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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.127 n.9 Santiago set. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98871999000900016 

ACADEMIA DE MEDICINA

Tendencias de la medicina actual

The future of medicine

Alejandro Goic G*

Predicting the future of medicine is daring. One can speculate about some of its future traits at the most. The spectacular progress in biological sciences has nurtured the hope that medicine will be able to dominate all ailments, improve the quality of life and longevity. Physicians are uncomfortable with the weak knowledge that they have about some diseases such as cancer, connective tissue diseases, degenerative diseases, mental and psychosocial conditions. They are also worried about the aggressive and mutilating surgical procedures that are required nowadays. One can foresee that molecular medicine and applied technology will advance at a great speed and will modify the therapy of several diseases and the social organization of health care. Scientific progress will also change our values and will pose new political and economical challenges. I believe that medical ethics and bioethics will become a growing concern for medical education and professional organizations. The so called biotechnology century will also be the bioethics century. The revision and elucidation of the fundamentals of medicine will differentiate, in the future, a medicine devoted to mankind with a solid ethical background from an impersonal health care that considers man as an object or maybe a merchandise. The second option will cast medical care through the abyss of decadence, to its end.
(Key Words: Ethics, medical; History of Medicine, modern; Molecular biology; Molecular medicine; Technology, medical)

Recibido el 21 de junio, 1999. Aceptado el 22 de junio, 1999.
Este artículo fue la introducción al Simposio "Tendencias en medicina", en las Terceras
Jornadas Argentino-Chilenas de Medicina, organizado por la Academia Chilena de
Medicina, en Santiago de Chile, 24-26 de mayo de 1999.
* Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina, del Instituto de Chile.

Los médicos somos co-partícipes de la gran expectación pública que han creado los maravillosos avances en los conocimientos biológicos y médicos de los últimos decenios. Sus logros le han dado a las ciencias biológicas y a la Medicina un gran prestigio social y han creado en las personas la esperanza casi ilimitada de que, con el transcurso del tiempo, logrará dominar todas las enfermedades, mejorar la calidad de vida y prolongar su duración.

En la experiencia de nuestra propia actividad profesional, de los últimos 40 años, hemos sido testigos de la incorporación al quehacer clínico de impresionantes procedimientos diagnósticos, del advenimiento de docenas de nuevos medicamentos específicos de gran eficacia y efectos indeseables menores, así como de inimaginados procedimientos quirúrgicos. Estos adelantos han modificado sustancialmente el modo cómo practicamos hoy la medicina clínica, comparativamente con el pasado reciente.

En las últimas décadas, la revolución en la biología que significó el descubrimiento de la estructura en doble hélix del ADN por Watson y Crick en 1953, y los posteriores avances en genética molecular e ingeniería genética1, ha sido de tal magnitud que los médicos hemos tenido que aprender nuevos conceptos y adaptarnos a un nuevo lenguaje biológico, para entender los mecanismos de algunas enfermedades.

Debemos reconocer que la mayor parte de los progresos en Medicina
se han debido, másque a los médicos, a la creatividad y dedicación
de los científicos involucrados en la investigación biológica.

El mérito de los médicos ha sido incorporar los nuevos conocimientos y tecnologías a su práctica profesional y, mediante habilidades y destrezas clínicas específicas, aplicarlos en beneficio de los pacientes.

En el campo de la Salud Pública, hemos sido testigos también de un significativo progreso, ejemplarizado en el aumento de las expectativas de vida al nacer y en una sustancial disminución de los índices de mortalidad, particularmente de la mortalidad infantil. Esto se ha debido en parte al desarrollo social y económico global de nuestros países, pero también a acciones médicas específicas de fomento de la salud y prevención de las enfermedades.

Con todo, los médicos sabemos que, pese a este notable progreso de la Medicina, ella adolece de importantes limitaciones en el conocimiento etiológico, fisiopatológico y terapéutico, al punto que, en último término, muchas de nuestras acciones médicas se desenvuelven en el campo del tratamiento meramente sintomático. Como médicos, nos incomoda la débil comprensión que tenemos de algunas enfermedades, así como las limitaciones del tratamiento de un sinnúmero de ellas, como ser las de carácter degenerativo, los cánceres, las enfermedades del mesénquima, las afecciones mentales y los trastornos psicosociales. También nos perturban algunos tratamientos quirúrgicos agresivos que, aunque hoy necesarios, no dejan de ser toscos y mutilantes. A pesar de ello, la mayoría de los médicos, así como la población en general, tienen una fe casi ciega de que, con el avance en los conocimientos biomédicos, se logrará superar estas insuficiencias en el futuro. Pocos son, en verdad, los que advierten con razón sobre los límites inherentes a la Medicina2.

Ahora bien, en este cuadro de progreso biomédico espectacular y acelerado, predecir cómo será la medicina y el ejercicio profesional en los próximos decenios pareciera ser un intento aventurado. El mundo de las ideas y de la praxis se mueve dialécticamente y, en consecuencia, el futuro se construye día a día, por lo que es problemático predecirlo con algún grado de certeza. Además, cuando se es parte de la historia y se está inmerso en su curso, es difícil a sus actores identificar los hechos más relevantes que la caracterizan3.

