SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.41 número3-4Marcos Gregorio McGrath, C.S.C.: In memoriamLa patrología en los 40 años de Teología y Vida índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida v.41 n.3-4 Santiago  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492000000300003 

ESTUDIOS

Rebeca Guzmán R.
Docente de la Facultad de Teología
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

Aproximación a la investigación bíblico-teológica del
Nuevo Testamento en los cuarenta años de Teología y Vida

Lectura realizada desde la perspectiva del Concilio Vaticano II

 

"La teología no es santidad ni la santidad es teolo-
gía. Pero la santidad exige teología y la teología lleva
a la santidad. Más aún: la santificación de nuestro
momento histórico proclama una especial y urgente
necesidad de teología".

 

 

 

(E. Viganó, T. y V. I (1996) 19)

1. INTRODUCCION

El cumplimiento de cuarenta años de la revista Teología y Vida de la Facultad de Teología de nuestra Universidad, ha motivado una investigación sobre el aporte que aquella ha significado para el desarrollo del pensamiento teológico en Chile y en nuestra Iglesia. Para esto se ha realizado una lectura retrospectiva de todos los artículos, siendo estos agrupados según el área teológica en cuestión. Nos ha correspondido la investigación bíblica en general, con prescindencia de si son temas de creación, gracia, escatología, etc. Ahora bien, dado nuestro ámbito de trabajo, y las limitaciones propias que surgen de él, hemos considerado solo los artículos donde se estudian in recto textos del Nuevo Testamento. Dada la cantidad de material a revisar (1), hemos optado por centrarnos en el material de carácter más bien bíblico teológico, dejando fuera conscientemente los artículos que aun cuando se refieran a textos neotestamentarios, su énfasis es más bien, a modo de ejemplo, de carácter teo-lógico dogmático, patrístico o bien, litúrgico. Además, para la delimitación del conjunto a leer hemos prescindido del análisis de las consultas publicadas en la revista, no obstante algunas de ellas tengan relación con el ámbito bíblico, el mismo criterio ha sido aplicado frente a la sección leyendo la Biblia (2).          

Tenemos conciencia de que nuestras opciones determinan nuestra lectura y la hermenéutica que hagamos. Es claro que estamos realizando una interpretación de la interpretación, hecha a su vez, por cada uno de los estudiosos, no pretendemos negar nuestra condición de seres históricos, condición que ellos mismos, en nuestra etapa de formación, han enseñado a asumir. De hecho dicha condición determina la óptica utilizada en la lectura, la que se especifica por una parte con relación a los criterios que los investigadores manifiestan en sus trabajos, y por otra —en sintonía con la anterior— desde el Concilio Vaticano II, siendo este último, quien nos otorga la clave hermenéutica fundamental para realizar esta lectura. Además, nos ha permitido estructurar el trabajo, una primera división entre los artículos publicados en el período previo y durante el concilio, de aquellos presentados con posterioridad a él hasta la fecha. La lectura del material publicado permitió apreciar, en una primera aproximación, diversos énfasis en los artículos, hay un grupo de ellos referido a cuestiones metodológicas en sentido genérico, se habla de los métodos, se los expone, analiza, explica, critica, se analizan documentos que exponen principios para el trabajo bíblico, etc. Luego otro gran número, donde se aplican los nuevos métodos a los textos bíblicos. La consideración de estas características nos llevó a subdividir las secciones determinadas por la coordenada temporal en dos, una sobre los artículos referentes a cuestiones metodológicas en general y, una segunda, sobre los artículos de carácter más bien temático, siempre eso sí, elaborados desde el análisis de textos bíblicos.

El objetivo central de estas páginas es ver en qué medida la producción anterior al Concilio es o no partícipe del movimiento de renovación, considerado antecedente a dicho Concilio. Respecto de la producción posterior deseamos ver en qué medida se recibieron las conclusiones del Concilio, y se incorporaron en la investigación los desafíos planteados por el mismo, tenemos como documentos bases la Dei Verbum y la Gaudium et Spes.

Analizar un espectro de cuarenta años en la investigación del área bíblica neotestamentaria de nuestra facultad, puede causar a algunos una sensación de dejá vu, algo así como volver a lugares comunes, a tratar cosas obvias, olvidando que en aquel tiempo, especialmente en las primeras dos décadas de la publicación, no eran tales, y fueron alcanzadas —muchas veces— con gran sacrificio de los investigadores, a menudo incomprendidos. Por lo mismo a la hora de rendir cuentas de lo leído, hemos destacado a partir de algunos artículos su estructura, la metodología bíblica utilizada para enfrentar las diversas temáticas y, algunas de las reflexiones presentadas por los estudiosos, que a nuestro parecer son claro índice del proceso experimentado en la investigación de la facultad, y para recordarlas también de manera provocadora, que estimule la reflexión.

Como se puede apreciar el artículo dista de ser una presentación exhaustiva de la investigación neotestamentaria, es más, no tiene ninguna intención de serlo a la luz del objetivo planteado. Somos conscientes de que la presentación del material elaborado es parcial, en la práctica hemos destacado solo algunos artículos del total de los leídos; para ser más precisos, de ellos solo mencionamos algunos de los elementos que consideramos nos permiten por un lado, entregar una visión panorámica de la reflexión realizada y por otro, analizar los artículos desde la perspectiva propuesta. Quisiéramos eso sí señalar que aun cuando la invitación a participar en esta investigación nos pareció interesante, creemos queda como tarea pendiente no solo la lectura de la producción en el ámbito veterotestamentario, sino también el análisis del uso de la Sagrada Escritura en la elaboración teológica dogmática, presente en la revista. Nos parece sería de interés intentar responder algunas interrogantes como por ejemplo: ¿ha sido la Sagrada Escritura acaso meramente un recurso probatorio de verdades establecidas de antemano? O bien, ¿la teología se ha elaborado a partir de la reflexión crítica del dato bíblico? Somos conscientes de estar enunciando polos, y que la realidad es mucho más matizada, no obstante ello, consideramos que un análisis semejante, podría ser una empresa sugerente y provocadora. No nos cabe duda que la relación Biblia-Teología sigue siendo, en la práctica, zona problemática, más allá de la claridad que parece existir en el ámbito de principios.

2. PRESENTACION DE LOS ARTICULOS BIBLICOS
—NEOTESTAMENTARIOS— PUBLICADOS EN TEOLOGIA Y VIDA,
DESDE SU FUNDACION HASTA EL AÑO 1999 INCLUSIVE

2.1. Artículos publicados en los años previos y durante el Concilio Vaticano II Período 1960-1965

2.1.1. Referentes a cuestiones de metodología en general (3)

Entre los artículos más representativos del clima de búsqueda, interrogación, y esfuerzos por abrir caminos nuevos en esa época está el de Metzinger, quien frente a las diferentes posiciones en el ámbito de la exégesis católica, aborda la teoría de los sentidos bíblicos (noemática), pues considera las distintas concepciones de estos, el origen de la diversidad (4). Para alcanzar su objetivo precisa —en las palabras preliminares de su artículo—, "el objeto propio de la interpretación como el sentido de los signos, de las acciones y, especialmente, de las palabras contenidas en una obra literaria" (5). Luego de definir sentido bíblico (6), plantea "la necesidad perentoria de simplificar la terminología para caracterizar los textos" (7) además de señalar "la necesidad de métodos complementarios para determinar el sentido de un texto de la escritura a saber, la heurística literaria y la heurística auténtica" (8).

La segunda parte del estudio la inicia mencionando la tarea suprema del exégeta católico indicada por S.S. Pío XII: la de hallar y exponer el verdadero sentido de los escritos sagrados (9) para enseguida plantear algunos de los problemas en torno al sentido literal. En la tercera parte y final del escrito Metzinger se refiere al sentido típico o real (10). El autor afirma, además, como "criterio único para conocer la existencia del sentido típico, la revelación en sus fuentes: Escritura y Tradición" (11).

A. Moreno presenta el mismo año un artículo que responde a su intención de "descender al terreno práctico de la lectura bíblica" (12) así aborda las "condiciones de orden espiritual para la lectura cristiana de la Sagrada Escritura: actitudes de fe, amor, esperanza, bajo el impulso del Espíritu Santo, lectura comunitaria de la Biblia (...) y las condiciones que surgen del hecho de que Dios se ha comunicado con los hombres utilizando el lenguaje humano, estudiar los elementos necesarios para realizar una lectura inteligente de la Biblia, y la constancia en dicha lectura" (13).

Por su parte, al año siguiente y siempre en la misma línea, Fanoni se interroga sobre el desarrollo del movimiento bíblico, y se plantea como objetivo de su artículo, "coger en su esencia los principios y las directivas que los Pontífices en los últimos setenta años, han ido proponiendo para la interpretación de la Biblia y su enseñanza en los Seminarios y a los fieles en general" (14). Para esto el autor se concentra en la encíclica de S.S. Pío XII, Divino Afflante Spiritu.

La primera parte del estudio establece la doctrina de la inspiración y de los sentidos bíblicos, como el punto de partida de dichos principios (15).

Fanoni concluye desde los documentos pontificios, que "la tarea principal de todo intérprete es la determinación de la doctrina teológica de la Biblia, las afirmaciones en el campo de la fe y de las costumbres. Manteniendo siempre presente el carácter inspirado de toda la Biblia, y la infalibilidad de todas las aserciones formales de los escritores sagrados" (16).

Mencionemos brevísimamente el artículo de Weber publicado en 1963 (17) donde se sitúa frente al Monitum acerca de la verdad histórica y objetiva de la Biblia —referido básicamente al entonces, nuevo método de la Historia de las Formas—, se propone como objetivo describir y analizar dicho método con claridad, destacando tanto sus aspectos positivos y negativos (18).

2.1.2 Artículos Bíblicos en general, previos y durante el Concilio Vaticano II

Destacaremos en esta sección artículos cuya temática es diversa (19), los hay sobre: el matrimonio, cómo conciliar la exclusión de la exégesis simbólica o espiritual con el sentido espiritual de los textos bíblicos, la dimensión pastoral de la teología paulina, la Virgen, el rol de la Biblia en la predicación, etc. (20). De algunos de ellos mencionaremos el objetivo perseguido y a veces, los puntos en torno a los cuales se estructura el estudio; ocasionalmente recogeremos afirmaciones realizadas por los investigadores, elementos todos que a nuestro juicio, ilustran el proceso que se desarrollaba a la época.

Entre los estudios seleccionados encontramos en el primer número de la revista el artículo de A. Moreno (21) que consideramos umbral y muestra del carácter, de los trabajos incluidos —no solo en este número—, sino en varios volúmenes de la revista. En este frente al creciente interés por los estudios bíblicos, Moreno se interroga sobre "su significado y condición de autenticidad en el conjunto de la vida cristiana, de lo que depende dicho interés sea o no, una moda pasajera" (22) afirmando más adelante que: "si la teología no es un mero juego de la inteligencia a propósito de las verdades reveladas, sino que trata de llegar a la comprensión más clara y luminosa de la Revelación, no sería concebible que dejase de lado la Revelación por excelencia, la Sagrada Escritura, que llamamos, precisamente, Palabra de Dios" (23).

En el marco dado por la afirmación de Moreno se comprenden no solo sus posteriores artículos —como el mencionado en la sección anterior—, sino también la diversidad de los temas planteados por los investigadores en la revista.

Ejemplo de la variedad temática recién mencionada es el segundo número del año 1960, dedicado al tema del matrimonio. Significativa es, además, la presentación de dicho número: "Con su segundo número, Teología y Vida avanza un paso más hacia su meta principal, que es poner a nuestros teólogos en contacto con los que quieren con ellos pensar nuestra fe en Chile." (24). En este contexto mencionemos dos artículos, uno de Villegas (25), y otro de A. Moreno (26). Ambos artículos se sitúan "en el nivel denominado por la revista del fundamento básico, doctrinal, moral y científico del matrimonio" (27).

Villegas manifiesta cómo el matrimonio se encuentra en la Biblia en la perspectiva de la Historia de la Salvación, siendo integrado así en la esfera religiosa, de tal manera que su artículo es —en palabras del autor— "un bosquejo de algunas líneas importantes de la teología bíblica del matrimonio" (28). Con este objetivo analiza algunos textos del Antiguo y Nuevo Testamento, mostrando el rol del matrimonio en el cumplimiento del proyecto salvífico de Dios y su valor de signo.

Por su parte, A. Moreno realiza un estudio exegético de dos pasajes del evangelio según San Mateo que reproducen el mismo texto (Mt 5, 32; 19, 9), los que equivocadamente han llevado a algunos investigadores a pensar que Jesús admite la posibilidad de divorcio en el caso de adulterio de la mujer, demostrando que los textos mateanos deben ser entendidos a la luz de todo el Nuevo Testamento, lo que permite establecer su concordancia con este, y afirmar la indisolubilidad del matrimonio.

