SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.127 número9 índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

Compartilhar


Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.127 n.9 Santiago set. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98871999000900021 

CRÓNICA

Homenaje póstumo al Dr. Héctor
Ducci Claro*

Posthumous tribute to Héctor
Ducci, MD

Hector Ducci, MD (1915-1959) was a bright and energetic young physician who became one of the best known Chilean physicians abroad. Trained with Cecil Watson, MD, they both devised a method to measure conjugated bilirubin in serum ("direct-reacting bilirubin") and Dr. Ducci developed several laboratory techniques, mainly liver function tests, and proposed a practical clinical classification of jaundice. Probably one of his major contributions in hepatology was the use of high doses of cortisone in fulminant hepatic failure due to viral hepatitis, that standed worldwide for at least two decades as the life-saving alternative. He modernized medical care in the Internal Medicine wards, at the Hospital del Salvador in Santiago, Chile, becoming an example soon followed by other hospitals and specialties. Medical Residencies and Nurses School were also organized or modernized under his leadership. His unexpected and premature death shocked the medical environment not only in Chile but also in other countries.
(Key Words: Famous persons; Hepatology; History of Medicine, 20th Cent; Internal Medicine; School, Medical; Universities)

Héctor Ducci Claro nació el 15 de agosto de 1915, hijo del que fuera a su vez médico, el doctor José Ducci Kallens, uno de los fundadores de la Radiología como especialidad, en Chile. Ingresó a la Escuela de Medicina en 1933, graduándose con honores en 1939. Como alumno de la Universidad de Chile fue ayudante de la cátedra de Microbiología del doctor Hugo Vaccaro y algún tiempo después ingresó al Servicio de Medicina del Hospital del Salvador. Ahí se formó junto al que sería más tarde su Jefe y amigo, el Dr. Hernán Alessandri.

Por sus extraordinarias cualidades como médico y científico, no le fue difícil destacarse dentro del Servicio de Medicina. Sus relevantes dotes de organizador y realizador lograron transformarlo en un servicio moderno, que destacaba entre los de su época.

Pocos años después de su graduación, se recibió como Profesor Extraordinario de Medicina, incorporándose a la Facultad de Medicina de la Univeridad de Chile, como uno de los miembros más jóvenes de su época. Dedicó parte de su tiempo, no sólo a la enseñanza de la medicina, sino que también de la enfermería, siendo probablemente, el precursor en Chile, del moderno e importante papel que hoy día juega la Enfermera.

Participó en numerosos congresos realizados en el país y especialmente en los Estados Unidos, en donde junto a su amigo el investigador Dr. Cecil Watson, realizó destacadas investigaciones en el metabolismo de la bilirrubina. Hoy se le recuerda por su moderna y práctica clasificación de las ictericias. Su libro "Ictericias y Laboratorio" fue un documento que en su época marcó nuevos rumbos en la especialidad. Otra de sus obras fue en la Sociedad Médica de Santiago, de la cual fue Director durante varios períodos y Presidente en 1955-1956. El edificio que ocupó junto al Colegio Médico de Chile, en calle Esmeralda, fue producto de su esfuerzo, capaz de vencer los múltiples obstáculos materiales y financieros de esa época. En 1951 fue designado Sub Jefe del Servicio de Medicina del Hospital del Salvador, donde destacó por su gran capacidad como organizador, lo que le valió la confianza ilimitada de su Jefe, el Dr. Hernán Alessandri.

Su muerte, acaecida inesperadamente el 24 de julio de 1959, a los 43 años de edad, lo encontró cuando se aprestaba para asumir la Jefatura del Servicio de Medicina, perdiéndose así uno de los autores y responsables del que fuera el mejor Servicio en su época.

Fui testigo de la obra del Dr. Ducci, desde mi ingreso al Hospital en 1954, hasta su muerte, cuatro años más tarde. Aún recuerdo las antiguas salas del hospital, largas y frías, en donde se ubicaban 25 camas separadas por un largo pasillo central; a los pacientes se les conocía no por su nombre sino que por el número de la cama que ocupaban. Cuando Ducci ingresó al Hospital del Salvador, en 1943, el hospital contaba sólo con una enfermera y la labor de enfermería la hacían en la sala algunas auxiliares y practicantes. La residencia estaba constituida por una guardia hospitalaria, formada por un cirujano y un internista, que recorrían las salas atendiendo las urgencias de los distintos servicios. Así lo fue hasta el año 1950.

Como Residente del Servicio de Medicina, entre los años 1954 y 1959, pude reconocer en el doctor Ducci una característica muy especial que lo distinguía del resto de sus colegas: su gran inteligencia y capacidad organizadora, que hizo realidad en el Servicio de Medicina algún tiempo más tarde, tal como hoy día lo conocemos. Ese cambio elevó al Servicio, a la primera categoría dentro de los servicios clínicos, no sólo en Chile sino que en Sudamérica. Fuimos también testigos de cómo sus modernas innovaciones fueron combatidas y criticadas en su época, incluso por sus jefes, por considerarse poco prácticas o irrelevantes. Así fue como las salas de medicina fueron divididas en tres secciones más pequeñas, dotándoseles de un sistema de calefacción central, con un pasillo lateral ancho y luminoso para el trabajo de médicos y enfermeras, junto a moderno mobiliario y adecuados útiles de trabajo.

El Servicio de Medicina se constituyó en esa época en una verdadera isla paradisíaca para los Residentes y médicos que allí trabajaban y cuya labor se veía complementada por un equipo de 25 enfermeras, lo que era un hecho realmente excepcional en su época; eso fue sin duda uno de los hechos más destacados en la obra del Dr. Ducci. La eliminación de los números en la cabecera de las camas de los pacientes fue uno de los cambios a los cuales nos costó acostumbrarnos, ya que nos obligó a memorizar los nombres y apellidos de cada uno de ellos, contribuyendo así a la mayor dignificación del enfermo. Pero la labor del Dr. Ducci no sólo se limitó a lo material, sino que junto al Dr. Alessandri, fueron los iniciadores del moderno sistema de Residencia, constituido por médicos becados que luego fuera extendido a otros Servicios y hospitales del país. A su iniciativa se debe también la construcción de las actuales salas de Residencia Médica y de Enfermería, la organización de una sala metabólica, actualmente ocupada por enfermos renales, y la del Auditorium que lleva su nombre, en el cual se realizaban los miércoles, después de almuerzo, los seminarios para los Residentes y Enfermeras, que él presidía. Los Residentes en aquella época fuimos objeto de su especial dedicación y control; el doctor Ducci nos hacía sentirnos responsables de todo lo que le ocurriera al paciente, tanto en lo médico como en su confort personal. Su labor como profesor en la Escuela de Enfermería permitió elevar la labor de la Enfermera hasta límites desconocidos en aquella época, asignándoles un rol de primera importancia dentro del trabajo médico. Las visitas que el Dr. Ducci realizaba periódicamente en las salas, a veces en forma sorpresiva, eran temidas por nosotros los Residentes y se hacían con un séquito de enfermeras, nutricionistas, internos y alumnos a todos los cuales interrogaba por igual. Esto le permitía conocer la labor de cada uno de ellos y, al mismo tiempo, controlar su buen desempeño. Héctor Ducci era un perfeccionista, formal y elegante en el vestir, amante del deporte, de la música y del baile, con gran facilidad para aprender idiomas y gustaba de la vida social. Gastaba mucho tiempo en conversaciones con autoridades del Hospital o del Ministerio, tratando de convencerlos para imponer sus ideas innovadoras, vertiendo ácidas críticas hacía aquellos que no le seguían. El binomio constituido por el Dr. Hernán Alessandri y Héctor Ducci, fue el pedestal sobre el cual se formaron numerosos médicos, cuya calidad era reconocida, lo que apreciábamos con cierto orgullo.

En la mañana del 24 de julio de 1959 recibimos la infausta noticia: el Dr. Ducci había muerto. Era casi imposible creerlo. Hacia sólo pocos días llegaba desde el extranjero, lleno de vida y de nuevas ideas; recuerdo aún su aspecto, que en nada hacía presentir el triste desenlace. Esa mañana tuvimos la sensación de que el tiempo se detenía, en espera de lo que iba a ocurrir. Al llegar al hospital nos encontramos los unos con los otros en un silencio que era, por lo demás, elocuente.

El Dr. Ducci, sin duda, dejaba un vacío enorme y difícil de llenar. Su funerales dieron lugar no sólo a sentidas manifestaciones de pesar de los distintos estamentos, sino que también a múltiples mensajes de condolencias llegados desde el exterior, en donde dejara recuerdo por su gran personalidad. Hoy día el Dr. Ducci permanece en nuestra memoria, como el organizador del moderno Servicio de Medicina, tal como hoy día lo conocemos, cuyas bases fueron luego aplicadas en la organización de otros hospitales.

En lo personal debo agradecer al Dr. Ducci la confección de mi tesis de grado, su moderna visión de la medicina y, por qué no decirlo, por mi esposa (su hija Isabel) que me dejara como legado póstumo, sin saberlo.

Dr. Hernán Noguera Matte

* Texto del homenaje rendido el 30 de julio de 1999, en el Auditorio Héctor Ducci C, del Servicio de Medicina del Hospital del Salvador.

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons