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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.141 no.5 Santiago mayo 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872013000500005 

 

ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN

 

Necesidades educativas de un grupo de personas viviendo con VIH: diagnóstico basado en la perspectiva de los usuarios y de los profesionales que los atienden

Identification of educational needs among patients with HIV and their health care providers

 

Alejandra Araya G.1,a, Paola Carrasco A.1,b, Carla Loayza G.2,c, Ana María Fernández S.3,d, Carlos Pérez C.2, Martín Lasso B.3

1Escuela de Enfermería, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
2Red de Salud UC.

3Unidad de Infectología. Complejo Asistencial Dr. Sótero del Río.

aPhD, Enfermera-matrona.

bEnfermera, Magíster en Ciencias de la Educación.

cEnfermera.

dMatrona.

Correspondencia a:


Background: The success of educational interventions depends on the integration of educational programs into clinical practice. Aim: To determine the educational needs and perceived barriers of people living with HIV (PHIV) and their health care providers (HCP). Material and Methods: Qualitative study conducted in 60 PHIV and 10 HCP. For data collection, a semi-structured in-depth interview was applied, addressing the educational needs (content, methodology, person, time, physical location) and identified barriers to implement an educational program for PHIV Content analysis technique was used for data analysis. Results: PHIV and their HCP identified the same educational needs as the following: general-related content, psychological, sexual and secondary prevention aspects of the disease. Individual sessions with written material and web pages were identified as important resources to support education. Both PHIV and professionals expressed their willingness to participate in educational programs, but the most commonly identified barrier was lack of time. Conclusions: This study identifies the key elements to include in an educational program for Chilean PHIV from the user and professional perspective.

(Rev Med Chile 2013; 141: 582-588).

Key words: Acquired immunodeficiency syndrome; Education.


En Chile, estimaciones oficiales indican que en total existen 50.000 personas viviendo con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)1. El grupo de edad más afectado se encuentra entre los 20 y 49 años de edad, siendo el género masculino el más prevalente2. La mayoría de las personas que viven con VIH/SIDA (PWIH) viven el Santiago y son atendidos por el sistema público de salud3.

En el año 2004, el acceso al tratamiento anti-rretroviral (TARV) alcanzó 100% y en al año 2005 el VIH fue incorporado a las Garantías Explícitas en Salud (GES), garantizando su diagnóstico oportuno, TARV, exámenes de laboratorio y ge-notipificación según la condición del usuario4. El impacto de la TARV se ha visto reflejado en indicadores de salud tales como: disminución de la mortalidad, hospitalizaciones, retraso de la presentación del SIDA, de infecciones oportunistas y de las complicaciones derivadas de la enfermedad57. Estos indicadores son comparables con países desarrollados en los cuales el VIH es considerado una enfermedad crónica.

Como toda enfermedad crónica, en la cual la cura aún es desconocida, es indispensable apoyar a los usuarios con programas educativos destinados a disminuir la carga de la enfermedad, potenciar conductas de salud saludables, y disminuir los costos en salud asociados a la enfermedad8,10. El punto de partida de cualquier programa educativo es la evaluación y priorización de las necesidades educativas en términos del contenido, metodología, lugar, momento y persona más idónea para realizar un programa educativo destinado a PWIH pueden contribuir a diseñar programas educativos más efectivos11,12. El objetivo de este estudio es conocer las necesidades educativas (contenidos, metodología, persona, momento, lugar físico) y las barreras percibidas de las PV-VIH desde la perspectiva de los usuarios y de los profesionales de la salud que los atienden en dos centros de atención de PWIH, con el propósito de planificar programas educativos basados en las necesidades de los usuarios.

Material y Método

Estudio descriptivo con entrevistas en profundidad, realizado en un total de 65 PWIH y 10 profesionales del área de salud pertenecientes a unidades de infectología de la Región Metropolitana. El estudio fue realizado en el Complejo Asis-tencial Dr. Sótero del Río (CASR) perteneciente al sistema público de atención y en el Centro Médico San Joaquín (CMSJ) de la Red de Salud UC.

Los criterios de inclusión para las PWIH fueron: a) ser mayor de 18 años; b) con diagnóstico confirmado de VIH; c) sin discapacidad mental; d) no haber estado hospitalizado el mes anterior, ya que las necesidades educativas pueden estar afectadas; y e) si es mujer, no estar embarazada, dado a que la condición de gestación puede influir en las necesidades educativas.

