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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida v.46 n.4 Santiago  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492005000300001 

 

Teología y Vida. Vol. XLVI (2005), 501 - 502

Prólogo


 

La Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Departamento de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado han fundado este año 2005 el CENTRO TEOLÓGICO MANUEL LARRAÍN orientado a interpretar teológicamente el presente histórico.

El Centro lleva el nombre de Monseñor Larraín, obispo de Talca y fundador del CELAM. Inspirado en este visionario y destacado hombre de Iglesia, el Centro hace suya su solicitud por acoger el Concilio Vaticano II en nuestro continente, especialmente cuando afirma: “Lo que nosotros hemos vivido es impresionante, pero si en América Latina no ponemos atención a nuestros propios signos de los tiempos, el Concilio pasará al lado de nuestra Iglesia, ¿y quién dice lo que sucederá después?”. En continuidad con esta actitud teológica, el Centro recoge el llamado de atención de los obispos chilenos en sus últimas Orientaciones Pastorales (2001-2005), sobre “un cambio de época de enormes proporciones”.

Su objetivo es desarrollar una teología que sustente la inculturación del Evangelio en este cambio de época. En lo inmediato, el Centro representa un espacio de conversación, reflexión e investigación multidisciplinar. Reúne a cristianos varones y mujeres, laicos y pastores, teólogos profesionales y fieles que reflexionan a partir de su fe, a propósito de los hechos, acontecimientos y transformaciones históricas más significativas.

Durante el año 2004 el Centro exploró experimentalmente una de sus modalidades de trabajo. Después de elegir cuatro temas que parecían constituir verdaderos “signos de nuestro tiempo”, se crearon cuatro grupos multidisciplinares que los abordaron en cuatro reuniones. Los grupos, que llevan el título del tema que se les asignó, son los siguientes: “Católicos en democracia”, “La virtud incluyente e integradora del Evangelio”, “Las metamorfosis de la religiosidad” y “Memoria de la inculturación del Evangelio”. Este año 2005 los grupos han continuado reuniéndose mensualmente. Se lleva acta de todas las reuniones.

En junio todos sus integrantes, distribuidos en otros grupos, discutieron el documento de trabajo de los obispos chilenos “En camino al bicentenario de la Independencia Nacional”, para hacer llegar a los pastores comentarios que puedan mejorarlo.

A futuro se espera ofrecer conferencias, seminarios, diplomados o implementar otras modalidades de trabajo y, sobre todo, de investigación.

A modo de investigación, precisamente, el presente número de Teología y Vida reúne trabajos que tienen relación directa con temas abordados en los grupos. El artículo de Eduardo Silva y Jorge Costadoat, “Centro Teológico Manuel Larraín: Una interpretación teológica del presente”, hace las veces de texto guía del Centro Manuel Larraín. En su corrección han participado todos los grupos. Su objetivo es esbozar la teología de la actividad que el Centro quiere desarrollar. Otros dos artículos se ocupan de la metodología en búsqueda: el de Pedro Trigo titulado “Teólogos no profesionales laicos”, abre la posibilidad de hacer teología a mucha gente, como la que participa en el Centro, y el de Carlos Casale, “Teología de los signos de los tiempos. Antecedentes y prospectivas del Concilio Vaticano II”, indaga en la nueva forma de pensar la Iglesia su relación con el mundo y con su tiempo, propia del último concilio ecuménico. El artículo del filósofo Samuel Yáñez, “Vida y religación”, en la senda del pensamiento de Ortega y Gasset y de Zubiri, incursiona en las condiciones antropológicas de la religiosidad. Un quinto, de Eduardo Silva, “Auscultar los signos del tiempo presente y de la situación latinoamericana”, baja al terreno concreto de la transformación religiosa y cultural de América Latina, especialmente para sugerir las posibilidades de encuentro del catolicismo con la modernidad. El de Diego Irarrázabal, “Identidad polisémica”, representa otro golpe sobre el mismo clavo, pues se adentra en la complejidad de las identidades latinoamericanas en la actual situación de cambio cultural que las afecta. Y el de Pedro Espinosa, “¿Es Chile un país católico? Polémica en torno a un libro del padre Hurtado”, arroja luz sobre un conflicto ilustrativo para la historia del catolicismo social chileno, tema al que se ha dedicado todo este año uno de los grupos.

El actual número de Teología y Vida incluye también el artículo de Cristián Barría, “El matrimonio de Tobías y la sexualidad: un estudio psicológico”. En él este psiquiatra y miembro del Centro, intenta una investigación interdisciplinar sobre un escrito bíblico.

Y, por último, se publica la presentación que hizo Carlos Casale del libro de Juan Noemi, Esperanza en busca de inteligencia. Atisbos teológicos. El lanzamiento del libro fue una actividad del Centro Teológico Manuel Larraín, pues la esperanza cristiana de que trata no podría no empalmar con la esperanza que anima a los tiempos que nos ha tocado vivir.

El Centro agradece a Teología y Vida el espacio que le ha ofrecido para estas publicaciones. Agradece también a cada uno de los articulistas. Y reconoce encarecidamente el apoyo moral y económico que el Departamento de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile (DIPUC) le ha dado para su funcionamiento.

JORGE COSTADOAT, S.J.
Director del Centro Teológico Manuel Larraín

 

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