SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.129 número12Definiciones respecto al error en medicina: Some definitionsPlanificando la educación médica para las próximas décadas índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.129 n.12 Santiago dic. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001001200017 

Manejo de los errores en medicina

Handling errors in medicine

Luza Sutil P*

If negligent actions are ruled out, medical errors must be prevented or attenuated enhancing security in all the health care system. Prudent and confidential information and assessment are crucial to obtain good results, discarding to look for whom to blame and assuming collectively the supervision of suspected conditions. Massive introduction of technology, intervention of multiple agents in the care of patients and the number of alternatives offered to manage health problems, contribute to increase medical errors. Not of lesser importance are the increasing expectations of patients on health benefits, that must be synchronized to the continuous improvement in medical care (Rev Méd Chile 2001; 129: 1470-2).
(Key Words: Ethics, medical; Jurisprudence; Medical errors; Medication errors)

Recibido el 5 de noviembre 2001. Aceptado el 15 de noviembre 2001.
Versión del Panel efectuado en la Reunión Anual de la Región Chilena de
American College of Physicians
, Curso Anual ACP/ASIM/SMS,
Actualización en Medicina Interna, el 9 de mayo de 2001, en Santiago, Chile.
*Enfermera Epidemióloga, Clínica Las Condes

Frente a los errores que ocurren en la atención médica caben dos conductas complementarias, que suponen desde luego que el efecto considerado improcedente o equivocado se ha producido en ausencia de dolo o mala intención, lo que configuraría una situación de negligencia (si el mecanismo ha sido descuido) o franco delito (si ha sido premeditado). La primera es establecer las máximas condiciones de seguridad en el ambiente de trabajo donde se van a ejercer los actos médicos o sanitarios, con el objeto de prevenir la ocurrencia de errores. La segunda es, frente a los casos detectados, proveer el tratamiento y la máxima atenuación de sus efectos1-3.

En ambas disposiciones es indispensable estar atentos a la definición de error, a estudiar las características, magnitud e incidencia del problema, y a llevar a cabo todos los procedimientos requeridos para su control, en un marco de confidencialidad de la información descartando la búsqueda de eventuales culpables cuya identificación es inconducente. Al revés, es importante asumir colectivamente la responsabilidad de contar con ambientes y procesos libres de errores y trabajar en conjunto, para lograrlo4.

Desde la perspectiva de los ambientes seguros, es importante abordar tres elementos. Lo primero es que, frente a una persona enferma, toda la institución es la que se pone a su servicio, durante el desarrollo del acto médico. En segundo término, el médico tiene que hacer un acto de fe respecto a la calidad de las acciones realizadas por sus colaboradores; y tercero, es que el sujeto quiere recobrar su salud en el menor tiempo, al menor costo y sin incidente alguno que perturbe su curación. Desde su punto de vista, su dolor físico y su frustración, consecuencia de las limitaciones impuestas a su plan de vida, por partir de la enfermedad, serán fundamentales a la hora de analizar el desempeño médico.

Estos tres aspectos son cruciales en la consideración de los errores en medicina y configuran el escenario en que actualmente, por lo general, ocurren tales hechos y donde los actores principales son el médico, la institución de salud (con el equipo correspondiente, incluyendo el personal de colaboración médica y administrativa) y el paciente5.

Situaciones y medios disponibles. Las herramientas necesarias para el diagnóstico, tratamiento y cuidado de un sujeto enfermo se hacen cada vez más complejas. Independientemente de la irrupción de la tecnología, cada vez son más las personas involucradas en el manejo de cada paciente, por cada uno de los procesos que lo afectan.

Es cierto que no todas las personas participan directamente con el paciente, pero tanto el médico como el enfermo, deben confiar (y poder tener confianza) entre sí y en ese cúmulo de colaboradores y dar por hecho la garantía de calidad del proceso de atención. Esta actitud exige la formación de personas responsables de las acciones que realizan y poder generar indicadores que controlen la calidad del producto que elaboran y que así garanticen un ambiente seguro para realizar los actos médicos3,4.

Lo que induce a errar, en esta etapa, es transformar los medios en metas en cada uno de los escalones que conducen hacia el gran objetivo: el paciente. Se van creando micromundos que se alimentan de manera circular y se estancan. Dividir, dispersar, seccionar, desmembrar, son enemigos de la seguridad para un paciente porque cada fracción, entonces, deberá ser controlada y se llega al vicio de los controles sucesivos e interminables1,6. Si cada nivel requiere más personas, surgen más acciones y, por ende, mayores probabilidades de error. La consigna sería, al contrario, unir, agrupar, fusionar, unificar esfuerzos de todos para alcanzar la meta. Ello implica capacitación junto a cambio adecuado de conductas7. Así, el médico puede confiar en sus colaboradores y la institución garantizar la calidad de los diferentes procesos de atención.

Para que se desarrolle cada acto médico, que hoy se ejerce principalmente en instituciones de salud, éstas deben acondicionar las herramientas necesarias y suficientes para que los médicos elijan, a la luz de sus conocimientos, de la información y de la mejor evidencia disponible, las más adecuadas para resolver el problema que aqueja al sujeto enfermo. Este acto supone conocimientos, información, experiencia y toma, consiguiente, de decisiones8.

Por último, el paciente tiene puestas sus expectativas en el resultado: la curación. La percepción y la satisfacción por la atención recibida, y la información acerca de enfermedad, salud, deberes y derechos de un paciente, son diferentes en cada uno de los sujetos enfermos y -a su vez- diferentes a las del médico9. A mi juicio, la ocurrencia de errores en esta fase se incrementa cuando se crean falsas expectativas; al intentar superar las expectativas del paciente que, a veces, ni siquiera se conocen; por las modas que habitualmente van dirigidas a las masas y prescinden de las situaciones particulares; por la información entregada o no entregada al paciente y, por algo que complica más aún el panorama: el paciente está enfocando su punto de vista personal hacia el resultado del acto médico, la institución apunta hacia el proceso y la estructura y el médico hacia el resultado pero, siempre, en el escenario más favorable, y si el resultado es desfavorable, apunta hacia el proceso.

En resumen, creo que siempre es necesario abordar el tema a partir de un concepto claro de lo que es el error en medicina y cuál es la magnitud real del problema; resguardando la confidencialidad de la información; estableciendo algún sistema de seguimiento y análisis de estos datos; buscando las raíces del problema, y estableciendo medidas correctivas fundamentadas en la capacitación, evaluación y difusión de los datos y de los resultados obtenidos, de modo de determinar una mejoría continua en lo que se refiere a la seguridad de las acciones médicas.

Resulta indispensable establecer un sistema de prevención de ocurrencia de errores en todas las etapas del proceso de atención médica; no crear falsas expectativas en el paciente y, al mismo tiempo, sintonizar al médico, al paciente y a la institución en el proceso y respecto a los resultados esperados de la atención médica.

Una buena estructura sanitaria da confianza. Un proceso adecuado da seguridad y un resultado óptimo da prestigio a la institución y al equipo médico y satisfacción al paciente.

REFERENCIAS

1. Rhodes P. Incompetence in Medical Practice. BMJ 1986; 292: 1293-4.        [ Links ]

2. Brennan TA, Leape LL, Laird NM et al. Incidence of adverse events and negligence in hospitalized patients. N Engl J Med 1991; 324: 320-76.        [ Links ]

3. Reason J. Human Error: Models and Management, en Education and Debate. BMJ 2000; 320: 768-96.        [ Links ]

4. Short Essays, en Effective Clinical Practice. http//www.acponline.org/journals/acp/nov dec00/short essays.htm        [ Links ]

5. Wenzel R. Assessing Quality Health Care. Perspectives for clinicians. Baltimore. Williams & Wilkins, 1st Ed. 1992.        [ Links ]

6. Debenedetti E. Los Caminos del Error Clínico. Buenos Aires. Eudeba. 1960.        [ Links ]

7. Eisemberg J. Statement on Medical Errors. http://www.ahrq.gov/news/stat1213.htm        [ Links ]

8. Kassirer JP. The principles of clinical decision making. An introduction to decision analysis. Yale J Biol Med 1976; 29: 149-64.        [ Links ]

9. Goic A. El fin de la Medicina. Mediterráneo. Santiago. Chile. 2000.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons