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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.9 Santiago sep. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002000900016 

Rev Méd Chile 2002; 130: 1067-1072

Boerhaave: una mente brillante,
un carácter virtuoso

Alexis Lama T, Dagmar van Wijngaarden.

Boerhaave: A brilliant mind, a virtuous nature

Hermann Boerhaave (1668-1738), a physician and humanist, is considered one of the most influential clinicians and professors of the eighteenth century. He was a medical teacher in Leiden, Holland, reaching great fame and celebrity in his city and around, extending outside of Europe into China. His contemporaries would name him "Europe's professor". He obtained his academic degrees in philosophy, chemistry and botany, but continued in medicine which more befit his nature. This brilliant man declared himself in favour of experimental knowledge instead of theory and, following Thomas Sydenham, he greatly contributed in making clinical medicine more systematic. In some extent he was the founder of academic hospitals. Boerhaave was an affectionate, cheerful and correct man, an admirable example of moderation, vigour, humbleness and devotion. In the last months of his life, suffering a painful disease, he showed his strength by letting his soul master himself, and resigned to the will of God (Rev Méd Chile 2002; 130: 1067-72).

(Key Words: Education, medical; History of Medicine, 18th Cent; Religion; Schools, medical)

Recibido el 30 de mayo, 2002. Aceptado el 4 de julio, 2002)

Facultad de Medicina, Universidad San Sebastián. Concepción, Chile.

Hermann Boerhaave (1668-1738), médico y humanista holandés, es considerado uno de los clínicos y profesores más influyentes del siglo XVIII. Fue Profesor de Medicina en Leiden, Holanda, logrando gran fama y celebridad en esta ciudad y alrededores, en Europa y hasta en la lejana China1. Se le ha denominado el "Hipócrates holandés" y ya sus contemporáneos lo llamaban "profesor de Europa". De toda partes provenían los oyentes de sus lecciones (entre ellos, van Swieten y de Haen, de Austria; Pringle, de Inglaterra; Ribeiro Sanches, de Portugal) y se le considera el impulsor de las grandes escuelas médicas de Edimburgo y Viena3. Pedro el Grande de Rusia lo honró en una ocasión con su visita y, cincuenta años después de su muerte, Federico el Grande de Prusia, ordenó que todos los médicos profesores en su territorio enseñaran al estilo de Boerhaave. Este importante médico dejó muchos discípulos: entre ellos, Julien de la Maittre, von Haller, Linneo, etc. Boerhaave poseía un don pedagógico y una atrayente oratoria, además de una gran devoción por su trabajo. Laboró duro en medicina, botánica y química. Fue, en algún grado, el fundador de los hospitales académicos, organizando un sistema de doce camas en el hospital de su ciudad para enseñar a sus alumnos. Allí se juntaba dos veces a la semana con ellos, para combinar la teoría con la práctica. En la actualidad, el famoso museo de Boerhaave se encuentra en el mismo lugar de ese primer hospital. Nació en Voorhut, un pueblo pequeño, cercano a Leiden, el 31 de diciembre de 1668. Era hijo de James Boerhaave ministro protestante del lugar y hombre de carácter amistoso, cariñoso y diligente, interesado en la historia y la genealogía, que conocía muy bien el latín, el griego y la lengua hebrea. Su madre, Hagar Daelder, era hija de un comerciante de Amsterdam. Hermann fue el primero de nueve hermanos y a la edad de 10 años sufrió la pérdida de su madre. Su padre volvió a casarse, con Eva du Bois, que fue una verdadera madre para él y sus hermanos.

Hermann Boerhaave (1668-1738)

Hermann fue orientado por su padre para el ministerio y, por lo tanto, instruido en la gramática y los principios fundamentales del lenguaje, materias en las cuales demostró un rápido aprendizaje, de tal modo que a los 11 años de edad era un maestro de las reglas de la gramática. Por otra parte, periódicamente acompañaba a su padre en los trabajos agrícolas, lo que desde pequeño fortaleció su constitución física y motivó su amor por la vida rural.

