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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.38 n.3 Santiago jul. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272000000300005 

 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2000; 38: 167-186

Artículo Especial

La Psicopatología general de K. Jaspers en la actualidad: fenomenología, comprensión y los fundamentos del conocimiento psiquiátrico

K. Jaspers' "General Psychopathology" Today: Phenomenology, Understanding and the Foundations of Psychiatric Knowledge

Gustavo Figueroa

Departamento de Psiquiatría, Universidad de Valparaíso.


 

Background: The disciplines of psychiatry, medicine and philosophy are combined in Jaspers' "General Psychopathology", a book that deals with the crucial issue of the science of psychopathology with unparalleled seriousness, depth and sensitivity.

Objective: The purpose of this article is to review the development of concepts regarding present-day psychopathology. K. Jaspers' standard work can help to clarify the situation for further advances to be made in the field of psychopathology.

Method: This review covers a general movement of thought comprising various themes in the philosophy of the mind, cognitive science, phenomenology and hermeneutics. The science of psychopathology is the subject of a broad, comprehensive study by Jaspers.

Results: A new discipline (with ancient roots) is developing which, nevertheless, has its internal problems. Psychopathology is itself in a pluralistic phase, and we are seeing an unprecedented willingness among different schools of thought to work together in applying philosophy and neurosciences to the realm of psychopathology.

Conclusions: There is a recent movement toward a reassessment of the position of, and increased interest in, the German tradition. An entire tradition of psychiatric thought and research has been based on Jaspers' work. In his search for the foundations of psychopathology as a science, Jaspers himself went through several phases; in the final one, he turned to philosophy to study levels of structured meaning in psychopathology.

 

Antecedentes: La "Psicopatología general" de K. Jaspers combina las disciplinas de la medicina, psiquiatría y filosofía. Su libro aborda el núcleo de la ciencia de la psicopatología con seriedad, profundidad y sensibilidad sin paralelo.

Objetivo: El propósito de este artículo es analizar el desarrollo de los conceptos de la psicopatología actual. La obra cumbre de Jaspers puede ayudar a clarificar la situación de modo tal que se puedan efectuar avances en el campo de la psicopatología.

Método: Este artículo cubre un amplio movimiento de pensamiento que incluye temas de la filosofía de la mente, ciencia cognitiva, fenomenología y hermenéutica. La ciencia de la psicopatología está sometida a un estudio amplio y abarcativo por parte de Jaspers.

Resultados: Se está desarrollando una nueva disciplina (con raíces antiguas) que, sin embargo, tiene sus problemas internos. La psicopatología misma está en una fase pluralista y somos testigos de un deseo sin precedente por parte de diversas escuelas de trabajar juntas para aplicar la filosofía y las neurociencias al campo de la psicopatología.

Conclusiones: Recientemente ha habido una revalorización de la psicopatología alemana. Toda una tradición de pensamiento e investigación se ha basado en la obra de Jaspers. En la búsqueda de los fundamentos de la psicopatología como ciencia Jaspers recurrió a la filosofía para estudiar los niveles de sentido estructural en la psicopatología.

Key words: Jaspers, phenomenology, hermeneutics, foundations, neurosciences, understanding


 

Insuficiencia de los fundamentos

C on el cambio de siglo la Psicopatología General de K. Jaspers se acerca a celebrar los 100 años. Libro de ocasión escrito en 1913 a petición de su colega K. Wilmanns y del editor J. Springer, representó el audaz intento de entregar "una visión de conjunto de la totalidad del campo de la psicopatología general, los hechos, los puntos de vista de esta ciencia y un acceso a la literatura especializada" (1). Con apenas cuatro años de profesión y seis decisivos artículos (2-7), Jaspers encabeza el escrito con una declaración de principio que encarnará un cambio de paradigma. El modelo propuesto será determinante para el futuro de la psicopatología: "en lugar de presentar dogmáticamente los resultados alcanzados, prefiere introducir en los problemas, perspectivas y métodos; en vez de un sistema basado en la teoría, le gustaría alcanzar un orden basado en una reflexión metodológica". La meditación sobre los fundamentos metodológicos constituye un salto cualitativo por encima de la psiquiatría francesa clásica (8, 9), así como alemana (10, 11); tener conciencia plena de sí misma, de su propio origen introdujo por vez primera un modo de pensar metódico sobre aquello desde lo cual obtiene sentido la propia ciencia psicopatológica. A partir de la cuarta edición y definitiva de 1946 ­con ayuda de Kurt Schneider en la bibliografía especializada­ se subraya el carácter dependiente del conocimiento psicopatológico empírico; es decir, la filosofía es la llamada a iluminar los supuestos implícitos que impulsan el saber dirigido a objetos especiales con métodos especiales (12). El motivo está en que entre la primera y cuarta ediciones Jaspers elaboró las herramientas intelectuales para fundar la psicopatología en su Filosofía de 1932 (13). Toda ciencia, y por tanto la psicopatología, escribe al comienzo del libro, posee un conocimiento impositivo, además de convincente, de validez general; pero al precio de que como ciencia nunca es más que particular, puesto que no aprehende la totalidad del ser y que si quiere evitar el riesgo de convertirse en un pseudo-saber ­en una ciencia que se entrega a la superstición de poseer un carácter absoluto­ requiere ineludiblemente la aclaración por la filosofía de sus principios sobreentendidos. Jaspers denunció dos corrientes psicopatológicas que tenían pretensiones de transformarse en un conocimiento total del hombre siguiendo el espíritu de la ciencia moderna: el psicoanálisis de Freud y la "mitología cerebral" de Wernicke; con ello se envuelve con un ropaje científico explicativo lo que no es sino un pseudoconocimiento absolutizado y vacío. Con mirada retrospectiva sagaz Jaspers resume que su Psicopatología general estaba animada por un impulso hacia las cuestiones fundamentales (14).

La ruptura epistemológica de Jaspers fue recibida por psiquiatras y psicólogos de un modo ambivalente, aunque igualmente apasionado. Por una parte, se desarrolló una fecundísima "Escuela de Heidelberg" (H. Gruhle, W. Mayer-Gross, A. Homburger, K. Beringer, G. Steiner) que influyó duraderamente en Alemania y, en general, Europa (JJ. López-Ibor, L. Martín Santos) (15, 16, 17); la psicopatología alemana dominó sin contrapeso durante toda la primera mitad del siglo XX ramificándose sucesivamente en la fenomenología, psicopatología comprensiva, análisis existencial, psicología genético-comprensiva, olvidando, quizás excesivamente, los aportes de la psiquiatría francesa (18, 19, 20). Por otro lado, la repulsa provino de clínicos comprometidos con el tratamiento de pacientes hospitalizados cuyos conocimientos psicopatológicos ­según se le reprochó a Jaspers­ no nacieron de disquisiciones producto de experiencia clínica prestada u ortopedias filosóficas (21, 22). Posteriormente se sumaron las voces detractoras de los investigadores atraídos por la validez y confiabilidad de los hallazgos psicopatológicos, que atacaron implacablemente todo estudio que no estuviera reducido a lo objetivamente observable, siguiendo el positivismo experimental de E. Mach y el positivismo operacionalista del Círculo de Viena y que culminó en las críticas acerbas de Hempel (23, 24, 25); este grupo surgió con fuerza en los Estados Unidos, mostrando un desconocimiento casi irreverente de las raíces jaspersianas: reconocieron las investigaciones de Kurt Schneider sin saber que estaban basadas en la más pura ortodoxia de la Psicopatología general (26, 27, 28).

Entre 1955 y 1970 la psicopatología se sumió en una profunda crisis de principios. A pesar de ciertos esfuerzos aislados por elaborar nuevas bases ­como Minkowski desde la perspectiva bergsoniana del impulso vital apoyado en la antropología de Max Scheler (29), o Bash a partir de la psicología de la Gestalt junto a las intuiciones de CG. Jung (30)­, la dicotomía establecida por Jaspers entre comprensión/explicación ejerció un rol inhibitorio sostenido en la investigación. Además no se apreció el lado positivo de un método reglado que ordena y jerarquiza el conocimiento; sólo se destacó el papel esterilizador, al acusarlo de implantar una suerte de camisa de fuerza artificial a la realidad, que siempre es fluida y con transiciones; en otras palabras, se repudió la noción de "fenomenológicamente último" ­el ideal de encontrar cualidades psíquicas que son irreductibles o no derivables.

La crisis de fundamentos ha terminado o, al menos, parece haber amainado en sus cuestionamientos gracias a la irrupción de una nueva mentalidad de fin de siglo. Se han esbozado varios modelos que ensayan reformular la psicopatología atacando el proyecto desde sus bases; pero los nuevos cimientos no conquistan el rango de paradigma innovador que caracterizó al de Jaspers. Boss se apoya en la filosofía del último Heidegger (34), Glatzel propone un enfoque interaccional (35), Marchais procura una sinopsis coherente de las diferentes vías metódicas con vistas a una unidad del objeto (36), Lanteri-Laura proyecta una visión de conjunto guiado por la epistemología (37), en fin, en América, Cutting entrega una interesante perspectiva a partir de Kant y Bergson (38), reflejo de un deseo profundo de unir el viejo y el nuevo continente (39, 40).

Empero, lo decisivo proviene de otro lado. Desde 1975 hasta ahora la psiquiatría ha transferido su centro de poder desde Europa a Estados Unidos. Las consecuencias son variadas y complejas, pero sólo nos interesa un cambio de énfasis: la psiquiatría pasó de ser primordialmente un arte práctico (clínico) a ser una disciplina preponderantemente científica sustentada en la neurobiología (41). Pero la ciencia, como dice Zubiri, no busca penetrar en las cosas para conocerlas mejor, sino sustituirlas por otras más precisas ­la precisión objetiva (42). Y desde luego, manejarlas mejor. Esto incumbe a la Psicopatología general de manera directa porque su intención manifiesta es ser ciencia rigurosa. A partir de este proyecto americano se pueden entender los severos reproches dirigidos contra Jaspers. La psicopatología, asevera Walker (43), debe divorciarse finalmente de toda la influencia de Jaspers ­si es que alguna vez tuvo éste un papel en la investigación empírica: él se contentó con ejemplos triviales y anécdotas de acontecimientos subjetivos sin ningún valor contrastable con datos objetivos. El nuevo paradigma de la ciencia cognitiva, recalca por otra parte Bolton (44), marca el colapso definitivo de la distinción que funda todo el edificio de la psicopatología de Jaspers, la distinción entre relaciones de sentido y causal. En otros términos, un reduccionismo. El reduccionismo que cuestiona a Jaspers queda resumido en la sentencia que conmina a "la psicopatología a cumplir con su principal objetivo, esto es, la captura de información sobre la neurobiología de los síntomas mentales" (22): una especie de apéndice de las ciencias duras del cerebro.

Frente a este reduccionismo se alza hoy día la concepción de la Psicopatología general de Jaspers con inesperada juventud y lozanía. Más allá de sus insuficiencias ­que ciertamente las tiene, especialmente por la unilateralidad e inflexibilidad de sus teorías (45, 46); más allá del empleo abusivo de sus concepciones por parte de sus seguidores y discípulos, como la rigidez en el uso de las nociones de proceso, desarrollo, lo fenomenológicamente incomprensible, por nombrar algunas (47, 48, 49); más allá, en fin, de su ataque desmesurado a sus oponentes, especialmente Freud (50) y Heidegger (51, 52), Jaspers elaboró una visión de la criatura mentalmente enferma apropiada a nuestra condición humana (53); o sea, toma en consideración la totalidad de planos ­no solamente la objetividad­ de la realidad del hombre. Ésta se ha perdido en la psiquiatría científica del nuevo siglo, o está en peligro de perderse (54, 55, 56).

He aquí la meta del presente trabajo: rescatar las potencialidades aún no explotadas de la "Psicopatología general" que ayuden a iluminar más profundamente la psicopatología actual, aquejada de una severa parcialidad. Es decir, transportar a Jaspers hasta el presente con la misión de inyectar originalidad y calado a la reflexión sobre la existencia enferma. Para ello, primero se llevará a cabo una somera caracterización de la psicopatología vigente, acentuando su monismo materialista limitado a lo fenoménicamente observable; a ella se le opondrán algunas objeciones a partir de Jaspers. En segundo lugar, se retomará la controvertida fenomenología de Jaspers dándole un sentido diferente, más de acuerdo a la intención de la psicología descriptiva y desmembradora de Dilthey que a la psicología fenomenológica de Husserl. Por último, se enfocará el binomio comprender/explicar desde el círculo hermenéutico insoslayable a toda interpretación psicopatológica.

Situación de la psicopatología vigente

Con la irrupción y predominio de la psiquiatría americana se priorizan dos rasgos propios de la ciencia contemporánea: el giro pragmático y el proceder de acuerdo a modelos. Ambos atributos representan soluciones exactas (richtig) frente a los hechos psicopatológicos porque los analiza como objetos del conocimiento ­los coloca delante del investigador; cabe preguntarse con Jaspers si además son verdaderos (wahr) (14).

Comencemos con el primero (pragmatic turn) y pongamos como ejemplo, para visualizar mejor el asunto, el indicar un psicofármaco a un paciente. Toda la larga tradición médica desde su nacimiento en Grecia había consistido en prescribir un fármaco según lo recomendara la experiencia clínica y el juicio personal. Hacia 1908 surge una primera admonición de la naciente FDA (Food and Drug Administration) que será el eslabón inicial en un cambio de esencia: se debe garantizar la pureza química del compuesto con pruebas de laboratorio. En 1938 se agrega que el medicamento ha de ser seguro, es decir, necesita haber sido probado en animales que no es dañino para el sujeto humano. En 1968 el salto se transforma en cualitativo al aprobarse por el Senado la enmienda legal Kefauver-Harris; dos ensayos clínicos controlados han de garantizar objetivamente no sólo la inocuidad, sino también la eficacia de cualquier compuesto utilizado. La propuesta de 1971 del NIMH (National Institute of Mental Health) no hace sino profundizar la conversión propugnada: deben ser ensayos controlados randomizados doble ciego (57). En otras palabras, esta ordenanza trastoca la concepción consagrada de la medicina y con ello de la psicopatología. Sobre todo, del ser de la existencia y del encuentro interhumano. La medicina como saber aplicado producto de la experiencia ­como observación de la realidad misma, del individuo único e intransferible aquejado de un malestar­ se reforma y ahora es primariamente un conocimiento objetivo y calculador. Y el psiquiatra se transfigura de persona ­individuo que ordena su accionar en conformidad a su saber empírico adquirido en su vida profesional­ en técnico: procede según leyes impersonales que calculan a priori el curso de los fenómenos. Dicho de manera escueta: las razones y decisiones prácticas y clínicas ­el arte de curar (Pflegekunst) (12)­ convertidas en una racionalidad técnico-instrumental. Esta nueva visión permite entender el motivo esgrimido por parte de los tribunales americanos contra los psiquiatras que se les imputa haber actuado negligentemente. El argumento es que debieron ceñirse a normas estandarizadas producto del consenso científico (58, 59); por tanto, no constituye un descargo el haberse guiado por su pericia y experiencia propia (60, 61). Aún hay más. El posible descuido no sólo es penado por la ley, sino es éticamente ­humanamente­ punible: paradojalmente, mientras más personal, más contrario a la virtud. Tiene razón MacIntyre cuando asevera que se vive after virtue, "después" de la virtud, razón por la cual es necesario preguntarse si no hay que ir after virtue, "tras" ella (62).