En el año 1961 encontramos una Presentación del P. McGrath a los números tres y cuatro dedicados a la Sagrada Escritura, en que realiza una síntesis del uso de la Biblia, especialmente por los protestantes, sus logros, dificultades, excesos, y constata, además, cómo el renacer de la Iglesia requiere de estudios serios y profundos de la Biblia. En esa línea se ubican los dos números presentados, de los que nos interesa recoger aquí solo algunos artículos del cuarto número de la revista, que a nuestro parecer ilustran el desarrollo de la investigación en el área que nos compete (29).

En el primero de aquellos, De Santiago desea "presentar de una manera breve y sintética un esbozo o panorama del problema sobre el origen de los evangelios sinópticos —en último término considerado un problema de autenticidad— y las diversas soluciones generadas a lo largo de la investigación. Para ello, en primer lugar, intenta mostrar la dependencia de nuestros evangelios escritos de la tradición o evangelio oral. En segundo lugar, expone sintéticamente las diversas teorías racionalistas desde Reimarus a Dibelius, indicando sus aspectos positivos y negativos. Por último, presenta un breve análisis de los evangelios" (30).

Por su parte Metzinger (31) inicia su exposición mencionando como "característico del siglo XX el realismo y materialismo extremo, junto a la proliferación de movimientos espirituales, sectarios y pseudo espirituales, situación generadora de discusiones, conflictos y errores, ante los que reaccionó la Iglesia excluyendo la llamada exégesis espiritual o simbólica" (32). El autor considera "centro de la discusión el sentido espiritual de la Sagrada Escritura, su naturaleza y extensión, esto lo lleva a pronunciarse frente a la interrogante de cómo conciliar la exclusión de la exégesis simbólica o espiritual en los textos bíblicos, y el sentido espiritual de aquellos" (33). Así muestra cómo el cuarto evangelio evita los errores de espiritualizar el cristianismo y la fe, destacando los elementos reales, concretos, humanos que constituyen la verdadera fe en Cristo (34).

El otro artículo considerado pertenece a Villegas, quien se pone como objetivo "mostrar que la dimensión pastoral es una de las más importantes de la literatura paulina" (35). Para eso el autor subraya dos puntos: "la constante y aguda conciencia de San Pablo sobre el sentido teológico de su ministerio pastoral, y cómo su reflexión teológica obedece fundamentalmente a motivaciones pastorales" (36). Todo esto, indica Villegas, "para inmunizarse frente al peligro bien real expresado por la crítica que dice que la acción pastoral se desenvuelve en un nivel puramente pragmático, no iluminado por la reflexión teológica, y que la teología se extenúa en estériles especulaciones, no vinculadas con la vida de la Iglesia" (37).

El número cuatro del año 1965 fue dedicado al tema de la predicación desde diferentes perspectivas. A Villegas le correspondió escribir sobre el rol de la Biblia en la predicación desde la perspectiva neotestamentaria (38). En el artículo muestra cómo "la predicación es cualificada como Palabra de Dios, y en cuanto tal acreedora a la obediencia de la fe y dotada de eficacia salvífica. El fundamento de dicha cualificación se encuentra en que ella es una misión de Cristo encomendada a su Iglesia, y en su cumplimiento llega a ser un factor activo y constituyente de la historia de la Salvación, al convertirse en vehículo de la Palabra de Dios" (39).

Más adelante Villegas indica que "la predicación debe ser un esfuerzo de traducción y de aplicación de la Palabra de Dios expresada en la Biblia, a favor de un auditorio concreto. Además está el derecho de los fieles a escuchar la Escritura, pues esta pertenece intrínsecamente al Misterio de la Salvación" (40). Ciertamente, agrega, escuchar requiere como "actitudes el asentimiento de fe y la inteligencia de fe" (41).

Finaliza con un apartado sobre aquello que se debe predicar de la Biblia, a saber, el Misterio de Salvación (42).

2.2 Artículos publicados con posterioridad al Concilio Vaticano II.
Período 1966-1999

2.2.1 Artículos referidos a cuestiones de metodología en general

Es el año 1975, han pasado diez años desde el Concilio Vaticano II, la revista destina el segundo número del volumen XVI a reflexionar sobre la problemática abierta por la Constitución Dei Verbum (43). Los dos primeros artículos considerados aquí constituyen una buena muestra de los criterios utilizados por los biblistas en su investigación, estos pertenecen a M. A. Ferrando y a J. Moreno, respectivamente (44). El primero de ellos realiza una fina lectura del número 12 de la constitución, sobre la interpretación de la Biblia, señalando expresamente en las primeras líneas del artículo el carácter del documento en cuestión —como producto redactado por hombres concretos—, incompleto y provisorio; factores que no obstante no limitan su importancia ni su condición de hito en el camino de la investigación exegética, pues el documento recoge los elementos sólidamente adquiridos en el campo hasta el 1965 (45).

A continuación presentamos una brevísima síntesis del artículo, cuya lectura hace evidente la forma en que los principios otorgados por el Concilio fueron acogidos entre nosotros.

El análisis de Ferrando se inicia con la explicitación de la estructura del número 12 —estructura que determinará la del artículo—: "el primer párrafo recoge la doctrina establecida en el número anterior: ‘Dios habló por medio de hombres y de manera humana’, entonces para conocer lo que Dios quiso comunicar al hombre, se requiere ‘estudiar con atención’ dos cosas: qué intentaban decir los autores humanos y qué quería Dios dar a conocer con las palabras de ellos" (46). Luego Ferrando procede a estudiar detalladamente cada una de las partes señaladas. Así destaca la manera en que el segundo párrafo del número 12 determina "cómo establecer lo que quiso decir el autor humano, para ello afirma que la Biblia debe ser estudiada con las mismas técnicas con que se estudia cualquier otro libro no inspirado, por tanto, el estudioso debe interrogarse sobre "géneros literarios", "modos de sentir, expresarse y narrar", usados en la época de redacción del documento" (47). En el tercer párrafo y dado que la Biblia no es obra solo humana, se afirma "la insuficiencia de los principios técnicos para su comprensión, por tanto, se establece la necesidad —para su correcta interpretación— de principios teológicos como la docilidad al Espíritu, la unidad de la Sagrada Escritura, además de referirse a la tarea de los exégetas y las relaciones entre escritura, tradición y magisterio" (48).

El segundo artículo perteneciente a J. Moreno sobre la interpretación de la Biblia (49) es como anticipáramos, una muestra de la aplicación a la tarea reflexiva de los principios emanados del concilio y en especial de la constitución Dei Verbum.

Moreno estructura su artículo en cuatro grandes pasos: conocer la historia, conocimiento objetivo y existencial, la Biblia testimonio del pasado, y por último, interpretar la Biblia.

Luego "de algunas breves consideraciones sobre el tiempo y la historia, hace presente la exigencia de una crítica histórica que posibilite la prescindencia del carácter de necesidad con que se nos presentan los procesos históricos" (50). Surge así la inevitable pregunta sobre cómo enfrentar un texto bíblico, estableciendo la necesidad del momento objetivante, y a la vez su insuficiencia (51). "Más adelante reflexiona sobre el carácter de los escritos bíblicos como producto de las objetivaciones orales producidas por una serie de vivencias, desde una perspectiva de fe y destinados a suscitar en los lectores una comprehensión de la fe (52). Teniendo presente la íntima relación entre experiencia y objetivación, y el hecho de la correspondencia entre lenguaje y experiencia, se abre la posibilidad de llegar a la comunión en la analogía experiencial, mediante la comunicación. Así entonces, como desde una experiencia de fe se sigue el lenguaje poético, mítico y teológico, cabe esperar que partiendo de ellos se pueda alcanzar una experiencia de fe, la que posibilita la comprensión del texto sagrado" (53). La lectura a realizar del texto, señala Moreno, adquiere especiales características, debe ser ‘crítica’, ‘interpretativa’, ‘obediente’, en ‘comunidad’ y en ‘comunión’ (54).

"Por último, y dado que la Biblia nos trae la intelección de la experiencia de Dios", para Moreno se hace inevitable la interrogante sobre el cómo actualizar la Biblia, esto es, "cómo lograr que ella misma sea la clave hermenéutica de la experiencia de fe" (55). Para ello, nos recuerda "mantener siempre presente en todo intento de interpretación, sus condiciones de documento histórico, literario, relativo, testimonio de fe, escrito espiritual. La Biblia tiene un contenido, expresado mediante determinadas estructuras lingüísticas con origen en una determinada comunidad, a la que pretende servir invitando al reconocimiento de Jesús, ‘como en quien Dios obra históricamente la salvación de los hombres’, y dado que ha sido escrita por la inspiración del Espíritu Santo, es condición necesaria para su comprensión, acercarse a ella con el mismo espíritu con que fue escrita" (56).

En el año 1979 el primer número del volumen presenta un artículo de A. Mo-reno con un sugerente título ¿Es fácil o difícil leer la Biblia? (57) en el que aborda la problemática que implica leer la Biblia, señalando que la virtud de la fe, o los correspondientes dones del Espíritu Santo, no garantizan a cada cristiano la interpretación exacta de cada uno de los pasajes de la Biblia" (58). Luego de plantear algunos de los problemas que presenta el texto bíblico, Moreno caracteriza "el trabajo de los especialistas como para la Iglesia, por ende, bajo la tutela del Magisterio que ilumina y juzga los resultados a la luz de la analogía de la fe y según la prudencia pastoral. De tal manera la Iglesia toda, y cada uno de sus miembros en ella, lee la Escritura de acuerdo con las exigencias de la época. Por ende, el problema no radica en la mayor o menor posibilidad crítica de cada cristiano para leer la Biblia, sino en su real posibilidad de recibir la Palabra de Dios en la Iglesia" (59).

En el mismo año la revista publica La interpretación del Nuevo Testamento, artículo que recoge una conferencia de J. Moreno. Frente a lo que él califica como "un clima de desconcierto producido en la opinión cristiana, por la diversidad de opiniones oficiales y extraoficiales de la Iglesia —causado entre otras cosas, por el desarrollo de formas y métodos nuevos de pensar la fe— busca proporcionar un marco de referencia que ayude a entender los por qué y cómo y los alcances de las nuevas interrogantes surgidas en el ámbito de la interpretación neotestamentaria" (60). Teniendo siempre presente que la cuestión decisiva estriba en "inflamar los corazones" (61) de quienes lean el texto, J. Moreno se refiere a las cuestiones de lenguaje, históricas, y culturales, a considerar para dicha lectura. Para concluir, "manifiesta la exigencia de compartir El Espíritu, bien común de la comunidad a la que el escrito pertenece, y cuyo sentido no se agota en los escritos mismos, y puesto que ellos han surgido de la vida histórica de la Iglesia, su interpretación brota también de la comunión en la vida histórica de la Iglesia" (62).

Villegas, el año 1985, publica Biblia y Teología, donde analiza las relaciones entre ambas a través de los años (63). Divide su exposición en tres partes, la primera considera el uso de la Biblia en la elaboración teológica entre las décadas de los treinta y sesenta. En la segunda parte considera la situación de crisis vivida hacia fines de los sesenta; en la tercera parte finaliza su análisis señalando ‘el problema’ enfrentado por las ciencias bíblicas y la teología a la fecha, a saber la unidad de la Biblia.

En su recorrido Villegas destaca "el cambio radical producido en el estatuto epistemológico de las relaciones entre Biblia y Teología, al asumir la consistencia teológica propia de la Biblia como un hecho evidente. Consecuentemente la estructura básica de cualquier proyecto teológico con pretensiones de validez, debería ser dada por el pensamiento teológico bíblico" (64).

Más adelante indica como "uno de los cambios más significativos y radicales el acontecido en el estatuto epistemológico de la teología, que empieza a ser concebida en la línea del pensar y comprender, y no más como saber constituido" (65).

"En el ámbito bíblico, considera Villegas, no se ha producido un cambio de similar envergadura al producido en la Teología, dado, entre otras razones, por el hecho de que los nuevos planteamientos eran una realidad aceptada y vivida" (66). Sin embargo, indica "se han dado modificaciones en el ámbito bíblico con repercusiones en la reflexión teológica. Uno, frente al cuestionamiento epistemológico del método histórico, se aceptó la existencia en la Iglesia de otras aproximaciones más específicamente teológicas al texto sagrado. Segundo, con relación a la índole específica de los textos sagrados como testimonios de fe de la comunidad. El tercero concierne a la actitud de la ciencia bíblica, que ahora encuentra discutible el pensar en la posibilidad de elaborar una Teología Bíblica del A.T., o una Teología del N.T, más aún si se piensa en un proyecto de Teología Bíblica" (67).

El autor concluye su artículo indicando "la resignación necesaria frente a la neta división entre la teología como ciencia y la teología como sabiduría" (68).

