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Revista médica de Chile

Print version ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.134 no.10 Santiago Oct. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872006001000001 

 

Rev Méd Chile 2006; 134: 1219-1220

EDITORIAL

 

El internista: ¿una filosofía de vida?

The philosophy of being an internist

 

Dirección para correspondencia


The «Sociedad Médica de Santiago» (Chilean Society of Internal Medicine) is trying to revitalize the image of Internists and Internal Medicine, that fell into an occasional disrepute. Facing the progressive technicalness, specialization and dehumanization of medicine, the internist is trained to acquire, not only technical but also a thorough knowledge of manhood. Therefore, he (she) is prepared to give an integral attention to his (her) patients, to be with them from the first moments of an ailment to the end result, and from teenage to elder years. The internist should know that reassurance and not technology will alleviate those who suffer and that a humble and affectionate application of medical knowledge is the real route to cure patients.

(Key words: Education, medical, undergraduate; Internal Medicine; Internship and Residency; Specialties, medical)


El problema de la Medicina Interna no es de ella sino de nosotros. Es cosa de creer o no. De querer o no querer. De sentirnos cómodos, alegres, confiados y esperanzados de tenerla. Curioso: nuestra Sociedad Médica de Santiago (Sociedad Chilena de Medicina Interna) cumple más de 130 años y nos estamos replanteando el sentido de la Medicina Interna. ¿Replanteando o dudando de su existencia (necesidad) real? Miro a los alemanes, con los cuales conviví algunos años y me da envidia y a la vez confianza de conseguir algo o mucho. Acaban de celebrar el Congreso 102 (digo bien, 102 años) de Medicina Interna en Wiesbaden. La misma tranquila, apacible y bucólica ciudad donde se «fundó la Medicina Interna». Ellos separan (con naturalidad, tranquilidad y sin menosprecio) a la «Allgemeine Medizin» (Medicina General) de la «Innere Medizin» (Medicina Interna). ¿Por qué en Chile, en Latinoamérica, los Estados Unidos de Norteamérica y algunos otros países del mundo nos confundimos y dudamos de la naturaleza de la Medicina Interna y del rol del internista?

Una encuesta realizada a pacientes en Quito, Ecuador, demostró que 70% de los consultados desconocen la especialidad y que sólo 7% de ellos consultarían a un internista en caso de emergencia. Esto es un espejo de lo que sucede en Latinoamérica, incluyendo a nuestro país. Chile ha tenido y tiene destacados internistas que han sabido mantener viva y nítida la imagen de esta especialidad. ¿Qué distingue al internista de sus pares? En primer lugar es un médico interesado en saber y aprehender más. En su período de perfeccionamiento la finalidad principal no es adquirir más conocimientos sino que conocer mejor al hombre en todas sus definiciones. Conociendo mejor al hombre, puede tomar decisiones adecuadas a un nivel más complejo. Esto lo separa del médico general. Es una opción, no una discriminación. El internista está capacitado para una atención integral del paciente, lo que no significa que deba saber ejecutar todas las instrumentalizaciones que existen en medicina. Es el que estará presente desde el inicio de la enfermedad hasta la curación o muerte, por horas o años, desde la adolescencia a la vejez. Es el que está siempre ahí y acá, nunca rehuyendo a nadie ni a nada. Con valentía intelectual. El internista no es un mero «hacedor» de cosas sino que mucho antes, un analizador de sucesos y fenómenos. Posee un análisis crítico que emplea con un propósito central: defender siempre a su paciente. Tratará de no hacer cosas de más pero tampoco de menos. Es el que bien sabe que pese a toda la maravillosa tecnología disponible (y que seguirá acrecentándose en el futuro), en la gran mayoría de las situaciones difíciles acompañaremos al ser humano que sufre con palabras y sedantes. Con bondad, con comprensión, con humildad.

Para llegar a ser internista se necesita adquirir las destrezas que le permitan ser un médico de excepción en el plano bioético. Ello es difícil y complejo, pero irrenunciable. El internista, sabiendo más, es capaz de reconocer lo poco que sabe. Ello es una tremenda motivación para estar alerta y descubrir en el hombre todos los días algo nuevo. Para el internista el asombro es su mejor alimento.

No nos dejemos atribular por situaciones puntuales que pueda estar viviendo la Medicina Interna en nuestro país. Sigamos conversando.

El internista nació hace 150 años, sigue vivo y su vida se extinguirá sólo cuando el hombre deje de existir.

Dr. Jaime Duclos H.
Past-Presidente de la Sociedad Médica de Santiago.
Facultad de Medicina, Universidad de Valparaíso, Chile.

 

Correspondencia a: Dr. Jaime Duclos Hertzer. Facultad de Medicina, Universidad de Valparaíso. Avda. Coraceros 50, Depto. 161. Condominio Marenostrum. E mail: jeduclos@vtr.net

 

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