SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.129 número12Violencia conyugal en la ciudad de Temuco: Un estudio de prevalencia y factores asociadosMaltrato infantil en la ciudad de Temuco: Estudio de prevalencia y factores asociados índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.129 n.12 Santiago dic. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001001200007 

Impacto de la violencia doméstica
sobre la salud reproductiva y neonatal

Impact of domestic violence on
reproductive and neonatal health

Estela Arcos G1, Myrna Uarac U, Irma Molina V2,
Angela Repossi F3, Marlene Ulloa V4

Correspondencia a: Estela Arcos G, Instituto de Enfermería Materna, Facultad de Medicina, Universidad Austral de Chile, Casilla 567, Valdivia-Chile. Fax: 56-63-214475, E-mail: earcos@uach.cl

Background: Domestic violence can have an important influence on mother and child health. Aim: To assess the consequences of remote and actual, emotional or physical, domestic violence on the reproductive and newborn health in pregnant women. Material and methods: A longitudinal epidemiological observation from an Urban Primary Health Care Center from Valdivia, Chile, in 1998. Two cohorts were studied: Pregnant women that experienced domestic violence (index group) and pregnant women not exposed to domestic violence (control group). Women were followed during pregnancy and at labor. The newborn was also assessed. Results: The index group had a higher relative risk (RR) for impending abortion (RR 1.44, 95% confidence interval (CI): 1.07-1.93), hypertensive syndrome of pregnancy (RR 1.5, 95% CI: 1.18-1.96), intrahepatic cholestasis (RR 1.5, 95% CI: 1.1-1.94). Women that experienced violence during pregnancy had a higher risk of urinary tract infection (RR 2.88, 95% CI: 1.28-6.43), intrauterine growth retardation (RR 3.7, 95% CI: 1.77-7.93) and intrahepatic cholestasis. Newborns from the index group had lower weight, size and gestational age. Conclusions: Domestic violence is associated with hypertension during pregnancy and intrauterine growth retardation. The incorporation of bio-psychological evaluation and monitoring systems could attenuate the consequences of domestic violence (Rev Mé 2001; 1413-24).
(Key Words: Battered women; Pregnancy outcome; Pregnancy, high risk; Violence).

Recibido el 11 de mayo, 2001. Aceptado en versión corregida el 13 de agosto, 2001.
Trabajo financiado por la Dirección de Investigación y Desarrollo,
Universidad Austral de Chile Proyecto código S-1999-39.
Instituto de Enfermería Materna, Facultad de Medicina; Instituto de Estadística,
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Austral de Chile.
Unidad de Neonatología, Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Regional de Valdivia.
1 Matrona, Licenciada en Salud Pública, Magister en Desarrollo Rural
2 Máster en Estadística
3 Psicóloga
4 Interna Escuela de Obstetricia y Puericultura

Emociones y conflictos en la esfera de la reproducción han sido sugeridos como los factores fundamentales de varios problemas y alteraciones en la salud de la madre y el niño1. La violencia doméstica contra la mujer es reconocida como uno de estos factores y es por esta razón que la OMS lo ha definido como un problema de salud pública importante y prioritario, y para lo cual diseñó un plan de acción que permita sistematizar la información e implementar acciones de prevención de todas las formas de violencia doméstica contra la mujer2.

Se ha comunicado que el embarazo es un factor de riesgo para violencia y, que a su vez, la violencia en el embarazo define un contexto multifactorial de situaciones adversas como embarazo no deseado, inadecuado acceso al cuidado prenatal, mayor consumo de tabaco, alcohol y drogas, una mala historia obstétrica, abortos espontáneos, nutrición materna deficiente, infecciones, anemia, parto prematuro y disminución del crecimiento fetal3-10.

El objetivo de este estudio fue valorar las consecuencias de la violencia doméstica, remota y actual, emocional y/o física, sobre la salud reproductiva y neonatal en mujeres embarazadas controladas en el Consultorio Las Animas y en centros de salud rurales de la comuna de Valdivia-Chile.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó un estudio longitudinal prospectivo de 131 mujeres embarazadas, con y sin experiencias de violencia doméstica, todas inscritas para control prenatal en los centros de salud urbano y rurales dependientes del consultorio Las Animas de la Comuna de Valdivia, a partir de enero de 1998. El estudio contó con el respaldo del comité de ética de la Facultad de Medicina, Universidad Austral de Chile y el consentimiento informado de la población estudiada.