En 1989 el mismo autor publica el artículo El método de las ciencias Bíblicas (69) donde pretende posibilitar la comprensión del proyecto metodológico vigente en las ciencias bíblicas; para ello aborda sintéticamente el proceso evolutivo del que aquel es fruto. Muestra en su artículo cómo el reconocimiento de la dimensión histórica de los textos, y la incorporación en su análisis, produjo un cambio determinante en la aplicación del método. Señala, además, el significativo aporte que permitió tomar conciencia de la funcionalidad sociológica de la literatura, surgiendo la llamada Historia de las Formas y más tarde, la Historia de la Redacción y la Historia de la Tradición. Casi al finalizar, Villegas menciona la nueva metodología, que adquiere diversas modalidades, de carácter más puramente literaria, que prescinde por principio de la dimensión histórica y sociológica de los textos (70).

Villegas asumiendo la situación descrita, "señala la dificultad de la existencia de un método único para los biblistas, y, además, puntualiza que ninguno de los nuevos métodos aplicados a la Sagrada Escritura ha logrado sacudir las bases de la interpretación histórico-filológica, sin desconocer por ello los valiosos aportes que ofrecen las ciencias del lenguaje y de la literatura, y que pueden ser integrados dentro del método clásico" (71).

Finaliza el artículo recordando el problema —que tocara en el artículo de 1985— ineludible para todo estudioso de la Sagrada Escritura, a saber, "la unidad trascendente de la Biblia. Unidad que se da en el tiempo y que debe ser asumida en toda investigación. Sin embargo, a la fecha del artículo considera no muy satisfactorios los resultados en esa línea, y los que vendrán dada su situación encarnada, siempre serán provisorios y parciales" (72).

2.2.2 Artículos bíblicos en general

La pretensión de abarcar un período tan vasto es difícil, más aún si consideramos la diversidad de temas recogidos por Teología y Vida, como la conversión, el poder, la liberación, la eucaristía, la salvación, los falsos profetas, la violencia, etc., todo ello agravado si tomamos en cuenta que muchos de los trabajos obedecen a las problemáticas estudiadas por los profesores de la Facultad en el seminario interno, lo que exige ponderar el contexto en el que se desarrollaba la actividad universitaria, aspecto que sin duda no podemos sino tímidamente esbozar en esta investigación. No obstante, afrontamos la tarea con la intención de destacar algunos de los núcleos de preocupaciones, planteados en la revista en el ámbito de la teología bíblica. Lo hacemos desde nuestra peculiar situación hermenéutica, con la intención de estimular la formulación de interrogantes, reflexiones y pistas para proseguir la investigación. El lector interesado puede volver a los autores mismos encontrando sin duda la relevancia de sus aportes.

Hemos seleccionado a los estudiosos más prolíficos —en este período— pues consideramos que ellos nos otorgan una visión panorámica de la investigación realizada en ese entonces. Ellos son Beltrán Villegas, Miguel Angel Ferrando y Jaime Moreno, de ellos y considerando el objetivo de esta lectura, intentaremos relevar solo algunos hitos de su reflexión. Dejamos para la tercera parte la significativa contribución de Eduardo Pérez-Cotapos, que nos ha parecido muestra clara del desarrollo de la investigación. Sabemos de las consecuencias que implica excluir a varios autores cuyos aportes no desconocemos; sin embargo, como ya hemos señalado nos ha resultado imposible abarcar a todos ellos y dado que se inscriben en líneas similares a los escogidos creemos que la visión entregada permite al menos, hacerse una panorámica de los núcleos desarrollados y la forma en que ello se llevó a cabo.

De los trabajos de Villegas mencionemos su trabajo titulado El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del N.T (73), en este Villegas destaca —entre otros elementos— la que considera "la afirmación primaria y básica del N.T. sobre el ministerio: todos los cristianos están investidos de la condición sacerdotal" (74).

En su análisis señala cómo "la santificación de los discípulos a semejanza de Cristo, implica una misión que comporta también la modalidad de un sacerdocio ejercido a través del ministerio profético de la Palabra, función central y fundamental dentro del ministerio de la Iglesia" (75). Concluye Villegas afirmando, que "los ministros actúan como sacerdotes del verdadero culto, no en cuanto instrumentos de la Palabra y de los Sacramentos (es decir, no en cuanto ejercen el sacerdocio particularmente ministerial), sino en cuanto ‘oyentes activos’ de esa Palabra, y en cuanto es realmente su propia actitud personal la que expresan, con los demás fieles, en los signos que solo ellos confeccionan" (76).

Se aprecia en los trabajos de Villegas una constante reflexión sobre el servicio, esta creemos está presente en su artículo sobre la Eucaristía en la teología joánica (77). Destaquemos de este la relación entre Eucaristía y Caridad, en que distingue la ‘caridad-servicio’ y la ‘caridad-comunión’.

Para Villegas, la primera acepción obedece al interés de Juan por "inculcar que la forma genuina y real de ‘comulgar’ en la Pasión de Cristo implica dos cosas: aceptarla y recibirla por la Fe, e imitarla por la caridad-servicio, debiendo —por consiguiente—, el acto de la recepción eucarística ser expresión de Fe y compromiso de caridad-servicio" (78). "La segunda acepción obedece a la concepción joánica que extiende la koinonía cristiana más allá de los fieles, en una dimensión trascendente, que abraza las mismas personas divinas, por tanto, la Eucaristía inserta a los fieles en la comunión divina de la caridad" (79).

En el año 1969 vuelve explícitamente al tema del servicio con el artículo Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio" (80), con el objetivo de "cotejar el ideal de servicio (diakonía) propuesto por Jesús (cf. Lc 22, 26-27), con el impacto histórico que ha tenido" (81). Consecuentemente procede en dos pasos, primero análisis de textos neotestamentarios, excluidos los evangelios, a fin de detectar su influencia en la conciencia de la Iglesia primitiva; segundo análisis del evangelio para estudiar en todas sus dimensiones el ideal de ‘servicio’. Todo ello en palabras del autor, para "abrir algunas ventanas que nos permitan enfocar mejor la situación presente de la diakonía y sus perspectivas" (82).

Concluye Villegas de manera muy significativa y de plena actualidad, diciendo: "Las Iglesias parecen estar llamadas así en la actual coyuntura histórica, a una especie de muerte ‘pro mundi vita’ (...). No se sabe el hasta dónde, pero sí por dónde comenzar: por admitir la ruptura del límite confesional, al salir audazmente a realizar la tarea común de un servicio que a todas les pide el mismo Señor en los mismos derechos y en las mismas necesidades de los mismos hombres" (83).

Sugerente resulta que el año 1970 se presenten los números tres y cuatro bajo el título A cinco años del Vaticano y, además, en ellos esté presente el tema sobre la posibilidad de un diálogo entre cristianismo y marxismo. Villegas escribe La conversión evangélica: Hacerse pobre, niño y pecador (84) en el que brevemente inicia recordando "el alto precio de errores y aberraciones pagado por la comprensión escatológica del ministerio de Jesús" (85).

Para Villegas "concebir y aceptar el Reino como Gracia, lleva a desistir de las pretensiones de merecerlo. Esto implica dejar de lado las visiones que desconociendo el espíritu evangélico pretenden idealizar algún grupo humano, especialmente los pobres." (86) (...) "Esto sin desconocer la parcialidad de Jesús en favor de los marginados y desposeídos indica Villegas, pero es fundamental reconocer cómo el llamado de Jesús exige una actitud previa a cualquier actividad y/o conducta: la conversión personal que acepta la gratuidad del amor que Dios le manifiesta. El hombre debe reconocer su insuficiencia radical para alcanzar el Reino" (87). Recordemos el debate suscitado en las décadas pasadas, sobre la llamada ‘teología de la liberación’ (88) ahí Villegas presenta un artículo en el que se propone "hacer un poco de ‘teología histórica’ rastreando en la Biblia los procesos de liberación que en ella aparecen teologizados" (89).

Consideramos lectura necesaria para percibir el hilo de la reflexión de Villegas el artículo aparecido en el número uno de 1974 (90) que destacaba en su portada el título Teoría y praxis en la teología de la liberación, en dicho artículo inicia con la consideración que mencionáramos anteriormente acerca de "lo inevitable que es prescindir de la propia situación a la hora de enfrentar un texto antiguo. Esto condujo a Villegas a reflexionar sobre el ‘presupuesto hermenéutico’, para afirmar la posibilidad fundada en la unidad del ser humano, de relacionar un texto producido en situaciones determinadas con otras situaciones que le son ajenas" (91).

Indica Villegas cómo "el hombre se ve sometido a condicionamientos no solo provenientes de la naturaleza, sino también por aquellos que surgen de su propia libertad histórica, la cual gravita sobre él como una especie de ‘necesidad’ esclavizante (y que lo hace ‘objeto histórico’) (...). Luego procede a presentar brevemente las concepciones opuestas de Heidegger y Marx —consideradas como continuaciones unilaterales de elementos que en Pablo se encuentran unidos en una síntesis vital— sobre la historicidad del hombre, para después analizar el pensamiento paulino" (92).

Villegas puntualiza cómo "en San Pablo la historia humana aparece muy conscientemente incluida entre los factores de alienación y ‘necesidad’ que pesan sobre el hombre. Destaca también el rigor con que Pablo analiza los elementos que determinan la esfera de la existencia enajenada, al mismo tiempo que plantea con mayor coherencia la unicidad del camino de liberación" (93).

En su análisis muestra cómo la intención de Pablo es "asegurar un encuentro con el Dios vivo que no sacrifique la dimensión trascendente de este, dado el peligro siempre presente de convertir a Dios en ídolo; peligro eso sí, superado por la Gracia de Dios, cuya acción trasciende el determinismo previsible de orden ‘objetivo’ irrumpiendo en él con soberana libertad. Del hombre se pide que acoja la gracia como tal, abdicando expresa y formalmente a toda pretensión de ‘adueñarse’ de ella y controlarla" (94). Para Pablo "en la sola fe le es posible al hombre entrar en comunión con el Dios vivo y trascendente en cuanto tal, y, por consiguiente, superar su propia enajenación que lo precipita fatalmente en ‘la muerte’" (95). Frente a la interpretación heideggeriana (96) muestra Villegas, como "para Pablo el régimen de fe es el único medio de adecuarse al régimen de Gracia puesto en ejecución por Dios" (97).

Su análisis de Romanos destaca "la fe como único medio de comunión con el Dios de gracia y —por tanto—, de ‘justificación’ de la existencia (...). El concepto clave es ‘justicia de Dios’ entendido en el sentido veterotestamentario. En esta óptica la praxis en que la fe liberadora se verifica, adquiere una dimensión ‘política’ y ‘cósmica’ (...) de orientación ‘subversiva’ al igual que el designio de Dios" (98).

Villegas señala expresamente que "el análisis anterior no significa mayor cercanía a la clave hermenéutica marxista, la que también es insuficiente, pues ignora el pecado; niega la relevancia de la decisión de fe, y desconoce la capacidad efectiva que Pablo le atribuye a la fe y a la acción del Espíritu, de hacer surgir en el hombre alienado el ‘hombre nuevo’" (99). Para Pablo la praxis que brota de la fe, se funda y se inserta en una praxis divina antecedente y decisiva, de la que se hace colaboradora. Concluye Villegas afirmando como "en la visión paulina el hombre puede ser sujeto histórico en la medida en que por la fe, acepte a Dios en su Gracia libre y trascendente como base y sentido de su existencia" (100).

En el año 1978 el volumen XIX fue dedicado a las relaciones entre Teología y Biblia, ahí encontramos dos artículos de Villegas que nos competen (101). En el primero de ellos, el autor considera aspectos del N.T. —que se encuentran en forma explícita y tematizada— que pueden ilustrar las relaciones entre fe y cultura, el valor de la cultura desde el punto de vista de la fe, y, el papel de la cultura en la formulación y proclamación de la fe. El centro de su exposición es Pablo, encuadrado, por una parte, con la predicación de Jesús y, por otra, con tres teologías post paulinas, a saber Lucas, Hebreos y Juan. En el segundo de los artículos publicado en el número cuatro del mismo volumen, Villegas analiza en dos partes la Cristología de la gran bendición de Efesios. Una primera de carácter introductorio, donde se refiere al carácter y origen de la carta, para luego proseguir con la Bendición misma de la cual establece su estructura y género literario (102). La segunda parte se refiere específicamente al enfoque cristológico implícito en la bendición (103). Concluye este estudio indicando "como ha comprobado que la mayor parte de las funciones atribuidas a Cristo son explicadas a partir del reconocimiento de este como la verdadera simiente de Abraham, único canal en que los hombres pueden recibir las bendiciones de Dios como dones gratuitos. Sin embargo, reconoce cómo el horizonte veterotestamentario resulta insuficiente para explicar el designio divino que tiende a la recapitulación en Cristo de todo proceso histórico en sus dos vertientes terrena y celestial" (104).

El año 1987 nos trae del mismo autor Una visión de la gracia: la justificación en Romanos (105). El autor inicia con una consideración del vocabulario que evidencia a Romanos como "locus classicus" para la comprensión de la soteriología paulina y de su teología, para luego proceder a revisar los antecedentes no Paulinos y Paulinos del tema.

El año 1990 el P. Villegas publica Los dos adanes y el hombre nuevo: Avatares de un tema paulino (106), donde su objetivo es mostrar la maleabilidad de los temas teológicos dentro de la tradición paulina. Para esto procede analizando textos proto y deuteropaulinos. En su recorrido el autor muestra cómo Pablo ha sabido comprender la tradición no como un molde que aprisiona, sino como el misterio entregado con el que dialoga su libertad y creatividad, utilizando los recursos que posee al servicio de aquel.

El año 1991 es dedicado al tema de la evangelización, en estas circunstancias correspondió a Villegas presentar el tema en la Biblia y en la teología lucana (107). En el primero de ellos luego de una breve introducción semántica, estructura la exposición en tres partes una sobre la evangelización de Jesús, otra acerca de la evangelización en la Iglesia primitiva y finalmente una dedicada a la visión teológica de Pablo sobre el tema.

En el segundo artículo partiendo del presupuesto básico de que el tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles tienen el mismo autor, Villegas determina como "ámbito de la búsqueda el de la evangelización en cuanto actividad de la comunidad cristiana, siempre comprendida obviamente, en referencia a la actividad evangelizadora de Jesús. Se trata de realizar un acercamiento a la realidad global que está detrás de las diversas categorías semánticas que aluden a dicha actividad. De manera tal de descubrir las claves interpretativas entregadas por Lucas para percibir el sentido de lo que narra" (108).

El otro autor sobre quien nos detenemos en este artículo es el R.P. Miguel Angel Ferrando, quien fuera profesor y decano de la Facultad de Teología, incluimos solo los trabajos —de los que destacamos algunos elementos— comprendidos en los límites señalados anteriormente (109).

El primer artículo es Misterio de la Encarnación y misterio de la Iglesia, en él Ferrando intenta responder la interrogante sobre "cómo armonizar la Iglesia como instrumento de Salvación del cual se sirve Cristo, con los pecados que en ella se dan" (110). Para elaborar su respuesta enfoca el problema "a la luz que sobre la Iglesia proyecta el misterio de la Encarnación del Verbo" (111).

Afirma en su análisis cómo el misterio de la encarnación vertebra todas las realidades relacionadas directamente con Cristo y su Iglesia, de las que menciona la sagrada escritura y la vida religiosa. Sobre la primera señala con lucidez la dificultad de su interpretación, expuesta siempre a errores.

En el año 1973 es tratado el problema de los falsos profetas (112). Problema considerado como uno previsto por Cristo, y que la Iglesia debe enfrentar. En su estudio, el autor no solo analiza los textos donde aparece el término pseudoprofetes, sino también aquellos donde sin ser mencionado explícitamente dicho término, se percibe un enfrentamiento de los autores sagrados con falsas doctrinas. El análisis realizado le lleva a concluir que los falsos profetas han existido en la Iglesia y existirán hasta la segunda venida de Cristo, lo que implica la exigencia, en todo aquel con pretensión de ser profeta, de preguntarse constantemente en oración sobre la falsedad o verdad de su profetismo. Además, recuerda que en la Iglesia son muy pocos a quienes corresponde la responsabilidad de señalar quién es falso profeta; al mismo tiempo concluye señalando la siempre vigente advertencia de Jesús contenida en Mc 13, 21-23.

El cuarto número de 1977 dedica toda la sección "Estudios" a la temática de la sexualidad, en él tenemos un nuevo artículo de teología bíblica del Ferrando sobre la sexualidad humana en el N.T. (113). Una vez realizado dicho estudio —donde precisa cómo en la Biblia no se encuentra un tratado sistemático de ética sexual—, el autor procede a interrogarse acerca de la validez de las indicaciones sobre el tema para el hombre contemporáneo. Vuelve en esta etapa al problema de la clave hermenéutica de los criterios para interpretar la Biblia, tema abordado por él mismo en otro artículo. Concluye señalando la exigencia de respeto al texto, cuya interpretación debe ser hecha siempre en el seno de la Iglesia y cómo la exégesis no agota la reflexión bíblica, además de alertar sobre la costumbre de deducir de los silencios bíblicos, licitud para determinadas actitudes. Por último, recuerda el amor al prójimo y la relación que el cuerpo del hombre tiene con el Señor, como los lugares donde se funda la moral neotestamentaria, más allá de toda prescripción determinada por una particular cultura (114).

En 1979 la revista recoge dos artículos de Ferrando, en el primer número un extracto de su ponencia en el seminario Teología y Biblia realizado por la Facultad de Teología y la Vicerrectoría de Comunicaciones de nuestra Universidad (115), y, en el cuarto número del mismo año, la interesante y sugerente exposición realizada por el autor en el seminario interno de la Facultad: Reflexiones Teológicas acerca del poder, donde aborda la temática en el N.T. (116).

La primera exposición tenía como objetivo, "suscitar un diálogo entre especialistas sobre problemas metodológicos del quehacer exegético y teológico", además de permitir al lector "hacerse una idea de las dificultades con que tropieza el exégeta y de las explicables perplejidades de los teólogos dogmáticos ante los resultados de la exégesis bíblica" (117).

En la ponencia sobre el poder, Ferrando analiza una serie de textos bíblicos para referirse al poder de Dios participado en Jesucristo y, por medio de él, en sus discípulos confrontado con el poder de Satanás para tentar a un hombre creado libre. La reflexión aborda, también, el poder del que gozan las autoridades civiles y la actitud del cristiano frente a dicho poder cuando este se torna demoníaco, exigiendo algo que solo corresponde a Dios.

En 1982 encontramos dos nuevos artículos de Ferrando, el primero es la ponencia con que participó en el Seminario de la Facultad en 1981 Diseño del futuro: Tecnología y Escatología (118), el segundo es un artículo de Cristología en San Juan (119).

El primero, tiempos actuales, tiempos difíciles Ferrando se centra en la consideración del tiempo en cuanto difícil, para determinar, si es posible, en qué consiste la dificultad y maldad del tiempo y, si todo el tiempo actual puede ser considerado como tal, para finalmente reflexionar sobre el cómo afrontar un tiempo con dichas características. Para lograr su cometido analiza textos bíblicos claves del N.T., entre ellos Gal 1, 4; Ef 5, 16; 6, 13 y 2 Tim 1, 1-17. Señala cómo la persecución es en cierto modo inevitable, para quien desee vivir en Cristo Jesús. Además Ferrando explicita la validez de la enseñanza de los textos sagrados, por más que estos hayan sido formulados en una situación histórica concreta y para un público determinado, de ahí una conclusión, la Iglesia ha vivido, vive y vivirá tiempos difíciles. La respuesta del creyente frente a la dificultad y maldad de los tiempos depende de su peculiar vocación y de las circunstancias que han convertido en difícil su tiempo. Sin embargo destaca como actitud fundamental del cristiano la constancia, paciente perseverancia, cualidad que caracteriza a quienes resisten el poder endiosado (120).

Ferrando trata el tema de la violencia el año 1984 (121), este artículo como otros es la ponencia presentada al seminario interno de profesores de la Facultad de Teología del año anterior Paz y Violencia. Es interesante leerla teniendo presente lo manifestado por Ferrando en el artículo sobre el poder, hay continuidad y consecuencia en su reflexión. En el mensaje de Jesús a una sociedad violenta, pretende expresar una respuesta —en sus palabras— discutible y tal vez provisional, que ha creído encontrar a la pregunta "¿qué dicen la conducta y palabras de Jesús al hombre actual, inmerso en una sociedad donde la violencia es un hecho de proporciones colosales?" (122).

El volumen XXVI de Teología y Vida dedica sus dos primeros números al tema Iglesia, pueblo de Dios, en el primero de ellos se publica otro artículo de Ferrando (123), donde este se propone inquirir por el sentido con que el Nuevo Testamento afirma que la comunidad cristiana es pueblo de Dios. Objetivo para el que realiza un estudio de los términos y textos usados en el N.T. desde los evangelios sinópticos hasta el Apocalipsis. Dicho recorrido le lleva a concluir el deslizamiento semántico producido del concepto pueblo de Dios, desde el pueblo judío a la comunidad de creyentes, caracterizándose aquel por su universalidad, peculiaridad y unidad. La integración del pueblo, afirma Ferrando, está dada por la fe en Jesucristo, no por características sociales o económicas, ni por factores raciales o políticos, pero es claro también que dichas características tienen consecuencias políticas importantes, a saber, la imposibilidad de los miembros del pueblo de Dios de tomar compromisos que signifiquen aceptar "reglas del juego vigentes en Babilonia" y lo "inconcebible de la guerra o cualquier otro tipo de violencia entre quienes lo integran" (124). El profesor Ferrando finaliza su artículo indicando la insuficiencia de la noción pueblo de Dios (125).

Con motivo del seminario sobre la religiosidad popular en el N.T., efectuado en la facultad cuyo objetivo central fue, en palabras de su coordinador, "tratar de aclarar los criterios hermenéuticos que permitieran una correcta aproximación y una mejor comprensión del hecho religioso popular" (126), Ferrando presenta una interesante aproximación buscando en la escritura elementos que puedan iluminar dicho fenómeno (127). Parte de la premisa de la ausencia en la Biblia de un tratado directo del tema, sin embargo aquella al estar centrada en las relaciones de Dios con el hombre y la respuesta de este a Dios, abre la posibilidad de encontrar los elementos buscados para iluminar un hecho considerado masivo en la Iglesia latinoamericana.

El año 1990 nos trae un sugerente artículo sobre la misión (128), consciente de que el tema atraviesa toda la Biblia el autor se propone "analizar someramente los discursos de misión y compararlos, para reflexionar sobre los puntos que aparecen como centrales" (129).

El tercer investigador de quien quisiéramos destacar algunos elementos de su trabajo es Jaime Moreno; el primer artículo considerado en esta sección es de 1970 sobre la relación resurrección y mundo (130). En este el autor aborda el problema que significa el confesar la resurrección, "piedra angular de la fe cristiana" (131). cuestionada y considerada por muchos, como una idea alienante que obstaculiza el compromiso con el presente, pues permite un cómodo refugio en un futuro desconocido. Frente a esto Moreno afirma que "si se considera la resurrección como fuente y destino del quehacer humano, preguntarse por el aporte concreto de aquella a nuestra existencia no es un ejercicio meramente intelectual, puesto que involucra vitalmente al hombre, y las posibles respuestas que encuentre le otorgarán una nueva energía para su ser y actuar" (132).

Hecha esta consideración Moreno asume el desafío de dar razón de su fe, mediante el "escrutinio de algunos pasajes de la Sagrada Escritura para percibir mejor los alcances de la resurrección para el mundo, en cuanto realidad no-hombre" (133).

Luego de un breve e interesante análisis concluye señalando "la responsabilidad de los creyentes en la elaboración de una catequesis centrada en la resurrección de Cristo y en la espera de su venida". Menciona además "la necesidad de responder la acusación de alienación, evidenciando en forma concreta la dinamicidad del Espíritu recibido con la Resurrección, para el cristiano aquella es un hecho operativo". Finalmente, destaca Moreno: "reconocer a Cristo como el Mesías significa aceptar la totalidad de su persona, asumir un mesianismo que supone una vocación de testigo del Espíritu de la Resurrección" (134).

En 1971 —período muy significativo en la historia del país—, Moreno entrega un nuevo artículo (135), donde inicia reflexionando sobre la condición de riquezas heredadas de la cosmovisión cristiana y la concepción del destino del hombre, por lo mismo, necesariamente, aquellas deben ser compartidas. Se presenta así la dinámica implícita en dichos bienes, aplicados a situaciones que están en movimiento, integrantes del devenir histórico, de ahí la responsabilidad humana en general y del teólogo y pastor en particular de: "evitar el olvido de la verdad recibida y estimular su avance según el tranco del tiempo, aceptando con optimismo la presión de la historia" (136). Ubicándose siempre en la línea de dar razón de la fe, centra su estudio en los elementos cuestionados de la cosmovisión cristiana y, sobre los desfigurados de la misma, intentando "ubicar tres aspectos íntimamente vinculados entre sí sobre los que se cierne la sospecha, y examinar lugares claves de la epístola a los Romanos para sacar pautas orientadoras en la búsqueda de soluciones" (137).

Moreno menciona como bajo sospecha, a) "la fe a cuya base se encuentra una concepción de gratuidad" (138). b) "La formulación de proyectos de hombre impulsados por el deseo de un hombre nuevo, y definidos por el hombre mismo, situación que con matices diversos se relaciona con los mesianismos" (139). Por último c) "el anhelo de la instauración de un reino del hombre —estimulado por esa confianza ilimitada en un hombre que se autodefine y autoconstruye—, un reino por tanto exigido, construido, y muchas veces impuesto" (140). Las cuestiones implicadas para el autor se explican por el cuestionamiento que hoy se hace de la gratuidad, por esto considera clave en la búsqueda de orientaciones, una aproximación a Romanos la que permitirá reconocer el Espíritu como conductor de la historia a su plenitud (141).

Moreno analiza los ocho primeros capítulos de la carta a los Romanos, señalando la categoría histórico-salvífica como base del pensamiento paulino; destaca tres ciclos presentes en el texto escogido: "1 La historia es revelación de la cólera y manifestación de la justicia de Dios (Rom 1-4); 2 La historia es el tránsito del hombre adámico al hombre cristiano (Rom 5); 3 Los tiempos de la historia (Rom 7-8)" (142).

Luego de un breve e interesante análisis, vuelve a los puntos sobre los que se cierne la sospecha para afirmar que la gratuidad, el don recibido, no excluye la actividad del hombre, incluso más, la responsabilidad humana es una exigencia para desarrollar el plan de Dios; el hombre debe abandonar toda idolatría, es decir, la esclavitud para seguir a Dios. El hombre cuando reconoce a Cristo como salvador recibe el espíritu de filiación, que le permite caminar hacia su realización. Enfocado así, el don permite al hombre alcanzar su madurez en el reconocimiento de sus propias limitaciones, y por ende, de su radical indigencia (143).

Sobre el segundo punto cuestionado Moreno afirma que "la fe en el hombre y el proyecto que este pueda elaborar es legítima, puesto que el cristiano sabe que la esperanza que brota de la fe en Cristo, no quedará confundida, por lo mismo con apertura y con criticidad —dada por una conciencia escatológica—, el hombre es capaz de proyectarse al futuro, dejando de lado todo aquello que impida su desarrollo" (144).

Finalmente, menciona "la radical solidaridad de los hombres en el pecado; un hombre que se reconoce en proceso de justificación y liberación rechaza consecuentemente todo milenarismo y mesianismo, que suponen e implican siempre posiciones sectarias y cátaras" (145).

3. A MODO DE CONCLUSION: ANALISIS DE LOS ARTICULOS DESDE UNA INTERROGANTE

El nacimiento de la revista se inscribe en un ambiente de búsqueda, diálogo, cambios, sueños, deseos de realizar nuevos proyectos de sociedad, incluida la Iglesia. La universidad y la facultad en ella, no es ajena a este proceso; fruto del trabajo e intentando satisfacer las inquietudes surge Teología y Vida, que sin duda constituyó un aporte a la vida de la facultad y eclesial. Como dijese el entonces Rector de nuestra universidad don Alfredo Silva Santiago, la publicación de la revista hacía realidad uno de sus anhelos más preciados, a saber, "que en nuestra Pontificia Universidad Católica de Chile, y que en todo nuestro país por medio de la Universidad, se cultive la ciencia para la vida, y la vida crezca y florezca siempre para Cristo: Ego sum vita! "¡Yo soy la vida!" (146). No cabe duda respecto de la intencionalidad manifestada en aquellas palabras y perseguida por la publicación. Ahora bien, después de leer la producción en el ámbito neotestamentario, hemos podido apreciar su evolución en los cuarenta años transcurridos. No hemos resistido la tentación de leer algunos otros artículos fuera de nuestro ámbito, lo hemos hecho con la intención de captar el talante de la revista, su espíritu, de familiarizarnos con ella y por qué no decirlo, para aprender a quererla.

El itinerario realizado nos ha permitido percibir como gran logro la claridad existente en nuestro medio a la época, respecto de que el ejercicio teológico no podía desarrollarse al margen de las coordenadas espacio-temporales. Poco a poco se tomaba conciencia en nuestra Iglesia de estar insertos en el mundo, de ser simultáneamente sujetos y objetos del devenir de la historia. Esta forma de ver la realidad creemos explica no solo las diferentes secciones de la revista, a modo de ejemplo Leyendo la Biblia, Estudios, Crónicas, Consultas, etc., sino también la variedad de temas estudiados; variedad que parecería inscribirse en la intención explícita del equipo directivo de la revista por mostrar la unidad indiscutible y necesaria, entre teología y vida para quien se confiese cristiano: "entre dichos términos no existe oposición y ello debe reflejarse en el quehacer del investigador creyente" (147).

Sin duda es un logro, la real preocupación entre quienes participaban en la revista por proporcionar a los miembros de la Iglesia elementos para facilitar su quehacer apostólico, sin por ello caer en un activismo carente de reflexión en su base o —en el mejor de los casos—, en un pragmatismo generador de fórmulas o recetas inmediatistas (148). Se intentó reflexionar sobre la realidad, pensar acerca del objeto de nuestra fe, superar las dicotomías que oponían discursos sobre Dios y discursos sobre el hombre.

La lectura realizada, sin embargo, muestra también como hecho evidente —especialmente en el primer período de la revista— una orientación de la revista hacia el clero, a satisfacer sus necesidades "pastorales" (149). No pretendemos con esto desmerecer el nivel de la reflexión realizada, pero sin duda el enfoque dado estrechó los horizontes y menguó las posibilidades de establecer un espacio en la universidad para la reflexión teológica —en nuestro caso bíblico-teológica—, de esta manera consideramos, se dificultó un diálogo no solo a nivel intraeclesial —sino también, como lo explicitará el Concilio Vaticano II—, con el mundo. Ahora bien, a la luz de la intención manifestada por la dirección de la revista, cuando afirmaba la imposibilidad de la disociación entre los términos teología y vida, y visto el enfoque "clerical" desarrollado en el primer período de la publicación, surgen inquietudes de las que formulamos al menos una: ¿cuál era el contenido del término vida que tenían en mente?

Los criterios para evaluar el material leído surgen del proceso experimentado por la Iglesia lo que involucra también la actitud frente a los estudios bíblicos. Fruto de un largo proceso de maduración, con anterioridad al Concilio Vaticano II la Iglesia vivía una corriente renovadora, que insistía —entre otros elementos— en la renovación de la liturgia, una vuelta a los Padres y además, un retorno a la Sagrada Escritura. En la Iglesia se acrecentaba el interés por acercarse a los textos bíblicos, nutrirse de ellos, dejarse interpelar y, a la vez, interpelar los textos mismos. La investigación exegética en la Iglesia Católica cada vez más acogía, desarrollaba y aplicaba los nuevos métodos exegéticos, muchos de ellos provenientes del sector protestante. Lentamente se fueron superando los prejuicios y limitaciones que mantenían la Biblia lejana de la mayoría de los miembros de la Iglesia. Los estudiosos distinguieron los aportes positivos de los errores que era necesario corregir, como la desvinculación de la Escritura con la Iglesia, hecho que por una parte había conducido a un fundamentalismo, y por otra, a un relativismo subjetivista. Es una época donde se pusieron en discusión medidas adoptadas por la autoridad de la Iglesia, algunas de las cuales eran consideradas reactivas frente al protestantismo, se abrieron paso así actitudes más abiertas y Chile no era ajeno a todo este proceso.

3.1 Artículos publicados antes del Concilio Vaticano II ¿participan ellos del movimiento de renovación que vivió la Iglesia, como antecedente a dicho Concilio?

Una aproximación a los primeros números de la revista nos muestra cómo aquí se experimentaron los vientos de renovación, y nos otorga un panorama de la fuerza y seriedad con que se enfrentó el desafío que suponía investigar utilizando nuevos métodos, además de recordarnos la necesidad de asumir nuestra historia para seguir pensando nuestra fe. En los artículos de la revista se aprecia con claridad y admiración, en el primer quinquenio de la década de los sesenta, el esfuerzo realizado por los profesores en ser partícipes del renacer de la Iglesia, a cuya base —consideraron acertadamente— está la Sagrada Escritura, de ahí su afán por aproximarse a los nuevos métodos, explicarlos, criticarlos y aplicarlos, siempre en el seno de la Iglesia, sintiendo con ella, asumiendo su tradición y, filialmente, bajo su Magisterio (150).

Resulta notable encontrar en el primer volumen de la revista una visión crítica acerca del interés por los estudios bíblicos (151). El artículo y la actitud que en él se reflejan ilustran claramente el espíritu de la publicación de la Facultad y señalan, una vez más, uno de los objetivos que esta se había propuesto. En dicho artículo Moreno se interrogaba sobre el significado y autenticidad del mencionado interés en el conjunto de la vida cristiana, de los que depende que ese no fuera una moda pasajera. Esta actitud de alerta apertura nos parece evidenciar en ese tiempo un verdadero deseo de comprender en profundidad la Revelación y, por lo mismo, de una clara conciencia sobre la necesidad de acogerla en la Palabra de Dios que crea, llama, interpela y transforma. En este horizonte fueron abordados los temas sobre métodos, cómo enseñar la Sagrada Escritura; también se estudiaron temas a la luz de los textos de la escritura, así como el problema de la autenticidad de los evangelios, el sentido espiritual de los textos, la Virgen, el matrimonio, etc., aplicando siempre con rigurosidad la nueva metodología exegética. Se pretendía recoger las inquietudes del ambiente, así la publicación se inscribió en la gran corriente transformadora que vivía nuestra Iglesia.

Nos parecen significativos en el desarrollo de la investigación de este período dos artículos de Villegas, el primero sobre la dimensión pastoral de la teología paulina (152) donde expone cómo el apóstol fue consciente del sentido teológico de su ministerio y la manera en que las preocupaciones pastorales estuvieron siempre presentes en su reflexión teológica. Creemos que esta consideración hecha por Villegas, que emerge del pensamiento paulino, continúa vigente como un desafío para todo teólogo.

Del segundo artículo, sobre el rol de la Biblia en la predicación (153), quisiéramos destacar solo un elemento a nuestro juicio, vital —no por eso más considerado—: la gran responsabilidad eclesial en el cumplimiento de la tarea encomendada por Jesús: la predicación, de manera que la Iglesia se perfile, efectivamente, como "un factor activo y constituyente de la historia de salvación, al ser elegida como vehículo de la palabra de Dios" (154). Villegas lanzó así un verdadero desafío que trasciende los límites de nuestra facultad, un reto vigente mientras haya un hombre a quien proclamar la Buena Nueva, al concebir la misión de los predicadores como "esfuerzo de traducción y aplicación de la Palabra de Dios, a la situación concreta de su auditorio que espera le sea proclamado el misterio de Salvación" (155). Ciertamente, aquí también se percibe algo de la orientación de la revista por aquellos años, y es claro que no pretendemos confundir la revista como un servicio a los predicadores, o a los agentes pastorales en general, sin embargo e incluso, atendiendo y asumiendo las modificaciones experimentadas por la publicación en estos años, nos atrevemos a formular más ampliamente lo manifestado por Villegas al decir que también es parte central de nuestro oficio como miembros de Iglesia dicho esfuerzo, como hombres y mujeres que desean dar razón de su fe, no podemos ignorar la responsabilidad que nos cabe dada las características de nuestra vocación. Sea el énfasis especulativo o más bien pastoral, la investigación debe ser siempre un esfuerzo por sondear el misterio, sin olvidar que ella está al servicio de los hombres; hombres situados en un determinado punto de la historia de salvación.

3.2 Artículos publicados después del Concilio Vaticano II ¿acogen ellos la orientaciones y posibilidades de desarrollo otorgadas por el Concilio?

El Concilio Vaticano II explicitó la naturaleza y misión universal de la Iglesia en la Constitución Dogmática Lumen Gentium (156). Los Padres conciliares se hacían cargo de la vida eclesial, de su tradición, de su historia. Se asumían así las iniciativas renovadoras que tomaban cuerpo en la Iglesia, se insistía en la necesidad de dialogar entre nosotros y con el mundo, la Iglesia se presentaba como sacramento de salvación (157). Se tomaba razón de que nada que involucrase al hombre era ajeno a la Iglesia, a su reflexión, a su ministerio; en estas condiciones se asumía paulatinamente la relatividad mundana e histórica en que existíamos como personas, como miembros de la Iglesia. Este elemento fue incorporado más tarde por los Padres conciliares, y es de capital importancia no solo en la Constitución dogmática Gaudium et Spes, sino en la orientación del concilio en su globalidad, en el muy conocido texto de la constitución se afirmaba: "El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón" (158).

Los Padres conciliares declararon: "...corresponde a la Iglesia el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas. Es necesario, por tanto, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus expectativas, sus aspiraciones y su índole muchas veces dramática" (159).

La revista contaba a la fecha con seis años de existencia, había visto la luz en medio de la corriente renovadora de la cual se hacía cargo el magisterio en el Concilio, y continuó creciendo en esa senda. Es cierto que en este período se producirá una orientación distinta de Teología y Vida, adquiriendo un talante más especulativo, índice de este cambio nos parecen a modo de ejemplo, la desaparición de ciertas secciones de la revista —a las que aludiéramos anteriormente—, sin que hayamos encontrado una razón explícita de lo acontecido. Pareciera ser que la revista fue concebida, en un segundo momento, para estimular el diálogo y la reflexión teológica, y así promover el intercambio internacional. Tomada razón del cambio producido, la mirada retrospectiva a los artículos del período, la hacemos desde el Concilio y recogiendo algunos criterios formulados en los diversos artículos.

En el ámbito nuestro, Ferrando presentó en 1975 (160), un complemento necesario al artículo escrito en 1962 por Fanoni. Con la distancia que otorgan los diez años transcurridos desde la realización del Concilio, Ferrando abordó el problema de la interpretación bíblica, reflexionando sobre los criterios entregados por los padres conciliares. En su análisis se muestra consciente no solo de la condición histórica que determina las características del documento estudiado, sino también de su propia situación hermenéutica.

Por su parte J. Moreno también escribe sobre la interpretación de la Biblia (161); sus reflexiones son testimonio de la investigación que asume los desafíos planteados por el desarrollo del pensamiento en el siglo recién pasado. Moreno plantea los requisitos necesarios para que la Sagrada Escritura sea efectivamente la clave hermenéutica de nuestra experiencia de fe; de esta manera también nos proporciona claves de lectura para la producción de la revista, al interrogarnos si hemos alcanzado y, en qué grado, el objetivo de actualizar la Biblia, factor indispensable si creemos que Dios nos interpela con su Palabra.

Otro criterio de lectura lo entrega Eduardo Pérez-Cotapos en su artículo sobre el valor hermenéutico de la eclesialidad en la interpretación de la Sagrada Escritura (162), en que recoge la declaración de la Pontificia Comisión Bíblica sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia, dando cuenta del desarrollo experimentado por la exégesis bíblica contemporánea, el que considera no puede entenderse al margen del método histórico-crítico. De ahí la presentación de este, considerando sus diferentes etapas y destacando tanto sus logros, como sus limitaciones. Esto permite a Pérez-Cotapos señalar la necesidad de complementar el método enri-queciéndolo por una parte, desde la perspectiva literaria con los análisis retórico, narrativo y semiótico, puntualizando respecto del último —en armonía con la declaración de la Pontificia Comisión Bíblica—, la exigencia de abrirse a la historia no solo de los textos, sino también de sus autores y lectores. Por otra parte, indica también la necesidad de incorporar las aproximaciones basadas en la tradición, para así dar cuenta de la comunidad en la que se gestó y para la que la Biblia fue concebida. Además menciona las metodologías que se acercan a los textos desde una ciencia humana; y también están los llamados acercamientos contextuales, entre los que se nombra los de la perspectiva liberacionista y feminista.

Unos años antes Pérez-Cotapos había publicado un estudio sobre las parábolas (163), consciente de las numerosas investigaciones existentes, se planteó como objetivo en dicho artículo proponer una síntesis personal sobre un posible modo de acercarse significativamente a ellas hoy. Señala cómo la pregunta nuclear de la investigación sobre las parábolas, apunta a la razón de Jesús para hablar de este modo, lo que evidencia la complejidad del desafío para realizar una exégesis adecuada de ellas.

Asumiendo la tarea Pérez-Cotapos recorre las grandes etapas de la investigación sobre el sentido de las parábolas de Jesús —Jülicher, Dodd, Jeremías—, para luego proponer su síntesis en contraposición a la exégesis de Jeremías. Luego de formular las grandes líneas que orientan la investigación de las parábolas, recoge de la nueva metodología algunos aspectos que a su juicio perfilan una original perspectiva de acercamiento a las parábolas: a) "las parábolas son un don, revelan la comprensión de Jesús de su ministerio como ayuda a los hombres, para que estos puedan comprender el sentido último de los acontecimientos que les toca vivir." (164) b) "El lenguaje poético utilizado en ellas permite a quienes las escuchan descubrir rasgos insospechados de la realidad. Con ellas Jesús quiere interpelar, provocar la conversión" (165). c) "Entre las parábolas y Jesús existe un nexo fundamental, en ellas el poeta se muestra a sí mismo, revelan la cercanía de Dios en la persona de Jesús, de ahí la invitación hecha, abandonar las imágenes estereotipadas de Dios y reconocerlo en la actividad de Jesús" (166). d) "Las parábolas revelan el estilo de actuar de Jesús, es el mensajero del Reino, que en un diálogo respetuoso, ayuda a descubrir la novedad inaudita que representa su ministerio. Quien logre esta nueva comprensión del actuar de Dios, no puede sino, experimentar un cambio radical en su forma de vivir" (167).

Concluye Pérez-Cotapos señalando cómo el estudio e interpretación de las parábolas requiere no solo preocuparse por su contenido, sino también, y de modo indispensable, atender el modo en que Jesús usó ese lenguaje, comprender y asumir entonces el estilo evangelizador de Jesús (168).

Este artículo nos parece fruto maduro de la reflexión y búsqueda constante de la investigación desarrollada en la facultad; el autor evidencia la acogida crítica de los nuevos métodos y de las orientaciones magisteriales en el terreno bíblico, da así los pasos iniciales en el camino de integración necesaria de los elementos disponibles para la investigación bíblica y a la vez estimula a continuar explorando. Con su propuesta atiende a la situación histórica de los textos y da un paso más allá, al interrogarse sobre el sentido que tiene usar este tipo de lenguaje y no otro.

La investigación realizada en la facultad y vista con los criterios perfilados por el magisterio y los mismos profesores, se caracteriza —como ya dijésemos— por su profunda raigambre eclesial, y la disposición a enfrentar el problema metodológico en manera rigurosa, de forma tal que se puedan obtener frutos válidos en la investigación teológica en general y bíblica en particular, se da en ella una correcta aplicación del método histórico-crítico, sin duda uno de los grandes logros en nuestro ambiente, se acogió ciertamente la crítica textual, la crítica literaria, y de una forma sobria la crítica de las formas, lo mismo sucedió con la redacción; en general se percibe en los trabajos la atención prestada al escrito en su forma final y, a considerar por tanto, las líneas teológicas de la misma, no obstante habríamos esperado un mayor desarrollo a este nivel. Extrañamos también en la aplicación del método histórico crítico, la incorporación de la llamada Historia de la influencia (169), pues consideramos que una visión de la manera en que un texto ha sido recepcionado y actualizado en la vida eclesial —con sus distintos condicionamientos históricos—, puede iluminar nuestra propia interpretación del mismo, al hacernos tomar conciencia del rol que juegan las comunidades cuando se acercan a la escritura.

Aparece como vacío también la incorporación de los nuevos métodos, en especial aquellos que dan cuenta de los aportes lingüísticos y literarios, por ejemplo, si existe consenso en que la escritura es un escrito desde la fe y para suscitar la fe, puede resultar beneficioso analizar los textos bíblicos desde la perspectiva retórica (170), en la medida que esta entrega un análisis del discurso que tiene como premisa la intencionalidad de convencer, producir un efecto en el oyente, destacando así el carácter interpelador de la escritura. Similar ausencia se percibe del análisis narrativo de los textos, que ayuda a involucrarse en el hecho que se está narrando, y por lo mismo interroga a quien lo lee (171).

Desde la exigencia reconocida por todos los investigadores —explícita o implícitamente—, de actualizar la Sagrada Escritura, hemos extrañado una presencia más significativa en el uso de los métodos que buscan una comprensión de la escritura como un gran conjunto armónico que se inserta en una gran tradición religiosa, con todos los matices que dicha aproximación pueda tener (172).

Consideramos también algo magra la aproximación a los textos desde el contexto del investigador, lo que evidentemente empobrece la actualización de la escritura, faltó sin duda una mayor fuerza al tocar importantes temas —a modo de ejemplo la violencia, el falso profetismo, el poder, etc.—, hecho que repercute en la elaboración teológica de los datos entregados por la escritura. No negamos con ello la presencia de reflexión, no obstante nos parece faltó una mayor profundización a la hora de formular consecuencias, orientaciones que emergían de los datos. En este horizonte nos parece necesario complemento al método histórico crítico, la aplicación de métodos que incorporan la perspectiva de las ciencias humanas para enriquecer la comprensión de los textos.

Si consideramos las coordenadas espacio-temporales y puesto que muchos de los temas estudiados obedecieron a la decisión del consejo de la facultad, por ende, se desarrollaron en los seminarios internos de profesores, somos conscientes de que ya solo la decisión de abordarlos constituyó un aporte en términos de actualizar la palabra, de interpelar la realidad que se vivía en nuestro país, y eso no podemos menos que valorarlo. Somos conscientes en primer lugar de las opciones absolutamente válidas y legítimas que puede realizar, y que de hecho realiza, todo estudioso; en segundo lugar, de la complejidad y el ritmo de crecimiento de la investigación que convierten en tarea irrealizable la pretensión de dominar todos los campos de una disciplina. Tal vez esto podría explicar un notorio empobrecimiento de la presencia del área del área bíblica en estos años de publicación. No obstante, atendiendo estos especiales condicionamientos, permanece en nosotros cierta insatisfacción respecto de la forma en que se realizó la tarea ineludible de manifestar el sentido de los textos analizados en cada temática, para el hombre que vivía en un punto concreto de nuestra historia. Creemos que un paso tal no se opone al carácter especulativo que puedan tener los trabajos, es más, en la elaboración teológica nos parece indispensable. Consideramos además necesario que todo estudioso se haga consciente de los factores que determinan o condicionan la tonalidad de sus análisis. Con esto no pretendemos afirmar ni negar la posibilidad de una interpretación objetiva, si no tan solo dimensionar nuestra propia situación hermenéutica, recordar que no solo somos sujetos de la historia sino también, objetos de ella. Si existe acuerdo en que la Sagrada Escritura es testimonio de Cristo, de ahí la necesidad de su lectura y contemplación asidua, para poder escrutar los signos de los tiempos, como urgía el concilio, no podemos sino extrañar una mayor fuerza profética en la reflexión realizada. Por esto no hemos considerado superfluo mencionar la declaración del equipo directivo de la revista, acerca de la íntima unión de los conceptos de Teología y Vida (173), para quien se confiese cristiano. Es necesario tenerla siempre presente de manera provocadora, más aún cuando podemos caer en la tentación de disociar la reflexión de la totalidad de nuestra vida. La investigación expuesta en el primer período de la revista, nos parece, insistía en esa íntima relación (174). Con el paso de los años, como hemos señalado anteriormente, pareciera producirse un cambio, pero no creemos se produjese, solo por el énfasis especulativo que paulatinamente adquiría la revista. En realidad, surgen muchas interrogantes a la hora de finalizar, no tenemos las respuestas, no conocemos las razones esgrimidas para determinar el cambio, que a nuestro juicio percibimos, en la orientación de la revista, ni tampoco el por qué de la escasez, comparativa, de estudios bíblicos, no sabemos si hubo autocensura a la hora de enfrentar ciertas temáticas, lo que explicaría la falta de un mayor anclaje en la realidad. Sí sabemos que el Concilio había explicitado la necesidad de escrutar, valorar, discernir las voces de nuestro tiempo y asumimos con él la diversidad de ministerios, pero somos conscientes de la unidad de misión que tenemos como Iglesia y de la necesidad de continuar en la senda de una reflexión madura, que asuma efectivamente la interpelación de los textos sagrados (175), por lo mismo hemos aventurado estas interrogantes.

Haciéndonos cargo de nuestra peculiar situación histórica y hermenéutica, consideramos poco incisivo algunos de los análisis publicados, se quedan en la aplicación rigurosa de algunos métodos y, así, no logran involucrar al lector, llevándolo no solo a la reflexión sino además provocando en él la transformación que opera siempre la Palabra de Dios en quien la acoge libremente. Esta es nuestra percepción y nos parece positivo el balance final de esta lectura; creemos que el esfuerzo de fidelidad a la Encarnación de Dios ha sido notable, y expresamos nuestra esperanza de que este se profundice, especialmente en nuestra área.

Con esta esperanza, en estas últimas líneas hemos recordado algunos artículos, cuya lectura puede ayudar a liberarnos de prejuicios, a inspirarnos para abandonar la comodidad y seguridad —distintas de la prudencia—, que tantas veces nos conducen a la autocensura. Puede también ayudar en el despliegue de la alas de una creatividad a veces temida, pero no por eso menos anhelada. La conciencia de los riesgos que ello presenta no exime en la realización de la tarea. Y por qué no decirlo, también, esperamos que la lectura de dichos artículos pueda tal vez recordarnos, si es necesario, nuestra condición de sacerdotes, profetas y reyes, por lo mismo y con humildad, la importancia de ejercer nuestra profesión de manera crítica, creativa y católica, y así escrutando los signos de los tiempos, asumir nuestra historia con la esperanza que nos da la encarnación de Dios.

RESUMEN

El artículo presenta una visión panorámica de la producción bíblico-teológica neotesta-mentaria, recogida en los cuarenta años de publicación de Teología y Vida. La heterogeneidad de la investigación realizada en el período llevó a determinar como referente principal de la lectura el Concilio Vaticano II, para evidenciar la renovación experimentada aquí con anterioridad al Concilio y la posterior recepción de las nuevas posibilidades otorgadas por este a la investigación bíblica. Se consideraron además los criterios que emergen de los diversos autores y que posibilitan una mirada retrospectiva crítica de su investigación.

