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Teología y vida

Print version ISSN 0049-3449On-line version ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.58 no.2 Santiago  2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492017000200010 

In Memoriam

 

Juan Noemi Callejas (1942-2017)

Teólogo laico al servicio de una esperanzada teología de 'los signos de los tiempos'

 


 

Juan Noemi nace el 20 de enero de 1942 en Freirina (Chile). Hijo de Alejandro Noemi Huerta y Olga Callejas Zamora.

Entre 1962 y 1966, durante el desarrollo del Concilio Vaticano II, estudia en la Universidad Gregoriana de Roma y en julio de 1966 obtiene el grado de Licenciado en Teología (cum laude probatus). Asiste a las clases de teólogos y especialistas como A. Orbe, B. Lonergan, J. Fuchs e Ignace de la Potterie. Después continúa sus estudios de Doctorado en Alemania en etapas consecutivas desde 1967 a 1969 y desde 1973 a 1975, en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Münster. Entonces enseñaban allí teólogos como W. Kasper, J. B. Metz, K. Rahner y J. Ratzinger. En enero de 1976 obtiene el grado de "Doktor der Theologie" conferido por la Universidad de Münster con la calificación "sehr gut". En mayo de 1968 inicia su carrera académica en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile como docente de teología dogmática. En 1976 es promovido al grado de profesor adjunto y en 1983 al de profesor titular. Se convierte así en el primer laico que ha ocupado una cátedra como profesor titular en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile. En la misma Facultad desempeñó los cargos de miembro del Consejo Académico en varios períodos, Director del programa del Postgrado (de Magíster y Doctorado), Director de la Revista Teología y Vida, Vicedecano y finalmente Decano -el primer laico Decano de la Facultad- entre los años 2001 y 2004. También profesor invitado de la Facultad de Teología de Cataluña (Barcelona) entre 1990-1991. De 1982 a 1986 fue Director del Consejo en Chile del Stipendienwerk Latienamerika- Deutschland y de 1988 a 1990 del K.A.A.D y participante en congresos organizados por estas instituciones; en Lima (1978), Buenos Aires (1980), Santiago de Chile (1982), Tubinga (1987) y Montevideo (1989).

Falleció el 29 de abril del presente año.

Durante 40 años fue un destacado docente e investigador de nuestra Facultad. Dedicó gran parte de su tiempo a la dirección de tesis, especialmente doctorales, colaborando directamente, en la formación de nuevos teólogos para el servicio intelectual en la Iglesia chilena. El legado académico, la herencia de Juan Noemi Callejas, entre sus alumnos y colegas, consiste sobre todo en su aguda criticidad y finura para despertar el interés y pasión por el conocimiento teológico. Se recuerda y valora igualmente una exigencia de rigor en el pensar y estudio teológico y su insistencia en la necesaria mediación de la filosofía en el quehacer teológico, dado que el creer no solo presupone el ejercicio de la razón, sino que esta, a su vez, permite el desarrollo de las posibilidades y potencialidades de la misma fe.

La extraordinaria experiencia del Concilio Vaticano II en sus años de formación en Roma, marcó para siempre el quehacer intelectual del teólogo chileno. Su vida y escritos dan testimonio de una auténtica y fecunda vocación teológica laical en la Iglesia chilena y una fecunda y creativa recepción de la teología conciliar manifiesta en varios libros y numerosos artículos dedicados a reflexionar la dimensión liberadora de la esperanza y la libertad, la esperanza en busca de inteligencia en medio de los desafíos de la modernidad, la credibilidad del cristianismo en la actualidad o sobre El mundo como creación y promesa de Dios, libro que sistematiza gran parte de su enseñanza sobre la fe en la creación y la esperanza escatológica, temas preferidos de su pasión por la teología.

Una teología de los signos de los tiempos y esperanza escatológica

En la senda abierta por el Concilio hace suya la preocupación por atender y pensar los signos de los tiempos. De hecho, su primera intención era dedicar su tesis doctoral al planteo hermenéutico de los signos de los tiempos explicitado por el Vaticano II y el profesor Walter Kasper le desaconsejó seguir por esa senda investigativa y finalmente optó por estudiar el ensayo del presente histórico desarrollado por Paul Tillich entre 1919 y 1933. Peter Hünermann fue su director de tesis doctoral, la que defendió exitosamente en 1976.

Ya en la introducción a su tesis, titulada Interpretación teológica del presente y publicada en Anales de la Facultad de Teología en 1975, señala que en Gaudium et Spes "no solo se reconoce como un 'oficio' que le incumbe a la Iglesia en razón de su misión testificadora de la verdad salvífica y de servicio, el 'escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio', sino que él mismo es un ensayo que pretende llevar a cabo dicha tarea interpretativa... . Lo significativo de Gaudium et Spes reside, más que en el aportar una respuesta, en haber señalado la vigencia de una pregunta: el presente no puede ser considerado como mera situación a la cual se aplican las verdades evangélicas, sino que debe reconocérsele su carta de ciudadanía en el seno del círculo teológico; es preciso pues esforzarse en una interpretación teológica del mismo". A esta tarea dedicó gran parte de su vida intelectual nuestro teólogo laico. En efecto, ya en sus primeras publicaciones manifiesta su inquietud por "construir una teología viva", que asume, a la vez, la historicidad del sujeto creyente. Esto implica hacerse cargo de la contemporaneidad de la teología de un modo permanente.

Asumió igualmente el llamado del Concilio a dialogar críticamente con la racionalidad moderna, especialmente con su afirmación de la historicidad y libertad humanas, en el horizonte de la esperanza escatológica. Nos enseñó que lo escatológico constituye un saber sobre lo definitivo de Dios, sobre lo último, que acaba afectando positivamente a la eclesiología, a la teología del mundo (creación) y a la antropología, a la visión de la historia y de los signos de los tiempos. En efecto, toda la teología estará penetrada por la perspectiva escatológica, esto es, atravesada por una tensión temporal positiva, donde sus contenidos permanecen dependientes y relativos al éschaton, remitidos a una plenitud -la consumación escatológica- todavía pendiente. En realidad, el presente forma parte de una historia que marcha hacia su plenitud escatológica. Por lo mismo, Noemi critica toda reducción individualista, espiritualista y acósmica de la esperanza cristiana. Más allá de todo dualismo entre presente y futuro, el teólogo propuso buscar y fundamentar una relación fecunda entre el presente histórico y la plenitud que trae el futuro que Dios ofrece como don a la libertad. En su planteo no cabe una visión di-cotómica entre inmanencia y trascendencia. Lo viable es pensar que la esperanza escatológica de la tradición bíblica valora un presente abierto al futuro de la plenitud. Y si el presente está abierto hacia una consumación se encuentra en camino hacia un futuro nuevo y en consecuencia, es modificable, transformable. Esta experiencia de la esperanza hace posible la responsabilidad histórica, esto es, una acción transformadora con su dimensión política ineludible.

Por ello, en su oportunidad destacó positivamente la contribución de la teología política de J. B. Metz. Valoró igualmente el aporte de la teología de la liberación como un esbozo de teología de la historia y su pretensión de articularse de frente a una situación histórica desgarrada y conflictiva. Al mismo tiempo, advirtió críticamente que la carencia de una reflexión filosófica de raigambre latinoamericana implicó muchas veces un uso acrí-tico de las necesarias mediaciones socioanalíticas.

En sus últimos trabajos señalaba que la Iglesia, "no es pensable como una exterioridad que simplemente se contrapone al mundo, ni este como realidad contradictoria de aquella. La Iglesia existe en el mundo y este no existe como mera realidad exterior a la Iglesia sino que también en ella. [...] Solo superando el dualismo del recurso a la polaridad Iglesia-mundo como exterioridades contradictorias, como si fuesen dos mónadas irreconciliables, se recoge el horizonte teológico en el que el Concilio Vaticano II articula su discurso sobre los signos de los tiempos", escribía en la obra colectiva Signos de estos tiempos. Interpretación teológica de nuestra época, publicada por el Centro Teológico Manuel Larraín en el año 2008. La superación del dualismo Iglesia-mundo implica igualmente superar la contraposición entre fe y razón. Al respecto, Noemi recordó más de una vez las palabras de Juan Pablo II en Fides et ratio y las reiteró en su discurso "Formación académica y dinamismo teológico de la catolicidad" en el Día del Académico, el 2 de septiembre de 2011: "No hay fundamento para contraponer entre sí razón y fe ya que una se encuentra en la otra y así tiene su propio espacio de realización" (Fides et ratio, 17).

Solo cabe manifestar nuestra gratitud por la fecunda y amable presencia entre nosotros de Juan Noemi Callejas, teólogo laico, que a lo largo de 40 años de vida compartida nos ayudó a realizar una auténtica inteligencia de la fe y de la esperanza cristiana.

 

Fredy Parra
FACULTAD DE TEOLOGÍA
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

 

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