A los 12 años, Hermann padeció de una úlcera en su muslo izquierdo, cuyas curaciones eran tan dolorosas como la misma enfermedad. Este sufrimiento en carne propia, sin duda, le enseñó la virtud de la compasión hacia el prójimo, en tanto la ineficacia de los métodos para tratar su mal lo motivó para buscar otros más eficientes, lo cual explica su inclinación posterior al estudio de la ciencia. De hecho, Boerhaave empezó practicando sus técnicas en su misma persona. En esa ocasión, dejando de lado todas las fallidas prescripciones de sus médicos tratantes, personalmente se aplicó sal y orina en la lesión, logrando la cura de su úlcera.

A los 14 años ingresó a la Escuela Pública en Leiden (la misma donde estudiaron Rembrandt y Jan Steen), en la cual demostró su gran capacidad e inteligencia, lo que le permitió obtener premios como el mejor alumno de su clase y promoverse rápidamente de niveles, para quedar, en breves tres años, a las puertas de la universidad. Sin embargo, la muerte de su padre aconteció por esta época, lo que dejó a la familia con escasos recursos para obtener una educación privilegiada. Boerhaave, determinado a vencer los obstáculos de la pobreza y demostrando la virtud de la fortaleza, obtuvo el consentimiento de sus tutores para continuar sus estudios y se matriculó en la universidad en Teología y Filosofía en 1684, destacando allí también por su genialidad y capacidad de trabajo. Recibió lecciones de los más famosos profesores y produjo importantes avances en todas las ciencias, aunque sus estudios los enfocó principalmente a la teología, siguiendo la intención original de su padre. En 1687, convencido de la necesidad de aprender matemáticas, emprendió dichos estudios. En 1690, habiendo aprobado los exámenes con éxito poco habitual, obtuvo su grado en Filosofía, en la cual alcanzó tal erudición que le capacitó para discutir temas como la naturaleza del alma y el cuerpo, con perspicacia y sutileza, refutando a Epicuro, a Hobbes y a Spinoza.

Habiendo agotado sus recursos económicos, Boerhaave se vió en la necesidad de desarrollar alguna profesión que le permitiera su manutención y, dado que conocía muy bien las Matemáticas, comenzó a dar clases de esta ciencia en la Universidad.

A estas alturas, su propensión al estudio de las enfermedades crecía tan violentamente que no podía ser resistida y, aunque aún intentaba hacer de la teología el gran trabajo de su vida, no pudo negarse la satisfacción de dedicar algún tiempo al estudio de los escritos médicos, para lo cual lo capacitaban sus conocimientos de Matemáticas y Filosofía.

El estudio de la Medicina se correspondió mucho con su genio natural y, lo que en un principio había adoptado como una diversión, pasó a convertirse en su principal ocupación, decidiéndose a obtener el grado de médico, antes de comprometerse con los deberes del ministerio.

Comenzó en 1690, autodidácticamente, con una cuidadosa lectura de Vesalio, Bartholino y Faloppio y, para adquirir mayor conocimiento acerca de la estructura del cuerpo, asistía a las disecciones públicas y estudiaba los cuerpos de diferentes animales.

Posteriormente inició la lectura de los autores antiguos, fundamentalmente Hipócrates y luego los griegos y latinos posteriores. Concluyó que Hipócrates constituía la fuente original de todo conocimiento médico y que los autores posteriores no eran más que transcriptores de él. Por esta razón, Boerhaave regresó a Hipócrates con más atención y consumió largo tiempo preparando resúmenes de sus escritos, digiriéndolos y memorizándolos. Luego, estudió los autores más modernos, de los cuales Sydenham le pareció el más importante.

Aparte de sus estudios médicos y dada su insaciable curiosidad, se abocó al estudio de la Química y de la Botánica, ciencias en las que se convirtió también en experto. No sólo realizó un cuidadoso examen de todas las plantas del jardín de la Universidad, sino que efectuó excursiones en bosques y campos aumentando su conocimiento botánico. Introdujo la clasificación de las Antófilas, según los caracteres de sus estambres y pistilos. Además de esto, y simultáneamente continuó sus estudios teológicos con el anhelo de, una vez graduado como médico, pudiese obtener una licencia para predicar y ocuparse de la cura de las almas.

En julio de 1693, cumplió su anhelo de recibir el grado de médico o de Doctor en Medicina en la Academia de Hardewijk (ubicada a 80 millas al noreste de Leiden). Su tesis, que defendió públicamente, fue "De utilitate explorandorum excrementorum in aegris, ut signorum". ("Sobre la utilidad de explorar los excrementos en los enfermos, como signo de enfermedad").

Con su grado bajo el brazo y con la idea piadosa de abrazar el ministerio, regresó a Leiden. Sin embargo, se encontró con la desagradable sorpresa que en la universidad corría el injurioso y venenoso rumor que, por sus críticas a la Iglesia, era sospechoso de ser ateo. Ello generó una formidable oposición a sus pretensiones eclesiásticas, por lo que se vió en la necesidad de abandonar su afán y volver a la medicina. Empezó a visitar enfermos, ocupando el resto de su tiempo en el estudio, los experimentos químicos, la enseñanza de las matemáticas, la lectura de las Escrituras, rechazando invitaciones atractivas y ventajosas, como aquella que un día le hizo uno de los principales favoritos del rey Guillermo III. Con ello, Boerhaave demostró que no tenía más ambición que la del conocimiento.

En mayo de 1701, sin solicitarlo y casi sin su consentimiento, fue elegido para dar clases de Medicina en la Universidad de Leiden, con un salario de 400 florines anuales. Desde el principio de esta actividad, se dió cuenta que los estudiantes no recurrían suficientemente a Hipócrates, a quien él mismo consideraba el padre de la Medicina y, además, el príncipe de los médicos, por lo que con la sentencia "de commendado studio Hippocratico" restauró el prestigio del gran autor entre los estudiantes. Inició también sus clases en Leiden, las que eran públicas y generalmente terminaban con ovaciones. Boerhaave logró identificar los principios de la ciencia médica, conectarlos entre sí y convirtió en orden el caos existente hasta esa época. En este aspecto, Boerhaave forma parte de lo que Laín Entralgo identificara como los tres grandes sistemáticos, ubicándolo junto a Stahl y Hoffmann2.

Su reputación, en proporción a sus méritos, se extendió rápidamente a universidades más distantes. Tanto es así que, en 1703 se le llamó desde Groningen, universidad ubicada al noreste de Holanda, para llenar una vacante de Profesor. Esta oportunidad fue rechazada por Boerhaave, prefiriendo continuar en Leiden a pesar del ofrecimiento de aumento de su salario a 600 florines anuales. Más tarde, en 1730, declinó, entre otros, el ofrecimiento de la zarina de Rusia para ser su Médico de la Corte.

En 1707 publicó su famosa obra "Institutiones Medicae" (cuya segunda edición en 1710, dedicaría a su suegro) y, en 1708 "Aphorismi de Cognoscendis et Curandis Morbis" ("Aforismos sobre el diagnóstico y la curación de las enfermedades"), que fueron textos canónicos que permanecieron por décadas como libros de referencia obligada en los estudios médicos. En 1709, después de nueve años de actividad como Profesor en la Universidad de Leiden, se produjo una vacante dejada por la muerte del Profesor Hotten y Boerhaave fue designado Profesor de Medicina y Botánica, con un salario total de 1300 florines. Al año siguiente, en septiembre de 1710 contrajo matrimonio con Mary Drolenveaux, hija única de un rico comerciante de Leiden -Alderman Abraham Drolenveaux- con quien tuvo cuatro hijos. Tres de ellos murieron en la infancia, llegando a la madurez y sobreviviéndolo solamente su hija Joanna María.

En 1714 alcanzó la más alta distinción de la Universidad de Leiden al ser nombrado Rector Magnificus. En 1718 fue nombrado catedrático de Química, sucediendo a Le Mort y en 1732 publicó "Elementae Chemiae" ("Elementos de Química"), uno de los trabajos de su numerosa producción que colaboró grandemente a hacer más clara e inteligible dicha materia.

La reputación de Boerhaave continuó creciendo, de tal manera que en 1715 el mismo año en que dejó la Rectoría, y a pesar de algunos ataques por su declaración en favor del conocimiento experimental, fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias de París. En 1728 fue nombrado Miembro Extranjero de la Academia de París y en 1730, por unanimidad, fue electo Fellow de la Real Sociedad Médica de Inglaterra.

En 1722 sus clases y prácticas debieron suspenderse porque sufría de gota la que, según él mismo confiesa, no cuidó mucho, confiándose en su fuerte constitución (de hecho era un hombre alto, atlético y notorio por su extraordinaria fuerza). Su padecimiento lo postró durante cinco meses en cama, con gran dificultad para moverse a causa de los dolores y sin poder dormir con tranquilidad. Su recuperación, tan celebrada como deseada, le permitió regresar a la Escuela de Medicina en enero de 1723.

En el año 1724, Hermann Boerhaave propuso que el calor es un fluido de alguna clase y, aunque como químico rebatió el uso del mercurio en el termómetro inventado por Fahrenheit, fue un gran impulsor de la medida de la temperatura corporal para ser utilizada en el estudio clínico de los pacientes. La importancia de este parámetro no sería considerada sino hasta avanzado el siglo XIX4.

Entre otras de sus grandes contribuciones a la Medicina se cuenta el uso de los exámenes postmortem para establecer las causas de las enfermedades fatales. El síndrome que lleva su nombre (síndrome de Boerhaave, ruptura espontánea del esófago), fue descrito por Boerhaave en 1724 cuando el Gran Almirante de la Flota Holandesa y Prefecto de Rhineland, Baron J van Wassenaer, murió después de haber sufrido dolor torácico y abdominal después de vomitar una comida. Boerhaave realizó el estudio postmortem de van Wassenaer e identificó una ruptura esofágica con derrame de contenido gástrico al interior del mediastino. De este modo, Boerhaave inició la práctica de la conferencia clínico-patológica, tal como se usa en la actualidad. El anfiteatro donde realizó sus enseñanzas anatomopatológicas todavía se encuentra en el Museo Boerhaave.

A partir de 1726 Boerhaave se vió cada más afectado por recurrencias de su condición mórbida, lo que le obligó a dejar sus lecciones de Botánica y Química. Sin embargo, continuó trabajando en la instrucción de sus estudiantes, atendiendo pacientes que venían desde distintas partes de Europa a consultarlo y respondiendo por cartas los casos urgentes en que se le solicitaba su opinión o recomendación.

A mediados de 1737 Boerhaave comprendió que se aproximaba su final en la vida terrena, lo que confesó más tarde a un amigo de Londres: "la fortaleza de mi cuerpo en menos de un año, ha quedado reducida a un conjunto de debilidades; está pesado, hinchado, y al más mínimo esfuerzo me provoca sofocaciones y anomalías del pulso, impidiéndome prácticamente todo movimiento... Tengo hinchados los pies, las piernas, muslos, escroto, prepucio y bajo vientre... El dolor de vientre se ha hecho permanente, con gran dificultad para respirar, y una debilidad general increíble; duermo poco, superficial y con pesadillas, y mi estado de ánimo es cambiante... Como no puedo salir de esta agobiante situación, me pongo en las manos de Dios, cuyos planes acojo con resignación, y cuya voluntad amo y venero como a nada", demostrando en este testimonio su inmensa piedad y resignación a la voluntad divina.

Los últimos meses de su enfermedad fueron dolorosos, aunque Boerhaave siempre permaneció firme y constante, sin abandonar las preocupaciones propias de la vida y sin olvidar los apropiados preparativos para su muerte. Tres semanas antes de fallecer, en su casa de campo, recibió la visita de su íntimo amigo, el reverendo Schultens, a quien privadamente relató el principal tema que dominaba sus pensamientos: aunque nunca había dudado de la naturaleza espiritual e inmaterial del alma, últimamente había adquirido la certidumbre de que existía una distinción entre sustancias corporales y de la mente y que sólo su larga enfermedad le había dado la oportunidad (que no le dio la mera razón y la filosofía) de contemplar la unión maravillosa e inexplicable entre alma y cuerpo. Esto, Boer-haave lo ilustraba con una descripción de los efectos que las debilidades de su cuerpo ejercían sobre sus facultades, que no lo vencían, permaneciendo su alma dueña de sí misma y siempre resignada a la voluntad de su Creador. Boerhaave le relató que una vez su dolor era tan extremo, que sobrepasó a su paciencia y le había pedido a Dios ser liberado por la muerte. Schultens, para consolarlo, le expresó que tales deseos forzados por la tormenta continua y excesiva, son inevitables para la naturaleza humana y que los mejores hombres, incluso Job, no habían sido capaces de ignorar esta impaciencia. Continuó: "el que ama a Dios, no debería pensar en algo deseable para sí, sino en lo que más desea Dios".

Mientras más cerca se encontraba la hora de su muerte, más lejos estuvo en él el terror y la confusión. Incluso parecía que se encontraba menos sensible al dolor y más alegre bajo sus tormentos, los cuales continuaron hasta el 23 de septiembre de 1738, día en que este hombre, casi a los 70 años, formado por naturaleza para los grandes designios, guiado por la religión en el ejercicio de sus capacidades, murió.

De acuerdo a su contemporáneo y principal biógrafo inglés, Samuel Johnson1, Boerhaave fue un hombre cariñoso que, con su conversación humorística y graciosa, promovía la alegría. Nunca se agrió por la calumnia y la detracción. "Porque son sólo chispas, las cuales, si no las soplas, se apagan solas" decía él. Tuvo siempre cuidado de no crear enemigos por la severidad en la censura, nunca se detuvo en las fallas o defectos de los demás y cuidaba de no crear la envidia de sus rivales, menospreciando sus propias excelencias sobre las cuales él mismo raramente hacía referencia. Era un hombre modesto, pero no timorato ni pusilánime. Sabía ser firme, sin rudeza. No se intimidaba o deprimía por la presencia, enojo o insolencia de los grandes hombres, sino que persistía en lo correcto con resolución y calma.

Le gustaba cabalgar, trabajar la tierra y, en sus últimos años, a causa de su enfermedad, caminar y cuando estuvo más débil, tocar el violín.

Fue un ejemplo admirable de templanza, fortaleza, humildad y devoción, entendida esta última como una vida piadosa, con un sentido religioso, con dependencia de Dios, base de su virtud y principio de todo su actuar. Era demasiado sensible a su debilidad humana para adjudicarse cualquier logro a él mismo o concebir que él pudiera vencer la tentación por su poder natural; atribuía a Dios cada pensamiento bueno y laudable acción suya. Se dice que una vez un amigo, admirado de su paciencia ante tanta provocación, le preguntó si sabía lo que era estar enojado y de qué manera había suprimido tan ingobernable pasión. Boerhaave, con total honestidad, le contestó que él era naturalmente ligero de genio pero que había logrado, por la oración y meditación diaria a través del tiempo, lograr cierto dominio de sí mismo. Efectivamente, cada día temprano en la mañana y a lo largo de toda su vida, Boerhaave se retiraba por una hora, en privado, para orar y meditar. Esto, le daba -como a menudo contaba a sus más cercanos amigos- espíritu y vigor para el trabajo diario y lo recomendaba como la mejor regla de vida. Recomendaba también a sus amigos una cuidadosa observación de los preceptos de Moisés, especialmente aquellos relativos al amor de Dios y al hombre. Fue sumiso frente a la voluntad de Dios, sin intentar descubrir la razón de sus determinaciones. Este era, según él, el primer y más inviolable deber de un cristiano. Decía que la doctrina enseñada por Jesús de palabra y obra era la única fuente capaz de dar paz al alma del ser humano. Cuando oía hablar que un criminal había sido condenado a muerte, se preguntaba: "¿Quién puede decir que este hombre no es mejor que yo? O si yo soy mejor, no se debe responsabilizar de eso a mí mismo, sino a la bondad de Dios, que ha hecho eso en mí".

Aunque el conocimiento y el saber de Boerhaave fueron, excepcionales, éstos quedan relegados a un segundo lugar frente a su virtud, que fue mucho más excepcional que su saber. Esta notable conjunción de una mente brillante junto a la virtuosidad de un hombre es lo que ha convertido a Boerhaave en un personaje tan famoso y digno de encontrarse en la historia de los grandes hombres, de ser ejemplo por su saber y su virtud para todos los médicos de todas las partes del mundo y su vida, un loable camino a imitar.

REFERENCIAS

1. Life of Boerhaave. En: The Works of Samuel Johnson. New York: Pafraets Company, 1903; 14: 154-84.        [ Links ]

2. Kidd M, Modlin IM. The luminati of Leiden: from Bontius to Boerhaave. World J Surg 1999; 23: 1307-14.        [ Links ]

3. Lain Entralgo P. Historia de la Medicina. Barcelona: Salvat, 1978, sección IV, capítulo 4: 335-42.        [ Links ]

4. MacKenzie MA, van Hetren GM, van der Meer JW. Clinical thermometry. I Historical developments. Ned Tijdschr Geneeskd 1997; 141: 954-6.        [ Links ]

Correspondencia a: Dr. Alexis Lama T. Fax (041) 400002. E-mail: alama@uss.cl

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