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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.126 n.7 Santiago jul. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98871998000700015 

DOCUMENTO

Proposición de consenso para el uso 
de yodo 131
| en el tratamiento de la
tirotoxicosis y el cáncer del tiroides
 
Patricio Michaud Ch.
 
Consensus porposal on the use 
of 131| in hyperthyroidism and
thyroid cancer
 

A consensus meeting held by the Chilean Endocrinological Society reached to 22 consensus proposals on the use of iodine-131 in hyperthyroidism and thyroid cancer, that are reported in this paper. Some of these propositions are: 1) Hyperthyroidism: A previous 131| uptake test must be performed. A calculated or an ablative dose should be administered. Hypothyroidism must be considered an objective rather than a complication. In patients with cardiovascular risk, normal thyroid function must be attained with propythioturacil. In cases of treatment failure, the dose should not be repeated before six months. It must be used with used with caution in children and teenagers. 2) Thyroid cancer: A iodine free diet is recommended prior to the therapeutic dose. A 100 mCi complementary ablative dose should be given after surgery, with a posterior exploration. This examination must not be done routinely, and if required, a 5 mCi dose should be used. For the treatment of metastases, a dose of 150 to 200 mCi is recommended. There is no radiation risk in hyperthyroidism or thyroid cancer. The only absolute contraindication is pregnancy. Recommendations for radiological protection are formulated. Hospitalization is suggested to protect other people from radiation exposure.
(Key-words: Thyroid diseases, goiter; Graves' disease; Thyrotoxicosis; Thyroid neoplasms; Iodine radioisotopes, therapeutic)

 

Hace 50 años1, el yodo 131 se introdujo como terapéutica de la tirotoxicosis. Por sus eventuales riesgos, inicialmente se restringió su uso a varones >60 años, luego se hizo extensivo a mujeres y, con el pasar de los años, al demostrarse su casi completa inocuidad, el límite de edad ha ido disminuyendo llegando en la actualidad a tratarse incluso niños.
 La Sociedad Chilena de Endocrinología y Metabolismo me solicitó reunir un grupo de especialistas para hacer una proposición de consenso sobre el uso del yodo 131 en pacientes con hipertiroidismo o cáncer del tiroides en los cuales se ha escogido esta modalidad de tratamiento. No fue objeto de este consenso abarcar la discusión sobre decidir entre yodo 131 y otras terapéuticas.
Integraron este grupo los Drs María de los Ángeles Valenzuela, Endocrinóloga Hospital Barros Luco Trudeau; Horacio Amaral, Médico Nuclear Clínica Alemana; Miguel Domínguez, Endocrinólogo Hospital San Juan de Dios; Juan Donoso, Hospital Regional de Concepción; Hernán García, Endocrinólogo Pediatra Hospital San Borja Arriarán; Harold Michelsen, Endocrinólogo Hospital José Joaquín Aguirre; Fernando Munizaga, Endocrinólogo Hospital San Borja Arriarán; Gustavo Pineda, Endocrinólogo Hospital del Salvador; y José Adolfo Rodríguez, Endocrinólogo Hospital Clínico Universidad Católica. Esta proposición de consenso fue discutida en las Jornadas Anuales de la Sociedad en octubre de 1997 y aceptada con algunas modificaciones que se incluyen en esta comunicación. Aunque, como toda proposición, ella puede variar con el tiempo, cumple con el propósito de unificar nuestros criterios de tratamiento.
En esta publicación se destacan en cursiva las proposiciones de consenso elaboradas por el grupo de especialistas; he agregado a ellas comentarios e información de la literatura atingentes a cada consenso.

 

HIPERTIROIDISMO
 
1. Participantes
En el tratamiento con yodo 131 participan: el paciente, el endocrinólogo y/o el médico nuclear, por lo que debe ser acordado entre ellos y realizado con criterios comunes.
Con esto pretendemos respetar el derecho a opinar de los que participan, ya que se dan situaciones en que el criterio de quien indica la dosis difiere del que la administra, quien es en último término el responsable, y provocando discrepancias que desconciertan al paciente. El tratamiento debe ser el resultado de un trabajo en equipo entre quienes comparten criterios semejantes.
 
