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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.128 n.9 Santiago set. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872000000900016 

CARTAS AL EDITOR

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, respetándose la norma básica de que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 3 páginas, tamaño carta, escritas a doble espacio, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

¿Cómo preservar el rol
del internista?

The crisis of Internal Medicine

S eñor Editor: He leído con mucho interés el artículo del Dr. Jaime Duclos recientemente publicado1. No he podido menos que alegrarme de que este tema sea puesto una vez más en el tapete de la discusión. Creo que todos los que tenemos alguna relación con esta especialidad, probablemente coincidimos con una gran parte de los comentarios del Dr. Duclos.

Al respecto quisiera entregar algunas opiniones, que pueden contribuir al debate en torno a este tema.

En primer lugar, aprovecho para corregir al Dr. Duclos ya que en su carta menciona que "Los campos clínicos universitarios que imparten docencia de Postgrado ya no tienen Servicio de Medicina Interna". Esta afirmación no es válida para el Departamento de Medicina del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Nuestro Departamento está estructurado en base a varias Secciones, derivadas de las subespecialidades de la Medicina Interna. Justamente la que consideramos más importante es la propia Sección de Medicina Interna, que entre otras cosas tiene el mayor número de camas de hospitalización respecto a cualquiera de las otras subespecialidades.

Para mayor abundamiento, desde que asumiera hace unos 4 años la Dirección del Departamento de Medicina del Campus Norte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, he dirigido mis esfuerzos a fortalecer el ejercicio de la Medicina Interna, en la Sección ya mencionada, para hacerla más gravitante y que se convierta en el auténtico eje del Departamento. Los primeros logros se relacionan con la docencia de pregrado y posgrado. Luego vendrá lo que se realiza en el área de la investigación.

En segundo lugar, comparto con el Dr. Duclos, que se hace necesario preservar el especialista en Medicina Interna como un profesional con visión global e integradora frente al paciente. Esta característica es esencial en el cuidado del enfermo, ya que como ser humano y un solo todo, precisa que se le enfoque su patología como tal y no en forma disgregada o parcial.

También comparto las apreciaciones del Dr. Duclos respecto a la visión equivocada de pretender desmembrar la Medicina Interna haciendo cada vez más fuertes sólo las especialidades. Probablemente algunos especialistas quisieran formar Centros o Secciones totalmente independientes para enfatizar su fortaleza. Grave error, sólo con una visión de conjunto adecuadamente coordinada, es posible que se preserven los valiosos aportes de la Medicina Interna, en particular lo que se refiere a la formación de pregrado o de postgrado, en los hospitales universitarios. Una atomización sólo favorece una actividad asistencial parcelada, que puede fácilmente orientarse sólo a conseguir ingresos, dejando al mismo tiempo en desmedro la enseñanza así como la investigación.

Aunque de acuerdo con estas opiniones, creo que el Dr. Duclos se ha quedado sólo en la fase de evaluación y diagnóstico. No menciona con detalle cuáles podrían ser las causas por las cuales el Internista ha visto una situación desmedrada en los últimos años. Ni tampoco plantea posibles soluciones para detener esta negativa evolución.

Sin duda que la situación es muy compleja pero en el análisis de algunos de sus factores, debe pensarse que el económico es absolutamente gravitante. Prácticamente todas las especialidades tienen procedimientos, con los cuales realizan sus actividades diagnósticas o terapéuticas, que cuentan con aranceles que permiten ingresos adecuados a los profesionales que los practican. Es el ejemplo de los procedimientos endoscópicos o con instrumentación en general. El internista sólo cuenta con su experiencia, sus conocimientos y los órganos de los sentidos para realizar su práctica. Lo logra a través de la entrevista y examen físico al paciente, efectuadas en su consulta, mediante interconsultas, visitas a salas y en reuniones clínicas. Estas prestaciones están muy subvaloradas, lo cual hace que los ingresos de un internista en la actualidad, salvo escasas excepciones, sean uno de los más bajos de los especialistas. Esto por supuesto no es atracción alguna para las generaciones más jóvenes de médicos. En un mundo lleno de ofertas y avances tecnológicos en la vida diaria, se estimula el consumismo y por ende la necesidad de un ingreso mayor, lo cual los orienta hacia las subespecialidades.

Otro factor gravitante para explicar la situación desmedrada del internista, es su campo de acción. Se hace preciso que el internista genere su propio espacio en el plano de la investigación y asistencia, que no compita con el de las subespecialidades y que esencialmente se enfoque a ese rol integrador o de visión de conjunto que es el gran acicate de la Medicina Interna. Si esto no es comprendido adecuadamente los profesionales que la practican no tendrán un incentivo profesional real en torno al cual desarrollar sus aspiraciones intelectuales más elevadas.

También contribuye al desmedro de la situación del internista, el que su campo de acción, además, se confunde con el del médico general. Es bien conocido que médicos generales, en muy alto porcentaje, desarrollan una actividad en sus consultas que compite claramente con el campo de trabajo del internista.

Habiendo establecido algunas de las posibles causas y el diagnóstico de la situación actual del internista, creo que se hace esencial enumerar cuales pueden ser algunos de los elementos para implementar soluciones. Dichas soluciones a esta situación, evidentemente son también de compleja implementación.

1. Aparece como esencial efectuar un reconocimiento legal de las distintas especialidades de la medicina, incluyendo y clasificando claramente a la de internista. No basta el reconocimiento universitario, ya que es bien sabido que teniendo el título de Médico-Cirujano, es potencialmente factible ejercer cualquier especialidad. Esto ayudaría a dejar bien establecido que se trata de un profesional que tiene un entrenamiento dedicado y que está capacitado para atender al paciente en una forma integral.

2. Concomitantemente, las prestaciones que realiza el internista y otros especialistas, debieran valorarse en lo que realmente corresponden y eventualmente diferenciarlas de los del médico general.

3. Los ingresos del internista debieran ser privilegiados en las instituciones universitarias, en orden a atraer nuevas generaciones para cultivar y permanecer en esta especialidad, sin derivar hacia las especialidades. Esto lo hemos realizado al interior del Hospital Universitario para preservar el atractivo hacia la Medicina Interna que en este caso debe ser prioritario por la responsabilidad docente que tiene.

Creo que si se lograra implementar estas soluciones en las instancias legales que correspondiera, se podría propender a preservar el rol del internista, tanto en la práctica clínica ambulatoria como institucional.

Prof Dr. Patricio González E. Director Departamento de Medicina, Hospital Clínico, Universidad de Chile.

REFERENCIAS

1. Duclos J. ¿Profesión? Médico, ¿Especialidad? Internista, ¿Nada más?. Rev Méd Chile 1999; 127: 481-4.        [ Links ]

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