultados muy positivos durante los dos primeros años, pues el alza de los precios se redujo desde 43,7% en 1964 hasta 28,6% en 1965 y a 19,9% en 1966. Aunque las metas proyectadas en el programa de gobierno no fueron cumplidas a cabalidad, se observó que el fenómeno inflacionario se reducía en forma ostensible y continua, generando confianza en las promesas del gobierno que aseguraban su erradicación definitiva.

Las tasas de desocupación alcanzaron a 5,42% en 1965 y 5,35% en 1966, muy bajas sin duda (aunque levemente superiores a las cifras de los años previos, cuya meta era disminuir).

Se produjeron notables aumentos en los salarios reales, de 13,9% y 10,8% en los años 1965 y 1966, respectivamente, lo que contrastó con el incremento real igual a cero en todo el período 1960-1964.

La inversión fiscal experimentó un gran salto en 1965, destacando el crecimiento en vivienda y educación. La producción manufacturera se elevó en casi un 20% en los dos primeros años de gobierno, las cuentas externas mejoraron significativamente y el ingreso se redistribuyó en favor de los asalariados.

Pasaron entonces inadvertidas las cifras que permitían proyectar con claridad que este conjunto de resultados eran insostenibles en el tiempo. Las medidas necesarias para solventar los citados éxitos se alejaron tempranamente de las metas proyectadas y se fueron distanciando en forma permanente.

El dinero creció a una tasa de 65% en 1965, constituyendo una de las mayores alzas registradas en la historia monetaria hasta entonces y el déficit fiscal no disminuyó, manteniéndose en niveles incompatibles con la reducción proyectada de inflación. En ese mismo año, la cantidad de viviendas construidas por el sector público excedió en 20% a lo planificado en el programa de gobierno. Las metas de aumentos salariales fueron continuamente sobrepasadas. Los reajustes de remuneraciones proyectados de 100% del alza de precios se convirtieron en el punto de partida de las negociaciones. Pese al fuerte incremento de las remuneraciones nominales y reales en los primeros años, la cantidad de huelgas aumentó significativamente17. Paralelamente, la reforma tributaria que logró aprobarse en el Congreso, solo proveyó mayores ingresos fiscales por un monto inferior a la mitad de lo que el gobierno había considerado, lo que limitó severamente el financiamiento del vasto programa de reformas.

Se sumaba además, contrario a lo planificado, que en el bienio 1965-1966 la tasa de inversión total como porcentaje del PGB había disminuido18, lo que no permitía sostener los niveles de  crecimiento económico necesarios para el logro de los objetivos del programa. En mucho menor medida estos reducidos niveles de inversión posibilitaban mantener el elevado ritmo de incremento de la actividad económica observado durante los exitosos dos primeros años de gobierno. Había fallado también el objetivo de aumentar el ahorro19.

A mediados de 1966, el fuerte incremento del gasto público y la escasez de recursos para financiarlo, obligaron al gobierno a reducir violentamente la inversión fiscal, particularmente en vivienda y obras públicas20. También se redujo radicalmente el crecimiento de la oferta de dinero21. El objetivo perseguido era evitar una nueva explosión inflacionaria.

Estas drásticas e inesperadas medidas provocaron consecuencias sumamente adversas sobre el nivel de la actividad económica. El  brusco freno al alto crecimiento  observado durante el primer bienio de gobierno se hizo notar en toda su intensidad durante el año 1967.

La tasa de crecimiento económico cayó desde 10,1% en 1966 a 1,2% en 1967, situación que fue considerada y percibida por la ciudadanía como una fuerte crisis. El  crecimiento económico prácticamente se estancó. El producto por habitante decreció en 1%, aumentó el desempleo y la inflación retomó su tendencia alcista22. Se debilitó el incremento de la producción industrial.

El shock en las expectativas de la población, debido a que ésta había fortalecido su confianza durante los dos primeros años de gobierno, resultó profundo, traumático, dando lugar a la expansión de una masiva y profunda  decepción.

Si las expectativas y la confianza jugaron a favor del logro de exitosos resultados no sustentados en bases sólidas durante los primeros años, a partir de 1967 el quiebre en estas expectativas y confianza jugó fuertemente en contra, impidiendo cualquier cosecha merecida y profundizando los resultados negativos.

1967 fue entonces el año del fin del éxito del gobierno democratacristiano, fracaso que irrumpió inesperadamente en la escena política y económica nacional, mientras las proyecciones evolucionaban explosivamente al alza. A partir de entonces, la tasa de crecimiento económico no superó los resultados de gobiernos anteriores, el desempleo aumentó y la tasa de inflación continuó su evolución alcista. Las presiones por mejoras salariales se intensificaron, generando situaciones cada vez más deficitarias en el sector fiscal. La inversión pública se estancó23 y el aumento del gasto fiscal se concentró en gasto corriente, intentando canalizar las masivas demandas de aumentos salariales. Se abandonaron los esfuerzos orientados al cumplimiento de numerosas metas establecidas en el programa. La mayoría de los planes relevantes se estancaron por falta de recursos y las autoridades se fueron resignando a administrar dignamente el fracaso.

Las presiones le fueron doblando la mano al gobierno. Las demandas sociales, se expresaron con una creciente intensidad, debido a la masificación de las organizaciones de campesinos, obreros y pobladores. La cantidad de huelgas se elevó en forma permanente24. Se produjeron movimientos en todos los sectores sociales, incluyendo las Fuerzas Armadas y el sector justicia. Al final del período, el gobierno había perdido en gran medida la conducción de la evolución económica.

LA POLARIZACIÓN DEL SISTEMA POLÍTICO

La crisis económica de 1967 provocó el fin de la confianza de la mayoría de los ciudadanos en el éxito de la "Revolución en Libertad" y de paso generó un fuerte impulso al proyecto revolucionario de la izquierda y al proyecto contra-revolucionario de la derecha.

Se inició la declinación del centro político, en un contexto en que la izquierda y la derecha ya habían iniciado un proceso de radicalización de sus propuestas. La monopolización del centro político por parte de la Democracia Cristiana había desincentivado las alternativas de competencia moderada desde ambos polos del sistema. En adelante, el ambiente revolucionario se expandiría velozmente contribuyendo a profundizar y masificar un conflicto político y social cuyas repercusiones para las elites políticas de entonces resultaron absolutamente insospechadas. La polarización del sistema político no se detuvo hasta el quiebre del sistema democrático.

Contribuyó significativamente a potenciar la agitación y el conflicto, el impulso a las principales reformas estructurales, postergadas hasta 1967 debido a la espera de su aprobación por parte del Congreso Nacional.

En 1967 se aprobó la ley de sindicalización campesina, provocando un significativo impacto en el mundo rural25.

En 1967 se aprobó también la nueva ley de Reforma agraria, que amplió considerablemente las facultades expropiatorias de los predios agrícolas. Este trascendental episodio resultó clave para entender el proceso de radicalización de una derecha que por siglos había basado su poder de dominación en la estructura social, económica y cultural de la hacienda, contribuyendo al fin de la derecha tradicional. Significaría también el fin del poderoso enclave feudal que había obstaculizado el advenimiento en plenitud de las fuerzas modernizadoras.

Se sumó además, la temible amenaza de desaparición del espectro electoral a la que se venía enfrentando esa antigua derecha, luego que en las elecciones parlamentarias de 1965 los tradicionales Partidos Conservador y Liberal obtuvieran en conjunto solo el 12,5% de los votos.  Completaba este escenario la probabilidad cada vez mayor de un gobierno de inspiración marxista. Fruto de la unión de estos dos viejos partidos políticos, surgió el Partido Nacional en 1966.

La derecha experimentó entonces profundas transformaciones, abandonando su antigua tradición de prácticas del juego democrático para sustituirla por otra de carácter cada vez más confrontacional, antidemocrática y militarista. Así terminó por desaparecer el último reducto del sistema político tradicional para dar paso en plenitud a la competencia revolucionaria que involucró desde entonces al conjunto de la sociedad.

La declinación electoral de la Democracia Cristiana y la radicalización del discurso revolucionario de la izquierda, fueron en directo beneficio de esta nueva derecha, permitiéndole trascender su antigua representación social y  abarcar además a amplios sectores de clase media, también atemorizados ante la posibilidad de un gobierno marxista. Unida con fuerza por su visceral posición "anticomunista", se potenció electoralmente hasta lograr con la candidatura de Jorge Alessandri en 1970, un 34,9% de los votos.

Cabe notar además, que en 1965 nació el Movimiento Gremialista en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Santiago, el que se logró ampliar a toda la universidad en el año 1967. Proclives a gobiernos autoritarios, debido a su negativa valoración del rol de los partidos políticos en los sistemas democráticos, un reducido núcleo de estudiantes, bajo el liderazgo de Jaime Guzmán Errázuriz26, fundó este movimiento dando origen a una nueva derecha. De fuerte carácter mesiánico, se transformarían en la principal fuente de sustento ideológico y político del futuro régimen militar. Desde la cuna del gremialismo nacería una poderosa cultura revolucionaria que se impondría sobre aquella de la antigua derecha tradicional. Caballo de Troya del capitalismo puro, lograrían imponer su proyecto radicalmente modernizador, contribuyendo de paso a sepultar definitivamente el predominio cultural agrario y feudal.

Hacia fines de la década de 1960, fueron emergiendo paralelamente, grupos de extrema derecha como es el Movimiento Nacionalista Patria y Libertad, dispuestos a llevar a cabo violentas acciones con el objetivo de impedir la llegada al poder de la coalición de partidos de izquierda liderados por Salvador Allende.

Por el lado de la izquierda, el entusiasmo por expandir en Latinoamérica la experiencia de la Revolución Cubana, simbolizado en los esfuerzos de la mítica figura del Che Guevara, se mantenía en alza. En noviembre de 1967 el Partido Socialista, en su Congreso de Chillán, se declaró marxista-leninista, considerando como "inevitable y legítimo" el uso de "la violencia revolucionaria", en su camino al socialismo.

La frustración de los sectores populares luego del fracaso de la "Revolución en Libertad", fue en gran medida canalizada por los partidos de esta izquierda que intensificó su oposición al gobierno de Frei Montalva.

Al mismo tiempo, fueron surgiendo organizaciones más extremas, entre las que destacó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), creado en 1965 en la Universidad de Concepción y que a partir de 1967 desplegó su estrategia de lucha a través de múltiples acciones de violencia: colocación de bombas y asaltos armados particularmente a bancos.

En ese contexto político, se produjo entonces un amplio desborde de las demandas sociales, que se manifestó en un vertiginoso crecimiento de presiones, tomas y huelgas ilegales.

La ola revolucionaria se expandió también a las universidades y a la Iglesia. En 1967 se inició la Reforma universitaria en las Universidades Católicas de Valparaíso y de Santiago, para extenderse posteriormente a los principales planteles del resto del país. En 1968 se produjo la toma de la Catedral de Santiago por un grupo de laicos y religiosos católicos que exigían un mayor compromiso de la Iglesia con la justicia social y una "lucha junto al pueblo".

A partir de 1967 la sociedad chilena desembocó en un proceso de creciente agitación, división y conflicto que la sobrepasó y que se fue tornando inmanejable. Se generó un clima creciente de ingobernabilidad y resultaron cada vez más limitados los mecanismos institucionales que posibilitaran caminos de salida dentro del marco del sistema democrático vigente. La violencia había hecho su aparición no solo en el lenguaje. Se incrementaron velozmente las acciones que rompían con el orden establecido, algunas de las cuales culminaron en significativos hechos de sangre27, dando origen a una situación de progresiva tensión.

Los resultados de la elección presidencial de 197028 reflejaron claramente el fortalecimiento electoral de las polarizadas fuerzas de izquierda y derecha, relegando a la Democracia Cristiana a un tercer lugar, con un porcentaje de votos significativamente inferior al obtenido en las elecciones presidenciales de 1964 y las parlamentarias de 196529.

Posteriormente, durante el Gobierno de la Unidad Popular, la Democracia Cristiana se alió con el Partido Nacional dando forma a la Confederación Democrática. Ejercieron en conjunto una tenaz oposición a una izquierda que no estuvo dispuesta a dar vuelta atrás en el avance de su revolución. La profundidad del conflicto político que partió en dos a la sociedad chilena superó todos los límites de lo predecible. Finalmente, el Golpe militar del 11 de septiembre de 1973 irrumpió desde las fuerzas de derecha, utilizando indiscriminada y masivamente la represión, la violencia y el terror para imponer un nuevo "orden social". Había triunfado la contra-revolución capitalista.

A pesar de todo, el resultado global del programa de gobierno de la Democracia Cristiana se tradujo en una tasa de crecimiento económico que superó ampliamente el promedio del período 1940-197030, mantuvo bajas tasas de desempleo31, altísimos niveles de incremento de los salarios reales32 y una tasa de inflación equivalente a la media observada entre los años 1940-197333. Sin embargo, el tipo de evolución de los resultados económicos: primero el éxito y luego el fracaso; el establecimiento de metas excesivamente ambiciosas en su programa y el torbellino de expectativas sembradas desde el propio gobierno, impidieron toda posibilidad de valoración de estos dignos resultados en aquellas difíciles circunstancias políticas y sociales.

La crisis de 1967, punto de inflexión en la función entusiasmo-decepción, expresión del fracaso del gobierno, generó consecuencias particularmente graves debido al contexto histórico en que ésta se produjo. La ansiedad incontenible de amplios sectores sociales por siempre postergados, las eternas frustraciones, las promesas incumplidas, el cansancio acumulado, en medio de una avalancha de sueños que irrumpieron para instalarse en lo profundo del ideario político nacional y mundial, cerraron las puertas a la racionalidad y con ello, la sociedad chilena aceleró su trance a la etapa quizá más dolorosa de su historia.


Artículo recibido el 20 del diciembre de 2004. Aceptado por el Comité Editorial el 30 de diciembre de 2004.

1 Entre 1940 y 1970, los sectores agropecuario y minero redujeron su participación en el PGB desde un 15% a un 8% y desde un 20% al 10%, respectivamente.

2 En las elecciones parlamentarias de 1949, participaron 18 partidos. Resultaron electos candidatos pertenecientes a 14 de ellos.

3 Fue respaldado por la Alianza Nacional del Pueblo ANAP, que estaba integrada por el Partido Agrario Laborista (PAL) creado en 1949 y otras agrupaciones escindidas de los partidos tradicionales.

4  Con excepción del Partido Comunista, que estaba excluido de participar en las elecciones debido a la ley de Defensa Permanente de la Democracia.

5 Candidato independiente respaldado por los partidos Conservador y Liberal. Resultó electo con el 31,2% de los votos,  seguido por Salvador Allende con el 28,6%.

6 Eduardo Frei Montalva, abanderado de la Democracia Cristiana llegó en tercer lugar con un sorprendente 20,5% de la votación, desplazando a Luis Bossay del Partido Radical a un cuarto lugar con el 15,2%.

7 En 1962 se aprobó la Ley de Reforma agraria que autorizó la expropiación de tierras sin explotar o mal trabajadas.

8 En marzo de 1964, se llevó a cabo una elección complementaria de Diputados en Curicó, resultando electo el candidato socialista, relegando a la alianza derecha-Partido Radical (Frente Democrático) a un segundo lugar. La Democracia Cristiana alcanzó una tercera posición.

9 Julio Durán, candidato del Frente Democrático renunció a su candidatura presidencial.

10 Entre 1958 y 1962 el electorado aumentó desde 1.156.576 a  2.915.114 personas.

11 El crecimiento anual promedio del Producto Geográfico por habitante fue de 0,25% entre los años 1953 y 1964.

12 La tasa de desempleo promedio durante los tres últimos años del gobierno de Alessandri fue de 5,18%.

13 "Mientras para toda América Latina el crecimiento de la productividad total durante 1950-1973 fue de 1%-1,5% al año, en Chile fue inferior a 1%". Meller, Patricio. Un siglo de economía política chilena (1890-1990). Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile, 1996. p.53.        [ Links ]

14 Los salarios reales no aumentaron durante los años 1960-1964.

15 Ver Ffrench-Davis, Ricardo. Política económica en Chile: 1952-1970, Ediciones Nueva Universidad, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile, Año 1973, p. 252.        [ Links ]

16 Ver Ffrench-Davis, Ricardo. Política económica en Chile: 1952-1970, Ediciones Nueva Universidad, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile, Año 1973, p. 254.        [ Links ]

17 Entre los años 1960-1964 se registraron un total de 98  huelgas en todo el período, en tanto que en 1965 se produjeron 146 huelgas, para elevarse a la cifra de 586 huelgas en 1966. Ver Meller, Patricio. Un siglo de economía política chilena (1890-1990). Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile, 1996,  p. 111.        [ Links ]

18 La Inversión geográfico bruta de capital  fijo como porcentaje del PGB se redujo desde un 15,5% en 1964 a 15,2% en 1965 y a 14,1% en 1966.

19 Disminuyó el ahorro de las empresas y aumentó el desahorro de las familias por deudas de consumo a plazo.

20 La inversión pública aumentó en 41% en 1965, en 18,8% en 1966 y se redujo en 11,1% en 1967.

21 El crecimiento de la oferta de dinero disminuyó desde un 65% en 1965 a 39% en 1966 y a 25% en 1967.

22 La tasa de inflación fue de 21,9% en 1967; 32,4% en 1968 y 36,5% en 1969. La tasa de desempleo alcanzó a 6,10% en 1967; 6,03% en 1968; 6,15% en 1969 y 5,87% en 1970.

23 En 1970 la inversión fiscal mantenía el mismo nivel absoluto de 1966.

24 En 1967 se registraron 693 huelgas, subiendo a 1127 en 1969 y a 1580 en 1970. Ver Meller, Patricio. Un siglo de economía política chilena (1890-1990). Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile, 1996,  p. 111.        [ Links ]

25 "De acuerdo a cifras entregadas  por Timothy Scully, los 20 sindicatos campesinos que en 1959 comprendían 1656 trabajadores, habían aumentado en 1965 a 33 sindicatos con 2126 miembros, cifras que al año siguiente se habían elevado a 201 sindicatos con 10.647 afiliados, y así sucesivamente, llegando en 1969 a 423 sindicatos con 104.666 campesinos". Correa, Sofía, Figueroa, Consuelo, Jocelyn-Holt, Alfredo, Rolle, Claudio, Vicuña, Manuel. Historia del siglo XX chileno. Editorial Sudamericana, Santiago, Chile, 2001, p. 249.        [ Links ]

26 Fue el principal asesor civil del régimen militar. Fundó el Partido Unión Demócrata Independiente (UDI) en 1983.

27 En marzo de 1969 nueve pobladores murieron al ser reprimida una toma de terrenos en Puerto Montt. El Director zonal de la CORA (Corporación para la Reforma Agraria) en Linares fue asesinado durante la expropiación de un predio, poco antes del fin del gobierno democratacristiano. Un grupo de extrema derecha secuestró y dio muerte al Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, en los días previos a la proclamación de Salvador Allende como Presidente electo por el Congreso Nacional.

28 Triunfó Salvador Allende (Unidad Popular) con un 36,3% de los votos contra un 34,9% de Jorge Alessandri (independiente respaldado por el Partido Nacional). Radomiro Tomic (Democracia Cristiana) llegó en tercer lugar con un 27,8% de los sufragios.

29 Gracias al apoyo incondicional de la derecha, Eduardo Frei Montalva había sido electo Presidente en 1964 con un 56% de los votos. En las elecciones parlamentarias de 1965 la Democracia Cristiana había obtenido el 42,3% de los votos y la mayoría de los escaños de la Cámara de Diputados.

30 La tasa de crecimiento promedio del PGB real durante los años 1965-1970 alcanzó al 5% anual. Entre los años 1940-1970 esta cifra correspondió al 4% anual.

31 La tasa de desempleo promedio durante el gobierno de Frei Montalva correspondió a 5,5%.

32 El alza promedio de los salarios reales del período alcanzó al 8% anual.

33 Entre 1940 y 1970, la tasa de inflación promedio anual alcanzó a 26,1%. Durante el gobierno democratacristiano, la tasa de inflación promedio anual correspondió a la cifra de 26,2%.

BIBLIOGRAFÍA

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