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Revista médica de Chile

versão impressa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.143 no.9 Santiago set. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872015000900003 

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN

 

Incidencia de la injuria renal aguda en unidad de paciente crítico y su mortalidad a 30 días y un año

Incidence and consequences of acute kidney injury among patients admitted to critical care units

 

Andrés Boltansky1, Cristóbal Bassaa, Sophia Melania, Andrés Sepúlvedaa, Isabel Maldonadoa, Javiera Postigoa, Esperanza Sottaa, Paloma Vidueiraa, Catalina Cavagnaroa, Gabriel Cavada2, Cecilia Benavente1, Guillermo Villamizar1, Antonio Vukusich1, Carlos E. Irarrázabal2

1 Departamento de Nefrología, Clínica Dávila, Santiago de Chile.
2 Facultad de Medicina, Universidad de los Andes, Santiago de Chile.
a Alumnos de Medicina, Facultad de Medicina, Universidad de los Andes, Santiago de Chile.

Correspondencia a:


Background: Acute Kidney Injury (AKI) increases morbidity, mortality and hospital stay in critical patients units (CPU). Aim: To determine the incidence and mortality of AKI in CPU. Material and Methods: Review of electronic medical records of 1,769 patients aged 61 ± 20 years (47% males) discharged from a CPU during one year. Acute Kidney Injury diagnosis and severity was established using the Acute Kidney Injury Network (AKIN) criteria. Results: A history of hypertension and Diabetes Mellitus was present in 44 and 22% of patients, respectively. APACHE II and SOFA scores were 14.6 ± 6.8 and 3.6 ± 2.1 respectively. AKI incidence was 28.9% (stage I, 16.7%, stage II, 5.3% and stage III, 6.9%). Mortality during the first 30 days and during the first year was 8.1 and 20.0% respectively. Patients with stage III AKI had the highest mortality (23.8 and 40.2% at 30 days and one year respectively). Compared with patients without AKI, the Odds ratio for mortality at 30 days and one year of patients with AKI stage III was 3.7 and 2.5, respectively. Conclusions: Thirty percent of patients admitted to UPC develop an AKI, which influences 30 days and one year mortality.

Key words: Acute Kidney Injury; Hospitalization; Incidence; Mortality; Prognosis.


 

La injuria renal aguda (IRA) se caracteriza por una rápida disminución de la velocidad de filtración glomerular (VFG), desórdenes en la homeostasis ácido-base y electrolítica e incapacidad de excretar productos nitrogenados por el riñón. El desarrollo de IRA está asociado a un gran número de complicaciones médicas. La incidencia intrahospitalaria reportada en publicaciones varía entre 5-7%, alcanzando cifras más altas en unidades de mayor complejidad, aumentando la morbimortalidad, estadía hospitalaria y costo económico1,7,9,12.

El diagnóstico de IRA se basa en la determinación de la creatinina sérica (CrS) y la diuresis. Con dichos parámetros se establecieron los criterios RIFLE (Risk, Injury, Failure, Loss, End-Stage Kidney Disease), AKIN (Acute Kidney Injury Network) y KDIGO (Kidney Disease Improving Global Outcomes), que han permitido una homogenización en el diagnóstico de esta enfermedad. Publicaciones posteriores han validado el uso exclusivo de CrS para el diagnóstico de IRA2-6,20.

La mayor incidencia de IRA se presenta en Unidades de Paciente Crítico (UPC). Estudios realizados en estas unidades han reportado incidencias que varían entre 27 y 67%, estableciendo una clara asociación entre IRA y mortalidad precoz, que aumenta con la mayor severidad de IRA7-12. La información disponible en cuanto a sobrevida a largo plazo (sobre 90 días) posterior a un episodio de IRA es escasa, registrándose, una mayor mortalidad en los casos más severos13-15.

En Chile, un estudio en 10 centros de Salud de la Región Metropolitana, describió una incidencia de IRA grave (requerimiento de diálisis) en 1,03 casos por cada 1.000 egresados, con una mortalidad de 45%16.

El objetivo del presente estudio fue conocer la incidencia de IRA en población adulta y su mortalidad asociada a 30 días y un año, en una cohorte de pacientes egresados de la UPC.

Pacientes y Método

Se realizó el análisis retrospectivo de una cohorte histórica de pacientes mayores de 15 años admitidos a la UPC en un centro terciario de salud en Santiago de Chile durante un año. Este estudio fue aprobado por el Comité Ético Científico del centro de salud.

Se clasificó el estadío de IRA utilizando los criterios establecidos por la AKIN (Tabla 1)3. Estos consisten en comparar la CrS intrahospitalaria más alta (observada en un período de 48 h a 8 días) con la CrS basal. La estimación de la CrS basal del paciente se obtuvo de datos históricos previos a la hospitalización con un intervalo máximo de 12 meses. En ausencia de esta información se calculó la CrS basal mediante fórmula Modification of Diet in Renal Disease (MDRD) reversa, con un clearance estimado de 75 ml/min17-18. Se consideró "No AKI" (sin IRA), en la ausencia de criterios para clasificar en las etapas AKI-I, AKI-II o AKI-III.

 

Tabla 1. Estadios de injuria renal aguda (IRA) según
clasificación de Acute Kidney Injury Network (AKIN)

Se incluyeron datos demográficos de pacientes egresados de manera consecutiva de la UPC, desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 2010, extraídos desde registro clínico electrónico. Se incluyeron datos de edad y sexo, niveles de CrS (medición intrahospitalaria y basal), comorbilidades (diabetes mellitus e hipertensión arterial), puntaje de gravedad APACHE II y SOFA, y mortalidad (30 días y un año de ingreso a la UPC). Los criterios de inclusión y exclusión se describen en la Tabla 2.

 

Tabla 2. Criterios de inclusión y exclusión de
pacientes admitidos a UPC

 

Análisis estadístico

Las variables continuas fueron descritas mediante promedio y desviación estándar y comparadas entre IRA y no IRA mediante el test t-Student. Las variables nominales fueron descritas mediante frecuencias y porcentajes y comparadas mediante el test de independencia χ2. Los factores pronósticos de sobrevida a 30 días y a 12 meses fueron evaluados a través del modelo de riesgos proporcionales de Cox, cuyas asociaciones se expresan en tasa de riesgo. Los factores pronósticos de IRA fueron evaluados mediante el modelo de regresión logística binaria para ausencia o presencia de IRA y el modelo de regresión logística ordinal para los estadíos de IRA. Los intervalos de confianza son de nivel 95% y el nivel de significación fue de 5%. Los datos fueron procesados en STATA versión 12.0.

Resultados

Durante el año de seguimiento egresaron de la UPC 2.663 pacientes. Se excluyeron 894 pacientes del estudio: 686 por estadía menor a 48 h, 122 por menos de 2 mediciones de CrS y 86 por registros clínicos incompletos. La edad promedio de los 1.769 que cumplieron con los criterios de inclusión fue de 61,3 ± 19,7 (rango15-99) años, 46,6% sexo masculino. La prevalencia de hipertensión arterial (HTA) fue 43,9% y la de diabetes mellitus (DM) fue 22,2%. El puntaje de gravedad medido al ingreso por APACHE II y SOFA fue de 14,6 (±4,8) y 3,6 (± 2,1) respectivamente.

La incidencia global de IRA fue de 28,9% (511/1769). La edad promedio fue significativamente mayor en los pacientes con IRA que no IRA (67,9 ±16,5 versus 57,7 ± 19,8 años; p < 0,05). No se observaron diferencias de género entre los grupos estudiados (p = 0,62). En pacientes con HTA, la incidencia de IRA fue significativamente mayor que los pacientes sin el antecedente (60,6% versus 35,5%; p < 0,05). La incidencia de IRA fue mayor en los pacientes con DM (27,9% versus 18,8%; p < 0,05). La mortalidad a 30 días de los pacientes con IRA fue significativamente mayor que los sin IRA (13,3% versus 6,0%; p < 0,05). A un año de egreso de la UPC, la mortalidad fue de 16,5% en pacientes sin IRA y aumentó en los pacientes con IRA a 28,8% (p < 0,05) (Tabla 3).

 

Tabla 3. Incidencia y mortalidad de IRA en pacientes egresados de UPC,
de acuerdo a género,
edad y factores de riesgo

La distribución de la incidencia de IRA, estratificada por estadío de gravedad, mostró un mayor número de pacientes con IRA leve en comparación con estadíos más severos (AKI-I: 16,1%; AKI-II: 5,3% y AKI-III: 6,9%). Sin embargo, la mortalidad a 30 días aumentó proporcionalmente con la gravedad del episodio (No AKI: 6,04%; AKI-I: 9,5%; AKI-II: 11,8% y AKI-III: 23,8%), observándose en AKI-III un riesgo de mortalidad de 3,72 (95% IC 2,24-6,19) en comparación a pacientes sin IRA. Adicionalmente, se encontró una relación directamente proporcional entre mortalidad a un año y gravedad de IRA (No AKI: 16,5%; AKI-I:23,0%; AKI-II: 32,3% y AKI-III: 40,2%), observándose un riesgo de mortalidad de 2,54 (95% IC: 1,68-3,87) veces mayor de morir en AKI-III durante los primeros 12 meses de ocurrido el evento de daño renal (Tabla 4). En el análisis multivariado de riesgo de mortalidad asociado con IRA, HTA y DM, mostró que sólo la IRA constituye un factor de riesgo de mortalidad a 30 días y un año en la población estudiada (Tabla 5).

 

Tabla 4. Incidencia y mortalidad en los distintos estadios IRA
de pacientes egresados de UPC

 

Tabla 5. Análisis multivariado (IRA, HTA y DM) de riesgo de
muerte a 30 días y un año de pacientes egresados de UPC

Discusión

Este es el primer estudio realizado en nuestro país de una cohorte de pacientes mayores de 15 años en la UPC utilizando los criterios desarrollados por la AKIN, para establecer la incidencia de IRA y la mortalidad asociada. La presencia de esta condición, aún con deterioros leves a moderados de la función renal, se ha correlacionado con peor pronóstico de pacientes ingresados a UPC9. Esto motivó a las sociedades nefrológicas internacionales proponer criterios mejorados en la clasificación de IRA desde estadíos más tempranos, como son las iniciativas RIFLE, AKIN o KDIGO2-6,20. La utilización generalizada de estos ha permitido homogeneizar publicaciones y comparar el comportamiento de la enfermedad a nivel mundial.

Distintos estudios de la epidemiología de IRA muestran que existe una gran dispersión en la incidencia (26,7- 67%), atribuible a las realidades propias de cada una de las UPC9,10,19. En nuestro país, la información publicada respecto a IRA consiste en estudios realizados en pacientes que requirieron diálisis aguda en UTI y una serie de reportes de casos clínicos16,21-25. En nuestro estudio, la incidencia de IRA observada en la UPC fue de 28,9%, cifra que da cuenta de la importancia de esta patología y que permite comparar nuestra realidad con lo publicado a nivel internacional9-12. La edad y las comorbilidades HTA y DM se asociaron a una mayor incidencia de IRA (Tabla 3). Dado el aumento de la expectativa de vida y prevalencia de estas patologías a nivel nacional y mundial26-31, la incidencia de IRA en estas unidades criticas podría aumentar en los próximos años de manera paralela.

Nuestro estudio mostró que la distribución de los estadíos de IRA fue heterogénea, siendo el estadío I el más frecuente, representando aproximadamente dos tercios del total, seguida de estadío III y II (Tabla 4). La menor incidencia de AKI-II, podría reflejar una evolución rápida de la IRA una vez que se establece, progresando de forma acelerada desde el estadío II al estadío III de IRA.

Al analizar la mortalidad a corto plazo, podemos observar que esta fue significativamente mayor en los pacientes con IRA (13,3%) que en los pacientes sin IRA (6,0%; Tabla 3). Además, podemos observar que el riesgo de fallecer aumentó directamente proporcional a la severidad de IRA (Tabla 4), dando cuenta de la gran repercusión que tiene el daño renal en la sobrevida de un paciente crítico. Esta asociación entre un episodio de IRA y el aumento de mortalidad ha sido analizada extensamente dentro de la literatura internacional y los resultados de nuestro estudio se encuentran en concordancia con estudios previos que también utilizaron criterios AKIN o RIFLE en el diagnóstico de IRA4,7,32-34.

La mortalidad a un año mostró un significativo aumento del riesgo de morir en el grupo con IRA respecto a los sin IRA (Tabla 4). Las publicaciones que hacen referencias a la relación episodio IRA y mortalidad al año son escasas. Un estudio en Dinamarca, describió la mortalidad de los pacientes que egresaron de UCI sin IRA a un año del evento fue de 10%, en comparación con 23% de los pacientes con IRA13. Este aumento de la mortalidad a un año también ha sido reportado en otros trabajos, con subpoblaciones de pacientes más específicas, como quirúrgicos o sépticos14,15,34,35. Nuestro estudio mostró que la incidencia de mortalidad a un año, en pacientes que no desarrollaron IRA fue de 16,5% y en los con IRA fue 28,8%. Este riesgo de mortalidad aumentó con la gravedad de IRA, alcanzando 2,54 veces más riesgo de mortalidad a un año del evento en IRA grave (AKI-III). Estos datos sugieren que la clasificación AKIN permite identificar un grupo de pacientes sobrevivientes a UCI con riesgo de muerte mayor posterior al alta. Esto se podría explicar por la mayor probabilidad de aparición de IRA en grupos más vulnerables y con comorbilidades que ingresan a la UPC, representando una menor reserva funcional renal. Intervenciones dirigidas a este grupo de pacientes, podría constituir una fuente de investigación para nuevas estrategias terapéuticas.

Dentro de las fortalezas de este estudio podemos considerar especialmente un adecuado número de pacientes reclutados, el uso de registro electrónico en la recolección de los datos clínicos y el seguimiento realizado en relación a la mortalidad a un año del evento. En cuanto a las debilidades, estas son inherentes a las limitaciones que tiene el uso de la MDRD retrógrada para la estimación de la CrS basal en aquellos pacientes donde no se disponía de un registro de 12 meses antes, y de la falta de información de la diuresis para el diagnóstico de IRA. A pesar de esto, la utilización exclusiva de CrS, sin la información de diuresis, el uso de la CrS basal estimada, como criterio diagnóstico de IRA ha sido validada y utilizada en estudios internacionales realizados previamente18,31,37-40.

El diagnóstico oportuno y temprano de esta enfermedad, podría llevar en un futuro implementar protocolos que frenen el avance de daño renal y el compromiso vital del paciente41. Las distintas clasificaciones de IRA requieren al menos de 48 h de observación y esto podría relacionarse con la pérdida de una oportunidad de ventana terapéutica. La utilización de biomarcadores asociados a IRA, como son la Lipocalina Asociada a Gelatinasa de Neutrófilos (NGAL), cistatina C, IL-18 y KIM-1, para diagnóstico precoz, podría ayudar a mejorar el pronóstico que no ha cambiado en los últimos años. Hasta el día de hoy no se ha logrado que los biomarcadores constituyan una herramienta útil en la práctica clínica42-46, estableciéndose así un desafío a futuras investigaciones.

En conclusión, la incidencia de IRA encontrada en pacientes hospitalizados en UPC utilizando los criterios de AKIN fue de 28,9%. Su presencia se relacionó con mayor mortalidad a 30 días y un año.

Agradecimiento: Esta investigación contó con el apoyo del Proyecto FONDECYT-1100885.

 

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Recibido el 10 de diciembre de 2014, aceptado el 30 de junio de 2015.

Correspondencia a: Andrés Boltansky Brenner
Teléfono: 56-2-27308001
aboltansky@davila.cl

 

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