Los criterios de inclusión para los profesionales de la salud fueron: a) tener contacto directo con usuarios con PWIH, b) tener al menos 22 h de contrato en alguna de las instituciones involucradas en este estudio, c) tener una antigüedad de un año trabajando en contacto directo con PWIH. Esta investigación contó con la aprobación de los Comités de Ética de la Escuela de Enfermería de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del CASR.

La recolección de los datos fue realizada entre los meses de julio y diciembre de 2011. Se invitaron a participar a todos las PWIH que acudieron a control médico en ese período de tiempo y que cumplieron con los criterios de inclusión. Posterior a la firma del consentimiento, se inició la entrevista en profundidad, en una sala privada destinada especialmente para este propósito, las que duraron en promedio 45 min y fueron grabadas completamente, para posteriormente ser transcritas de manera textual. Para el desarrollo de la entrevista en profundidad se usó una guía semi-estructurada con cinco preguntas relacionadas a las necesidades educativas y dos preguntas sobre las barreras para implementarla (Tabla 1).

Tabla 1. Preguntas sobre las necesidades educativas y las barreras percibidas por las PWIH y los profesionales que los atienden para implementar un programa educativo en la práctica clínica

Para el análisis de los datos se utilizó la técnica de análisis de contenido de Krippendorff13. Este proceso consistió en la lectura de las entrevistas por separado, a cargo de tres investigadores. Primero se hizo una lectura de las entrevista sin interpretarlas; luego se realizó una segunda lectura con el objetivo de identificar las temáticas; y finalmente, se realizo una tercera lectura de cada una de las entrevistas para corroborar las temáticas identificadas por cada uno de los investigadores por separado. Luego cada investigador propuso su análisis y se llegó a un consenso de las temáticas encontradas.

Los resultados obtenidos fueron devueltos a 12 usuarios de los centros de atención en donde se desarrolló el estudio para corroborar la veracidad de estos y acoger sus opiniones al respecto. Además se realizó una reunión con expertos para la cual fueron convocados 12 profesionales médicos, matronas, enfermeras-matronas, enfermeras, asistente social, psicólogas con experiencia tanto clínica como temática en el área de la educación en PWIH, con la finalidad de asegurar la credibilidad de los resultados encontrados y recoger sus sugerencias sobre la forma más adecuada de implementar un programa educativo en la práctica clínica de las unidades de infectología del sector público y privado de nuestro país.

Resultados

Para PWIH, la mediana de edad fue 38, con un mínimo de 21 y máximo de 77 años. 56/65 eran hombres y el resto mujeres, 36/65 eran hombres que tienen sexo con hombres, 20/65 heterosexuales y el resto bisexuales. 36/65 reportaban tener estudios universitarios/técnicos, 18/65 enseñanza media completa y el resto enseñanza básica. 49/65 reportaban tener algún tipo de trabajo remunerado, 10/65 eran cesantes, 4/65 jubilados y el resto no respondió. En relación a su enfermedad, 36/65 fueron diagnosticados en etapa de SIDA y el resto en etapa de VIH; 55/65 se encontraban en tratamiento TARV, con una mediana de 36 meses de tratamiento.

En relación a los profesionales, la mediana de edad fue de 38 años, con un mínimo de 31 y máximo de 53 años. 6/10 eran mujeres y el resto hombres. 8/10 referían tener estudios de postgrado y trabajaban jornada completa, mientras el resto tenía formación universitaria de pregrado y trabajaba tiempo parcial en sus respectivos centros de salud.

Las opiniones de las entrevistas en profundidad se examinaron en sus aspectos esenciales y se presentan separadamente para cada aspecto educativo consultado (Tabla 2). Dado que no existieron diferencias entre las opiniones de las PWIH y de los profesionales de la salud que los atendían, los resultados se presentan en conjunto para ambos participantes.

Tabla 2. Temáticas identificadas sobre las necesidades educativas desde la perspectiva de las PWIH y de los profesionales que los atienden (n = 70)

Los contenidos educativos se refieren a todos aquellos relatos en los cuales los usuarios (as) y los profesionales que los atienden han identificado las materias importantes de abordar que un programa educativo destinado a PVVIH. Ellos reconocen cuatro aspectos educativos distintivos: relativos a la enfermedad, aspectos psicológicos, sexualidad y autocuidado. En relación a la enfermedad, destacan relatos relacionados a incorporar contenidos de los aspectos generales de la enfermedad como son el significado de los exámenes de laboratorio que se controlan a lo largo de la enfermedad, como son CD4 y la carga viral, así como también, contenidos educativos relacionados a las complicaciones a largo plazo del VIH en relación a la aparición de infecciones oportunistas y de enfermedades no relacionadas al VIH. A su vez, cuando las PWIH han iniciado TARV necesitan saber en qué consiste la acción de las drogas, así como también sus efectos secundarios a corto y mediano plazo.

Con relación a los aspectos psicológicos, se destacan aquellos contenidos relacionados a los miedos y temores, el manejo de la ansiedad que produce el vivir con esta enfermedad y al apoyo para fortalecer su autoestima. En relación a los contenidos de sexualidad, se destaca importantemente todos aquellos aspectos relacionadas a evitar la transmisión de la enfermedad a personas sero-desconocidas a través de conductas sexuales saludables. Cabe destacar que la temática de una futura fertilidad aparece en mujeres y hombres que teniendo su enfermedad bajo control, se cuestionan la posibilidad de ser padres biológicos. Finalmente, entre los aspectos relacionados con el autocuidado se encuentran el tipo de dieta y ejercicios más apropiados, uso de drogas lícitas como el alcohol e ilícitas como la marihuana.

Tanto los usuarios como los profesionales de la salud identifican que un programa educativo debiera tener una metodología individual y grupal. La educación individual planificada es identificada como una forma de entregar contenidos más sensibles como, por ejemplo, conductas sexuales de riesgo, en los cuales las PVVIH necesitan un espacio de confianza para discutir su experiencia; no así la forma grupal, la cual la ven como un complemento de la forma individual, en la cual identifican contenidos de dominio público, tales como los aspectos generales de la enfermedad. Cabe destacar que la posibilidad de intercambiar experiencia con otras PWIH se transforma en una de las principales fortalezas de la metodología grupal. Dentro de los medios audiovisuales se destacan material escrito como folletos y el desarrollo de páginas web en la cual se encuentre la misma información que reciba de manera individual o grupal como forma de respaldo de los contenidos.

Los profesionales de la salud que los atienden son identificados como las personas más idóneas para entregar la educación, entre los cuales se destacan: el médico especialista en infectología, la matrona, la enfermera y la psicóloga. A su vez, las PWIH identifican a otros pares, es decir, PWIH que pueden incorporarse para reforzar los contenidos educativos entregados por los profesionales desde la perspectiva de la experiencia de otra PWIH.

En relación al momento durante la enfermedad más adecuado para otorgar una educación, son claros en identificar que el momento del diagnóstico de la enfermedad es uno de los momentos más importantes de apoyar con contenidos educativos claros y precisos. Es uno de los períodos más frágiles, en los cuales los usuarios se ven enfrentados a sus miedos, que los hacen muchas veces alejarse de los controles de salud. Otros momentos identificados se relacionan a hitos durante toda la enfermedad como, por ejemplo, cuando se inicia la TARV. La segunda de ellas, se relaciona directamente con las necesidades emergentes de los usuarios, por ejemplo, en aquellos que quieren ser padres/madres.

El lugar físico más idóneo para entregar los contenidos educativos, es el centro médico donde reciben su atención de salud. En este sentido, ellos identifican una sala acogedora como el requerimiento necesario para poder desarrollar un programa educativo.

Con respecto a las barreras para implementar un programa educativo en el centro de salud, tanto los profesionales como las PWIH identifican la falta de tiempo como la gran barrera (Tabla 3). Por su lado los profesionales refieren no tener tiempo para desarrollar un programa educativo en el tiempo que tienen asignado para ver a los usuarios y, los usuarios, por su parte identifican que el acudir al centro en un momento distinto al de su atención de salud puede dificultar su adherencia a un programa educativo. A su vez, las PWIH identifican la estigmatización del grupo de educación, por parte de personas ajenas al programa de infectología, como una barrera para acceder a un programa educativo.

Tabla 3. Dimensiones y significados identificados sobre las barreras percibidas para participar de un programa educativo

Discusión

A pesar de que existen publicaciones con estudios de evaluación de las necesidades educativas de PWIH, ninguno de éstos ha incorporado usuarios Latinoamericanos y, en lo particular, esta área temática no ha sido objeto de publicación en Chile.

A nivel mundial el foco de los programas educativos históricamente ha estado centrado en educar personas que se presumen son VIH negativas, específicamente, en aumentar la comprensión de cómo ayudar a las personas a protegerse de contraer la infección por VIH14,15 y focalizados en la prevención primaria del VIH en poblaciones de alto riesgo, tales como usuarios de drogas endovenosas, hombres que tienen sexo con hombres, trabajadoras sexuales y en la prevención de la transmisión vertical16.

Sólo en los últimos años ha habido un desarrollo cada vez mayor de programas educativos orientados a PWIH17. Estos programas educativos han estado centrados en disminuir conductas de riesgo sexual y de transmisión venosa18,20, así como también en mejorar la salud mental e inmuno lógica de las personas infectadas con VIH21,27. Las intervenciones educativas destinadas a PWIH han tenido efectos contradictorios28,31, sugiriendo que el éxito de los programas educativos está centrado en una visión más comprensiva del autocuidado como, por ejemplo, en la evaluación de las necesidades educativas y de los obstáculos que enfrentan los usuarios para adherir a los programas educativos32.

Los resultados de este estudio identifican que las PWIH tienen un gran interés de recibir educación desde que reciben el diagnóstico de VIH, lo que concuerda con lo reportando por otros investigadores12,19,33. Los usuarios manifiestan interés en aprender temas tales como alimentación saludable, manejo del estrés, conocimientos sobre la enfermedad y exámenes de laboratorio (carga viral y las células T), comunicación con otras personas sobre el VIH, cómo hacer frente a la incertidumbre de vivir con VIH, manejo de síntomas asociados a la enfermedad12,33. Las PWIH confían en recibir educación de los profesionales de la salud que los atienden34,35 en los centros de salud en los cuales reciben tratamiento.

Con respecto a las barreras identificadas, el tiempo es la barrera más destacada desde la perspectiva de las PWIH y de los profesionales. Este es un hallazgo que no concuerda con otras investigaciones, las que identifican la dificultad de acceso a la información como la barrera más común para recibir educación36. La segunda barrera identificada por las PWIH es la estigmatización de las personas que asisten a un programa educativo. Este punto es particularmente cierto para PWIH en los cuales el estigma asociado a la enfermedad puede ser un obstáculo para participar de programas educativos10,11,33.

Si bien este estudio tiene las condiciones propias que no permite generalizar sus conclusiones, es el primer estudio chileno que aborda las necesidades educativas desde la perspectiva de las PWIH y de los profesionales de la salud que los atienden que muestra la realidad de un centro público y privado de atención.

Beneficios para la salud pública de contar con programas educativos centrado en las necesidades educativas de las PWIH es la potencialidad de mejorar indicadores de salud, disminución de costos asistenciales, así como también la disminución de personas contagiadas con VIH a través de personas que conocen su serología positiva8,27. Integrar entonces un programa educativo se vuelve un desafío y también una necesidad.

El éxito de las intervenciones educativas en las personas que están viviendo con VIH, dependerá de la integración de los programas educativos en la práctica clínica37-39. A pesar de que en la Guía Clínica de VIH/SIDA 2010 se establece la importancia de la atención integral, actualmente el Programa Garantías Explícitas en Salud de VIH/ SIDA no garantiza la educación a los usuarios como una prestación básica de la canasta. Así como sucede en para otras enfermedades crónicas, es necesario incorporar la prestación de educación a los usuarios a la canasta. De esta forma se inyectarían recursos económicos que ayudarían a aliviar la falta de tiempo que actualmente los profesionales identifican como la barrera para la implementación de programas educativos dentro de su práctica clínica.

 

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Recibido el 18 de Julio de 2012, aceptado el 17 de diciembre de 2012.

*Proyecto financiado por la Dirección de Investigación Escuela de Enfermería Pontificia Universidad Católica de Chile, Concurso Interdisciplinario 2010 CIIEM#201001. La organización que proporcionó el financiamiento no tuvo influencia en el diseño del estudio; en la recolección, análisis o interpretación de los datos; en la preparación, revisión o aprobación del manuscrito.

Correspondencia:

Alejandra Araya
Vicuña Mackenna 4860, Macul, Santiago, Chile.

Teléfono: (56)2 354-5834.

E-mail: aarayagu@uc.cl

 

Conflicto de intereses:

Alejandra Araya

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