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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.7 Santiago jul. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002000700001 

Rev Méd Chile 2002; 130: 719-722

La Revista Médica de Chile
y la educación en medicina

Revista Médica de Chile
and Medical Education

With this issue, Revista Médica de Chile will have been published uninterruptedly, for 130 years. Formal medical education had an early development since Chile became independent from Spain (1817). The first Medical Sciences Course was organized in 1833 by the Irish physician William C Blest. The Santiago Medical Society was founded in 1869 and its journal -Revista Médica de Chile- in 1872. Its first director was Dr. German Schneider. Revista Medica is the oldest serial publication in South America and the second oldest in the Spanish speaking world. This is a remarkable fact for a comparatively young country. With the creation of the Medical Society and Revista Medica, a process of continuous medical education was started and they became a real Graduate School. The Journal has adopted the main changes in knowledge and technology. Some important milestones of its development, during the second half of the 20th century, were the definition of its objectives and structure, the incorporation of peer review of manuscripts (even with foreign reviewers) the adoption of international guidelines for publication, its incorporation into the main biomedical journal indexes, the modernization of its printing process, the making of a computer generated index of all papers published since 1872, its incorporation into a digital library in INTERNET and the active participation of its editors in the World Association of Medical Journal Editors. The success of the journal is influenced by the independence that the Medical Society has conferred to the editors (all outstanding University Professors), as well as to the characteristics of an educational campus "invisible and without tumult" (Ingelfinger) (Rev Méd Chile 2002; 130: 719-22).
(Key Words: Education, medical; History of Medicine, 19th Cent; Journalism, medical; Societies, medical).

La educación médica formal tuvo en Chile un inicio bastante precoz después de la independencia definitiva del país1,2, obtenida en 1817. En efecto, diez y seis años después -en 1833- se inauguró el Primer Curso de Ciencias Médicas en el Instituto Nacional3, gracias al talento y visión de futuro del médico irlandés Dr. Guillermo Blest4. A nuestro juicio, el Dr. Blest, además de ser el creador de la escuela médica chilena, fue pionero de la higiene, medicina preventiva y social y una de las figuras intelectuales, éticas y políticas5-7 más prominentes del Chile del siglo XIX. No deja de ser sorprendente que las instituciones del Estado chileno nunca hayan otorgado algún tipo de reconocimiento a esta relevante figura médica nacional; en efecto, ni una calle, hospital o consultorio lleva su nombre. Reparando en parte esta omisión, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile inauguró, en 1993, con el nombre de "Dr. Guillermo Blest" la plaza que embellece sus recintos de la Avenida Independencia8.

La creación del Curso de 1833, el "Movimiento intelectual de 1842", la fundación de la Sociedad Médica de Santiago, en 1869, y de la Revista Médica de Chile, en 1872, los percibimos como acontecimientos excepcionales para un país de reciente formación3,9,10; a ello nos hemos referido en otra oportunidad11,12. También es notable que la Revista Médica sea la tercera más antigua publicación periódica en Chile, después de la Revista Católica y el diario El Mercurio de Valparaíso, la más antigua revista médica de publicación continua de las vigentes en Sudamérica y la segunda en el mundo de habla hispana#13.

La Revista Médica fue fundada bajo el impulso y dirección del médico alemán Dr. Germán Schneider, tres años después que fuera creada la Sociedad Médica por iniciativa de los estudiantes de medicina. Como lo señalara Schneider en su notable Editorial o "Prospecto"14 del primer número de la Revista, publicado en julio de 1872: "...Este periódico procurar* la difusión de la ciencia, el esclarecimiento de cuestiones difíciles que muchas veces se presentan en la pr*ctica de la profesión, la jeneralización de las nociones m*s indispensables de hijiene pública i privada ... él, en fin, dará a conocer los trabajos del cuerpo médico, estableciendo esa comunicación de ideas que tantos beneficios reporta en los países en que existe...". Difícilmente se podrían sintetizar mejor los objetivos medulares de la Revista como lo hizo Schneider al fundarla, que son los mismos que ella se ha esforzado por cumplir fielmente a lo largo de 130 años de publicación mensual prácticamente ininterrumpida12,15,16-19.

La creación de la Sociedad Médica y su Revista dio inicio en el país a un significativo proceso educativo continuo en ciencias médicas, el que perdura hasta hoy. Esto, mucho antes de que lo hiciera la Universidad, concentrada en esa época en la formación de profesionales y, por cierto, antes que se acuñara la expresión "educación médica continua". En este sentido, podríamos decir que la Sociedad y su Revista constituyeron en Chile la primera escuela de graduados. La Sociedad Médica ha cumplido esta labor a través de incontables reuniones científicas, cursos de perfeccionamiento y de actualización, jornadas y congresos realizados durante más de un siglo20; y la Revista a través de los miles de trabajos de investigación y artículos publicados12,21,22, fruto de la inteligencia y dedicación de los médicos chilenos.