Las cohortes de mujeres se identificaron en la entrevista inicial, por medio de una prueba de tamizaje de violencia doméstica en el período enero-marzo de 199811. El formato de la prueba incorporó preguntas explícitas, estructuradas y semiestructuradas, sobre violencia doméstica remota y reciente de la prueba aplicada por Norton et al11 (Anexo 1). De las 131 mujeres entrevistadas 79 mujeres reconocieron experiencias de violencia doméstica, física y/o emocional, grupo índice, este grupo fue dividido según el tipo de violencia: subgrupo 1 violencia emocional (32 mujeres con experiencias de violencia emocional exclusiva); subgrupo 2 violencia física: (47 mujeres con violencia física y/o emocional), dentro de este subgrupo 17 mujeres constituyeron una categoría de interés ya que comunicaron violencia actual (durante el embarazo).


El grupo control estuvo constituido por 52 mujeres que no relataron experiencias de violencia doméstica. En el parto se analizan 126 casos por perder el seguimiento debido a aborto (2 control) y traslado fuera de la ciudad (2 índice y 1 control). Hubo un parto gemelar, en total 127 neonatos.

Variable independiente: Violencia doméstica emocional y/o física remota (antes del último año), reciente (en el último año) y en el embarazo (durante el embarazo en curso).

Variable dependiente: Duración del embarazo, estado nutricional al ingreso y al parto, peso al parto, morbilidad del embarazo y parto, demanda de atención durante el embarazo en el nivel secundario y terciario de atención de salud en la mujer. En el neonato: peso, talla, sexo, perímetro craneano, edad gestacional pediátrica, clasificación al criterio de Juez G et al14, puntajes de la prueba de Apgar al min y 5 min, morbilidad y hospitalización en el período neonatal.

El estado nutricional de la mujer se calificó en base al índice de masa corporal preconcepcional (IMCP) usando la fórmula peso (kg)/talla (m)2 y al índice de masa corporal al parto, en conformidad con la normativa del Ministerio de Salud vigente en el país15. El estado nutricional preconcepcional se calificó: bajo peso (IMCP <20), normal (IMCP 20-24,9) sobrepeso (IMCP 25-29,9) y obesidad (IMCP >30). Las categorías nutricionales al parto se calificó: bajo peso (IMC <95), normal (IMC 95-110) sobrepeso (IMC 111-120) y obesidad (IMC >120).

La morbilidad fue obtenida de los diagnósticos registrados en las fichas clínicas. Pre-eclampsia y síndrome hipertensivo inducido por el embarazo fueron considerados como Síndrome Hipertensivo del Embarazo, y parto prematuro fue definido con menos de 37 semanas de gestación.

Variables mediadoras: Edad, talla, escolaridad, paridad, estado civil, previsión, procedencia, nivel socioeconómico, planificación del embarazo actual, antecedentes socio-demográficos de la pareja, antecedentes gineco-obstétricos como aborto y parto prematuro, intervalo intergenésico, uso de métodos anticonceptivos, parámetros nutricionales pregestacionales y gestacionales, consumo de alcohol, tabaco y drogas.

Los datos fueron traspasados a un instrumento precodificado. Se diseñaron bases de datos brutos y bases de datos depurados.

Estadística. Para el procesamiento y análisis estadístico se utilizaron los programas SPSS y Epi Info 6,04. Se calcularon frecuencias absolutas y relativas, estadígrafos de posición y dispersión, y valores modales. La prueba c2 fue usada para comparar las características sociodemográficas y para medir la asociación entre presencia del atributo de riesgo violencia doméstica con la categoría y/o rango de riesgo de la variable dependiente. Análisis de varianza (ANOVA) y prueba de Battler's fue usado para comparación de variables continuas, c2 y prueba exacta de Fisher para comparar variables nominales y/u ordinales. Riesgo relativo (RR) con intervalos de confianza de 95% fueron calculados entre e intragrupos para medir la asociación entre violencia doméstica y morbilidad obstétrica y neonatal. Diferencias de p <0,05 fueron consideradas significativas.

