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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.56 no.4 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492015000400009 

Recensiones

 

Edizione Nazionale del Carteggio di Ludovico A. Muratori, vol. 7. Carteggi con Bertagni... Bianchi. Edición a cargo de Ennio Ferraglio y Fabio Marri con la colaboración de Chiara Curci y Patrizia Devilla. Leo S. Olschki, Florencia, 2014.

 


 

El 27 de agosto de 1740 el sobrino del filósofo y científico Francesco Bianchini, Giuseppe, le escribió a Ludovico Muratori (1672-1750) una carta en la que le presentaba a un tal signor abbate Petroni conocedor de las lenguas hebrea, siria y griega. Le recomendaba iniciar un intercambio epistolar con él pues, como a Muratori, le interesaban las lápidas y los monumentos. Aproximadamente dos semanas más tarde el erudito sacerdote le respondía señalándole que ya estaba en conocimiento del gran talento y raro mérito de Petroni, por quien ya profesaba una profundísima estima. En las líneas siguientes la respuesta tomaba un giro que podía resultar familiar a las características que vinculaban según Bianchini a la persona de Petroni con la de Muratori; este último aprovechaba la ocasión para reconocerle a su interlocutor la bondad demostrada al hacer copiar para su persona un manuscrito con inscripciones que, aunque todavía no recibía, esperaba ansiosamente, y aprovechaba de pedirle que por favor le permitiese pagar todos los gastos que había significado la labor del copista. El precioso documento demoró en llegar a las manos de su ansioso dueño. Una que otra carta pretendía aclarar los temores y las sospechas de una eventual pérdida que para la elaboración de su monumental Antiquitates Italicae Medii Aevi habría sido lamentable. Finalmente la obra arribó y la precisión de Muratori como su erudición no se hicieron esperar en la respuesta: la copia, le reclamaba señorialmente a Bianchini, traía consigo errores que el copista podría haber evitado con un poco más de atención y cuidado.

Hacia el 29 de octubre del 40, Bianchini le aseguraba a Muratori que las copias eran fieles al original, dando por cerrada la disconformidad del receptor. Paralelamente se abría un flanco que a ambos religiosos alegraba. Las pesquisas de Bianchini se estaban viendo favorecidos con el ascenso de un Papa con tanta mente y de gran amor por las letras, Benedicto XIV, quien le había encomendado asumir la guía de una Academia encargada de la Istoria ecclesiastica (otras dos abordarían, correspondientemente, los estudios de una historia de los Concili y de la Istoria romana profana), razón por la cual había confeccionado una medalla que en una de sus caras mostraba al propio Benedicto sosteniendo un diseño de la casa y oratorio que albergaría la Academia; en uno de sus dobleces estaría el moto ANNALIVM ECCL. DOMICILIVM, para aludir a las palabras que el Pontífice pronunció cuando anunció que sería la congregación de Bianchini la que se haría cargo de dicha Academia. En el otro lado de la medalla estaría el estema de la misma representada con las insignias pontificales y en medio de ellas un libro, además de otras inscripciones en ambos lados. El P. S. de la carta decía: "Le ruego que me envíe [su opinión d]el diseño de la medalla". A petición de Bianchini, Muratori se convertía en el ojo experto para dirimir y luego acuñar el regalo que se le haría al Papa. En efecto, su respuesta llevaba consigo una pequeña corrección: "gli Annali soli convenendo anche a'civili o secolari, meglio identificherebbo-no ciò che si vuol trattare [...]". La modificación de Muratori expresaba su profunda convicción en el diálogo constante que debía existir no solo entre las distintas iglesias, sino también entre las diversas disciplinas del conocimiento.

En pocos meses y solamente con algunas cartas es posible constatar la riqueza del volumen recién publicado por la casa editorial Olschki. Los vínculos entre Roma —ciudad de Bianchini— y Módena —de Muratori— pasan de lo económico a lo político y de lo religioso a lo profano sin distinguir los límites entre cada una de estas esferas. El perfil de Muratori lo permitía de esta manera. Su holgura intelectual hacía que, por ejemplo, Giuseppe Bertagni le pidiese un comentario acerca de la obra de teatro que apenas había escrito o, en otra ocasión, le informase de las novedades literarias por hallarse él fuora del mundo sociabile. Son profusos los aspectos que atraviesan y describen los tonos del mundo que gira en torno a Muratori. Sus labores e intereses mostraban la importancia de aunar esfuerzos conducentes al enriquecimiento de una cultura que desde sus distintas manifestaciones se reconociese como una sola expresión —de ahí la alegría y satisfacción por la llegada de Benedicto XIV puesto que personificaba la pretensión del sacerdote— de la magnificencia de Dios. En este sentido un caso paradigmático es la petición de Giovanni Battista Bertucci. El 31 de diciembre de 1734 pidió a su interlocutor que criticase, en virtud de su docta doctrina, el trabajo que realizaba acerca a la naturaleza de la Tierra y de los otros cuerpos celestes que serviría de fundamento para otra obra que preparaba cuya pretensión era "reducir, de ser posible, toda la filosofía a geometría, incluso aquellas ciencias que se relacionaban con las cosas espirituales". Lamentablemente la interpelación no tuvo respuesta, o al menos no la conocemos, pero podemos suponer que Muratori a los ojos de Bertucci se mostraba como una persona idónea para hablar acerca de los postulados que rondaban su cabeza.

Si bien los ejemplos y anécdotas podrían seguir delineando la complejidad de un personaje cuya aproximación a la religión estaba atravesada por el derecho, la literatura, las artes, la gramática, las lenguas, etc., los distintos matices que comparecen en las cartas que escribió y que recibió muestran una constante ponderación de los problemas del saber que rodean lo divino. Probablemente este sea un fiel reflejo de la permanente actualización de la cultura desde sus más variados e incluso extrañas conformaciones. Si miramos a Muratori de cerca, como la cotidianeidad de sus cartas nos lo permiten, podemos llegar a comprender que a la misma es hacia donde debemos dirigir nuestras preguntas si queremos mostrar las escalas tonales del pensamiento.

Gracias al cuidadoso trabajo de Ennio Ferraglio, Fabio Marri, y la colaboración de Chiara Curci y Patrizia Devilla, la contextualización de cada personaje con el que se relacionó Muratori facilita la comprensión de los diversos intercambios epistolares. El principio filosófico que encierra la cotidianeidad de una carta con sus preocupaciones económicas, consejos literarios, agradecimientos por la gratuidad de señalar un manuscrito no considerado, entre otras cosas, hace de las breves introducciones una guía idónea para adentrarse en la lectura de la correspondencia aquí presentada; como si en estos preámbulos se reconociese con facilidad la fertilidad del día a día de Muratori.

 

Ignacio Uribe

 

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