La Revista Médica ha estado atenta al ritmo del progreso de los conocimientos universales y las tecnologías y lo ha transmitido a la comunidad médica por medio de los trabajos de investigación clínica, de salud pública, de divulgación científica, de ética, de educación médica y de historia de la medicina12,15-19,21,22. Esta labor educativa para sus lectores ha sido constante e impresionante19. La Revista, en sí misma, es la fuente más documentada y valiosa sobre historia de la medicina chilena con que cuenta el país y a cuyo índice de contenidos de 130 años se puede acceder por computación.

Un hecho muy significativo en la vida de la Revista fue la incorporación del sistema de revisión por pares de los trabajos enviados a publicación17,18, un requisito hoy día exigido por la comunidad médica internacional, constituyendo un comité de expertos escogido entre los médicos de más alta calificación en nuestro medio y en el exterior23. Para los revisores de los trabajos ésta ha sido una experiencia educacional de primera magnitud. Igualmente lo ha sido para los editores, que han recibido los beneficios de la educación que los propios autores y revisores les proporcionan, al tomar conocimiento de los contenidos de los trabajos e informar a los autores del análisis crítico, comentarios y observaciones que los expertos hacen19. Todo esto constituye un círculo de aprendizaje recíproco y multidireccional.

También es importante destacar que, a lo largo de su historia, han sido miembros de la dirección colegiada de la Revista, en su primera época, y Editores después, importantes personalidades médicas de los siglos XIX y XX, la mayoría de ellos profesores universitarios24, lo que revela la importancia que la Sociedad Médica le ha dado a la publicación y un reconocimiento a su alto valor educativo, así como la voluntad corporativa de que mantenga un elevado nivel de calidad científica. No menos importante ha sido la independencia y libertad que la Sociedad Médica ha brindado a los Editores para que desarrollen su trabajo intelectual y técnico.

Manteniendo sus valiosas tradiciones, la Revista Médica ha ido incorporando oportunamente los avances ocurridos en las tecnologías de la impresión gráfica y de la informática25,26, los que han sido sorprendentes, principalmente en la segunda mitad del siglo recién pasado. Su adaptación a las normas internacionales de publicación27 y su vinculación a los registros, organizaciones y redes de revistas médicas periódicas, le ha dado presencia internacional. Este progreso ha sido el resultado de un proceso de aprendizaje derivado de la participación de sus Editores en seminarios y eventos nacionales e internacionales sobre publicaciones periódicas y la aplicación editorial de las valiosas experiencias allí expuestas y de las recomendaciones propuestas28-32. Además, recogiendo y sistematizando la información publicada en la propia Revista para conocer mejor nuestra realidad médica22,33-37. Como fruto de su trayectoria y logros, hoy es una Revista moderna, conocida y respetada en Chile y en todo el mundo médico.

Toda la inmensa tarea educacional realizada ha sido posible por el trabajo de centenares de médicos que han dirigido desinteresadamente la Sociedad Médica de Santiago y la Revista Médica de Chile. Otros tantos han dedicado sus esfuerzos a la organización de múltiples y variados eventos científicos, a la investigación clínica y a la difusión de conocimientos científicos y humanísticos. En último término, ha sido una expresión de amor por la medicina y su progreso, con el fin de contribuir a la buena formación de los médicos y servir mejor a nuestros semejantes. Toda la comunidad médica nacional debe estar orgullosa y agradecida de ellos.

Finalmente, no ha sido menor el hecho que la labor de la Revista haya transcurrido de un modo silencioso, alejada del ruido de la gran ciudad y de intereses secundarios que, no pocas veces, conducen a las instituciones a la mediocridad, cuando no al fracaso institucional. Como tan acertadamente lo señalara Franz Ingelfinger, el distinguido Editor Emérito del New England Journal of Medicine -la publicación médica periódica más antigua del mundo- la literatura médica constituye para la educación un "campus invisible y sin tumulto"38. Este ha sido el tipo de campus educacional que ha caracterizado a la Revista Médica de Chile. Ello explica, en gran medida, su permanencia en el tiempo y el éxito de su misión: ser un instrumento educacional eficaz en beneficio del cuerpo médico chileno.

Dr. Alejandro Goic G.
Editor Emérito

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