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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.9 Santiago sep. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002000900017 

Rev Méd Chile 2002; 130: 1073-1074

BIBLIOGRAFÍA

Los libros comentados en esta sección están a disposición de los lectores, en la Biblioteca de la Sociedad Médica de Santiago.

BIOÉTICA Y MEDICINA. ASPECTOS DE UNA RELACIÓN. Dr. Fernando Lolas Stepcke. EDITORIAL BIBLIOTECA AMERICANA. 2002. ISBN 956-7247-32-3

Hay una imagen que se reitera en mis apreciaciones cada vez que he tenido oportunidad de leer a Fernando Lolas. Es la de un borde costero donde irrumpen olas sucesivas, cambiantes en fragor y ritmos de ruptura, trayendo y llevando los variados matices de un contexto que fluye inmisericorde desde su profundidad de base, para vaciar ¡cómo si se pudiera! la inmensidad del mar en la arena insaciable de humedad. Porque el consistente embate de sus ediciones traduce marejadas donde, sin pausa y con imperturbable insistencia, allega a su molino para construir (o restaurar) el templo de una áurea medicina lucubrada con historia, amasada en raíces socio-antropo-filosóficas y articulada en el discurso bioético, configurado y fundido en la esencia de su misma materialidad.

Ahora nos inunda con un nuevo aporte en que desde el primer contacto, la portada, nos despista por el nombre y la visión. ¡Medicina es, claro, el ámbito de la reflexión! Bioética, en lontananza, si cogemos su sentido a veces un tanto forzado, en el encabritado tráfago de sugerencias y deducciones que constituye el texto. ¿Clonación a partir de Dolly, que se estampa, prolífica, en primer plano, sus consecuencias, sus riesgos (¿o maleficios?), algo que nos pudiera situar en el centro de la polémica o de la dilemática vigente? ¡Nada en el interior! O quizás todo con una sólo "aparente" ausencia, para hacernos reflexionar sobre su significación o prescindencia en la problemática del destino humano como parte esencial del constructo pretendido entre medicina y bioética.

Es cierto que caemos en tal cuenta sólo casi al terminar la lectura, a la que hemos accedido ávidamente, aunque valen las preguntas y las interjecciones ya desde que desmenuzamos el índice, exhaustivo, promocional y sugerente.

La pauta de contenidos es elocuente en prevenirnos que estamos en el segundo movimiento de lo que se inició en "Más allá del cuerpo", una de sus obras precedentes. Tenemos, por delante, variaciones eufónicas de una melodía que Fernando Lolas ha venido interpretando desde varios escritos, revelando cada vez con mayor énfasis y apoyado en sus invocadas experiencias internacionales, para "clausurar nuestro siglo con la última revolución conceptual y reinvención de lo antropológico ejemplificadas en el discurso bioético", como lo escribiera en 1998. Porque, como él mismo lo dice ahora, en "la tarea de rescatar el pasado y hacerlo presente en el presente, traduje artículos de los maestros, reescribí sus historias y repensé sus hechos" abrigando "la convicción de que nuestra bioética, la hispana, la latina, la americana del sur, tiene entre sus misiones la de rescatar" (reinventar) "el sincretismo de las tradiciones sólo en apariencia divergente, en la integración de lo perenne que tienen las distintas medicinas" y "que le viene de sus radicales antropológicos". No se nos escapa (el autor lo ha pregonado desde hace bastante tiempo), que la consumación de esta propuesta no está lejos de una eventual Teoría de la Medicina. Aunque no llegara a culminar estos propósitos, los rotundos compases que Lolas ha venido dando en esta sinfonía, con connotados predecesores, son evidencia de su extraordinario aporte al esclarecimiento, no sólo de los fines de la medicina sino de su sentido y de sus fundamentos.

Los primeros capítulos, nos "evocan" más que "definen", diversos y no menguados, escenarios, paisajes y encrucijadas, en que la medicina y su hacer se encarnan en la realidad humana y en su ámbito social. El personaje central es, como en toda la obra de Lolas (y por algo lo acogió hace ya tiempo la Academia de la Lengua del Instituto de Chile y su Correspondiente [y Real] Española), su narrativa y el lenguaje que despliega con originalidad y riqueza inusitadas. Es grande el riesgo de apagar con este virtuosismo el fondo de la argumentación, pero su indemnidad quizá sea el más fuerte apoyo a concebir la medicina (o más bien su específica vertiente bioética) como un discurso más que como una disciplina, al tiempo que nos permite valorar el aserto de que el conocimiento de la arquitectura del saber es tan importante como el saber mismo. Aquí, sin embargo, las redes en que penden las diversas temáticas, los infinitos conceptos, ya sea diáfanos o con intrincadas consideraciones, pero innumerables y temerariamente deshilvanados (las incoherencias y pensamientos divergentes que, más que reconocer destaca, por su parte, el autor), promueven las reflexiones más enriquecedoras, las miradas más hondas y prolíficas, las disquisiciones intersticiales (como Lolas cataloga ciertos discursos descentrados, entre o fuera [más allá] del cuerpo y de las disciplinas) con toda su variedad de reacciones y gratificantes derivaciones.

Tras exponer a estas digresiones no siempre distractivas, que recorren desde el conocimiento a las profesiones, desde la producción a los usos del saber y del poder, de la racionalidad de las técnicas a la praxiología de las acciones, desde los avatares de la postmodernidad a las tareas, la cohesión y las redes de las comunidades científicas, sin más referencias a la bioética que algunos atisbos de pertinencia que parecieran sólo rememoraciones de un título subconciente en la temática central, se abordan algunos temas concretos, algo reiterados en capítulos sucesivos, y de un corte y estilo, de más concreta aplicación y con menor vuelo conceptual. Es como un aterrizaje después de una incursión sin limitaciones al libre desarrollo del espíritu, para abordar temas concretos en el marco de una visión bioética no reducida pero restringida; porque este aspecto aparece aditivo, en vez de cobrar un papel protagónico. Así siguen: la investigación y la práctica médica, las tecnologías sanitarias, las comunicaciones en el campo de la salud, la reforma de la salud luego de consideraciones sobre equidad, las decisiones terapéuticas con algún énfasis en la psicofarmacología. Las diferentes entonaciones son evidentes. En ambos conciertos hay acordes reiterados pero la primera parte nos entusiasmó con su complejidad y el abanico, aún desincronizado, de opciones. En este segundo ciclo, en cambio, hay un pragmatismo relevante, una utilidad cierta de su intención y su exposición y, pese a la conveniencia de guías prácticas también para las decisiones de los comités de bioética, su valoración general no alcanza el nivel de lo primeramente analizado y ordenado. Al final, retorno a la disposición socio-antropológica y rápido cierre con apreciaciones y auto propuestas contundentes, para un nuevo paradigma ¿o para una quimera?

En una era de biotecnología desusada, cómo no rescatar una medicina antropológica (¡de qué forma, si no, podría ser la medicina!) poniendo la mirada hacia las raíces perennes de la humanidad, para vigorizar el andamiaje de sus frutos. La iluminación con que Fernando Lolas nos orienta en la penumbra, aunque pueda encandilarnos primariamente con algunos abalorios, puede tornarse decisiva para una recta opción. Su nuevo libro, Bioética y Medicina, recarga las baterías para esa intuición informada cuya evolución es una promesa.

Dr. Eduardo Rosselot Jaramillo

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