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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.128 n.11 Santiago nov. 2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872000001100016 

Rol de las universidades
en la formación, certificación
y acreditación de especialistas
en Medicina

Role of the universities and
the Chilean National Certification
of Medical Specialties Council

Sr Editor. En el último tiempo se ha publicado en diversos medios, opiniones respecto a la formación de especialistas en medicina, así como su certificación y acreditación. Leer dichos comentarios, estimula el interés por entregar algunas opiniones adicionales. El tema es muy interesante y en torno a él debieran tomarse decisiones fundamentales para el futuro de esta importante área de la profesión médica en nuestro país.

Antes de entrar en el detalle mismo, es importante hacer algunas consideraciones generales respecto a la profesión médica:

En nuestro país, para ejercer la medicina tanto en sus aspectos diagnósticos como terapéuticos, se hace preciso acceder al título de Médico-Cirujano. Dicho título es entregado por las Universidades, debidamente autorizadas para ello a través de la legislación vigente. Una ley indica que sólo pueden ejercer la medicina aquellos profesionales que posean el título ya mencionado.

Sorprendentemente, para ejercer en cualquiera de las especialidades de la Medicina, no existe una exigencia legal correspondiente, y así el médico podría desempeñarse en cualquiera de ellas sin una capacitación o entrenamiento formal específico.

Parecería lógico que para ejercer el arte de la medicina, a través del título de Médico-Cirujano, y practicar algunas de las especialidades, debiera existir una legislación acorde. Esto nos indica que existe un vacío legal que, a pesar de discusiones previas, no ha sido abordado adecuadamente por ninguna de las Instituciones Públicas.

Indudablemente que el rol más importante a este respecto debe ser cumplido por las instituciones universitarias. Estas fueron creadas justamente para desarrollar como una parte de sus labores, la formación de postgrado y de especialistas. Al interior de ellas existe una carrera académica formal, que posibilita que accedan a su nivel más alto los profesionales más capacitados para ello. Esto es garantía de adecuados programas de formación así como evaluación, que permitan a los estudiantes de postgrado alcanzar niveles plenamente satisfactorios en su formación y desarrollen un ejercicio correcto de la medicina, tanto en los aspectos de conocimientos como en los éticos.

En los últimos años y con la finalidad de suplir algunos de los problemas en la certificación de especialistas, se creó la CONACEM (Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas), para resolver la certificación de médicos de larga experiencia, formados en una época en que no existían programas de especialistas en las Universidades.

CONACEM ofrece un procedimiento voluntario de certificación a través de los siguientes mecanismos:

I. Médicos que han alcanzado el título de profesor de la especialidad en alguna de las Facultades de Medicina.

II. Profesionales que han cumplido con un programa oficial de especialización en una facultad perteneciente a la Asociación de Facultades de Medicina de Chile.

III. Médicos que han realizado un adiestramiento en práctica trabajando al menos cinco años en Servicios calificados de la especialidad, sea en hospitales públicos, de las Fuerzas Armadas o de otras instituciones (Mutuales de Seguridad, Codelco, etcétera) cuya calidad asistencial parece suficiente para respaldar su formación.

IV. Médicos chilenos o extranjeros que han realizado programas de especialización fuera del país y que se están incorporando a trabajar en él.

Los puntos I y II son obviamente una duplicidad de certificación que claramente aparece innecesaria y que además agrega un costo a los postulantes. ¿Qué necesidad tiene un médico especialista formado y titulado en una Universidad de ser acreditado adicionalmente por una institución no universitaria?

El punto III podría hacer que instituciones extrauniversitarias iniciaran la formación de especialistas, sin docentes, programas o infraestructura adecuadas. Ello podría ser además estimulado por la relativa facilidad con que es posible acreditarse en CONACEM.

Se hace este planteamiento en razón a que se considera que la mejor solución para el problema de la certificación y formación de especialistas pasa por reforzar el trabajo a nivel universitario, que son las instituciones que pueden ofrecer al país la mejor calidad en la formación de especialistas. Las Facultades de Medicina de las Universidades también debieran iniciar programas activos de acreditación a aquellos médicos que hubieran realizado programas fuera del país o en otras circunstancias. Sería importante que las instituciones legisladoras del país consideraran, entre sus innumerables tareas, tiempo para abordar este tema. Esto puede ser de gran beneficio para toda la comunidad y garantizar una adecuada calidad de atención en las diversas especialidades que ofrece hoy día la medicina y que cada vez se hacen tecnológicamente más complejas.

En razón del vacío legal mencionado previamente, no es aceptable que instituciones privadas de atención en salud pretendan exigir a especialistas formados y diplomados en universidades que tengan que acreditarse en CONACEM, para poder ejercer su especialidad. Ello es éticamente incorrecto, no tiene ningún fundamento, salvo agregar trámites adicionales y además podría ser hasta inconstitucional.

Patricio González E.
Director, Departamento de Medicina, Hospital Clínico de la Universidad de Chile

LA CARTA FUE ENVIADA AL PRESIDENTE DE CONACEM
QUIÉN EMITIÓ LA SIGUIENTE RÉPLICA:

Sr Editor: He leído con interés la carta del Dr. Patricio González E. referente a la especialización en Medicina y al reconocimiento de especialistas. Ella contiene algunos errores y vacíos de información que me parece necesario comentar y corregir.

1) Hoy nadie discute que la especialización es parte integrante de la formación de los médicos. Pareciera razonable, como sostiene el Dr. González, que el reconocimiento de la condición de especialista estuviera regulado por una ley. Ello no ocurre en los países del mundo desarrollado, por múltiples y justificadas razones. Las especialidades médicas son muy dinámicas y sus denominaciones y contenidos están en permanente cambio, por lo que resulta muy difícil regularlas por una ley. Si se pretende que ésta sea restrictiva, muchas acciones de diagnóstico y tratamiento vinculadas teóricamente a una especialidad no podrían ser realizadas, ni aún a título excepcional, por quienes carecieran del título correspondiente: es fácil imaginar las graves dificultades legales en que se desarrollaría el trabajo de los médicos, especialmente en áreas geográficas que cuentan con menos recursos clínicos y tecnológicos.

2) Concuerdo con el Dr. González en que la especialización requiere de mecanismos regulatorios. Él propone que la tarea de formar, acreditar y certificar a los especialistas sea entregada exclusivamente a las Facultades de Medicina y sugiere que además se les encargue la acreditación y certificación de los médicos provenientes del extranjero. Esta solución tropieza con serios problemas. Los programas de post-título de nuestras Facultades son muy heterogéneos en su calidad; muchos de ellos no exigen de sus residentes la dedicación necesaria para su correcta formación; y lo que es más grave, existen Facultades que, obligadas al sistema de autofinanciamiento en que se debate nuestra educación superior, cuentan con los aranceles de post-título para financiar sus presupuestos, lo que las convierte en juez y parte al momento de reclutar, calificar y certificar a sus alumnos. Para controlar estas deficiencias, ASOFAMECH creó en 1982 la Comisión Nacional de Acreditación de Centros Formadores, que los revisa periódicamente, establece sus cupos y sus requisitos mínimos. Pero de las 12 Facultades actuales (que a mediano plazo podrían llegar a 20 o más) sólo 6 pertenecen a ASOFAMECH y acatan las decisiones de la Comisión. Por estas razones parece prudente que exista una institución de carácter nacional, acreditadora y certificadora, independiente de las Facultades y del sector público y privado de la salud. Con este objeto, fue creada CONACEM, en 1984, con la concurrencia de la Academia de Medicina, las Sociedades Científicas, el Colegio Médico de Chile y ASOFAMECH: todas estas instituciones están representadas en su Directorio y en sus 41 Comisiones de Especialidades.

3) El "adiestramiento en práctica" reconocido por CONACEM constituye una legítima vía de especialización que puede perdurar en el tiempo si se la regula correctamente. Más de 2.500 médicos han sido certificados por esta vía, rindiendo previamente un examen práctico ante profesores universitarios. Para mejorar esta evaluación, CONACEM ha iniciado la elaboración de exámenes teóricos escritos que también deberán ser rendidos por los médicos formados en alguna especialidad en el extranjero y que postulan a certificarse en ella.

4) La certificación por CONACEM es absolutamente voluntaria: sin embargo ha contribuido a crear entre los médicos una cultura que reconoce la especialización como un privilegio que es necesario conquistar y mantener. Así lo comprenden los médicos formados como especialistas en ASOFAMECH, quienes se interesan por certificarse en CONACEM, trámite que es automático y totalmente gratuito para ellos si lo realizan dentro del año calendario en que reciben su título.

Numerosas instituciones del sector público y del sector privado están solicitando el certificado de especialista para contratar a un médico o para permitirle trabajar en sus dependencias. Todas ellas reconocen como válidos los títulos otorgados por las Facultades de Medicina y los certificados de CONACEM. No conozco ninguna institución que los exija simultáneamente.

En los próximos años, el número de médicos en ejercicio en Chile aumentará de 1 por 850 a 1 por 600 habitantes, aproximadamente. Este fenómeno se debe a la apertura de nuevas escuelas y a la inmigración desde países latinoamericanos que tal vez se acentúe si se suscriben acuerdos con MERCOSUR. En consecuencia, nuestro problema no será de cantidad sino de la calidad de la formación de post-título. Parece prudente que se mantenga y se perfeccione progresivamente el rol de CONACEM como institución nacional e independiente encargada de la acreditación y certificación de los especialistas.

Vicente Valdivieso D.
Presidente de CONACEM

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