En segundo término, la psicopatología ha aceptado que no basta definirse como un procedimiento regular, explícito y repetible que da cuenta de la experiencia. Ahora la ciencia no es ingenua y no toma todos los datos por buenos: se corrige la experiencia, se adoptan promedios o medianas y se eliminan los hechos que parecen irrazonables a un modelo que se ha esbozado previamente. Sucede lo inverso del sentido común: lo que está en primer lugar es la elaboración de modelos que sean objetivables y que, en un segundo momento, se los contraste con los datos concretos (63); la realidad vale poco e importa sólo en la medida que se adapta a los proyectos del investigador. Durante los últimos años la psicopatología ha pasado de un vago modelo psicobiológico o biomédico (64) a un monismo materialista que intenta superar el tradicional escollo de todo el pensamiento médico: el dualismo cartesiano (65). Este materialismo antropológico puede conformarse de diversas maneras:

1. Lo mental y lo físico no son sino aspectos distintos de una sola entidad: James, Russell, Carnap; 2. Lo mental no existe, materialismo eliminativo y conductismo: Watson, Skinner, Quine, Rorty; 3. Lo mental es físico, materialismo reductivo o fisicalista: Feyerabend, Lashley; y 4. Lo mental es un conjunto de funciones y actividades cerebrales emergentes, materialismo emergente (66). Esta última concepción parece haber alcanzado la supremacía por su notable poder heurístico. Califica las propiedades de los sistemas como emergentes y, por ello, enraizados en las propiedades de sus componentes, pero que no se pueden predecir o deducir de la de los elementos que los integran (67, 68). Esta postura es la culminación de toda una antigua vertiente de la metafísica occidental que enseña sus primeros vestigios en la sentencia del viejo Demócrito: "no conocemos en realidad nada real, sino solamente lo que cambia según la disposición de nuestro cuerpo y según lo que penetre en él o se le resista". El mismo Descartes lo había anunciado en la última frase de "L'homme", en la que precisa "que no hay que concebir en esta máquina [el hombre] ningún otro principio de movimiento y de vida más que su sangre y sus espíritus agitados por el calor del fuego que arde continuamente en su corazón, y que no es de naturaleza distinta a la de los fuegos que están en los cuerpos inanimados" (69).

Esta tradición materialista es sólida, compleja, ubicua y, con todo, evasiva. Metafísicamente las preguntas son muchas y los problemas son intrincados, necesitados de distingos y precisiones sutiles, especialmente cuando se refieren al ser humano (70, 71). La psicopatología americana se ha apoyado de preferencia en la filosofía de la mente (mind) de corte materialista emergente. De esta manera ha creído sortear, si no la totalidad, al menos la mayoría de las incógnitas y ha enfatizado con especial vigor su premisa metodológica: limitarse a los fenómenos objetivamente observables. Las principales características son:

1. "Naturalización" de la intencionalidad de la conciencia y de la conciencia misma; para no verse comprometido con ninguna forma o parentesco con el cartesianismo, reducir los fenómenos mentales a fenómenos físicos.

2. Evitación metódica del introspeccionismo o de "datos provenientes de la primera persona" a favor de los "datos de tercera persona" (72) ­del punto de vista objetivo de un sujeto imparcial.

3. Conexión esencial entre mente y cuerpo, de relaciones causales entre ambas, sean externas o internas; la problemática afirmación de Wittgenstein sirve de fundamento: "un proceso interno necesita de criterios externos" (73).

4. No hay nada que sea específicamente mental en los llamados estados mentales; estos últimos consisten enteramente en sus relaciones entre sí y con los inputs y los outputs del sistema del que son parte.

5. Un ordenador ­o un aparato complejo similar­ podría tener pensamientos, sentimientos y comprensión en virtud solamente de la implementación de un programa apropiado con los inputs y outputs apropiados.

6. En vez de concebir el funcionamiento de la mente según este esquema "entrada/salida", se puede considerar alternativamente al cerebro como un sistema proyectivo, que proyecta continuamente sus hipótesis internas sobre el mundo exterior.

Aún detractores parciales de esta doctrina, como es el caso de Searle, siguen afirmando la existencia real de "la mente", como si ésta fuera ontológicamente un ente ante-los-ojos (igual que toda la filosofía moderna); él impugna sólo el dualismo encubierto del materialismo emergentista que se expresa como "dualismo de substancias" o "dualismo de propiedades". Por eso, continúa Searle, "prefiero hablar de dualismo conceptual": "tomar muy en serio los conceptos dualistas", "cada cosa es lo que es y no otra cosa" (74). Esto quiere decir que él capta los estados mentales genuinos de la conciencia y que éstos no son eliminables a favor de algo distinto, poseen rasgos propios irreductibles; Dennet se inclina por la expresión "postura intencional" (stance) (75). Pero con arrogancia e ingenuo simplismo Searle resume su pensamiento: "el famoso problema mente-cuerpo, la fuente de tantas controversias durante los dos últimos milenios, tiene una solución muy simple..: los fenómenos mentales están causados por procesos neuropsicológicos del cerebro y son a su vez rasgos del cerebro" (76).

Jaspers no puede admitir muchos de los enfoques y aseveraciones de la psicopatología contemporánea; al menos, ni con el alcance con que son enunciados y no sin antes tomar importantes precauciones. Jaspers no tiene sus raíces en pensadores modernos que dieron origen a la filosofía de la mente: la filosofía inglesa de Locke y Hume, el pragmatismo y la filosofía analítica americana. Sus fuentes principales son cuatro, además de su maestro Max Weber: Kant, quien le proporcionó su conciencia crítica; Kierkegaard y Nietzsche le dieron un alcance existencial o de "la excepción" y un modo de pensar metódico y consciente de sí; y Dilthey, por último, lo impulsó a desarrollar una filosofía de la vida y a emplear un método hermenéutico sistemático. En el fondo, él es heredero de toda la metafísica occidental desde Platón mismo (77). Pero "lo que se ve en los laboratorios y los hospitales era entonces para mí también la realidad. Yo deseaba, en contacto cercano con las cosas, convencerme por mí mismo, y no sólo conocer lo que dicen los libros" (14). Filosofía y ciencia en pie de igualdad. Mas, hay una diferencia fundamental con la filosofía de la mente y las ciencias neurobiológicas: las separa absolutamente. No hay sumisión de la filosofía a la ciencia (aquélla no es la ciencia rigurosa o la forma de todo pensamiento valedero en general) ni tampoco la ciencia es un saber total (no es un sistema poseedor de una certidumbre absoluta, ahora o en el futuro). Como ciencia, la psicopatología es un conocimiento necesario, metódico y válido: un saber cómo, por qué razones, en qué límites y en qué sentido ­lo exacto (richtig). Sólo la filosofía empero posee la verdad (Wahrheit): aclara los fundamentos y tiende a la unidad total. O sea, lo válido e impositivo frente a lo absoluto e integral.

El fundamento último de la filosofía de la mente ­la materia física (66)­ le parece a Jaspers una afirmación no suficientemente radical; es decir, no se apoya en un principio indubitable sino en parte de presupuestos metafísicos no clarificados con rigor. Su intuición básica es absolutamente diversa: el ser o la realidad primordial es lo abarcante (das Umgreifende). Pero éste aparece escindido en multiplicidad de formas que no envuelven la totalidad del ser, es el desgarramiento (Zerrissenheit) originario del ser. De esta manera busca Jaspers superar la ingenuidad positivista (¿o quizás idealista?) del concepto de mente (mind) ­ontológicamente una noción ambigua­, pues lo abarcante comprende toda realidad en la originalidad de su aparecer: "es o el ser en sí por el que estamos rodeados o el ser que nosotros somos" (13). Esta unidad de lo que se muestra no implica, por principio, una unidad metafísica, un monismo. La hendidura del ser no supone a éste como ser aislado, sino como "el todo", "lo original" y "lo uno". El todo de lo que existe es el mundo; la originalidad es nuestra existencia; lo uno, la trascendencia. Así, pues, la búsqueda del ser tiene tres objetos que surgen uno del otro: se dirige al "mundo" para orientarse a él, impulsa más allá del mundo al apelar a la mismidad como "existencia" posible y se abre por fin a la "trascendencia". Se corresponde a las tres maneras primigenias en que se da el ser: como ser-objeto, como ser-yo-mismo y como ser-en-sí. De ahí los tres tipos de saberes: la "orientación hacia el mundo", la "aclaración de la existencia" y la "metafísica" (13). Son modos de saber irreductibles entre sí porque cada uno expresa la realidad última y, por tanto, posee categorías propias ­en el sentido kantiano.

Aquí se alza otra diferencia sutil con el emergentismo biologicista y monista. Para Jaspers no hay síntesis posible entre los conocimientos referidos a estos distintos tipos de ser. Lo novedoso está en que se toma este fracaso ­la irreductibilidad­ como suelo para dar un salto irracional (como lo exigía Kierkegaard) para tratar de llegar al límite de la explicación exhaustiva del método de conocimiento apropiado a cada uno de ellos. La hostilidad de las neurociencias para coger a cada ámbito según su esencia peculiar, el intento de degradar los fenómenos de su pureza única e inalienable y reducirlos a algo desigual y supuestamente más básico ­su naturalización­ es irreconciliable con la postura de Jaspers: "ninguno es el ser en absoluto y ninguno es sin el otro; cada uno de ellos es el ser en el ser. Pero la totalidad del ser no la encontramos", sólo cabe el incesante trascender, el girar alrededor de planos que nunca cogen la realidad. Al final, el misterio, lo indeterminado, que sólo puede apelar a una experiencia en la cual de algún modo se lo presienta a través de cifras (Chiffre) indirectas y casi inasibles: "si el ser de la trascendencia se hace presente a la existencia, no es como él mismo ... sino como cifra, y aun así no como objeto, sino superando toda objetividad" (78).

Pero volvamos a la realidad psicológica del ser humano. Aquí los múltiples planos del ser se expresan en tres tipos fundamentales de conocimiento ­y sus correspondientes categorías. Jaspers se sirve de los términos alemanes Dasein y Existenz para exponer mejor la consistencia psíquica del hombre. Dasein equivale a "vida empírica", la vida del individuo en cuanto ser físico, biológico, psicológico sometido a la categoría de la causalidad; de un modo necesario, surge así la psicología explicativa. Por el contrario, Existenz es manifestación de la libertad y se traduce como "existencia" propiamente tal. Mientras siempre somos "vida empírica", únicamente somos "existencia" posible y así nos proyectamos como seres en presencia de nuestras posibilidades, propias o impropias. Lo psíquico en cuanto "existencia" permite el conocimiento únicamente en la comunicación (Konmunikation), dando origen al "comprender existencial". Entre ambos extremos ­la necesidad y la pura libertad­ resta un territorio intermedio que es la estrecha zona del sentido; sobre la conexión de sentido se edifica la psicología comprensiva.

La aplicación consecuente de este modo de experimentar la realidad del ser humano conduce al psicopatólogo necesariamente a toparse con barreras infranqueables que pueden frenar lo fructífero del pensamiento de Jaspers. La psicopatología es una ciencia que, como tal, posee una multiplicidad de diferentes direcciones, "una serie de vías paralelas que tienen su propio valor y que se complementan entre sí sin perjudicarse" (12). Como conocimiento objetivo, la psicopatología se circunscribe a lo que se enfrenta a la conciencia por medio de conceptos fácticos: nuestra "vida empírica", o nosotros como conciencia-en-general y como espíritu. Pero no puede aprehendernos como "existencia" posible. "La existencia, acota Jaspers, es lo que nunca llega a ser objeto, el origen a partir del cual pienso y actúo, aquello que no puedo más que ser, pero no ver y saber" (13). Las categorías propias de la existencia no son objeto de conocimiento por parte de la ciencia ­por la psicopatología­, sino sólo se las puede "aclarar": es la aclaración o iluminación de la existencia (Existenzerhellung) y ésta se alcanza exclusivamente por la filosofía y nos apela en la comunicación. La existencia se desvela como estar-en-una-situación, vivir situaciones-límite, como muerte, sufrimiento; significa sobre todo libertad y comunicación (79). Al excluir rotundamente a la "existencia" del conocimiento científico ­"un misterio fundamental para este método"­ y restringirlo al filosófico, Jaspers empobrece la psicopatología, impidiéndole elaborar una comunicación existencial entre terapeuta-paciente que vaya más allá de la tecnificación específica de la psicoterapia manualizada y reglada; se somete a lo técnico y rehuye lo interhumano. Sin embargo, él insinúa algunas vías que se pueden transitar con provecho. "El pensar que ilumina la existencia, dice en la parte final dedicada a la esencia del hombre, depende de la psicología comprensiva y es en sí mismo un estímulo para tal psicología comprensiva" (12). No puede convertirse en una hipótesis verificable empíricamente de la estructura psíquica de la criatura humana ­una objetivación y teorización­, pero sí puede lanzar una nueva luz y orden sobre su modo de ser. Con Kunz, está de acuerdo en que puede favorecer "una investigación científica de la naturaleza del hombre que esté existencialmente enraizada" (80), aunque rechaza de plano el análisis existencial psiquiátrico que está sustentado en la analítica del Dasein de Heidegger (51).

Ahora queda claro que la diferencia principal entre Jaspers y la filosofía de la mente que está a la base de las neurociencias no se ubica sólo en su intuición originaria de la realidad ­el ser de lo abarcante y el monismo materialista, respectivamente­, sino sobre todo surge en la imagen del ser del hombre. Heidegger ha señalado la insuficiencia radical de todas las doctrinas ontológicas que piensan al hombre desde la animalidad u homo animalis, aun cuando se entienda el anima como animus sive mens, y después como sujeto, persona, mente. Con ello, continúa Heidegger, se obtiene aclarar aspectos importantes de nuestra condición, pero no se consigue un conocimiento adecuado a la esencia del hombre, a su naturaleza última; en el fondo, "la" mente es un ob-jeto, un ente quizás más sutil, pero igual un ente ante-los-ojos de la misma consistencia metafísica que los demás, no lo propio (eigen) de lo humano (81). Algo así suscribiría Jaspers al calificarlos como medios de "encubrimiento antes que de iluminación" y a pesar de su alejamiento progresivo del pensamiento de Heidegger.

Acentuemos exclusivamente dos aspectos relevantes para la psicopatología que iluminan el modo de ser originario de la criatura humana:

1. La multiplanidad: lo abarcante que somos se explaya en diferentes planos fenomenológicamente inconmensurables (existencia empírica, conciencia-en-general, espíritu, existencia), donde "cada una de estas realidades tiene la anterior como condición y supuesto de su existencia", pero donde no hay transición entre ellas, sino un salto absoluto entre dichos grados de realidad (13). Jaspers está de acuerdo con el repudio de Husserl a todo naturalismo: "lo que caracteriza a todas las formas del naturalismo extremo y consecuente... es, por un lado, la naturalización de la conciencia...; por el otro, la naturalización de las ideas y, por consiguiente, de todo ideal y de toda norma absoluta".

2. La incompletud: impulso hacia la unidad acompañado siempre del fracaso y misterio: posibilidad abierta, conflicto consigo, finitud insoslayable. Está aún por elaborarse una antropología psiquiátrica que tome en consideración los trascendentales aportes de Jaspers y sirva para dar un nuevo fundamento a la psicopatología clínica (82); su principal dificultad se sitúa, quizá, al igual que en el caso de Heidegger, en la tajante oposición entre lo óntico y lo ontológico, en la imposibilidad de configurar una tercera zona que, sin ser metafísica, sea condición de posibilidad de lo humano psicológicamente enfermo (Jaspers evita comprometerse sistemáticamente con el idealismo trascendental de Kant).

La fenomenología

Desde su introducción en 1912 por Jaspers en la psicopatología como "corriente de investigación", ha sido objeto de malos entendidos y controversias (7). El mismo Jaspers fue responsable en parte por el desarrollo interno de su propio pensamiento psicopatológico y sobre todo su ambigua relación con Husserl (83). Hacia 1909 leyó las Investigaciones lógicas que lo inspiraron: ... "podía aplicarla para describir las vivencias de los enfermos mentales. Pero aún más esencial fue para mí la insólita disciplina de su pensamiento ... y el impulso hacia las cosas mismas. Esto, en un mundo lleno de prejuicios, esquematismos, convenciones, era como una liberación" (14). Su superación del psicologismo le parece iluminadora, pero el artículo de 1911 "La filosofía como ciencia estricta" (84) le repugna (Widerwille) por "la tergiversación de la filosofía en ciencia". Se conocen personalmente en 1913 en la casa de Göttingen del maestro; éste lo recibe amablemente, pero Jaspers lo enjuicia severamente: "el hombre maravilloso sabe tan poco lo que es la filosofía" que ni siquiera puede dar cuenta con claridad en qué consiste la fenomenología. Su rechazo va a acentuarse con los años. Ya viejo, en una entrevista de abril de 1962, expresó su deseo de diferenciarse completamente no sólo de la fenomenología como filosofía sino de la nueva psicopatología fenomenológica (85). En la última edición de su libro había protestado enérgicamente contra la mala interpretación de éste como "la obra mayor de la corriente fenomenológica" (12). La recepción de la fenomenología de Jaspers por parte de seguidores e impugnadores ha sido asimismo equívoca. Mientras los primeros buscan desarrollarla sin preguntarse con rigor suficiente por las bases que la sustentan, los segundos arrasan con todo el método para sustituirlo por un objetivismo científico reductivista, o, en el mejor de los casos, acudir a una cuestionable fenomenología de la tercera persona (72, 86, 87, 88).

Conviene comenzar aclarando lo que no es. Un examen meticuloso de todos sus escritos psicopatológicos, aun los tardíos (12, 79, 89), revela que Jaspers no hizo uso de ningún concepto de Husserl a partir de La filosofía como ciencia estricta (1911) (84). Pero hay más. Ya en la primera edición de 1913 agrega como nota a pie de página: "Inicialmente Husserl usa el término "psicología descriptiva" de los fenómenos de la conciencia, en cuyo sentido lo aplicamos a nuestras investigaciones; pero con posterioridad lo usa para la intuición de esencias (Wesensschau), en lo que no lo seguimos. La fenomenología es para nosotros un procedimiento empírico" (1). Es decir, aun en este estadio precoz de su reflexión Jaspers se distancia de Husserl adoptando tan sólo una parte ­y quizás menor como se verá­ de su fenomenología. El distanciamiento se hace patente cuando se recuerda que Husserl mismo en 1903 ya había abandonado el rótulo de "psicología descriptiva" por engañoso al haber él superado esa etapa de su fenomenología. "Yo mismo, dice en el prólogo a la segunda edición de las Investigaciones lógicas, sentí su deficiencia inmediatamente después de su aparición [1900-01] y pronto encontré la ocasión (1903) de rectificar el nombre que entonces daba a la fenomenología [psicología descriptiva], designación harto favorable al error .... Las descripciones de la fenomenología ... no se refieren a las vivencias o a las clases de vivencias de personas empíricas; pues la fenomenología no sabe nada ni sospecha nada de las personas, de las vivencias mías y ajenas ..." (90). Como se puede colegir, un malentendido de ambas partes que sólo Jaspers reconoció de manera parcial.

Las consecuencias de este alejamiento prematuro de la fenomenología que Husserl recién estaba madurando son con seguridad desafortunadas. Jaspers no hizo uso no sólo de la intuición de esencias, sino tampoco de "la reducción fenomenológica", de la variación imaginaria o eidética, de su fenomenología constitutiva (91, 92). Para la psicopatología interesa especialmente el no haber considerado las lecciones de Psicología fenomenológica de 1925 (93) y el importante concepto de mundo-de-la-vida (94). No hay que olvidar que Husserl estaba empeñado nada menos que en "una nueva fundamentación más radical de todas las ciencias" y en especial de la psicología (93).

La psicología fenomenológica de Husserl distingue etapas o progresivas purificaciones al interior de la psicología que permiten recorrer paso a paso desde lo empírico a lo esencial, aunque siempre manteniéndose dentro de la actitud natural (natürliche Einstellung) (93). Primero, "la psicología concreta" considera las experiencias reales con todos sus ingredientes empíricos, físicos, biológicos, sociales, personales. Luego, "la psicología pura" pone entre paréntesis (epoché) la totalidad de estos fenómenos reales para descubrir las vivencias y los tipos de vivencias en su esencia. Por último, "la psicología fenomenológica" propiamente tal investiga qué es lo auténticamente psíquico sin restricción alguna por parte de facticidades antropológico-históricas (95, 96, 97). En otras palabras, Jaspers desperdicia la oportunidad de ejecutar un esfuerzo metodológico riguroso ­cada plano alcanzado es producto de un trabajo arduo de depuración­ que le permita describir las estructuras de sentido universales de la experiencia consciente, quedándose él tan sólo en generalizaciones empíricas referidas a la vida interior. No hay duda que la idea delirante primaria, por nombrar uno de los ejemplos en los que Jaspers se destacó, habría ganado en profundidad y alcance psicopatológico. Habría evitado fácilmente descalificaciones como las que hoy se le hacen en forma ligera, imputándole injustamente que su mérito se redujo a repetir lo que los grandes clínicos franceses del siglo XIX habían escrito con minuciosidad, dicho con brevedad, reducirlo a una psicopatología intimista e intrapersonal (22).

Algo similar ocurre con el mundo-de-la-vida (Lebenswelt). El último Husserl dio énfasis a este mundo primario que funciona más allá o con anterioridad a toda teoría científica, epistemológica o filosófica. Es la experiencia originaria preteorética en la que el hombre habita cotidianamente de forma espontánea y que se rige de acuerdo a ciertas leyes implícitas en las que todos concordamos tácitamente: "el único mundo real, dado realmente en la percepción, experimentado y capaz de ser experienciable" (94). La constitución intersubjetiva de esta cotidianidad le permite a Husserl escapar con éxito del monismo encapsulado que amenazaba peligrosamente a la egología trascendental. La intencionalidad de la conciencia también ganó en profundidad al incluir la intencionalidad operante o ejecutiva. De alguna manera Jaspers rescató estos aportes en su magnífica descripción del humor delirante, al abandonar su clásica escisión sujeto/objeto y entrar en el ámbito de lo pretemático o no-tético (12). Pero le faltó asimilar reflexivamente estas decisivas contribuciones finales de Husserl que iluminaron también con especial perspicacia la corporalidad propia y ajena (Leiblichkeit), además del problema del otro. Blankenburg rescató estas insuficiencias de manera creativa al aplicarse al análisis pormenorizado de las esquizofrenias no productivas que cursan con una incapacidad peculiar de insertarse en su ambiente regular. La modificación primaria o pérdida de estos pacientes está ubicada no en los objetos constituidos intencionalmente sino en el sentido de lo obvio (selbstverstänlich) inherente a la experiencia natural o mundo-de-la-vida, en sus leyes preconceptuales (basic rules) que permiten que aparezca algo así como una percepción intersubjetivamente compartida o validada, lo que desde antiguo se denominaba en forma laxa el sentido común (98); este modo de ser psicótico supone un trastrocamiento severo de la temporalidad que impugna y desestructura el pasado apriorístico del ser-ya-en.

¿Qué permanece hoy de la fenomenología de Jaspers? Mucho. Entre la primera y la última ediciones de su libro hay cambios importantes en la arquitectura del capítulo, que casi dobló el número de páginas, pero la contextura básica persiste sin modificaciones. Jaspers no se esfuerza por resolver las dificultades teóricas o filosóficas, no plantea una discusión metodológica que dé cuenta de las innumerables aporías a las que se enfrenta. Esta tarea quedó relegada a sus discípulos (15, 48, 53).

La fenomenología de Jaspers debe ser entendida, pues, como una psicología empírica de hechos reales ­a diferencia de Husserl­, caracterizada por:

1. "Hacer presente (Vergegenwärtigung) aquello que sucede al interior del enfermo, lo que auténticamente vivencia, cómo se da en su conciencia" (7). Como el objeto no está presente directamente, "se debe conseguir por medio de una descripción pura y aséptica lo que se ha visto, observado, empatizado y comprendido", enumerando las condiciones bajo las que ocurren, con analogías visuales y por simbolización. Aunque es diversa a la descripción científica natural que tiene delante su tema, "el principio lógico no es distinto".

2. La descripción ha de demarcar, delimitar y fijar las vivencias íntimas en términos precisos y en categorías sistemáticas. "Una característica importante del percibir fenomenológico es que lo percibido una vez puede volver a reconocerse con facilidad" (12). La consecuencia es la negación de las transiciones entre los fenómenos, la irreductibilidad: el progreso de la ciencia fenomenológica irá ligado a la precisión y pureza de las especies ­por ejemplo delirio o idea obsesiva­, pero nunca conseguirá una especie de algo mixto entre dos categorías.

3. La "postura fenomenológica" elimina toda teoría recibida, suprime cualquier construcción psicológica o alguna mitología materialista en torno a presuntos procesos cerebrales: "tal ausencia de prejuicio fenomenológico [ante el paciente], tan peculiar, no es una posesión originaria sino una ganancia obtenida con gran esfuerzo, después de un largo trabajo crítico" (7).

4. Martín Santos ha hecho notar con sagacidad que la descripción se dirige a elementos psíquicos ­"hechos aislados de la vida psíquica"­, evitando el término vivencia tan importante en su maestro Dilthey: "los fenómenos fluidos y cambiantes que constituyen la corriente de la conciencia son petrificados por nosotros mediante rígidas construcciones" (12). Estos elementos psíquicos ­"cuyo carácter artificioso no debemos olvidar", agrega­ tienen varias características: instantaneidad ­ceñirse al instante vivido­, equivocidad ­pueden ser con objeto intencional o sin él como en "los sentimientos sin objeto"­, primitividad ­que se puede enriquecer por la reflexión ulterior del sujeto al girar éste sobre sí mismo (53).

5. Frente al elemento psíquico está el todo momentáneo o estado de conciencia, máxima totalidad alcanzable por este método. La conciencia psicológica tiene varios planos: real interioridad de lo vivido, separación sujeto-objeto y el saber de la conciencia y de sí mismo. Estos planos se corresponden a los estratos ya mencionados anteriormente de "vida empírica", "conciencia-en-general" y "espíritu" (Geist).

6. Primacía de la forma sobre el contenido; así, en el delirio se presta especial atención a cómo está estructurado ­bimembre, por ejemplo de acuerdo a su discípulo Kurt Schneider­ antes que a sobre-qué se refiere (ideas de persecución); al enfatizar la forma ha hecho notar con sagacidad que lo distintivo del delirio hay que buscarlo en qué-es (Dass-sein) más bien que en lo que es (Sosein). "En la fenomenología escrutamos una cantidad de cualidades o estados y la comprensión que la acompaña tiene la característica de la comprensión estática: empatizar (Einfühlen), co-vivenciar, adentrarse afectivamente o transponerse (Hineinversetzen)" (12).

7. Pertenencia a lo que Spiegelberg llama "fenomenología en sentido amplio": "acercamiento propugnado por el grupo original de los colaboradores primeros y seguidores de Husserl, que interpretaban el lema "¡a las cosas mismas!" como una descripción fiel de lo que se daba intuitivamente, incluyendo no sólo los fenómenos particulares sino también sus estructuras esenciales" (85).

Hay razones, empero, para afirmar que la fenomenología de Jaspers es más cercana y afín al espíritu de la "Psicología descriptiva y desmembradora" de Wilhelm Dilthey que a la Psicología fenomenológica de Husserl (99). Todas buscan responder a la pregunta básica de Husserl: ¿Qué es lo que hace de un hecho psíquico que sea psíquico?; o sea, presuponen algo psíquicamente dado que es accesible a través de la experiencia, aunque sus presuposiciones son distintas de manera radical. Mientras Husserl pretende una "justificación crítica" (kritische Rechtfertigung) lo que lo conduce a un idealismo trascendental ­a una metafísica­, Jaspers y Dilthey permanecen en el campo de las ciencias empíricas, vale decir, de la teoría del conocimiento o epistemología "puramente sobre la base de la experiencia interna sin considerar las interdependencias psicofísicas con la corporalidad somática" (93).

Ante todo la psicología descriptiva de Dilthey y la psicología fenomenológica de Jaspers tienen una génesis parecida. Ambas se autodefinen por combatir con decisión los excesos y desbordes de la psicología explicativa nacida en los laboratorios. Los reparos van orientados a la naturaleza constructivo-genética del método de la psicología experimental.

Las principales insuficiencias que descubren se reducen a: naturalismo reductivista que desemboca en un objetivismo extremo; ceguera ante lo psicológico, como se puede constatar especialmente en el conductismo; empleo abusivo y sin control empírico de hipótesis omniexplicativas; mutilación de la totalidad de la vida psíquica en partículas atómicas artificiosas e inconexas; incapacidad de coger lo individual y con significado (15).

La fenomenología de Jaspers entendida así como una variedad o primera etapa de la psicología comprensiva adquiere ciertas peculiaridades que la enriquecen:

1. Primacía de la descripción aséptica. Ya se sabía que Jaspers hablaba siempre de ella, pero Blankenburg ha acentuado que ahora se trata de lo que él denomina una "descripción condensadora": buscar una visión que profundiza no por detrás de los fenómenos, sino al interior de ellos y que escruta lo contenido de manera latente (16). De esta forma surgen estructuras latentes de la vida íntima que son por esencia pre-objetivas o pre-temáticas. Asimismo entrega herramientas pragmáticas para una exploración sistemática de la consistencia de la conciencia. Con razón se ha recomendado el entrenamiento intensivo de todo investigador de las neurociencias en los cambios estructurales internos que se van produciendo durante los experimentos en que se estudian los mecanismos neurales. Estos informes no son sólo de tipo retrospectivo sino también actual, y además pueden coger regularidades interiores susceptibles de validación intersubjetiva (88).

2. Desmembramiento de la intimidad psicológica en los componentes en que naturalmente se instala la vida psíquica: datos seguros y no hipotéticos. Cada miembro vivo del todo orgánico y conexionado es la estructura mínima de sentido que participa de la categoría esencial de lo psíquico: "vivencia" (Dilthey) o "elemento psíquico" (Jaspers).

3. Referencia a la totalidad interna de la existencia psicológica. Ésta conoce sólo estados internamente entrelazados porque lo único o aislado es pura abstracción y esta conexión es dada simultánea y necesariamente en la intuición o visión de toda vivencia.

4. Recurso a la comprensión. Ahora queda claro que descripción es descripción de sentido. La cercanía a Heidegger surge de modo espontáneo cuando se recuerda que para éste el ser humano es ­como rasgo distintivo e inalienable­ comprensor del ser y al serlo es necesariamente comprensor de sí mismo (100). A diferencia de la ciencia objetivista que habla acríticamente de una suerte de visión desnuda de lo enfrentado ante sí, aquí se asume que lo que aprehendemos es el sentido, aun en la descripción más rudimentaria de la vida psíquica; frente a la hipotética descripción intuitiva se alza la interpretación que descifra.

Comprensión y círculo hermenéutico

Recién hemos destacado la íntima correspondencia que existe entre la fenomenología de Jaspers y la psicología descriptiva de Dilthey. Al situar la comprensión como postulado fundamental de ambas hemos dado un paso decisivo para conectar la psicología comprensiva de Jaspers con el movimiento hermenéutico actual, quizás la corriente dominante en el pensamiento. Esta pertenencia mutua se puede resumir en dos tesis: la fenomenología como método comprensivo permanece como el presupuesto insoslayable de la hermenéutica; por el otro lado, la fenomenología no se puede constituir en sí sin un presupuesto hermenéutico.

Antes de aclararlas debemos hacer justicia a la porfiada apuesta de Jaspers. Él hizo suya e impuso en la psicopatología la dicotomía comprender/explicar que tomó de las ciencias del espíritu de Dilthey, a pesar de ser consciente de las dificultades teóricas y de la arbitrariedad eventual de su puesta en práctica en la clínica (44, 48). Hasta hoy exhibe un potencial heurístico y una vitalidad en la experiencia concreta con el enfermo que pocas corrientes alternativas pueden superar. Toda una tradición de pensamiento e investigación se sigue apoyando en el trabajo de Jaspers, como lo ejemplifica Blankenburg al aplicarlo creativamente a las corrientes de psicoterapia (Tabla 1) (101).

La comprensión de la vida psíquica ajena ha estado históricamente unida a la comprensión de textos ­clásicos, religiosos, jurídicos­, lo que se denominó hermenéutica. F Schleiermacher en el siglo XIX la buscó sistematizar en un conjunto de reglas con la finalidad de elaborar una teoría y una práctica de la interpretación (Kunstlehre) que se dirige a la individualidad e incluso genialidad del escritor y trata de captar su subjetividad. Desde estos momentos se distinguen dos polos o formas de interpretación: la técnica y la psicológica. Mientras la primera se preocupa de las reglas universales, la segunda enfatiza la interioridad singular e intransferible. A continuación Dilthey desarrolla más la cuestión de "cómo es posible el conocimiento del otro", lo que le conduce a establecer la oposición decisiva entre explicación de la naturaleza y comprensión del espíritu (103). La vida individual se puede conocer "porque produce formas, se exterioriza en configuraciones estables" y porque tiene "una estructura o conexión interna" (Zusammenhang). No es posible coger la vida psíquica de otro de un modo inmediato, sino que hay que reconstruirla (nachbilden) mediante la interpretación de los signos y a través de las vivencias en que se expresa; en otras palabras, mediatizada por los textos o por la psicología de la vivencia. Con esto el objeto de la hermenéutica diltheyana fluctúa incesantemente entre el texto ­que tiene un sentido y una referencia­ y la vivencia que se expresa en él. De nuevo la hermenéutica se define a partir de dos extremos: significado general o sentido personal. Dilthey resume el conflicto diciendo que "la vida humana comporta ella misma el poder de superarse en significaciones": hermenéutica de la vida y hermenéutica de las significaciones (103). El intérprete a su vez ha de superarse a sí mismo (dépassement) de una doble manera: trasladarse a una existencia distinta de la suya y saltar hacia un sentido diferente del propio. Esto lo vio claro también Freud desde el principio cuando tituló su libro epocal Interpretación de los sueños: el sueño es en definitiva un texto por descifrar que se narra, el soñante una existencia privada que se da a conocer por su producción onírica, el analista el exégeta privilegiado y la interpretación una construcción que conquista el significado obedeciendo a una serie de reglas técnicas (104).

La hermenéutica es la teoría de las operaciones para comprender la vida humana, tanto la ajena como la propia, pero con un énfasis crucial. El presupuesto básico e ineluctable es que la existencia consiste en ser sentido ­proyecto con sentido­ y esta articulación de sentido es su modo de ser inmanente; mientras los otros entes "tienen" sentido, nuestro ser "es" compresor de nosotros mismos (100). De ahí que toda ciencia humana ­y la psicopatología como conocimiento del hombre espiritualmente enfermo­ da por supuesto nuestra estructura primaria de ser en el mundo comprensor, el lugar donde surge la cuestión del sentido. La hermenéutica se caracteriza con precisión al declarar que para conocer lo humano hay que interpretarlo (Deutung), o, lo que equivale a lo mismo, toda la vida es interpretación e interpretable. La consecuencia inevitable se expresa en los dos conocidos adagios de la hermenéutica: comprender a un sujeto mejor de lo que él se comprende a sí mismo y hay hermenéutica donde hay malcomprensión (105).

Las tesis de la hermenéutica significan radicalizar y explicitar nuestra condición de pertenencia (Zugehörigkeit): relación primordial de inclusión, desde siempre, al interior de una referencia ­de una comprensión­ de sentido más amplia que nos antecede, rebasa y contiene al mismo tiempo; como dice Gadamer, la "pertenencia constituye nuestra forma original de inmersión en el mundo" (106). Este planteamiento general se puede desarrollar en forma esquemática en cuatro etapas que se encadenan orgánicamente entre sí formando una exposición progresiva:

1. Toda experiencia natural, toda intuición directa de otro sujeto está mediada por una interpretación. Así la interpretación precede y enmarca por necesidad la visión espontánea de nuestro prójimo. En lugar de tener una percepción desnuda del otro, como ingenuamente suponemos, éste se muestra en una serie de perspectivas o perfiles (Abschattungen) (92) mediatas que desbordan de significaciones potenciales. El otro no detenta un significado inherente o propio, solamente posee un sentido derivado o segundo.

2. El individuo no se percibe inicialmente a sí-mismo como es. Dicho de manera técnica, tiene una visión apodíctica de sí en cuanto sabe que "es" ­autoevidencia apodíctica­, pero esta intuición no es adecuada, no sabe "cómo" realmente es ­autoevidencia no adecuada: verdad abierta necesitada de desciframiento ulterior.

3. La interpretación no es un manto de sentido o valor que se añadiría al desnudo sujeto delante nuestro, sino algo originario. El otro siempre aparece "como" otro; este "como" significa que está al interior de una totalidad de referencias de comprensión. Así puede encontrarse "como" abogado de 35 años, "como" relatando un delirio de persecución, "como" exhibiendo alucinaciones referidas a Dios. Heidegger ha mostrado con especial lucidez nuestro radical estado de interpretación (Ausgelegtheit) (100).

4. El intérprete ­por ejemplo el psicopatólogo­ se mueve dentro de un círculo hermenéutico. La interpretación descubre lo comprendido guiado por una orientación previa que ha de seguir la misma interpretación; con otras palabras, la interpretación se lleva a cabo desde una visión previa (Vor-sicht). El comprender del intérprete está sustentado en una estructura de anticipación (Vor-struktur) que le es esencial a su condición de ser humano: es antepredicativa, anterior a todo enunciado (100). Como exégeta parte de una referencia retrospectiva (Rückbezogenheit) de una posibilidad que él es que encamina por adelantado la cualidad de su respuesta o desocultación. Volviendo al caso del psicopatólogo, sólo porque él está ya inmerso en el horizonte de comprensión que en su circunstancia precisa es la ciencia de la psicopatología, puede inferir que la persona que está delante ostenta una idea obsesiva de limpieza. El círculo hermenéutico es inevitable; "el elemento decisivo, como dice Gadamer, no es salir del círculo, sino entrar en él correctamente" (106). El círculo no es una violencia, un imponer sobre un individuo lo que él no es, sino lo que posibilita que éste despliegue su ser; "no lo transforma en otra cosa, sino que le permite ser aquello que es" (102).

Estas tesis enunciadas hasta aquí son especificaciones pormenorizadas de los grandes temas de la filosofía hermenéutica postmoderna: crítica de la idea de la objetividad, imposibilidad de un lugar "neutral" para la teoría, remisión de toda teoría a sus horizontes históricos de gestación, constitutiva presencia de los pre-juicios en los juicios científicos y éticos, aceptación de nuestra última finitud o radical facticidad (105). Las críticas que ha dirigido a la metafísica tradicional ­y con ello a la ciencia contemporánea­ cuestionan que hay un estado de cosas, que se deja poseer intelectualmente, a partir del cual se puede certificar la nulidad o realidad de una pretensión de conocimiento (107).

La psicología comprensiva elaborada por Jaspers en su Psicopatología general es hermenéutica, según la hemos entendido a ésta hasta aquí, aunque es conveniente hacer una precisión. Jaspers fue más allá de Dilthey al incorporar su teoría de la comprensión empírica dentro de la teoría del tipo ideal de Kant y Weber. La comprensión psicológica de Dilthey, argumenta Martín Santos (53), aplica esquemas de motivación a cada caso concreto que tenga que interpretar, pero aquí en las ciencias del espíritu no cabe ni la demostración ni la verificación como en las ciencias de la naturaleza. Por eso Jaspers acude al tipo ideal: es una verdad absoluta a priori, cuya verdad surge con evidencia total y que no se demuestra ni se refuta con la comprobación de su realidad en un caso particular. "La verdad de una motivación es captada inmediatamente por el espíritu, acota Jaspers para enfatizar el apriorismo, y es indiferente para su verdad que se dé en la realidad o no" (12). Por ejemplo, si el psicopatólogo intuye la relación de motivación que puede haber entre una mudanza de casa en una personalidad con rasgos de tipo melancólico y la depresión endógena que sufre, él ha descubierto una verdad absoluta (108). El hecho de que luego las estadísticas puedan demostrar, quizá, que es más frecuente la melancolía en sujetos que permanecen en su hogar o que son portadores de una personalidad infantil no destruye la verdad de aquel tipo de motivación. El fundamento está en el apriorismo racional de la mente ­en la estructura trascendental o formas aprióricas del yo­, según lo entendía Kant. Este paso no está considerado en la hermenéutica porque no acepta sin más los esquemas ideales de motivación. Jaspers está consciente que, al aplicarlos, producen una deformación del flujo real de la vida. Pero sabe también que todo concepto es una deformación y que la ciencia se basa necesariamente en conceptos generales y no sobre realidades directamente intuibles.

La hermenéutica actual no aceptaría sin reparos de fondo la separación tajante entre los distintos tipos o planos de comprensión propuestos por Jaspers:

1. Comprender psicológico, que nombramos recién y se dirige a captar un esquema ideal de motivación.

2. Comprender espiritual, que estudia el sentido racional e ideal.

3. Comprender existencial, que coge el sentido brotado de la pura libertad del individuo.

4. Comprender metafísico, que recoge el sentido que nace de la puesta en relación con el absoluto del ser y la trascendencia.

Especialmente la hermenéutica no estaría de acuerdo en limitar al psicopatólogo al primer comprender, excluyendo por principio a la "existencia". Más bien lo contrario, tal como lo insinuamos más arriba al mencionar la diferencia al interior de la psicoterapia entre técnica y comunicación existencial. Las categorías propias de la "existencia", que Jaspers destacó, contrariamente parece que se adaptan bien al modo de pensar hermenéutico. Su supresión representa una carencia para la psicopatología antes que un sometimiento intransable a la realidad tal como ésta se manifiesta, según pretende Jaspers. Aceptamos que para él es esencial la equivocidad de la existencia, pero nos parece que nos sabemos (no nos conocemos) existencia posible y ésta ilumina la psicopatología. La simple enumeración nos descubre las potencialidades psicopatológicas que poseen estas categorías: libertad, no sometimiento a leyes inmutables, excepcionalidad, comunicación, incondicionamiento del instante, valor, apertura y temporalidad inmanente (13, 53). Jaspers advierte bien que el núcleo está en la libertad, en el "serse regalado a sí mismo" (14). También se percata a la perfección de la falsedad fundamental en el ser del hombre como tal: encubrimiento y embozamiento, represión y olvido, inversión. Por algo cita a Nietzsche en su conocido adagio: "Entre cien espejos ante ti mismo falso ..., estrangulado por las propias cuerdas; tú, que te conoces; tú, verdugo de ti mismo".

Postulamos que la "Existencia" de Jaspers puede fecundar la actual hermenéutica que busca revitalizar desde dentro la psicopatología. La existencia jaspersiana exige una hermenéutica de doble cuño o de dos etapas: hermenéutica del desocultamiento y hermenéutica de la recuperación del sentido, de la sospecha y del cumplimiento del significado (104). La primera es arqueológica, busca arrancar las caretas, restablecer la verdad disimulada y tergiversada, destapar el torbellino de falsedad, hacernos dueños de nuestro yo desposeído; la segunda es teleológica, quiere hacer justicia al sentido no desplegado pero incluido en la intimidad, progresar desde lo latente sólo insinuado hacia nuestro yo más propio y futuro. Así surge necesariamente el conflicto de interpretaciones (105), no a consecuencia de una insuficiencia o fallo interno del psicopatólogo, sino que se entiende este conflicto como manifestación de la estructura interpretable de la vida humana que nunca es determinísticamente fijada o dogmáticamente unívoca. La inclusión de la "existencia" pone en cuestión la función legitimante que posee cada interpretación, no para caer en un cómodo todo vale, sino para recordar que a ésta le es constitutiva estar contenida en una totalidad de sentido abierto y futuro ­lo que denominamos antes como "pertenencia" (106); toda interpretación se determina biográficamente de vez en vez, pues no es un significado atemporal válido para todos. Los efectos que trae para una ética psiquiátrica son valiosos al plantear de otra manera la condición moral del individuo (109). Usando términos que pertenecen a Jaspers, una psicopatología que no considere entre sus temas legítimos la "existencia" es una psicopatología desarraigada: necesita construirse a partir de la esencia misma del hombre como libertad para ser auténticamente humana.

La Psicopatología general de Jaspers enfrenta el nuevo milenio. Esta obra no es ni tiene dirección alguna fija, sino que es la posibilidad del pensar psicopatológico que, llegados los tiempos, reaparece de nuevo, variada y que sólo por ello es la permanente posibilidad. Se le puede aplicar la sentencia que Ortega y Gasset recomendó frente a otro autor: "en los sitibundos desiertos de Libia se suele oír un proverbio de caravana, que dice así: 'Bebe del pozo y deja tu puesto a otro'".

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Recibido: Abril de 2000
Aceptado: Junio de 2000

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