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Revista médica de Chile

Print version ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.145 no.5 Santiago May 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872017000500014 

CASO CLÍNICO

 

Granulomas pulmonares y en médula ósea: más allá de la tuberculosis. A propósito de un caso

Differential diagnosis of bone marrow and lung granulomas. Report of one case

 

Camila Peña1, Andrés Soto2, Pablo Villegas3

1 Sección Hematología, Hospital del Salvador. Santiago, Chile.
2 Sección Infectología, Hospital del Salvador. Santiago, Chile.
3 Servicio de Anatomía Patológica, Hospital del Salvador. Santiago, Chile.

Correspondencia a:


The differential diagnosis of pulmonary tuberculosis and lymphoma with pulmonary infiltration is very difficult, given their similar clinical characteristics. We report a 59 year old female with weight loss, fever, dyspnea and cough of several months of duration. She had a cavitated mass in lung imaging. A positive conventional PCR lead to the diagnosis of tuberculosis, but she had negative smears and cultures for Mycobacterium tuberculosis. The patient did not respond to treatment and her clinical condition worsened. A peripheral lymph node biopsy confirmed the presence of a diffuse large B cell non-Hodgkin lymphoma. Bone marrow pathology showed non caseating granulomas, again with negative microbiological tests for M. tuberculosis. Findings in the bone marrow were interpreted as a secondary sarcoid reaction to cancer and PCR results as a false positive. The lymphoma was treated, achieving complete remission. This case highlights the importance of the differential diagnosis between these two entities.

Key words: Diagnosis, Differential; Granuloma; Non-Hodgkin Lymphoma; Polymerase Chain Reaction; Tuberculosis, Pulmonary.


 

Tanto la tuberculosis pulmonar (TBCP) como el linfoma con infiltración pulmonar pueden presentarse con clínica de evolución crónica, incluyendo síntomas consuntivos como fiebre, baja de peso o diaforesis nocturna. También hallazgos al examen físico como adenopatías, y la presencia de lesiones tipo nódulos o masas, con o sin cavitaciones en las imágenes pulmonares. Incluso en la histología puede encontrarse granulomas en ganglios y en la médula ósea (MO) en ambas patologías. Esto hace que su diagnóstico diferencial sea, en algunas ocasiones, en extremo complejo.

Presentamos el caso de una paciente cuya presentación clínica, radiológica y de laboratorio hizo pensar inicialmente en una TBCP, pero en la que el estudio posterior confirmó un linfoma no Hodg­kin difuso de células grandes B (LNH DCGB).

Caso clínico

Paciente de sexo femenino, de 59 años, hipertensa. Antecedente de TBCP en la adolescencia, tratada. Historia de 8 meses de fiebre hasta 39 ºC y tos productiva. Fue manejado con distintos esquemas antimicrobianos, sin respuesta. Se hospitalizó inicialmente en otro centro, donde se realizó una tomografía computada (TC) de tórax que mostró opacidades masiformes en lóbulo inferior izquierdo y múltiples nódulos pulmonares bilaterales cavitadas (Figura 1). El examen para VIH fue negativo. Las baciloscopías (BK) y los cultivos de Koch de expectoración resultaron negativos. Se realizó un lavado bronquioalveolar (LBA) y biopsia, cuyo estudio histológico transbronquial reveló un proceso inflamatorio crónico granulomatoso, sin células neoplásicas, con tinción de Ziehl-Nielsen negativa. Cultivo corriente aerobio, de hongos, BK y cultivo de Koch resultaron negativos. Se realizó además una reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para M. tuberculosis, con el kit comercial AMPLICOR® (Roche Diagnostics System, USA), cuyo resultado fue positivo, por lo que el cuadro fue interpretado como una probable recidiva de TBCP y se manejó con isoniazida, rifampicina y pirazinamida según norma ministerial vigente, siendo dada de alta. A pesar de esto, la paciente persistió con marcado compromiso del estado general, se mantuvo febril y con progresiva baja de peso de 20 kg en los siguientes 3 meses.

Figura 1. TC de tórax que muestra la lesión pulmonar cavitada inicial.

 

Dada esta mala evolución, la paciente fue hospitalizada en el Hospital del Salvador, para estudio. Se realizó nueva FBC con biopsia transbronquial, la cual mostró infiltración difusa de células grandes de aspecto linfoide. Sin embargo, la inmunohistoquímica (IHQ) no logró confirmar un linfoma. El estudio microbiológico bacteriano, fúngico y micobacteriano fue nuevamente negativo. La paciente continuó febril y con progresión de las masas pulmonares evidenciado en una nueva TC de tórax. Se realizó una nueva biopsia, esta vez quirúrgica por videotoracoscopía. La muestra histológica y la IHQ mostraron un pulmón con infiltrado de tipo linfoide reactivo. Evolucionó en 1 mes con aparición de adenopatías cervicales e inguinales de 2 cm, no adheridas a planos profundos, no fistulizadas ni dolorosas. Se efectuó biopsia de una adenopatía inguinal, que finalmente confirmó un LNH DCGB anaplástico mediante IHQ (positivo para CD20, BCL-2, CD30). Se suspendió el tratamiento antituberculoso, ya estando en la segunda semana de la fase bisemanal.

La TC de tórax, abdomen y pelvis de etapificación evidenció múltiples adenopatías mediastínicas, axilares, retroperitoneales, infracavo-aórticas y en cadenas iliacas, la mayor de 3 cm, además de múltiples nódulos pulmonares (4 cm) y hepatoesplenomegalia moderada. La biopsia de MO mostró alta celularidad, con granulomas de células gigantes multinucleadas no necrosadas (Figura 2). No se encontró proceso neoplásico linfoide ni a la microscopía ni con inmunohistoquímica y la tinción de Ziehl-Nielsen resultó negativa. Nuevamente se planteó dudas sobre el rol de una infección tuberculosa diseminada como diagnóstico concomitante. Se realizó BK, cultivo de Koch y PCRAMPLICOR®M. tuberculosis en MO, que resultaron negativos. El caso fue evaluado por un equipo multidisciplinario, y se plantea en conjunto el diagnóstico definitivo de linfoma, con compromiso pulmonar y reacción sarcoide en MO. Se planteó que la PCR positiva para M. tuberculosis de LBA corresponde a cepa no viable, en contexto de infección antigua. Se inició quimioterapia con rituximab, ciclofosfamida, vincristina, doxorrubicina y prednisona (R-CHOP) con muy buena respuesta. Se administraron 6 ciclos, logrando remisión completa (RC) de la enfermedad. Actualmente, la paciente se encuentra en control, manteniéndose en RC desde hace 5 años.

 

Figura 2. Granuloma en corte de biopsia de médula ósea de la paciente
(Tinción Hematoxilina-eosina).

 

Discusión

La TBC y el linfoma tienen varias características clínicas en común, como baja de peso, fiebre, diaforesis nocturna y poliadenopatías1.

Dentro de las lesiones pulmonares cavitadas, las etiologías más frecuentes son abscesos piógenos, tumores cavitados y las infecciones por micobacterias y hongos2. La TBCP es uno de los primeros diagnósticos a considerar, pero es importante tener en cuenta que un tumor sólido o un linfoma agresivo de rápido crecimiento puede cavitarse, necrosándose su centro por falta de vascularización.

Un hecho clave, fue el haber diagnosticado la TBCP sólo a través de la PCRAMPLICOR® M. tuberculosis, sin tomar en cuenta que las múltiples BK y cultivos de Koch (expectoración y LBA) fueron negativas, resultados inhabituales en pacientes con cavitaciones pulmonares por TBCP, por lo general bacilíferos. La sola positividad de una PCR no es suficiente para el diagnóstico de TBC3, más aun considerando el antecedente obtenido retrospectivamente de una TBCP en la infancia. Existen varios estudios que demuestran que este kit comercial tiene una sensibilidad sobre el 80% y especificidad que superan el 90-95% en muestras respiratorias4,5, pero como cualquier método de biología molecular no diferencia agentes vivos de aquellos muertos no viables. Por otro lado, hay algunos reportes que han mencionado que algunos kit comerciales actualmente menos usados, como éste, no eran capaces de diferenciar M. tuberculosis de otras micobacterias pertenecientes al complejo M. tuberculosis, como M. bovis6. Cabe destacar que el gold standard para el diagnóstico de la TBC sigue siendo el cultivo de Koch, por su alta sensibilidad4-6. Todos los cultivos realizados en la paciente resultaron negativos. Al momento de la presentación del caso, no había disponibilidad en nuestro medio de PCR MTB/RIF para M. tuberculosis(GeneXpert®), técnica que ha logrado mejorar la sensibilidad y la especificidad diagnóstica de esta micobacteria, tanto en muestras respiratorias como extrapulmonares, destacando además su rapidez y la capacidad de detectar el gen rpoB, que codifica la resistencia a rifampicina7,8. Por estas ventajas comparativas, este es el examen recomendado en la actualidad por la OMS para el diagnóstico de la TBC.

