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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.131 n.7 Santiago jul. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872003000700006 

Rev Méd Chile 2003; 131: 748-758

Características clínicas e identidad
genérica en subtipos de trastornos
de la conducta alimentaria

Rosa Behar A, Mónica de la Barrera C,
Julio Michelotti C.

Clinical features and gender identity
among eating disordered patients subtypes

Background: Gender identity is a relevant issue in the approach to eating disorders. Aim: To compare psychological and behavioural characteristics and traits of gender identity among women with eating disorders and its subtypes and non eating disordered female subjects. Material and Methods: An structured clinical interview based on the DSM-IV diagnostic criteria for eating disorders, the EAT-40 (Eating Attitudes Test), the Eating Disorders Inventory (EDI) and the Bem Sex Role Inventory (IBRS) were administered to 58 compulsive-purgative anorectics (AN/BN group), 15 restrictive anorectics (AN group), 33 patients suffering from eating disorder not otherwise identified, 33 purgative bulimics and to 82 female students without eating disorders. Results: Patients with eating disorders ranked significantly higher on the EAT-40 and EDI and all its items (p <0.001). The AN/BN group ranked significantly higher on the EDI (p <0.001) and on Drive for thinness, Perfectionism and interpersonal distrust (p <0.001). The AN group ranked higher on Maturity fears (p <0.001). The BN group ranged higher on Body dissatisfaction, Ineffectiveness and Interoceptive awareness (p <0.001). Patients with eating disorders were significantly identified with Feminine category and subjects without eating disorders with Androgynous and Undifferentiated categories on the IBRS (p=0.002). The AN group showed the highest percentage on Feminine category and the lowest on Androgynous and Undifferentiated categories. All the groups rejected and approved feminine, masculine and neutral qualities. Conclusions: Femininity emerged as the main trait of gender identity in patients suffering from eating disorders, in contrast to androgyny, showed by healthy women (Rev Méd Chile 2003; 131: 748-58).
(Key Words: Anorexia; Bulimia; Eating disorders; Feeding behavior; Gender identity)

Recibido el 14 de enero de 2003. Aceptado en versión corregida el 7 de mayo de 2003.
Departamento de Psiquiatría, Universidad de Valparaíso.

Las características de género son consideradas como un factor relevante en el estudio de los trastornos de la conducta alimentaria, puesto que proporcionan una de las vías determinantes para el análisis del contexto sociocultural que subyace como trasfondo a estas patologías. Basow1, Deux y Major2 señalan que, específicamente, los rasgos genéricos reflejan estereotipos adquiridos por el aprendizaje de roles en torno a creencias y conductas típicamente atribuidas al sexo masculino o femenino. Numerosos autores han encontrado evidencias que vinculan los rasgos de género a las patologías alimentarias y particularmente a la insatisfacción corporal. Al respecto, Murnen y Smolak3, mediante un metaanálisis han estudiado diferentes poblaciones muestrales consistentes en mujeres con trastornos alimentarios, estudiantes y sujetos extraídos de la comunidad, ya sea hombres y mujeres adultos jóvenes y adolescentes de ambos sexos.

Algunas investigaciones han establecido una relación entre bajos puntajes en masculinidad, problemas en el comer e insatisfacción corporal4-6; contrariamente otras han determinado que una alta masculinidad se asocia con altos niveles de desórdenes alimentarios7,8. Lewis y Johnson9 detectaron que una personalidad indiferenciada genéricamente, bajos puntajes en masculinidad y feminidad, se asociaban con problemas alimentarios en una muestra clínica. Otra exploración realizada por Usmiani y Daniluk10 reveló que una baja feminidad se vinculó con insatisfacción corporal en un grupo de muchachas adolescentes premenstruales, mientras que una masculinidad más alta se asoció con insatisfacción corporal en muchachas postmenstruales. No obstante, estos hallazgos contradictorios, la mayoría de los estudios que han incluido poblaciones no clínicas han mostrado que una alta identificación con rasgos femeninos se relaciona significativamente con trastornos alimentarios e insatisfacción corporal11-15.

Behar et al16, comparando pacientes con trastornos de la conducta alimentaria de sexo femenino con estudiantes universitarias sin esta patología, confirmaron que la condición de feminidad se perfila como la principal categoría de identidad genérica en pacientes portadoras de una patología alimentaria, mientras que la androginidad, con la cual principalmente se identificaron sujetos de sexo femenino no portadoras de estos desórdenes, implicó una mejor adaptabilidad y flexibilidad para el manejo de situaciones vitales difíciles. En otro análisis, destinado a precisar los datos anteriores, Behar et al17 confrontaron un grupo de pacientes con desórdenes alimentarios versus poblaciones no clínicas de sujetos masculinos y femeninos, corroborando los resultados previos y demostrando que las mujeres sin patología alimentaria estaban más motivadas para alcanzar la delgadez y mostraban más insatisfacción corporal que los sujetos de sexo masculino.

El propósito del presente trabajo está orientado a: 1) comparar características tanto psicológicas como comportamentales compatibles con trastornos de la conducta alimentaria entre grupos de sujetos de sexo femenino con trastornos de la conducta alimentaria y sus subtipos con aquellas sin esta patología; y 2) comparar rasgos de identidad de género entre los grupos.

METODOLOGÍA

Sujetos. Para la realización de esta investigación se eligieron dos muestras al azar:

0000a) Grupo TCA: Conformado por consultantes de sexo femenino con trastornos de la conducta alimentaria que acudieron al policlínico externo del Hospital del Salvador, al Servicio Médico y Dental de Alumnos de la Universidad de Valparaíso y a la práctica privada de los autores en Valparaíso, y que satisficieron los criterios diagnósticos para trastornos de la conducta alimentaria según el DSM-IV18, al menos durante un año previo al estudio.

Esta muestra se dividió en los subgrupos siguientes:

- Grupo AN/BN: 58 pacientes anoréxicas tipo compulsivo-purgativo.

- Grupo AN: 15 pacientes anoréxicas tipo restrictivo.

- Grupo NE: 33 pacientes con trastornos de la conducta alimentaria no especificado.

- Grupo BN: 33 pacientes bulímicas nerviosas tipo purgativo.

0000b) Grupo E: Configurado por 82 estudiantes de sexo femenino, sin antecedentes de patología alimentaria, pertenecientes a la Universidad de Valparaíso, matriculadas en las carreras de medicina o psicología.

Procedimientos. Entre junio de 1998 y agosto de 2002, a todos los sujetos seleccionados, de los cinco grupos, se les administró, con consentimiento voluntario e informado, una entrevista estructurada confeccionada por los autores, el Test de Actitudes Alimentarias (EAT-40)19, el Inventario de Desórdenes Alimentarios (EDI)20 y la versión retraducida al español, adaptada y validada por los autores del Inventario Bem para Rol Sexual (IBRS)21. En la entrevista se incluyó también información acerca de edad, talla, peso actual, peso ideal de los encuestados y preguntas basadas en los criterios diagnósticos del DSM-IV para trastornos de la conducta alimentaria, con el fin de pesquisar o confirmar la presencia de esta patología.

Los instrumentos se aplicaron por una sola vez a cada sujeto, para ser contestados en un lapso de aproximadamente 60 min en forma individual y durante una única jornada. Los entrevistadores, todos médicos (M de la B y JM), recibieron entrenamiento previo de parte de la autora principal (RB) mediante cursos y seminarios, como parte de su formación de tres años en la especialidad de psiquiatría.

El EAT-40 posee 40 preguntas que miden 1) dieta: evitación de alimentos que engordan; 2) control oral: control en el comer y presión percibida por parte de los demás para aumentar de peso y; 3) bulimia y preocupación por el alimento: pensamientos relacionados con los alimentos y conductas bulímicas. Cada respuesta tiene un valor máximo de 3 puntos. Un puntaje igual o superior a 30 en el EAT-40 es indicativo de un trastorno del hábito del comer, anoréxico o bulímico, ya sea clínicamente existente o encubierto, que pudiera desencadenarse bajo ciertas circunstancias propicias.

El EDI consiste en 64 proposiciones distribuidas en 8 ítemes que evalúan: 1) Motivación por la delgadez: la excesiva preocupación por el peso y la dieta; 2) Conciencia interoceptiva: la falta de capacidad para identificar las propias emociones y sensaciones; 3) Bulimia: la presencia de comilonas y purgas; 4) Insatisfacción corporal: la distorsión de la imagen corporal; 5) Sensación de inutilidad: sentimientos de minusvalía e inseguridad; 6) Temor a la madurez: regresión a los años preadolescentes frente a las demandas de la adultez; 7) Perfeccionismo: las excesivas expectativas personales hacia logros superiores y 8) Desconfianza interpersonal: una resistencia a establecer relaciones cercanas. El EDI tiene un máximo de 3 puntos para cada respuesta; no se consideró en su ponderación global un rango de corte y en consecuencia se analizó cada ítem en forma independiente.

El IBRS es un cuestionario autoaplicable de 60 ítemes designado para la investigación empírica de la androginidad psicológica. Desarrollado por Sandra Lipsitz Bem desde comienzos de la década 1970-79, indica el grado en que la persona es culturalmente influenciada por los roles genéricos, es decir, su nivel de absorción de las definiciones culturales de género, reflejado en la personalidad del usuario. Esta escala no evalúa las diferencias genéricas sexuales biológicas. En este sentido podría decirse que esta prueba es una medida indirecta de la identidad genérica. Los ítemes corresponden a rasgos socialmente deseables de personalidad y dividen a los sujetos en cuatro categorías: 1) Femenina; 2) Masculina; 3) Andrógina; y 4) Indiferenciada o Neutra. Los constructos corresponden a características estereotípicas y se desglosan en: Feminidad (ej: afectuosa, gentil, comprensiva, sensible a las necesidades de los demás), Masculinidad (ej: ambicioso, independiente, con confianza en sí mismo, asertivo), y Neutralidad (ej: veraz, feliz, egoísta) y poseen cada uno 20 ítemes con un puntaje mínimo de 1 (nunca o casi nunca verdadero) y máximo de 7 (siempre o casi siempre verdadero). Permite introducir la noción de andrógino, esto es, la posesión a la vez de rasgos masculinos y femeninos, e introducir la conceptualización de los roles tradicionales de feminidad y masculinidad como dimensiones distintivas. El tipo indiferenciado representa una débil identificación con características masculinas y femeninas. El puntaje promedio es 4,5 que surge de la resta de los puntajes de las categorizaciones Femenina y Masculina. Puntajes superiores a éste en ítemes de Masculinidad y Feminidad apuntan a la categoría Andrógina; inferiores a éste en Masculinidad y Feminidad corresponden a la Indiferenciada o Neutra; altos en Masculinidad y bajos en Feminidad se catalogan como Masculina y altos en Feminidad y bajos en Masculinidad como Femenina.

Análisis estadístico. La descripción de cada uno de los cinco grupos se realizó: a) para variables cuantitativas, mediante promedios, desviaciones estándar y correlaciones de Pearson y, b) para variables cualitativas, mediante distribuciones de frecuencias y porcentajes. La comparación entre grupos, para variables cuantitativas, se realizó mediante Análisis de Varianza (ANOVA) paramétrico o no paramétrico, según el tamaño y la variabilidad de los grupos y para variables cualitativas, mediante pruebas Chi Cuadrado. Todo el análisis de datos se realizó con apoyo del software Statistica versión 6.0.

RESULTADOS

La escolaridad de los cinco grupos fue significativamente diferente (p <0,001), siendo las sujetos del grupo E las de mayor nivel (100% estudios universitarios). Las integrantes de los grupos con trastornos de la conducta alimentaria, presentaron menor nivel educacional, fluctuando la proporción de estudiantes universitarias entre 20% y 66,7%. El grupo AN tuvo el menor nivel de escolaridad, con 66,7% de educación media y solo 20% de universitaria (Tabla 1). Todas las participantes de esta investigación eran solteras.


La edad promedio fue significativamente diferente entre grupos (p<0,001) siendo la menor exhibida por el grupo AN/BN y la mayor por el grupo BN, mientras los restantes tenían edades intermedias similares (Tabla 2). También hubo diferencias significativas entre grupos, para los promedios de peso actual y de peso ideal (p <0,001), observándose los menores pesos -actual e ideal- en los grupos AN y AN/BN y los mayores pesos actuales en los grupos NE y BN, correspondiendo siempre con pesos ideales mayores, aunque no los más altos (Tabla 2). En general, el peso actual fue mayor que el ideal: 2,7 veces en el grupo AN/BN, 1,07 veces en el grupo AN, 7,3 veces en grupo NE, 7,8 veces en el grupo BN y 2,2 veces en grupo E. No hubo diferencias significativas entre los grupos en cuanto a la talla (Tabla 2).


Tanto para EAT-40, EDI como para sus 8 ítemes hubo diferencia significativa entre los puntajes promedios alcanzados por los cinco grupos muestrales. El comportamiento detallado de estas diferencias fue el siguiente: para EAT-40 y EDI, el grupo E obtuvo puntajes promedios inferiores a los alcanzados por el resto de los grupos. Dentro del grupo TCA, el puntaje total más bajo de EAT-40 lo exhibió el grupo NE y el más alto el grupo AN/BN en tanto que el puntaje total menor del EDI lo presentó el grupo AN y el mayor el grupo BN (Tabla 3).


El grupo AN/BN mostró puntajes promedio más altos para los ítemes Motivación por la delgadez, Perfeccionismo y Desconfianza interpersonal; el grupo AN, sin embargo, alcanzó el puntaje más alto para el ítem Temor a la madurez y el grupo BN presentó puntajes más elevados para los ítemes Insatisfacción corporal, Sentimientos de ineficacia personal, Bulimia y Consciencia interoceptiva. El grupo AN mostró puntajes más bajos en los ítemes Motivación por la delgadez, Consciencia interoceptiva, Bulimia, Insatisfacción corporal, Sentimientos de ineficacia personal y Perfeccionismo y el grupo NE presentó puntajes menores en los ítemes Temor a la madurez y Desconfianza interpersonal (Tabla 3).

En cuanto a las categorías de identidad genérica medidas por la prueba IBRS, se observó que la distribución de éstas era significativamente diferente entre los 5 grupos (p=0,002), observándose las mayores diferencias entre los con patología alimentaria (en los que prevalece la categoría Femenina) y los sin esa patología (en el que prevalecen las categorías Andrógina e Indiferenciada). El grupo AN alcanzó el porcentaje más alto en la categoría Femenina y el menor en las Andrógina e Indiferenciada (Tabla 4).


Hubo 22 ítemes (cualidades) de la prueba IBRS en que se observó diferencia significativa de su puntaje promedio entre los 5 grupos (valores de p entre <0,001 y 0,05). El grupo E obtuvo los mayores puntajes en 12 de estas cualidades, casi todas en la categoría Masculina, los grupos AN/BN y AN tuvo 4, el grupo BN tuvo 3 y solo una cualidad tuvo mayor puntaje en el grupo NE (Tabla 5).


Entre las cualidades (ítemes) de IBRS, se observó que las más aceptadas (con puntaje de IBRS ³6) fueron: ser "leal" sin distinción en los cinco grupos; ser "confiable" sólo en los grupos AN/BN, NE, BN y E; ser "femenina" sólo en los grupos AN/BN, AN y BN; ser "sincera" sólo en los grupos AN, NE y E; "defender sus propias creencias" sólo en grupos BN y E; ser "reservada" sólo en grupo AN/BN; ser "comprensiva" sólo en grupo AN y ser "consciente" sólo en grupo NE (Tabla 6).


En el otro extremo, entre las cualidades menos aceptadas (con puntajes de IBRS ≤3,5) se observaron: ser "arrogante" e "ineficiente", "masculina" sin distinción entre los 5 grupos; ser "atlética", sólo en grupos BN y NE FCT; ser "ambiciosa", sólo en el grupo AN; y "actuar como líder", sólo en el grupo AN/BN (Tabla 7).


DISCUSIÓN

Respecto a las diferencias etarias observadas en los grupos, podría haber influido la edad como variable interviniente, puesto que como es conocido, la anorexia nerviosa comienza más precozmente que la bulimia nerviosa22,23. Similar interpretación podría relacionarse con las diferencias ponderales de los grupos, dado que se requiere obligatoriamente una baja de peso corporal importante para diagnosticar los subtipos de anorexia nerviosa18.

Nuestros hallazgos destacan los puntajes del EAT-40 en el rango patológico alcanzado por los grupos AN/BN, AN, NE y BN, hecho que confirma la existencia actual o potencial de un trastorno de la conducta alimentaria, en contraste con los puntajes del grupo E, que no presentó trastornos alimentarios, que fueron menores que el punto de corte de 30 y que, por lo tanto, se catalogaron como no portadores de una patología alimentaria, ya fuese clínica o subclínica. Los puntajes más altos los mostraron las pacientes de los subtipos anoréxicas compulsivo-purgativas y bulímicas purgativas. Al respecto, entre otros indicadores de mal pronóstico en los desórdenes alimentarios, se ha considerado la presencia de conductas bulímicas, es decir, la existencia de comilonas y purgas, características de los dos subtipos de trastornos de la alimentación mencionados y que ensombrecerían ostensiblemente su evolución asociándose a una respuesta terapéutica más pobre en general22-25 y en consecuencia serían éstos de mayor gravedad dentro del espectro clínico de los cuadros alimentarios.

Los puntajes totales del EDI también fueron más altos en los grupos de pacientes con patología alimentaria en comparación a las sujetos que no presentaron trastornos alimentarios. Asimismo, todos los ítemes del EDI fueron significativamente más altos en los grupos con desorden alimentario que en las sujetos que no presentaron trastornos alimentarios. Sin embargo, las pacientes anoréxicas compulsivo-purgativas se mostraron más motivadas para alcanzar la delgadez, más perfeccionistas y con mayor desconfianza en las relaciones interpersonales. A su vez, las pacientes anoréxicas restrictivas exhibieron más temores para afrontar las responsabilidades que implica la adultez. Bruch26,27 ha descrito la motivación para alcanzar una silueta delgada como un rasgo cardinal de la anorexia nerviosa. También ha sugerido que la lucha por lograr estándares de rendimiento perfeccionista es una temática característica de la afección. Esta autora interpreta el típico logro académico superior en estas pacientes como una adaptación consistente en una "hipercondescendencia" que irrumpe con el enfrentamiento de crecientes presiones para obtener éxito. La reticencia a establecer relaciones interpersonales cercanas ha sido identificada como una actitud fundamental en el desarrollo y perpetuación de la anorexia nerviosa28,29. El fracaso para enfrentar la pubertad como psicopatología relevante en la anorexia nerviosa comúnmente se manifiesta como una evitación de la madurez psicológica a través de la restricción de la dieta30-32. Las pacientes bulímicas purgativas fueron más proclives a estar insatisfechas con su silueta corporal, además practicaban más conductas bulímicas -manifestación sintomatológica principal del trastorno- y tuvieron menor capacidad para discriminar sus emociones y sensaciones.

Cabe resaltar que las pacientes anoréxicas restrictivas estuvieron menos motivadas para adelgazar, tuvieron menos dificultades para distinguir sus propias sensaciones y emociones, mostraron menos sentimientos de ineficacia personal y rasgos de perfeccionismo, hallazgos que no concuerdan con lo ampliamente descrito en la literatura especializada, la cual más bien las perfila como extremadamente orientadas hacia el logro de una delgadez que va más allá de los patrones socioculturales razonables, con alteraciones en la exactitud de la percepción o interpretación cognitiva de los estímulos surgidos del cuerpo, con una paralizante sensación de ineficacia personal que también incluye una autoevaluación negativa en el concepto de sí mismas33 que prevalece en todo el pensar y actuar anoréxico; y por último, altamente perfeccionistas23,24,30. Por su parte, las pacientes con trastorno de la conducta alimentaria no especificado presentaron menos temores a la madurez y se mostraron menos desconfiadas en sus relaciones interpersonales.

Aquellas sujetos que no presentaron trastornos alimentarios se definieron en proporciones diferentes a las pacientes con trastornos de la conducta alimentaria en todas las categorías de la prueba IBRS, identificándose mucho menos que éstas con el estereotipo tradicional de rol de género femenino. No obstante, se demuestran más inclinadas a coincidir con las categorías Indiferenciada y Andrógina. Este hecho es relevante si se considera que siendo futuras profesionales, y en particular de la salud, exhibirían una mayor adaptabilidad, empatía y flexibilidad en las relaciones interpersonales y en su vida cotidiana, fenómeno que coincide con lo señalado por Behar et al16,17,34-38. En todas las participantes de este estudio hubo una débil identificación con el estereotipo de rol de género masculino. Es preciso destacar que entre las pacientes con trastornos de la conducta alimentaria, las anoréxicas restrictivas mostraron la mayor identificación con el estereotipo de rol de género femenino y ninguna se identificó con el masculino, en contraposición al resto de los subgrupos.

Las pacientes con trastornos del hábito del comer se evaluaron significativamente como más susceptibles de ser aduladas, femeninas, infantiles, deseosas de obtener una posición, ambiciosas, cambiantes, impredecibles, solemnes e ineficientes que las sujetos que no presentaron trastornos de la conducta alimentaria. A su vez, las estudiantes control se visualizaron a sí mismas como más alegres, empáticas, con confianza en sí mismas, independientes, asertivas, analíticas, con capacidad de tomar decisiones fácilmente, autosuficientes, útiles, conscientes, felices, veraces y sinceras que las pacientes con desórdenes alimentarios, características que en general se repiten en los dos estudios formulados por Behar et al16,17. Por su parte, las pacientes anoréxicas compulsivo-purgativas se perfilaron como más cambiantes, solemnes e ineficientes que sus contrapartes restrictivas, con trastorno de la conducta alimentaria no especificado y bulímicas tipo purgativo, desplegando características que equivalen a los rasgos de personalidad mixtos anoréxicos y bulímicos correspondientes a los clusters C y B del DSM-IV respectivamente16,22,24,39. Las anoréxicas restrictivas se valoraron como más femeninas, infantiles, felices y sinceras que el resto de las pacientes alimentarias, cualidades que se corresponden con las descripciones de estas pacientes y con el estereotipo sociocultural que de rol genérico femenino se posee40. Las pacientes portadoras de un trastorno de la conducta alimentaria no especificado se mostraron más susceptibles de adular, empáticas, independientes, capaces de tomar decisiones fácilmente, autosuficientes, útiles y conscientes, que el resto de las pacientes incluidas en esta investigación, cuyo perfil se asemeja más bien a las estudiantes andróginas16,17. Las bulímicas tipo purgativo se reseñaron como más asertivas, analíticas, deseosas de obtener una posición y veraces que las demás pacientes con desórdenes alimentarios, concordando esencialmente con características del estereotipo sociocultural de rol de género masculino.

Las cualidades femeninas más valorizadas por las pacientes alimentarias fueron la lealtad y la feminidad y entre las neutras resaltó la confiabilidad; las sujetos que no presentaron trastornos de la conducta alimentaria también valoraron más entre las cualidades neutras la sinceridad y la confiabilidad y entre las femeninas destacó la lealtad. Los cinco grupos concordaron en admitir más contundentemente la lealtad como atributo femenino. Las dimensiones menos aceptadas por las pacientes con trastornos del hábito del comer fueron principalmente entre las masculinas la masculinidad y entre las neutras la arrogancia; las sujetos que no presentaron trastornos de la conducta alimentaria a su vez reconocieron menos entre las características masculinas la masculinidad, y entre las femeninas la infantilidad. Los cinco grupos coincidieron en rechazar más concluyentemente la masculinidad como cualidad masculina y la ineficiencia como cualidad neutra.

Dentro de las implicancias de este sondeo, cabe destacar que la feminidad emerge como rasgo principal de identidad genérica en las pacientes con patología alimentaria, en contraposición a la androginidad mostrada por las estudiantes sin este trastorno. Las anoréxicas restrictivas se perfilaron como más femeninas que el resto de los subtipos. Las anoréxicas compulsivo-purgativas se mostraron con mayor grado de severidad en el espectro de trastornos alimentarios, más motivadas por alcanzar la delgadez, perfeccionistas y con mayor desconfianza en las relaciones interpersonales. Las anoréxicas restrictivas se mostraron con más temores a la madurez y las bulímicas purgativas con más conductas bulímicas, más insatisfechas con su corporalidad, con más sentimientos de ineficacia personal y con más dificultades para reconocer sus propios sentimientos y emociones.

En resumen, esta investigación corresponde a la tercera parte de la exploración descriptiva de rasgos de identidad de género en pacientes portadoras de trastornos de la conducta alimentaria, continuación de dos artículos publicados previamente por Behar et al16,17, reproducido en condiciones metodológicas similares, con idénticas debilidades y fortalezas. Una limitación actual apunta a que los resultados pueden haberse visto influidos por las diferencias que existen en el número de sujetos de cada grupo, en particular el número de pacientes anoréxicas restrictivas que fue el de menor tamaño, lo que tal vez no haría posible la inferencia de estas conclusiones al resto de las pacientes con trastornos alimentarios en general. Por otra parte, a pesar de lo reducido del número de sujetos y las discrepancias en los tamaños muestrales que configuraron los subgrupos de pacientes alimentarias, se añade en el presente análisis la posibilidad de diferenciar los esbozos de perfiles en los diversos subtipos de pacientes con trastornos del hábito del comer, además de confirmar los datos arrojados por los estudios anteriores citados, de suma trascendencia en cuanto a curso, desenlace, respuesta terapéutica -ya sea con psicofármacos o psicoterapia- y pronóstico en estas afecciones. Reiteramos, empero, la necesidad de proseguir en el análisis de esta temática con el fin de continuar cotejando los hallazgos señalados por otros expertos en esta materia.

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Agradecimientos

Los autores agradecen a todas aquellas personas que prestaron su valiosa colaboración en esta investigación, sin la cual no habría podido realizarse; en particular al Profesor Dunny Casanova Z, Bioestadístico, del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Valparaíso.


Correspondencia a: Dra. Rosa Behar A. Departamento de Psiquiatría. Universidad de Valparaíso. Casilla 92-V. Fono/Fax: (56) (32) 508550. Valparaíso. E mail: rositabehar@terra.cl

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