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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.8 Santiago ago. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002000800016 

Rev Méd Chile 2002; 130: 939-941

Homenaje Póstumo al Dr. Gustavo
Pineda Valdivia

Dr. Humberto Reyes Budelovsky*

A Posthumous Tribute to Gustavo V.
Pineda, M.D.

Gustavo V Pineda, MD, was born in Santiago, in December 7th 1935 and died in August 17th, 2001. After studying medicine at the University of Chile School of Medicine (MD title in 1960) he was Resident in Internal Medicine at the Hospital del Salvador, in Santiago, where he later on spent his professional career, specializing in Endocrinology. Dr. Pineda was a keen clinical investigator and a leading specialist in Latinamerica, mainly in the field of thyroid diseases. Several generations of undergraduate and postgraduate students grew up under his tutorship, both as an internist and as an endocrinologist. An active member and a leader in professional and scientific organizations, he presided successively the Chilean Society of Endocrinology, the Chilean Society of Internal Medicine (Sociedad Médica de Santiago) and the Latinamerican Society for the Study of Thyroid Diseases. In 1999 he was elected Member of the Chilean Academy of Medicine. A friendly and supportive teacher and colleague, his name will remain associated with the progress of medicine in Chile during the second half of the 20th Century (Rev Méd Chile 2002; 130: 939-41).
(Key Words: Education, medical; Endocrinology; Physicians)

*Académico de Número, Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile.

Dr. Gustavo Pineda V. 1935-2001

El Dr. Gustavo Pineda Valdivia nació en Santiago de Chile, el 7 de diciembre de 1935, en el hogar formado por un médico, el Dr. Gustavo Pineda Sasso, y la Sra. Celia Valdivia Jiménez, agregándose luego sus hermanas, Carmen y María Beatriz. Su padre fue un distinguido internista, Jefe de Clínica en la Cátedra del Profesor Ramón Valdivieso, y luego del Profesor José Manuel Balmaceda, en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

Gustavo Pineda cursó la enseñanza primaria y secundaria en el Colegio Saint George, egresando en 1952. Al año siguiente ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y en 1960 recibió el título de Médico-Cirujano. Ganó por concurso una beca del Ministerio de Salud, para cumplir una Residencia de tres años en el Servicio y Cátedra de Medicina del Profesor Dr. Hernán Alessandri R, en el Hospital del Salvador. Aprobó con distinción el examen final en la Escuela de Postgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, accediendo al título de Especialista en Medicina Interna. Cumplió su post-beca como internista en el Hospital de La Serena, ciudad donde permaneció cinco años. En ese hospital formó un pequeño laboratorio y organizó un sistema para el diagnóstico precoz y la atención ambulatoria inmediata de los pacientes diabéticos descompensados, consiguiendo en corto tiempo que mejorara su sobrevida. Posteriormente regresó a Santiago, ganando por concurso un cargo en la Sección de Endocrinología del Servicio de Medicina del Hospital del Salvador.

Su interés por la endocrinología nació durante su formación como becario de Medicina Interna. Lo cautivó la vertiente metabólica y bioquímica de esta subespecialidad y recibió el estímulo de la magnética personalidad del Profesor Dr. Arturo Atria Ramírez, quien sería uno de sus grandes maestros. En un ambiente selecto, Gustavo Pineda desarrolló su capacidad clínica, el interés por la investigación médica, y sus dotes como educador, interactuando con brillantes especialistas, como los Dres. José Barzelatto, Carlos Stevenson, Enrique Silva, Hugo Claure, Elmo Saito. Formó nuevos laboratorios, incorporando la tecnología contemporánea, y estuvo entre los fundadores y directores del "Instituto de Estudios Médicos Avanzados" (IEMA), entidad cuya contribución a la investigación clínica sobrepasó los límites de la endocrinología.

Uno de sus primeros trabajos de investigación versó sobre la influencia de la carencia de yodo en la patogenia del hipertiroidismo, con la coautoría de Enrique Silva, Amalia Gianetti, Carlos Stevenson y José Barzelatto. Ese trabajo se publicó en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, y fue resumido y elogiado en 1970, en el Year Book of Endocrinology. Posteriormente, participó en una expedición científica al continente antártico, donde junto con Elmo Saito reunieron información sobre las variaciones de los niveles de diversas hormonas al modificarse el ritmo nictemeral, durante el verano austral. Participó como autor principal o coautor de numerosas publicaciones médicas que fueron distinguidas, en su país y en el extranjero, resaltando el Premio de la Academia Chilena de Medicina, que recibió en tres oportunidades: 1974, 1980 y 1994.

En el campo de la endocrinología fue reconocido como uno de los principales expertos latinoamericanos en las enfermedades de la glándula tiroides. En 1974 la Organización de Estados Americanos lo becó en Nueva York para entrenarse en radioinmunoanálisis. Posteriormente fue Jefe de los laboratorios de endocrinología y de radioinmunoanálisis del Hospital del Salvador y, en mérito a su experiencia, el Organismo Internacional de Energía Atómica le encargó que organizara laboratorios similares en Guatemala.

Como Profesor Invitado participó en numerosos cursos y congresos profesionales, en el país y en el extranjero, dando conferencias y presentando trabajos de investigación clínica en Ciudad de Guatemala, Tegucigalpa, Bogotá, Quito, La Paz, Lima, Mendoza, Buenos Aires, Asunción, Brasilia, Joao Pessoa (nordeste de Brasil), San Francisco de California, Pisa y en Varsovia. Respetando una tradición que heredó de sus grandes maestros, el Dr. Pineda asumió periódicamente responsabilidades como médico internista, dedicándose a la supervisión y enseñanza de becarios, internos y alumnos de medicina, con un entusiasmo y carisma que sus discípulos le agradecieron reiteradamente.

Su destacada labor en diversas sociedades médico-científicas culminó al elegírsele sucesivamente Presidente de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Metabolismo, de la Sociedad Médica de Santiago (Sociedad Chilena de Medicina Interna) y de la Sociedad Latinoamericana de Tiroides. El American Collegue of Physicians lo nominó entre sus "Fellows". En el período de su Presidencia de la Sociedad Médica de Santiago, debió asumir la difícil responsabilidad de liderar uno de los cambios de sede más importantes que ha tenido la institución, actuando con mesura y gran entusiasmo. En 1992, la Universidad Austral de Chile, en Valdivia, lo nombró Profesor Extraordinario de Medicina. En 1993, la Universidad de Chile le otorgó nivel académico de Profesor Titular de Medicina. Sucesivamente, la Sociedad Médica de Santiago, la Sociedad Peruana de Endocrinología y la Sociedad Chilena de Endocrinología y Metabolismo lo nombraron Miembro Honorario.

La personalidad de Gustavo lo destacó como un hombre bondadoso, afable, jovial, entusiasta, optimista, amigable y leal. Aparte de la medicina y de su familia, se apasionó por la música clásica y barroca, y practicó el bridge como una entretención sociablemente grata. Sus condiciones humanas tuvieron la imagen especular de un médico muy responsable, cariñoso y devoto de sus enfermos, y un "discípulo de maestros" que en su hora se convirtió en "maestro de discípulos".

En atención a sus méritos como uno de los líderes de la medicina nacional en el siglo XX, la Academia Chilena de Medicina, máxima institución académica de nuestro país, lo incorporó como Miembro de Número en su Sesión Pública y Solemne del 28 de julio de 1999. Con mucha alegría y cariño asumí la honrosa misión de presentarlo formalmente en dicha ceremonia, con un derecho adquirido por haber sido condiscípulos en la universidad y durante la beca de medicina interna, y compañeros en nuestra vida profesional en el Servicio de Medicina y Departamento docente del Hospital del Salvador. En ese ambiente -posiblemente tan particular como muchos otros ambientes profesionales en nuestro país- la vida nos requirió asumir responsabilidades crecientes a las que debimos dedicar nuestro esfuerzo para atenderlas como hubieran esperado nuestros queridos maestros. Cuando estuve transitoriamente inválido e inhabilitado para ejercer mi función como Jefe del Servicio de Medicina, Gustavo reconoció el llamado de entrega a su comunidad profesional en su vieja casa, y aceptó asumir la Subjefatura, acompañándome como tal por muchos años. Pero no sólo fuimos camaradas en el hospital, porque nos unió una profunda amistad, sumada a la de nuestras esposas: Johanna y María Eugenia. Me es emocionantemente fácil traer estos recuerdos a mi memoria y destacar que, además de un médico brillante, Gustavo fue ejemplarmente afectuoso como hijo, hermano y esposo.

Lamentablemente, la vida de Gustavo llegó a su término mucho antes de lo que hubiéramos soñado, el 17 de agosto de 2001. Los que tuvimos el triste privilegio de acompañarlo junto a su esposa, familiares y amigos, en el lento e irremediable proceso final, recordaremos siempre su valentía estoica y la devoción cristiana con que lo enfrentó. Difícilmente volveremos a oír frases tan hermosas como las que expresó en su homenaje el Párroco que lo despidió, en su Parroquia. Siento que fue un don concedido por la Divinidad, el haber conocido a Gustavo y haber sido su amigo.

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