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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.60 no.4 Santiago dic. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492019000400551 

Presentación de Libro

According to the Spirit. Spiritual theology on the move with Pope Francis’ Church

Carlos Alberto Rosas1 

1Facultad de Teología Unicervantes

Rupnik, Marko Ivan. According to the Spirit. Spiritual theology on the move with Pope Francis’ Church. Coventry Press, Bayswater, Australia: 2019. 181 p.p. ISBN: ISBN 9780648497738.

No es usual leer un libro de un gran teólogo y a la vez de un gran artista. Ubicándonos en el siglo xxi, es fácil reconocer al personaje del cual estamos hablando: Marko I. Rupnik. La sensibilidad artística, unida a la profundidad teológica y a su ascendencia espiritual católica oriental, hacen de los escritos del padre Rupnik grandes novedades para la teología occidental actual. En su libro According to the Spirit, el padre Rupnik propone, siguiendo los lineamientos del papa Fransico, que será una teología espiritual que exprese la renovación de la vida eclesial, la que podrá afrontar el periodo épico de transición en el cual nos encontramos. La Iglesia Católica necesita una nueva mentalidad que corresponde a una vida nueva, pero basada en una vida según el Espíritu, una vida espiritual que le haga espacio interior al Espíritu, recibiéndolo como un don, que nos libere del apego a nosotros mismos. Las aproximaciones existenciales, así como la profundidad teológica y los matices fruto de la sensibilidad espiritual del padre Rupnik, hacen del libro una aguda, dura y muy acertada crítica a la situación actual de la Iglesia Católica, en sus métodos teológicos, evangelización y respuesta a las necesidades del mundo de hoy.

El padre Rupnik, oriundo de Eslovenia, entró a la Compañía de Jesús en el año 1973, estudió pintura en la Academia de Finas Artes de Roma y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma donde obtuvo el doctorado en misionología con una tesis dirigida por el padre Spidlik. En la actualidad vive en Roma en el Centro Aletti donde es director y lidera el taller de arte espiritual con un interés particular en el arte litúrgico. Actualmente enseña en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Instituto Litúrgico Pontificio, así como se dedica a otras actividades pastorales, ofreciendo conferencias y predicando en retiros espirituales.

El libro se divide en seis capítulos precedidos de una introducción, finalizando con una corta pero sustanciosa conclusión. El primer capítulo es una nota a la terminología, donde se ahonda en algunos términos como espiritualidad y teología espiritual, así como el método y las fuentes de esta última. El segundo capítulo, esboza de qué manera la existencia humana no puede ser reducida simplemente a su naturaleza. El tercer capítulo, hace un recorrido desde lo que Rupnik llama el individuo a la persona tomando la figura de Abraham (Abram) en el Antiguo Testamento. En el capítulo cuarto, el autor explica cómo el Espíritu nos permite conocer el don según Dios. Posteriormente, en el capítulo quinto, se describe la vida espiritual; para terminar con el capítulo sexto, describiendo la vida en Cristo.

A partir de la lectura detenida del libro queremos mencionar algunos elementos que nos parecen destacables del planteamiento del autor. En primer lugar, el padre Rupnik menciona que en la actualidad nos encontramos frente a varios problemas dentro de la Iglesia Católica: uno de ellos es el hecho de que prácticamente cualquier persona se ha sentido autorizada para interpretar lo que el Concilio Vaticano II quería. Unido a esto, el flujo de una auténtica renovación ha disminuido, estando en la actualidad, más que nunca, apegados a metodologías o aproximaciones académicas, en medio de una creciente división entre teología y la vida de la Iglesia. Por otro lado, la naturaleza misionera de la Iglesia se ha distorsionado sin una mirada sistemática, teológica y eclesial, como si la misión y evangelización consistieran en encontrar un consenso con los no cristianos en los valores que tenemos que estar de acuerdo para tener una mejor vida. Más aún, la actitud posterior al Concilio Vaticano II ha sido la de relativizar el único papel de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo; pues sin una mirada teológica capaz de razonar en términos de los eventos pascuales, es claro que perdemos al no ofrecer la real novedad que Cristo trajo a la humanidad (21).

Cuando el papa Francisco habla de una Iglesia en salida, de un hospital de campaña, de pastores con olor a oveja, cuando dice que el tiempo es superior al espacio, todos estos son mensajes importantes para decir que el Espíritu Santo está pidiendo a la Iglesia el coraje de ser ella misma (29); Francisco está decisivamente desplazando a la Iglesia hacia una nueva creación, hacia la plenitud de la comunión en Cristo, hacia la manifestación de su verdadera naturaleza que es espiritual y no hacia una sociedad paralela que vive de acuerdo a formas sociales naturales mejoradas (34). Esto no se ha podido dar debido a que la teología hoy se encuentra aislada de la vida de la Iglesia y de la vida de la cultura, sin saber cómo hacer que las personas se enamoren, incapaz de despertar la fuerza para vivir como un don para aquellos con quienes idealmente quisiera estar cerca (58). En consecuencia, una mentalidad que no surja de la estructura eucarística difícilmente traerá frutos a la Iglesia (59).

El Señor nos llama, como a Abram, a dejar nuestra existencia individual sumergida en la naturaleza, a entrar en una nueva existencia, donde el fundamento de todo es la relación, es decir, la existencia personal; pues la base de la existencia humana no es la naturaleza humana, sino la hypostasis (75). Esto es así porque Dios no nos comunica su naturaleza, sino que nos da el regalo de cómo vive, su tropos, su manera de ser, es decir, su hypostasis. Dios quiere que nos desprendamos del nivel de la vida natural y llevarnos, como a Abraham y a Sara, a vivir según la fe, esto es, según el Espíritu (97). Nuestra vocación, dice Rupnik, es vida, vida en comunión, que se realiza no de acuerdo a nuestra voluntad, no de acuerdo a las leyes de la naturaleza, sino de acuerdo a la voluntad de Dios; y entre más generosa es nuestra acogida haciéndole espacio a nuestro huésped, mayor es la comprensión del mensaje de vida que Dios trae consigo (99).

Por siglos, dice Rupnik, nuestra cristiandad ha sido individualista, incluso cuando ha hecho el bien, y el ascetismo ha trabajado principalmente en perfeccionar el individuo. Como consecuencia, a pesar de mucha formación catequética, de mucha literatura teológica y espiritual, hemos terminado en una cultura que no solo es individualista, sino que es parte de la decadencia del individualismo, por ejemplo, el subjetivismo, don-de la visión del individuo se vuelve una ideología, hacia la cual el sujeto individual reclama una especie de atención al resto del mundo hacia sí mismo y a sus propias formas de pensar (109).

Aquí es cuando Rupnik dice que el cristianismo no es una religión, sino un acto relacional, es el reconocimiento del valor absoluto de la existencia del Otro en quien creemos y en quien reconocemos que dependemos para existir; por el contrario, la religión es una expresión del individuo, es una necesidad instintiva natural del ser humano, como lo es el instinto de comer o cubrirse para protegerse del frío (111). La religión es por lo tanto una función del individuo, pero Cristo inauguró una nueva vida, no una nueva religión, y mostró cómo toda la vida, en todas sus dimensiones, es el lugar de comunión con Dios, porque la vida está dada a los seres humanos para hacer la vida humana una vida de comunión con Dios (112). Es por eso que el aspecto más trágico subrayado en los Evangelios en relación con la humanidad que ha caído al nivel del individuo, y es por lo tanto privada de su consciencia personal, es cuando los seres humanos buscan recobrar su relación con el mundo a través de la religión; lo cual es claramente una ilusión porque los individuos tratan vivir su religión poniendo todos sus esfuerzos para cumplir lo que está prescrito y salvarse según sus propios esfuerzos virtuosos, creyendo más en lo que tienen y en lo que pueden hacer, que en lo que Cristo les puede dar (130-131).

La vida espiritual es entonces la existencia eclesial del hombre, pero que no se articula o establece como una vía típicamente marcada por la religión, sino como la manifestación de una nueva existencia de la humanidad, la cual, en la historia, es llevada a cabo como una vida eclesial, entendiendo la Iglesia como comunión (143). El significado de la vida espiritual es vivir nuestra humanidad como una teofanía, una manifestación del amor de Dios; y la medida de la autenticidad de la vida espiritual es la vida vivida como un don (143-144). La madurez del cristiano será medida por su libre adhesión al don, pues mientras mayor sea la aceptación con asombro y emoción del hijo de Dios, más fuerte, más libre y más amoroso será el esfuerzo del cristiano para identificarse con el Cristo que murió y resucitó (153). Finalmente, el verdadero arte espiritual de la contemplación es el que logra unir cualquier situación humana con Cristo, mostrando así que la salvación es unidad, y cuando estamos unidos percibimos la belleza (181).

Destacamos del presente libro la aguda crítica que hace el autor a la situación actual de la Iglesia, por su precisión y claridad; pero también hacemos hincapié sobre la manera como logra proponer una salida basada en el pensamiento del papa Francisco, siempre complementando sus planteamientos con aportes de los Padres de la Iglesia. Definitivamente, hacen falta miradas como ésta a la problemática actual que vive la Iglesia Católica, posturas críticas, mas no criticonas, que sean desde un punto de vista espiritual, pues finalmente esta es principal riqueza de la Iglesia; cualquier otra solución, social, económica o disciplinar, será una solución momentánea, que no irá a la raíz de los problemas. Es por eso que motivamos vivamente la lectura de este libro para comprender mejor lo que sucede hoy en la Iglesia y las posibles salidas; sin lugar a dudas, se parte de una salida que implica una opción personal de reavivar la propia vida espiritual, buscando fomentar la verdadera comunión como hermanos entre los cristianos y con quienes no lo son.

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