RESULTADOS

Las características de las mujeres respecto a edad, talla, antecedentes de aborto y parto prematuro, intervalo intergenésico y uso de métodos anticonceptivos fue similar en ambos grupos, diferencia no significativa 5%, Tabla 1. La proporción de primigestas fue significativamente menor en las mujeres que sufrieron violencia (27,7% vs 48,1%, coeficiente de Phi 0,26, p <0,05). En el subgrupo violencia emocional se comunicaron una proporción de embarazos no planificados más alta que en el grupo control (p <0,05). El consumo de tabaco, alcohol y drogas fue bajo y similar en ambos grupos, p ≥0,05. Para tabaco 8,9% vs 9,6%, alcohol 12,2% vs 12,2%; y drogas: 0% vs 2,1%. El promedio de edad gestacional al ingreso a control prenatal fue de 12 semanas, con 11 visitas prenatales. Cuatro de cinco mujeres fueron derivadas a consulta médica por morbilidad obstétrica, con 3 a 4 consultas. La hospitalización en el embarazo también fue similar en ambos grupos (26,6% vs 28,8%, p ≥0,05). La omisión de datos nutricionales en las fichas clínicas fue de 11,4% y 7,7%, respectivamente, Tabla 2. En ambos grupos hubo una alta proporción de mujeres con sobrepeso y obesidad preconcepcional y al parto, p ≥0,05 (Tabla 2).



Variables obstétricas: La edad gestacional, tipo de parto, presencia de morbilidad en el embarazo, parto y puerperio no presentó diferencias significativas entre los grupos, p ³0,05 (Tabla 1). En el grupo con experiencia de violencia la incidencia de parto prematuro fue mayor (6,5% vs 2,0%). El perfil de la morbilidad muestra un comportamiento parecido inter e intragrupos (Tabla 3), con excepción de Amenaza de aborto (RR 1,44; 95,0% IC: 1,07-1,93), Síndrome Hipertensivo del Embarazo (SHE) y Colestasia intrahepática del embarazo (CIE) 1,5 veces más alto en el grupo índice. En el grupo con violencia en el embarazo actual hubo un riesgo mayor de infección urinaria (RR 2,88, 95,0% IC: 1,28-6,43), retardo del crecimiento intrauterino (RR 3,7; 95,0% IC: 1,77-7,93) y CIE (RR 2,58; 95,0% IC: 1,13-5,89) que en el grupo con violencia previa al embarazo. En el grupo índice las patologías que constituyen causas de hospitalización durante el embarazo, por importancia relativa, fueron SHE (36,7%), síntomas de parto prematuro (13,3%), infección urinaria (13,3%) y CIE (10%) y para el grupo control: CIE (23,5%), infección urinaria (17,6%), y embarazo prolongado (11,8%).


En mujeres con antecedentes de violencia y SHE no se observó asociación significativa con variables biomédicas, consumo de tabaco, drogas, alcohol y drogas, y características del cuidado prenatal. Si hubo asociación significativa con el estado nutricional preconcepcional (p <0,05). De las 13 mujeres que presentaron SHE 8 tenían la condición sobrepeso y/u obesidad previa al embarazo. A su vez, 3 de cada 4 que presentaron SHE fueron hospitalizadas durante el embarazo. Se observó diferencias significativas en la edad gestacional al parto en mujeres del grupo índice con y sin SHE (37,5 semanas ± 3,5 semanas vs 39,4 semanas ± 1,3 semanas, p <0,05).

Variables neonatales: El perfil de los parámetros neonatales (Tabla 4 y Figuras 1 y 2) es similar en ambos grupos, salvo en lo que respecta a edad gestacional pediátrica, peso, talla y puntaje de Apgar al nacer según tipo de violencia. Los neonatos del grupo índice presentaron una mayor incidencia de prematuridad (<37 semanas, 5,1% vs 2,0%), bajo peso al nacer, <2.500 g (3,8% vs 2,0%), peso insuficiente de 2.500-2.999 g (19,2% vs 10,2%, p ³0,05). Además, hubo correlación significativa (p <0,05), del número de controles prenatales y SHE con peso al nacer (r=0,29 y r=0,48) y edad gestacional pediátrica (r=0,38 y r=0,36) respectivamente. Así también, la edad gestacional pediátrica estuvo asociada con incremento de peso materno durante el embarazo (r=-0,25, p <0,05).



Figura 1. Peso del recién nacido según antecedente y tipo de violencia doméstica reconocida por la madre

Diferencias significativas según tipo de violencia (emocional, física, sin violencia) prueba de homogeneidad de la varianza de Bartlett's c2= 8,19, p <0,05.


Figura 2. Talla de recién nacidos según antecedentes y tipo de violencia doméstica reconocida por la madre.