ABSTRACT

The article displays a panoramic view of the of biblical production of the New Testament’s Theology compiled in the 40 years of the Journal Teología y Vida. Given the heterogeneity of the investigation, the Vatican Council II was placed as the main referent of the investigation. The investigation regarded the renovation experienced during the Council, and the subsequent reception of the new prospects granted by the Council to the Biblical investigation. The article also discusses the criteria from different authors, which entitle a critical glance back of their investigation.

 


(1) El elenco de los artículos leídos es el siguiente:

Volumen I 1960  
Moreno, Antonio El misterio de la palabra de Dios
21-28
  ¿Jesús admite el divorcio?
101-106
Villegas, Beltrán El matrimonio en la Biblia
61-68
Volumen II 1961  
McGrath, Marcos La Biblia en la Iglesia (Presentación)
135-138
Metzinger, Adalberto Los sentidos Bíblicos, En torno a la obra literaria de San Juan
214-223
Moreno, Antonio Para una lectura cristiana de la Biblia
235-243
  Una polémica sobre la exégesis católica (C)
183-186
  Sobre el texto de la Sagrada Escritura (C)
250-253
  Lectura del evangelio de la Misa a los fieles en lengua Vulgar (C)
254-255
Villegas, Beltrán San Pablo, un teólogo pastoral
224-234
Volumen III 1962  
Fanoni, José Cómo interpretar y enseñar la Biblia según los Documentos pontificios
90-105
Volumen IV 1963  
Villegas, Beltrán San Marcos I (Leyendo la Biblia)
188-201
  San Marcos II (Leyendo la Biblia)
286-298
Weber, Juan

Orientaciones actuales de los estudios exegéticos sobre la vida de

  Cristo (Leyendo la Biblia)
113-120
Volumen V 1964  
Villegas, Beltrán La Virgen en la Teología Bíblica
159-168
Volumen VI 1965  
Villegas, Beltrán La Biblia en la predicación
292-300
Volumen VII 1966  
Villegas, Beltrán El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del N.T.
303-309
Volumen VIII 1967  
Gutiérrez, Pedro San Pablo y la Paternidad Espiritual
225-235
Volumen IX 1968  
Villegas, Beltrán El papel de la Eucaristía en la teología Joánica
10-21
Volumen X 1969  
Ferrando, Miguel A. Misterio de la Encarnación y misterio de la Iglesia
309-319
Villegas, Beltrán Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio"
320-326
Volumen XI 1970  
Villegas, Beltrán La conversión evangélica: Hacerse pobre, niño y pecador
151-154
Moreno, J. Resurrección y mundo
85-97
Volumen XII 1971  
Moreno, Jaime La salvación en la historia (Rom 1-8)
3-14
Volumen XIII 1972  
Moreno, Jaime Pecado e historia de la salvación ( Rom 1-3)
39-54
  Sobre la carta a los Gálatas
259-276
Villegas, Beltrán La liberación en la Biblia
155-167
Volumen XIV 1973  
Ferrando, Miguel A. Falsos profetas según el Nuevo Testamento
149-164
Volumen XV 1974  
Villegas, Beltrán La superación de la necesidad histórica en S. Pablo
39-46
Volumen XVI 1975  
Ferrando, M. A. La Interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II
118-136
Moreno, Jaime Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia
137-151
Volumen XVII 1976  
Meis, Anneliese Problemática de la carismática neotestamentaria
193-208
Volumen XVIII 1977  
Ferrando, Miguel A. La sexualidad humana en el Nuevo Testamento
269-286
Volumen XIX 1978  
Villegas, Beltrán Fe y cultura en el Nuevo Testamento
25-36
Villegas, Beltrán La Cristología de la gran bendición de Efesios
279-297
Volumen XX 1979  
Ferrando, Miguel A. Notas de exégesis sobre el prólogo del Cuarto Evangelio (Jn 1, 1-18)
55-63
Ferrando, Miguel A. El poder en el N.T.
283-294
Moreno, Antonio Es fácil o difícil leer la Biblia
3-15
Moreno, Jaime La interpretación del Nuevo Testamento
41-55
Volumen XXI 1980  
Felten, Gustavo Reflexiones bíblicas sobre derecho y límites del profetismo en la Iglesia
65-79
Volumen XXIII 1982  
Ferrando, Miguel A. Ver a Jesús un aspecto fundamental de la cristología del cuarto evangelio
203-216
Volumen XXIV 1983  
Villegas, Beltrán El amor de Dios en Cristo, según San Pablo
275-286

Volumen XXV 1984

 
Ferrando, Miguel A. El mensaje de Jesús a una sociedad violenta
23-38
Volumen XXVI 1985  
Ferrando, Miguel A. El pueblo de Dios según el Nuevo Testamento
31-43
Villegas, Beltrán Biblia y Teología
273-284
Volumen XXVII 1986  
Ferrando, Miguel A. Jesús, el Señor, camino del hombre
37-44
Volumen XXVIII 1987  
Ferrando Miguel A. La religiosidad popular en la perspectiva del N.T.
7-22
Villegas, Beltrán Una visión de la gracia: la justificación en Romanos
277-305
Volumen XXX 1989  
Villegas, Beltrán El método de las ciencias bíblicas
207-212
Volumen XXXI 1990  
Ferrando, Miguel A. La misión de los discípulos de Jesús
121-132
Villegas, Beltrán Los dos adanes y el hombre nuevo: Avatares de un tema paulino
47-54
Volumen XXXII 1991  
Arens, Eduardo ¿Qué es evangelizar? La respuesta de Marcos
259-271
Huerta, Edo. La realeza de Jesús en el cuarto evangelio
213-220
Villegas, Beltrán La evangelización en la Biblia
5-19
Villegas, Beltrán La evangelización en la teología lucana
163-173
Volumen XXXIII 1992  
Ferrando, Miguel A. Filosofía y evangelio de Juan
27-34
Pérez-Cotapos, Edo. Las parábolas de Jesús y su sentido y adecuada interpretación
165-178
Villegas, Beltrán Filosofía y Teología en la Biblia
13-26
Volumen XXXIV 1993  
Villegas, Beltrán El hombre Jesús
29-38
  el uso de la Biblia en Santo Domingo (Nota)
243-246
Moreno, Jaime La "Vita" de María Magdalena
119-143

Volumen XXXV 1994

 

Ferrando, Miguel A.

Reflexiones en torno al concepto de vida en el evangelio según San Juan

17-20
Volumen XXXVI 1995  
Villegas, Beltrán Raíces pastorales de la pneumatología paulina
21-30
Volumen XXXVII 1996  
Pérez-Cotapos Edo. El valor hermenéutico de la eclesialidad para la interpretación
  de la Sagrada Escritura
170-286
Volumen XXXVIII 1997  
  Stone, Nathan J. La aldea parabólica del maestro poeta
371-393

Volumen XXX 1998

 

Villegas, Beltrán

El Dios de Pablo. Alcance de ‘mi Dios’ en sus cartas
150-154

(2) En todo caso serán mencionadas en algunas partes del artículo para aclarar ciertas afirmaciones realizadas en el conjunto.

(3) FANONI J., Cómo interpretar y enseñar la Biblia según los Documentos Pontificios, T y V vol. III (1962) 90-105;         [ Links ] Metzinger A., Los sentidos bíblicos, T y V vol. II (1961) 153-161;         [ Links ] Moreno A., Para una lectura cristiana de la Biblia, T y V vol. II (1961) 235-243;         [ Links ] Weber J., Orientaciones actuales de los estudios exegéticos sobre la vida de Cristo, T y V vol. IV (1963) 113-120.        [ Links ]

(4) Estructura el estudio en: I Clasificación de los sentidos bíblicos; II Sentido literal; III Sentido típico.

(5) Cf. METZINGER, A., Los sentidos bíblicos, T y V vol. II (1961) 153.

(6) "Aquel determinado concepto de la mente que el autor de las Sagradas Escrituras entiende expresar, ya mediante la palabra, ya mediante el objeto expresado a su vez por la palabra". p. 153.

(7) Cf. METZINGER, A., Los sentidos bíblicos, T y V vol. II (1961) 154-155.

(8) Cf. METZINGER, A., Los sentidos bíblicos, T y V vol. II (1961) 155.

(9) Cf. METZINGER, A., Los sentidos bíblicos, Ty V vol. II (1961) 155-156.

(10) También llamado espiritual por S.S. Pío XII, quien lo defiende y aclara su uso, frente a quienes han desvirtuado su sentido, y por lo mismo, prefiere hablar de espiritual y no el término técnico ‘sentido típico’.

(11) Cf. METZINGER, A., Los sentidos bíblicos, T y V vol. II (1961) 160.

(12) Cf. MORENO A., Para una lectura cristiana de la Biblia, T y V vol. II (1961) 235.

(13) Cf. MORENO, A., Para una lectura cristiana de la Biblia, T y V vol. II (1961) 236-243.

(14) FANONI, J., Cómo interpretar y enseñar la Biblia según los documentos Pontificios T y V vol. III (1962) 90-105.

(15) El mismo autor publicó el artículo La inspiración y la inerrancia de la Biblia, T y V vol. II (1961) 139-152.        [ Links ]

(16) Cf. FANONI, J., Cómo interpretar y enseñar la Biblia según los documentos Pontificios T y V vol. III (1962) 101-102.

(17) WEBER J., Orientaciones actuales de los estudios exegéticos sobre la vida de Cristo, T y V vol. IV (1963) 113-120. A considerar su pertenencia a la sección Leyendo la Biblia.

(18) Recordemos que la aplicación de este suscitó gran polémica en el seno de la Iglesia por los excesos de algunos de sus cultores.

(19) DE SANTIAGO, V., El origen de los evangelios sinópticos T y V vol. II (1961) 205-213;         [ Links ] Metzinger, A. En torno a la obra literaria de San Juan, Id. pp. 214-223; Moreno, A., El misterio de la Palabra de Dios, T y V vol. I (1960) 21-28; ¿         [ Links ]Jesús admite el divorcio? Id. pp. 101-106; Villegas, B., El matrimonio en la Biblia, T y V vol. I (1960) 61-68;         [ Links ]San Pablo, un teólogo pastoral, T y V vol. II (1961) 224-234; La Virgen en la Teología Bíblica, T y V vol. V (1964) 159-168; La Biblia en la predicación, Id. pp. 292-300.

(20) Mencionemos inmediatamente de este período, además, tres breves notas de la sección Consultas publicadas en el segundo volumen de la revista, estas sin duda constituyen una muestra del interés en aquellos años por la Sagrada Escritura: Una polémica sobre la exégesis católica; Sobre el texto de la Sagrada escritura; Lectura del evangelio de la Misa a los fieles en lengua vulgar, T y V vol. II (1961) 183-186. 250-253. 254-255 y de la sección Leyendo la Biblia, los escritos por Villegas en el año 1963 sobre el evangelio según San Marcos, T y V vol. IV (1963) cuyo objetivo era "facilitar la comprensión del evangelio, para lo cual el autor analizó el material que compone dicho evangelio y su estructura para luego seguir la narración", p. 188.

(21) Cf. MORENO, A., El misterio de la Palabra de Dios, T y V vol. I (1960) 21-28.

(22) Cf. MORENO, A., El misterio de la Palabra de Dios, T y V vol. I (1960) 21.

(23) Id.

(24) T y V vol. I (1960) 58 el subrayado es mío.

(25) Villegas, B., El matrimonio en la Biblia, T y V vol. I (1960) 61-68.

(26) Moreno, A., ¿Jesús admite el divorcio?, T y V vol. I (1960) 101-106.        [ Links ]

(27) T y V vol. I (1960) 58.

(28) Cf. Villegas, B., El matrimonio en la Biblia, T y V vol. I (1960) 61.

(29) Cf. nota 19.

(30) Cf. DE SANTIAGO, VICENTE, El origen de los evangelios sinópticos, T y V vol. II (1961) 205.        [ Links ]

(31) METZINGER, A., En torno a la obra literaria de San Juan, T y V vol. II (1961) 214-223.        [ Links ]

(32) Cf. METZINGER, A., En torno a la obra literaria de San Juan, T y V vol. II (1961) 214.

(33) Id.

(34) Cf. METZINGER, A., En torno a la obra literaria de San Juan, T y V vol. II (1961) 217ss.

(35) Cf. VILLEGAS, B., San Pablo, un teólogo pastoral T y V vol. II (1961) 224.        [ Links ]

(36) Id.

(37) Id.

(38) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 292-300.        [ Links ]

(39) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 294.

(40) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 296.

(41) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 297-298.

(42) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 298-300.

(43) Presentación, T y V vol. XVI (1975) 99.

(44) FERRANDO, M.A., La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) 118-136         [ Links ]y Moreno, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 137-151.        [ Links ]

(45) Cf. FERRANDO, M.A., La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) 118.

(46) El destacado es del autor del artículo. cf. Ferrando La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) pp. 119-120.

(47) Cf. FERRANDO La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) 119. 122-126.

(48) Cf. FERRANDO La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) 119. 126ss.

(49) Cf. MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 137-151.

(50) MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 137-139.

(51) MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 139-145.

(52) Cf. MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 145-146.

(53) Cf. MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 146-147.

(54) Cf. MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 148.

(55) MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 148.

(56) Cf. MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 149-151.

(57) MORENO A., ¿Es fácil o difícil leer la Biblia?, T y V vol. XX (1979) 3-14.        [ Links ]

(58) Cf. MORENO A., ¿Es fácil o difícil leer la Biblia?, T y V vol. XX (1979) 4.

(59) Cf. MORENO A., ¿Es fácil o difícil leer la Biblia?, T y V vol. XX (1979) 13.

(60) MORENO, J., La interpretación del Nuevo Testamento T y V vol. XX (1979) 41-54.        [ Links ]

(61) MORENO, J., La interpretación del Nuevo Testamento T y V vol. XX (1979) 41

(62) Cf. MORENO, J., La interpretación del Nuevo Testamento T y V vol. XX (1979) 54

(63) VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 273-284.        [ Links ]

(64) Cf. VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 275-276.

(65) Cf. VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 277.

(66) Cf. VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 281-282.

(67) Cf. VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 282-283.

(68) Cf. VILLEGAS B., Biblia y Teología, T y V vol. XXVI (1985) 284.

(69) VILLEGAS B., El método de las ciencias Bíblicas, T y V vol. XXX (1989) 207-211.        [ Links ]

(70) VILLEGAS B., El método de las ciencias Bíblicas, T y V vol. XXX (1989) 208-209.

(71) VILLEGAS B., El método de las ciencias Bíblicas, T y V vol. XXX (1989) 210.

(72) VILLEGAS B., El método de las ciencias Bíblicas, T y V vol. XXX (1989) 211.

(73) VILLEGAS, B., El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del Nuevo Testamento, T y V vol. VII (1966) 303-309.        [ Links ]

(74) VILLEGAS, B., El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del N.T, T y V vol. VII (1966) 305.

(75) Cf. VILLEGAS, B., El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del N.T, T y V vol. VII (1966) 306-307.

(76) Cf. VILLEGAS, B., El Sacerdocio de los ministros de la Iglesia a la luz del N.T, T y V vol. VII (1966) 309.

(77) VILLEGAS, B., El papel de la Eucaristía en la teología Joánica, T y V vol. IX (1968). 10-21.        [ Links ]

(78) VILLEGAS, B., El papel de la Eucaristía en la teología Joánica, T y V vol. IX (1968) 20.

(79) VILLEGAS, B., El papel de la Eucaristía en la teología Joánica, T y V vol. IX (1968) 20-21.

(80) VILLEGAS, B., Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio", T y V vol. X (1969) 320-326.        [ Links ]

(81) VILLEGAS, B., Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio", T y V vol. X (1969) 320.

(82) VILLEGAS, B., Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio", T y V vol. X (1969) 320-321.

(83) VILLEGAS, B., Algunas perspectivas del ideal evangélico de "servicio", T y V vol. X (1969) 326.

(84) VILLEGAS, B., La conversión evangélica: Hacerse pobre, niño y pecador, T y V vol. XI (1970) 151-154.        [ Links ]

(85) Cf. VILLEGAS, B., La conversión evangélica: Hacerse pobre, niño y pecador, T y V vol. XI (1970) 151.

(86) VILLEGAS, B., La conversión evangélica: Hacerse pobre, niño y pecador, T y V vol. XI (1970) 151-152.

(87) Cf. Ib. 153-154.

(88) No pretendemos afirmar la unicidad y/o uniformidad de este enfoque teológico, somos conscientes de la diversidad de orientaciones que se suelen agrupar bajo esta denominación.

(89) Cf. VILLEGAS, B., La liberación en la Biblia, T y V vol. XIII (1972) 155-167.        [ Links ]

(90) VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974). 39-46.        [ Links ]

(91) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 39.

(92) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 40-41.

(93) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 40-41.

(94) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 42.

(95) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 42.

(96) VILLEGAS considera que Heidegger ve la gratuidad como un absurdo, y no como efecto imprevisible de la Gracia de Alguien que tiene un ‘designio’ y por ello funda una ‘esperanza’.

(97) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 43-44.

(98) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 45.

(99) VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 45.

(100) Cf. VILLEGAS, B., La superación de la necesidad histórica en S. Pablo, T y V vol. XV (1974) 45-46.

(101) VILLEGAS, B., Fe y cultura en el Nuevo Testamento; La Cristología de la gran bendición de Efesios; T y V vol. XIX (1978) 25-36. 279-297.        [ Links ]

(102) Cf. T y V vol. XIX (1978) 279-283.

(103) Cf. pp. 283-297.

(104) Cf. íd p. 297.

(105) VILLEGAS B., Una visión de la gracia: la justificación en Romanos, T y V vol. XXVIII (1987) 277-305.        [ Links ]

(106) VILLEGAS B., Los dos adanes y el hombre nuevo: Avatares de un tema paulino, T y V vol. XXXI (1990) 47-54.        [ Links ]

(107) VILLEGAS, B., La evangelización en la Biblia, T y V vol. XXXII (1992) 5-19;         [ Links ] y La evangelización en la teología lucana, T y V vol. XXXII (1991) 163-173.

(108) Cf. VILLEGAS, B., La evangelización en la teología lucana, T y V vol. XXXII (1991) 163-164.        [ Links ]

(109) FERRANDO, M.A., Misterio de la Encarnación y misterio de la Iglesia, T y V vol. X (1969) 309-319;         [ Links ]Falsos profetas según el Nuevo Testamento, T y V vol. XIV (1973) 149-164; Notas de exégesis sobre el prólogo del Cuarto Evangelio (Jn 1, 1-8), T y V vol. XX (1979) 55-63; Poder en el Nuevo Testamento, T y V vol. XX (1979) 283-294; Tiempos actuales, tiempos difíciles, T y V vol. XXIII (1982); Ver a Jesús un aspecto fundamental de la Cristología del cuarto evangelio, T y V vol. XXIII (1982) 203-216; El mensaje de Jesús a una sociedad violenta, T y V vol. XXV (1984) 23-38; El pueblo de Dios según el Nuevo Testamento, T y V vol. XXV (1985) 31-43; Jesús, el Señor, camino del hombre, T y V vol. XXVII (1986) 37-44; La religiosidad popular en la perspectiva del N.T., T y V vol. XXVIII (1987) 7-22; La misión de los discípulos de Jesús , T y V vol. XXXI (1990) 121-132; Filosofía y evangelio de Juan, T y V vol. XXXIII (1992) 27-34; Reflexiones en torno al concepto de vida en el evangelio según San Juan, T y V vol. XXXV (1994) 17-20.

(110) FERRANDO M.A., Misterio de la Encarnación y misterio de la Iglesia, T y V vol. X (1969) 309.

(111) Id.

(112) FERRANDO, M.A. Falsos profetas según el Nuevo Testamento, T y V vol. XIV (1973). 149-164.        [ Links ]

(113) FERRANDO M.A. La sexualidad en el Nuevo Testamento, T y V vol. XVIII (1977) 269-286.        [ Links ]

(114) Cf. p. 285-286.

(115) FERRANDO, M.A., Notas de exégesis sobre el prólogo del Cuarto Evangelio (Jn 1, 1-8), T y V vol. XX (1979) 55-63.        [ Links ]

(116) Id. Poder en el Nuevo Testamento, T y V vol. XX (1979) 283-294.

(117) Cf. T y V vol. XX (1979) 55.

(118) FERRANDO, M.A., Tiempos actuales, tiempos difíciles, T y V vol. XXIII (1982).         [ Links ]

(119) Ferrando, M.A., Ver a Jesús un aspecto fundamental de la Cristología del cuarto evangelio , T y V vol. XXIII (1982) 203-216.        [ Links ]

(120) Cf. T y V vol. XXIII (1982) 110-114.

(121) FERRANDO, M. A., El mensaje de Jesús a una sociedad violenta, T y V vol. XXV (1984) 23-38.        [ Links ]

(122) Id. p. 23.

(123) FERRANDO, M.A., El pueblo de Dios según el Nuevo Testamento, T y V vol. XXV (1985) 31-43.        [ Links ]

(124) FERRANDO, M.A., El pueblo de Dios según el Nuevo Testamento, T y V vol. XXV (1985) 41-42.

(125) Cf. pp. 42-43.

(126) BENTUÉ, A., Crónica del Seminario, T y V vol. XXVIII (1987) 3.        [ Links ]

(127) FERRANDO, M.A., La religiosidad popular en la perspectiva del N.T., T y V vol. XXVIII (1987) 7-22.        [ Links ]

(128) FERRANDO, M.A., La misión de los discípulos de Jesús, T y V vol. XXXI (1990) 121-132.        [ Links ]

(129) Id. 121.

(130) MORENO, J., Resurrección y mundo, T y V vol. XI (1970) 85-97.         [ Links ]

(131) MORENO, J., Resurrección y mundo, T y V vol. XI (1970) 85.

(132) Cf. Moreno, J., Resurrección y mundo, T y V vol. XI (1970) 85-86.

(133) MORENO, J., Resurrección y mundo, T y V vol. XI (1970) 86.

(134) Cf. MORENO, J., Resurrección y mundo, T y V vol. XI (1970) 96-97.

(135) MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 3-14.        [ Links ]

(136) MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 3.

(137) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 3.

(138) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 4-5.

(139) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 5.

(140) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 6.

(141) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 4.

(142) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 5.

(143) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 11-12.

(144) Cf. MORENO, J., La salvación en la historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 13.

(145) Cf. MORENO, J., La salvación en la Historia (Rom 1-8), T y V vol. XII (1971) 13-14.

(146) Cf. T y V vol. I (1960) 3.

(147) Cf. Dirección de la Revista, Presentación, T y V vol. I (1960) 4.         [ Links ]

(148) Cf. NOEMI, J. CASTILLO FERNANDO, Teología Latinoamericana, Centro Ecuménico Diego de Medellín, 1998, p. 23.        [ Links ]

(149) Una muestra el artículo de Fanoni Como interpretar y enseñar la Biblia según los documentos pontificios, T y V vol. III (1962) 90-105. Especialmente pp. 102-104, cuando se refiere a los Consejos y normas para enseñar bien la Sagrada Escritura, donde la mayor parte de la reflexión está dedicada a la actividad desarrollada en los seminarios e institutos religiosos, desde la perspectiva del sacerdote como enseñante.

(150) Cf. Lumen Gentium N° 10. 12.

(151) Cf. MORENO, A., El misterio de la palabra de Dios, T y V vol. I (1960) 21-28.

(152) Cf. VILLEGAS, B., San Pablo, un teólogo pastoral, T y V vol. II (1961) 224ss.

(153) Cf. VILLEGAS, B., La Biblia en la predicación, T y V vol. V (1965) 292ss.

(154) Id. 294.

(155) Id. 296ss.

(156) Cf. Lumen Gentium N° 1.

(157) Cf. Lumen Gentium N° 48.

(158) Gaudium et Spes N° 1.

(159) Gaudium et Spes N° 4.

(160) FERRANDO, MIGUEL A. 1975, La interpretación de la Biblia según el Concilio Vaticano II, T y V vol. XVI (1975) 118-136.

(161) MORENO, J., Reflexiones sobre la interpretación de la Biblia, T y V vol. XVI (1975) 137-151.

(162) PÉREZ-COTAPOS, EDO., El valor hermenéutico de la eclesialidad para la interpretación de la Sagrada Escritura, T y V vol. XXXVII (1996) 170-286.        [ Links ]

(163) PÉREZ-COTAPOS, EDO., Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 165-178.        [ Links ]

(164) Cf. Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 171-172.

(165) Cf. Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 172-173.

(166) Cf. Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 174-175.

(167) Cf. Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 175-177.

(168) Cf. Las Parábolas de Jesús: su sentido y adecuada interpretación, T y V vol. XXXIII (1992) 177-178.

(169) También llamada como Historia de los efectos (de un texto), Historia de la Recepción.

(170) No entramos en la discusión sobre el modelo a aplicar, retórico griego o semítico.

(171) En la óptica mencionada nos parece interesante la obra de Robert C. Tannenhill The Narrative Unity of Luke-Acts: A Literary Interpretation, Filadelfia: Fortress, 1986.        [ Links ]

(172) Algunos distinguen entre una lectura canónica, la historia de los efectos del texto, y la lectura que considera los avances en el estudio de las tradiciones judías de interpretación.

(173) Asumiendo incluso la elasticidad del concepto.

(174) No de manera ingenua, pues existía conciencia de la controversia sobre naturaleza y métodos que enfrentó a teólogos, exégetas y biblistas. Controversia que pareciera presentarse, cada vez que se perfilan nuevas metodologías para aproximarse a la Sagrada Escritura.

(175) Cf. Gaudium et Spes Nº 11.44; Decreto Apostolicam actuositatem, N° 2.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons