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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.137 n.4 Santiago abr. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872009000400002 

Rev Méd Chile 2009; 137: 459-465

ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN

 

Consumo de sustancias ilícitas y psicotrópicos entre los estudiantes de medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Illicit and psychotropic drug use among medical students at the Pontificia Universidad Católica de Chile

 

María Inés Romero1, Jaime Santander2, Mario Javier Hitschfeld3, Marcela Labbé4a, Viviana Zamora5b.

1Dirección de Pregrado y Departamento de Salud Pública, 2Departamento de Psiquiatría, 3Departamento de Salud Pública, 4Escuela de Medicina y 5Dirección de Pregrado, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile.
aInterna de Medicina
bAsistente Social

Dirección para correspondencia


Background: Illicit drug abuse is a public health problem, generally starting in adolescence. Medical students are not an exception. Aim: To assess the consumption of illicit drugs among medical students of the Pontificia Universidad Católica de Chile. Material and Methods: A questionnaire used by the National Council for the Control of Substance Abuse (CONACE) to evalúate substance use and the Goldberg Health Questionnaire (GHQ-12), were applied to medical students. The questionnaires were self administered under supervisión. Results: The survey was completed by 569 of 775 students (74%). "Ever used" reached 33% for marijuana, 1.196 for cocaine, 2.1% for amphetamines without prescription, 6.9% for not prescríbed benzodiazepines and 5.8% for not prescríbed antidepressants. The use ofthese substances was only associated for ever used marijuana and level of career (p <0.01), with the highest rate in the seventh final year (51.4%). Benzodiazepine use was also associated with the level of career (p <0.01) with less than 6% prevalence from first to fourth and the highest in seventh year (32.4%). Non prescríbed antidepessant use was significantly higher among women. Tobáceo and alcohol use were associated with consumption of marijuana (p <0.0001) and benzodiazepines (p <0.0001). Conclusions: Our medical students have low marijuana consumption rates, only above Turkey. Cocaine and amphetamines use is low, benzodiazepine consumption is higher among final year students. Antidepressant use is higher among women.

(Key words: Psychotropic drugs; Students, medical: Substance-related)


El consumo de sustancias lícitas e ilícitas es un problema de salud pública que afecta a toda la población, iniciándose generalmente en la adolescencia y juventud. El Consejo Nacional para el Control del Consumo de Estupefacientes (CO-NACE), creado en 1990 con la misión de imple-mentar políticas públicas en torno al problema de las drogas y prevenir el consumo y tráfico de sustancias ilícitas en el país, realiza estudios periódicos en distintos grupos poblacionales. Los estudios realizados en escolares provenientes de establecimientos municipalizados, subvencionados y particulares, destacan el aumento del consumo de drogas ilícitas, principalmente pasta base1-3 y las instituciones de educación superior están observando esta misma realidad.

Las escuelas de medicina no están ajenas a este fenómeno, existiendo numerosa bibliografía internacional sobre consumo de antidepresivos, psicotrópicos y marihuana4-11. El tema es de especial relevancia ya que, a las variables comunes a toda población, se agrega que los estudiantes de medicina están sometidos a altas demandas académicas que se asocian, en algunos casos, a estrés, ansiedad y trastornos del ánimo12 y, por ende, a consumo de psicotrópicos13. A lo anterior se añade que los estudiantes de medicina tienen acceso a psicofármacos, e incluso a drogas del tipo de opiáceos, lo que puede facilitar el abuso y eventual dependencia a estas sustancias14-16.

La actitud de los alumnos hacia las sustancias ha demostrado ser clave en su disposición a probar y eventualmente abusar de éstas y, mientras antes se intervenga será mejor, más aún si esperamos que ellos se conviertan en promotores de conductas de vida saludable durante el ejercicio de la profesión.

A pesar de lo señalado, en nuestra Universidad, a la fecha, no existen estudios sistemáticos que aborden la situación en sus diferentes escuelas. A fin de conocer, en los estudiantes de medicina de la PUC, cuál es la frecuencia de uso y tipo de sustancias utilizadas, se realizó una encuesta de consumo. Los objetivos planteados fueron: cuantificar la frecuencia de consumo de marihuana, cocaína, anfetaminas, benzodiazepinas y antidepresivos en estudiantes de primero a séptimo año de medicina; caracterizar el consumo de estas sustancias según cantidad y periodicidad y caracterizar el consumo según sexo, nivel de la carrera y presencia de riesgo de salud mental.

MATERIAL Y MÉTODO

El presente estudio corresponde a un diseño de prevalencia realizado en la totalidad de los estudiantes de medicina de la PUC en noviembre de 2005. La encuesta aplicada se componía de dos instrumentos: la encuesta de consumo de sustancias usada y validada por CONACE, aplicada regularmente a jóvenes en edad escolar y universitaria de Chile cada 2 años y el Cuestionario de Salud General abreviado de Goldberg (GHQ-12)17, validado en nuestro medio18, usado ampliamente en todo el mundo y que permite pesquisar riesgo de trastornos de salud mental (estrés, ansiedad, trastornos del ánimo). Esta publicación centra su análisis en el módulo de consumo de sustancias con sus variables de marihuana, cocaína, anfetaminas, benzodiazepinas y antidepresivos.

La encuesta fue entregada a cada estudiante para su autoaplicación, solicitando colaboración voluntaria y firma de consentimiento informado y asegurando anonimato y confidencialidad. La aplicación fue supervisada por el equipo investigador. Los datos se procesaron en los programas Epiinfo y SPSS, y se les aplicó las pruebas de significación estadística pertinentes: diferencia de proporciones y chi-cuadrado para estudiar la asociación de los consumos con las variables de interés. Las variables independientes fueron sexo, curso y factor de riesgo en salud mental. Las variables dependientes fueron consumo de marihuana, cocaína, anfetaminas, benzodiazepinas y antidepresivos. Asimismo, se estudiaron las asociaciones mutuas entre consumo de estas sustancias con consumo actual de tabaco y alcohol.

El predictor de riesgo en salud mental fue definido como puntaje igual o superior a 5 en el GHQ-12, denominándose "GHQ-12 positivo".

El consumo de marihuana fue medido en prevalencia de vida (y cantidad de consumo en toda la vida), en prevalencia anual y prevalencia mensual (y cantidad y frecuencia de consumo dentro del mes). El consumo de cocaína fue medido en prevalencia de vida y anual. El consumo de anfetaminas, benzodiazepinas y antidepresivos sin indicación médica fue medido en prevalencia de vida, anual y mensual. Además se midió la prevalencia de vida del consumo de benzodiazepinas con indicación médica.

RESULTADOS

La encuesta fue respondida por 569 de 775 estudiantes (74%). La tasa de respuestas superó 90% en los cursos de Io a 4o, alcanzando un mínimo de 34% en los cursos del internado. La distribución según sexo de los respondentes representa la distribución del universo con 55% de varones y 45% de mujeres. La edad promedio fue de 21,5 años con un rango entre 18 y 30 años.

Treinta y nueve por ciento de los estudiantes tiene un GHQ-12 positivo. Según cursos, el máximo se encuentra en primer año (52%) descendiendo linealmente hasta un mínimo en quinto año (14%), con una pequeña alza en el internado. La asociación fue estadísticamente significativa (p <0,0001) (Figura 1).


Marihuana. El 33% de los estudiantes de medicina ha probado la marihuana alguna vez en su vida (Figura 2), sin asociación con sexo, ni test de salud mental (GHQ-12). Respecto al curso, la prevalencia más baja de vida la tiene primer año con 26,5%, y la más alta séptimo año con 51,4%, manteniéndose los otros cursos alrededor de 32%, con asociación estadísticamente significativa (p <0,01) (Figura 3). La cantidad de veces que estos estudiantes han probado la marihuana se muestra en la Figura 4.






Respecto del consumo en último año y mes, la prevalencia fue de 19,7% y 5,1%, respectivamente, sin diferencias por sexo, curso, ni GHQ-12. Entre aquellos que han consumido marihuana durante el último año, 69% consume, también, tabaco y 95% alcohol, mientras que entre los que no han consumido marihuana durante el último año, las tasas de consumo de tabaco y alcohol alcanzan a 15% y 69%, respectivamente, asociación estadísticamente significativa (p <0,0001) para ambos consumos. La frecuencia y cantidad de consumo entre los estudiantes que han consumido marihuana durante el último mes se desglosa en la Figura 5, destacando 3,1% (una persona) que ha fumado todos los días. La Figura 6 muestra que los estudiantes que han fumado el último mes, la mayoría (57,1%) han fumado un cigarrillo.




Cocaína. Uno coma un por ciento de los estudiantes de medicina de nuestra Universidad (seis personas: cuatro hombres y dos mujeres) han probado la cocaína (Figura 2) y sólo un 0,2% (una persona) la ha probado el último año.

Anfetaminas. Dos coma un por ciento de nuestros estudiantes de medicina (doce personas: ocho hombres y cuatro mujeres) han probado anfetaminas sin indicación médica (Figura 2). Uno coma dos por ciento (siete personas: cinco hombres y dos mujeres) la han probado durante el último año. Cero coma dos por ciento (una persona) la ha probado durante el último mes. Benzodiazepinas. Seis coma nueve por ciento de los estudiantes de medicina ha probado benzodiazepinas sin indicación médica alguna vez en su vida (Figura 2), sin asociación con sexo, ni GHQ-12. Sesenta y tres por ciento consume, además, tabaco y 90% alcohol, mientras que entre aquellos que no han consumido benzodiazepinas los fumadores y bebedores alcanzan a 21% y 72%, respectivamente, con asociación significativa (p <0,0001) para ambos consumos. Por curso, de primero a cuarto año el consumo es menos de 6%, supera al promedio a partir de quinto año y llega a 32,4% en séptimo año, con asociación estadísticamente significativa (p <0,0001) (Figura 3).

Durante el último año 4,7% ha consumido benzodiazepinas sin prescripción médica, cifra que alcanza a 2,3% en el último mes. Tres coma cinco por ciento de todos los estudiantes de medicina ha consumido benzodiazepinas con indicación médica alguna vez en su vida.

Antidepresivos. Cinco coma ocho por ciento de los estudiantes de medicina ha consumido antidepresivos sin indicación médica alguna vez en su vida (Figura 2). El consumo en mujeres es mayor (Figura 2), existiendo asociación estadísticamente significativa (p <0,02). Cuatro coma seis por ciento de los estudiantes ha consumido durante el último año y 2,1% durante el último mes.

DISCUSIÓN

No existen publicaciones nacionales similares que muestren el consumo de sustancias entre estudiantes de medicina. Curiosamente, los autores internacionales consultados también señalan no encontrar estudios similares a los suyos en sus países8. Por ello, para las escuelas de medicina chilenas debería ser un desafío emprender estudios en esta línea que recojan la realidad nacional y contribuyan a implementar acciones preventivas y a evaluar su evolución e impacto.

La prevalencia de vida de 33% de consumo de marihuana en nuestros estudiantes es baja si se compara, por ejemplo, con la de estudiantes de medicina del Reino Unido de 65,5% y 44,3%9,10. También es baja si comparamos la prevalencia de vida específica de primer año (26,5%) con aquella de la población chilena de cuarto año de enseñanza media (35,6%)2. Esta situación, aparentemente favorable, no es argumento para desatender el problema y caer en un conformismo errado ya que aún hay amplio margen para mejorar. La prevalencia anual de consumo de 19,7% es similar a la de estudiantes de medicina del Reino Unido de 24% y 20%9,10. También es similar a la encontrada en población universitaria (16%)3 y población general joven chilena (15,1%)20. Sin embargo, esta prevalencia debe preocuparnos considerando que un estudiante de medicina está en formación para ser un modelo y promotor de hábitos saludables en sus pacientes. Más aún, si comparamos este 19,7% de prevalencia anual con la de estudiantes de medicina de Turquía de <2,5%4,5 resalta el gran margen de superación que nos queda, aunque debemos reconocer que elementos culturales y religiosos pueden aumentar estas diferencias4. En nuestro estudio destaca la igualdad de consumo de marihuana entre hombres y mujeres comparado con estudios chilenos en población general, en jóvenes y en escolares2,3,20-22, y con investigaciones en estudiantes de medicina ingleses9,10, en que los hombres presentan mayor consumo. No quedan claras las causas por las cuales el consumo de marihuana es igual entre mujeres y hombres, aunque esta tendencia ya la habíamos observado en los consumos de alcohol y tabaco. También encontramos asociación entre consumo previo de tabaco o alcohol con el consumo de marihuana, asociaciones que podrían explicar parcialmente la similitud de consumo de marihuana según sexo entre nuestros estudiantes.

Al explorar las razones que dan los jóvenes para consumir marihuana y cualquier otra droga ilícita, independiente del sexo, encontramos en estudios de Reino Unido9,10 que la principal razón dada es placer, seguida muy debajo por presión social, curiosidad, hábito y estrés. No existen elementos que nos hagan suponer que estas razones sean diferentes para los estudiantes de medicina chilenos. De todas las drogas analizadas en nuestro estudio, los consumos de cocaína y anfetaminas son aquellos que presentan las tasas más bajas al compararlo con cualquier grupo poblacional. La prevalencia de vida de consumo de cocaína entre nuestros estudiantes de medicina 1,1%, inferior a 6,4% y 4% de los estudiantes de medicina ingleses9,10 y a 5,8% de escolares de cuarto medio2. La prevalencia anual de consumo de cocaína en nuestro estudio fue 0,2% (una sola persona), inferior a 4,1% de los estudiantes universitarios chilenos3, a 3,6% de la población joven chilena e incluso a 1,6% de la población general chilena . A su vez, la prevalencia de vida de consumo de anfetaminas sin prescripción médica de 2,1% en nuestros estudiantes es baja al compararla con 19,1% y 5% entre estudiantes de medicina ingleses9,10. La prevalencia anual mantiene esta tendencia al comparar 1,2% de nuestro estudio con 3,1% de la población de cuarto año de enseñanza media2. Creemos que entre los estudiantes de medicina pudiera existir una mayor conciencia del daño y del riesgo de adicción hacia estas drogas, que actuaría como elemento disuasivo y que puede explicar su bajo consumo.

La escasez de bibliografía sobre los consumos de benzodiazepinas y antidepresivos entre estudiantes de medicina, estudiantes universitarios o jóvenes dificulta la comparación de nuestros resultados, más aún por la pesquisa focalizada en el consumo sin prescripción médica de nuestro estudio. Está descrito que los estudiantes y profesionales de la salud tienen altos índices de automedicación, tanto para fines médicos como recreacionales11, por lo que tal distinción parece relevante para medir la real magnitud del problema. Un estudio chileno de CONACE21 encontró una prevalencia mensual de consumo sin prescripción médica en la población nacional joven de 3,4%, cifra levemente superior a 2,3% de prevalencia mensual de consumo de benzodiazepinas sin prescripción médica de nuestros estudiantes de medicina. La importante alza que presenta el consumo de benzodiazepinas en los últimos años de la carrera es un fenómeno llamativo. Está descrito que el estrés7 y la percepción de fácil acceso3 se correlacionan positivamente con el consumo de sustancias. Los últimos años de la carrera son académicamente muy exigentes y los internos tienen fácil acceso a medicamentos de uso habitual, factores que creemos importantes para explicar tal fenómeno. Además, la asociación entre consumo previo de tabaco o alcohol con el consumo de benzodiazepinas puede ser una explicación complementaria, dado que en nuestro estudio coincidieron los consumos máximos de alcohol y tabaco en séptimo año.

El consumo de antidepresivos sin prescripción médica en nuestro estudio fue mayor en el sexo femenino, hecho que no podemos comparar dado que no encontramos publicaciones que lo analicen, por lo que esperamos que este estudio sea un punto de inicio para el análisis del tema en nuestra comunidad académica. En nuestro estudio registramos la intensidad de consumo de drogas ilícitas, es decir cuánto consume el estudiante en una situación habitual de uso, dato que no encontramos en estudios nacionales ni extranjeros para comparar. Aun así, podemos expresar nuestra preocupación, por ejemplo, por 7% que en un mes fuma diez o más cigarrillos de marihuana, cifra por cierto muy inquietante.

Es de vital importancia la prevención del consumo de marihuana, cocaína y cualquier otra droga ilícita. Si bien las cifras son comparativamente bajas, eso no nos debe conformar ya que sigue habiendo estudiantes de medicina con frecuencias e intensidades de consumo claramente problemáticas. Está descrito que las cifras de consumo de este tipo de sustancias suelen ser más altas que las registradas, debido a una tendencia esperable a ocultar información en estos temas6. Se debe fortalecer la educación formal en cuanto a riesgos, ya que justamente la percepción de riesgo es uno de los factores protectores más importantes para evitar el consumo de drogas2,3,20,21. En nuestra Universidad existe una política de prevención del uso de drogas ilegales y del abuso de alcohol desde noviembre de 2006 aplicable a todos sus estudiantes, que centra su acción en el contexto preventivo (disponible en www.uc.cl), la cual es motivada también por las altas cifras de consumo que se observan hace años en la educación superior. Esta iniciativa, independiente a nuestro estudio, sin duda significa un avance, quedando aún mucho por mejorar. Estas medidas preventivas deben focalizarse necesariamente en la población joven, ya que son la marihuana y la cocaína las únicas drogas, de todas las vistas en este estudio, las que tienen su máximo consumo justamente en esta edad22.

 

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Recibido el 4 de junio, 2008. Aceptado el 17 de diciembre, 2008.

Este trabajo no recibió financiamiento. Su realización contó con apoyo logístico por parte de la Dirección de Pregrado y el Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Correspondencia a: Dra. María Inés Romero. Marcoleta 434, Santiago, 833-0073, Chile. Fono: 3543038. Fax: 6331840. E mail: mromeros@uc.cl

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