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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.130 n.12 Santiago dic. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872002001200014 

Rev Méd Chile 2002; 130: 1431-1434

Reflexiones en torno al desarrollo
histórico de las ciencias biomédicas
en Chile y el rol que jugó la Revista
Médica de Chile
: un homenaje al
cumplir 130 años

Luis Vargas Fernández1

Reflections about the historical
development of biomedical sciences
in Chile and the role of Revista
Médica de Chile

When Revista Médica de Chile turns to be 130 years old, the author reflects about the difficulties that scientific and technological creativity faces in Chile, considering that there was a 70 years gap between its historical origin in Chile compared to developed countries. The scientific progress erases the boundaries between Biomedicine and science and technology. This progress has resulted in an improvement in the quality of scientific publications in Revista Medica de Chile. The editorial work has also contributed to this improvement. Revista Medica de Chile has obtained international recognition and stands in a good position as a medical journal in Latin America and Chile (Rev Méd Chile 2002; 130: 1431-4).
(Key Words: History of Medicine, 20th Cent; Journalism, medical; Periodicals; Research; Research support)

Recibido el 10 de septiembre, 2002. Aceptado el 8 de octubre, 2002.
1 Doctor Scientiae et Honoris Causa y Profesor Titular, Facultad de Ciencias Biológicas, Pontificia Universidad Católica de Chile. Premio Nacional de Ciencias (1985).

El desarrollo de las ciencias biomédicas en Chile puede trazarse a partir de la década de 1920. Si bien algunos precursores abren el camino, el fenómeno adquiere proporciones crecientes al ingresar a la vida universitaria nacional dos pioneros profesores europeos. Uno de ellos, biólogo y parasitólogo, Profesor Juan Noé, de Italia, se incorpora a la Universidad de Chile; el otro, fisiólogo, Profesor Alejandro Lipschütz, de Letonia, a la Universidad de Concepción. Ambos con dedicación exclusiva, más una carga docente abrumadora. Aun así, logran desarrollar la investigación experimental con la metodología excepcional del continente de donde proceden. Son dos gigantes de la Biología, que trabajan como investigadores solitarios en una época sin Ciencia establecida en el país. Son docentes exitosos en asignaturas básicas de Medicina, cultos, excelentes conferencistas, que elevan la formación científica de los estudiantes y les enseñan a realizar investigación biológica, a través de la preparación de Tesis para obtener sus títulos profesionales. Ambos sobresalen aún más porque logran, por primera vez, formar discípulos. Así, en la Universidad de Chile emergen los primeros entusiastas investigadores donde algunos pasan a ser el germen del progreso que vendrá más adelante. Diez años más tarde, otro científico europeo, también fisiólogo, Profesor Jaime Pi-Suñer, de España, se incorpora a la naciente Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con similares excelsas características personales, quien deja una huella profunda en estudiantes y discípulos, al preferir regresar a su querida Europa. Trascendente decisión, que pone de relieve cuán meritorios son los que se quedan y echan raíces por toda su vida.

Es muy difícil imaginar cuántos años de mayor atraso tendríamos si ellos no hubieran estado.

CIENCIA Y MOVIMIENTO UNIVERSITARIO
CON COMIENZO FECUNDO

El inicio del interés por las ciencias biomédicas se concentra en la Universidad de Chile y en la Pontificia Universidad Católica de Chile, por iniciativas de profesores de las asignaturas básicas del área biológica, en sus Escuelas de Medicina. La tarea se lleva adelante con una estrecha y ejemplar colaboración interuniversitaria. Es un movimiento que empieza en el decenio del 40, en el siglo XX, en una época en que el país desconoce el valor de la investigación creadora de conocimientos. Sin ayuda universitaria ni estatal, el movimiento tiene la fuerza y el idealismo juvenil indispensables para una aventura al parecer imposible.

El primer paso lo propone un profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile que, al contar con el apoyo de sus pares, exige el cambio de la Directiva de la Sociedad de Biología de Santiago, que permanece muy pasiva. Se logra el cambio y dicha Sociedad pasa a ser el lugar principal de las acciones. En su interior, el avance es incontenible, con un conjunto de realizaciones valiosas que se proyectan en el tiempo: reuniones científicas periódicas, con debate estimulador; organización de reuniones anuales, haz de unión de la comunidad científica; creación en 1964 de su revista Archivos de Biología y Medicina Experimentales, de financiamiento azaroso, que se convierte desde 1992 en su emblemática sucesora: Biological Research; transformación visionaria de la Sociedad de Biología de Santiago en Sociedad de Biología de Chile, con la primera colaboración efectiva del Ministerio de Educación. Veinte años después, gracias a la iniciativa de los investigadores, se consigue la creación de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) y, más tarde, de su Programa "Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología" (FONDECYT), de gran impacto en la investigación científica, aunque remece a la autonomía universitaria al disponer de un financiamiento de la investigación científica con recursos estatales, que administra y distribuye sin la participación institucional de las universidades. En cambio, las universidades logran mantener cierta tuición directa de la ayuda extranjera.

El movimiento continúa pacientemente, pero la Universidad de Chile se adelanta en la lucha por la creación de cargos de profesores con dedicación exclusiva lo que, junto con el Doctorado en Ciencias, finalmente se consiguen.

En esta culminante tarea, la colaboración de fundaciones, extranjeras y nacionales, llega en el oportuno momento y contribuye eficientemente en el financiamiento de proyectos de investigación, becas y variadas acciones de fundamental importancia. Después sucede bastante más, afortunadamente con un curso propicio, con ayuda de una recuperada CONICYT y por la Academia Chilena de Ciencias, del Instituto de Chile. La Academia obtiene la colaboración personal del Embajador de EE.UU, quien consigue la visita de seis connotados científicos de seis áreas científicas escogidas por la Academia, con quienes se realiza un seminario histórico, donde se informa a cada visitante separadamente en sesiones simultáneas, sobre la investigación científica realizada por los investigadores de las 6 especialidades. Los informes emitidos por cada visitante (especialmente el del Director del NIH) apoyan la continuación de esa colaboración, ampliada en EE.UU y que continúa por 3 años, hasta con Grants para investigadores chilenos asociados con estadounidenses. Un conjunto de significativas actividades llevadas a cabo en un momento en que toda ayuda extranjera está suspendida.

Los gobernantes empiezan a tomar conciencia del valor de la ciencia y la tecnología para el desarrollo del país y crean nuevos programas con creciente aporte financiero.

Se entra así a una etapa donde las universidades ya no están solas, pero donde la institucionalidad de la ciencia permanece atrasada y débil para la toma de decisiones. Se necesita una Ley de Ciencia, que ordene los organismos existentes y facilite la coordinación de las finanzas que contribuyen a su progreso, con un Consejo que represente unitariamente a la comunidad científica y tecnológica ante el Gobierno.

ROL DE LA Revista Médica de Chile

A estos principales pasos reseñados (de ninguna manera los únicos) se agrega la acción de la Revista Médica de Chile, tan silenciosamente que su influencia como agente del fortalecimiento científico biomédico diríase que tal vez pasa inadvertida. Sucede que, lentamente, las ciencias biomédicas empiezan a incidir en el mundo de la Ciencia y Tecnología. Se aprecia, vgr, el ímpetu de la genética, esperándose avances biológicos y médicos trascendentes. Entonces se abre el camino que conduce a la cima donde marcan el paso los países más desarrollados, el más desafiante de alcanzar, pero en el cual ya se está actuando. La distancia entre Medicina, Ciencia y Tecnología, disminuye progresivamente. Así las cosas, la Revista aparece en juego en este proceso al cumplir la misión de velar por la excelencia de las publicaciones biomédicas que recibe, controla, selecciona y publica. Gana experiencia al observar que los autores acuden a la Revista con mejor material, pero con manuscritos aún imperfectamente elaborados. Esto es algo que en el corto plazo parece irremediable, punto grave porque se sabe que conocimiento no publicado, no existe.

La Revista evoluciona de acuerdo con el continuo progreso científico de la medicina, pero asume también un nuevo rol. En lugar de rechazar los manuscritos desajustados a las instrucciones de la Revista, decide enseñar, solicitando colaboración externa, ajena a sus editores. A través de tan valioso método de trabajo, alcanza el muy difícil nivel internacional. Este ascenso cualitativo sobresale por su sorprendente gestión, pues lo consigue sin recurrir al indispensable idioma inglés, pero con la acertada idea de incluir el título en dos idiomas y publicar el resumen en inglés. ¿Es posible que en esta excepcional decisión haya habido consideración por su increíble antigüedad, mayor en 8 años a la de la revista Science, de EE.UU? Tal vez, pero en este asunto lo que cuenta es la calidad y el nivel de la revista. Así, ya está reconocida en una lista donde, además del ISI, figuran otras instituciones que ayudan a la comunicación internacional.

Consecuente con el continuo borramiento de las fronteras interdisciplinarias, hoy día Biomedicina pertenece al ámbito de la Ciencia y Tecnología y la ascendente labor de la Revista la conduce a penetrar en dicho ámbito. La exhaustiva revisión de los manuscritos y sus reconocidos resultados, la colocan como una "Escuela de Publicaciones Biomédicas". En esta labor, ejemplar en Latinoamérica, la Revista acompaña a su par Biological Research en la respectiva colaboración con las instituciones universitarias que realizan investigación.

El proyecto de hacer Ciencia y Tecnología en Chile tiende a progresar, con una velocidad que no va con el actual tiempo. Pero otra cosa es como va la Revista.

Por todo lo anterior, merece expresarse un agradecimiento especial a los responsables del vivir de la Revista, es decir, a los Editores, presentes y ausentes, donde algunos, hasta con sacrificio personal, impiden oportunamente el desprestigio de una inminente interrupción de su edición periódica. Así evitan que se arruine el mérito de los 130 años de continuidad, porque sin esa notable base, no tendríamos lo que tenemos en publicaciones médicas. Demos gracias también al otro indispensable componente: los autores, que dan la savia nutriente esencial para su mantención y curso futuro.

Aunque esté de más decirlo, lo que se expresa es una visión con perspectiva personal, pero que tiene la base de quien ha vivido el vistazo antes resumido. Baste este testimonio para tomar el peso de cuán tardíamente entra Chile en la actividad científica y tecnológica. En consecuencia, nuestro país es aún muy joven en estas avanzadas actividades, inmerso en una comunidad latinoamericana que recibe apreciada tradición humanista, pero que no hereda tradición científica ni tecnológica. No obstante, este país procura superar la adversidad y consigue alcanzar un lugar científico destacado en Latinoamérica, con una revista parecida a las de países desarrollados. Le ayuda el incansable trabajo y fuerte motivación de los cultivadores de las Ciencias Biomédicas, aporte carente de evaluación y desprovisto de reconocimiento. En este transcurrir comienza a advertirse que sin ciencia y tecnología no habrá desarrollo ni despegue. Vendrá el tiempo en que se reconocerá que sin la Revista Médica de Chile y sin Biological Research, tampoco.

Al disponer de esta perspectiva general, se podrá apreciar mejor el impacto de la Revista Médica de Chile, al abrir una fuente segura, con proyección internacional indispensable para difundir las publicaciones biomédicas chilenas y latinoamericanas.

Hago votos para que la colaboración generosa continúe y mantenga el milagro, teniendo presente que su gracia se ha sostenido durante los últimos 130 años de nuestra mestizada historia como país del Nuevo Mundo.

Agradecimientos

El Autor agradece la cuidadosa revisión del manuscrito y las sugerencias del Editor. El Editor agradece la generosa benevolencia de los comentarios insertos en el manuscrito del Autor.


Correspondencia a: Profesor Dr. Luis Vargas Fernández. Facultad de Ciencias Biológicas. Pontificia Universidad Católica de Chile. Alameda 340. Santiago, Chile.

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