Por otro lado, una vez se creyó certificado el diagnóstico de LNH, la biopsia de MO informó granulomas, por lo que nuevamente se planteó una TBC. La identificación de granulomas epitelioides no caseificantes semejantes a los de la sarcoidosis, es conocida como reacción sarcoide (RS). Se desconoce su causa. Se ha postulado como mecanismo patogénico la presencia de antígenos derivados de un tumor necrosado que pudieran causar reacciones de hipersensibilidad mediada por células T helper, es decir, probablemente se deben a factores antigénicos de las células tumorales que generan una respuesta inmune de hipersensibilidad de tipo IV. Otra teoría es que factores quimiotácticos derivados de un tumor estimulan la migración de monocitos y los activan para formar histiocitos epitelioides o células gigantes8. Por lo tanto, se cree que esta reacción es una manifestación defensiva del organismo para prevenir la diseminación del tumor. Esto podría ser un marcador de respuesta antitumoral mediada inmunológicamente y la demostración de una mejor evolución y pronóstico9-11.

Las localizaciones más frecuentes de la RS, además de ganglios linfáticos, incluyen piel, huesos, hígado, bazo y pulmón. Esto podría explicar que la primera muestra histológica tomada del LBA mostró lesiones granulomatosas y no linfoma. Varios tipos de tumores pueden inducir este patrón morfológico. Brincker la describió en 4,4% de pacientes con carcinoma, 13,8% en linfoma de Hodgkin (LH), y entre 3,6% y 7,3% en LNH12.

Los granulomas (o RS) en MO son infrecuentes. Un estudio reciente revisó 5.217 biopsias de MO desde el 2001 al 2007, y se encontró sólo 20 con granulomas (0,38%). Trece (65%) fueron diagnosticados como TBC. Cuatro tuvieron como diagnóstico tumores hematológicos y 2 hepatitis viral13. Esta baja incidencia se confirma en otros estudios, que muestran granulomas en MO en 0,3 a 2,2%13-19. Se ha implicado varias enfermedades asociadas, y las neoplasias dan cuenta de aproximadamente el 20-25% de los casos. El más común es el LH seguido de algunos carcinomas. Los LNH (como nuestro caso) son menos frecuentes, con el 2,7% de los casos18. Los tipos de LNH más comúnmente asociados a granulomas de MO son linfoma folicular, linfoma linfocítico de células pequeñas, linfomas de células grandes B y algunos de células T19.

Las infecciones son otra causa importante. La TBC cuando es diseminada, puede manifestarse con granulomas en MO entre 6-48% de los casos, aún más en pacientes inmunocomprometidos20-21. Al contrario de lo esperable en estos casos, se observan granulomas caseificantes en sólo 29% de los casos21. Otras causas descritas son la brucelosis, fiebre tifoidea, leishmaniasis, infección por citomegalovirus, virus Epstein Barr, e infecciones fúngicas diseminadas22.

Finalmente, se debe considerar que siempre existirá la posibilidad de presentar las dos enfermedades concomitantemente23, más aún en pacientes inmunocomprometidos como trasplantados o pacientes con VIH, lo que hace más complejo su diagnóstico.

Conclusión

Este caso refleja lo difícil que es a veces diferenciar entidades que parecerían de fácil diagnóstico, como es la TBCP y el linfoma. Es importante tener presente la similitud de ambas presentaciones clínicas y, por lo tanto, que se debe hacer un estudio acabado para llegar al diagnóstico.

 

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Recibido el 26 de abril de 2016, aceptado el 22 de marzo de 2017.

Correspondencia a: Dra. Camila Peña O.
camipena@gmail.com

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