2. Captación de yodo.
a) Es necesario hacer previamente una captación de yodo para tener un razonable grado de seguridad de que el tiroides va a recibir la dosis de radiación deseada y además para excluir la eventualidad de una tiroiditis silente; b) se sugiere que esta captación sea temporalmente lo más cercana posible a la fecha de la dosis terapéutica.
Se sabe que la captación de yodo se puede alterar por una ingesta elevada de este halógeno2. Además, cuando no hay un cuadro clínico claro de enfermedad de Basedow Graves es posible plantear el diagnóstico diferencial con la etapa de tirotoxicosis de una tiroiditis silente3. El ideal sería poder tener una captación de 24 h, lo más cercana posible a la administración de la dosis terapéutica. En el caso de pacientes de fuera de la ciudad o imposibilitados para volver al otro día, se ha demostrado que una captación de 6 h es tan útil como una de 24 h.

3. Contraindicaciones
La única aceptada unánimemente es el embarazo, por lo que éste siempre debe descartarse por un método confiable, ojalá 24 h antes de administrar la dosis y evitando la posterior exposición al riesgo.
 Si bien existen comunicaciones de mujeres que estando embarazadas han recibido yodo 131 sin mayores consecuencias, sin duda la exposición del embrión a las radiaciones debe ser evitada. La administración de yodo 131 después de la décima semana de gestación puede provocar hipotiroidismo fetal.

4.Cálculo de la dosis
Se plantean dos alternativas: a) realizar un cálculo de la dosis con el objeto de pretender dejar al paciente eutiroideo; b) administrar una dosis ablativa, la que estimamos debe ser >15 mCi.
Sin duda éste es uno de los puntos más controvertidos y sobre el cual hay abundante información en la literatura, lo que permite hacer algunas consideraciones sobre las dos alternativas propuestas.
  Quienes abogan por dar una dosis calculada persiguen evitar un hipotiroidismo. Si bien siempre el ideal de una terapéutica es mejorar la enfermedad y no cambiarla por otra, hay que tener presente que en el caso de la enfermedad de Basedow Graves no estamos tratando la enfermedad (porque no disponemos de ningún tratamiento etiológico) sino que estamos actuando sobre la tirotoxicosis.
Se han propuesto numerosas fórmulas para calcular la dosis óptima de yodo 131 a administrar; la mayoría de ellas se basan en una estimación del peso de la glándula para calcular una cierta cantidad de µCi por gramo de tejido, estimación que adolece de gran imprecisión en los bocios de mayor tamaño. A esto, otros añaden además un factor de proporcionalidad inversa a la captación fraccional de yodo 131; por ejemplo, 100 a 140 µCi por gramo, multiplicado por 100 y dividido por la captación de yodo en 24 h.
 También se ha sugerido dar dosis fijas tan bajas como 1 a 3 mCi. Ninguna de estas fórmulas es plenamente satisfactoria, pues por un lado hay una alta incidencia de fracasos y por otro no se evita del todo el hipotiroidismo ya sea precoz o tardío, derivado no sólo de la dificultad para estimar el peso del tiroides, sino de la distinta sensibilidad al yodo 131 que tienen las glándulas5-14.
Quienes propician la alternativa de dar una dosis ablativa tienen por objetivo suprimir rápidamente el hipertiroidismo y evitar recidivas15, 16; hecho de importancia por lo que el hipertiroidismo significa respecto de la calidad de vida e incapacidad laboral, y más aún porque en aquellos enfermos de edad avanzada o con cardiopatías se pueden desencadenar arritmias o insuficiencia cardíaca. Además, hay que tener presente la permanente reducción de la densidad ósea que se observa durante el período de tirotoxicosis17. Si bien con el yodo 131 se puede normalizar la función tiroidea, ésto no significa que la enfermedad de Graves esté controlada; por esto, el dar una dosis ablativa tiene la ventaja de evitar recidivas y el eventual crecimento del tejido tiroideo residual, como puede suceder cuando se administra una dosis más baja. Dado que las dosis ablativas inducen rápidamente hipotiroidismo en todos los pacientes, se posibilita detectarlo precozmente e iniciar tratamiento con levotiroxina antes que aparezcan los síntomas.
Por todo lo anterior, y teniendo presente que: a) con cualquier cálculo de dosis hay un porcentaje no despreciable de hipotiroidismo; b) el hipotiroidismo puede ser tardío; c) a veces se requiere de una segunda dosis de yodo 131 para controlar la tirotoxicosis, que también se asocia a un alto porcentaje de hipotiroidismo; y d) la tirotoxicosis no es inocua, hay quienes preferimos usar una dosis ablativa e iniciar precozmente la sustitución con levotiroxina, tratamiento simple, sin contraindicaciones y de bajo costo.

5. Bocio uninodular tóxico
Administrar una dosis de 30 mCi.
Es conocido que los bocios uninodulares tirotóxicos son más resistentes al tratamiento con yodo 131, pues se trata de células autónomas hiperfuncionantes las que, a diferencia de lo que ocurre en la enfermedad de Graves, no están bajo el efecto de un factor estimulante de la captación del yodo. En este caso el riesgo de hipotirodismo posterior es muy bajo, ya que el resto del parénquima, debido a la supresión de TSH, no capta el yodo18. Así, después de que se "quema"el nódulo hiperfuncionante, la TSH asciende y se reinicia la función del resto del tejido tiroideo que estaba suprimido, que asegura el eutiroidismo.

6.Recomendaciones dietéticas
En el tratamiento del hipertiroidismo no es necesario restringir alimentos o sal yodada.
 La ingestión de yodo, al aumentar el pool de yodo circulante, puede alterar la captación de este elemento. Sin embargo, en el caso del hipertiroidismo la sobreestimulación a que está sometida la glándula tiroidea hace que las cantidades eventualmente aportadas en la dieta no tengan mayor significación. Sí puede influir el consumo de fármacos yodados que aportan grandes cantidades de yodo, como es el caso de la amiodarona u otros compuestos yodados19; en estos casos la captación de yodo 131 es muy baja.

7.Tratamiento previo con propiltiouracilo (PTU).
a) En pacientes ancianos, cardiópatas, etc, siempre se debe lograr con PTU el eutiroidismo previamente a dar yodo 131; b) opcionalmente también se puede proceder igual con cualquier otro paciente, teniendo presente que ello puede significar un aumento en la dosis terapéutica estimada; c) el PTU debe suspenderse 5 días antes de administrar el yodo 131.
El tratamiento con yodo 131 provoca una entrega brusca de hormona almacenada en el tiroides a la circulación, lo que hace necesaria la depleción previa con PTU en pacientes en quienes un incremento brusco de los niveles circulantes de las hormonas tiroideas (HT) significa un riesgo. Existen casos bien documentados20, 21 de tormentas tiroideas posteriores al tratamiento con yodo 131. Hay quienes han planteado que la administración previa de PTU hace al tiroides más resistente al tratamiento con yodo 131, por lo que es necesario aumentar la dosis a administrar22-24. El mecanismo por el cual esto ocurre no es bien conocido; se ha sugerido que la depleción de yodo en el tiroides podría alterar la depuración tiroidea de este halógeno25. La posibilidad de un efecto residual de PTU es poco probable, ya que se ha demostrado que entre 2 y 4 días después de suspender el PTU se produce un rápido aumento de los niveles circulantes de las HT. Este hecho es también el que nos lleva a proponer su suspensión cinco días antes del tratamiento.

8.Tratamiento con PTU post dosis de yodo 131:
a) Se considera necesario en aquellos pacientes en los que la posible exacerbación de la tiroxicosis, después del tratamiento con yodo, pueda agravar otras patologías, como por ejemplo el caso de cardiópatas; b) en forma opcional se puede hacer en cualquier paciente; c) se sugiere que la reiniciación del PTU sea 5 días después de administrado el yodo 131.
Como se mencionó, existe el riesgo de agravación de la tirotoxicosis luego del tratamiento con yodo 131. Si bien ello se ha atribuido a la liberación de HT por la tiroiditis actínica, pareciera que ocurre más bien por la discontinuación del tratamiento con PTU26. Además, después del tratamiento con yodo 131 aumenta el factor estimulador de TSH (TRAb). Mc Gregor en 1979 y Atkinson en 1982 demostraron incremento de este anticuerpo cerca de 3 meses después de administrado el yodo 131. Los niveles de TRAb vuelven a los valores que tenían antes del tratamiento alrededor del año, para recién en ese momento comenzar a decrecer progresivamente por períodos de hasta 10 años29. Esto podría explicar la exacerbación del hipertiroidismo y la demora en volver al eutiroidismo en algunos pacientes en los que no se da una dosis ablativa.
Vale la pena señalar que para un paciente que primero se ha llevado al eutiroidismo con PTU y al que luego se da yodo 131, la recidiva de su enfermedad es un hecho poco grato para él y que a veces conlleva nuevas interrupciones laborales. De ahí que el dar una dosis ablativa y además reiniciar PTU permite mantener al paciente eutiroideo, e iniciar prontamente el tratamiento definitivo con tiroxina cuando se detecta el hipotiroidismo.

9.Tratamiento profiláctico con corticoides en pacientes con oftalmopatía de Graves
La información que hay en la literatura todavía es escasa y no concluyente, a pesar de lo cual hay quienes sugieren que el uso de corticoides junto al tratamiento con radioyodo podría ser beneficioso.
Sin duda la relación entre la oftalmopatía de Graves y el tratamiento del hipertiroidismo es un problema que suscita debate y en torno del cual hay opiniones encontrados, desde aquéllos que contraindican el uso del radioyodo en pacientes con oftalmopatía, hasta otros que consideran que en las formas severas deben usarse dosis ablativas30, 31. Ya sea que se acepte la posibilidad que el yodo 131 pueda favorecer la aparición de oftalmopatía o agravar una preexistente, se ha recomendado el uso profiláctico de corticoides en dosis de 20 a 40 mg diarios de prednisona durante un mes para luego bajar progresivamente durante los 3 meses siguientes, con lo cual habría una significativa disminución en la aparición o agravación de la oftalmopatía posterior al tratamiento32-35 con yodo 131. También se ha sugerido que el hipotiroidismo post tratamiento podría tener algún rol en la oftalmopatía y por ello sería aconsejable el uso precoz de tiroxina36. Sin duda se requieren más estudios para aclarar la relación que pudiera haber entre tratamiento con yodo 131 y oftalmopatía, como también la validez del uso de terapéuticas profilácticas.

10.Control post tratamiento
a) Debe primar el criterio clínico; b) de acuerdo a éste controlar las concentraciones de HT, no antes de 30 días de administrado el yodo 131 y teniendo presente que la TSH puede mantenerse suprimido por tiempo prolongado.
Los exámenes de laboratorio que dan más información en el seguimiento del paciente son las concentraciones de T4 y T3; se deben solicitar cuando clínicamente se observa mejoría del paciente, hecho que habitualmente no ocurre ante de los 30 días en quienes reciben dosis ablativas y en un plazo aun mayor en aquellos tratados con dosis calculadas. Hay que tener presente que la medición de TSH puede inducir a errores ya que permanece suprimida por semanas o meses, aunque el enfermo esté clínicamente eutiroideo y los valores de las hormonas tiroideas hayan vuelto al rango normal37-39.
Aquellos que quedan eutiroideos se deben controlar con TSH con intervalos de 12 meses, a fin de detectar precozmente la aparición de hipotiroidismo. Algunos pacientes tratados con dosis calculada que quedan eutiroideos pueden en el curso del primer año presentar un hipotiroidismo transitorio, sin embargo, en 70% aparece hipotiroidismo permanente entre 2 y 11 años después40.

11. Fracaso de tratamiento
a) Nunca se debe considerar fracasado un tratamiento antes de 6 meses de administrado el radioyodo; b) si después de este período persiste la tirotoxicosis y se plantea dar una segunda dosis, ésta debe ser mayor que la primera.
Cuando se usa dosis calculada y el tratamiento resulta exitoso, la mayoría de los pacientes están eutiroideos dentro de las 8 semanas; pero algunos sólo normalizan la función tiroidea entre los 6 y 12 meses, ya que el efecto biológico de las radiación va más allá de la tiroiditis actínica inicial que destruye un número importante de tirocitos; otras poblaciones celulares sufren daño del material genético que altera los mecanismos de división celular, con la consiguiente pérdida lenta pero progresiva de tejido tiroideo. Esto explica la demora en llegar al eutiroidismo después de recibir el radioyodo. Esto fundamenta la decisión de no intentar una nueva dosis antes de 6 a 12 meses41.
 Cuando es necesario administrarla suele ser mayor que la inicial y provoca un elevado porcentaje de hipotiroidismo18.

12. Tratamiento en niños y adolescentes
No hay una contraindicación formal para su uso, incluso algunos autores lo proponen y usan como el tratamiento de elección; sin embargo, mientras no haya una mayor experiencia se sugiere ser cautos en su uso.
Uno de los mayores problemas con el tratamiento con drogas antitiroideas en el hipertiroidismo infantil es que sólo en el 25% de los niños se obtiene remisión a los dos años, lo que está en parte explicado por poca adhesividad al tratamiento42. Por otra parte, la cirugía puede tener complicaciones que en un niño son mucho más serias que en un adulto. Esto ha llevado al uso cada vez más frecuente del yodo 131 en niños y adolescentes. Hamburger, en 1985, comunicó sus resultados en pacientes entre 3 y 18 años y concluye: "El radioyodo es una terapia segura, simple y económica y ahora es considerado el tratamiento inicial de elección en estos pacientes"43. Otros grupos como el de la Cleveland Clinic también se inclinan por esta forma de tratamiento con una dosis alta ablativa44. A pesar de no haberse demostrado45 hasta ahora complicaciones con el tratamiento de yodo 131 y como consecuencia de experiencias como las de Chernobyl, otros autores sugieren cautela en niños46, si bien esto es discutible ya que ambas situaciones distan de ser comparables.

13.Riesgo de la radiación para el paciente
Con las dosis usadas en hipertiroidismo no se ha comunicado incremento en el riesgo de neoplasias, daño genético ni de infertilidad.
Desde el año 1946 se han tratado millones de adultos con radioyodo y no se ha demostrado ningún incremento de leucemia, otras formas de cáncer ni malformaciones en hijos nacidos de padres tratados47.

14. Medidas de protección radiológica
a) Un paciente tratado de su hipertiroidismo con yodo 131 puede irradiar por más tiempo que algunos casos de cáncer; b) el uso de dosis terapéuticas de yodo 131 pueden constituir un riesgo potencial de radiación para familiares, individuos cercanos al paciente, trabajadores de la salud y medio ambiente; c) el responsable de la protección radiológica es quien administra el yodo y son los organismos técnicos los que deben normar a este respecto.
 En el Anexo 1 se incluye el documento "Medidas de protección radiológica en el uso de yodo 131", preparado por el Dr. Horacio Amaral en conjunto con la Comisión Chilena de Energía Nuclear, donde se detallan las recomendaciones correspondientes.

15. Recomendaciones de fertilidad
Se sugiere evitar embarazo por un período de un año después de administrada la dosis.
A pesar que la información hasta ahora disponible dice que el riesgo de daño genético estimado es más bajo que el riesgo espontáneo de anormalidades48, se ha sugerido que el período de espera post terapia debería ser a lo menos de 8 a 10 vidas medias del isótopo (cerca de tres meses). The National Council on Radiation Protection and Measurements señala que: "Es prudente posponer embarazos por lo menos varios meses después de la terapia con radioyodo para reparar algún daño genético que se pudiera haber producido"49. Generalmente se recomienda postergar un embarazo por un período mínimo de 6 meses a un año.

 

CANCER TIROIDEO

16.Ablación del lóbulo remanente
Debe administrarse una dosis no inferior a 50 mCi.
Excepcionalmente, si después de una tiroidectomía subtotal se descubre en el estudio histopatológico definitivo la existencia de cáncer del tiroides y se plantea eliminar el otro lóbulo sano con yodo radioactivo y no con cirugía, sugerimos el uso de dosis altas (al menos  50 mCi) por ser, a diferencia del hipertiroidismo, un tejido normofuncionante; además se deberá considerar la captación de yodo, el tamaño del lóbulo, etc.

17. Administración de yodo 131 después de una tiroidectomía total o casi total, para eliminar el remanente en pacientes con enfermedad circunscrita al tiroides
Se sugiere esperar 4 semanas después de la cirugía, a no ser que la TSH alcance antes un valor de 30 µUI /ml, y en ese momento administrar una dosis terapéutica ablativa de 100 mCi, aprovechando la misma dosis para hacer una exploración sistémica 7 días después.
 Hay controversia sobre la dosis a administrar, y si bien se han comunicado buenos resultados con dosis más bajas, series como la de Beierwaltes, de 511 pacientes tratados con 100 mCi entre 1947-1984, tienen porcentajes de éxito más elevados; incluso plantea la posibilidad de efecto sobre algunas metástasis no detectadas50.

18. Exploración sistémica en el seguimiento del cáncer tiroideo
a) Realizar sólo frente a sospecha de metástasis o índices de mal pronóstico; b) se debe suspender el tratamiento con tiroxina por 30 días y certificar la elevación de TSH sobre 30 µUI /ml; c) usar dosis de 5 mCi de yodo 131.
La exploración sistémica no debe ser un procedimiento de rutina en la búsqueda de metástasis, ya que se ha demostrado que otros marcadores como la tiroglobulina pueden elevarse antes que una metástasis sea visible en la cintigrafía51. Como la suspensión del tratamiento con tiroxina suele crear al paciente problemas inherentes al hipotiroidismo52, una alternativa para acortar este período, y si no hay contraindicación (cardiópatas, paciente de edad avanzada, etc), es cambiar el tratamiento a liotironina sódica 25 µg 2 veces al día y suspenderlo sólo dos semanas antes, con lo cual habitualmente se logra un ascenso adecuado de TSH53. Para evitar la supresión del tratamiento aparece como prometedor el uso de TSH recombinante, si bien aún no hay resultados concluyentes54. Se han sugerido como óptimas dosis entre 5 y 10 mCi e incluso menores. Si bien con dosis mayores algunos autores comunican que han detectado más metástasis, existe el peligro de producir el fenómeno llamado "atontamiento"en el cual la célula tumoral pierde su capacidad de captar el yodo, lo que limita el uso posterior del radioyodo como terapéutica. Dado que hay un cierto tiempo de latencia en la producción de este "atontamiento"se aconseja que si se decide administrar una dosis terapéutica se haga lo más pronto posible50.

19. Dosis terapéuticas unitarias en metástasis
a) Deben ser entre 150 y 200 mCi; b) no repetir antes de seis meses.
 La experiencia de la Universidad de Michigan, comunicada por Bierwalters y que tuvo buenos resultados, consiste en dar no <100 mCi cuando sólo hay captación en el lecho tiroideo, no <150 mCi si hay adenopatías y no <175 mCi si hay metástasis a distancia; dosis >200 mCi no se han comprobado que sean más efectivas50.

20. Recomendaciones dietéticas previas
Eliminar alimentos ricos en yodo y evitar la sal yodada por siete días antes.
A diferencia del hipertirodismo, donde la captación de yodo es elevada, en estos casos las captaciones suelen ser bastante bajas. Hay que recordar que ésta varía en proporción directa a la masa de parénquima captante y en forma inversa a los niveles crónicos de ingesta de yodo. Dietas bajas en yodo aumentan la captación. Se ha demostrado que tras una semana de dieta estricta sin yodo se observa una disminución de la excreción urinaria de yodo50.
Se recomienda suprimir el uso de sal yodada, leche y derivados, huevos, pescados y mariscos, comidas "rápidas" y en general alimentos guisados con sal yodada. Hay que recordar que en nuestro país la sal tiene una alto contenido de yodo55-57, y que no es necesario restringir el pan ya que sólo se yoda la sal de mesa y no la destinada al uso industrial.

21. Riesgos de la radiación para el paciente
Vale lo señalado antes para el hipertiroidismo.
Se puede agregar que estudios como el de Smith, hecho en 32 adolescentes con cáncer del tiroides que recibieron dosis terapéuticas incluso >250 mCi y en quienes se controlaron 69 embarazos posteriores, el riesgo de infertilidad no fue diferente al de la población normal, y sólo hubo 2 malformaciones congénitas en madres tratadas durante el embarazo o 6 meses antes de la concepción, lo que refuerza lo ya señalado para el caso del hipertiroidismo en relación a posponer un embarazo por un período de un año después del tratamiento58. También en varones tratados con yodo 131 se han comunicado algunos casos de infertilidad; sin embargo, déficit graves de espermatogénesis se han recuperado después de algunos meses. Este riesgo sería mayor en aquéllos con grandes metástasis pelvianas, situación en la cual las gónadas reciben dosis altas de radiación50.

22.        Recomendaciones de fertilidad y protección radiológica
Igual a hipertiroidismo.
 
 
 

REFERENCIAS

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ANEXO 1
TRATAMIENTO CON YODO 131 EN PATOLOGÍAS TIROIDEA
Dr. Horacio Amaral

 

Unidades de medición y equivalencias (SI)
Radioactividad                                                1 milicurie (mCi)         =      37 megabequerel (MBq)
Dosis de radiación absorbida                        100 milirad (mrad)        =      1 miligray (mGy)
Dosis de radiación equivalente                    100 milirem (mrem)         =      1 milisievert (mSv)
 
Recomendaciones generales
El uso de yodo 131 en dosis terapéuticas puede constituir un riesgo potencial de radiación tanto para los familiares e individuos cercanos al paciente como para los trabajadores de la salud y medio ambiente. Por lo tanto su empleo debe ir acompañado de estrictas medidas de seguridad, precauciones e instrucciones especiales para evitar una exposición innecesaria a las radiaciones.
De acuerdo con la legislación vigente, la administración de yodo 131 debe ser efectuada bajo la responsabilidad de un médico especialista que cuente con una autorización de operador para manipular sustancias radiactivas de primera calegoría ("licencia de operador"), otorgada por la Comisión Chilena de Energía Nuclear. A su vez, la recepción, uso y almacenamiento del material radiactivo debe realizarse en una institución que posea la respectiva autorización de operación de la instalación radiactiva de primera categoría ("licencia de instalación") otorgada por la Comisión Chilena de Energía Nuclear.
El médico que administra la dosis de yodo 131 será responsable de tomar todas las precauciones para evitar la irradiación innecesaria tanto de las personas cercanas al paciente, de los trabajadores de la salud que lo atiendan como del público en general. El médico que administra la dosis de material radiactivo deberá mantener un registro de las cantidades administradas a cada paciente. Se establece como norma general tomar todas las medidas que sean razonablemente aceptables para disminuir al mínimo la exposición a las radiaciones (criterio internacional conocido por la sigla ALARA = As Low As Reasonably Achievable). Al no haber una norma nacional expresa que regule las condiciones que permitan la libre circulación de un paciente sometido a tratamiento radiactivo se recomienda adoptar la disposición de la Comisión Reguladora Nuclear de los EEUU (NRC) eslablecida en la regla 10 CFR 35.75 que ha sido recientemente modificada para hacerse efectiva a partir del 29 de mayo de 1997. Esta regla está conforme con las disposiciones de la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP 60, 1990) y del Consejo Nacional de Protección Radiológica y Medidas de EEUU (NCRP).
 La nueva regla 10 CFR 35.75 establece en resumen lo siguiente:

  •  Todo paciente que pueda exponer a otros individuos a una dosis efectiva equivalente >1 mSv (100 mrem) debe recibir instrucciones escritas del médico tratante que cumplan con el criterio ALARA.
  •  Para que un paciente sometido a tratamiento radiactivo pueda ser enviado a su domicilio se requiere que no exponga a ningún otro individuo a una dosis de radiación >5 milisieverts (0,5 rem) en un año.

  • Esta nueva norma permite establecer criterios basados en la realidad de cada individuo y su propio entorno. De este modo se puede ser más flexible con una persona que vive sola en una construcción sólida y más estricto cuando el sujeto convive con su familia en una habitación pequeña y de material ligero. Esta norma reemplaza la regla anterior más rígida que sólo permitía enviar a su domicilio a un individuo con una dosis <1.110 MBq (30 mCi) o cuando la radiación medida a 1 m del paciente no sobrepasara los 0,05 mSv (7,7 mrem x mCi x h x día) por h.

     
    Consejos prácticos para pacientes que reciban yodo 131

  • Pida a su médico que le dé detalles de todas la recomendaciones necesarias para evitar una radiación innecesaria para las personas cercanas y otros individuos. Aclare todas sus dudas y no tema preguntar.
  • Duerma solo en los primeros días del tratamiento. En este período evite dar besos y tener relaciones sexuales. Evite mantener contactos cercanos y prolongados con otras personas, especialmente con niños y embarazadas que son más sensibles a las radiaciones que los adultos.
  • Si tiene un niño pequeño o cuida alguno solicite instrucciones especiales a su médico. Evite tenerlo en su falda, alimentarlo o mudarlo. Si está dando pecho debe dejar de amamantar ya que el yodo está presente en la leche materna. Deberá sustituir la alimentación del bebé por otra leche.
  • Lave muy bien sus manos después de ir al baño. Utilice papel higiénico en mayor cantidad que la habitual. Tire la cadena 2 ó 3 veces después de que vaya al baño. Mantenga la taza del baño especialmente limpia. A los hombres se les recomienda orinar sentados para evitar salpicar orina fuera de la taza o en sus bordes.
  • Beba abundante líquido para eliminar mayor cantidad de orina. Consuma caramelos ácidos o jugo de limón para ayudar a la salivación y evitar la retención de yodo en las glándulas salivales. Mantenga su cepillo de dientes separado de los del resto de su familia.
  • Separe para su uso exclusivo un juego de cubiertos (cuchara y tenedor) y lávelos separadamente del resto con abundante agua. Evite morderse las uñas y llevarse objetos a la boca, tales como lápices, cadenillas, etc.
  • Destine una toalla para ser usada sólo por usted. Lave su ropa interior y ropa de cama aparte del resto y con enjuagues adicionales de agua.





  •   Recibido el 13 de mayo, 1998. Aceptado el 29 de mayo, 1998.
    Sociedad Chilena de Endocrinología y Metabolismo; Sección de Endocrinología, Hospital 
    Dr Sótero del Río; y Departamento de Endocrinología, Facultad de Medicina, Pontificia 
    Universidad Católica de Chile.
     
     
    Correspondencia a: Dr. Patricio Michaud. Sociedad Chilena de
    Endocrinología y Metabolismo. Bernarda Morín 488, Providencia,
    Santiago, Chile.

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