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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.135 n.5 Santiago mayo 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872007000500016 

 

Rev Méd Chile 2007; 135: 661-668

ARTÍCULO ESPECIAL

 

El último año de lucidez de Friedrich Nietzsche

Friedrich Nietzsche's last lucid year

 

Gustavo Figueroa

Departamento de Psiquiatría, Escuela de Medicina, Universidad de Valparaíso.

Dirección para correspondencia


As an outstanding philosopher Nietzsche poses the question whether his creativeness persisted in spite of his deteriorating disease or appeared, among other features, as a consequence of his illness. A thorough psychopathological understanding of his last lucid year is attempted. He had an exaggerated self-esteem and grandiose sense of confidence and achievements. But his lack of insight did not lead him to engage in activities that could harm himself or his loved ones. Between January 1888 and until his ultimate deterioration in January 1889, Nietzsche was exceedingly productive. During this period, polar changes along with moderately overlapping periods appeared.

(Key words: Philosophy; Psychopathology; Self psychology)


El 3 de enero de 1889 Nietzsche se despeñaba en la locura que lo deterioró hasta su muerte, acaecida a los 55 años por infección generalizada, el 25 de agosto de 19001. Está clínicamente comprobado que fue secuela de un cuadro orgánico cerebral progresivo, aunque todavía hoy no se puede precisar la etiología exacta de su demencia2-5. Desde su infancia padeció numerosas enfermedades psicosomáticas que lo forzaron a jubilarse anticipadamente como profesor universitario en 1879- Se ha postulado que experimentó desequilibrios emocionales de variada intensidad entre 1880 y 1884, aunque los hallazgos psicopatológicos no permiten plantear un diagnóstico específico6. En cualquier caso, no le impidieron crear su excepcional obra filosófica y llevar una vida social, distante pero fructífera intelectualmente7-9.

En pocos pensadores se ha exteriorizado más nítidamente la relación genio-locura10-13. Médicos y filósofos han interpretado antitéticamente la correlación: reduccionismo patologizador «si encontráis perlas no penséis que todo es un rosario. Sed recelosos, ya que este hombre es un enfermo cerebral14y autonomía unilateral «la explicación biográfico-psicológica... es un engendro de la manía psicológico-biológica de nuestra época», porque lo significativo es que «en él se concentra y llega a su acabamiento en un respecto decisivo... todo el pensamiento occidental)15.

La controversia se puede iluminar partiendo de un hecho. El 27 de diciembre de 1888 irrumpe la primera idea delirante incuestionable «declaración de guerra» en misiva al amigo Franz Over-beck: «...trabajo en una Promemoria para las cortes europeas con el fin [de formar] una liga antialemana. Quiero aprisionar al «imperio» en una camisa de hierro y provocarlo a una guerra desesperada. No tendré las manos libres hasta no tener antes en las manos al joven emperador con todos sus accesorios16. La carta establece un triple hito: lo insólito del contenido contrasta con la coherencia de su correspondencia y productividad intelectual; la desorganización del pensamiento genera en brevísimo tiempo, un reducido número de «papeles-de-la-locura», así, después del 6 de enero de 1889, no escribirá más (excepto frases inconexas aisladas); lo explosivo del cuadro significa quiebre de su existencia, existencia quizás plagada con excentricidades y extravagancias ocasionales pero nunca con pérdida de su cordura17-22.

La meta del estudio: ¿fue su comienzo especialmente súbito o preexistieron manifestaciones? ¿Se entiende su sintomatología desde un cambio previo, aunque oculto, de su interioridad consecuencia de una causa somática? Para responder esta cuestión, decisiva para el problema cerebro-mente, nos concentraremos en 1888, último año de vida lúcida23-25.

Una extrañeza se infiltra. El 14 de diciembre de 1887 anuncia a C. Fuchs su «necesidad en primer lugar de una nueva extrañeza, una despersonalización». Desde mediados de 1888 se inicia un extrañamiento de su obra que lo sorprende: «Hojeo en mis escritos, para los que ahora por primera vez me siento a su altura». Así, «La genealogía de la moral, [1887]: he descubierto un Prólogo, cuya existencia había olvidado.., el contenido, se me había ido de la cabeza...; en aquel tiempo tuve que encontrarme en un estado de inspiración casi ininterrumpida». Asimismo Así habló Zarathustra [1883-1885]: «lo leí y casi me morí de emoción... Todo lo hice muy bien, pero jamás había tenido noción de ello... ¡Diablos, lo que allí se encuentra!». Del Nacimiento de la tragedia [1872]: «algo indescriptible, profundo, delicado».

La transfiguración comprometió también su orientación y persona. Desde 1879 se mudaba incesantemente de ciudad para defenderse de las inclemencias del clima que comprometían su frágil salud, producto de su constitución orgánica hipersensible. Pasado el invierno en Niza, parte hacia Turín, 2 de abril, y, abordando el tren, empiezan los desaciertos. Perdió su equipaje porque equivocó la dirección, en el punto de empalme subió a un vagón destinado a Genova, y no Turín. En SanPiero entendió su confusión, sintiéndose tan desazonado que necesitó reponerse. Retomado su itinerario, apenas veía porque olvidó sus anteojos, dificultosamente se pudo comunicar debido al escaso manejo del italiano. Se enrabió volcando su ira contra sus habitantes acusándolos de explotarlo con precios que no podía solventar. «Me enfermé», una jaqueca lo inmovilizó. Finalmente en Turín, se experimentó ominosamente transformado: «¡Ni siquiera soy un anciano todavía! ¡Soy sólo un filósofo, me encuentro solo..., comprometedoramente solo al margen de las cosas!».

Rompimientos sorprendentes. En forma imprevista corta con dos seguidores de Richard Wagner (de quien se distanció antes de fallecer en 1883). Con Hans von Bülow, ex-marido de Cosima Wagner, porque «no ha respondido usted a mi carta.... Se dará cuenta de que el primer espíritu de la época le había expresado un deseo [que ayudara a Kóselitz]». Más inesperado es su quiebre con su maternal amiga Malwida von Meysenbug. Le envió El caso Wagner; ella reaccionó enérgicamente contra los virulentos epítetos vertidos en el libro. Sabiendo que era fiel a la memoria de Wagner y así no podían coincidir, se empecinó: «Para que este bufón [Wagner] supiera granjearse la creencia... de ser la "última expresión de la naturaleza creadora", ...necesitó efectivamente de genio, pero de un genio del engaño... Yo tengo el honor de ser lo contrario, "un genio de la verdad"...; perdone que tome la palabra. Pudiera ser la última... he ido rompiendo todas mis relaciones por repugnancia a que se me tome por otra cosa de lo que soy. Ahora le toca a usted...»25.

La postal que Elisabeth le envió con ocasión de su cumpleaños lo indignó: «Mi hermana me declaró con extremo desdén... que haría bien en comenzar a ser "famoso"... Sería una canallada que creyese en mí... Esta [disputa con ella] dura siete años». La humillación persistió hasta el párrafo del Ecce homo de finales de 1888: «Cuando busco la antítesis más profunda de mí mismo, la incalculable vulgaridad..., encuentro a mi madre y hermana, _ creer que estoy emparentado con tal canaille [gentuza] sería una blasfemia contra mi divinidad»26.

Así como sermoneó a su amigo C. Fuchs por «...ciertas indiscreciones repugnantes e indecorosas sobre su madre y padre», igualmente increpó a E. Fritzsch porque, como editor, publicó en su revista Musikalisches Wochenblatt un artículo de R. Pohl atacando El caso Wagner: «De todas partes recibo escritos de homenaje, tales como una pieza maestra de sagacidad psicológica, sin igual, ...¿Y el editor del Zarathustra [usted, Fritzsch] toma partido contra mía?... Con sincero desprecio... [firmado] Nietzsche».

Desasosiego por su patrimonio y escritos. Nietzsche fue especialmente frugal durante su existencia -soportó estoicamente pensiones modestísimas, vestir con sencillez, pasar frío y hambre. Nunca buscó padrinos que lo sustentaran27.

Después del altercado con Fritzsch, por vez primera procuró conseguir dinero entre sus amigos: «Mi vida llega... a una cima: ...la tierra temblará bajo un tremendo relámpago... No se trata de un capital enorme, dado que mi Zarathustra se leerá tanto como la Biblia... No quiero ningún regalo, se trata de un préstamo al interés que sea».

Overbeck, que le administraba los ingresos de su jubilación, trata de disuadirlo, recordándole que las compensaciones no son vitalicias sino temporales, y que la solicitud comprendía tres años de su pensión. Nietzsche le responde: «A nadie le cargo en la cuenta si no sabe quién soy... No soy un hombre, sino que soy un destino».

El 30 de diciembre persiste: «...Considerando que mis próximas obras se vendan no por miles, sino por decenas de miles, y, además, en francés, inglés y alemán a la vez, puedo permitirme tomar un préstamo»

La avalancha filosófica. El compromiso de Nietzsche con su obra fue absoluto, pero jamás creció su productividad como durante 1888, contrastando con el año precedente. Aparecieron, o estuvieron listos para la imprenta, seis libros29"37. Despachaba borradores en oleadas, rectificaba premiosamente pruebas, modificaba caracteres tipográficos, exigía urgencia en el proceso de edición (Figura 1).


Figura 1. Productividad filosófica de Nietzsche durante los años 1887-1888.

Ejemplar es el destino tortuoso de su gran libro teórico La voluntad de poder. El 26 de agosto finaliza un último bosquejo. Bruscamente, renuncia a lo que era la razón de su vida. El 12 de septiembre adopta un nombre nuevo, Ociosidad de un psicólogo: «tarea desmesuradamente grave y decisiva... escindirá la historia de la humanidad en dos mitades». Kóselitz recomienda cambiar título: «demasiado modesto..., el paso de un gigante ante el cual las montañas tiemblan en sus fundamentos, no es de un "ocioso"». El 27 lo bautiza Crepúsculo de los ídolos o cómo se filosofa con el martillo.

Paralelamente escribe Transvaloración de todos ¡os valores, cuyo primer capítulo es El Anticristo. Arrebatado concluye el 30 de septiembre. Imprevistamente, el último día de diciembre borra todo vestigio de Transvaloración y, como obra independiente, opta por El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo. Añadió una enigmática advertencia: dejó pegada con goma la introducción -«Ley contra el cristianismo»- a la primera hoja, de modo que ésta quedó oculta y sólo se veía al trasluz después de una exhaustiva inspección38.

Aunque ordenó la suspensión de Nietzsche contra Wagner, la editorial continuó mandándole pruebas de imprenta, por lo que proyectó otro libro adicional que no alcanzó a redactar: «El caso Nietzsche, por P. Gast y C. Fuchs (observaciones marginales de dos músicos)».

Fascinación y azar. Dos tipos de vivencias lo dejaron estupefacto: la fascinación que despertaba y que la casualidad dejaba de estar presente en su vida (Tabla 1).


Progresivamente percibe que es objeto de inusual consideración. A su madre: «...incluso ¡as bellas muchachas me hacen visiblemente la corte. Se tiene la idea que soy un "animal"», ...»también aquí [trattoria] me tratan comme il faut, como a alguien en extremo distinguido. Tienen un modo de abrirme las puertas [los mozos] que no había encontrado nunca». Última carta a su madre: «...tu vieja criatura es ahora un animal inmensamente famoso...». Al día siguiente: «Nopuedo creer cuantos signos de homenaje me llegan desde todas partes...». En Navidades: «Lo que es curioso, es una completa fascinación que yo ejerzo, a pesar de que soy el hombre más carente de pretensiones y no exijo nada. Cuando llego a un negocio se trasfor-man los rostros; las mujeres en la calle me miran,... mi vendedora de frutas me guarda las uvas más dulces y ¡me rebaja el precio!..., recibo lo más seleccionado entre lo selecto... Mi mozo brilla por su finura y atención... en este tiempo sin descubrir me han descubierto».

Mayor desconcierto a partir de noviembre: «sucedieron hechos curiosos en el sentido del azar, sin parangón». Saca una conclusión inaudita: «Cuando recibí su carta [Strindberg]..., puesto que en mi vida no hay ya más azar, así también consecuentemente no es producto del azan. Incrédulo asevera: «Ahora ya no se da más el azar en mi vida. Esta noche recordé a un basileo...: ahora llega una carta de Overbeck». La revelación: «Ya no existe ningún azar más: cuando pienso en alguien, entra amablemente una carta de él por debajo la puerta».

Ascensión final. Desde comienzos de 1888 se eleva impresionantemente su estado afectivo y disminuyen sus molestias, que contrasta tanto con el año anterior como con su existencia entera plagada de enfermedades (Figura 2).


Figura 2. Cambios del estado de ánimo de Nietzsche durante los años 1887-1888.

Llegando a Turín en abril: «¡Primer lugar en el cual soy posible!...». Comienzos de mayo: «He continuado trabajando ¡aún más que todo el invierno [último] en Niza!». Atónito, comprueba que una estadía en Venecia no lo enferma. En septiembre: «Varias veces me he levantado a la dos de la madrugada "empujado por el espíritu", y he escrito...». Inmediatamente: «Las últimas semanas he estado inspirado de la manera más extraña;...algunas cosas de las que yo no me había creído capaz, estuvieron listas una mañana, como de modo inconsciente» (Tabla 2).


De manera absolutamente inédita, del 21 de septiembre, última estadía en Turín, hasta el final, no surgen malestares, nerviosos u orgánicos. Queda abismado. El día de su cumpleaños relata alborozado: «Quién tenga una mínima idea de mi vida sabe que he vivido cosas que ningún otro hombre ha vivido...». Tres días después: «de sentimientos otoñales en todo buen sentido de la palabra: es mi gran tiempo de cosecha». Inmediatamente: «¿No le parece que se está maduro para ser el "redentor-del-mundo"?». Ingenuamente a su madre: «Tú misma te extrañarías de lo arrogante y erguido que tu vieja criatura se pasea por aquí». Reitera: «Ni un día malo hasta ahora... tampoco he dormido nunca tan bien», ¡y sin somníferos! A dos amigos el 29 de diciembre: «me encuentro tan magníficamente» - el año de 1888 «fue demasiado bueno».

Contrariamente, signos alarmantes no lo intranquilizan. En noviembre: «Hago tantas atolondradas farsas conmigo mismo y tengo tales ocurrencias de payaso que, a veces, en plena calle, me pongo a reír sarcásticamente durante media hora». Añade en diciembre: «Acabo de regresar de un concierto que... más me ha impresionado en mi vida: mi cara hace constantes muecas para desprenderse de un placer extremo, incluidos los 10 minutos de muecas de lágrimas». Durante cuatro días perdió la capacidad de poner «expresión seria» en su cara.

Desaprensivamente comienza a proclamar que su filosofía representa un quiebre sin paralelo utilizando un lenguaje que, pasadas las semanas, se hace más agresivo, grandilocuente y apodíctico. En septiembre: «tarea decisiva, la cual... divide la historia de la humanidad en dos mitades». Mediados de noviembre: «...la obra del primer hombre de todos los milenios). Finales de noviembre: «¡En el [Zarathustra] está comprendido el destino de la humanidad!... Tan pronto publique Ecce homo seré el primer hombre que ahora vive...». Al otro día: «Mi vida llega a su cima: ...la tierra temblará bajo un tremendo relámpago... No hay nada, que esté ahora en pie, que no caiga, yo soy dinamita más bien que persona». Comenzando diciembre: «Preparo un acontecimiento que con alta probabilidad divide la historia en dos mitades, hasta el punto de que tendremos una nueva cronología: a partir de 1888 como año uno...». Poco después: «Sobrepasa [Ecce homo] de tal manera el concepto de «literatura», que propiamente falta el símil incluso en la naturaleza: hace estallar, literalmente, la historia de la humanidad en dos partes...». El 30 de diciembre: «Envié a imprenta... Gloria y eternidad - uno se muere si lo lee desprevenido».

Inmediatamente: «Yo soy con mucho el espíritu más fuerte que puede estar sobre la tierra».

La euforia de 1888

1] Clínicamente Nietzsche padeció de un trastorno del ánimo con fluctuaciones hipomaníacas crecientes debido a una condición médica cerebral. Los cambios no emergieron en relación con experiencias traumáticas. Lo opuesto es probable: fue su humor el que tiñó sucesos otorgándoles un significado autorreferente o trascendental. Años antes había experimentado episodios similares, más suaves, breves, sin secuelas. Esto es, no surgió nada radicalmente diferente, inédito, pero ahora se tornó incontenible, arrollador, como expresión de una interioridad a punto de estallar.
2] Preservación de su lucidez hasta el final. Sorprende su capacidad para enfrentar los mayores desafíos intelectuales y, simultáneamente, resolver contradicciones personales y dilemas cotidianos - que nunca solucionó sino con extremada dificultad por su torpeza para lo práctico. No necesitó ser socorrido o protegido. La tormenta se desencadenó al interior de un cielo falsamente luminoso, porque jamás tuvo conciencia que estaba cayendo en la locura. La elevación del ánimo actuó como un estimulante cautivador pero traicionero.
3] Ausencia de signos orgánicos en su caligrafía, redacción y sintaxis, hasta los «papeles-de-la-locura» de los últimos diez días. Estos son escasísimos, llenos de alusiones enigmáticas a su relación íntima con sus seres más amados (Cosima Wagner, Burckhardt). Salvo contadas ocasiones jamás mostró fallas de memoria. Sus manifestaciones psicomotoras esbozaron un síndrome catatónico del cual estuvo consciente aunque no supo interpretar.
4] La inundación de pensamientos, el apremio en su productividad intelectual terminaron por ahogarlo, imposibilitando el reflexionar, madurar y finiquitar su obra teórica definitiva. Empero, resulta aventurado afirmar que La voluntad de poder fue un callejón sin salida producto de una mente desbordada por sucesivos proyectos imperiosos. Algunos pensadores, contrariamente, lo califican de desenlace inevitable de su pensamiento: nada menos que demostrar la consumación de la metafísica occidental - «la duda de que quizás, desde hace dos mil años, la humanidad se ha descarriado llevada por un fantasma»39,40. Como sea, sus escritos son impacientes, agresivos, drásticos, expresión de una voluntad rabiosa, aún de revelación imprudente de sí, sin un intento articulado de ordenamiento. Como nunca antes, impera la voluntad de eficacia inmediata sobre su reconocida «jubilosa serenidad» (Heiterkeit). El «maestro-de 1- aforismo» se descarriló en una multitud de fragmentos fulgurantes aunque con mucho de propaganda, contradiciendo su «miedo terrible a que un día me hagan santo».
5] Una autoestima grandiosa, perceptible para todos, incluido él mismo, generó ideas de grandeza, autorreferentes y poderío que se manifestaron en sus escritos pero sin comprometer la conducta (sus arrendatarios lo consideraron siempre un gentil e intachable catedrático). La propensión a considerarse un ser de excepción, presente desde la juventud, creció hasta límites casi intolerables para algunos de sus íntimos que terminaron por alejarse confundidos o hastiados por sus expresiones tremebundas.
6] La euforia abre a la experiencia existencial fundamental que quizás da cuenta del cuadro: una extrañeza, despersonalización de su identidad-de-sí que significa un desarraigo esencial con respecto al mundo. Irrumpe una nueva autoconciencia que le hace mofarse de los que lo califican de «excéntrico»: «precisamenteporque no saben dónde está mi centro, les va a ser difícil saber dónde y cuándo he sido <excéntrico>». Definiéndose como excesivamente concentrado, su centro se confunde con la «gran pasión» -su obra-, que no es del dominio de la pura razón.
7] Su enfermedad no solamente perturbó sino posibilitó que se expresara lo que de otro modo no hubiese emergido: «¡a antinomia de mi... situación y forma de existencia». Primero, extrañamiento del propio ser inauténtico; segundo, desconocimiento e inversión del pensamiento occidental; tercero, decisión de entregarse a su meta: su obra; finalmente, ruptura con todos los vínculos que hasta entonces le eran valiosos, «sabía que nunca llegaría hasta mí una palabra humana». Como si todo lo positivo de su vida tuviese que representarse por la negación o pérdida, el extrañamiento que lo aparta de la gente común es el desenlace del camino hacia su soledad - «espantoso silencio que se oye en torno a mí».
8] He buscado los lugares en los que el viento golpea con fuerza.
He aprendido a vivir
donde nadie vive, en las zonas heladas y desérticas.
Soy un fantasma que se desliza por los glaciares.

 

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Recibido el 26 de julio, 2006. Aceptado el 20 de noviembre, 2006.

Correspondencia a: Dr. Gustavo Figueroa. Casilla 92-V. Fonos: (32) 2508550, (32) 2693671. E mail: gufigueroa@vtr.net

 

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