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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.127 n.12 Santiago dic. 1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98871999001200006 

Estrés ocupacional
en personal de salud

Occupational stress in
health care personnel

Marcelo Trucco B, Paulina Valenzuela A1, Daniela Trucco H2

Background: Occupational stress results from the interaction of multiple risk factors, such as the physical environment, biological function disturbances, work content and organization and diverse psychosocial components. Aim: To study the frequency of symptoms and the main sources of job stress, perceived by professional and non professional health care workers and to compare gender differences. Subjects and methods: A group of specially designed, self-administered, questionnaires adapted by the main author and independently validated, were applied. The results of two symptoms, one work satisfaction, and one job stress scales are reported. Results: One hundred sixteen women and 89 men were studied, 143 are professionals and 62 non professionals (clerical and nurse auxiliaries). Forty percent had symptoms of job stress and 82 subjects were defined as "probable cases", according to the ratings on the symptom scales. There were significant differences in the frequency of symptoms between professionals and non professionals (34.3 and 69.2% respectively). The main differences in symptoms, sources of job stress and dissatisfaction were more closely associated to the occupational level than to gender. Conclusions: A high frequency of job stress symptoms was observed in this sample of health care workers and the risk of occupational stress varies more with the occupational level than with gender.
(Key Words: Health, Personnel; Occupational Health; Stress, Psychological)

Trabajo recibido el 6 de julio, 1999. Aceptado en versión corregida el 25 de octubre, 1999.
Este trabajo fue financiado en parte con fondos de la Comisión de Investigación de la ACHS.
Hospital del Trabajador, Asociación Chilena de Seguridad. Facultad de Matemáticas,
Pontificia Universidad Católica de Chile. Universidad de Maryland, EEUU.
1Estadístico
2Socióloga

De acuerdo con el modelo conceptual que hemos utilizado a lo largo de varios años investigando sobre estrés ocupacional, definiremos estrés como "el conjunto de procesos y respuestas fisiológicas, emocionales y conductuales ante situaciones que son percibidas e interpretadas por el individuo como amenaza o peligro, ya sea para su integridad biológica o psicológica"1. La amenaza puede ser objetiva o subjetiva; aguda o crónica. Lo crucial es el componente cognoscitivo de la apreciación que el sujeto hace de la situación2. Se produce estrés cuando existe una discrepancia importante entre las capacidades del individuo y las demandas o exigencias de su medio ambiente.

El estrés de origen ocupacional es producto de la interacción entre múltiples factores de riesgo, incluyendo aquellos que provienen del ambiente físico, trastornos de las funciones biológicas, el contenido y organización del trabajo, y diversos componentes psicosociales, tanto laborales como extra laborales1. Entre éstos se ha descrito: el contexto macrosocial y el estrato socioeconómico; el tipo de trabajo; el apoyo social, dentro y fuera del trabajo; los sentimientos de autoestima y de control; tipo de personalidad; la edad y el género3-9.

Uno de los grupos ocupacionales en los que se ha descrito riesgos significativos de estrés ocupacional es el personal de instituciones de salud. Este, cuando evoluciona crónicamente, puede provocar el cuadro de agotamiento emocional, distanciamiento afectivo, trato despersonalizado y a un sentimiento general de ausencia de logros personales que se ha denominado "burnout", cuadro que, junto con significar un menoscabo del bienestar de la persona, se traduce en pérdida de productividad para la organización10.

Tradicionalmente una elevada proporción del personal de salud ha sido femenino. La participación femenina en la fuerza laboral ha ido creciendo rápidamente en la mayoría de los países, pero, al mismo tiempo, han ocurrido relativamente pocos cambios en las responsabilidades de la mujer en el hogar y la familia11. Al parecer, las condiciones laborales afectarían indirectamente la salud mental de hombres y mujeres. Existen, sin embargo, diferencias entre los factores que afectan a uno y a otro sexo. Estas diferencias guardan relación con los roles y autoconceptos de hombres y mujeres. De ahí la conveniencia de estudiar separadamente las causas y los efectos del estrés ocupacional en mujeres y hombres12.

Otras variables importantes en la investigación del estrés que afecta al personal de salud son: la profesión y el status profesional; la interacción entre diferentes grupos; la edad y la etapa en la carrera profesional. Existe evidencia que los factores que afectan la salud y la salud mental y cómo se manifiestan dichos problemas puede variar en médicos, enfermeras, auxiliares y personal administrativo13-19.

Medición del estrés ocupacional. Cómo se mide el estrés, tanto en individuos como en grupos, es un tema importante desde el punto de vista metodológico y como fundamento para el diseño de programas de salud y prevención en las organizaciones7,20. El autor principal y sus cols han desarrollado un conjunto de instrumentos destinados a medir diversos componentes del estrés de origen ocupacional.

El modelo conceptual subyacente y la metodología empleada han sido motivo de publicaciones previas21,22. Ese modelo concibe el estrés como un proceso y supone que se detecta por medio de síntomas inespecíficos, incluyendo síntomas de la esfera emocional y de tipo somático, que no configura un cuadro mórbido definido. Su presencia puede afectar la calidad de vida y el desempeño de las personas y señala el riesgo de enfermar.

El instrumento consiste en una batería de cuestionarios, diseñados para ser autoadministrados. Se ha demostrado que son económicos, fáciles de aplicar, aceptables para los sujetos de estudio y que discriminan entre diferentes grupos ocupacionales22. Dicha batería ha sido independientemente validada en nuestro medio23.

OBJETIVO

Este trabajo forma parte de una línea de investigación acerca de la cual se ha informado previamente22. Su objetivo es investigar la frecuencia de síntomas y principales fuentes de estrés ocupacional percibidas por dos grupos de trabajadores de la salud, uno de profesionales universitarios y el otro, no profesional, comparando hombres y mujeres en ambos.

MÉTODO

La muestra incluye 205 sujetos que se constituyó agregando varios grupos encuestados en diferentes períodos, habiéndose descrito su origen en una publicación previa22. Parte de esa muestra se ha ocupado en este trabajo, en el cual se han incluido los siguientes grupos:

A) Profesionales de la salud. Incluye médicos (aproximadamente la mitad), enfermeras, y otros profesionales (n=143).

D) No profesionales. Incluye personal administrativo, de secretaría y auxiliares de enfermería (n=62).

Los cuestionarios utilizados en este trabajo miden: A y B) Síntomas de estrés (12 y 22 preguntas, respectivamente); C) Fuentes de satisfacción/insatisfacción laboral (13 preguntas); D) Fuentes de tensiones y problemas en el trabajo (16 preguntas).

Las escalas de síntomas empleadas son traducciones del General Health Questionnaire de Goldberg en su versión de 12 preguntas, GHQ-1224,25; y el Cuestionario de Síntomas Psicosomáticos de Stress de Cooper, CSPS26. Los demás cuestionarios han sido adaptados de una batería desarrollada por B Israel y cols, en la Universidad de Michigan en Ann Arbor, con su autorización27,28. Otras características de estas escalas han sido informadas en el trabajo previamente publicado22.

Todos los cuestionarios se responden en escalas de 4 puntos y están referidos a un período definido ("último mes"). Se dicotomizaron las respuestas, asignándose el puntaje mayor a aquellas dos respuestas que indican, en general, lo más "negativo". De este modo, los mayores puntajes indican mayores problemas, malestar, tensión o deficiencias.

Análisis. Se describe la muestra según las variables de origen: sexo, edad y grupo ocupacional. Luego se describen los resultados globales de los diferentes cuestionarios aplicados para la muestra y según sexo, edad y grupo ocupacional. Se presentan las diferencias significativas en los resultados globales de los cuestionarios según las variables de origen y con respecto a las principales asociaciones detectadas.

Se construyeron grupos secundarios de "probables casos" y "normales" sobre la base de los puntajes obtenidos en los cuestionarios de síntomas. Se utiliza como punto de corte los puntajes determinados en un estudio anterior que incluía parte de la muestra actual22. Estos se determinaron convencionalmente, para los efectos del estudio, como aquellos puntajes correspondientes a una desviación estándar sobre el promedio y mayores. De este modo, se definieron como "probables casos" (sintomáticos) aquellos sujetos que obtuvieron 6 o más puntos en el GHQ-12 (rango posible: 0 a 12), y/o 19 o más puntos en el CSPS (rango posible: 0 a 44). La metodología empleada permite sospechar, pero no diagnosticar, posibles casos de morbilidad mental. Es básicamente, una técnica de tamizado, utilizada corrientemente en estudios epidemiológicos24.

RESULTADOS

La muestra incluye 116 mujeres y 89 hombres (Tabla 1) con un promedio de edad de 36,5 años (desviación estándar = 7,7). No hay diferencias significativas en la composición por edad entre los cuatro subgrupos.

Tabla 1. Distribución según sexo
y grupo ocupacional

Grupo Mujeres Hombres Total
ocupacional      

      A 87 56 143
      D 29 33   62
       
Totales 116   89 205

En la Tabla 2 se presenta el número de sujetos clasificados como "probables casos" y "normales", de acuerdo con el criterio descrito arriba. La diferencia entre la proporción de mujeres y hombres clasificados como "casos" no es significativa (mujeres = 42,3%; hombres = 46,3%). Sin embargo, al comparar separadamente los grupos A (profesionales universitarios) y D (no profesionales), se comprueba que la diferencia en la proporción de casos es altamente significativa (p <0,001), ya que 34,3% del grupo profesional (A) y 69,2% del grupo no profesional (D) es clasificado como "probables casos". La diferencia es mayor entre las mujeres (A= 31,3%; D = 79,2%; p <0,001), que entre los hombres (A = 38,8%; D = 60,7%; no significativa).

Tabla 2. Número de "casos" y "normales"
según grupo ocupacional y sexo

Grupo   Mujeres Hombres
  Normales 55 33
A      
  Casos 25 21
       
  Normales   5 11
D      
  Casos 19 17

Los sujetos clasificados como probables "casos" y "normales" difieren significativamente en las cuatro escalas: (A) GHQ-12; (B) CSPS; (C) Fuentes de insatisfacción laboral; y (D) Fuentes de tensión por el trabajo. En todas las escalas los "casos" registran puntajes significativamente mayores que los "normales" (p <0,001).

Por otra parte, encontramos correlaciones positivas significativas (p <0,001) entre los puntajes globales de las escalas siguientes: GHQ-12/CSPS: r=0,59; GHQ-12/Fuentes de tensión en el trabajo: r=0,33; CSPS/Fuentes de tensión en el trabajo: r=0,37.

Los puntajes de las escalas de síntomas son independientes del puntaje global de insatisfacción, existiendo sólo una débil correlación entre la escala CSPS y la escala C de insatisfacción (r=0,17). Las escalas de insatisfacción (C) y de fuentes de tensión laboral (D) aparecen como dimensiones independientes, cada una con una distribución de puntajes aproximadamente normal.

Síntomas, insatisfacción y tensión en el trabajo. En las Figuras 1, 2 y 3 se presentan los síntomas más frecuentemente referidos por los 205 sujetos del estudio, las mayores causas de insatisfacción laboral y los principales factores de tensión y molestia en el trabajo, respectivamente.

FIGURA 1. Síntomas más frecuentes en porcentajes (n = 205)

FIGURA 2. Causas de mayor insatisfacción en porcentajes (n = 205).

FIGURA 3. Causas de tensión en el trabajo en porcentajes (n = 205).

Entre los síntomas informados por más de 25% de la muestra predominan los de ansiedad y depresivos. Las mayores causas de insatisfacción, que afectan a más de la mitad de los sujetos, son: sentir su trabajo poco reconocido y valorado y la escasa posibilidad de controlarlo (baja autonomía). Entre los factores de tensión, destaca el sentimiento de tener que responder a muchas personas, el apremio de tiempo y las condiciones de trabajo físico ambientales inadecuadas.

A continuación se describen las principales diferencias según grupo ocupacional y sexo. 1. Diferencias en la frecuencia de síntomas en los grupos ocupacionales A y D. Sólo se encontraron diferencias significativas en la escala de síntomas "psicosomáticos" (CSPS) entre ambos grupos ocupacionales (Tabla 3). 2. Diferencias en la frecuencia de síntomas en mujeres y hombres. En el grupo A: se encontraron diferencias significativas en 6 de 24 síntomas por los cuales se indagó (Tabla 4). En el Grupo D: la única diferencia significativa se encontró en el síntoma: (B11) "Dolor de cuello, hombros, brazos": Mujeres = 53,3% >Hombres = 24,2%. 3. Diferencias en las fuentes de insatisfacción laboral en los grupos ocupacionales A y D. Se encontraron importantes diferencias en la frecuencia de fuentes de insatisfacción entre los grupos profesionales y no profesionales (Tabla 5). 4. Diferencias en las fuentes de insatisfacción laboral en mujeres y hombres. En el grupo profesional (A): de los 13 ítemes en la escala de satisfacción/insatisfacción, sólo se encontró una diferencia significativa: (C3) "Trabajo poco variado": Mujeres (26,1%) <Hombres (42,9%). En el grupo no profesional (D): p = ns según sexo. 5. Diferencias en las fuentes de tensión laboral entre grupos ocupacionales. Difieren significativamente los profesionales (A) y no profesionales (D). En los tres ítemes, son los profesionales quienes perciben significativamente más tensión (Tabla 6). 6. Diferencias en las fuentes de tensión laboral en mujeres y hombres. Las diferencias entre mujeres y hombres son escasas: sólo dos ítemes en el grupo profesional y uno en el grupo no profesional (Tabla 7).

Tabla 3. Diferencias significativas en la
frecuencia de síntomas en los grupos
ocupacionales A y D.

Síntomas psicosomáticos
A (%) D (%)
de estrés (CSPS)    

(B2) Dificultad para permanecer dormido 18,1 36,5
(B5) Aumento del apetito 12,5 27,0
(B6) Cansancio 22,2 41,3
(B7) Molestias estomacales o digestivas   7,6 41,3
(B11) Dolor de cuello, hombro, brazos 19,4 38,1
(B12) Dolor de espalda o cintura 16,7 39,7
(B14) Palpitaciones o taquicardia   9,0 27,0
(B18) Temblor de manos o párpados   5,6 19,0
(B19) Mentalmente agotado   7,6 19,0
(B20) Dolor u opresión en el pecho   0,7   9,5
(B22) Desea que se le deje solo 17,4 34,9

 

Tabla 4. Diferencias significativas en la
frecuencia de síntomas entre mujeres y
hombres del grupo A

    Mujeres Hombres
    % %

(A1) Ha dejado de dormir 28,4 51,8
  por preocupaciones    
(A2) Se ha sentido constantemente tenso 45,5 62,5
(B8) Le cuesta levantarse en la mañana 28,4 44,6
(B12) Dolor de espalda o cintura 21,6   8,9
(B13) Muy sensible o con deseos de llorar 12,5   3,6
(B22) Desea que se le deje solo   9,1 30,4

 

Tabla 5. Diferencias significativas en la
frecuencia de fuentes de insatisfacción en los
grupos ocupacionales A y D

Fuentes de insatisfacción laboral A (%) D (%)
(C2) Mi trabajo permite tomar muchas decisiones 43,8 66,7
(C3) Mi trabajo es variado 32,6 63,5
(C4) Mi trabajo requiere que aprenda cosas nuevas 43,1 60,3
(C5) Mi trabajo requiere que sea creativo 13,9 57,1
(C8) Puedo decidir velocidad de mi trabajo y cuando descansar 54,9 73,0
       
(C11) Tengo la posibilidad de opinar y participar en 40,3 58,7
  decisiones que afectan mi trabajo    
(C12) Mis opiniones influyen en decisiones que 61,1 82,5
  afectan a la empresa en su conjunto    
(C13) Satisfecho con la posibilidad de opinar y 47,9 71,4
  participar en decisiones referentes a mi trabajo    

 

Tabla 6. Fuentes de tensión en el trabajo.
Diferencias significativas entre grupos
ocupacionales

Fuentes de tensión A (%) D (%)

(D10) No estar suficientemente capacitado para 14,6   3,2
  este trabajo    
(D13) Mi trabajo perturba mi vida familiar 25,0 12,7
(D14) Mi trabajo me impide desarrollar actividades 27,1   9,5
  sociales o recreativas que me agradan    

 

Tabla 7. Fuentes de tensión en el trabajo.
Diferencias significativas según sexo

Fuentes de tensión Mujeres Hombres
   
%
%

Grupo A (profesionales)    
(D4) Demasiado trabajo: falta tiempo... 31,8 48,2
(D6) No saber qué opinan y cómo evalúan mi desempeño... 20,5 39,3
       
Grupo D (no profesional)    
(D5) Tener que satisfacer o responder a muchas 63,3 36,4
  personas    

DISCUSIÓN

La muestra analizada forma parte de un contingente mayor y fue elegida así con el propósito de tener dos subgrupos ocupacionales dentro de un mismo campo de actividad, servicios de salud. Sin embargo, no se ha pretendido investigar aspectos que pudieran ser más específicos a los trabajos relacionados con los cuidados de la salud. De este modo, no se ha diferenciado, por ejemplo, entre médicos y enfermeras universitarias u otros profesionales de la salud; ni se ha distinguido entre médicos de sexo masculino y femenino. En este sentido, debe considerarse el presente trabajo como una aproximación metodológica al tema propuesto.

Lo primero que destaca de los resultados obtenidos en esta muestra es el elevado nivel sintomático. La clasificación en "probables casos" y "normales" en el sentido que habitualmente se usa con el General Health Questionnaire, es convencional y podría ser cuestionable, dado que no se ha efectuado un estudio de validación clínica para esta muestra. Sin embargo, los puntajes empleados para definir un "caso" son más exigentes, al menos con el GHQ-12, que lo encontrado en un estudio de validación con población chilena. Humphreys y cols25 determinaron, en ese estudio, un punto de corte de 4 puntos o más para definir un "caso". En otro estudio de validación nacional de una versión de 30 preguntas del GHQ, se determinó un punto de corte de 7/829. En el actual se ha utilizado 6 o más puntos de un total de 12, lo que constituye un requisito sumamente estricto para sospechar un "probable caso" de trastorno emocional.

De acuerdo con lo expuesto en la introducción, la presencia de "estrés" se detecta por los síntomas. Los "probables casos", entonces, pueden incluir "casos" de trastornos ansiosos, depresivos u otros trastornos emocionales. Sin embargo, dado que se trata de una muestra de personas presuntivamente sanas, que están trabajando, la probabilidad de encontrar "enfermos" es relativamente baja en la población económicamente activa. Por eso, la mayoría de las personas sintomáticas probablemente presentan las molestias emocionales o somáticas inespecíficas que representan el fenómeno de estrés.

Definidos así los "casos", se comprobó que diferían significativamente de los "normales" en todos los cuestionarios, pese a que existía una correlación significativa de las escalas sintomáticas sólo con la escala (D) "fuentes de tensión en el trabajo".

Las causas de mayor insatisfacción guardan relación con la relativa ausencia de posibilidades de participar e influir, así como la falta de control sobre el desempeño de su trabajo y el sentir poco valorado ese trabajo. Las causas de mayor tensión o molestia son similares: tener que responder o satisfacer a muchas personas, trabajar demasiado apremiado, y condiciones físicas inadecuadas.

Posiblemente no sorprenda al lector informado estas descripciones de lo que puede estar sucediendo con el personal de salud. Nos ha parecido interesante destacar, sin embargo, la magnitud y frecuencia de los problemas señalados y su relación con síntomas que permiten sugerir su repercusión sobre la salud de las personas encargadas de cuidar de la salud de otros.

Las diferencias entre los dos grupos ocupacionales, uno compuesto por profesionales universitarios y otro por personal no profesional, de menor nivel educacional, ingresos económicos y status social, son altamente significativas, tanto para los puntajes globales en varias escalas, como en el análisis de la frecuencia de determinados síntomas y las principales fuentes de insatisfacción y de tensión en el trabajo. Esto es concordante con diversos estudios que indican que el nivel de estrés y sus efectos sobre la salud de las personas dista de ser un fenómeno puramente individual y está determinado también por variables macroeconómicas y el nivel socioeconómico de las personas3,4,30.

Encontramos diferencias significativas en el nivel de síntomas y en el de "tensión laboral" entre hombres y mujeres, pero estas diferencias son menores que las que existen entre los grupos ocupacionales. Tales diferencias de género varían, además, en uno y otro grupo ocupacional. Las mujeres, por ejemplo, declaran con mayor frecuencia que los hombres, dolor lumbar y cérvico-braquial. La asociación de enfermedades músculo-esqueléticas con factores psicosociales de estrés en el trabajo ha sido motivo de numerosos estudios, aun cuando la naturaleza de la relación es controvertida31. Por otro lado, Lundberg32, también encuentra que las mujeres presentan mayores problemas musculares en el trabajo que los hombres. Ello podría obedecer, según el autor, a que las mujeres están generalmente empleadas en trabajos más monótonos y repetitivos; se mantienen más tiempo en estos trabajos mientras los hombres ascienden; y estarían expuestas a mayor cantidad de trabajo sin paga, lo que les permite menos tiempo para relajarse.

Las fuentes de insatisfacción diferencian claramente a los niveles ocupacionales, encontrándose que la mayoría de éstas guardan relación con el sentido de autonomía y control que el trabajador tiene en el desempeño de su trabajo. Todas las diferencias encontradas indican una situación menos favorable para el grupo no profesional, lo cual tiende a apoyar las tesis de Karasek y cols en términos del mayor riesgo de estrés y morbilidad, en general, de las personas que trabajan sometidas a altas demandas, pero con escasa autonomía o control sobre el modo cómo realizan su trabajo33. En contraste con lo anterior, no encontramos mayores diferencias entre mujeres y hombres.

En cuanto a las fuentes de tensión en el trabajo, los hombres del grupo profesional refieren tener demasiado trabajo y poco tiempo; y no obtener retroalimentación de sus superiores con mayor frecuencia que las mujeres; en tanto que las mujeres del grupo no profesional dicen tener que responder a demasiadas personas con mucho mayor frecuencia que los hombres.

Algunas limitaciones del trabajo son las siguientes: la muestra no es necesariamente representativa del personal de salud de Santiago o del país; los resultados expuestos no incluyen otras variables que influyen en el grado de estrés que las personas experimentan en su vida cotidiana, tal como la interacción entre el trabajo y las obligaciones del hogar y aquellas dificultades asociadas a ingresos económicos insuficientes, todas las cuales forman parte de la realidad del grupo no profesional más que del grupo profesional. Por otra parte, un estudio de corte transversal no puede establecer relaciones de causalidad, si bien las asociaciones encontradas son concordantes con los estudios internacionales revisados. Finalmente, la metodología de tamizado empleada para detectar casos sintomáticos puede incluir algunos casos de trastornos mentales que no son necesariamente atribuibles a variables laborales. El diagnóstico de esos casos requiere de otra metodología y no constituyó objetivo de este estudio.

CONCLUSIONES

En esta muestra de personal de salud en Santiago de Chile, se ha encontrado un elevado nivel de síntomas comúnmente asociados a estrés. Se encuentra que el riesgo de estrés varía más con el nivel ocupacional que con el género.

Las principales fuentes de insatisfacción son la escasa posibilidad de participación, la percepción de un trabajo poco valorado y las dificultades para controlar su propio trabajo. Las causas más frecuentes de tensión son el apremio por el tiempo, tener que responder a muchas personas y condiciones físicas de trabajo inadecuadas.

La aplicación sistemática de este tipo de metodología en grupos ocupacionales definidos podría orientar a los directivos y administradores de instituciones de salud respecto de ciertos factores subyacentes a comportamientos disfuncionales, ausentismo y morbilidad en el personal de salud, que afecta la productividad y la calidad de los servicios. Por otra parte, podría ayudar al propio personal a asumir una participación activa e informada en el mejoramiento de sus condiciones de trabajo.

Correspondencia a: Dr. Marcelo Trucco B. Hospital del Trabajador. Vicuña Mackena 200, Santiago, Chile. Fax: (56-2) 634 1834.

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