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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.61 no.2 Santiago jun. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492020000200259 

Presentación de Libro

Christopher West, Our bodies tell God's story

Carlos Alberto Rosas1 

1Fioretti Child Protection carlosalbertorosasj@gmail.com

West, Christopher. Our bodies tell God's story, . Discovering the divine plan for love, sex and gender. Brazos Press, Grand Rapids, Michigan, USA: 2020. 185 p.p. ISBN: ISBN 9781587434273.

“God wants to marry us” (p. 14, 97, 122), es decir, Dios quiere casarse con nosotros, es el tema central del presente libro, y según otros autores, es también el sentido real de la Biblia. La Biblia no es un libro que nos enseña cómo encontrar a Dios, sino el libro que nos revela cómo Dios nos busca incansablemente y nos relata las innumerables veces y maneras en las que Dios trata de hacerse el encontradizo para que el ser humano lo acoja en su corazón. Pues bien, este es el principal argumento del autor de este libro. La obra de Christopher West es a todas luces teológica, y nos deja ver, con sencillas palabras, la profundidad de la teología del cuerpo propuesta por el Papa Juan Pablo II. Aquí encontraremos que el significado de la vida del ser humano está impreso en su propio cuerpo, en su sexualidad.

Cabe anotar que se requiere algún mínimo de conocimiento teológico para leer este libro con facilidad, y da por sentado un cierto conocimiento de la Sagrada Escritura, la cual es citada 213 veces, además de las veces que hace referencia al capítulo quinto de la carta de San Pablo a los Efesios. De todas maneras, el estilo fluido y cercano del autor, así como la mención a algunos ejemplos de la vida cotidiana, permite que el contenido del libro se vaya asimilando poco a poco.

Nuestro autor, Christopher West, no se ha hecho conocido como un académico con abundantes títulos universitarios, sino más bien como una persona dedicada a su trabajo y a su familia, que desde hace varios años viene estudiando y difundiendo la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II. West, ha sido presidente y senior lecturer en el Instituto de Teología del Cuerpo en Pennsylvania. Ha impartido incontables conferencias presenciales, en audio y video, así como ha escrito varios libros de amplia difusión, como “ Buena noticia sobre el sexo y el matrimonio ” y “ Love is patient, but I'm not ”.

En la introducción, West comenta cómo llegó a escribir este libro y, particularmente, la experiencia que tuvo en su juventud en relación con la vivencia de su sexualidad. Luego, en siete capítulos desarrolla el contenido de todo el libro; estos son: 1. Nuestros cuerpos cuentan la historia de Dios 1 , 2. Sexo en el jardín del Edén, 3. La caída y la redención del sexo, 4. ¿Habrá sexo en el cielo? 5. Este es un profundo misterio, 6. El sexo se refiere a Cristo y a su Iglesia, 7. Manteniendo a Dios en la alcoba, y finalmente una corta conclusión. Más que describir capítulo por capítulo, hablaremos de algunos temas sobresalientes del libro.

La experiencia personal.

Lo que Christopher West había escuchado y vivido sobre la vivencia de la sexualidad, por un lado, era que era sucia o mala y era necesario reprimirla o aplastarla, en un sentido era como estar en una huelga de hambre. Por otro lado, esa hambre se volvía demasiado intensa, que finalmente rompía todas las reglas, y pasaba de ser una huelga de hambre a comer cualquier cosa, dice West, a comer comida mala, como la comida rápida, que hace engordar, pero no nutre. Finalmente, ambas opciones eran en cierta forma destructivas. Sin embargo, Cristo no vino a reprimir nuestros deseos; Él vino a redimirlos, a sanarlos, a redirigir esa hambre y esa sed hacia su banquete eterno de amor (p. xii, xiv).

La revolución sexual.

Para Karol Wojtyla, el problema de la revolución sexual del siglo XX no fue que sobrevalorara el sexo, más bien, fallaba en descubrir lo increíblemente valioso que es realmente el sexo. Por eso, como dice West, Juan Pablo II con la Teología del Cuerpo le ha dicho al mundo moderno: “ ¿Quieren hablar de sexo? No hay problema. Pero realmente hablemos de sexo, no nos quedemos en la superficie” (p. 3).

Hacer visible lo invisible.

Para poder hablar realmente de sexo, Juan Pablo II comienza con la siguiente premisa fundamental de la teología del cuerpo: El cuerpo y solo el cuerpo es capaz de hacer visible lo que es invisible, es decir, lo espiritual y lo divino. El cuerpo ha sido creado para transferir el misterio escondido de la eternidad de Dios a la realidad visible del mundo (p. 11, 110, 123). Pero el cuerpo entendido no como la cárcel del alma, o un cascarón donde se aloja el alma, sino entendiendo el cuerpo como “alguien”; mi cuerpo soy yo (p. 11).

Cada ser humano incluye su propio cuerpo.

El respeto de la dignidad de cada ser humano incluye el respeto por el propio cuerpo, porque el cuerpo es cada persona; pero al mismo tiempo, a pesar de ser sagrado, dice West, es lo más violentamente profanado (p. 18). ¿Por qué no podemos separar el alma del cuerpo? Porque separarlos significa la muerte. Con esto entendemos que lo que hagamos con el cuerpo lo hacemos con nosotros mismos, y cuando el placer es el principal objetivo del sexo, las personas se convierten en medios útiles o herramientas para satisfacer los propios deseos. Por lo tanto, si usamos los cuerpos, solo para obtener placer, escindimos a la persona y lo que hacemos es construir una cultura de muerte (p. 20).

Dios quiere casarse con nosotros.

Si Dios es amor, todo el amor que seamos capaces de imaginar, y quiere casarse con nosotros, pensemos con cuánto amor Dios “nos desea”. Pues bien, ese amor con el que Dios “nos desea” es el mismo nivel de amor que estamos llamados a vivir. Por esta razón, Dios ha permitido al ser humano amar eróticamente, es decir, con el tipo de amor llamado Eros. Por eso es que el Eros es la fuerza dominante de nuestras vidas, para responder al deseo de Dios de casarse con nosotros. En efecto, nuestras ganas infinitas de placer es porque estamos hechos para casarnos con Dios, que es infinito (p. 53).

La plenitud de ese matrimonio de Dios con nosotros, es decir de Cristo con su Iglesia, llegará a su plenitud al final de los tiempos; mientras tanto, acá en la Tierra, la gran manifestación de ese amor de Cristo por la Iglesia y de esta por Cristo, se concreta en el matrimonio y muy especialmente en el acto sexual entre los esposos, donde serán una sola carne. Por eso, podemos y debemos afirmar todo lo que es verdadero, bueno y bello sobre el Eros en el corazón humano (p. 44).

Comida rápida.

Si bien podemos y debemos afirmar todo lo que es verdadero, bueno y bello sobre el Eros en el corazón humano, también sabemos que por el pecado el Eros ha sido desorientado en cada uno de nosotros (p. 44) y es posible que en ese deseo infinito de placer, Dios desaparezca del mapa y el Eros, que estaba para amar infinitamente a Dios y amar rectamente al esposo o a la esposa, se convierta en lujuria y comience a dirigirse a satisfacer únicamente las necesidades sexuales del cuerpo (p. 53). En este punto el Eros se quedó sin el Agapé, es decir, sin el amor divino (p. 52); por eso, en este caso, el deseo de un placer infinito es saciado por una comida rápida, que satisface temporal-mente, pero que en el largo plazo no hizo sino empacharse y dejar desnutrida de amor a la persona.

Cultura pornificada.

Sabemos lo lucrativo que es el negocio de la pornografía, y si es lucrativo es porque son muchas personas las que lo consumen hoy día a nivel mundial, hasta el punto de hablar de una cultura pornificada. La Teología del Cuerpo de Juan Pablo II busca rescatar el valor del cuerpo humano por ser signo visible de una realidad invisible y de no avergonzarnos de él. El Papa Wojtyła hace un llamado a no avergonzarnos del cuerpo desnudo y verlo justamente como lo que es, un misterio; sin embargo, la pornografía busca específicamente excitar y desarrollar la lujuria en los espectadores (p. 63) y pasamos de entender al cuerpo como un ícono, a verlo como un ídolo (p. 78).

Purificación.

Es llamativa la insistencia de Juan Pablo II y por lo tanto de Christopher West en mostrar que la enseñanza cristiana de la sexualidad no busca el puritanismo promovido por muchas otras creencias; lo podemos ver en afirmaciones como: es necesario encarnar la fe y no desencarnarla (p. 6), el cristianismo no rechaza el cuerpo (p. 9), las afirmaciones dualistas de que el espíritu es bueno y el cuerpo es malo son un ataque directo a las raíces más profundas del cristianismo (p. 9). La purificación a la que estamos llamados para vivir una sexualidad plena, no es el puritanismo, no es apagar el Eros, sino permitirle alcanzar su máxima altura, como un cohete que despega en la Tierra para adentrarse en el espacio (p. 79). El objetivo no es que el Eros nos controle, sino que nosotros controlemos el Eros, que en nuestra libertad podamos ser capaces de dirigir el deseo erótico hacia un regalo sincero de sí mismos (p. 102).

Deseos egoístas del hombre.

La distorsión del Eros, del deseo sexual y de la necesidad de obtener placer sexual se da tanto en el hombre como en la mujer, pero, como dice el autor, es cierto que el hombre se ha aprovechado muchas veces a lo largo de la historia de las mujeres para satisfacer sus propios deseos sexuales. Incluso, dice el Papa Juan Pablo II, que el esposo que verdaderamente ame a su mujer tiene que entender que el acto sexual no es solo para permitirle a él llegar al clímax, sino que en lo posible lo deben alcanzar los dos simultáneamente (p. 104). Desafortunadamente, esta no ha sido la realidad más común y como gran testimonio de humildad, Christopher West dedica casi una página de su libro para hacer, a nombre de todos los hombres, un pedido de perdón a las mujeres que han sufrido maltratos, faltas de respeto y actos de dominación dirigidos hacia muchas mujeres a lo largo de la historia (p. 105).

Entregar el cuerpo como Cristo lo entregó.

¿Cuál es el culmen de la vida cristiana? Amar como Cristo nos amó. Pero ¿cómo nos amó Cristo? Entregando su propio cuerpo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros, haced esto en recuerdo mío” (Lc 22, 19) (p. 111). Por lo tanto, para alcanzar el culmen de nuestra vida debemos entregar nuestra propia vida por amor al otro, a los otros. Esto es el matrimonio, entregarse libre, total, fiel y fecundamente al otro; en el fondo, es hacer una alianza como la hizo Cristo con nosotros, una alianza libre, total, fiel y fecunda. Y en el matrimonio, el acto sexual es un signo visible de esa alianza invisible.

De igual manera que Cristo, el esposo, se casa con su Iglesia, la esposa; así, el hombre se casa con su mujer y expresan en el matrimonio la entrega total del uno por el otro, en el don de sí mismos, incluso en la entrega de sus cuerpos hasta ser una sola carne (p. 111).

Hacer un resumen de un resumen de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, desarrollada en 129 intervenciones entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984 no es tarea fácil. No obstante, pensamos que en las líneas precedentes se encuentra una buena síntesis de dicha Teología, teniendo como referencia el libro de Christopher West.

Valorando ampliamente el esfuerzo del autor de este libro, quisiéramos hacer una importante crítica. Falta todavía una reflexión más profunda sobre cómo aterrizar la teología del cuerpo a la vida diaria del cristiano y también en el ámbito moral. Se deja el último capítulo para abordar temas como la masturbación, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la esterilización y la contracepción, como si todo lo explicado en los anteriores seis capítulos ya explicara por sí solos esos temas. Estos temas son muy complejos y sigue habiendo un salto muy grande desde el desarrollo teológico hasta la realidad que vive el ser humano de hoy. Existe mucha claridad en la exposición de la teología del cuerpo, pero es justamente eso, una teología, y debe ser aterrizada a la vida cotidiana, a la vivencia diaria de la sexualidad humana. Podríamos decir que Juan Pablo II dejó una teología, pero falta aún su concreción en una moral sexual basada en esa teología.

Quizá después de un proceso de reflexión y de mucha oración no se cambie la moral sexual como la tenemos actualmente; lo que queremos decir es que la teología del cuerpo ha surgido fruto de muchas horas de reflexión y sobre todo oración e iluminación del Espíritu Santo. Tal vez, aún han faltado muchas horas de reflexión y sobre todo oración e iluminación del Espíritu Santo para poder comprender las consecuencias de la teología del cuerpo en la vivencia de la sexualidad humana hoy. Pues, el último capítulo del presente libro podría parecer que termina cayendo en un puritanismo y terminar olvidándose que quienes luchan e intentan vivir su sexualidad son personas que difícilmente conocerán la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II y que aún conociéndola no la puedan llevar a la práctica.

Finalmente, queremos hacer hincapié en la necesidad de lanzar preguntas, de pensar en cómo transmitir esta Teología al común de las personas y principalmente en dejarse iluminar por lo que el Espíritu Santo pueda estar diciéndole hoy a la Iglesia sobre un tema tan complejo como la vivencia de la sexualidad. La teología está clara, ahora es ver cómo integrar esa teología en los procesos que vive cada persona por acercarse a Cristo y en entender cómo existe también una gradualidad en la conversión sobre cómo cada uno vive su sexualidad para vivirla como Cristo nos pide.

1Las traducciones son hechas por el autor de la reseña.

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