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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.1 Santiago ene. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002000100017 

Se invita a los lectores a enviar cartas al Editor, con comentarios, preguntas o críticas sobre artículos que hayan sido publicados en la Revista y a las que los autores aludidos puedan responder. También serán bienvenidos los comentarios sobre problemas de actualidad biomédica, clínica, de salud pública, de ética y de educación médica. Podrá aceptarse la comunicación preliminar de datos parciales de una investigación en marcha, respetándose la norma básica de que no haya sido publicada ni sometida a publicación en otra revista. La extensión máxima aceptable es de 3 páginas, tamaño carta, escritas a doble espacio, con un máximo de 6 referencias bibliográficas (incluyendo el artículo que la motivó) y 1 Tabla o Figura. Las cartas que se acepten podrán ser acortadas y modificadas formalmente, por los Editores.

"El Mito de la autonomía"

The myth of patient's autonomy

S r. Editor: La moderna bioética, de origen norteamericano, ha propuesto los ya tan conocidos cuatro principios por los cuales debe regirse el actuar médico: beneficencia. no maleficencia, justicia y autonomía. Los dos primeros no son más que la expresión del fundamento más básico de todas las éticas: hacer bien y no hacer mal, como ya aparece en Isaías y otros profetas del Antiguo Testamento. El tercer principio aparece ya en el Libro del Exodo, unos 1240 años antes de nuestra era, cuando Moisés recibe las Tablas de la Ley con el decálogo, incorporado 8 siglos después en el Juramento Hipocrático, que ha persistido hasta hoy como el código resumido más completo y perfecto de la justicia.

La autonomía, en cambio, ha creado problemas e incertidumbres al quererla aplicar. Luis Alfonso Velez Correa, profesor de ética médica en Medellín (Colombia) dice en su libro difundido por la OPS: "Autónomo quiere decir que el principio y el fin está en sí mismo y que nada ni nadie puede usarlo como medio. Mientras no se interfiera la libertad de los otros, la persona es libre de definir la orientación de su vida y decidir su muerte y los medios para alcanzarla"1. Según la enciclopedia, tiene el término múltiples aplicaciones en política, administración, gobierno, derecho, biología, etc., y en sentido filosófico sería: "La libertad moral de la persona, en cuanto ésta se gobierna a sí misma, es decir, se dicta ella misma la norma de conducta y obra con independencia de todo móvil extraño, tanto de los impulsos o inclinaciones naturales como de los mandatos o reglas de una autoridad exterior"2.

Esta definición es, desde ya, contradictoria y hace que se asemeje mucho al anarquismo o a un exagerado individualismo. Por eso agrega la enciclopedia: "Naturalmente, esto no quiere decir que la persona, para ser autónoma, deba actuar en desacuerdo con tales inclinaciones o reglas; pero su acuerdo con ellas debe basarse en una libre aceptación de las mismas, es decir, la voluntad no debe estar coaccionada o determinada por ellas". Aquí aparece, claramente, la contradicción: soy autónomo y me doy mi propia norma y actúo en conformidad, pero estoy obligado a libremente aceptar la norma que me imponen.

En verdad no existe la verdadera autonomía moral. Estamos integrados a un sistema social y, en una u otra forma, todos somos dependientes unos de otros; reclamamos nuestros derechos y tenemos que respetar los ajenos, lo que vale para los individuos, para las colectividades, para los países. Cuando una parte no lo acata y quiere imponer su propia autonomía, nacen los conflictos interpersonales, familiares, sociales, políticos, internacionales. ¿Quién no se rebelaría contra aquél que declare ser lícito matar a un inocente, apoderarse de un bien ajeno, calumniar a alguien, y quién sería tan ingenuo como para confiar en otro que justifique la mentira? No somos, pues, autónomos sino dependientes de una ley moral universal.

En realidad se han confundido los términos autonomía y libertad. No se es autónomo para darse cada uno su propio código moral, se es libre para acatar la norma o para contravenirla bajo la propia responsabilidad. Por existir esa responsabilidad es que se requiere del discernimiento. Los impulsos naturales e inclinaciones muchas veces mueven el subconciente y la esfera emocional, y éstos modulan los juicios y llevan a discernimientos que están muy lejos de ser autónomos. Otras veces podrá ser la ausencia o la deformación del necesario conocimiento el que lleva a proceder con una falsa conciencia de autonomía. Un deterioro mental priva de un correcto discernimiento. Esto vale para la relación médico-paciente y el hoy obligado "consentimiento informado". El médico es el que sabe, e informa según lo que sabe; el paciente y/o sus familiares, que no saben, deciden en base a lo que el médico les informa. Pero el médico que tiene, por ejemplo, interés por ensayar determinado tratamiento u operación, puede verse inducido a maximizar los pro y a minimizar los contra, inclinando en esa forma la decisión supuestamente autónoma del paciente. Cuando el médico no desea tratar al paciente, sin decírselo abiertamente, podrá proceder al revés, maximizando los contra y minimizando los pro.

Por otra parte, se presta el principio de la autonomía para endosar buena parte de la responsabilidad al enfermo y/o a sus familiares: ¡a ellos se les dió la información y ellos consintieron (o rechazaron) en forma autónoma y, por lo tanto, si algo sale adverso, el médico se puede lavar las manos porque lo había advertido en la información! ¿Se llama esto "respeto a la autonomía del paciente" o es una velada forma de "asegurarse" contra un juicio de mala práctica? La verdadera responsabilidad moral sigue recayendo en el médico, quien tiene que tener mucho cuidado en controlar sus propios conocimientos, deseos e inclinaciones para que no le alteren el buen juicio.

Las ideas arriba expresadas no son sólo nuestras: Paul Root Wolpe, sociólogo norteamericano de la Universidad de Pennsylvania, publicó un trabajo sobre la bioética norteamericana, sus causas, su génesis y los alcances de la autonomía, llamando la atención sobre el muy discutible valor que ésta tiene3. Si algún lector deseare leerlo en castellano, puede solicitarlo al infrascrito, autor de la traducción.

Dr. Ernesto Mundt F.
Casilla correo 334, Viña del Mar.
Fono/fax: 56-32-672254.

REFERENCIAS

1. Velez Correa LA. Etica Médica. Colombia: Edit. Carvajal SA, Dic. 1999; pag 33 y sig.        [ Links ]

2. Diccionario Enciclopédico UTEHA (Union Tipográfica Editorial Hispano Americana). México DF: Talleres de La Carpeta, 1950; Tomo 1, pág 1196.        [ Links ]

3. Wolpe PR. The Triumph of Autonomy in American Bioethics: a Sociological View Raymond De Vries and Jauardan Subedi (en prensa), 1997. En Internet: Wolpe@ssc.upenn.edu

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