Diferencias significativas según tipo de violencia (emocional, física, sin violencia) prueba de homogeneidad de la varianza de Bartlett's c2= 10,557, p <0,05.a

Por otra parte, no hubo asociación significativa de la condición PEG del neonato y violencia. Sí hubo asociación significativa entre CIE y SHE con la condición PEG en hijos de mujeres con experiencias de violencia, p <0,05. Para SHE, 5 de los 13 neonatos fueron calificados como PEG (RR 3,4, 95,0% IC: 1,3-8,6) y en CIE 4 de 11 neonatos (RR 3,1, 95,0% IC: 1,07-8,96). Los neonatos de mujeres con SHE y violencia tenían promedios significativamente menores de peso, talla, perímetro craneano, puntaje de Apgar al min y edad gestacional pediátrica, Tabla 5. Los neonatos pequeños para la edad gestacional presentaron un riesgo relativo 2,2 veces más alto de hospitalización que aquellos que presentaban crecimiento adecuado (95,0% IC: 1,1-4,3); c2, p=0,04.


DISCUSIÓN

El estudio del perfil de variables biomédicas, nutricionales y del cuidado prenatal en los grupos, con y sin experiencias de violencia, es muy similar, sólo en la variable paridad y planeación del embarazo se encontró asociación con violencia (tipo de violencia).

Los riesgos biomédicos para la mujer con experiencia de violencia doméstica, se relacionan con SHE, CIE y amenaza de aborto, y en el caso de violencia actual con infección urinaria, retardo del crecimiento intrauterino y CIE. Para la salud neonatal los riesgos adversos asociados a violencia doméstica fueron menor promedio de edad gestacional pediátrica, y mayor variabilidad en variables antropométricas como peso y talla al nacer. En el grupo índice se observó 2,8 veces más riesgo de neonatos PEG respecto a neonatos del grupo control, situación ya respaldada por otros autores al estudiar la exposición materna a circunstancias biopsicosociales adversas16,17. Del impacto de violencia sobre el peso del recién nacido hay evidencias contradictorias debido a que algunos autores no informan asociación entre violencia física y bajo peso al nacer o partos de pretérmino, mientras que otros han encontrado incrementos en el riesgo de bajo peso al nacer entre mujeres que experimentaron violencia durante el embarazo. Es posible que las razones de estas discrepancias se deban a diferencias metodológicas en las poblaciones estudiadas, tamaño de las muestras, diseño del estudio y variación de las mediciones de violencia física3,17.

La homogeneidad del perfil biomédico y psicosocial12,13 de las cohortes estudiadas descarta la existencia de otros predictores asociados a SHE, con excepción del estado nutricional preconcepcional17,18, y avala a la violencia doméstica como factor subyacente de la patología y sus consecuencias. El riesgo de la paridad sobre el riesgo de SHE está bien establecido, se han comunicado razones de riesgo de 5,4 y 3,8 para el desarrollo de SHE en nulíparas vs multíparas19 y mayor probabilidad de crecimiento retardado en multíparas20. En nuestro estudio, aun cuando la paridad fue el único factor que presentó una asociación significativa al grupo con experiencia doméstica, se encontró una proporción menor de la categoría que predice un mayor riesgo de SHE21. Respecto a violencia doméstica, se ha propuesto que ésta puede afectar el embarazo a través de mecanismos directos e indirectos3,22. Un golpe en el abdomen a una mujer embarazada puede causar resultados adversos tales como daño y muerte fetal y trabajo de parto prematuro. Mecanismos indirectos pueden inducir riesgos como estrés psicológico y social, que actuaría como un factor subyacente intermediario de resultados obstétricos y neonatales adversos23,24. El incremento de cada unidad de estrés prenatal, independientemente del riesgo biomédico, causa una disminución de 55,3 g en el peso del niño al nacer, y el incremento de cada unidad de ansiedad prenatal contribuye a disminuir en 3 días la duración de la gestación25,26. Respuestas endocrinas a estrés psicosocial definen disregulaciones del sistema nervioso autónomo y del eje hipotálamo-pituitario-adrenal, determinando una mayor secreción de hormonas que ocasionan un trabajo de parto prematuro. También, una línea causal podría ser un incremento de la secreción de catecolaminas, vasoconstricción, reducción de la perfusión e intercambio útero placentario condiciones que se manifiestan en un cuadro de SHE y como consecuencia, interferencia en la nutrición y crecimiento fetal24,25,27,28.

El estudio del comportamiento de parámetros neonatales, como sexo, peso al nacer, talla, edad gestacional pediátrica, pequeño para la edad gestacional, en neonatos hijos de mujeres con experiencias de violencia mostró una asociación significativa con el SHE. La secuencia de eventos patológicos, obstétricos y neonatales, asociados a condiciones psicosociales adversas y síndrome hipertensivo del embarazo, sobre todo en el subgrupo que reportó experiencias de violencia en el embarazo, concuerda con los resultados reportados en otros estudios27,29-35. En investigaciones experimentales se ha demostrado, que la exposición a factores estresantes crónicos inducen a alteraciones a nivel de la microcirculación útero-placentaria y función placentaria lo que desencadena patologías como el síndrome hipertensivo del embarazo y retardo del crecimiento intrauterino, y como consecuencia menor peso al nacer32-36. Hay evidencias de que el retardo del crecimiento intrauterino es un problema clínico de importancia por la morbilidad y mortalidad que determina en el período neonatal, con riesgo mayor de asfixia e hipoglicemia neonatal, problemas del desarrollo neurológico y enfermedades cardiovasculares en la niñez18,37,38.

Los resultados de este estudio, confirman a la violencia doméstica como un factor psicosocial subyacente que condiciona respuestas maternas adversas en el embarazo, siendo el SHE su expresión física de mayor trascendencia biomédica. La importancia epidemiológica de lo anterior, sugiere realizar todos los esfuerzos posibles para prevenir y/o atenuar la sombría y nociva progresión de sucesos que hemos descrito. Por esto, proponemos incorporar un sistema de tamizaje de violencia doméstica al ingreso de la mujer al control prenatal e implementar sistemas de monitoreo y apoyo biopsicosocial en embarazadas expuesta a este riesgo para reducir resultados adversos27.

Reconocemos que es difícil obtener una aproximación exacta de la frecuencia de maltrato a la mujer, porque es un tema que se oculta, no se notifica, y ocurre en la privacidad del hogar11. Estudios que han abordado esta temática reportan que la mayoría de las mujeres no dan voluntariamente información sobre sus experiencias de maltrato a menos que se les pregunte específicamente sobre ello. Con frecuencia, las mujeres niegan al personal profesional que ellas son víctimas, aun cuando las preguntas se las han planteado directamente. La mayor parte de la violencia contra la mujer se tolera en silencio, se legitima en leyes y costumbres40 y se considera como un problema que no tiene posibilidad de modificación y/o solución. Cuando reconocen los actos de violencia doméstica no lo comunican porque lo consideran un hecho vergonzoso. En casos graves, aun cuando se presenten lesiones, las víctimas prefieren encubrir al agresor por la ineficiencia de respuesta del sistema judicial y porque temen represalías del agresor41. Esta invisibilidad de la violencia doméstica afecta la medición de su prevalencia, distorsiona la valoración del impacto en la salud del binomio madre-hijo y favorece el cuestionamiento de la validez externa y confiabilidad de los resultados40. Proponemos la utilización de una prueba de tamizaje específica para violencia doméstica durante el embarazo. En los casos que se han usado cuestionarios, que contienen preguntas simples, que son fácilmente aplicables en los procedimientos de valoración rutinarios de la mujer en la clínica obstétrica se obtienen resultados distintos a los encontrados con los procedimientos de entrevistas habituales: de historia pasada de maltrato (41% vs 14%, RR 3,0; 95% de IC: 2,0-4,5), historia reciente de maltrato 15% vs 3% (RR 5,6; IC: 2,2-14,5); maltrato durante el embarazo 10% vs 1% (RR 9,3; IC: 2,2-40,5), p=0,0006)11. Una vez identificados los casos, proponemos seguir con métodos de valoración cualitativos, entrevistas en profundidad, grupos focales, para obtener información sobre dimensiones más complejas del comportamiento de todas las personas involucradas en los episodios de maltrato. Lo anterior agregaría más profundidad e integridad a la comprensión y análisis de los resultados encontrados.

Agradecimientos:

Al equipo de salud del Consultorio Las Animas, del Departamento de Salud Rural, y personal de Servicio de Orientación e Información (SOME) del Hospital Clínico Regional de Valdivia, Chile.

REFERENCIAS

1. Wikman M, Jacobsson L, Joelsson I, Von Schoultz B. Ambivalence towards parenthood among pregnant women and their men. Acta Obstet Gynecol Scand 1993; 72: 619-26.        [ Links ]

2. World Health Assembly Endorses Plan of Action to Deal with Violence as a Public Health Issue. (World Wide Web URL: http://www.who.ch/inf/pur/1997/97wha7).        [ Links ]

3. Campbell J, Torres S, Ryan J, King-C, Campbell-DW, Stallings-RY et al. Physical and nonphysical partner abuse and other risk factors for low birth weight among full term and preterm babies. Am J Epidemiol 1999; 150: 714-26.        [ Links ]

4. Parker B, McFarlane J, Soeken K. Abuse During Pregnancy: Effects on Maternal Complications and Birth Weight in Adult and Teenage Women. Obstet Gynecol 1994; 84: 323-28.        [ Links ]

5. McGrath M, Hogan J, Peipert J. A prevalence survey of abuse and screening for abuse in urgent care patients. Obstet Gynecol 1998; 91: 511-4.        [ Links ]

6. Ronsmans C, Khlat M. Adolescence and risk of violent death during pregnancy in Matlab, Bangladesh. Lancet 1999; 354: 1448.        [ Links ]

7. Canterino JC, Vanhorn LG, Harrigan JT, Ananth CV, Vintzileos AM. Domestic abuse in pregnancy: A comparison of a self-completed domestic abuse questionnaire with a directed interview. Am J Obstet Gynecol 1999; 181: 1049-51.        [ Links ]

8. American College of Obstetricians and Gynecologists. Domestic violence. Educational Bulletin 1999; 257: 1-9.        [ Links ]

9. Newberger EH, Barkan SE, Lieberman ES, McCormick MC, Yllo K, Gary LT, Schechter S. Abuse of pregnant women and adverse birth outcome. JAMA 1992; 267: 2370-2.        [ Links ]

10. Hillard PJ. Physical abuse in pregnancy. Obstet Gynecol 1985; 66: 185-90.        [ Links ]

11. Norton L, Peipert J, Zierler S, Lima B, Hume L. Battering in pregnancy: An assessment of two screening methods. Obstet Gynecol 1995; 85: 321-5.        [ Links ]

12. Arcos E, Molina I, Repossi A, Uarac M, Ritter P. Violencia Doméstica y Sexualidad. Rev Méd Chile 1999; 127: 1329-38.        [ Links ]

13. Arcos E, Molina I, Repossi A, Uarac M, Ritter P. Prevalencia y perfil de la violencia doméstica en mujeres embarazadas. Rev Mujer y Salud 2000; 2: 4-11.        [ Links ]

14. Juez G, Lucero EF, Ventura-Juncá P, González H, Tapia J, Winter A. Estudio neonatal del crecimiento intrauterino en 11.543 recién nacidos chilenos de clase media, 1978-1987. Rev Chil Pediatr 1989; 60: 198-202.        [ Links ]

15. Donoso E. Nutrición materna y embarazo. In: Oyarzún E. Alto riesgo obstétrico. Santiago, Chile: Universidad Católica de Chile, 1996: 27-38.        [ Links ]

16. Paarlberg K, Vingerhoets J, Passchier J, Dekker G, Heinen A, Van Geijn H. Psychosocial predictors of low birthweight: a prospective study. Br J Obstet Ginaecol 1999; 106: 834-41.        [ Links ]

17. Cokkinides V, Coker A, Sanderson M, Addy C, Bethea L. Physical violence during pregnancy: Maternal complications and birth outcomes. Obstet Gynecol 1999; 93: 661-6.        [ Links ]

18. Strauss R, Dietz W. Low maternal weight gain in the second or third trimester increases the risk for intrauterine growth retardation. J Nutr 1999; 129: 988-93.        [ Links ]

19. Mutale T, Creed F, Maresh M, Hunt L. Life events and low birthweight-analysis by infants preterm and small for gestational age. Br J Obstet Ginaecol 1991; 98: 166-72.        [ Links ]

20. Alvarado R, Perucca E, Neves E, Rojas M, Monardes J, Olea E et al. Cuadros depresivos durante el embarazo y factores asociados. Rev Chil Obst y Ginecol 1993; 58: 135-41.        [ Links ]

21. Wadhwa P, Sandman C, Porto M, Dunkel-Schetter C, Garite T. The association between prenatal stress and infant birth weight and gestational age at birth: A prospective investigation. Am J Obstet Gynecol 1993; 169: 858-65.        [ Links ]

22. Cliver S, Goldenberg RL, Cutter G, Hoffman H, Copper R, Gotlieb S et al. The relationships among psychosocial profile, maternal size, and smoking in predicting fetal growth retardation. Obstet Gynecol 1992; 80: 262-7.        [ Links ]

23. Ferreira-De Almeida J, Amenta F, Cardoso F, Polónia J. Association of circulating endothelin and noradrenaline with increased calcium-channel binding sites in the placental bed in pre-eclampsia. Br J Obstet Ginaecol 1998; 105: 1104-12.        [ Links ]

24. Rothberg A, List B. Psychosocial Support for Maternal stress during pregnancy: Effect on Birth Weight. Am J Obstet Gynecol 1991; 165: 403-7.        [ Links ]

25. Ness R, Roberts J. Heterogeneous causes constituing the single of preeclampsia: A hipothesis and its implications. Am J Obstet Gynecol 1996; 175: 1365-70.        [ Links ]

26. Caritis S, Sibai B, Hauth J, Lindheimer M, Vandorsten P, Klebanoff M et al. Predictors of pre-eclampsia in women at high risk. Am J Obstet Gynecol 1998; 179: 946-51.        [ Links ]

27. Eskenazi B, Fenster L, Sidney S, Elkin E. Fetal growth retardation in infants of multiparous and nulliparou women with preeclampsia. Am J Obstet Gynecol 1993; 169: 1112-8.        [ Links ]

28. Eskenazi B, Fenater L, Sidney S. A multivariate analysis of risk factors for preeclampsia. JAMA 1991; 266: 237-41.        [ Links ]

29. Sibai B, Usta I. Preeclampsia. Contemporary OB/GIN 1997, 15-25.        [ Links ]

30. Molina M, Casanueva V, Pérez R, Ferrada C, Cisternas J, Cid L et al. Impacto del síndrome hipertensivo del embarazo en el retardo del crecimiento intrauterino. Rev Méd Chile 1998; 126: 375-82.        [ Links ]

31. Roberts J, Hubel C. Is oxidative stress the link in the two-stage model of pre-eclampsia? Lancet 1999; 354: 788-9.        [ Links ]

32. Kramer M, Platt R, Yang H, McNamara H, Usher R. Are all growth-restricted newborns created equally? Pediatrics 1999; 103: 599-602.        [ Links ]

33. Harrington K, Thompson M, Carpenter R, Nguyen M, Campbell S. Doppler fetal circulation in pregnancies complicated by pre-eclampsia or delivery of a small for gestational age baby: 2. Longitudinal analysis. Br J Obstet Ginaecol 1999; 106: 453-66.        [ Links ]

34. Regnault H, Orbus R, Battaglia F, Wilkening R, Anthony R. Altered arterial concentrations of placental hormones during maximal placental growth in a model of placental insufficiency. Journal of Endocrinology 1999; 162: 433-42.        [ Links ]

35. North R, Taylor R, Schellenberg JC. Evaluation of a definition of pre-eclampsia. Br J Obstet Ginaecol 1999; 106: 767-73.        [ Links ]

36. Steer P. Fetal growth. Br J Obstet Ginaecol 1998; 105: 1133-135.        [ Links ]

37. Jong C, Gardosi J, Dekker G, Colenbrander G, Van Geijn H. Application of a customized birthweight standard in the assessment of perinatal outcome in a high risk population. Br J Obstet Ginaecol 1997; 104: 531-35.        [ Links ]

38. McCowan L, Harding J, Roberts A, Barker S, Ford C, Stewart A. Administration of low-dose aspirin to mothers with small for gestational age fetuses and abnormal umbilical Doppler studies to increase birthweight: a randomised double-blind controlled trial. Br J Obstet Ginaecol 1999; 106: 647-51.        [ Links ]

39. Mc Farlane J, Christoffel K, Bateman L, Miller V, Bullock L. Assessing for Abuse Self-Report versus Nurse Intervew. Public Health Nursing 1991; 8: 245-50.        [ Links ]

40. Fischbach R, Herbert B. Domestic violence and mental health: Correlates and conundrums within and across cultures. Soc Sci Med 1997; 45: 1161-76.        [ Links ]

41. Amaro H, Fried LE, Cabral H, Zuckerman B. Violence during pregnancy and substance use. Am J Public Health 1990; 80: 575-9.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons