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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.132 n.11 Santiago nov. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872004001100012 

 

Rev Méd Chile 2004; 132: 1413-1424

Artículo de Revisión

Trastornos del ánimo, psicofármacos y tiroides

Mood disorders, psychopharmacology and thyroid hormones

Danilo Quiroz L1, Sergio Gloger K1, Sergio Valdivieso F2, José Ivelic Z2a, Carlos Fardella B3.

1Centro de Investigaciones Clínicas PsicoMédica.Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile.
2Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile.
3Departamento de Endocrinología, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile.
aResidente de Psiquiatría

Dirección para Correspondencia :


For more than 40 years thyroid hormones and mood disorders have been associated. Some psychiatric symptoms are produced by thyroid illnesses and there is a frequent association of thyroid dysfunction with mood disorders. Therefore, routine thyroid function assessment in patients with mood disorders and the treatment of sub-clinical thyroid dysfunctions is recommended. The usefulness of adding thyroid hormones to antidepressive treatment in euthyroid patients to obtain a potentiation effect has been probed repeatedly. The most common strategy is potentiation with T3, but high doses of T4 have been also used in patients with resistant depression. Thyroid hormones exert their action in the central nervous system through a variety of mechanisms: modulation of gene expression of several groups of proteins, some of them with known physiopathological implications in mood disorders and the influence over serotonin and noradrenergic neurotransmission, known to be one of the modes of action of antidepressants. Finally, it is also important to stress the complex relationship between psychiatric drugs, deiodinases and thyroid hormones, that can potentially help to understand the mechanisms of action of these drugs.

(Key Words: Mood disorders; Psychopharmacology)


 

La indemnidad funcional del eje hipotálamo-hipófisis-tiroides, es fundamental para producir la hormona tiroidea necesaria para mantener el normal funcionamiento de prácticamente todos los órganos de la economía1. Mención especial merece el sistema nervioso central, ya que una disfunción del eje puede generar sintomatología similar a las enfermedades de la esfera neuropsiquiátrica. Tanto el hipo como el hipertiroidismo se manifiestan con síntomas muy parecidos a una enfermedad psiquiátrica. En el hipotiroidismo son frecuentes la astenia psicomotora, el letargo, la somnolencia, la pérdida de memoria y capacidad de concentración, que también son frecuentes en pacientes con episodios depresivos. Por otra parte, el hipertiroidismo puede ser causa de hiperactividad, taquicardia, nerviosismo, crisis vasomotora, irritabilidad y cambios de conducta, que pueden semejar crisis de pánico o episodios de hipomanía y manía (euforia)2 (Tabla 1).



La ausencia de síntomas patognomónicos que orienten al clínico en el diagnóstico diferencial entre enfermedad tiroidea y un trastorno psiquiátrico, debiera hacer rutinaria la evaluación de función tiroidea en todo paciente que consulta por patología emocional. Esta sugerencia se basa en una reciente comunicación de nuestro grupo, que evaluó, en forma sistemática, la función tiroidea de consultantes a un centro de atención psiquiátrica ambulatoria3. Ese estudio, realizado en población chilena, demostró una alta prevalencia de hipotiroidismo en consultantes por episodios de depresión y crisis de pánico, superior a 10% de la muestra, afectando principalmente a mujeres en edad laboral. Reportes de otros países comunican frecuencias similares, en un rango entre 8 y 17% de hipotiroidismo en pacientes con episodios depresivos4,5. La mayor parte de estos cuadros corresponden a hipotiroidismo subclínico, el cual se caracteriza por la ausencia o escasos signos clásicos de hipofunción tiroidea, niveles de hormonas tiroideas normales con hormona estimuladora de tiroides (TSH) en el límite superior o inmediatamente por sobre la norma6 y molestias anímicas como principal manifestación4,5,7,8.

La asociación entre disfunción tiroidea y patología emocional se incrementa cuando se evalúa a sujetos que han experimentado una pobre o nula respuesta a tratamiento psicofarmacológico. En nuestra casuística, el diagnóstico de hipotiroidismo llegó a duplicarse en relación a controles, alcanzando cifras cercanas a 25% de la muestra9. Una experiencia similar fue comunicada por Howland, quien encontró evidencias de hipotiroidismo en 52% de pacientes con depresión refractaria8. La muy alta frecuencia de disfunción tiroidea en pacientes refractarios a tratamiento con psicofármacos, o que recaen después de una buena respuesta inicial, debiera hacer mandatorio evaluar o reevaluar su función tiroidea.

La importancia del diagnóstico precoz de una disfunción tiroidea radica en el positivo impacto que suele tener el tratamiento de ésta sobre la evolución del cuadro anímico. Asimismo, puede llevar aparejada una disminución en el número y dosis de psicofármacos utilizados, una mejoría de los parámetros lipídicos y de potenciales alteraciones cardiovasculares u otras anomalías que también suelen estar asociadas a la enfermedad tiroidea, tanto clínica como subclínica6. En pacientes que no presentan una disfunción tiroidea actual, la presencia de bocio o títulos elevados de anticuerpos antitiroideos debe considerarse un elemento importante en la identificación de sujetos en riesgo de desarrollarla y su pesquisa debiera incluirse en la evaluación inicial de cada paciente9. Los autores sugieren la determinación de TSH ultrasensible, hormonas tiroideas y anticuerpos antitiroideos, las cuales debieran repetirse periódicamente en el seguimiento de pacientes en riesgo de desarrollar enfermedad tiroidea. Entre estos últimos se incluyen aquellos que presentan antecedentes de enfermedad tiroidea familiar, episodios depresivos refractarios o aquellos que usan determinados psicofármacos (ver secciones posteriores), u otras drogas, como amiodarona, con reconocida acción tiroidea.

La presente revisión pretende orientar respecto del uso de hormonas tiroideas en pacientes con trastornos del ánimo, hipotiroidismo subclínico, actualizar la relación entre hormonas tiroideas y sistema nervioso central (SNC), y revisar las interacciones entre psicofármacos y función tiroidea.

Uso de hormona tiroidea en Psiquiatría

El uso de hormona tiroidea en pacientes con trastornos del ánimo está indicado en los portadores de una alteración tiroidea, o bien como acelerador o potenciador del tratamiento farmacológico en pacientes refractarios o que responden parcialmente a tratamiento y con niveles hormonales en rango normal.

Uso de hormona tiroidea en pacientes hipotiroideos. En estos pacientes se ha demostrado que el tratamiento debe seguirse bajo los conceptos clásicos que apuntan a la administración de tetraiodotironina (T4) en dosis suficientes para normalizar TSH. Sin embargo, la normalización de TSH debiera seguir criterios más estrictos que aquellos usados en sujetos sin patología psiquiátrica. En la actualidad se acepta la propuesta hecha por Haggerty10, que postula mantener los pacientes en que coexisten enfermedad tiroidea y un trastorno psiquiátrico con niveles de TSH por debajo del nivel de 3,0 µU/ml y no de 5,0 µU/ml, como se propone en población libre de patología psiquiátrica10,11. Se postula que en las primeras etapas del hipotiroidismo el sistema nervioso central sería más sensible que los órganos periféricos, dando manifestaciones más precoces y reversibles con el uso de hormona tiroidea.

El uso de terapia combinada de triiodotironina (T3 + T4) ha sido sugerida por algunos autores12,13, pero no parece tener ventajas sobre el uso de monoterapia con T4 en el control de los síntomas ansiosos, depresivos o cognitivos14,15. Además, la sobredosis de T3 puede adicionar riesgos al tratamiento, como la pérdida de masa ósea, lo cual puede resultar especialmente deletéreo en mujeres posmenopáusicas que ya pueden tener algún grado de disminución de su contenido mineral óseo. Un grupo de pacientes más sensible al uso de hormonas tiroideas son aquellos que padecen de patología cardiovascular, en particular aquellos que acusan una cardiopatía coronaria o arritmias previas al inicio de terapia. También es importante considerar que en algunos pacientes, en sobredosis, la hormona tiroidea puede provocar disfunción hepática con elevación de transaminasas. Finalmente, también está descrito que en enfermos con depresión bipolar el uso de T3 puede desencadenar episodios maníacos16,17. Sin embargo, de acuerdo a la experiencia de los autores, el uso de T3 puede ser de utilidad en sujetos hipotiroideos que, una vez tratados con T4, no modifican sus valores basales de T3, aun después de normalizado el valor de TSH; en ellos se postula que existiría una falla en la conversión periférica de T4 a T3 (ver secciones siguientes y Figura 1) y dado que T3, y no T4, es el modulador final de la respuesta central a hormonas tiroideas es que estaría justificado su uso. La experiencia de los autores es que, en este grupo particular de pacientes, la adición de dosis bajas de T3 a la terapia con T4, promueve una notoria y continua mejoría anímica. En estos casos, la administración de T3 debe realizarse en forma fraccionada, ya que por su vida media corta (aproximadamente 8 h) produce picos en la sangre que obligan al uso de dosis pequeñas en, al menos, 2 tomas diarias.



Figura 1. Metabolismo de la hormona tiroidea.

Uso de hormona tiroidea en pacientes sin enfermedad tiroidea. En estos casos, la hormona tiroidea se usa como un acelerador de la respuesta a psicofármacos18-21, que consiste en el uso conjunto con un antidepresivo para promover una respuesta más rápida, o como potenciador, que consiste en adicionar hormona tiroidea a un paciente en tratamiento que ha respondido de manera parcial o nula22-26.

La utilidad de administrar T3 en pacientes deprimidos sin enfermedad tiroidea, está apoyada por estudios doble ciego, controlados por placebo, potenciando la utilización de antidepresivos tricíclicos (ej: amitriptilina, imipramina) y con estudios no controlados para inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina (ej: fluoxetina, sertralina) e inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO). Para este uso se recomienda T3 en dosis de 25 a 50 µg/día, por plazos de prueba de 2 a 4 semanas. Durante el tratamiento se debe observar la posible aparición de eventos adversos mencionados en la sección previa. El tiempo de mantención de la potenciación una vez obtenida la respuesta no es claro, sugiriéndose no suspenderlo mientras se mantenga el antidepresivo.

Otro uso de T3, administrado en dosis similares a las descritas, es el de acelerador de la respuesta antidepresiva. Nuevamente, los estudios controlados existentes son con antidepresivos tricíclicos20, por lo que falta aún evidencia más concluyente con nuevos antidepresivos. Cabe destacar que la mejor respuesta en esta indicación se observa en mujeres, a diferencia de la potenciación en que no se describe mejor respuesta por sexo26. Otro uso interesante de mencionar, es la combinación de T3 con terapia electroconvulsivante (TEC), con resultados alentadores en la respuesta antidepresiva y en menores efectos cognitivos de la TEC27,28.

Respecto del uso de T4, existe una serie de estudios abiertos que demuestran que dosis suprafisiológicas de T4 (250-600 µg/día), son efectivas y bien toleradas cuando se agregan al tratamiento con antidepresivos o estabilizadores del ánimo, en pacientes con enfermedad afectiva monopolar o bipolar29-31. Un hecho interesante de resaltar es la muy escasa o nula aparición de efectos adversos con estas dosis, a diferencia de lo que ocurre en pacientes con enfermedad tiroidea clásica. Así, los eventos cardiovasculares reportados son escasos y los signos de hipertiroidismo están ausentes en la mayor parte de ellos29,30,32, incluso con el uso a largo plazo33. Más aún, la pérdida de masa ósea no se verifica, y existen estudios que demuestran una ganancia en la densidad mineral ósea de pacientes tratados bajo este esquema33,34. La razón de esta respuesta sui géneris, que permite aliviar los síntomas depresivos sin que aparezcan efectos adversos, no es bien comprendida. Una posible explicación es que estos pacientes presenten una resistencia parcial a hormonas tiroideas, la cual sería posible superar sólo con el uso de macrodosis de esta hormona. Esta teoría se apoya en estudios en ratas «genéticamente depresivas» que mejoran la conducta depresiva con el uso de macrodosis de hormona tiroidea, lo cual ha sido interpretado como secundario a una disminución de la sensibilidad a la acción de hormonas tiroideas35 (ver sección posterior).

Efecto de las hormonas tiroideas en el sistema nervioso central

Los mecanismos subyacentes a través de los cuales el funcionamiento tiroideo participa en la modulación de la psicopatología anímica y ansiosa no son del todo conocidos. Uno de los principales efectos de las hormonas tiroideas en el organismo, como es el aumento del consumo de oxígeno, no se ha demostrado en el SNC36. Por tanto, son otros los mecanismos que deben mediar la acción de estas hormonas en el SNC.

En el SNC, los receptores para T3 interactúan con una serie de genes que poseen en sus regiones regulatorias TRE (Thyroid Receptor Elements), que son los encargados de transducir la acción de la hormona. Esta acción se produce sobre la expresión génica de al menos cinco familias de proteínas1,37-40 : proteínas de mielina, neurotrofinas y sus receptores, factores de transcripción, reguladores de splicing y proteínas involucradas en vías de señal intracelular. Estos receptores son abundantes en regiones como la amígdala e hipocampo, habiendo menos densidad de receptores en tronco y cerebelo.

Además, las hormonas tiroideas pueden actuar modulando el número de receptores alfa y beta adrenérgicos postsinápticos, tanto en corteza cerebral como en cerebelo41-44. Este hecho podría ser relevante, considerando que la depresión sería en parte debida a una deficiencia de catecolaminas, en particular de norepinefrina45,46. Así, en 1981 Whybrow y Prange47 plantearon la hipótesis que las hormonas tiroideas, al aumentar la función del receptor beta adrenérgico, promueven la transmisión en vías noradrenérgicas centrales y aceleran su recuperación. De esta forma, en el hipotiroidismo la disminución de receptores adrenérgicos podría explicar la hipoactividad neuronal y con ello los efectos en la esfera anímica asociados a esta enfermedad46,48.

Un novel mecanismo de acción de T3 ha sido postulado recientemente, el cual se expresaría a través de la modulación de la concentración de serotonina intracerebral49,50. Estudios en animales han demostrado que la administración tanto aguda como crónica de T3 induce un aumento en la neurotransmisión serotoninérgica, disminuyendo la sensibilidad de autorreceptores 5-HT1A en el área del rafe, e incrementando la sensibilidad del receptor 5-HT251,52. En seres humanos, se ha podido establecer una correlación positiva entre niveles plasmáticos de serotonina y la concentración circulante de T353,54. Por otra parte, se ha demostrado que la serotonina cerebral disminuye en el hipotiroidismo y aumenta en el hipertiroidismo55-57. Además, la disminución de serotonina intracerebral determina un aumento en la concentración de TRH (Thyrotropin releasing hormone), que secundariamente se traduce en una elevación de hormonas tiroideas, que a su vez induce un aumento de serotonina, completándose de esta forma un mecanismo de feedback entre tiroides y SNC en lo que respecta a serotonina intracerebral (Figura 2).



Figura 2. Interacción de serotonina cerebral y hormonas tiroideas. La disminución de serotonina activa el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides e incrementa la producción de T3, que a su vez incrementa los niveles de serotonina intracerebral. Se muestran además la acción de enzimas deyodasas y los fármacos que actúan sobre ella. DII y DIII corresponde a deyodasas II y III. 3,3'-T2 es diiodotironina. (Adaptado de Kirkegaard y Faber 199849), con autorización de los autores).

De esta forma se puede especular que el efecto sobre el ánimo que se produce con la administración de hormona exógena se produciría por modulación (incremento) de la neurotransmisión serotoninérgica, al igual como lo hacen diversos antidepresivos. Sin embargo, otros efectos en el postreceptor pudieran ser tan importantes como los anteriormente mencionados. Lo que es claro, es que si no hay un funcionamiento óptimo de T3 en el SNC, lo cual no necesariamente se refleja a través de la medición de hormonas periféricas, se favorecen las condiciones para la aparición de una enfermedad anímica. Apoya esta afirmación la reciente confirmación de un aumento de los niveles de T3 a nivel de la amígdala, como vía final común para el efecto de fármacos antidepresivos, estabilizadores del ánimo y deprivación de sueño58.

Hormonas tiroideas y psicofármacos

Los psicofármacos y hormonas tiroideas poseen mecanismos de acción comunes, de hecho, ambos pueden modular el número de receptores postsinápticos y la concentración de serotonina intracerebral49,52, mecanismos que eventualmente podrían potenciarse. Otras interacciones se conocen por determinaciones de hormonas tiroideas antes y después del uso de psicofármacos (Tabla 2). En la mayoría de ellas se demuestra que al administrar psicofármacos, tales como fluoxetina, desipramina e inhibidores de MAO, el efecto más constante es la disminución de los valores de T4 total y de la fracción libre de ésta82-85. Más aún, se ha postulado que los pacientes en los cuales se observa este efecto serían los que presentan mejor respuesta terapéutica83,85. La interpretación de este hecho ha sido compleja, si se considera que el efecto de hormonas tiroideas es mayor en directa relación a sus niveles tanto en plasma como en cerebro. Una explicación plausible ha sido comunicada recientemente y atribuye a los psicofármacos (antidepresivos y ciertos estabilizadores del ánimo) una acción en las enzimas deyodasa I y II, encargadas de convertir T4 en T3. Estudios en animales han demostrado que fluoxetina, desipramina, litio y carbamazepina incrementan la actividad de esta enzima y con ello la metabolización de T4 a T386-89; de este modo, los sujetos respondedores experimentarían una disminución de T4 como consecuencia de una mayor conversión a T3 (que secundariamente podría ejercer su efecto como inductor de receptores adrenérgicos, aumentar la neurotransmisión serotoninérgica o ambos). Más aún, también se ha objetivado que al menos litio, carbamazepina y fluoxetina disminuyen la actividad de la deyodasa III, encargada de metabolizar T3 a T286-88; este mecanismo tendería a aumentar aún más los niveles de T3 produciendo un efecto sinérgico con el anteriormente descrito, acrecentando el efecto del psicofármaco (Figura 2).



En contraste con el efecto benéfico que presentan algunos psicofármacos, favoreciendo la producción de T3, también es bien conocido que pueden tener un efecto deletéreo en la función tiroidea. La acción del litio es una de las más conocidas, ya que afectaría directamente la liberación y organificación del yodo. También puede activar la aparición de anticuerpos antitiroideos y secundariamente una tiroiditis crónica, que finalmente conduce a un hipotiroidismo. Aproximadamente 20% de los pacientes en tratamiento con litio desarrollan hipotiroidismo y este efecto se verifica generalmente durante los dos primeros años de tratamiento62,90.

Otro psicofármaco que también ejerce un efecto nocivo en la concentración de hormonas tiroideas es carbamazepina, al inducir enzimas hepáticas que aceleran la metabolización de hormonas tiroideas, determinando una caída en los niveles de T4 y T3, tanto total como de sus fracciones libres. Sin embargo, llama la atención que esta disminución de la concentración de hormonas tiroideas no va acompañada de un incremento paralelo de la TSH, especulándose un efecto central de carbamazepina impidiendo la elevación de esta hormona91,92. La observación clínica es que los pacientes en tratamiento con carbamazepina que presentan este efecto se benefician con el aporte de hormona tiroidea.

Direcciones futuras de investigación

Existe consenso en la literatura especializada que éste constituye un campo en desarrollo donde persisten un sinnúmero de interrogantes. Dos nos parecen más relevantes y se relacionan con el metabolismo central y periférico de hormonas tiroideas, así como los fenómenos de resistencia a hormona tiroidea, tanto a nivel de receptor como postreceptor. Ambos fenómenos pueden alterar la acción de las hormonas tiroideas, sin que necesariamente exista una enfermedad en la glándula tiroides.

Metabolismo de hormonas tiroideas: Éste se encuentra controlado por la acción de las deyodasas, enzimas encargadas de convertir T4 en T3. En el ser humano se han descrito tres tipos de deyodasa, que se encuentran en distintos órganos, y en concentraciones diversas. Existen evidencias que pacientes con depresión podrían presentar una disfunción a este nivel, la cual se expresaría por niveles de T4 elevados, de T3 disminuidos, y por

una elevación de rT3, tanto en plasma como en líquido céfalo-raquídeo49,93-95, concordante con un bloqueo de la deyodasa. La elevación de rT3 proviene de una metabolización alternativa de T4, que se produce al existir un bloqueo a su conversión fisiológica a T3 (Figura 1). Este bloqueo contribuiría a explicar el mejor efecto de la terapia con T3 que con T4 en pacientes depresivos23. Algunas dudas subsisten en relación al origen de esta disfunción, ya que es un hecho conocido que la conversión periférica de hormonas tiroideas se puede afectar en una gran diversidad de condiciones, como la presencia de enfermedad orgánica debilitante, reducción de la ingesta de alimentos y uso de ciertos fármacos. Así, es posible que en episodios depresivos, esta inhibición sea secundaria a los factores que acompañan al cuadro depresivo y no relacionada primariamente con éste. Sin embargo, también podría tratarse de alteraciones primarias (genéticas o heredadas) de deficiencia de esta enzima, las cuales podrían explicar la aparición de cuadros depresivos en algunos de estos pacientes.

Resistencia a hormonas tiroideas: La resistencia a hormonas tiroideas es un síndrome caracterizado por una disminución de la respuesta de los tejidos a la acción de la hormona tiroidea96,97. La magnitud de la resistencia hormonal es dependiente del grado de alteración del receptor y generalmente es secundario a una mutación de la subunidad ß del receptor. Aun cuando la mayor parte de las resistencias son generalizadas, también se han descrito formas selectivas que comprometen sólo al receptor central (hipofisiario) o periférico, las cuales pueden expresarse clínicamente en forma diferente. Así, en las formas generalizadas de resistencia, el individuo aparece eumetabólico, con elevación de hormonas tiroideas en presencia de TSH normal. En cambio, en las formas selectivas de resistencia hipofisiaria o periférica, el paciente puede manifestar síntomas de hiper o hipotiroidismo. En sujetos depresivos no se ha demostrado la existencia de una resistencia genuina a hormonas tiroideas, sin embargo, existen evidencias clínicas de que pacientes depresivos particularmente refractarios podrían presentar una respuesta disminuida a la acción de hormona tiroidea (ver capítulo uso de hormonas tiroideas). Esto último estaría avalado por estudios en animales de experimentación que han demostrado que cepas de ratas «genéticamente depresivas» presentarían una disminución de la sensibilidad a hormonas tiroideas. Al confirmarse una resistencia a hormonas tiroideas en pacientes depresivos, se podría dar una explicación racional a la respuesta favorable que experimentan algunos pacientes con las terapias de potenciación. Además, podría justificar el uso de dosis suprafisiológicas de hormona tiroidea para alcanzar el eutiroidismo.

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Correspondencia a: Dr. Carlos Fardella. Departamento de Endocrinología, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile, Lira 85, Santiago, Chile. Fax: 6385675. E mail: cfardella@med.puc.cl

Recibido el 4 de marzo, 2004. Aceptado en versión corregida el 4 de agosto, 2004.

 

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