A lo más, podemos conjeturar sobre algunos rasgos de la Medicina del futuro, de mantenerse la velocidad de avance de los conocimientos. Es decir, a partir del nivel actual de los conocimientos biológicos y médicos, es posible imaginar su rumbo y eventuales logros en un futuro próximo y especular sobre los efectos que el progreso científico tendrá en el quehacer clínico cotidiano del médico. También, podemos escudriñar en los efectos humanos y éticos que estos adelantos científicos están planteando en la actualidad y que lo harán con mayor vigor en el futuro.

En términos generales, podemos sostener que el notable avance de los conocimientos biológicos a nivel molecular y de la tecnología aplicada en Medicina se acelerará en los próximos decenios. Esto inevitablemente modificará el modo de practicar la Medicina y el enfoque terapéutico de nuestros pacientes, así como la organización social de la atención de salud. El progreso científico, a su vez, planteará desafíos políticos, económicos y valóricos a la sociedad, a los médicos y a las escuelas de medicina. Sin embargo, es mucho más difícil señalar cuáles serán las características específicas de los cambios que se avizoran en medicina y salud.

En los últimos años se ha acuñado el término de "siglo de la biotecnología" para referirse al siglo 21, cuyo prólogo científico se escribe a partir de la segunda mitad del presente siglo. Sin embargo, a mi parecer, un análisis de las tendencias en biología y medicina basado únicamente en los adelantos científicos y tecnológicos observables y previsibles no agota ni con mucho el tema. Y, desde un punto de vista humano, probablemente no es lo más decisivo. Precisamente, como consecuencia directa del progreso biomédico hoy se plantean con mayor fuerza que antes los temas valóricos de la Medicina. No es por mera casualidad que poco después de los trascendentales descubrimientos en genética molecular, surgiera con inusitada fuerza el movimiento bioético, diseminando en todo el mundo sus principios de beneficencia, no-maleficencia, autonomía y justicia4.

La observación de la realidad actual nos hace prever que, en una época de preocupación por contener los gastos médicos, los incentivos financieros y profesionales serán cada vez menos congruentes con el principio de la beneficencia, que ha sido crucial para la Medicina por más de dos milenios. Este fenómeno complicará e intensificará los dilemas éticos que ella enfrenta. En este cuadro, más que en el pasado, y como una exigencia del espíritu y la conciencia moral, la ética médica y la bioética acrecentarán su presencia en su análisis teórico y práctico, constituyendo una preocupación creciente para la educación médica y las organizaciones societarias del cuerpo médico5. A mi parecer, el siglo de la biotecnología será al mismo tiempo el siglo de la bioética.

En efecto, en términos relativos, la más importante reflexión actual que acosa a la Medicina no se sitúa en el campo de las ciencias y la tecnología, sino que en la bioética y la ética profesional. Es aquí donde, a mi juicio, se definirá el futuro de la Medicina y de la práctica médica. Así, en el plano biológico y médico no es por cierto trivial reflexionar, como se hace actualmente en todo el mundo, sobre la manipulación genética del embrión, la fertilización asistida, el trasplante de órganos, el control de la natalidad, el aborto, la eutanasia, la clonación de seres humanos, y aclarar si estos temas tienen respuesta exclusivamente en la ciencia experimental y la tecnología. Tampoco es banal preguntarse si la Medicina es sólo una profesión para ganarse la vida, o si el modo de organizar la atención de salud de la población es un problema meramente técnico o económico.

Es claro que los aspectos valóricos en Medicina no se refieren sólo al ejercicio de la medicina clínica, sustentada en la relación médico-paciente, sino que también a las dimensiones éticas de la organización de la atención de salud de la población, de modo de lograr que todos los seres humanos tengan acceso a los beneficios del saber médico.

La búsqueda inteligente de orientaciones que ayuden a los médicos a esclarecer los fundamentos y la sustancia de la Medicina, puede significar, para su futuro, la diferencia entre seguir cumpliendo un objetivo humano de raíz ético-asistencial, que se expresa en una relación del médico con su enfermo, de carácter interpersonal y una Medicina al servicio del hombre; o bien, enceguecida por el cientificismo y el nihilismo moral, convertir la atención de salud y el ejercicio profesional en una relación despersonalizada que considera al paciente como un objeto —y tal vez una mercancía— con el riesgo de precipitarse así en el abismo de su decadencia y tal vez de su fin5.

Dada la amplitud y complejidad del campo de la medicina y la salud, un análisis exhaustivo de sus tendencias parece casi inalcanzable, por lo que necesariamente debe ser acotado. Las facetas que parecieran más relevantes son aquellas relativas a la investigación biomédica y al desarrollo tecnológico; a la práctica profesional y la terapéutica; a la organización de la atención de salud y, por último, y no por ello menos importante, a la Medicina como Ciencia del Hombre.

Correspondencia a: Dr. Alejandro Goic C. Unidad de Planificación de la educación Médica, Facultad de Medicina, Universidad de Chile. Santiago de Chile

REFERENCIAS

1. The future of Medicine. Special Issue. Time. 1999; 153: 24-56.        [ Links ]

2. GOLUB ES. Los límites de la Medicina. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1996.        [ Links ]

3. SENDRAIL M. Historia cultural de la enfermedad. Madrid: Espasa Calpe 1983; 388-434.        [ Links ]

4. Bioética. Bol Of Sanit Panam (Número Especial) 1990; 108: 369-652.        [ Links ]

5. GOIC A. El fin de la Medicina. Santiago de Chile: Editorial Mediterraneo. 1999 (en prensa).        [ Links ]

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