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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida v.43 n.1 Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492002000100002 

Monseñor Andrés Arteaga M.
Profesor de la Facultad de Teología
Pontificia Universidad Católica de Chile

Teología en la Universidad

No es fácil analizar este asunto del lugar de la teología en la universidad (1), porque en Chile no tenemos una tradición teológica y universitaria muy extendida. Me imaginé que podía acudir a la historia para recabar antecedentes que permitieran esbozar algunos criterios de relación entre la teología y la universidad (§1), abordando como línea fundamental la erudición histórica. Luego pensé que la Iglesia Universal, especialmente en sus orientaciones y en su magisterio contemporáneo más reciente, podría entregar algunas luces para abordar el tema (§2), haciendo un trabajo de recopilación y síntesis de pronunciamientos. Finalmente, a partir de esos escasos datos recabados y de reflexiones personales, he podido enunciar algunas modestas y fragmentarias anotaciones sobre la relación entre la teología y la universidad, que puedan servir de animación para el inicio de este nuevo año académico, y para impulsar la reflexión que pueda ser un punto de partida para el seminario de profesores de la Facultad de Teología, este año más abierto a toda la universidad (§3). Esta última es la perspectiva escogida, sin dejar de decir algunas cosas acerca de las dos anteriores. De alguna manera el tema obliga a plantear el "carácter científico" de la teología y también la "naturaleza" de la universidad en su búsqueda, y comunicación del saber. Ambos temas no están desconectados sino que se refieren uno al otro. Como lo ha mencionado Juan Noemi, "entre universidad y teología se da un nexo íntimo" (2). Al final deseo hacer un llamado a profesores y alumnos para enfrentar con pasión y entusiasmo, con humildad y rigurosidad, la tarea de pensar la fe (§4). Mis reflexiones parten de mi experiencia, aluden indirectamente a nuestra Facultad de Teología y a nuestra Pontificia Universidad Católica de Chile. Pero tienen el suficiente grado de objetividad, de tal manera que permiten mantener el título de esta clase: Teología en la universidad.

§1 ANTECEDENTES DE LA HISTORIA

No es menor el papel que la Iglesia Católica ha tenido en la transmisión del saber, sobre todo en Occidente y en la modernidad (3). "La universidad constituye una de las conquistas del medioevo y uno de los mayores servicios prestados por él al desarrollo de la civilización occidental. Los antecedentes de las universidades se nos descubren en una progresiva evolución de las escuelas monásticas y episcopales a lo largo de los siglos, a partir del IX hasta llegar al XIII. Estas, en una callada labor, han preparado el futuro crecimiento de la ciencia en Occidente" (4). A esa marca original de la institución universitaria "no podrá renunciar posteriormente sin poner en cuestión su misma razón de ser" (5). Como lo señalara el padre Walter Hanisch (6), en Chile, es fray Antonio de San Miguel quien manifiesta ya en 1580 el deseo de tener universidad para la Imperial, lo que es solicitado por fray Juan Pérez de Espinosa en 1602 para Santiago. En 1619 Paulo V concede a los dominicos los grados académicos en filosofía y teología y en 1622 se obtiene el pase para una Facultad en Santiago. Los jesuitas reciben de Gregorio XV la autorización en 1621 para conceder grados, lo que es autorizado en Santiago en 1623 (7). La Universidad de San Felipe fue creada en 1738, formó su claustro en 1748 y comenzó las clases en 1758. Aquí tenemos ya algunas características de nuestra cultura y tradición universitaria. Esta Universidad se extingue en 1842 con la aparición de la Universidad de Chile y amplía las facultades a Derecho, Matemáticas y Medicina, manteniendo las de Filosofía y Teología (8).

En todo caso, los orígenes de la enseñanza superior en Chile no han sido fáciles, problemas de organización han demorado las realizaciones y los frutos (9). Y por otra parte la vinculación de la Iglesia y de la teología con la universidad se ha dado aquí también como en el mundo, con algunos puntos de encuentro y otros de desencuentro. Pero con la diferencia que la tradición teológica es escasa (10), y la enseñanza universitaria se desarrolla más plenamente en Chile en el siglo XIX y XX. Y no necesariamente bajo el alero de la Iglesia y menos de la teología (11). Un ejemplo de ello es que la misma Universidad Católica se fundó sin Facultad de Teología (12). De tal manera que esa marca original y el desarrollo universitario moderno mas bien secular y laico, se afectará profundamente la manera de enfrentar hoy el tema de las relaciones teología y universidad (13). Y se puede decir también que esta desvinculación teología y universidad, se ha dado dramáticamente incluso al interior de nuestra propia casa de estudios en estos años de su historia. Se ha reeditado aquí, lo que se ha dado en la cultura, la búsqueda de autonomía de las ciencias y de la institución universitaria ha arrinconado a la fe e incluso al quehacer teológico universitario. En varios períodos de las décadas anteriores se ha olvidado la vocación teológica de la Iglesia y el aporte de la disciplina teológica a la articulación del saber y al examen profundo de la realidad. Todo un icono de esta situación ha significado la dificultad, por más de 65 años, que la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica tenga un lugar físico definitivo en su interior. ¿No ha sido posible hasta ahora darle un espacio a la teología en la universidad?

§2 LAS ENSEÑANZAS CONTEMPORÁNEAS DE LA IGLESIA

A partir del Vaticano II, la Iglesia ha intentado dinamizar un diálogo más fecundo con el mundo moderno. Si las universidades nacieron en el seno de la Iglesia y en contacto estrecho con el desarrollo de la teología como ciencia en el medioevo, se ha intentado superar el abismo cada vez mayor en el presente. Así lo afirma la Constitución sobre la Iglesia en el mundo: "Aunque la Iglesia ha contribuido mucho al progreso de la cultura, la experiencia humana demuestra, sin embargo, que, por causas contingentes, la armonía entre la cultura y la educación cristiana no siempre se realiza sin dificultades"... "Los que se dedican a las disciplinas teológicas en seminarios y universidades procurarán cooperar con los hombres que sobresalen en otras ciencias, uniendo sus fuerzas y sus propósitos" (14). Ahora, aunque el Concilio intentó "examinar con atención la importancia fundamental de la educación en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social de este tiempo" (15); no ha dedicado una reflexión suficientemente amplia al tema universitario. Ahora bien, el Concilio no significó un punto de partida sino más bien un hito significativo en esta recuperación del tema universitario por parte de la Iglesia. Hay que señalar en 1931 la Constitución Apostólica Deus Scientiarum Dominus, de Pío XI, que significó por 50 años un empuje a los estudios teológicos en la Universidad y una verdadera reforma de la situación. Luego en 1968 la publicación de normas y disposiciones transitorias que adecuaban la situación a las reformas conciliares. En 1979 el Papa Juan Pablo II proclama la Constitución Apostólica Sapientia Christiana sobre los estudios universitarios y las facultades eclesiásticas (16) y definitivamente en 1990 la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae sobre las universidades católicas.

Esa deuda de la Iglesia con la institución universitaria está de alguna manera saldada con la Constitución Apostólica sobre las universidades católicas, Ex Corde Ecclesiae, la carta magna de las Universidades de la Iglesia. También con el documento Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria, de la Congregación para la Educación Católica, el Consejo Pontificio para los laicos y el Consejo Pontificio para la Cultura, de mayo de 1994. Más ampliamente con la encíclica Fides et Ratio, de septiembre de 1998, acerca de las relaciones entre la fe y la razón. Veremos que pueden iluminar estos recientes documentos sobre las relaciones teología y Universidad.

a) Ex Corde Ecclesiae concibe la universidad como una comunidad académica que de modo riguroso y crítico contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural .Es una excelente definición que sorprende por su hondura. La finalidad de la institución universitaria consiste en la tutela y el desarrollo de la "dignidad humana", en la tutela y desarrollo de la "herencia cultural". Eso la ubica en el centro de la actividad humana y lo que le es más propio y específico, su dignidad y la cultura. Su labor es la de tutelar y desarrollar con una metodología propia, que es la del ejercicio riguroso y crítico del pensamiento, y añade también, mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios, no solo a la comunidad local sino nacional e internacional. La universidad "examina a fondo la realidad", mediante la integración del saber. Es un centro de creatividad y de irradiación del saber para beneficio de la humanidad, un conjunto de maestros y estudiantes que se consagran a la investigación a la enseñanza y a la formación de los estudiantes que se han reunido con sus maestros libremente y por el amor al saber. Una Universidad Católica tiene como tarea privilegiada, "la de unificar existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades que muy a menudo se tienden a oponer como si fueran antitéticas: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad" (17). Así está llamada a consagrarse a la causa de la verdad, "distinguiéndose por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios" (18). Este diálogo entre el mensaje salvífico de la revelación y la pluralidad del saber humano permite un fecundo diálogo de la Iglesia con la cultura. La universidad permite que la evangelización de la cultura sea real y no una ideología.

Se señalan su identidad y misión, caracterizadas por su autonomía institucional y libertad académica claramente especificadas (19). "La Universidad Católica es, por consiguiente, el lugar donde los estudiosos examinan a fondo la realidad con los métodos propios de cada disciplina académica, contribuyendo así al enriquecimiento del saber humano. Cada disciplina se estudia de manera sistemática, estableciendo después un diálogo entre las disciplinas con el fin de enriquecerse mutuamente" (20). Se advierten dos orientaciones de la tarea universitaria, una hacia la hondura y rigurosidad "examinar a fondo la realidad", otra hacia la extensión y amplitud del saber, mediante "la integración".

Evidentemente, allí hay un lugar especial para la teología. "La teología ¾afirma el documento¾ desempeña un papel particularmente importante en la búsqueda de una síntesis del saber, como también en el diálogo entre fe y razón. Ella presta, además, una ayuda a todas las otras disciplinas en su búsqueda de significado, no solo ayudándoles a examinar de qué modo sus descubrimientos influyen sobre las personas y la sociedad, sino dándoles también una perspectiva y una orientación que no están contenidas en sus metodologías. A su vez, la interacción con estas otras disciplinas y sus hallazgos enriquece a la teología, proporcionándole una mejor comprensión del mundo de hoy y haciendo que la investigación teológica se adapte mejor a las exigencias actuales" (21). Sin duda, la filosofía y la teología contribuyen de gran modo a la interdisciplinariedad de la búsqueda de la verdad y del examen profundo de la realidad. Se puede afirmar que la hondura y la extensión del conocimiento de lo real quedarían gravemente lesionadas sin el aporte de la teología, una rama del saber, una ciencia que pretende decir algo definitivo (con todas las limitaciones del lenguaje y del conocimiento humano), acerca de lo real.

b) El documento Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria nos recuerda que "la presencia eclesial (en la universidad) no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo". Al hacer un balance sobre la situación actual de las instituciones de educación superior, desciende a un aspecto más práctico de la situación de la fe en la universidad, señalando: "La presencia de los católicos en la universidad constituye de por sí un motivo de interrogación y de esperanza para la Iglesia. En numerosos países, esta presencia es en efecto a la vez imponente por el número, pero de alcance relativamente modesto, esto es, debido al hecho de que demasiados profesores y estudiantes consideran su fe como un asunto estrictamente privado, o no perciben el impacto de su vida universitaria en su existencia cristiana. Algunos, incluso sacerdotes o religiosos, llegan hasta a abstenerse, en nombre de la autonomía universitaria, de testimoniar explícitamente su fe". Una de las soluciones apuntadas es la del lugar de la teología y la formación teológica. "La falta de teólogos competentes en los campos científicos y técnicos, y de profesores con buena formación teológica, especialistas en las ciencias, agrava esta situación" (22).

c) Fides et Ratio es una carta encíclica que aborda un tema más amplio, que es el de las relaciones entre la fe y la razón. Pero puede significar un aporte significativo al problema de fondo de las relaciones entre la teología y las ciencias y del lugar de la teología en la Universidad. "Conocer a fondo el mundo y los acontecimientos de la historia ¾afirma el Santo Padre¾ no es posible sin confesar al mismo tiempo la fe en Dios que actúa en ellos. La fe agudiza la mirada interior abriendo la mente para que descubra, en el sucederse de los acontecimientos, la presencia operante de la Providencia. Una expresión del libro de los Proverbios es significativa a este respecto: ‘El corazón del hombre medita su camino, pero es el Señor quien asegura sus pasos’ (16, 9). Es decir, el hombre con la luz de la razón sabe reconocer su camino, pero lo puede recorrer de forma libre, sin obstáculos y hasta el final, si con ánimo sincero fija su búsqueda en el horizonte de la fe. La razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios. No hay, pues, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización" (23). La búsqueda de la verdad es lo que define al ser humano (24), pero muchas veces los límites de la razón y la inconstancia del corazón oscurecen esa búsqueda. Es una búsqueda con otros, en comunidad. Y no se contenta con una verdad parcial, factual o científica, "su búsqueda tiende a una verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una búsqueda que no puede encontrar si no es el absoluto" (25). Ahora, se recuerda que la teología no podrá lograr su cometido sin un auténtico diálogo con la filosofía (circularis progressio), que le permitirá dialogar con las otras ciencias (26).

Es evidente que la carta no soluciona los problemas de las complejas relaciones fe y razón, las relaciones entre las ciencias y teología. Más bien permite reposicionar el tema en la agenda actual de la reflexión cultural y la propone como tarea. Recapitula lo logrado hasta hoy, pero plantea más bien un desafío para el futuro, como se ha decantado en los trabajos de la última Jornada Anual de la Sociedad Chilena de Teología, dedicada precisamente al tema Fe y Razón.

§3 ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL LUGAR DE LA TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD

Aquí se trata de proponer algunas afirmaciones fundamentales, a la luz de los datos anteriormente espigados de la historia y de la enseñanza de la Iglesia. Una tesis básica intentará probar que no hay universidad sin teología, y que no hay teología sin universidad (27). Una reflexión inicial se impone, ¿cuál es la tarea de la teología en medio de los múltiples caminos de búsqueda de explicación de lo real? ¿La ciencia es el único camino para comprender lo real? ¿Qué es la ciencia? ¿La teología es ‘ciencia’ o tiene un carácter científico que merezca pertenecer de suyo a la institución universitaria?

a) El origen y las características de la ciencia

¿Qué es la ciencia? (28). Saber es un deseo natural, pues nacemos preguntando las cosas, todas las cosas. Y ese preguntar es de alguna manera inagotable en el ser humano. Ahora, debemos distinguir entre el saber natural o espontáneo y el saber científico, que exige un esfuerzo, un aprendizaje especial. El saber científico es una conquista de la historia y de la humanidad. Una prueba de ello es que la ciencia moderna es algo que ha surgido en los últimos siglos de la historia humana, después del período que los historiadores han llamado "edad media" (29).

La revolución científica trajo una nueva imagen del universo, una nueva concepción de la ciencia, y sobre todo una nueva metodología, que caracterizará al conocimiento científico. Del sistema aristotélico-ptolemaico se pasa al sistema heliocéntrico en la imagen del universo, se descubren las órbitas elípticas y la homogeneidad del universo. Se inventa el método hipotético-deductivo, pues la autoridad de los antiguos pierde valor, y se coordina experiencia y deducciones matemáticas. Las experiencias, punto de partida del método, son analizadas por la razón e interpretadas matemáticamente. Hay una secularización del pensamiento y una nueva actitud frente a la realidad, la razón humana adquiere nuevos derechos y ciudadanía en la vida social. Se desgaja la ciencia de la filosofía y de la fe.

Auguste Comte ha ilustrado este paso de una mentalidad primitiva a una científica moderna con la teoría de los tres estados (30). Estudiando el desarrollo total de la inteligencia humana, desde sus inicios, ha descubierto una ley fundamental: cada rama de nuestros conocimientos ha pasado por tres estados teóricos diferentes. Uno teológico (que supone ficticio), otro metafísico (que supone intermedio) y otro científico (que llama positivo y que considera definitivo). Son tres modos de pensar diferentes, incluso opuestos, según Comte. En una primera etapa, el ser humano se movió necesariamente por mitos. En una segunda por la razón filosófica y abstracta, en la etapa definitiva por la ciencia. Un ejemplo puede ayudar. El fuego para el hombre primitivo era un elemento misterioso y ambiguo, por una parte beneficioso y peligroso e indomable, por lo que se le atribuían aspectos divinos. De esta actitud surgen muchos mitos que intentan explicar cómo el fuego llegó hasta la tierra. Los filósofos griegos, en ese período intermedio, consideraron que el fuego era uno de los elementos fundamentales junto con el agua, el aire y la tierra, de lo que todo el universo está compuesto. Se trata de uno de los principios o "arje" de la filosofía cosmológica antigua griega. La explicación científica de la combustión desplaza a las anteriores y puede considerarse, hoy, como la única.

La ciencia es así una de las conquistas más importantes de la humanidad, pues nos ha liberado de las supersticiones y nos ha permitido conocer el mundo. Cada persona debe aprender la ciencia con fatiga, no lo hace espontáneamente, debe estudiar, asistir a la escuela y a estudios superiores. Pero es importante recalcar que la ciencia no elimina otras formas de saber, de aproximarse a lo real, como son las aproximaciones de la poesía, la religión o la filosofía.

La ciencia pretende explicar, comprender y predecir la realidad mediante un método específico. Eso supone una realidad objetiva, que el universo tiene un carácter independiente de mis opiniones, es tal cual es. Mediante razonamientos podemos averiguar lo que las cosas real y verdaderamente son. A partir de nuestras percepciones o de la sabiduría popular, mediante un método científico, adquirimos una percepción científica de la realidad y purificamos nuestros conocimientos previos que muchas veces son engañosos. A pesar de los beneficios que la humanidad ha logrado por la ciencia se pueden plantear algunas interrogantes: ¿La ciencia tiene un progreso indefinido? ¿Su método es infalible? ¿Es objetivo? ¿Hará feliz al hombre? ¿No es acaso el gran mito de la edad moderna? La literatura y el arte actual lo plantean con urgencia en las obras de Orwell y Huxley, o en la reciente película The Matrix.

b) El método científico

El método científico no es el de la tenacidad, ni es el método de la autoridad, tampoco el método de las preferencias naturales. Esos métodos pueden dejarnos contentos, pero no necesariamente nos llevan a un conocimiento cierto de la realidad. La ciencia quiere liberar a la persona humana de sus opiniones subjetivas y mal fundadas y hacerle conocer la realidad tal cual es. Realidad que se supone existe fuera de nosotros y que no es producto de la mente humana (lo que es más bien un problema de la filosofía). La ciencia explica reduciendo los fenómenos a sus causas, a leyes y funciones. Hay explicaciones deductivas, cuando un fenómeno es explicado al introducirlo y derivarlo de una ley general. Es la explicación más común y más estricta. Pero también hay explicaciones que se basan en la estadística o probabilidades, otras funcionales, teleológicas o finalísticas y otras genéticas o históricas. Una de las diferencias entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre (o llamadas también del ‘espíritu’), es que las primeras explican por la reducción a leyes (ciencias nomotéticas) y las segundas intentan comprender y captar los fenómenos en su sentido mismo (ciencias ideográficas). Los hechos humanos e históricos perderían su especificidad si intentáramos explicarlos solamente y no comprenderlos por sí mismos en su singularidad e integrados en su contexto. Es distinto explicar una enfermedad mental que comprenderla, explicar la Revolución Francesa que comprenderla. Esta diferencia entre ciencias naturales y humanas no hay que exagerarla, pues denota matices y pueden en ambas ciencias intentarse unas "explicaciones comprensivas".

La ciencia también pretende predecir los acontecimientos naturales y la conducta humana. La predicción científica siempre se basa en teorías y datos establecidos. Se hacen predicciones condicionadas, probabilísticas (indicando tendencias) o retrodicciones (volver a reconstituir el pasado), mediante las extrapolaciones e interpolaciones. De tal manera el método científico explica y ayuda a comprender problemas o hechos que aparecen en principio inexplicables. Lo hace mediante la formulación de hipótesis que luego son contrastadas por experiencias que permitan establecer leyes universales. Mediante el método hipotético deductivo, sobre todo las ciencias naturales, con la ayuda de la lógica y la matemática. Las ciencias humanas lo hacen con los métodos de la fenomenología, la dialéctica, la hermenéutica y otros.

c) La filosofía

Si aceptamos que la ciencia es un medio privilegiado de conocer la realidad, pero no es el único, habrá que especificar cuál es el método propio de la filosofía. ¿Qué aporta específicamente la filosofía en el conocimiento de lo real? Históricamente la filosofía apareció antes que la ciencia moderna, surge en Occidente en la antigua Grecia. La ciencia antigua era de carácter empírico, basada en observaciones y técnicas operatorias (31). Lentamente las diversas ramas del saber se fueron desgajando y constituyéndose en ciencias, fuera del tronco común de la filosofía (definida como la búsqueda sistemática y racional del saber). Eso provoca, por una parte, un estrechamiento de la filosofía, que de pensar todas las cosas, se redujo al estudio del cosmos, del hombre y finalmente del ser. Y por otra, el desarrollo de las diversas ciencias o ramas parciales y autónomas del saber. Esto se produce en dos oportunidades: en el período helenístico y en el comienzo de la edad moderna, cuando se supera el conocimiento medieval mediante la utilización de nuevos métodos (Galileo) y la observación directa de la naturaleza (por el auxilio de instrumentos, mediante la experimentación, el uso del método deductivo y las matemáticas).

Ante este desgajamiento entre la filosofía y las ciencias hay una opción que es darle al saber filosófico un carácter de "ciencia estricta" mediante la asignación de una tarea específica y un método riguroso propio o usando el método de las ciencias o asignándole la tarea de generalizar las teorías científicas. Esto plantea el tema de si la filosofía ¿está al servicio de la ciencia? O bien ¿va más allá de la ciencia? Si está al servicio de la ciencia se puede dedicar a analizar el leguaje científico (filosofía analítica), y si esa es tarea de los propios científicos, deberá dedicarse al análisis del lenguaje ordinario (32). Si acaso la filosofía es un saber distinto de las ciencias, que no es eliminado por la ciencia ni necesita convertirse en ciencia estricta, entonces la filosofía sabe que tiene un estatuto diferente y propio, un aporte específico para el conocimiento de lo real. No tiene que envidiar el éxito de la ciencia, que toca algunos puntos de la realidad, y que muchas veces abandona cuestiones que superan su ámbito de competencia. La filosofía quiere enfrentarse con toda la realidad cara a cara y no se aparta ante temas complejos e insolubles, más bien vive en medio de ellos. La filosofía pretende ir más allá de las ciencias y más que ciencia se plantea como una forma de sabiduría. La sabiduría más que conquistada, debe ser siempre buscada y nunca es plenamente alcanzada.

Hay aspectos importantes de la realidad que no se plantea la ciencia, el problema del todo, de lo real, su origen y fin, el problema del hombre, su sentido, destino, su libertad, el problema de la trascendencia, qué hay más allá del mundo que percibimos con nuestros sentidos. Algunos de estos temas son parcialmente tocados por la ciencia, pero continúan siendo más bien tareas de la filosofía. El filósofo piensa problemas globales, nunca conoce su solución definitiva, sino que ensaya diversas aproximaciones. No se construyen tanto sistemas cerrados de explicación, sino itinerarios de aproximación. Plantearse los grandes problemas, que por su método las ciencias particulares dejan fuera, es una necesidad humana. Filosofar es una pasión humana. No abandona lo real, pero lo aborda desde una perspectiva diversa a la ciencia. Tiene una rigurosidad propia. El filósofo está cerca de las cosas, y cuando va más allá de ellas es para intentar una penetración más honda en lo real, por eso necesita de la ciencia. Las grandes revoluciones científicas están acompañadas de revoluciones filosóficas. La filosofía es compatible con la ciencia, se acerca al mundo desde una óptica diferente. Sus temas básicos son (según Kant), lo que podemos saber, lo que debemos hacer, lo que podemos esperar, y lo que es el hombre, la pregunta fundamental que resume las demás. Así, la relación entre ciencias y filosofía no puede plantearse de manera simplista.

d) La fe y el conocimiento de lo real (33)

La ciencia, la filosofía y la teología (ciencia de la fe) consisten en un entramado de afirmaciones. Pero las afirmaciones de cada una son diversas y sus presupuestos distintos. Las afirmaciones de la ciencia y de la filosofía son, de alguna manera, "adogmáticas" (34), esto es, sin supuestos previos. Las afirmaciones de la teología suponen presupuestos dogmáticos que no son puestos en discusión. Esto no quita el carácter científico de la teología, pues en definitiva toda ciencia parte de axiomas o principios indemostrables que fundamentan el saber. Las tres formas de conocimiento aspiran a un conocimiento de lo real, por eso que su mutua relación muchas veces será conflictiva (35). Las ciencias y la filosofía utilizan la razón, la teología reflexiona sobre la revelación y supone la fe. En todo caso la teología se plantea como un saber racional, una reflexión de los contenidos de la fe, que vienen de la revelación. Por este motivo o particularidad, la teología no puede excusarse ni dispensarse de la rigurosidad de toda disciplina, ni de su preocupación por lo real en medio del diálogo con las otras formas de acceso a lo real. Como lo ha afirmado el teólogo italiano Bruno Forte, la teología tiene una tarea de acompañar el presente, junto con ser memoria del pasado y profecía del futuro (36).

e) La universidad y los diversos acercamientos a lo real

En la universidad deberían confluir todas las formas de búsqueda del fundamento de lo real, las ciencias, la filosofía y la teología. La búsqueda de la unidad de lo real allí tiene su hogar, a través de diversos caminos que encuentra la persona humana a la luz de sus capacidades. La condición básica es la rigurosidad de la búsqueda y la apertura a otros caminos válidos. Y esto es válido tanto para la razón como para la fe. "En la universidad se ve entonces el lugar propio de una razón que se define por la verdad y de una fe que brota de un encuentro con la verdad y se ejercita en la búsqueda de la verdad" (37). Se supone entonces que la universidad es el lugar para una fe auténticamente católica, ya que se despliega como búsqueda de una verdad universal (38). La universidad no es tal con dar cabida solo a las ciencias modernas o a algunas de ellas (a las ciencias de la naturaleza, o a las ciencias del hombre, o las ciencias aplicadas), renunciando a una comprensión más fundamental del todo que pueda dar la filosofía, a una explicación total y definitiva, que intenta la teología. En este sentido, sin teología no hay universidad, es decir, la aventura de buscar el fundamento de lo real en su totalidad y radicalidad últimas. Por otra parte, la teología debe tener un rango científico. Ella se constituye como tal cuando armoniza un carácter científico y otro eclesial, ingredientes básicos del quehacer teológico (39). En todo caso, la teología pierde su esencia si alguno de estos factores aparece disminuido o mutilado. Como ciencia eclesial de la fe, la teología no puede existir sin ese rigor científico que le viene por su carácter de estudio racional de la revelación divina. Su carácter eclesial le recuerda que sus principios sobrepasan a la razón y son dados por revelación (40).

Por esta senda pienso que va la solución a la pregunta del lugar de la teología en la universidad, por el análisis del ámbito de los diversos accesos a lo real, complementarios y conflictivos. Pues se trata de una "complementariedad" no exenta de tensiones. Aquí habrá mucho que conversar entre los profesores durante el seminario de este año. Tal vez no estarán de acuerdo en el lugar de las ciencias y de la filosofía, vistas desde la perspectiva de la teología. Pero aquí se plantean algunos balbuceos de la reflexión, que necesita prolongarse mediante la profundización de esta argumentación y del diálogo interdisciplinar. El carácter científico de la teología plantea también el carácter teológico de toda ciencia. La ciencia debe tomar posición frente a la "hipótesis de Dios", del fundamento de lo real, que es siempre más que una hipótesis.

En este sentido se habla que la Universidad Católica tiene una oportunidad histórica en la actual situación cultural y espiritual (41). La época actual se caracteriza porque el pensamiento se ha volcado sobre sí mismo encerrándose en la inmanencia, de tal manera que por efecto, la trascendencia ha perdido su inteligibilidad. La Universidad Católica, por su interdisciplenariedad debe colaborar a descubrir los signos donde la trascendencia se anuncia en el seno de la misma inmanencia, en la investigación racional de lo real.

§4 CONCLUSIÓN

No puedo terminar estas palabras sin exhortar a los estudiantes a sumergirse con pasión en el estudio de la teología en nuestra Facultad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, al iniciar este tiempo privilegiado de la historia. El Santo Padre nos ha dejado un gran desafío en la reciente carta Novo Millennio Ineunte: "si quisiéramos individuar el núcleo esencial de la gran herencia que nos deja (la experiencia jubilar), no dudaría en concretarlo en la contemplación del rostro de Cristo: contemplado en sus coordenadas históricas y en su misterio, acogido en su múltiple presencia en la Iglesia y en el mundo, confesado como sentido de la historia y luz de nuestro camino" (42). Esa es la tarea de la teología en la universidad, en diálogo con las demás disciplinas, contemplar el rostro de Cristo en este tiempo en este "laboratorio cultural" que tanta influencia tiene en la vida social. Sí, se nos invita a remar mar adentro, con un nuevo dinamismo también en la reflexión teológica, rigurosa, crítica, abierta al diálogo y eclesial. También hay que hacer hoy un llamado a los profesores a hacer de esta Facultad lo que tiene que ser, alma de la universidad y pensar el lugar central que la teología tiene. De alguna manera nos toca hacer lo que hizo John Henry Newman hace unos 150 años, demostrar el talante científico de nuestro quehacer mediante la investigación y docencia de calidad, y mostrar vitalmente que la teología es una rama indispensable del saber humano (43).

Ante los retos de la nueva cultura que nos rodea, se nos invita a dar un eficaz testimonio cristiano y a dar fundamentos de nuestro creer y actuar: "Para la eficacia del testimonio cristiano, especialmente en estos campos delicados y controvertidos ¾nos recordaba hace poco el Santo Padre ¾, es importante hacer un gran esfuerzo para explicar adecuadamente los motivos de las posiciones de la Iglesia, subrayando sobre todo que no se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano. La caridad se convertirá entonces necesariamente en servicio a la cultura, a la política, a la economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilización" (44). No podemos imponer nuestras convicciones, sino con humildad proponer, y muchas veces más que respuestas a todas las cuestiones, plantear las verdaderas preguntas a tantas cuestiones que aquejan a la sociedad y a la humanidad. Nadie lo hará por nosotros.

Hay una tarea enorme de dialogar con la cultura, con las ciencias, con la filosofía y con las religiones (45). ¡Caminemos con esperanza, caminemos más rápido! Se espera mucho de nosotros, de profesores y alumnos, de nuestra investigación, de nuestra docencia y de nuestro servicio. Construyamos un lugar para la teología en la universidad y en la sociedad. No estamos solos y tampoco damos los primeros pasos, pues hay antecedentes que nos permiten avanzar algo más en estos 65 años de tradición y de vida de esta Facultad (46). Sin la facultad de teología, la universidad no puede cumplir cabalmente la misión que se le encomienda, sin la universidad, la facultad tampoco la suya.

Entre los planes de acción de la Dirección Superior de la Universidad para los próximos años está evidentemente el cultivo del saber: "La Universidad se propone fortalecer su capacidad de realizar investigación científica, tecnológica, humanística y teológica, y, al mismo tiempo, favorecer una expansión de sus actividades artísticas, fijándose como meta de este esfuerzo alcanzar un nivel de calidad y relevancia que signifique llegar a ser reconocida por su liderazgo a un nivel internacional", como lo ha mencionado la rectoría recientemente (47). Ese cultivo amplio y universal del saber es lo propio de la universidad, con el rigor y la calidad que la caracteriza (48). Las humanidades, las artes no pueden quedar atrás en esta búsqueda, tampoco la teología. No pueden llegar a constituir "bolsones de pobreza". Y soy testigo de los grandes esfuerzos que actualmente se realizan en la Facultad y en la Dirección de la Universidad por hacer las cosas bien. Mejorar la formación general o integral en nuestra Universidad Católica, exige examinar a fondo el problema. Como lo ha mencionado el profesor Pedro Morandé, no se trata de ensayar fórmulas organizacionales, eso dejaría la tarea a medio camino, sino que se trata de apuntar a "las actitudes más hondas con que exploramos la realidad en búsqueda de su sabiduría y de su sentido". Hay que emprender el tránsito permanente del "fenómeno" al "fundamento", del "saber" a la "sabiduría", como lo ha expresado Fides et Ratio (49). Creo que ese tránsito del fenómeno al fundamento, del saber a la sabiduría no se podrá realizar verdaderamente sin la humilde ayuda de la teología. En este sentido, tengo la intuición, y algunos argumentos, para afirmar nuevamente, que sin la teología no hay universidad, y por otra parte, que sin universidad no hay teología. Y que la Universidad Católica puede y debe custodiar la "esperanza de la razón" (50), y que allí esta su vocación mas profunda para el presente y el futuro.

RESUMEN

Este estudio intenta abordar en una primera aproximación algunos criterios para el análisis de la relación entre teología y universidad. Partiendo de algunos antecedentes de la historia de la institución universitaria en Chile, y del lugar de la teología en ella, se toman en cuenta brevemente algunos pronunciamientos recientes de la Iglesia sobre la materia. Luego se proponen algunas afirmaciones fundamentales, a la luz de los datos anteriores, que apoyan una tesis básica: "no hay universidad sin teología, no hay teología sin universidad". Eso supone caracterizar la tarea propia y específica de la teología en medio de los diversos caminos que pretenden explicar lo real. Finalmente, en la conclusión, se exhorta a remar mar adentro en los estudios de teología en la universidad, pues se trata de un laboratorio cultural donde se debe mostrar la pertinencia, rigurosidad y significación de la teología como rama indispensable del saber humano, en diálogo con otras aproximaciones de la ciencia.

ABSTRACT

This paper attempts to provide some criteria for the analysis of the relationship between theology and university. The author starts with a consideration of some historical records of the University in Chile, and the place of the theology in this institution. Then he briefly regards some declarations of the Church on this issue. In the light of this information, he proposes some paramount principles which support the basic thesis: "there is no university without theology, and no theology without university". This entails the characterisation of the proper and specific task of theology in midst of the many paths which attempt to explain reality. In the conclusion the author encourages to row into the sea of the theological studies at the university, as this regarded as a cultural laboratory, where the pertinence, rigour and meaningfulness of theology should be shown, therefore as an indispensable branch of human knowledge, in a dialogue with other approximations to science.


(1) Clase inaugural de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dictada el día 28 de marzo de 2001. Inicio también del Seminario de Profesores de la Facultad, este año abierto a otros académicos de esta casa de estudios.

(2) Sobre la Universidad, en la recopilación de estudios publicada como La Fe en busca de la Inteligencia. Ensayos Teológicos, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 1993, 177.         [ Links ] Ya había sido publicada en Mensaje 404 (1991), 425-431. Por otra parte, "Es significativo que el problema de la cientificidad de la teología haya tenido un papel preeminente en la discusión sobre su autocomprensión solo a partir del siglo XIII, es decir, a partir del siglo que vio nacer ¾comenzando con París hacia el año 1200¾ las primeras universidades" (Wolfhart Pannemberg, Teoría de la ciencia y teología, Cristiandad, Madrid 1981, 14).        [ Links ]

(3) Un buen ejemplo se puede apreciar en el reciente libro de José María Riaza Morales, La Iglesia en la Historia de la ciencia, BAC, Madrid 1999.         [ Links ] Aunque es algo apologético, contiene buena bibliografía.

(4) Ibídem, 39. El capítulo III de la obra está dedicado a La Iglesia en el nacimiento de las Universidades (39-53). "El documento más antiguo en que aparece la palabra universitas con este significado (de asociación de estudiantes y maestros) es uno del Papa Inocencio III dirigido en 1208 al Estudio general parisiense. Más tarde el nombre de Universidad pasa a designar la propia institución docente y de estudios superiores, eclipsa un poco a la denominación de Estudio general y se aplica de manera definitiva a los centros de enseñanza en su categoría más alta" (ibídem, 40). La Constitución Apostólica de Juan Pablo II sobre las universidades católicas, Ex Corde Ecclesiae (de agosto de 1990), señala en la introducción: "Nacida en el corazón de la Iglesia, la Universidad Católica se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la Universidad como institución, y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad".

(5) Juan Noemi, Sobre la Universidad, 177. "         [ Links ]Teología y universidad se necesitan y requieren y tal requerimiento y necesidad recíprocas no se agotan en la explicación de un hecho pasado, sino que perduran hasta hoy como un horizonte fundamental del uso que el hombre puede hacer de su razón y de su fe (ibídem).

(6) Cf. Prólogo del libro de Marciano Barrios, La Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sesenta años de historia al servicio de Chile y de su Iglesia (1935-1995), Santiago 1995, 13-16.        [ Links ]

(7) "El Rey pidió, para evitar costos, solamente grados pontificios, pero no creó universidades reales. Hasta fines del siglo polemizaron jesuitas y dominicos por la validez de los grados hasta que, en 1700, Roma declaró que ninguna de las dos concesiones había constituido universidad real. Se trataba de grados académicos otorgados por el obispo a los que habían hecho estudios en los colegios dominicos o jesuitas" (ibídem, 13s).

(8) "La Universidad de Chile permanece hasta hoy. Tenía cinco Facultades: Filosofía, Teología, Derecho, Matemáticas y Medicina. Las facultades tenían dos aspectos: académico y docente. No enseñaban ni la de Filosofía y Humanidades, ni la de Teología. Con el tiempo la de Filosofía y Humanidades creó el Instituto Pedagógico y la de Teología se redujo al plano académico. Andrés Bello, Ignacio Domeyko y Rafael Valentín Valdivieso no querían que el Estado se mezclara en la enseñanza de la Teología, por el peligro de enfrentar la Iglesia y el Estado (ibídem, 14).

(9) No es el momento de recordar los hitos más significativos de la enseñanza universitaria en Chile. Un aporte significativo se puede apreciar en el texto de Sol Serrano, Universidad y nación: Chile en el siglo XIX, Editorial Universitaria, Santiago 1994.         [ Links ] Es un libro que, basado en sus estudios de doctorado, analiza el rol que le ha cabido en la historia nacional a la creación de la Universidad de Chile, y señala lo que ha significado el paso de una universidad bajo la "tutela de la Iglesia" en la colonia, a la Universidad bajo la "tutela del Estado" en el siglo XIX.

(10) Carlos Ignacio González hace una breve panorámica de la situación de la teología en América Latina, en su ponencia La Situazione nel Peru, en Il Concilio Vaticano II. Recezione e attualità alla luce del Giubileo, dirigido por Rino Fisichella, San Paolo, Milano 2000, 482-485. Después de hacer un análisis de la reciente producción bibliográfica en teología, destaca la falta de interés de los teólogos por investigar y escribir. Las razones de esta situación (en nota 7 de la página 481 y nota 10 de la página 482) son múltiples: el número de los teólogos especializados es muy bajo y aquellos que están mejor preparados deben enfrentar necesidades y requerimientos excesivos y urgentes, así como falta de medios. Todo esto en medio de un afán generalizado de ‘activismo pastoral’ y falta de estímulos. Los criterios que priman son los de las necesidades inmediatas.

(11) Para estudiar el valor y envergadura de la reflexión teológica en Chile es un instrumento indispensable el que proporcionan los números de Anales de la Facultad de Teología, dedicados al Pensamiento Teológico en Chile, volúmenes 27, 31, 38, 40 y 44.         [ Links ] Más bien se trata de notables excepciones de una escasa tradición.

(12) "No deja de llamar la atención que se fundara la Universidad Católica de Chile sin incluir entre sus facultades la de teología", afirma Marciano Barrios (o. cit., 21). Se esperaron casi 50 años desde la fundación de la Universidad para la erección de la Facultad en 1935. Parece que bastaba la formación teológica del Seminario Pontificio, evidentemente para clérigos, con una perspectiva fundamentalmente pastoral. Para la historia de la Universidad Católica y sus Facultades se puede consultar la obra de Ricardo Krebs, Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile 1888-1988, Editorial Universidad Católica, Santiago 1988, 2 tomos.         [ Links ] La Facultad de Teología y su nacimiento en tomo 1, 373-387, material que le debe mucho a los estudios de Julio Jiménez, Apuntes para la historia de nuestra Facultad de Teología, en Teología y Vida 16 (1975), 221-240; 309-345;         [ Links ] y el libro de Marciano Barrios, ya mencionado.

(13) Así lo reconoce Pedro Morandé en el texto de su exposición realizada en Roma, en septiembre de 2000 en el marco del Jubileo de los docentes universitarios: "Si la Constitución (Ex Corde Ecclesiae) ha puesto de relieve precisamente en este tiempo la dimensión contemplativa del intelecto humano, es porque reconoce que ha sido duramente cuestionada por la cultura moderna, y como consecuencia, la misma Universidad ha sido hondamente transformada. Primero, la ciencia positiva desplazó a la teología y a la filosofía de su rol integrador de los distintos saberes, perdiéndose una visión unitaria de la realidad. La búsqueda de la unidad fue sustituida por la aceptación de la fragmentación y la sobrevaloración de la especialización. Más recientemente, las propias ciencias positivas han sido desplazadas en su peso relativo por las disciplinas técnicas de alta demanda social. Las universidades han devenido, en gran medida, institutos politécnicos de capacitación para el trabajo con espacios cada vez más reducidos para el desarrollo de la visión contemplativa de la inteligencia" (Un nuevo humanismo para la vida de la Universidad, Humanitas 5 (2000), 590.        [ Links ]

(14) Gaudium et Spes, 62.

(15) Gravissimum Educationis, Proemio.

(16) Interesante para descubrir los cambios de perspectiva para enfrentar los estudios teológicos en la universidad, el estudio de Francesco Marchisano, La legislazione accademica ecclesiastica. Dalla Constituzione Apostolica Deus Scienciarum Dominus alla Constituzione Apostolica Sapientia Christiana, en Seminarium 32(1980), 332-252.        [ Links ]

(17) Ex Corde Ecclesiae, 1.

(18) Ex Corde Ecclesiae, 4. "Por una especie de humanismo universal la Universidad Católica se dedica por entero a la búsqueda de todos los aspectos de la verdad en sus relaciones esenciales con la Verdad suprema, que es Dios" (ibídem). Trabaja con entusiasmo en todos los campos del saber y no descuida la adquisición de conocimientos útiles.

(19) En la nota 15 del número 12 del mismo documento.

(20) Ex Corde Ecclesiae, 15. "En una Universidad Católica la investigación abarca necesariamente: a) la consecución de una integración del saber; b) el diálogo entre fe y razón; c) una preocupación ética y d) una perspectiva teológica" (ibídem).

(21) Ex Corde Ecclesiae, 19. Por eso se manda que en toda Universidad Católica debe haber una Facultad o al menos una cátedra de teología.

(22) En mayo de 1999 el Consejo Pontificio para la Cultura presentó el documento, Para una pastoral de la cultura. Allí se señala que "la necesidad de una seria formación teológica se impone hoy con un vigor acentuado, teniendo en cuenta los nuevos desafíos que surgen, que van desde la indiferencia religiosa al racionalismo agnóstico. El conocimiento profundo de los datos de la fe es, en primer lugar, indispensable para una genuina evangelización" (31).

(23) Fides et Ratio, 16-17.

(24) Cf. Fides et Ratio, 28.

(25) Fides et Ratio, 33.

(26) Cf. Fides et Ratio, 73; 92-99.

(27) Comentando una afirmación de George Bernard Shaw, que una Universidad Católica es una contradicción en los mismos términos, Theodore M. Hersburgh afirma acerca de la catolicidad: "The presence of philosophy and theology simply completes the total field of inquiry, raises additional and ultimate questions, moves every scholar to look beyond inmmediate questions, beyond the inmmediate field of vision, to the total landscape of God, human beings, and the universe. One might turn the words of Shaw around and say that no university is truly a university unless it is catholic, or universal, in this sens" (The Challenge and Promise of a Chatolic University, Theodore M. Hersburgh (editor), University of Notre Dame Press, Indiana 1994, 7.         [ Links ]) Allí mismo se puede ver el artículo acerca del tema de Thomas F. O’Meara, The Departament of Theology at a Catholic University, ibídem, 243-256.        [ Links ]

(28) Para esta parte me baso en las reflexiones de César Tejedor Campomanes, Introducción a la Filosofía, Ediciones SM, Madrid, 1990, 25-60.        [ Links ]

(29) Se pueden consultar con provecho algunas historias de la ciencia: George Sarton, Ensayos de historia de la ciencia, Uthea, México 1962;         [ Links ] J.D. Bernal; Science in History, Penguin Books, London 1965-1969, 4 volúmenes;         [ Links ] Desiderio Papp, Historia de la ciencia en el siglo XX, Editorial Universitaria, Santiago 1985.         [ Links ] La ciencia emerge en la antigüedad y en la edad media, pero se consolida en la modernidad. La revolución científica e industrial nace con los desarrollos de la física y la astronomía. En la antigüedad el descubrimiento de la agricultura y la civilización (la construcción de ciudades), permitieron al ser humano pasar de la edad de piedra a la edad de hierro y a la edad de la fe (con el influjo de las grandes religiones monoteístas, el islam, el judaísmo y el cristianismo, que impulsaron la ciencia. Averroes, Maimómides y Santo Tomás de Aquino son una muestra). La ciencia moderna nace por factores políticos, económicos y culturales: la fragmentación de Europa en estados, el surgimiento de la burguesía, la ampliación de los horizontes geográficos con los ‘descubrimientos’ de América y Africa, la reforma protestante y el acrecentamiento de la sensibilidad religiosa, la necesidad de la vuelta a los orígenes, son factores que se deben tomar en cuenta. La ciencia moderna nace en el renacimiento, con el humanismo (el cultivo de lo clásico, la vuelta al pasado, el cultivo del saber universal y enciclopédico). Nace por los impulsos de la filosofía (Nicolás de Cusa), la filosofía de la naturaleza (Giordano Bruno), la política y el derecho (Maquiavelo) y sobre todo por la filosofía de la ciencia (Roger Bacon [1561-1626]). En definitiva, la revolución científica nace por la obra de los mismos científicos, Copérnico, Galileo, Kepler, que dan nuevas explicaciones de la realidad. Para esto ver, de César Tejedor Campomanes, Historia de la Filosofía en su marco cultural, Editorial SM, Madrid 1993, 174-203.        [ Links ]

(30) Como buen positivista piensa que no hay método para conocer la realidad más que el método científico, que guía a la persona humana describiendo la realidad mediante leyes.

(31) La geometría nace de la urgencia de medir los terrenos agrícolas y los cultivos; la astronomía de la orientación de los navegantes. Los primeros filósofos eran científicos.

(32) Acerca de la filosofía analítica cf. de E. Coreth., P. Ehlen, G. Haeffner y F. Ricken, La Filosofía del siglo XX, Herder, Barcelona 1989, 171-266.         [ Links ] El positivismo o neopositivismo científico lleva en definitiva a la desaparición de la filosofía dedicada a los ‘juegos de lenguaje’.

(33) Para lo que sigue Gottlieb Söhngen, Teología, filosofía, ciencia. Presupuestos dogmáticos de la teología como ciencia de la fe y presupuestos adogmáticos de la filosofía y de la ciencia, en Mysterium Salutis, Cristiandad, Madrid 19813, Volumen 1, 1012-1049.        [ Links ]

(34) Aunque toda ciencia supone algunas verdades fundamentales que no pruebe, las que se conocen como axiomas fundamentales: la capacidad de conocer verdaderamente, el orden y constancia del mundo material, etc. En ese sentido toda ciencia tiene supuestos no chequeados críticamente, opciones de fondo, que muchas veces ni siquiera son pensados. Las categorías más fundamentales de las ciencias no son totalmente definidas por ellas mismas, en muchas ocasiones.

(35) Cf. Max Seckler, Teología y ciencias, en Diccionario de Teología Fundamental, de R. Latourelle, R. Fisichella, S. Pie-Ninot (dirs.), Ediciones Paulinas, Madrid 1992, 1432-1430.        [ Links ]

(36) Cf. Bruno Forte, La teología como compañía, memoria y profecía. Introducción al sentido y al método de la teología como historia, Sígueme, Salamanca 1990.        [ Links ]

(37) Juan Noemi, Sobre la Universidad, en La Fe en busca de la Inteligencia. Ensayos Teológicos, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago 1993, 178.        [ Links ]

(38) Cf. ibídem, 179-181. "En realidad, esa misma dimensión de búsqueda universal de inteligencia, que en un momento histórico posibilitó el surgimiento de la universidad, es la que hoy perdura como arduo pero ineludible desafío, al cual una fe realmente católica no podría renunciar sin poner en cuestión su misma consistencia" (ibídem, 180).

(39) Cf. Raúl Berzoza, Diez tesis sobre la problemática del método en teología sistemática, Lumen 40 (1991),182-195;         [ Links ] Jared Wicks, Introducción al Método teológico, Verbo Divino, Estella 1998.        [ Links ]

(40) Cf. Teología, de Rino Fisichella, en René Latourelle (dir) Diccionario de Teología Fundamental, 1411-1418;         [ Links ] Eclesialidad y libertad de la teología, de Max Seckler, ibídem, 1418-1423.         [ Links ] Además de un carácter crítico de la fe, pues lo que la fe acoge en su creer no está cerrado a la razón, está su eclesialidad, sus principios están dados, son revelados. Importante al respecto es el documento Donum Veritatis, sobre la Vocación Eclesial del teólogo, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de mayo de 1990.

(41) Cf. Jean Ladriere, conclusiones del coloquio Nature et Misión de l’Université Catholique, organizado por la Facultad de Teología de Lovaina, el día 25 de abril de 1986,         [ Links ] Actas editadas por Roger Gryson, Publication de la Faculté de Théologie, Louvain-la-Neuve 1987, 86s.         [ Links ] También de Jean Ladriere, Théologie et Modernité, en Revue Théologique de Louvain, 27 (1996), 174-199.        [ Links ]

(42) Novo Millennio Ineunte 15.

(43) Cf. de su época anglicana uno de los sermones universitarios El talante científico (the philosophical temper) inculcado primero por el Evangelio, en La Fe y La Razón. Sermones Universitarios, Editorial Encuentro, Madrid 1993, 55-68.         [ Links ] Expresando públicamente su pensamiento sobre las relaciones fe y ciencia ya en 1826, reeditó casi sin tocar estos sermones en 1872 como católico. En un tono apologético, propio de la época recuerda que la religión cristiana ha hecho posible el estudio realista del mundo y no es un camino oscurantista, sino al contrario, ya desde los mismos estudios bíblicos han impulsado los estudios literarios y científicos. También en el segundo discurso Theology a branch of knowledge, en The Idea of Univesity, Editado por F. Turner, en la Colección Rethinking the Western Tradition, Yale Univesity Press, London 1996, 25-40.         [ Links ] Interesantes los siguientes discursos, Bearing of Theology on other branch of knowdlege (ibídem, 40-57), Bearing of other branches of knowledge on Theology (ibídem, 58-75).

(44) Novo Millennio Ineunte 52.

(45) Cf. Novo Millennio Ineunte 56. El Santo Padre, en el discurso a los profesores universitarios en el Jubileo, el día 9 de septiembre de 2000 afirmaba: "Hoy la más atenta reflexión epistemológica reconoce la necesidad de que las ciencias del hombre y las de la naturaleza vuelvan a encontrarse para que el saber recupere una inspiración profundamente unitaria... La conciencia de los límites de la ciencia, considerando las exigencias morales no es oscurantismo, sino salvaguardia de una investigación digna del hombre y al servicio de la vida". También hacía un urgente llamado: "Haced que las universidades se transformen en ‘laboratorios culturales’ en los que dialoguen constructivamente la teología, la filosofía, las ciencias humanas y las ciencias de la naturaleza, considerando la norma moral como una exigencia intrínseca de la investigación y condición de su pleno valor en el acercamiento a la verdad" (en Cuaderno Humanitas 16 (2000)).        [ Links ]

(46) Un ejemplo es el proyecto realizado de manera multidisciplinar en 1988 y coordinado por Gabriel Gyarmati, en el centenario de la Universidad, publicado como Fe, Ciencia y Universidad. Dilemas y Desafíos, Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago 1988.         [ Links ] Especialmente destacables el estudio de Pedro Morandé, Ciencia y Fe en la perspectiva de las ciencias sociales (ibídem, 39-59),         [ Links ] donde destaca el carácter problemático de las relaciones entre la fe y la ciencia y sus razones profundas en la historia. También de Sergio Silva, Ciencia y Fe en una Universidad Católica: posibilidades de una relación mutuamente enriquecedora (ibídem, 77-106),         [ Links ] y del coordinador, la idea de una "tensión creativa" entre fe y ciencia en la Universidad (ibídem, 137-145).

(47) Rectoría, Plan de Desarrollo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, enero 2001, 18.        [ Links ]

(48) Ya lo afirmaba en 1940, con el lenguaje y formación de la época (con un pensamiento tributario de Newman), el Beato Alberto Hurtado en un retiro a profesores de esta Universidad: "La Universidad toma su nombre de ‘universitas’, la universalidad: la enseñanza que la universidad viene a dar si bien es eminentemente técnica, es de una técnica encuadrada en el plan general de Dios, y en todo el orden de la verdad: universalidad del saber... Y la primera ciencia que ha de enseñar una universidad católica es la teología, la ciencia de Dios, la primera y suprema realidad, y por tanto la primera ciencia... Dios es por lo mismo el objeto primero y supremo de la ciencia, de suerte que toda otra ciencia en comparación con la ciencia de Dios es una vanidad, una sombra de la gran realidad, sombra parcial..." (De los archivos manuscritos del P. Alberto Hurtado, referencia que debo al profesor Samuel Fernández y a su equipo de investigación).

(49) Fides et Ratio, 83; 105. Cf. Ponencia de Pedro Morandé, Desarrollo de la formación integral en pregrado, en la XIIª Jornada de Docencia de la Pontificia Universidad Católica, 23 de enero 2001(         [ Links ]en fotocopias).

(50) Cf. Jean Ladriere, L’ espérance de la raison, en Création et Evénement. Autour de Jean Ladrière, Editions de l’ Institut Supérieur de Philosophie ¾ Peeters, Louvain, 1996, 361-387.        [ Links ]

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