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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.135 n.3 Santiago mar. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872007000300017 

Rev Méd Chile 2007; 135: 399-402

ARTÍCULO ESPECIAL

 

La enfermedad neurológica de Georg Friedrich Händel

The neurological disorder of Georg Friedrich Händel

 

Marcelo Miranda C.

Clínica Las Condes.

Dirección para correspondencia

 


Georg Friedrich Händel, a musical genius, was affected since his middle age by several attacks, during a period of 20 years, of upper right limb palsies, abnormal speech followed by amaurosis in his contralateral eye and then is both eyes. He underwent three unsuccessful operations due to a wrong diagnosis of cataracts. We discuss the possible differential diagnoses. Considering his clear vascular profile, the most plausible hypothesis is cerebrovascular disease with embolic infarcts from stenotic left internal carotid artery to the left middle cerebral and retinal arteries.

(Key words: Blindness; Cerebrovascular disorders; Intracranial embolism and thrombosis)

 


Georg Friedrich Händel es reconocido como uno de los más grandes genios de la música, incluso, en opinión de su compatriota Beethoven, quién afirmó en 1823 que «Händel es el más grande compositor que haya existido alguna vez», «descubriría mi cabeza y me arrodillaría en su tumba»1. Nacido en Halle, Alemania el 23 de febrero de 1685, hijo de un barbero-cirujano de 62 años y de la hija de un párroco de 32 años2.

Luego de hacer música de iglesia en Halle, trabajó en Hamburgo y posterior a una estadía de casi 4 años en Italia, logró su desarrollo musical más exitoso en Londres, recibiendo la nacionalidad británica en 1727. El objetivo de este artículo es comentar la enfermedad que lo afectó por más de 20 años, desde 1737 a los 52 años, y le causó la muerte en 1759 a los 74 años.

La historia de la vida de Händel está llena de mitos. Existen patografías escritas por autores de distintas especialidades que sugieren que habría sufrido de una enfermedad psiquiátrica, como un trastorno bipolar que podría haber explicado su ingente producción musical (su obra en cantidad equivale a la obra de Bach y Beethoven juntas). También se ha propuesto que sufriera trastornos reumatológicos como artritis, pero otros han interpretado más correctamente los diversos episodios de «parálisis» sufridos por Händel como eventos vasculares cerebrales isquémicos1-3.

La enfermedad. Las primeras evidencias de la enfermedad de Händel (Figura 1) datan del 13 de abril de 1737 luego de haber completado la revisión de su primer Oratorio italiano, «El Triunfo del tiempo y la verdad». Periódicos londinenses señalaron el 30 de abril que «el Sr. Händel ha estado indispuesto desde hace poco tiempo con un reumatismo... «, después admitieron mayor seriedad al episodio: «el ingenioso Sr. Händel está muy indispuesto y es debido a un trastorno paralítico, al presente no logra usar su mano derecha, lo que si no recupera hará que el público se prive de sus finas composiciones»2. Lord Shaftesbury corroboró esta información en su libro «Recuerdos de Händel»: «gran fatiga y desgano asociados a una parálisis que ha afectado 4 dedos de su mano derecha lo han afectado, impidiéndole interpretar música, y en ocasiones este trastorno parece haber afectado también su intelecto»1,2. Acudió a baños termales en Aix-la-Chapelle en septiembre, por un periodo de 6 semanas. Regresó completamente recuperado en noviembre y siguió su prolífica producción con la ópera «Faromondo».


Figura 1. El músico en un retrato de 1733, a los 48 años, 4 años antes de iniciar su enfermedad.

En abril de 1743, Charles Jennens, quien le proporcionó los libretos para los oratorios «El Mesías» y «Saúl», comunicó una repetición del ataque paralítico de Händel, afectando su lenguaje y «entendimiento». Sin embargo, ya recuperado en julio, compuso Dettingen Tedeum1,2.

El 13 de febrero de 1751, mientras escribía el acto segundo del oratorio «Jefta» refirió Händel la pérdida súbita de la visión de su ojo izquierdo. Se recuperó, sin embargo, parcialmente, para lograr terminar la obra en agosto (Figura 2).


Figura 2. Manuscrito del acto II del Oratorio Jefta del 13 de febrero de 1751, en que Händel agrega una nota en el extremo inferior derecho, indicando que ha perdido la visión de su ojo izquierdo.

El 17 de agosto de 1752 sufrió otro «ataque» cerebral que lo dejó sin visión, afectando su ojo derecho, según el periódico General Advertiser2. Fue operado por William Bromfield, cirujano del Príncipe de Gales, sin éxito. Antes había consultado con el Dr. Samuel Sharp del Guy's Hospital quién diagnosticó una «gutta serena». Este término era usado para referirse a cualquier forma de ceguera sin signos externos de enfermedad1.

Entre 1753 y 1757, se comunicó una muy leve recuperación del defecto visual. Logró componer algunas arias, según se informó en diciembre de 17571. En este período presentó importante sintomatología depresiva, al verse tan incapacitado.

En agosto de 1758 fue operado nuevamente, pensando en aliviar una supuesta catarata, por el oftalmólogo itinerante John Taylor. Taylor, fue quien había operado previamente a Bach en Leipzig, sin éxito, causándole una infección iatrogénica que probablemente contribuyó a la muerte de Bach en julio de 17501,3.

A pesar de su defecto visual, la integridad intelectual de Händel no parece haberse visto afectada en gran medida en sus últimos años, porque logró componer algunos coros y arias del oratorio «Esther» en 1757, y supervisar la representación de sus oratorios en Londres, incluso hasta una semana antes de su muerte1. Gran ayuda recibió de su amigo, discípulo y amanuense John Christopher Smith, quien apoyó a Händel en la transcripción de la música, ya que estaba imposibilitado de escribir1.

El 11 de abril de 1759 condujo una última representación de «El Mesías» en el teatro Covent Garden1.

Falleció el sábado 14 de abril en Londres, soltero y sin descendencia.

Diagnóstico diferencial. En el análisis de los síntomas de Händel, es claro que presentó un cuadro recurrente con síntomas focales neurológicos, de aparición brusca, parcialmente reversibles en un inicio, con dificultad tanto motora como de lenguaje y visual. Es probable que la presencia de disartria o afasia haya sido considerada como «confusión» o problemas de «entendimiento». Toda esta sintomatología es explicable por una enfermedad cerebrovascular con lesiones isquémicas en el hemisferio izquierdo, ya que siempre las manifestaciones motoras fueron de la extremidad superior derecha, y afectando el territorio de la arteria cerebral media. La descripción de Lord Shaftesbury, que precisamente menciona un defecto que involucra sólo 4 dedos de su mano derecha1,2, es importante, ya que un patrón clínico similar es producido por un pequeño infarto embólico cortical en el área de representación de la mano, como en la era actual ha sido demostrado gracias a la resonancia nuclear magnética, y que usualmente sigue un curso benigno4. El defecto visual podría atribuirse a trombosis arteriales oculares, secundarias a fenómenos embólicos arterio-arteriales provenientes de una estenosis carotidea izquierda3, y que puede ser precedido de amaurosis fugax. La pérdida de visión en ojo derecho podría plantearse que en realidad haya correspondido más bien a un defecto de campo visual secundaria a la lesión embólica cortical del hemisferio izquierdo.

La misma apariencia física de Händel, y que observamos en sus retratos, nos muestra a un hombre de contextura corpulenta, obeso (Figura 3), con el típico perfil de riesgo para patología cerebrovascular. Se sabe que ingería grandes cantidades de comida y era afín a vinos fortificados del Portugal como el Oporto y el vino de Madeira2. Händel tenía un temperamento fácilmente irritable, existen referencias a ataques de rabia e improperios aun en su rol de conductor de los conciertos y en la administración de sus presentaciones. Un día, tuvo una discusión con la soprano italiana más famosa del momento, Francesca Cuzzoni, quien no quiso interpretar la última aria de la ópera «Ottone», «falsa imagine» Händel le dijo: «Oh mi dama, sé bien que Ud. es un real demonio, pero le mostraré, que yo soy Belcebú, el rey de los demonios», Händel descontrolado, la levantó por la cintura e intentó arrojarla por la ventana1-3.


Figura 3. Ultimo retrato del músico a los 71 años en 1756, ya estando ciego y 3 años antes de fallecer.

Su madre, muerta a la edad de 79 años en 1732, se describe con un episodio similar de parálisis de hemicuerpo derecho y sin poder hablar un año antes de fallecer3. Su abuela materna Dorotea Taust, también habría fallecido de un aparente «ataque cerebral»3.

Bäzner y cols3 plantean que el daño vascular específico podría corresponder a infartos lacunares, ya que muy a menudo siguen un curso benigno con completa recuperación funcional y recurrencias con un período largo libre de síntomas como en la enfermedad de Händel3. Un estudio reciente ha mostrado una evolución proporcionalmente benigna de los infartos lacunares, con tasa de sobrevida similar a la población general en los primeros 5 años posterior al primer evento, y una recurrencia en 24% de los pacientes, con una tasa anual de 2,4%5. El síndrome lacunar específico planteado por Bäzner y cols corresponde al síndrome de disartria mano torpe, un síndrome motor puro que respeta la pierna3,6. Sin embargo, una unidad diagnóstica más aceptable es dada por la hipótesis de una lesión isquémica cortical y retinal embólicas.

Se ha planteado una neurolúes: parece muy improbable, porque Händel no tuvo una historia conocida de relaciones sentimentales y se mantuvo célibe y sin hijos. Además, en 22 años de evolución era esperable el desarrollo de una parálisis general, lo que no apoyan su condición mental y física final1.

Otros autores han propuesto una artritis7, reumatismos musculares8, neuropatía periférica8; además de la ausencia de dolor en los episodios no explican la variedad de manifestaciones neurológicas motoras, de lenguaje y visual que presentó a menos que se trate de una vasculitis; la prolongada evolución hace improbable estos diagnósticos, ya que estos cuadros provocan en general una invalidez más precozmente. Se ha argumentado que la ausencia de secuelas, de notoria progresión o progresiva falla cognitiva descartarían la presencia de una enfermedad cerebrovascular8, sin embargo una evolución de este tipo es factible.

Las manifestaciones depresivas no parecen estar en el contexto de una enfermedad maníaco-depresiva. Se inician tardíamente posterior a los episodios de «ataques» e impresionan ser reactivas a la incapacidad funcional provocada por estas crisis.

En suma, es factible que este genio musical, con un claro perfil de factores de riesgo vascular, haya tenido parálisis recurrentes de su extremidad superior derecha asociadas a disartria o afasia como resultado de un infarto embólico de la arteria cerebral media y que fue interpretado como confusión. Puede haber tenido una severa estenosis de su arteria carótida izquierda con un embolismo recurrente al hemisferio izquierdo y también haber sido el origen de infartos embólicos retinales.

 

REFERENCIAS

1. Hogwood C. Handel. Londres. Thames and Hudson 1984, 10-80.         [ Links ]

2. Deutsch O. Handel: a documentary biography. Londres. Da Capo Press 1974; 150-80.         [ Links ]

3. Bäzner H, Henneric M. Georg Friedrich Händel's Strokes. Cerebrovascular Diseases 2004; 17: 326-31.         [ Links ]

4. Gass A, Szabo K, Behrens S, Rossmanith C, Hennerici M. A diffusion-weighted MRI study of acute ischemic distal arm paresis. Neurology 2001; 57: 1589-94.         [ Links ]         [ Links ]

6. Fisher CM. A lacunar stroke. The dysarthria-clumsy hand syndrome. Neurology 1967; 17: 614-7.         [ Links ]

7. Keynes M. Handel's illnesses. Lancet 1980; 2: 1354-5.         [ Links ]

8. Frosch WA. The case of George Frideric Handel. N Engl J Med 1989; 14; 321: 765-9.         [ Links ]

 

Correspondencia a: Dr. Marcelo Miranda. Lo Fontecilla 441, Clínica Las Condes. Fono: 2104080. Fax: 3650028. E mail:

Recibido el 20 de julio, 2006. Aceptado el 15 de noviembre, 2006.

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